Tecnología ofensiva

De una vez para otra, siempre olvido la facilidad que tienen en Estados Unidos para llamar imbécil al que no vive allí con las cosas que deberían ser más sencillas en la vida:

Sacar un billete de metro en una ciudad desconocida es una aventura, entrar por una boca para después buscar la dirección adecuada puede ser un error importante porque, en muchas partes, eso hay que decidirlo antes de entrar ya que la entrada sólo lo es para UNA de las direcciones. Poner en marcha un microondas debería ser muy fácil pero resulta que, si no está ajustado el reloj, no funciona. Por supuesto, este detalle no está avisado en ningún sitio pero, eso sí, hay sitios en Internet especializados en almacenar manuales de usuario y que, por el módico precio de 12 dólares, están dispuestos a suministrar un PDF con el manual correspondiente.

Un simple ventilador puede ser todo un reto para el que busque un botón de puesta en marcha o una forma sencilla de hacerlo funcionar utilizando el regulador de potencia. Conseguir un café decente es prácticamente imposible porque hay tal variedad de marcas -y todas afirman ser las mejores- que encontrar el adecuado por ensayo y error puede suponer 100 años de tragar un café infame y, al final, se acaba haciendo la aparente paletada de traerse el café de España en la maleta. ¿Qué decir de esos grifos que tanto gustan a ingleses y americanos donde ducharse con el agua con su temperatura y caudal adecuados roza lo milagroso para quien los utiliza por primera vez?

Sólo encuentro una excepción a esa regla general: El tráfico. Hace mucho tiempo llegué a la conclusión de que en Estados Unidos, las señales de tráfico estaban hechas para idiotas mientras que en España estaban hechas por idiotas y, desde el punto de vista del usuario, prefiero con mucho la primera opción. Aún así, teniendo en cuenta la cantidad de gente que vive en medio del bosque, es imposible sobrevivir sin un GPS porque, en caso contrario, una vez que uno se haya extraviado en el bosque no va a encontrar ni al lobo de Caperucita para poder preguntarle el camino.

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