Categoría: Behavioral Economics
La «omertá» en el management
A lo largo de mi vida profesional, una pregunta recurrente ha sido ¿Por qué, sabiendo lo que sabemos, hacemos lo que hacemos?
Esta pregunta, tan vigente como el primer día en que me la hice, puede referirse no sólo a organizaciones que vemos tropezar una y otra vez con la misma piedra sino también a las personas. Es en este segundo aspecto en el que quería centrarme hoy:
El área de Recursos Humanos ha llevado buena parte de mi actividad profesional y, tal vez porque es en tal área donde a veces se llevan a cabo decisiones que afectan muy directamente a las personas, es frecuente encontrar ahí los extremos de la campana de Gauss: He conocido en Recursos Humanos a excelentes personas con las que ha sido un honor trabajar pero también he conocido ahí los más altos niveles de miseria humana que pueden encontrarse en el ámbito profesional…y ahí es donde viene la idea de omertá.
No debe confundirse la discreción con el silencio cómplice y, sin embargo, es frecuente que bajo el paraguas de una discreción mal entendida se permita que haya personajes que vayan medrando a pesar de que sus manejos sean, si no de público conocimiento, al menos conocidos por buena parte de los que podríamos llamar insiders. Lo ilustraré con una experiencia propia, tal vez una de las más extremas que me ha tocado vivir, pero no única y que refleja hasta qué punto la ley del silencio permite medrar no sólo a incompetentes sino a golfos redomados:
Mi jefe directo, un personaje conocido en el mundillo de los recursos humanos, se permitió desviar un contrato gestionado por el equipo comercial hacia su propia empresa. No era la primera vez que hacía maniobras extrañas aunque sí la más descarada y grave. En consecuencia, me dirigí a su jefe que, en tono cómplice, me vino a decir aproximadamente que mi jefe era un analfabeto con pretensiones -juicio en el que coincidía- pero no hizo nada por cambiar las cosas. Lo único que me quedaba por hacer era informar por escrito y presentar la dimisión y así lo hice. Meses más tarde, a raíz de un movimiento corporativo, la cosa no quedó en inacción sino que, casi mientras salía por la puerta, el gran jefe firmó un sustancioso blindaje en favor del que había sido mi jefe directo.
Meses después, recibiría una llamada porque la empresa se negaba a pagar un blindaje tan injustificado e irregular en las formas y buscaron una carta de dimisión con detalles de los hechos, carta que sospechosamente había desaparecido. Sin embargo, la persona que me llamó tenía una copia -se la había dado yo mismo antes de marchar- y me invitó a firmarla para poder utilizarla en el juicio. No tuve que pensar demasiado para negarme a hacerlo, no sólo por el riesgo que implicaba lo que, al fin y al cabo, era una falsificación sino porque en esta historia había dos golfos: El que firmó el blindaje y el que se benefició de él. Parecía claro que estaban dispuestos a ir contra el segundo pero no querían tocar al primero bajo ningún concepto y ello dejaba claro algo más: En contra de lo que me trataban de vender, no había una cuestión de principios. Si la hubiera, habrían ido a por los dos; simplemente, alguien se quería ahorrar un dinero y buscaban una forma fácil de lograrlo. No pareció haber demasiados escrúpulos morales a pesar de tratarse de una institución que hacía bandera de éstos.
Un tiempo después, uno de ellos -el firmante- se encontraba en una relevante posición institucional mientras que el beneficiario continuaba con sus chanchullos habituales. Lamentablemente, a estas alturas podría contar varios casos más, quizás sin tanto descaro como éste pero también muy graves. En todos ellos se ha vendido la omertá bajo el nombre de discreción y se ha permitido que personajes sumamente dañinos allá donde pudieran aterrizar hayan continuado causando perjuicios a las personas o instituciones que han tenido la mala fortuna de tropezarse con ellos.
Laurence Peter decía en su famoso principio que todo el mundo asciende hasta alcanzar su nivel de incompetencia. A estas alturas, muchos firmaríamos porque ése fuera el único factor porque hay veces que no hablamos sólo de incompetencia sino de corrupción y de conductas indeseables y, a pesar de ello, el ascenso continúa gracias a ese silencio cómplice tan extendido que algunos insisten en vendernos como discreción.
¿Sabrías buscar ofertas de trabajo en el extranjero?
La búsqueda en el propio país empieza para muchos por las páginas sepia…y a veces también acaba ahí. Sin embargo, con un mínimo conocimiento de los recursos de Internet se pueden hacer búsquedas muy afinadas, saber cómo se está moviendo un mercado, qué tipo de puestos demanda, cuáles son las empresas que están contratando e incluso cuál es el peso que pueden tener esas empresas y quiénes son sus principales competidores.
No es necesario meterse a grandes profundidades de analítica web ni ser un avezado community manager para conseguirlo. Basta con un poco de sentido común y el manejo de algunas herramientas. Empecemos con el sentido común:
¿Portales de empleo? Algunos como, por ejemplo, Monster, operan en distintos países y permiten unos filtros de búsqueda limitados a funciones y países que nos interesen. Sin embargo, este tipo de herramienta es insuficiente por varios motivos:
- En los portales de empleo aparecen las ofertas que han sido publicadas en ESE portal de empleo preciso.
