¿Primavera árabe?

El futuro de Libia plantea tantas dudas como su inmediato pasado. Gadafi podía ser un indeseable pero, a estas alturas, ni siquiera sabemos con claridad si ha sido linchado o alguien recibió instrucciones muy específicas de que no tuviera ocasión de contar cosas que pudieran poner en serios aprietos a bastantes políticos de distintos países. Gadafi ha estado siempre en el círculo de «amistades peligrosas» de muchos políticos, entre ellos algunos españoles que ahora van de ministrables. A éste y a muchos otros se les puede preguntar por qué y a cambio de qué y, tirando del hilo del cui prodest? a lo mejor llegaríamos a dudar de que haya sido asesinado por exaltados y, en lugar de eso, podría haber sido retirado de la circulación por gente con razones para temer de qué y de quién podría hablar Gadafi.

Parece que estamos en una época de mala memoria; no sé si los mismos que ahora se entusiasman por el alto el fuego definitivo de ETA olvidando que no es el primero son los que reciben con gran júbilo a los que se oponen a dictadores como Gadafi olvidando dos cosas:

  1. Que esos mismos dictadores, como el propio Gadafi, fueron admitidos y agasajados hasta diez minutos antes de la rebelión.
  2. La experiencia iraní.
El mundo considerado avanzado y singularmente Estados Unidos se han distinguido siempre por utilizar a dictadores sin escrúpulos como forma de contener una marea que antes era comunista y ahora es islamista. Podemos hablar de Pinochet, de Somoza, de Noriega, de Sadam Hussein, de Mubarak y hasta del propio Ben Laden. Entre los que aún están en activo y responden a este perfil podríamos también hablar de Mohamed IV de Marruecos y de su padre y antecesor Hassan II y hasta hace poco de Musharraf en Pakistán. Con la honrosa excepción de Chile, donde la cultura política del país ha evitado un movimiento pendular, en todos los demás casos los resultados hablan por sí solos. Los interrogantes de Egipto y Libia son cada vez menos interrogantes y se aprecia una clara deriva islamista.

La experiencia iraní está ahí y, si no fuera por la memoria de pez de que hacen gala la mayoría de los políticos, debería servir para señalar cuál es la más probable evolución de la famosa «primavera árabe» en los términos en que se ha venido produciendo en distintos países: Un dictador apoyado por Estados Unidos, Reza Pahlevi, es derrocado por un movimiento dentro del cual había mucha gente que esperaba que el país evolucionase a una situación democrática. En lugar de esto, se instauró una dictadura teocrática y muchos de los que colaboraron en la liquidación del régimen del Shah fueron eliminados cuando ya no hacían falta.

No apuntan las cosas precisamente en dirección de ninguna «primavera árabe» y, si alguien tiene dudas, le debería bastar con saber que países como Qatar, de reconocida tradición democrática, han estado apoyando y financiando movimientos revolucionarios de la tal «primavera». Naturalmente, lo que tampoco se puede ni se debe olvidar es que esa política estúpida y carente de todo principio consistente en utilizar a gentuza como diques de contención no funciona y acaba siendo como tratar de apagar un fuego con gasolina.

A lo mejor tenemos que llegar a la conclusión de que tenemos lo que nos merecemos. Eso sí, algunos lo tenemos más cerca que otros que lo merecen más.

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