«El juego del ángel» de Carlos Ruiz Zafón

El libro engancha casi desde sus primeras páginas. Al contrario de algunos otros, como la segunda parte de Los pilares de la tierra, la lectura del anterior libro de Ruiz Zafón no implica una sensación de repetición. De hecho, los únicos puntos comunes que pueden encontrarse con La sombra del viento son el «cementerio de los libros olvidados» y el hecho de que esté ambientada en Barcelona.

La trama es complicada y, a la mitad del libro, deja en el lector la duda de si el autor será capaz de desenredarla dignamente o la liquidará en un par de brochazos dejándose un montón de cabos sueltos. Pues bien, Ruiz Zafón consigue llevarla a un final adecuado, si bien es cierto que en las páginas finales del libro hay que prestar una especial atención porque puede perderse el hilo con facilidad.

La parte menos lograda del libro es lo que podríamos llamar «conversaciones en espejo». Prácticamente en cualquier novela es fácil identificar cuál es el personaje en el que se quiere reflejar el autor; en este caso, puede decirse que el autor está reflejado en todos los personajes principales.

Con la excepción de los personajes secundarios, que no han llegado a ser dibujados con excesivo detalle, todos los demás razonan de la misma forma y producen esa sensación de conversación en espejo. Los personajes son brillantes porque el autor lo es pero, precisamente por ello, se ve a los personajes como en una especie de guiñol con el autor, que se hace muy transparente, manejando los hilos.

Normalmente, un libro adquiere vida propia independiente del autor. En este caso, no.

Ruiz Zafón ha tratado de construir una trama muy compleja, y lo ha conseguido, pero para que no se le fuera de las manos ha tenido que mantener un control férreo y, como consecuencia, los personajes no han adquirido vida propia sino que se han limitado a ser un reflejo de su autor.

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