- Hay portales que, salvo que hagamos una búsqueda previa, nos pueden resultar desconocidos simplemente porque no existan en nuestro país. Por ejemplo, http://www.visualcv.com es una sabia mezcla entre portal de empleo y red social que no opera en España, lo que lo convierte en desconocido para muchos potenciales interesados.
- Los portales de empleo siguen fallando en lo más básico: Ofertas acordes con la búsqueda. Nadie se debe extrañar de que le lleguen ofertas que no tengan nada que ver ni con su perfil ni con las búsquedas automáticas que haya preparado. En ocasiones, el problema es tan absurdo como no permitir la elección múltiple…por ejemplo, a alguien con un grado de doctor podría interesarle un puesto con un nivel de licenciado; sin embargo, si en su búsqueda pone «licenciado» no le saldrán los puestos que requieran un doctorado y viceversa. Lo mismo es válido para los niveles de experiencia o para el tipo de puesto buscado. Éste es un fallo compartido por muchos portales y es especialmente ridículo por lo fácil que sería de resolver. Otros fallos son de más calado y siguen dando lugar a respuestas absurdas a las búsquedas.
¿Linkedin? La estructura de su búsqueda avanzada es mejor que la de la mayoría de los portales de empleo pero, en principio, tiene el mismo problema de los portales de empleo: Aparecen las ofertas anunciadas en Linkedin. Sin embargo, Linkedin tiene un pequeño secreto que no funciona todo lo bien que debería por una cuestión puramente tecnológica: «Simplyhired». Después de haber buscado todas las ofertas disponibles en Linkedin, la aplicación nos ofrece extender la búsqueda a «Simplyhired», agrupador de ofertas de terceros que, por serlo, extiende sus tentáculos mucho más allá que Linkedin o que cualquier reclutador Internet y, además, no necesitamos introducir de nuevo los parámetros de la búsqueda si ya la tenemos en Linkedin. Sin embargo, a veces nos encontramos con la sorpresa de que «Simplyhired» no nos ofrece ningún resultado; esto resulta absurdo puesto que, por definición, tendría que darnos muchos más que Linkedin y el asunto tiene su truco: Si metemos en el navegador http://www.simplyhired.com y nos quedamos mirando la barra, podemos encontrarnos -si estamos en España- con que la dirección a la que ha accedido no es la que hemos escrito sino http://www.simplyhired.es y eso nos explica el problema: Si buscamos trabajo en Perú y nuestra búsqueda en Linkedin así lo ha limitado, «Simplyhired» sólo nos mostrará los trabajos en Perú que hayan sido anunciados en España y, a menudo, eso significará ninguno. Absurdo ¿no? Para resolverlo, tenemos dos soluciones: Una cómoda y más compleja y otra fácil y más tediosa:
- La cómoda: Utilizar una VPN que nos permita acceder a la dirección .com que buscábamos originalmente en lugar de llevarnos a la dirección local. Éste es un recurso utilizado por algunos cuando quieren ocultar su dirección (IP) Internet pero tiene otros usos. Por ejemplo, de esta forma, nuestra búsqueda en Linkedin puede ser utilizada directamente.
- La fácil: Acceder a la dirección a la que nos ha llevado y, en la parte de abajo de la página, buscar el país que nos interese y…repetir todos los parámetros de la búsqueda que habíamos hecho en Linkedin. Es fácil porque, como son primos, los parámetros son iguales en ambos sitios pero nada nos libera del trabajo de transcribir todos los datos.
Además, los cambios en los perfiles Linkedin están trayendo algunas complicaciones y Simplyhired está cambiando su funcionamiento: www.simplyhired.com ya no es el agrupador general sino simplemente el portal de Estados Unidos. Esto dificulta las búsquedas cuando Estados Unidos no es nuestro objetivo y nos invita a buscar por otras vías, entre las cuales www.indeed.com ocupa un lugar destacado.
Los virtuosos de Google tienen una solución alternativa: Búsqueda avanzada de Google parametrizando tanto con las herramientas propias de la búsqueda como con los operadores booleanos para afinarla al máximo. Para el común mortal bastará con utilizar el sistema apuntado más arriba para hacerse una idea de cuál es el nivel de demanda que existe en un país determinado para el tipo de puestos que nos pueda interesar.
Próximo día, más 🙂
Spain was different: Los trabajos del futuro que viene…en el extranjero
No hace aún muchos años se comparaba la situación española con la norteamericana en cuanto a disposición a la movilidad se refiere. Un norteamericano medio podía cambiar de lugar de residencia siete veces a lo largo de su vida laboral mientras que un español, si podía, no cambiaba de residencia ni una sola vez. Me encuentro entre los que admiran el estilo de vida norteamericano en muchas cosas -por ejemplo, el respeto por el dinero público y su disposición a echar a patadas a cualquier político corrupto sea del signo que sea- pero esa disposición casi infinita a la movilidad es también responsable de algunas facetas negativas de la vida norteamericana, en particular, la tremenda soledad. Todavía me produce asombro que, semanas después del 11S, hubiera quien afirmase que aún no se podía cuantificar el número de víctimas porque podía haber algunas a las que nadie hubiera echado de menos.
