Aportaciones de la consultoría

Hace ya años, trabajaba en una de las compañías componentes del entonces «Big Eight» y un chiste bastante común consistía en decir que los consultores no hacían huelga porque no se iba a notar y se llegaría a la conclusión de que no servían para nada.

Obviamente, es un chiste y la consultoría tiene un hueco muy claro en el mundo empresarial: Del mismo modo que cuando alguien quiere un vaso de leche no se compra una vaca, hay momentos puntuales donde se necesitan conocimientos específicos que, en circunstancias normales, no son necesarios para el normal desenvolvimiento de una organización.

Éste -introducir temporalmente un tipo de cualificación que no se necesita permanentemente- es un uso funcional y plenamente legítimo de la consultoría pero, desde luego, no es el único.

En uno de mis primeros trabajos de cierta envergadura, recuerdo que me tocó el diseño de un plan de formación para la Alta Dirección de una de las mayores empresas españolas. Yo era el «experto» aunque puede decirse que acababa de estrenarme en Primera División y llevaba conmigo a una consultora recién llegada y recién salida de la Facultad.

Al llegar, nos encontramos a un Director de Formación que, muy claramente, conocía a fondo su oficio y nos miraba con cierto escepticismo. En un momento, apareció nuestro jefe y dio una charla contando, por ejemplo, que cosas como los planes de carrera estaban pasados de moda (año 1987) mientras nuestro cliente le miraba sin decir nada.

Al día siguiente, me llamó aparte para decirme: «Mira, tu jefe tiene mucha experiencia y le puedes enviar a organizar un partido de fútbol y lo hará bien; le puedes enviar a organizar una corrida de toros y también lo hará bien…pero, por favor, que no pretenda dar clases de fútbol o de toros porque entonces ya se le nota mucho que no sabe de qué habla».

Tenía toda la razón. A lo largo del proyecto, mantuvo una posición secundaria en las presentaciones públicas pero estuvo moviendo los hilos todo el tiempo. El proyecto fue un éxito y fuimos felicitados pero me quedó una inquietud: ¿Para qué nos necesitaba este hombre?

Respuesta funcional: Para nada. Respuesta práctica: Se trataba de presentar un plan para unas personas que estaban varios niveles organizativos por encima de él y donde se jugaba el cuello. Buscaba simplemente tener un seguro, es decir, un sello de una empresa externa conocida que le sirviese de parapeto a la vez que se aseguraba de que las cosas salían como él quería.

¿Cuánta consultoría se vende apoyándose en una lógica estúpida de que el que está más arriba es más listo y, por tanto, el que está más abajo no se atreve a asumir determinados riesgos? No culpo al Director de Formación; hoy, con bastante más experiencia, puedo decir que habría hecho lo mismo en su lugar. Culpo a un modelo generalizado de funcionamiento organizativo que presupone que no pueden venir de abajo las soluciones y que, como toda profecía autocumplida, consigue que así sea.

Hay otro caso igualmente antifuncional: Organizaciones que, debido a su modelo de funcionamiento interno, son incapaces de realizar proyectos que puedan requerir una movilidad funcional o geográfica, incluso cuando ésta sea temporal o, peor aún, que requieran una dedicación que nadie está dispuesto a aportar.

Bienvenida sea la consultoría cuando aporta lo que debe aportar: Una capacidad que no se necesita durante todo el tiempo. El resto, y puede ser mucho, se debe a modelos de funcionamiento organizativo perversos y que tratan de poner parches a su propia incapacidad en lugar de resolverla.

Un Comentario

  1. Avatar de jlmz
    jlmz

    Realmente el Profesor Sanchez Alarcos es «muy mayor», es un auténtico consultor en el que creo que cualquier director de una gran compañia puede confiar.

    Muchas gracias por escribir lo que para muchas personas es obvio pero absolutamente imprescindible verlo escrito de cuando en cuando.

    JLMZ

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