BBC y tolerancia religiosa

Según unas curiosas declaraciones del director general de la BBC, Mark Thompson, la BBC «nunca se burlará de Mahoma pero sí de Jesús». Lo más interesante es la justificación:

Para un musulmán, una representación, en particular una representación cómica o degradante del profeta Mahoma podría tener la fuerza emocional de una pieza de pornografía infantil grotesca…sobre Jesús se puede hacer burla porque el cristianismo tiene hombros anchos y un menor número de vínculos con el origen étnico.

Demos por bueno el razonamiento. ¿Tenemos que tratar a cada uno según su particular sensibilidad o tenemos que comportarnos de acuerdo con un criterio de respeto y de rechazo de imposiciones? Si mi sensibilidad exige que me traten con especial mimo ¿no acaba siendo esa exigencia una imposición para los demás? ¿no están los demás en su derecho de rechazar tal exigencia? ¿no se acaba premiando al radicalismo?

Una de las mejores definiciones que puede encontrarse de una religión, cualquiera, es la de «verdad privada». Cierto que cuando las verdades privadas de mucha gente convergen, se crean agrupaciones en algunos casos tan imponentes como la propia Iglesia Católica pero, incluso en esos casos, no pueden exportar su verdad privada y sus principios fuera de su grupo porque en ese momento dejará de ser compartida.

Por una cuestión de mera educación, no deben atacarse las verdades privadas de los demás siempre que éstas no impongan ritos o costumbres que atenten contra la dignidad de sus miembros o de terceros, El que no se sienta católico o musulmán no tiene por qué ridiculizar que el primero no quiera comer carne los viernes de Cuaresma o que el segundo no quiera probar el cerdo o el alcohol pero, al mismo tiempo, no tiene por qué aceptar la imposición -como se ha hecho bastantes veces- de actuar de la misma forma porque su exquisita sensibilidad no sólo se refiere a la conducta propia sino a la ajena.

En España hemos llegado a ver espectáculos como un almuerzo con políticos iraníes en el que exigieron que no hubiera vino en la mesa y la respuesta debería haber sido muy sencilla: En España se bebe vino y, si ustedes quieren, no lo beban pero no tienen derecho alguno a imponer que otros, que no comparten su creencia, tampoco lo hagan. Una lástima que no se siguiera en su momento un principio tan simple como ése. El principio de no ser tolerante con la intolerancia debería estar incorporado en los hábitos de todos, especialmente de los políticos.

En la época del imperio colonial británico, tras la muerte de un hindú y fieles a su tradición quisieron quemar con él en la pira funeraria a su esposa. Al negarse un oficial británico, le hicieron saber que no estaba respetando las tradiciones del país a lo que éste contestó que en su país había otra tradición consistente en ahorcar al que mataba a alguien. A continuación, les invitó a que actuase cada uno de acuerdo con las tradiciones de su país. Sobra decir que decidieron dejar para otro momento lo de quemar a la viuda.

¿Qué va a hacer la BBC cuando una religión, en uso de su especial sensibilidad, decida que no se puede hablar sobre ella en los medios de comunicación? ¿Respetará la sensibilidad de esa religión o los principios de su oficio de informar? Las reglas y el respeto han de ser los mismos para todos; lo contrario significa aceptar imposiciones y machacar al más tolerante.

Reflexiones sobre el déficit público y la Reforma Laboral: Mate en dos jugadas

Hoy aparece la noticia de que Rajoy va a presentar unos presupuestos que incumplen el pacto de mantener el déficit en el 4,4%. Como consecuencia, Rubalcaba le da a Rajoy la bienvenida a una racionalidad que el Gobierno del que él formó parte nunca tuvo; es como si yo le doy la bienvenida a alguien al Palacio de la Zarzuela. En cualquier caso, después de los anuncios habidos en el sentido de que se iban a respetar los pactos, el anuncio causa cierta sorpresa aunque, si se mira con un poco de detalle, tiene coherencia:

Una reducción fuerte del déficit en una situación de recesión implica subir impuestos, meter tijera en sitios donde ya pueda doler o ambas cosas. Sin embargo, la opción de simplemente incumplir tampoco parece que sea posible. Sólo queda una opción que explica con qué alegría se anuncia el incumplimiento: Hay algún sitio donde se espera hacer recortes muy fuertes y a corto plazo y ese sitio resulta bastante claro, tanto más claro puesto que coincide con el punto donde más se ha desviado el déficit el año pasado: Las Comunidades Autónomas.