En España siempre ha habido raíces familiares y sociales más profundas. En momentos críticos como el actual, esas raíces pueden llevar a que se rechacen oportunidades porque nos alejen del terruño y del entorno más cercano pero, en sentido positivo, seis millones de parados habrían producido ya un estallido social si no fuera por el soporte que muchos reciben de ese mismo entorno del que no se quieren separar. Ésta ha ido la situación hasta hace pocos años pero ahora puede observarse algo muy distinto:
La situación española recuerda a la estrofa de la canción de Serrat Escapad, gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer. La desesperanza ha llevado a muchos a buscar trabajo en el exterior con una fortuna muy diversa. No basta con una preparación técnica; en muchos casos se necesita además el dominio de un idioma -generalmente el inglés aunque el alemán está conociendo su primavera como segunda lengua- y una capacidad de adaptación a la forma de vida y costumbres del país de adopción.
En los últimos dos años, entre los profesionales a los que he asesorado sólo he podido encontrar a tres personas cuyo objetivo fuera la recolocación en España. El resto tenía claro que su futuro pasaba por la búsqueda de trabajo en el exterior. Algunos de ellos estaban perfectamente equipados para el proceso de adaptación que este cambio podía exigir pero otros podían haber pecado de optimismo sobre sus propias posibilidades. Si a alguien no le asusta el alemán y su tipo de formación se lo permite, Alemania puede ser una buena opción pero la forma de vida alemana difiere bastante de la española. Los países del golfo Pérsico pueden representar una gran oportunidad en el terreno económico pero, por distintos motivos, tanto ir solos como acompañados tienen sus dificultades específicas. Canadá es otra buena opción pero los inviernos canadienses pueden exigir mucho a un nacido en el Mediterráneo. ¿Sudamérica?….es otra historia. Para el español dispuesto a marchar, la eliminación de la barrera del idioma puede ser un buen incentivo pero es mejor que se haga a la idea de que el concepto mismo de Sudamérica es una entelequia. Sudamérica no existe…o, para ser más preciso, no existe como bloque de países más o menos homogéneos y que, por tener una lengua común, no son demasiado distintos de España.
Quizás a alguien le parezca exagerado pero podrían apreciarse más diferencias entre un argentino medio y un peruano medio que entre un español medio y un sueco medio. A pesar del idioma común, las diferencias entre países son muy importantes y, antes de dar el salto animados por la facilidad del idioma, es mejor enterarse bien de cómo es la vida tanto social como profesional en el país de destino. Aparte de la información que puede encontrarse en Internet, un viaje corto antes de aceptar una oferta puede ser una inversión interesante.
Todavía recuerdo una situación vivida hace bastantes años y sobre la que nunca agradeceré lo suficiente la prudencia de sus artífices: Tras pasar todas las fases de un proceso de selección, había un requisito formal que exigía que la entrevista final fuera llevada a cabo en las instalaciones de la empresa. El lugar era tan inhóspito desde todos los puntos de vista, incluida la lejanía de cualquier lugar civilizado, que muchos candidatos habían abandonado a las pocas semanas de tomar posesión del puesto y querían evitar que les volviese a ocurrir. No me llegué a incorporar al puesto.
Algunos candidatos tienen su particular cuento de la lechera: Si pudieran trabajar en una empresa española en el país de destino, las cosas serían distintas. Sin embargo, esto no es tan fácil; cuando una empresa española envía a alguien como expatriado, lo hace con alguien que ya conoce a fondo los entresijos de la empresa y que, por tanto, tiene su red de contactos hecha y esto le permite solucionar problemas con más facilidad de la accesible a un recién llegado con el que lo único que comparte es el pasaporte. Pueden darse casos excepcionales si alguien ha mostrado un conocimiento del sector o una capacidad para abrir mercado excepcionales pero esto no deja de ser la excepción. El expatriado, por norma, es alguien que ya está trabajando en la empresa y, si alguien busca trabajo en otro país, es mejor que no busque en España sino que lo haga directamente en el país al que dirige su búsqueda.
Con todo, la situación de los nuevos emigrantes es mucho más fácil que la de sus antecesores de las décadas de los cincuenta y sesenta. Tienen recursos de información para saber quién está contratando personas de su especialidad en determinado país y quién es la empresa que hace la oferta en el panorama mundial, incluso aunque no haya oído hablar de ella nunca antes. Hay recursos…pero hay que utilizarlos y no quedarse con estereotipos fáciles sobre lo que se va a encontrar ni pensar que uno es Superman y aguanta lo que le echen porque hasta podría encontrarse con su kriptonita particular. Investigación y prudencia…saltos en el vacío, los justos.
Estrategia empresarial: Nihil novum sub solem
Hace ya bastantes años, cuando estaba cursando el Master en el Instituto de Empresa, había un caso clásico: La entrada de las motos Honda en Estados Unidos. El sistema fue simple: No intentaron atacar la fortaleza de las omnipresentes Harley Davidson sino que empezaron con motos de baja potencia. Éstas no fueron vistas como una amenaza y les permitieron generar toda una red de distribución sin que las grandes Harley se vieran amenazadas. Andando el tiempo, irían sofisticando la tecnología, aumentando la potencia…y llevando a las Harley a su posición de pieza de museo rodante para nostálgicos y/o «auténticos».
