La escuela chilena: ¿Quién siguió la obra de Humberto Maturana, Francisco Varela, Fernando Flores, Terry Winograd, Stafford Beer y otros?

Uno de los problemas que encuentra todo aquél que se sumerja en la gestión del conocimiento es la escasa frecuencia con que aparecen autores básicos. En su lugar, se hace referencia a los best-sellers empresariales y se hacen extraños maridajes con otras tendencias, siempre buscando la última moda.

Resulta curioso como se copian los ejemplos unos a otros y cosas como la máquina de hacer pan o el Nissan Primera, como paradigma de éxito en el mercado europeo (éxito cuestionable, por cierto) gracias a la aplicación de la gestión del conocimiento, muestran cómo hacer las cosas.

Cuando se intenta averiguar seriamente qué ocurre y por qué es tan difícil que el conocimiento llegue allí donde tiene que estar, hay lecturas mucho más relevantes de lo que pueda serlo el último de Tom Peters o de Daniel Goleman o cualquier otro millonario agraciado en un sorteo de la industria editorial.

Quizás uno de los primeros descubrimientos es Edgar Morin, su idea de la complejidad y su preocupación por unos sistemas educativos que no dotan del aparato conceptual necesario para avanzar en el conocimiento. Edgar Morin, sin embargo, acaba siendo repetitivo pero es una escala necesaria para llegar a otro gran autor que el concepto de complejidad no lo ha dejado en una especie de limbo de las ideas sino que ha tratado de operativizarlo: Niklas Luhmann.

Niklas Luhmann tiene unas ideas mucho más articuladas y, por ello, mucho más fáciles de extrapolar y, a su vez, pasa a servir de escala para llegar a dos auténticos monstruos chilenos mucho menos conocidos de lo que deberían serlo: Humberto Maturana y Francisco Varela. Éstos a su vez habían trabajado con Stafford Beer, quien fue el primer autor que hizo un paralelismo serio sobre el comportamiento de los organismos y el comportamiento de las organizaciones y, por ello, muy conocido también en el ámbito de los Recursos Humanos.

El tandem formado en Chile por estos tres monstruos tuvo la suficiente capacidad de atraccion para ser capaz de robarle a Marvin Minsky a uno de sus investigadores preferidos, Terry Winograd, quien abandonó el estrecho modelo de inteligencia artificial que se estaba utilizando entonces para unirse a esta escuela de la mano de Fernando Flores.

Francisco Varela, desgraciadamente, falleció hace pocos años; en este momento, desconozco la suerte de Humberto Maturana pero creo que continúa su trabajo docente en la Universidad de Chile y debe tener una edad bastante avanzada.

Fernando Flores parece haberse dedicado más a temas de consultoría. Todos ellos han formado un grupo de científicos básicos cuya obra debería verse mucho más reflejada de lo que lo está en muchas áreas, por ejemplo, el desarrollo tecnológico pero también y muy especialmente en gestión de conocimiento.

¿Qué ha pasado con ellos? ¿Nadie ha seguido su obra? Si es así ¿por qué? Si han tenido seguidores ¿dónde están y por qué se sabe tan poco de ellos?

Si alguien tiene respuesta a esta pregunta, me encantaría que la dejase como comentario a este post. Mi propio libro sobre aplicación de modelos de aprendizaje organizativo a la seguridad aérea:

https://www.ashgate.com/shopping/title.asp?isbn=0%207546%204912%201

son muchas las ideas que les debe a este grupo de investigadores.

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