A lo mejor, la situación crítica actual sirve para que en España nos demos cuenta de que no se pueden sostener un gobierno y diecisiete gobiernitos, cada uno de ellos con sus cargas burocráticas, sus enchufes y sus corruptelas. Tocar ese capítulo en este momento y con unos presupuestos que hay que presentar ya es imposible pero, de cara a los presupuestos del año próximo, se pueden haber hecho los cambios necesarios para asegurarse de que ya se pueda entrar a fondo en ese capítulo.

Probablemente, para entrar en serio en el dinero gastado por las Comunidades Autónomas sea necesario hacer algún cambio legislativo importante, bien reduciendo su autonomía o todo lo contrario, dándoles una autonomía fiscal casi completa de forma que sean responsables tanto del ingreso como del gasto y su dependencia en ese sentido de un Gobierno central sea mínima. Ésa podría ser la baza preparada para los presupuestos del próximo año.

¿Algún indicio aparte del mero sentido común? La Reforma Laboral. Resulta curioso que los temas con los que los sindicatos están haciendo más ruido no sean los que más les preocupen y, además, sean falsos. Sin embargo, hay otros asuntos que representan auténticas cargas de profundidad tanto para los sindicatos como para las Comunidades Autónomas:

  1. No es cierto que un empresario pueda decir alegremente que le van las cosas mal y que va a reducir los sueldos. Si hay acuerdo entre las partes, la situación de crisis se presume cierta pero, en ausencia de tal acuerdo, la cuestión puede acabar en un tribunal que evaluará si la causa que se aduce tiene o no sentido.
  2. El abaratamiento del despido tiene una fecha de inicio pero, quien tenga un contrato anterior al 12 de febrero, en la eventualidad de un despido recibe una indemnización a razón de 45 días por año hasta esa fecha. Sólo desde esa fecha se empieza a computar a 33 días por año.
  3. La primacía de los convenios de empresa sobre los convenios colectivos es un torpedo en la línea de flotación de las grandes centrales sindicales que ven como se les puede escapar gran parte del control que intentan ejercer.
  4. El otro gran ataque a las centrales sindicales es la pérdida de exclusividad de la Fundación Tripartita en los cursos para trabajadores empleados. Será el propio trabajador quien decida dónde se forma sin interferencia -ni facturación- por parte de la Fundación Tripartita o sindicato vertical para entendernos.
  5. …último y más importante: En el sector público pueden producirse despidos en casos relacionados con la dotación presupuestaria; el problema aquí está en que quien toma decisiones sobre la dotación presupuestaria las toma también sobre los despidos. Únase esto con el incumplimiento del acuerdo del déficit y es fácil ver dónde va a estar el gran recorte presupuestario del próximo año.

En suma, el incumplimiento del acuerdo de déficit podría estarse apoyando en dos elementos:

  1. Cambios normativos que permitan meter tijera en las Comunidades Autónomas.
  2. Reforma Laboral. Si, además, ésta tiene una serie de elementos que afectan a las grandes centrales sindicales, cuya connivencia con los Gobiernos de Zapatero está totalmente fuera de cuestión, la jugada está completa.
Ésa puede ser la base del incumplimiento que tan tranquilamente se anuncia: Tras la Reforma Laboral, nadie en Europa puede dudar de que hay un proceso de cambio en marcha; eso puede darle el suficiente oxígeno a Rajoy para pedir tranquilidad a los socios europeos sabiendo que hay algo en la cocina: Una entrada a saco en las Comunidades Autónomas que, dicho sea de paso, ya va haciendo falta.