Esa misma historia se repitió en otro mercado que también se estudiaba por aquel entonces: La relojería suiza. Los japoneses no entraron con sus relojes de cuarzo por la gama alta del mercado donde todas las grandes marcas suizas se habrían sentido amenazadas. No; empezaron fabricando relojes baratos pero de una gran puntualidad -es sabido que un Rolex falso de cuarzo es infinitamente más preciso que el auténtico- y consiguiendo que, al final, los suizos quedasen aparcados en un mercado del lujo que, por su misma naturaleza, es mucho más pequeño del representado por esa casi exclusiva mundial que mantuvieron durante años.
Ahora estamos asistiendo nuevamente al mismo escenario: Un sistema operativo relativamente nuevo, Android, se empieza a utilizar en teléfonos móviles. Nada que haga estremecerse al omnipotente Windows, especialmente cuando ha visto como intento tras intento de Linux no conseguía arañar su cuota de mercado; sin embargo, cuando esos teléfonos móviles empiezan a crecer en prestaciones, aparecen las tabletas que empiezan a desplazar a algunos ordenadores portátiles, singularmente los netbooks, y ¿qué es lo que tenemos?
Tenemos una enorme cantidad de gente acostumbrada a utilizar un sistema operativo distinto de Windows a la que, por eso mismo, el cambio no le supondría demasiado problema si Android llega a tener niveles de potencia equiparables a los de Windows. Los siguientes movimientos ya están ahí: Android es una variante de Linux pero ya hay quien está experimentando directamente con Linux en teléfonos móviles. Si en Google son sólo un poco hábiles no tardarán en sacar una versión de Android que lleve todas las ventajas que hoy supone tener un Linux «pata negra» y que Android aún no tiene…es decir, Android continuará aumentando sus capacidades a medida que van aumentando las de los dispositivos sobre los que se monta el sistema operativo. Probablemente la propia Google no tarde demasiado en arrojar su invento Chrome OS al cajón de los proyectos fallidos porque ya tiene algo mejor: Android.
Cuando se decidan a dar el paso definitivo, es decir, ofrecer un ordenador completo con sistema operativo Android se encontrarán con millones de personas habituadas a manejar el sistema operativo y que, posiblemente, verán el cambio incluso como un alivio. Los autores que cuentan la historia de la rana hervida, según la cual si se va calentando poco a poco el agua en que está una rana, ésta acaba por hervir porque, cuando se da cuenta del problema ya no tiene fuerzas para salir; yo prefiero quedarme con algo más simple: No se aprende de la historia pasada. Los dos ejemplos, Honda y la relojería suiza, son de hace más de veinte años pero sirven para definir con toda exactitud qué es lo que está ocurriendo hoy en otro mercado.
Por supuesto, para que esto ocurra a veces hay que contar con la colaboración involuntaria del adversario, en este caso Microsoft. Windows 8 es un sistema raro, en el que no se encuentran muchos recursos en el sitio en que acostumbraban a estar -a veces no se encuentran en ningún sitio- y cosas tan sencillas para un usuario medianamente diestro como cambiar las DNS en el acceso a Internet se acaban convirtiendo en difíciles o imposibles. Peor aún: Windows 8 recuerda demasiado al funcionamiento de un teléfono móvil, es decir, parece haber convertido el PC en un teléfono móvil con la pantalla grande. ¿No sería lógico que Microsoft hubiera dado un salto hacia delante para ponerle más difícil a Android la tarea de alcanzar a Windows y presentarse como alternativa también en el PC? No; en lugar de eso, se han acercado. Quizás con eso pretendían vender la homogeneidad entre el sistema operativo del PC y el del teléfono móvil con Windows. Si es así, supongo que al genio que se le haya ocurrido esa idea lo tendrán colgado por los pulgares en algún lugar cerca de Seattle 🙂
«The Management Myth: Why the Experts Keep Getting it Wrong» by Matthew Stewart: The real mistake of Taylor
Many books start with a promise that starts to fade once read a few pages. «The Management Myth» is just the opposite: It starts with common knowledge about how consulting firms work to go into the roots of the problem and the author puts those roots in…Taylor.
For many of us, Taylor is interesting mainly for historic reasons about how organizations evolved. Taylor has been strongly critiziced because of his hard-nosed approach but nobody spoke about his results. Taylor’s results seemed to be right but through the wrong way. In other words, criticism to Taylor has been based in his «The goal justifies the means» practice. Nobody has never -at least, as far as I know- questionned if the goal was really reached or everything was a carefully crafted myth.
Taylor, the father of the so-called «Scientific Organization of Work» started his successful career in Bethlehem with workers moving pig-iron bars. He reported a big increase in productivity from the application of strict scientific principles and -this is the most important part- this principles could be applied to any organization in any activity. The idea of common principles shared by all business activities and scientific methodology to deal with these activities should be the starting point of Business Schools.
Perhaps, the supposition that pig-iron moving is a kind of micro-world whose principles are valid to every single business activity could be discussed. The most common discussion never reached this point but remained fixed in the social model that Taylor model could imply. Stewart in his book goes beyond: He shows data alleging that the Bethlehem works were not so successful as Taylor pretended; the methods were not as scientific as Taylor alleged and the big one: Profits coming from Taylor improvements were directly to the pockets of Taylor since they were by far minor than his consultancy bill for the project.
