Una de maestros

Hoy mismo he retuiteado un excelente artículo sobre el conflicto de los profesores: http://www.elconfidencial.com/opinion/sin-barreras/2011/09/07/cuanto-vale-un-maestro-7914/

Hay puntos del artículo que son totalmente indiscutibles como, por ejemplo, que 20 horas de clase son bastante más de 20 horas de trabajo, en clara réplica al comentario de Esperanza Aguirre deslizando que hay mucha gente que trabaja más de 20 horas. Es igualmente cierto que una de las reformas más necesarias pasan por prestigiar la enseñanza y, en España, nos cabe el dudoso honor de tener uno de los dichos que más vergüenza ajena le producirían a cualquiera con dos dedos de frente: Pasa más hambre que un maestro de escuela.

Podemos añadir más cosas que no trataba el artículo y la omisión nos empieza a decir algo de la carga política que hay debajo de este conflicto: Esta misma mañana escuchaba en la radio que hay muchas más bajas por enfermedad en la enseñanza pública que en la privada ergo los profesores de la enseñanza pública debían ser unos vagos redomados porque no había ninguna razón para ello. Falso: Jiménez Losantos, autor de tal comentario, sabe perfectamente que sí hay motivos pero, precisamente por la carga política que lleva este asunto por uno y otro lado prefiere no hablar de ellos: En la enseñanza privada, si a alguien se le ocurre agredir a un profesor, se le manda a su casa inmediatamente; en la enseñanza pública, las agresiones verbales y físicas, algunas grabadas con móvil por compañeros del agresor, están a la orden del día y, para muchos profesores, entrar en un aula puede ser lo más parecido a una entrada al infierno de Dante.

Los profesores prefieren no sacar este tema porque critica a los políticos, fundamentalmente de izquierda,  que han convertido el sistema escolar en una especie de guardería cuyo principal objetivo es que los chicos no estén en la calle y los que son contrarios a la movilización de profesores, fundamentalmente de derecha,  tampoco lo sacan porque vende mejor la idea de que el profesor de la enseñanza pública está de baja porque es un vago y, en un entorno de desempleo como el actual, eso puede ser una forma de echarles la calle encima.

Sin embargo, aún con todos estos considerandos, un aumento en dos horas docentes no parece tan desmesurado como para generar esa respuesta. Por otro lado, si comparamos la enseñanza pública con la enseñanza privada, incluso la de más prestigio, el número de horas de docencia es considerablemente más alto y, sin embargo, nadie cuestiona la calidad y esto nos llevaría al tema central: ¿La «rebelión en las aulas» responde a una demanda de que no se disminuya la calidad o a la defensa de un privilegio poco defendible en unas circunstancias como las que atraviesa el país? La diferencia con la enseñanza privada así lo sugiere y la coincidencia temporal con el «rebote que les ha supuesto a los sindicatos la drástica reducción de «liberados» en Madrid también.

20 horas de docencia no son 20 horas de trabajo y es necesario recuperar el prestigio del profesional de la enseñanza. Ciertas ambas cosas pero una guerra como la que se ha montado por un aumento de 2 horas de docencia no se justifica en términos absolutos. En términos relativos, con la situación crítica en que se encuentra el país y en comparación con la enseñanza privada, aún menos.

 

 

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