Una de memoria histórica: Sindicatos y nazismo

Hoy mismo acaba de salir una noticia vergonzosa que, unida a las muchas otras que se vienen produciendo, muestra que no es una anécdota sino toda una categoría: http://www.larazon.es/noticia/3261-el-sindi-banquero-de-los-181-000-euros

Los sindicatos de mayor tamaño se han convertido en una especie de F.P. de la política donde mucha gente va a hacer una carrera excelentemente retribuida mientras se mantiene un discurso ya añejo sobre una defensa de derechos que no ejercen…y ahí está el problema:

Los sindicatos hoy no representan a nadie salvo a sí mismos y sus intereses corporativos y de sus dirigentes. Si alguien tenía alguna duda, la noticia de que alguien sentado en el Consejo de Administración de una Caja de Ahorros exige al Gobernador del Banco de España que se vaya a su «puta casa» deja clara la catadura de este personal.

El descrédito de los sindicatos, ganado a pulso durante años, tiene un enorme peligro y sus efectos potenciales se han conocido hace ya bastantes años en la llegada del nazismo. La «memoria histórica progresista» trata de hacer ver que el nazismo es la consecuencia lógica de una política de derechas llevada a sus extremos. Para ello, no ha dudado en «olvidar» cosas como la alianza Hitler-Stalin y los muchos puntos de contacto que se daban en la forma de actuación de ambos asesinos. Sin embargo, esa historia falseada que predomina en algunos ámbitos también está olvidando algo más y que tiene mucho que ver con los sindicatos:

Después de la I Guerra Mundial, Alemania caería en una situación económica en la que los billetes no valían siquiera el papel en el que estaban impresos; el desempleo llegó a unos niveles inadmisibles sin que existieran unos mecanismos de protección como los que hoy estamos agotando a cada día que pasa. Mientras tanto ¿qué hacían los sindicatos alemanes? Proteger la posición de los trabajadores, cada vez más escasos, que estaban en grandes empresas. No se puede negar que ese aspecto de la situación se parece bastante a lo que estamos viviendo ahora.

Hitler no llegó de la mano de los grandes potentados sino como consecuencia de una fractura que se produjo entre la clase trabajadora: Los que tenían puestos seguros, bien pagados y con buenas condiciones frente a los que estaban desempleados y no tenían para comer. Esa fractura llegó como consecuencia de una actuación de los sindicatos alemanes de entonces muy parecida a la de los españoles de ahora.

El riesgo de fractura existe hoy en España. No se les puede hablar a los más de cinco millones de desempleados de «derechos de los trabajadores» sin que pregunten «¿Qué pasa con los míos?» y, al mismo tiempo estén viendo la orgía de robo y corrupción en que están enfangados los grandes sindicatos.

Los sucesivos Gobiernos, sean de izquierda o de derecha, han permitido una situación que podían haber cortado cuando hubieran querido: No han querido sacar adelante una ley de huelga, prevista en la Constitución, permitiendo que tomasen la calle a su antojo cuando les pareciese; les han tapado la boca con cantidades ingentes de dinero, sea mediante subvención directa o mediante los llamados cursos de formación que, en muchos casos, ni siquiera se hacían pero se cobraban. Han colocado a los dirigentes sindicales en Consejos de Administración y, por si algo faltaba, les han regalado una representatividad de la que carecen mediante el concepto legal de  «sindicatos más representativos»: Éste permite a los mayoritarios negociar incluso en sectores donde su representación es minoritaria, por ejemplo, la Administración Pública.

Por ese camino no es extraño el nivel de descrédito actual de los sindicatos; incluso parece poco para el que debería tener y eso tiene un enorme riesgo que sólo puede eliminarse mediante la liquidación de las actuales estructuras sindicales y partiendo de cero: Nuevas normas, nuevas organizaciones y nuevas gentes.

La historia está condenada a repetirse si no se recogen sus lecciones y la llegada del nazismo ofrece muchas, ésta entre otras, que han sido sistemáticamente ignoradas. La fractura entre trabajadores sobreprotegidos y desempleados que se produjo en Alemania condujo a una situación explosiva y Hitler sólo representó la cerilla que la hizo explotar.

Para que eso no ocurra, los sindicatos tienen un papel vital…pero no éstos.