The book has some parts to be discussed. For instance, the author says that a scientific attitude does not imply the existence of a scientific field and, from this point of view, he rejects the possibility of speaking about something as a science of management. The first point is true but the conclusion could be wrong: Management is a continuously evolving activity and complex enough to justify the existence of some general principles. If these principles have to be called science or technique, that should be a minor point. Business Management is a discipline in itself and pretending to be «scientific» could be a way to escape from his findings to be discussed but this attitude itself -the one that Taylor showed- cannot be named scientific.
Science means open discussion and information enough to reproduce the alleged findings. Taylor did not meet any of these conditions in his work and that is the main objection that can be made. Stewart goes beyond: He shows how some of the problems of management today have their roots in Taylor ideas: Underinvestment, strict labor división, simplistic indicators and so on.
In a moment where Taylor appears again under the shape of Information Technology , the approach of Stewart can be especially relevant, even if we disagree about the role of Business Management as a discipline.
When the wrong person is at the wheel
Can the wrong person spoil a well-conceived project? Napoleon Bonaparte already answered this question when said to prefer an army of rabbits driven by a lion than an army of lions driven by a rabbit. In the second half of II World War, some of the collaborators of Hitler were driven crazy because Hitler was waiting for “the voice” to tell him what to do.
Perhaps, mentions of Napoleon or Hitler could invite to think that cases where a single person can be very damaging for organizations are scarce and limited to war situations. Far from it. One of the first duties of real managers could be defined by a single word: Contention. The world outside is confusing enough to have someone at the top introducing more confusion instead of choosing carefully where to look and which are the issues that deserve attention.
Instead of that, some ill-selected managers enjoy making waves. If someone is not very sure about his position and his abilities –perhaps with good reasons- the experience of having a whole organization confused as an answer to his erratic behavior could be rewarding. At the end, he could not be able to find a positive way to affirm his own importance. Hence, the noise returned from the organization to his own behavior is like music for his ears. The noise says about his importance, not to mention his inadequacy for the job but this is harder to hear for him.
I would not like to put names to this kind of behavior even though, as any enough experienced person, I should miss fingers in both hands if I had to count all the times that I have seen this pattern. When it appears once more, it is a dejà vu feeling. Perhaps many head-hunters are convinced of Dilbert Principle where it states that bad workers are displaced to the place where they can be less damaging, that is, to the top of the organization. Perhaps that is why many of them seem to be more concerned with “aestethics” than with the real value –or the real threat- that they can introduce into an organization.
Of course, shouting the own incompetence with every single action is not the only way to have the wrong person at the wrong place. There are others even worse and very common, for instance, showing a behavior full-centered in their own convenience at the expense of the organization whose interest they are supposed to defend. However, these people are professional liars and harder to detect than the first ones.
Crazy, erratic and impulsive people are much easier to detect. If every single day is a test showing the incompetence of someone, if decisions made yesterday are reverted without reason today, if a whole workforce is asking every day “now, what?”, a question has to be asked to the one who decided about hiring someone visibly incompetent: Where were you looking at?
Please, feel free to put the name that fits the description of the glorified incompetents that you have gone into. Of course, I have my own list but it is not the objective of this post to make it public 🙂
¿Comete Nokia un suicidio asistido?
Cualquier observador interesado del mercado de las T.I.C. habrá visto varios movimientos importantes y alguno de ellos, en particular el de Nokia, sorprendente si no absurdo…salvo que haya debajo algo más que todavía no conozcamos los profanos.
Durante mucho tiempo, Nokia marcó el camino de la facilidad de uso con terminales de un tamaño contenido y dotados de su excelente sistema operativo Symbian. La aparición del iPhone de Apple y el contraataque de numerosas marcas que empezarían a fabricar terminales basados en Android daría lugar a un paisaje totalmente distinto en el mercado. La disponibilidad de aplicaciones hacía que la apuesta de Nokia por Symbian no resultase sostenible y, en esas condiciones, parece que su única opción real era pasarse a Android. En lugar de esto, decidió pasarse a un tercero en discordia que en el terreno de los móviles está en un tercer y muy retrasado lugar: Windows. Por añadidura, Nokia no ha seguido la política de otros competidores como HTC de fabricar los mismos dispositivos corriendo sistemas operativos Windows y Android. No; Nokia ha puesto todos los huevos en la misma cesta y se ha pasado por completo a Windows. ¿Es un error o Nokia sabe algo que los demás no sabemos? Recopilemos qué es lo que sí sabemos los profanos:
Empecemos por la marca más ambiciosa del mercado: Apple. Muchos consumidores, entre los que me encuentro, no quieren saber nada de Apple. Nada que oponer ni a su capacidad de diseño e innovación -probablemente los mejores en el mercado actual- ni a su manejo de las herramientas de márketing, que es magistral. Lo que a muchos no nos resulta aceptable es la política de «Apple sólo se entiende con Apple» y que hace que cosas tan sencillas como pasar información a través de Bluetooth sea imposible si uno de los dispositivos es Apple y el otro no lo es. Apple ha querido crear siempre -tanto en los momentos en que se suponía que desaparecería en breve como en su momento de mayor éxito- un ecosistema cerrado donde, por serlo, el comprador de un dispositivo Apple acaba viéndose rodeado de Apple por todas partes.
