El fiasco de los biocombustibles
Hay, en este momento, varias fábricas de biocombustibles concluidas y que no se han puesto en funcionamiento. ¿Motivo? Las fábricas se construyeron contando con un precio de la materia prima -plantas oleaginosas- que se ha triplicado y, por tanto, su funcionamiento no es rentable ni siquiera contando con el actual precio del petróleo.
Los aerogeneradores, aparte del destrozo paisajístico y de su papel como picadora de aves en muchas zonas, sólo se sustentan en un sistema de subvención como el que obliga a las compañías eléctricas a comprar la energía producida a un precio exageradamente alto y lo mismo podemos decir de los huertos solares.
Ahora, algunos se empiezan a caer del guindo y a darse cuenta de que actualmente no hay una alternativa real a la energía nuclear -otros todavía no han llegado ahí siquiera- pero es un poco tarde. Llevamos años importando energía de Francia, con una escasez crónica de energía y a unos precios especialmente caros lo que ni que decir tiene que afecta seriamente a la competitividad de cualquier país.
En el supuesto de que alguien se diera cuenta hoy de que no hay más alternativa y se empezasen a construir unas cuantas plantas, tendríamos que esperar varios años a su puesta en funcionamiento. Eso es lo que ocurre cuando, en lugar de tomar decisiones guiadas por la racionalidad económica y ecológica, se toman basándose en lo que dicen los grupos de presión. Por cierto, se sigue teniendo muy calladito que uno de los fundadores de Greenpeace acabó también cayéndose del guindo con este tema y reconociendo que no había alternativa.
