#democraciarealya ; #15m; #pp ; #psoe : El momento de la verdad
A estas alturas, después de las elecciones y a la vista de los resultados, «Democraciarealya» podría considerarse algo muerto. ¿Qué ha pasado, qué se ha conseguido y qué impacto ha tenido en las elecciones?
Ayer mismo, había bastantes críticas señalando que castigar a Zapatero no significaba apoyar al PP pero es posible que haya habido demasiados paralelismos con un «13M» de hace ahora siete años y eso haya provocado una reacción favorable al PP: Hace ahora siete años, se violó la jornada de reflexión con «manifestaciones espontáneas» encerrando a los miembros del PP en su sede. Los atentados del 11M, aún no clarificados por mucho que se hable de «teorías conspiranoicas» cuando alguien señala a los agujeros de la versión oficial, fueron utilizados para dar un vuelco electoral.
«Democraciarealya» dice no tener nada que ver con las elecciones pero aparece justo antes de unas elecciones, toma como su principal centro de operaciones en la Puerta del Sol, frente a la sede de la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP y, a pesar de que los tribunales señalan que no se puede permitir la manifestación en la jornada de reflexión, el Ministerio del Interior decide permitir que prosiga una acampada en la que, entre otros, se encuentra una de las hijas del propio Zapatero. Probablemente mucha de la gente que ha apoyado y apoya este movimiento estará molesta con la mera sugerencia de instrumentación pero, al final, se han producido demasiadas coincidencias con un «13M» que muchos no han olvidado ni están dispuestos a admitir que se repita. Muchos votantes, que no iban a votar al PSOE pero podían estar pensando en quedarse en casa, han podido ser movilizados por ese recuerdo del «13M» y haber acudido a votar al PP como respuesta.
Por otro lado, una de las pocas cosas en que parecía haber acuerdo entre los de «democraciarealya» es la necesidad de un cambio urgente de la ley electoral. Dos partidos llevaban ese punto en su programa y los dos han subido, el primero espectacularmente y el segundo en algunos sitios: UPyD e IU. Por su propio interés, es de esperar que estos dos partidos recojan el testigo de «democraciarealya» en lo referente a ese tema y, al hacerlo, contribuyan a que esta última se vacíe por completo de contenido.
En cuanto a los dos grandes partidos, señalar lo decepcionante de la intervención de los líderes de ambos que, tras los resultados, no dijeron absolutamente NADA. Cierto que no es muy sorprendente: Uno nos tiene acostumbrados a palabras huecas y el otro a la nada en su mismidad y, por ello, esperar algo distinto podía ser prueba de un optimismo injustificado pero, especialmente al PP, la situación que tiene por delante le va a impedir practicar la receta favorita de sus dirigentes y su arúspice principal: «No hacer nada que vamos ganando».
El intento de configurar un partido fiel imitando al Alfonso Guerra de «el que se mueva no sale en la foto» no ha salido muy bien en Asturias, donde Álvarez Cascos se ha movido y ha sacado a patadas de la foto a la candidata oficial del PP. Lo tuvieron tan fácil como que Cascos hubiera sido el candidato del PP a la presidencia asturiana pero, como ha demostrado repetidamente, el líder del PP prefiere tener a su alrededor a pesos ligeros y con poca historia y, si hay asuntillos que los puedan hacer caer en algún momento como ocurre en el caso de Valencia, mejor todavía. Rajoy, en esto, se parece a Zapatero y su lucha permanente por rodearse de mindundis que no le hagan sombra.
«No hacer nada que vamos ganando» dejó de ser una receta válida, si es que lo fue alguna vez, cuando se conocieron los resultados electorales. Un discurso vacío y la falta de respuesta cuando la gente agrupada frente al balcón de Génova gritaba «Bildu fuera» no son buenos augurios cuando se va a encontrar, hasta las elecciones generales, con una situación de poderes central y autonómicos enfrentados. Aguirre ha plantado cara en el enfrentamiento y le ha salido bien. ¿Lo harán también los demás? ¿Les saldrá bien? El «no hacer nada que vamos ganando» no va a ser una solución.
Por parte del PSOE, la lógica mandaría una convocatoria inmediata de elecciones pero aún no han lanzado un candidato y tratarán de esperar hasta estar en condiciones de poder salvar algo. Aunque ayer mismo negaron la posibilidad de un Congreso extraordinario y hablaron de primarias. Sin embargo, la situación puede ser tan urgente que obligue a una designación inmediata y directa de candidato evitando los tiempos que impone un proceso de primarias y, con ello, favoreciendo al «candidatable» que no quería primarias bajo ningún concepto, es decir, Rubalcaba.
«Democraciarealya» puede haber lanzado también un mensaje al exterior y eso agravaría la necesidad de actuar urgentemente del Partido Socialista: Hasta hace poco, la idea predominante era que, a través de sus terminales sindicales y de partido, el PSOE tenía controlada la situación y no iba a haber una revuelta social en España del estilo de las que se produjeron en Grecia. Eso, hoy, gracias a «democraciarealya» y especialmente gracias a «spanishrevolution» ha dejado de estar tan claro, aumentando la desconfianza de los mercados exteriores: La situación, tanto social como política, se está escapando en todas direcciones del control de Zapatero y, en esas condiciones, fuera de España se preguntan: «¿A qué esperan?».
Imponer los tiempos propios -de partido- a los tiempos que exige el Estado no es solución y, en este momento, es difícil que se pueda llegar al final de la legislatura e incluso a cubrir todos los trámites y los tiempos necesarios para unas primarias. Necesitan lanzar un candidato y hacerlo ya. ¿Será Rubalcaba o será un «tapado»? Lo ocurrido en las elecciones a pesar del eco mediático de los «indignados» puede mostrar que las «manifestaciones espontáneas» no tienen ya la acogida y el impacto popular del «13M» y anteriores intentos de «sacar la democracia a la calle» como el «No a la guerra» o el «Nunca mais». Los estruendosos silencios de los sindicatos cuando el poder es amigo, a pesar de los cinco millones de parados, también han tenido su papel en el descrédito alcanzado por la algarada callejera que cada vez es un instrumento menos eficaz. En estas condiciones, continuar como si nada hubiera pasado es una forma de garantizarse la marginalidad para el propio Partido Socialista y para el país en su conjunto.
Nos esperan tiempos interesantes.
