Garzón y el porquero de Agamenón
Dícese que «la verdad es la verdad díganla Agamenón o su porquero» y de ahí la referencia.
Está claro que una figura como la de Baltasar Garzón tiene muchas pasiones y muchos intereses encontrados pero lo que se está juzgando en este momento con respecto a él son tres hechos muy concretos:
- Garzón le pidió dinero -más de 300.000 euros- a un banquero que tenía una causa abierta en su juzgado.
- Garzón grabó conversaciones telefónicas entre detenidos y abogados a pesar de que esto está expresamente prohibido salvo para delitos de terrorismo.
- Garzón pretendió encausar a Franco y a algunos de sus generales muertos hace muchos años contradiciendo los mismos argumentos que utilizó correctamente para no encausar a Santiago Carrillo que estaba y sigue vivo.
Se podrá decir, como ha dicho el propio Zapatero, que Garzón ha sido muy valiente. Se podrá o no estar de acuerdo con el comentario de Zapatero pero el problema es que no hace al caso como tampoco hacen al caso muchas otras actuaciones nacionales e internacionales del juez-estrella y las opiniones que éstas le puedan merecer a cada uno.
Ya tenemos experiencia de actos delictivos que son perdonados si uno se envuelve en la bandera adecuada (Pujol y Banca Catalana, por ejemplo) o si cazan con la persona adecuada (los Albertos). Podrán existir amistades e intereses en un sentido y en el contrario pero, si se permite que esos prevalezcan para librar a Garzón de una expulsión que se ha ganado a pulso con los tres hechos señalados, creo que habrá que darle la razón a Pedro Pacheco cuando, siendo alcalde de Jerez, afirmó literalmente que «la justicia es un cachondeo» e incluso se podría ir bastante más allá: Cuando la justicia sale por la ventana, la dictadura -por muy sonriente que quiera aparecer- ha entrado por la puerta.