Uno de los nuestros

Una de las mejores películas de mafiosos que pueden encontrarse. El personaje que interpreta Joe Pesci es un matón de gatillo fácil que comete un error: Responde a la provocación de un mafioso que había conocido mejores tiempos en su forma habitual, es decir, matándolo.
Unos cuantos años después, los dirigentes de la mafia se enteran de quién asesinó a su compañero y, aunque estaba casi retirado y podía ser más un estorbo que otra cosa…seguía siendo su compañero y había que vengarse de su asesino porque se trataba de «uno de los nuestros».
La defensa numantina que algunos han realizado de un juez que se ha pasado la ley por donde le ha parecido conveniente y hasta se ha permitido pedirle una suma importante de dinero a un justiciable actuando de una forma que podría calificarse de extorsión y librándose de la condena por prescripción del delito (anota, Iñaki, aunque seguro que ya lo has hecho) recuerda mucho a esta película.
No importa lo que haga. Cualquier cosa debe ser disculpada porque es «uno de los nuestros».

RENFE: Atención al cliente de piñón fijo

Ayer fui testigo de una escena que parece dejar en entredicho los estándares de RENFE en atención al cliente o, al menos, su flexibilidad a la hora de buscar una solución. La escena fue la siguiente:

En la misma plataforma están saliendo dos trenes, una lanzadera AVE con dirección a Valladolid y otro tren con dirección a Bilbao. En el último momento pero con el tren todavía parado llega un viajero. Al parecer, alguien pregunta si es posible abrir la puerta del tren y la respuesta es negativa. A continuación, el tren empieza a moverse en presencia del pasajero y éste es invitado a marcharse para buscar un cambio de billete.

Hasta aquí, lo máximo que podríamos decir es que hubo cierta rigidez pero, conociendo las costumbres, si no lo hicieran así acabarían casi todos subiendo al tren en marcha y de ahí el aviso de que cierran las puertas dos minutos antes de la salida del tren. Tal vez hubo un exceso en el celo pero, en todo caso, puede ser justificable. Sin embargo, ahora viene la parte que dejó en evidencia la capacidad de respuesta de RENFE:

El tren que estaba en la misma plataforma, es decir, en la vía de al lado, estaba parado y le faltaban varios minutos para salir; de hecho, fui testigo de la escena porque ése era mi tren. No iba lleno en absoluto y mi sorpresa llegó cuando, después de haberme bajado del tren en Valladolid…encontré que estaba llegando el tren de Bilbao al que le habían negado la entrada al pasajero. Puesto que la lanzadera AVE es más rápida, casi con seguridad el tren de Bilbao esperó en la estación de Segovia donde fue adelantado llegando a Valladolid 3 o 4 minutos antes. Si hablamos de precios, son más caros los billetes de los trenes que hacen recorridos más largos que los de las lanzaderas.

Parece, por tanto, que si hubiera existido el menor interés en solucionar el problema del viajero todo lo que tenían que haberle dicho es «Súbase a ese tren y en Valladolid cámbiese al suyo». También coincidieron en plataforma los dos trenes; todo lo que tendría que haber hecho el viajero es andar 8 o 10 metros en el andén de la estación de Valladolid para haber llegado a su destino a la hora prevista.

Todo un modelo de atención al cliente. Cuando vi llegar el tren de Bilbao después del mío y a la vía contigua no me podía creer que todo lo que se les ocurriera decirle al viajero en Chamartín es que había llegado tarde.

SPANAIR: Cuando el nacionalismo catalán quiso volverse transoceánico

Entre las muchas cosas tristes que tuvo el accidente del 20 de agosto de 2008 está que pudo decirse de él que, como del cerdo, todo se aprovechó por algunos.

Desde el primer momento empezaron a producirse filtraciones interesadas destinadas a echar Spanair a los pies de los caballos…o de un comprador amigo que la pudiese conseguir al precio más bajo posible.

Spanair estaba ya en venta antes del accidente pero no a cualquier precio. De hecho, había en marcha un ERE cuyos argumentos no habría suscrito ni un estudiante de primero de Empresariales pero venía con el aval de una de las grandes firmas de consultoría que, como Zapatero antes de las elecciones de 2008, llegó a afirmar que la crisis era imprevisible y en sólo seis meses se había presentado una situación de la que no había ni indicios.

Se llegó al extremo ridículo de presentar públicamente en junio unos resultados excelentes de Spanair correspondientes al año anterior sin hacer mención de que quince días después se iba a presentar un ERE por los resultados presentes.

