«Physics of the Impossible» de Michio Kaku
Interesante idea: Physics of the Impossible trata de determinar qué partes de lo que hoy consideramos ciencia-ficción podrían ser posibles dentro de un tiempo y qué otras posibilidades se encuentran con una imposibilidad física que las convierte en imposibles ahora y para siempre. Aunque procedo de Letras, siempre me ha interesado la ciencia y la técnica y es posible que tengan algo de razón dos personas: Un amigo que se presentaba a sí mismo como ingeniero reconvertido en psicólogo y a mí me presentaba justo al revés y mi director de tesis que, en su momento, me invitó a presentar la tesis por ingeniería en lugar de hacerlo por sociología.
El caso es que, apoyándome en ese interés en la ciencia que viene de antiguo, he podido llegar a encontrarle al libro algún fallo en el planteamiento y a concluir que tal vez los imposibles eternos sean menos eternos de lo que supone el autor. Un ejemplo:
En la segunda película de la saga La guerra de las galaxias hay una escena en que Ioda, sólo con el poder de la mente, es capaz de sacar una nave que se había hundido en un pantano. El autor concluye que esto es una imposibilidad absoluta porque un cuerpo humano tiene una potencia total que está muy por debajo de un caballo de vapor y, se haga como se haga, esa potencia sería insuficiente para tal logro. La telekinesia, por tanto, sería imposible como tal aunque -matiza el autor- es posible que pueda hacerse a través de tecnologías capaces de proveer la potencia que le falta al mísero cuerpo humano y, a los ojos de un observador externo, la utilización de ese tipo de tecnología no sería distinguible de la telekinesia tal como se conoce.
Sin embargo, en la causa planteada para la imposibilidad hay algo que sorprende: De acuerdo; la potencia de un cuerpo humano es muy inferior a un caballo de vapor y, por ello, se supone que cualquier cosa que exceda de ese nivel es un imposible absoluto. ¿Estaría de acuerdo Einstein en esa limitación? Él mismo decía que una pequeña cantidad de materia se puede transformar en una enorme cantidad de energía. ¿Podría darse algún fenómeno de transformación de materia en energía del que no tengamos noticia hasta ahora? Hasta hace poco, parecía que la única forma de conseguir la fusión nuclear era mediante el calor producido por un proceso de fisión y, sin embargo, ya hay en marcha a ambos lados del Atlántico procesos alternativos y con un añadido: La fusión del hidrógeno puede proveer de energía a los enormes láseres necesarios para producir esa fusión y, de rebote, nos encontramos además con que se podría estar resucitando el viejo perpetuum mobile: La energía producida es suficiente para alimentar la fuente que la produce.
Ésta es una de las opciones pero, además, no es única. Aunque afirma que es imposible, Kaku adopta una cautela; la de un posible desarrollo tecnológico capaz de proveer la potencia que le falta al cuerpo humano. Sin embargo, volviendo al ejemplo de La guerra de las galaxias, Ioda se apoyaría en «la fuerza», equivalente de esa supuesta tecnología futura utilizada como vehículo. Sin necesidad de plantear la hipótesis dualista más propia del ámbito religioso ¿somos todo lo que se ve o tenemos acceso a otros recursos? Aldous Huxley, agnóstico reconocido, no tenía ninguna duda al respecto sin necesidad de recurrir a entidad espiritual alguna.
Éste es sólo un caso de los muchos planteados en el libro y, como puede verse, da bastante para pensar si la imposibilidad está bien argumentada. El autor plantea tres tipos de imposibilidad: La primera, en la que no se rompe ninguna ley de la física pero la tecnología no ha llegado aún a una solución; la segunda, en la que se están bordeando los límites y, en caso de que sea posible, habría mucho tiempo por delante y la tercera se refiere a la imposibilidad radical. Sin embargo, a la hora de colocar un hecho en uno u otro tipo de imposibilidad, Kaku se apoya en un argumento muy discutible: Cuando miramos al pasado, no se conocían las leyes de la física y se consideraban imposibles muchas cosas que no lo son en absoluto -de hecho, el libro está salpicado de citas donde, entre otros, Kelvin se lució enunciando imposibilidades que resultaron no serlo- pero ahora, al parecer, sí conocemos esas leyes. ¿De verdad?
Pascal decía que el conocimiento es como una esfera que, cuanto mayor es, más puntos de contacto tiene con lo desconocido. Sin duda, los conocimientos actuales son muy superiores a los que se tenían hace un siglo pero es difícil que eso pueda significar que ha quedado cerrado algún capítulo en lo que a principios básicos se refiere. No hace mucho, en el ámbito de la biología, nos enterábamos de que uno de los principios que se consideraban claves -que toda posible vida estaba basada en la química del carbono- era violado por un microorganismo que se basaba en el arsénico y, por tanto, la posibilidad tanto tiempo rechazada de vida extraterrestre volvía a considerarse como viable…no porque se haya descubierto ningún organismo vivo de origen extraterrestre. Se ha descubierto algo mucho más sencillo: Que no tenemos ni idea y que lo considerábamos una condición básica para la existencia de vida resulta que no lo es. ¿Cuántos descubrimientos de ese tipo nos esperan?
Probablemente existan cosas radicalmente imposibles; sin embargo, tomar como punto de partida que ya hemos llegado a un conocimiento suficiente de las bases como para poder establecer cuáles son las cosas a considerar como imposibles absolutos es, como mínimo, aventurado. No obstante, el libro es interesante en cuanto a que representa un paseo por la situación actual de la ciencia, en particular de la física y de la ingeniería pero sus conclusiones hay que ponerlas entre paréntesis.
