El Rey León
Cuando un amigo ha ido a Rio de Janeiro siempre le he hecho la misma recomendación: No subas al Corcovado antes de subir al Pan de Azúcar. La razón para ello es muy simple: El paisaje de la bahía de Rio desde el Pan de Azúcar es espectacular pero, más tarde, se queda pequeño cuando se ve desde el Corcovado. Si se sube directamente al Corcovado, puede no merecer la pena ya ir al Pan de Azúcar. ¿Por qué no disfrutar de dos maravillas en su graduación correcta en lugar de quedarse con una?
Algo parecido nos ocurre con El Rey León: A quien no la haya visto fuera, especialmente si va con niños que es lo más habitual, un consejo sencillo: No perdérsela. Quien haya visto la función en Estados Unidos, tanto la completa que tienen en Las Vegas, Broadway y algún sitio más como la reducida de Disneyworld, puede encontrar que la versión española se le queda algo pequeña.
No sé si se podría haber encontrado un recinto más grande pero, desde luego, la obra lo habría agradecido. Tanto el tamaño como la distribución del teatro en Madrid hacen prácticamente imposible que los actores se muevan con libertad por los pasillos y, salvo una fugaz aparición, todo ocurre en el escenario al contrario de lo que ocurre fuera.
Las voces son más que notables y el recinto, tanto en tamaño como en sonoridad, pueden desmerecerlas un poco. Las notas de color local son proporcionadas por los personajes de Zazú y, especialmente, Timón. El primero, en la escena en que está encerrado con Scar como rey, se permite cantar un fragmento de una canción de Antonio Molina y otro de Georgie Dann mientras que al segundo, con un fuerte acento andaluz, aparece disfrazado de sevillana en la escena de distracción de las hienas e incluso se permite imitar el acento «guiri» del personaje de Rafiki.
Al principio es muy aplaudido el gran elefante que necesita de cuatro actores y se oye algún murmullo mientras Mufhasa le explica a Simba que ser rey es algo más que hacer lo que le venga en gana…la actualidad también se hace presente en el teatro 🙂
Al final, es Timón quien parece despertar más simpatías del público. En el terreno negativo, aparte del tamaño del recinto ya comentado, los fuertes acentos extranjeros de dos de las figuras principales que podrían haber aconsejado su sustitución por otras voces con el español como idioma nativo.
En cualquier caso, la conclusión es clara: Si no se ha visto, hay que verla.