El accidente, por tanto, fue utilizado por los que ya querían conseguir hacerse con la compañía como una ayuda para rebajar el precio. Creo que ya no desvelo ningún secreto inconveniente si digo que la disposición a negociar por parte de los representantes del nacionalismo catalán se hizo formal con ocasión del funeral por las víctimas el 11 de septiembre en la catedral de la Almudena, fecha y situación adecuadas donde las haya para hablar de negocios por parte de algunos.

Si el accidente no les hubiera puesto a Spanair en bandeja, habrían buscado otra -probablemente Air Europa- pero, en unos tiempos en que las aerolíneas de bandera están prácticamente desaparecidas el nacionalismo catalán quería su aerolínea de bandera. La expresión ni siquiera es mía sino de ellos.

Que las filtraciones de la investigación se produjeran desde un número de fax del Ministerio en los tiempos de Magdalena Álvarez dice bastante de quién estaba detrás del asunto y a quién querían ayudar para conseguir Spanair al precio más barato posible. Para ello, durante meses se estuvo echando porquería encima de una compañía que habría tenido posibilidades de salir adelante y, misteriosamente, dejaron de salir noticias una vez que se hizo público que los nacionalistas catalanes habían conseguido su objetivo. A partir de ahí, cambio de ciclo y silencio llegando al extremo de un informe final sobre el accidente en cuyos detalles no entraré pero que ha levantado bastantes ampollas, más por lo que no dice que por lo que dice.

En el extremo del provincianismo a que hemos llegado, una capital de provincia no puede considerarse tal si no tiene un aeropuerto y una universidad; algunas regiones también se consideran de segunda clase si no tienen embajadas en el exterior y un aeropuerto intercontinental.

No digo que Barcelona y el Prat no tengan dimensión suficiente para no tener un aeropuerto intercontinental sin necesidad de enlaces en Madrid pero ésa es una decisión que corresponde a las compañías que descubran que hay un hueco de mercado a aprovechar y no a políticos que juegan con dinero ajeno.

Spanair lo tenía difícil ya en 2008 pero, una vez que cayó en las garras de políticos que se olvidaron de que era una compañía aérea y que tenía que ser gestionada como un negocio lo tuvo imposible.

Cuando algunos han levantado la voz por la propuesta de que se pida responsabilidad penal a los políticos por acciones de corrupción o de despilfarro claro, quizás casos como el de Spanair podían invitarles a pensar si hay que dejarlos pasar y si el dinero de todos no merece un mayor respeto del que ha tenido por parte de los políticos.

«El liberalismo no es pecado» de Rodríguez Braun

Para definir un libro como éste, conviene violar una de las reglas de la definición, la de definir las cosas por lo que son y no por lo que no son: Pues bien, «El liberalismo no es pecado» no es un libro que salga tratando de aprovechar la estela mediática de su autor y sin que aporte nada al debate. Si su autor se llamase Pepe Pérez en lugar de Rodríguez Braun y no fuera un habitual de los medios de comunicación, el libro seguiría siendo igualmente valioso como elemento de debate, tanto si se está de acuerdo con el 100% de sus planteamientos como si no es así o, más aún, incluso en el caso de estar en contra del 100% de sus posiciones.

Quizás haya que criticarle la lentitud para entrar en materia. No se puede ser todo para todo el mundo y Rodríguez Braun da la impresión de haber cogido de la mano a alguien que no tenía la más remota idea de economía y llevarle a terrenos cada vez más complejos hasta mostrarle en su totalidad una posición que, sin duda, podríamos definir como liberal a ultranza. Al actuar así, asume un riesgo de cara al lector: Que éste acabe pensando que se trata de un libro de introducción a los temas más básicos y no siga leyendo. Estuvo a punto de ocurrir así en mi propio caso.

Transcurridos los capítulos iniciales de travesía en el desierto, el autor comienza a desgranar argumentos que podrían enlazar perfectamente con otros textos de autores liberales como Thomas Sowell, tanto en el terreno puramente económico, «Basic Economics», como en el social como «Race and Culture»  y en el político con «The vision of the anointed».

