La vuelta a la edad de piedra en economía

Me envía un amigo este vínculo Propuesta británica para los Bancos y lo primero que se me ocurre pensar es que, para evitar crisis financieras, alguien ha decidido que lo mejor es volver a la edad de piedra. Llama bastante la atención que más del 70% de los británicos piensen que el Banco guarda su dinero en un calcetín en lugar de funcionar, como lo hacen, apoyándose en la ley de los grandes números y prestar un dinero que el cliente que lo deposita puede reclamar en cualquier momento.

Si alguien hace una propuesta de este tipo, es decir que los Bancos tengan el dinero que reciben y no lo presten o lo inviertan, creo que debería sacar consecuencias y extender esa política no sólo al dinero de los ahorros sino al que lleva en el bolsillo. ¿Está seguro de que los papeles e incluso las monedas que lleva valen lo que alguien dice que valen? En tiempos pretéritos, cuando la emisión de moneda presuponía un soporte de reservas en oro, todo era cuestión de fiarse del depositario pero cuando se empezó a tener las reservas en divisas ¿no es eso una gigantesca rueda de talones? ¿qué pasaría si, al igual que se les exige a las sociedades, alguien pidiera las cuentas consolidadadas de todos los Estados del mundo con sus reservas correspondientes?

La medida es prudente pero, si además se quiere mantener la coherencia, hay que extender la exigencia a los Estados de forma que el dinero que tengamos en el bolsillo no «represente» un valor sino que «sea» ese mismo valor. Naturalmente, a partir de ahí la posibilidad de transacciones electrónicas, dinero de plástico, etc. desaparecería.

Al final, el problema es muy sencillo y, si lo sacamos del ámbito monetario, lo podemos reducir a un asunto de relaciones entre símbolos y las cosas que éstos representan. La ruptura de la cadena de relaciones, cada vez más compleja, entre el símbolo y lo que éste representa puede causar unas crisis enormes y es necesario garantizar esa integridad en todas sus etapas. Hasta ahí, de acuerdo. Sin embargo, evitar esa ruptura por vía «heroica», es decir, haciendo desaparecer el símbolo y quedándonos con la cosa tangible, puede limitar las crisis y evitar que se extiendan como un reguero de pólvora. La contrapartida de esto es que mata la circulación del dinero, si es que el dinero existe tal como lo conocemos ahora, y eso puede provocar una crisis mucho mayor que la que se trata de evitar.

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