«Red de mentiras» de Ridley Scott

Los nombres de Di Caprio y Russell Crowe prometían. Quien hubiera caído en el error de considerar al primero un niño bonito ha tenido ya varias ocasiones de comprobar su error en El aviador, Diamante de sangre, Infiltrados…y las que puedan venir.

De Russell Crowe poco se puede decir. Un actor que es capaz de brillar en personajes tan diferentes como el de Master and Commander y el de Un buen año (que, en realidad, debió traducirse como «Una buena añada») es difícil de encasillar salvo en la categoría de los monstruos de la pantalla.

Russell Crowe borda su papel aunque, en honor a la verdad, se le podría considerar casi un secundario de superlujo y hay un tercero en discordia, Mark Strong, que no se queda a la zaga de los dos monstruos.

La película es de trama muy compleja. Sería difícil que fuera de otra forma una película que ha hecho una coctelera de tramas de espionaje y de la realidad del terrorismo islamista de Oriente Medio. Por eso, no es de las películas para sentarse en un sillón y disfrutarla sino que exige mantener la atención en todo momento para no perder claves que, más adelante, nos permitan seguir sin perder el hilo.

El título es adecuado; se trata de un conjunto de mentiras anidadas con distintos protagonistas y la interacción entre ellas dibuja escenarios que no parecen inverosímiles.

Conclusión: Vale la pena verla si no se va con la idea de tumbarse en el sillón y relajarse. A los admiradores de Crowe nos habría gustado que tuviera más ocasión de lucirse. Di Caprio, en su línea, recordaba a sus papeles en Infiltrados y Diamante de sangre.

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