Para cualquier lector de Sowell, la argumentación de «El liberalismo no es pecado» en este terreno no resultará nueva y el aprecio o falta de él estará más referida a la claridad de exposición -excelente- que al núcleo del argumento que es el mismo en ambos casos.

La parte genuinamente suya y que, por sí sola, podría justificar la lectura del libro comienza cuando pasa del terreno general al particular y explica por qué se produjo la crisis de 2008, cuál ha sido el papel de los gobiernos, bajo qué tipo de falacias están operando, cuál es y cuál debe ser el papel del Estado y, en suma, dónde nos encontramos ahora y cómo y por qué hemos llegado hasta aquí.

En este último punto, se encuentra algún elemento susceptible de discusión incluso desde posiciones liberales: El autor comenta que la crisis no se produce por falta de regulación y que, de hecho, existe tal cantidad de regulaciones que no hay nadie que las conozca todas y es imposible desenvolverse en un bosque como ése. Puede aceptarse, porque es verdad, que existe una enorme cantidad de regulaciones pero eso no significa que tales regulaciones caminen en la dirección adecuada y, por ello, no puede aducirse la cantidad como prueba de que no está ahí el problema.

Un clásico como Hayek parecía, en este terreno, tener una posición menos extrema: Las regulaciones deben estar ahí para garantizar que todos están sujetos a las mismas reglas -no para tratar de orientar resultados en uno u otro sentido- y para conseguir que haya claridad en el mercado. Claridad significa que quien compra o vende sabe qué está comprando o qué está vendiendo. Si volvemos a la crisis de 2008, no podemos olvidar que muchos de los inversores en Lehmann Brothers no eran inversores que buscasen alta rentabilidad y asumiesen alto riesgo sino que buscaban inversiones seguras. Cuando los gestores de esas inversiones se encontraban con una triple A que se estuvo manteniendo casi hasta el momento mismo de la quiebra, estaban actuando correctamente de acuerdo con la información de que disponían. ¿Realmente es sostenible que las regulaciones no tienen nada que ver con los motivos de la crisis?

Cierto que no es el único -aunque no creo que pueda negarse su papel- y el autor entra a fondo en otros temas clave como, por ejemplo, las prácticas bancarias, cómo y por qué han evolucionado así esas prácticas y cómo y por qué era de todo punto previsible que una crisis como ésta estallase.

Para concluir, las partes dedicadas a las etiquetas de la onda políticamente correcta y a cómo se venden determinadas barbaridades para justificar recortes en la libertad individual me recordaron a otro libro y otro autor, «El conocimiento inútil» de Revel y la frase con que lo abre: «La primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira».

En suma, muy recomendable aunque si alguien, medianamente informado, se salta los dos primeros capítulos no pasa absolutamente nada. Podrá dedicarles más tiempo y atención a los siguientes y le valdrá la pena.

Saas-Fee: Deathly trap for skiers

Saas Fee is a famous ski-station in Switzerland: A nice town where only little electric cars are allowed, surrounded by seven 4.000-meter peaks and, apparently the right place to ski. Nobody could suspect that in the heart of Switzerland a deathly danger is hidden due to negligence, greed or a mix of both.

Past December 3th, I arrived with my family to Saas Fee. The taxi driver was happy and told us that we brought the snow since that day started a heavy snowfall that should remain for several days. Ski station was immediatly opened: Snow was arriving later than expected and a sense of urgency drove them to a fast opening,  even though one of the cabins and many slopes were out-of-service. To reach the beginners’ slopes it was only an available access: It was a cabin ascending from the town level -about 2.000 mts.- to the 2.900 meters level where the easiest slopes where serviceable.

After two days skying, our nightmare started on Wednesday 7th: Our 6-year old child died but I would like to show the facts: Nothing is going to return the life of my son but perhaps this warning message could avoid others getting trapped by similar facts. That is why I ask my friends to spread this message.

At 10 a.m. the kid had an individual ski-lesson programmed; it was individual only because the ski-station had been so recently opened that no groups were still available. We do not have any objection to a group of little skiers but, if so, an individual class should be supposed to be even safer. At the moment of the class, I was ready to go up but I knew that the boy would want to remain with me instead of going with the instructor becoming unmanageable. That is why I decided to wait a few minutes to go up in the next cabin instead of going with them.

