In my country
Toda la película gira en torno al final del periodo del apartheid en Sudáfrica. Cualquier visitante del país se extrañará al no ver ningún síntoma de tensión racial como la que puede experimentarse, sin ir más lejos, en Estados Unidos.
El país tiene los suficientes encantos para enamorar a cualquiera (salvo a Javier Reverte, quien afirma en uno de sus libros de viajes que no volverá por allí) tanto por sus espectaculares paisajes como por la enorme amabilidad de su gente sin rastro de servilismo y eso con independencia de razas, etnias o cualquier otra condición.
La película se aleja de los estereotipos al uso de «bueno-malo-negro-blanco» y deja asomarse a la realidad de Sudáfrica tal como es; una Sudáfrica donde los blancos no se consideran europeos mal aparcados sino africanos y donde hablan con el mayor de los respetos de Nelson Mandela.
Las historias secundarias en la película quedan mal resueltas pero el tema central da una panorámica magnífica del país y de su transición. Muy recomendable aunque solo fuera por la impresionante e intemporal belleza de Juliette Binoche.