Algo parecido intentó RIM con sus Blackberry, aunque hoy se podría decir sin gran riesgo de error que Blackberry está abocada a su desaparición: No tiene la fuerza de Apple ni su escalabilidad que abarca desde los reproductores de música hasta los ordenadores pasando por los teléfonos y las tabletas. Hoy las Blackberry representan una isla incomunicada y con pocas posibilidades de salir de ella.
Los no-Apple no han tenido ni tienen la posibilidad de integrarse en el ecosistema Apple y, si han tenido la posibilidad de hacerlo en el ecosistema Blackberry, no les ha interesado. Como consecuencia, salió Android. Detalle que no todos los usuarios conocen: Android ES Linux. Linux es un viejo conocido en los ordenadores personales aunque nunca ha llegado a acercarse a los niveles de implantación de Windows, lo que pone en cuestión hasta dónde puede llegar el concepto de desarrollo de software libre; sin embargo, al entrar en la telefonía móvil, Linux-Android encontró su «primo de Zumosol» bajo la forma de Google. Aunque algunos siguen desarrollando versiones ajenas a Google o incluso en abierta competencia -caso de Amazon con su Kindle Fire- el mundo Linux en su versión de dispositivos móviles ha recibido un enorme empuje por parte de Google.
¿Qué es lo que podríamos esperar razonablemente en un próximo futuro? Android-Linux podría comportarse en una forma similar a Apple y buscar el crecimiento a otros dispositivos. Esto ya lo estamos viendo de forma que las tabletas están recibiendo versiones más avanzadas de Android, no accesibles a muchos teléfonos móviles y Google está tratando de introducir su sistema operativo Chrome OS en el ámbito de los ordenadores personales sin que el éxito hasta el momento haya sido muy amplio. Si me dejan utilizar la bola de cristal, lanzaré un pronóstico: Con el tiempo, Android empezará a mostrar abiertamente a todo el mundo su parentesco con Linux y, del mismo modo que Apple ha actuado con el iOS, el empujón sobre Android llegará bajo su forma Linux al mundo de los ordenadores personales.
Al final, si esto se cumple, llegaremos a un duopolio virtual Android-Linux .vs. Apple y que abarcará desde dispositivos móviles hasta ordenadores personales -centrándonos sólo en la tecnología de información para consumo público- y habrá un gran perdedor que irá perdiendo posiciones de forma lenta pero segura, tanto en ordenadores personales como en dispositivos móviles donde no llega -y probablemente no llegará- a arrancar con fuerza: Windows.
Éste es un pronóstico que puede hacerse sin información privilegiada; basta la observación atenta de los movimientos que se están produciendo en el mercado. Es en este contexto en el que Nokia decide apostar al 100% por Windows, manteniendo algún resto de Symbian quizá más por nostalgia que otra cosa, y ya ha perdido de forma clara su posición como fabricante frente al coreano Samsung, la bestia negra de Apple. ¿Por qué? Como consumidor, lo siento porque Nokia siempre ha fabricado terminales de buena calidad y era de los pocos que podía hacer frente a Apple en diseño. Como ejemplo, todavía pueden verse Nokia 5800 y 5300, terminales que le hicieron daño a la primera versión del iPhone antes de la eclosión de Android. ¿Qué hay detrás de tal decisión? ¿Hay algo tan importante que sólo Nokia sepa y que pueda alterar radicalmente la dinámica del mercado? Seguramente, dentro de unos años, la decisión de Nokia se estudiará en las escuelas de negocios -como modelo positivo o negativo- al igual que hoy asistimos a la canonización civil de Steve Jobs. El tiempo resolverá el enigma.
«El cisne negro» de Nassim Nicholas Taleb: El impacto de lo altamente improbable
Empecé a leer este libro por recomendación de un amigo experto en análisis bursátil. Después de explicarme en detalle un sistema para anticipar los movimientos en algunos mercados de futuros sólo pude llegar a una conclusión: Se trata de una estupidez que funciona o, en los términos de Soros, de una falacia fértil por la cual se pueden obtener resultados de modelos carentes de racionalidad. Taleb va un paso más allá: Hay entornos donde la anticipación basada en criterios racionales es simplemente imposible.
El título El cisne negro obedece a lo que otros podrían llamar el criterio de falsación de Popper o la parábola del pavo analítico-inductivo de Bertrand Russell: Hasta que se vio un cisne negro, se consideró que el color blanco era un atributo natural del cisne. Los millones de cisnes blancos observados hasta ese momento no servían; una simple ocurrencia bastaba para demostrar que los cisnes no tenían que ser necesariamente blancos. El criterio de falsación de Popper se mueve en la misma línea: No tratar de extraer conclusiones favorables a una hipótesis sino demostrar que la contraria no es posible. Por último, la broma del pavo analítico-inductivo cuenta cómo un pavo razonable, después de ser amistosamente alimentado por un ser humano cada día no encontrará ninguna razón válida para que el miércoles anterior a Thanksgiving vaya a ser un día distinto de cualquier otro.