The instalation has some clear shortcomings: After leaving the cabin, loading the skies, it is required to go out of the building only to access another one and, inside it, to walk with ski-boots and skies on the shoulders around 200 mts. getting finally outside.  Once there, everyone had to advance a few more meters to find a wide place where to wear the skies. Not a good starting point. All of this only to go to the easiest slope available there, marked with blue color.

When I arrived outside, it was clear that an avalanche had happened at a moment that I could not determine but the path from the building to the blue slope simply had dissapeared. The absence of rescue services or machines made me think that the avalanche could have been provoked in the night and the place had to be cleaned. I heard some skiers who came in the same cabin and coming from Spain complaining about the conditions of the way.  Only 4 hours after that, I would know that two friends, arrived about 30 minutes before me, found their way clean. In other words, the avalanche that I saw had not been provoked the night before but happened a few minutes ago.

It was a soft snowfall and the day was a bit foggy. Around noon, wind started to blow, not very hardly but enough to make an ugly -but apparently safe- day for skying. Since my arrival, I never saw the boy and the instructor even though not many people were at the ski-station and they were supposed to be in the only blue slope at the place. Since the day was not especially nice, I only could think at that moment that the instructor decided to go down to practice in little slopes near to the town.

When the time for the end of the class was near and we were supposed to meet at the coffee-shop in the ski-station, I phoned my wife to tell her that, instead of going up to meet me, they should remain down because the day was ugly enough not to have the boy skying with me as we made the two former days after his class. Finally, when my wife did not find them in the place we both supposed they had to be, we should get notice about the fact that an avalanche, supposedly happened at 11:45 had trapped them.

I want to emphasize the fact that it was a way, marked as a blue slope. However, it cannot be even properly considered as a slope but simply as the exit of the cabin station.

Station managers say that the avalanche happened at 11:45. Perhaps, but the plain truth is that around 10:30 another one had happened. In my opinion, that is the one that trapped them, perhaps while wearing the skies. That should explain why I did not see them in a place little enough to find each other a lot of times -as it happened the previous two days- and not very crowded,

From the point of view of survivability, that is extremely important: Nobody in the station seems to have perceived the first avalanche starting the rescue only after the second one, that is, more than an hour after.

However, if a strange miracle made the instructor and the boy to be hidden enough to not see them, a single fact remains: An avalanche happened around 10:30 and someone decided to keep way and station opened in the presence of a clear avalanche danger.

Since only one cabin was working -the one where the avalanche happened at 10:30 in the exit way- closing that way was almost equivalent to closing the station. Could this be the cause to keep it opened even with the evidence of the risk?

We cannot avoid trusting people that we do not know everytime we board a plane or a bus or a boat or visit the doctor or take the car to be repaired or…almost anything. After something like this, we cannot avoid checking every simple fact: We cannot find a single fact from our side that could be named as risky behavior. As far as we know -except in the case that the instructor could have some privileged information about the real risk or any new finding that could appear in the investigation- we cannot find either risky behavior from her part.

There is a single fact: The whole station or, at least, the specific place where even beginners were supposed to go safely, had to be closed. Who and why decided not to do it? The answer to this question is not going to return Rodrigo to us but the question itself can invite many of you to think if Saas-Fee people deserve the trust you put over their shoulders when you decide to go there. My answer is clear: I went with a 6-year child full of joy and came back with his little dead body inside a box.

«Thinking fast and slow» de Daniel Kahnemann

Kahnemann es el primer psicólogo que consigue un premio Nobel y la lectura de este libro daría para pensar que puede que hubiera motivos para ello. Pongámoslo primero en contexto:

Desde el ámbito de la economía, siempre se ha afirmado que el hombre actúa de modo racional y buscando siempre el mayor interés. Esta idea de homo oeconomicus, conocida en el ámbito sajón simplemente como econ es, en ultima instancia, la que justifica el concepto liberal de organización social que, muy reducido, vendría a decir algo así como «Señor Gobierno; métase en sus asuntos, déjeme decidir y encárguese sólo de garantizar que las reglas son las mismas para todos».

