Michael Crichton in memoriam

Si hubiera que definir en pocas palabras a Crichton, su definición habría sido ésta: Un mal novelista que escribía unos libros espléndidos.

Para los que odian los best-sellers hablar de Crichton puede sonar a sacrilegio pero no nos equivoquemos. Entre los grandes vendedores hay auténtica basura -léase, por ejemplo «Fortaleza Digital» de Dan Brown y compruébese la profundidad de su documentación- y libros que enseñan cosas. Son muy ilustrativos acerca del funcionamiento de los servicios de inteligencia autores como Forsyth o Clancy…pero Crichton era diferente.

Crichton era un científico metido a novelista y rápidamente iba a sus querencias naturales y se olvidaba de la trama de la novela. Al decir que era un científico, no me refiero a su formación inicial como médico sino a una forma de entender la ciencia ajena al dogmatismo con el que nos obsequian muchos «científicos» y más en la línea de Bertrand Russell, quien la planteaba como una actitud inquisitiva ante la vida y sin negarse a mirar a la realidad cuando ésta no es complaciente. Éste era el punto fuerte de Crichton.

La parte novelística, en cambio, salía con frecuencia floja y de poco interés pero este hecho quedaba sobradamente compensado porque iluminaba determinados desarrollos científicos y técnicos y manejaba unas referencias -a veces, al final de la novela- que ya hubieran querido muchas tesis doctorales.

Crichton saltó a la fama con «Parque Jurásico» pero, a diferencia de otros, no es en absoluto autor de un solo libro que lo repite muchas veces sino que cada libro suyo tocaba un tema nuevo desde una perspectiva científica. Incluso su autobiografía «Viajes y experiencias» llega a tocar temas tan resbaladizos como el de los mediums y otros desde una perspectiva claramente científica.

Su obra es muy abundante pero, por poner unos pocos ejemplos de malas novelas que a la vez son excelentes libros, quedémonos con los siguientes:

  • «Presa». Debajo de una trama débil y difícil de seguir, da a conocer cómo funcionan los actuales modelos de inteligencia artificial que, en lugar de unas enormes capacidades de proceso, se basan en agentes muy sencillos pero con una capacidad de interacción entre sí muy compleja. Cualquier que entre en programas como Emule verá que le ofrecen participar en experimentos que hacen uso de la potencia sobrante de su ordenador con la pretensión de conseguir con una red de miles de PCs lo mismo o más que se consigue con un superordenador. Como novela, sin embargo, «Presa» se disputa el título del peor libro de Crichton con «Estado de miedo».
  • «Punto crítico» da una visión del desarrollo técnico y comercial del mundo de la aviación. Después de leído el libro, se lo presté a un piloto profesional quien se asombró del conocimiento mostrado por Crichton y sólo fue capaz de detectar un error. Como consecuencia de una investigación posterior para mi propia tesis, pude enterarme de que el equivocado era él y que Crichton estaba en lo cierto.
  • «Estado de miedo» es probablemente el libro más odiado por Al Gore y sus apóstoles verdes porque cuestiona, nuevamente en una horrible novela, toda la historia del calentamiento global. Me ha llamado la atención leer una referencia a Crichton en el libro «Planeta azul, no verde» de Vaclav Havel,  y del que colgaré la reseña cuando lo acabe, y que decía así: «El reto más importante al que se enfrenta la humanidad es la tarea de distinguir la realidad de la fantasía y la verdad de la propaganda». Recuerda demasiado al «La primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira» de Revel como para pensar que es una coincidencia y que no nos hemos encontrado ante otra de las pocas mentes libres.
  • «Viajes y experiencias» es un libro sorprendente pero lo es especialmente en la parte que se dedica a su investigación de lo paranormal y que, como buen científico, establece una metodología y va contrastando los resultados. Sólo por esa parte ya valdría la pena el libro.

Son muchos los terrenos en los que Crichton ha ido como un adelantado iluminando el terreno para otros que vinieran detrás y, además, haciéndolo de forma brillante y entretenida. En contra de lo que algunos optimistas quieren creer, no siempre que perdemos a alguien se pierde algo pero esta vez sin duda que con Crichton hemos perdido algo que valía la pena.

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