Taleb es un crítico feroz de la campana de Gauss y muestra cómo, guiados por ella, hemos llegado a considerar el mundo mucho más previsible de lo que realmente es y cómo el énfasis en la tendencia central conduce a ese efecto. Para ello, habla de dos entornos, Mediocristán y Extremistán, que ilustrarían situaciones donde la campana de Gauss y su énfasis en la tendencia central es una alternativa válida o, por el contrario, un caso único puede alterar toda la dinámica y dar al traste con cualquier previsión.
Un ejemplo divertido para mostrar cómo funcionarían ambos entornos es el siguiente: Imaginemos un estadio lleno de gente al que llega la persona más pesada que quepa imaginar…¿300 Kgs.? ¿400? ¡¿1.000?! Encontraríamos que el peso de esta persona apenas tendría incidencia alguna al calcular el peso medio de las personas del estadio y, por tanto, tampoco la tendría al hacer una estimación del peso total. Estaríamos hablando de un caso de Mediocristán donde el modelo de campana de Gauss funciona.
Imaginemos ahora ese mismo estadio al que, en lugar de llegar una persona con tan extraordinario sobrepeso llega…Bill Gates. El parámetro sobre el que se trata de hacer el cálculo ahora no es el peso medio sino el patrimonio medio de las personas que llenan el estadio. En lugar de ser una cifra estable y que puede aguantar el caso excepcional, en este caso encontraríamos que un caso único es capaz de desplazar totalmente la curva que, además, no sería estable ya que las inversiones de cierta volatilidad harían que la cifra se moviera. En suma, llegaríamos a la situación en que lo insignificante no sería el caso único sino todo lo contrario: Lo insignificante para las cifras resultantes sería la contribución de todos los demás ocupantes del estadio. Éste sería un caso definido como Extremistán.
A partir de unos principios tan simples como éstos, Taleb construye un libro en el que presenta una enmienda a la totalidad sobre prácticas que se apoyan en las supuestas bondades de la campana de Gauss para hacernos creer que vivimos en un mundo previsible. La distinción entre Mediocristán y Extremistán y cómo el olvido de ésta conduce a graves errores en la aceptación como válidos para hacer previsiones de parámetros de tendencia central es uno de sus temas principales.
Critica también el que, con mucha frecuencia, le pidan un sistema alternativo de previsión cuando, precisamente, lo que está diciendo es que no hay tal sistema válido y que se trata de distinguir entre tipos de situaciones y la respuesta muy común de que las técnicas al uso pueden ser malas pero no tenemos otra cosa. En este último punto, al que además dedica sus críticas más furibundas, Taleb podría equivocarse: Las falacias fértiles de Soros se apoyan sobre un concepto muy conocido en sociología: Las profecías autocumplidas.
A lo largo de los años hemos podido ver que determinados índices se han «cocinado» estadísticamente porque esos índices eran utilizados por terceros. Como ejemplo, un paso por la cocina del IPC puede servir para negociar a la baja Convenios y, en esa forma, contribuir a reducir la inflación. Cierto es también que esos mismos índices pueden estar detrás del estallido de la burbuja financiera, es decir, inversores comprando porquería basándose en unos indicadores que les habían contado que era una gran inversión, hecho explicado maravillosamente en un video humorístico de la BBC.
En suma, es una lectura que vale la pena. Quizás acabemos con la sensación de que el mundo era menos previsible de lo que creíamos pero siempre será mejor eso que la seguridad del pavo analítico-inductivo.
QF32: Mal título para un buen libro y contrapunto al AF447
Raramente se le ocurrirá a alguien comprar un libro llamado «QF32» si no sabe de antemano qué se va a encontrar dentro. QF32 es el nombre del vuelo de Qantas realizado por un Airbus 380 y que estuvo mucho más cerca de acabar en desastre de lo que sugieren las imágenes que se pueden encontrar por Internet. El autor del libro es el piloto al mando del vuelo, Richard de Crespigny, y da una serie de datos que pueden resultar de gran interés para los interesados tanto en la evolución tecnológica en general como en la seguridad aérea en particular.
Para entender por qué el avión estuvo tan cerca del desastre bastará con una idea sencilla: No se trata de un avión de cuatro motores al que le falla uno, eventualidad para la que cualquier avión de cuatro motores -incluso de dos- está preparado en cualquier fase del vuelo. Se trata de que uno de los cuatro motores -uno de los dos más cercanos al fuselaje del avión- decide comportarse como una bomba y explota repartiendo sus propias partes como metralla y provocando multitud de fugas de combustible, de fluido hidráulico y cortando cientos de cables que dejan a gran parte de los sistemas de información y de control del avión total o parcialmente inutilizados. La situación fue tan grave y las expectativas eran tan malas que, con el avión todavía en el aire, las acciones de Qantas estaban cayendo a plomo porque se daba por descontado el desastre.
