Una noticia y un libro: La salida del PSOE de Rosa Díez y «La venganza de la historia» de Hermann Tertsch
Normalmente, el verano es una época propicia para lecturas pendientes o para descubrir libros olvidados en una estantería y que no se pudieron leer en su momento.
Éste ha sido el año en que finalmente he podido leer a Thomas Sowell, leer más de Amin Maaluf y descubrir un libro que Hermann Tertsch publicó allá para 1993 en «El País-Aguilar».
El libro versa , principal pero no exclusivamente, sobre el proceso de Yugoslavia aunque lo amplía explicando las causas de la descomposición del imperio soviético y cómo esa descomposición dio lugar a la emergencia de un conjunto de nacionalismos de los que el yugoslavo era sólo un ejemplo.
En aquel momento, no conocía a Tertsch y, si tenía el libro, es porque alguien me lo regaló. Al verlo ahora y saber más del perfil público de su autor, he sentido curiosidad y me he encontrado con dos cosas que me han sorprendido: La primera es una capacidad de análisis muy superior a la que cabe esperar en una gran mayoría de los comentaristas políticos y la segunda es que el discurso de Tertsch en 1993 es absolutamente coherente con lo que hoy puede leerse o escucharse a la misma persona. Siendo así, queda una pregunta en el aire: Si Tertsch defiende hoy lo mismo que defendía hace catorce años ¿por qué hoy es persona non-grata en «El País» y entonces incluso le publicaron su libro?
Casi forzosamente habrá que concluir que quien ha cambiado es «El País» y, desde luego, no ha sido un cambio positivo sino que se ha ido escorando hacia un sectarismo cada vez mayor.
Precisamente en estos mismos días aparecía la noticia del abandono del PSOE por Rosa Díez, muy cercana a Tertsch en sus planteamientos antinacionalistas, y su incorporación a un nuevo partido. En el diario «El Mundo» hacían un análisis sobre la oportunidad o no de este nuevo partido y es sobre esto y sobre la figura de Rosa Díez que me gustaría hacer un pequeño comentario:
Rosa Díez ha sido para algunos, entre los que me cuento, un descubrimiento. En el momento en que se presentó como candidata a la secretaría general de su partido tenía una apariencia «panfilona» que los hechos posteriores y el haberse visto obligada a navegar con vientos contrarios han desmentido. Rosa Díez ha mostrado ser una política de raza pero no está claro que haya tomado una decisión correcta.
Los argumentos que esgrime para el abandono del PSOE son sólidos: No está en contra del ideario socialista sino de la actual dirección que, sin que haya habido ningún Congreso que lo ratifique, se ha embarcado en una serie de procesos totalmente contrarios al propio programa electoral del partido que dirigen. Bien es cierto que ese argumento pierde bastante de su peso cuando se ve que históricos del partido como Bono, Ibarra, Guerra, Leguina o el propio González han discrepado, en ocasiones públicamente pero, a la hora de votar, han hecho lo que les mandaban. Desde esa perspectiva, es difícil diferenciar, como intenta hacerlo Rosa Díez, entre dirección y conjunto del partido.
Sea como fuere, tanto si es por discrepancia con la dirección como si lo es con el seguidismo del conjunto del partido, está claro que Rosa Díez tiene pleno derecho a desvincularse del mismo pero ¿para qué y hacia dónde?
Rosa Díez compareció vestida de rojo como símbolo de que seguía manteniendo su ideario, cosa absolutamente respetable pero que deja claro que su intención es incorporarse a una especie de «PSOE auténtico» sin las derivas filonacionalistas o filoetarras que Zapatero ha introducido.
Desde el punto de vista del Partido Popular, eso puede ser una buena noticia en la medida en que contribuya a dividir el voto de izquierdas pero ¿es realmente una buena noticia para España?
Sowell dice en «The vision of the anointed» que los peligros para una sociedad pueden ser mortales sin ser inmediatos y ese comentario podría, en buena parte, definir la situación de la España actual y la extraña relación del Gobierno con los nacionalismos que aspiran a fragmentarla. Si Rosa Díez es consciente de la existencia de esos peligros ¿no es lógico que busque agrupar a todos los que compartan esa visión en lugar de crear una especie de PSOE-2?
Rosa Díez es una figura respetada en buena parte de la izquierda y de la derecha pero su insistencia en hacer el énfasis en un programa político de izquierda en lugar de hacerlo en atajar los riesgos que puedan haber venido de la mano de una frivolidad y una mentalidad de adolescente forzosamente va a dividir en lugar de unir.
El PP se felicitará porque, si la nueva aventura política funciona bien, habrán conseguido fragmentar el voto del PSOE. Sin embargo, es probable que mucha gente se quede diciendo como Ortega «¡No es eso; no es eso!».