El libro lleva una primera parte de apuntes biográficos de su autor y, entre éstos, hay dos elementos que resultan de interés para el caso: El primero es que no se trataba de un piloto formado en aviones de la última generación sino que había empezado su trayectoria en la aviación militar habiendo volado incluso helicópteros y el segundo es que se trataba de un personaje con gran curiosidad por la tecnología, curiosidad que le llevó desde aprender por sí mismo a desmontar una vieja moto hasta tratar de entrar en los entresijos de la tecnología de la información más allá del puro conocimiento operativo.
A partir del momento de la explosión del motor, el autor entra en una serie de detalles sobre qué estaba ocurriendo que pueden ser difíciles de entender si no se está mínimamente familiarizado con la aviación pero hay varios puntos que se pueden sintetizar:
- Los pilotos empiezan a recibir un número interminable de listas de fallos y sus listas de comprobación asociadas. Viendo que esto no les lleva a ninguna parte, acaban concluyendo que es mejor tratar de determinar qué es lo que está funcionando correctamente y, con ello, ver sus posibilidades reales.
- Hay un momento en que les aparecen datos que les invitan a desconfiar: El motor que explotó estaba pegado al fuselaje y no parecía tener mucho sentido que la explosión hubiera afectado al motor que estaba en la punta del ala contraria. En este momento comienzan a pensar que la información que están recibiendo podría no ser fiable.
- Parte de los sistemas de control del avión no sólo había quedado inutilizada sino que había dejado parte de los alerones en una posición de deflexión que le robaba sustentación al avión. La única forma real de saber cuál era el margen de velocidad que tenían para la aproximación y el aterrizaje era comprobarlo físicamente porque la información sobre las velocidades adecuadas no era fiable.
El avión aterrizó felizmente aunque con una situación complicada al final de su carrera de aterrizaje: El motor contiguo al que explotó había quedado fuera de control y los pilotos no fueron capaces de apagarlo; las múltiples fugas de combustible habían creado un charco debajo del avión sin que los bomberos pudieran aproximarse debido al motor en funcionamiento y el frenado en condiciones limitadas había hecho que los dispositivos de freno estuvieran a una temperatura que llegó a rebasar los 1.000 grados centígrados…en presencia del enorme charco de combustible que no dejaba de crecer y con pasajeros y tripulación dentro del avión.
Posiblemente el comportamiento de la tripulación del vuelo QF32 pueda servir para dar dos pistas importantes sobre cómo volar los aviones tecnológicamente más avanzados:
- Un avión no es un videojuego y los mejores sistemas de información no excusan de que los pilotos tengan claro cómo y por qué vuela un avión y de ser capaces de anticipar sus reacciones prescindiendo de la superestructura de sistemas de información.
- Es necesario perder los complejos frente a la tecnología de la información y si, especialmente en una situación degradada, se sospecha que la información o el control de que se está disponiendo no son adecuados, se debe estar dispuesto a contrastar esa hipótesis.
Por último, el libro da suficiente información sobre el piloto al mando para concluir que se trataba de una feliz combinación entre experiencia en distintos tipos de aeronave y conocimiento tecnológico. Sin embargo, aunque se destaca la figura del segundo piloto y su elevado grado de conciencia situacional, no se dispone de más información sobre él que la publicada en el informe preliminar donde se muestra que su experiencia en el tipo de avión era de algo más del doble del número de horas que tenía el piloto al mando. Puesto que también fue una figura central en el caso, habría sido interesante disponer de más información sobre su trayectoria profesional.
El caso QF32 se presenta casi como un «anti-AF447» en el sentido de que parece haber una clara insistencia en atribuir el accidente del segundo a la falta de formación de la tripulación mientras que el primero se muestra como un ejemplo de comportamiento adecuado. Habría dos puntos que añadir en este sentido:
- Cualquier persona familiarizada con el trabajo de recursos humanos sabe que uno de los primeros pasos para determinar las competencias necesarias en un puesto de trabajo consiste en buscar modelos excelentes a imitar. Parecería lógico profundizar en las características de los tripulantes del vuelo QF32 con este objetivo; sin embargo, la información disponible sobre el piloto al mando nos muestra que es un tipo de formación y experiencia cara y escasa. En un momento en que se está optando por rebajar las características de la formación creando licencias como la MPL un caso como el QF32 debería representar una invitación a revisar las políticas de formación y licencias así como desarrollos tecnológicos con una complejidad y opacidad crecientes.
- El caso AF447 puede ser atribuido a falta de formación de la tripulación pero, para hacerlo, es necesario dar un salto en el vacío difícilmente admisible: Todos los sensores imaginables pueden fallar. Si un sensor defectuoso tiene capacidad para generar una situación de confusión capaz de poner en evidencia la falta de formación de los tripulantes…algo mucho más grave que el propio sensor ha fallado en el camino. Se puede y se debe discutir si la formación de los pilotos era o no la adecuada -el caso QF32 puede ayudar en ese análisis- estableciendo las responsabilidades y realizando los cambios oportunos. Sin embargo, un sensor defectuoso NO puede provocar la situación de confusión por alarmas múltiples y contradictorias que se produjo en el AF447 y si lo hace -y lo hizo- necesariamente hay que revisar también el diseño capaz de conducir a ese efecto. Quedarse en un sensor defectuoso y en la falta de formación de la tripulación es sólo una mitad, o menos, de la verdad de lo ocurrido en el Atlántico en el vuelo AF447.

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