Una vuelta de tuerca o, si se prefiere, una modernización del concepto econ apareció con textos como Freakonomics y otros similares aparecidos en la misma época. En estos casos, los autores mostraban cómo conductas que parecían no responder al patrón del econ resultaba que, en última instancia, sí respondían porque se trataba de situaciones donde la estructura de refuerzos no era evidente. Era la falta de visibilidad del refuerzo lo que llevaba a atribuir irracionalidad a una conducta que era perfectamente coherente.

En paralelo con esta tendencia, había otra discusión bastante generalizada: Hasta qué punto era posible convertir la racionalidad del econ en algoritmos que permitiesen su procesamiento por una máquina haciendo que ésta pudiera tomar decisiones equiparables si no mejores que las tomadas por una persona. Esta discusión se ha abierto en dos líneas principales a las que, por darles algún nombre, podríamos denominar «centradas en el procesador» y «centradas en el proceso».

Las «centradas en el procesador» han tratado, sobre todo, de mostrar la existencia de capacidades humanas imposibles o extremadamente difíciles para una máquina. Algunas capacidades son de tipo físico como, por ejemplo, atrapar una pelota al vuelo mientras que otras son de tipo mental e implican una capacidad de proceso paralelo inaccesible a una máquina, si bien es cierto que la rapidez en el procesamiento secuencial a veces es un buen sucedáneo.

Las «centradas en el proceso» han tratado sobre la información contextual que añadimos a cada decisión y que nos hacen tomar cualquier decisión con una cantidad de datos mucho mayor de la que normalmente introduciríamos en un algoritmo. Éstas son las que han dado lugar a que se hable de conceptos como intuición o procesamiento heurístico y han tenido numerosos defensores que mostraban situaciones de decisiones sencillas para una persona pero no tanto para una máquina, precisamente por todos los elementos contextuales que había en la decisión.

Es en este punto donde entra Kahnemann: La idea central de Kahnemann podría resumirse en que el funcionamiento del econ no describe cómo son realmente los mecanismos conductuales porque, efectivamente, hay un procesamiento heurístico. Sin embargo, ese procesamiento heurístico que nos puede haber dotado de una serie de ventaja evolutivas, también introduce un conjunto de sesgos en las decisiones, algunos de ellos de gran importancia.

El libro es simplemente una recopilación de modelos con ejemplos de situaciones, de la vida real o de laboratorio, en los que se muestra cómo la decisión tomada es incorrecta. Muchos de los ejemplos, como mostrar que no hay simetría en las decisiones para un mismo nivel de probabilidad dependiendo de que se trate de un evento positivo o negativo, son sorprendentes y tienen aplicaciones directas como la explicación de por qué se compran pólizas de seguros y cuánto puede estarse dispuesto a pagar por ellas o por qué entre una imagen y una probabilidad prevalece la imagen en la decisión.

Quizás uno de los fenómenos más interesantes que apunta Kahnemann es el hecho de que podamos responder a algo distinto de lo que se nos pregunta sin ser conscientes de ello. Simplemente hemos buscado algo más fácil de responder y, al hacerlo así, hemos respondido a otra cosa. En el ámbito de recursos humanos, un ejemplo claro se produce cuando «rendimiento» se equipara a «resultados» por ser éstos más fáciles de medir, a pesar de que en los resultados podrían influir más elementos además del rendimiento y este último es más difícil de operativizar.

Todos los modelos que va mostrando los agrupa en lo que llama un «Sistema-1», rápido, sujeto a sesgos y que no admite desconexión y un «Sistema-2» racional, secuencial pero bastante indolente para tomar el control del «Sistema-1» lo que, a veces, conduce a que se produzcan decisiones inadecuadas. Incluso cuando toma el control el «Sistema-2», el «Sistema-1» sigue funcionando y eso tiene sus efectos. Si utilizamos una ilusión muy conocida, la de Muller-Lyer, y preguntamos cuál de las dos líneas es más larga, el experimento es tan conocido que casi cualquiera contestará que son iguales…pero no por ello dejará de ver una más larga que la otra. Cuando se trata de algo menos inocuo como, por ejemplo, una imagen relativa a nosotros mismos que pueda ser desagradable o perturbadora, haremos lo posible por quitárnosla de encima…por ejemplo, comprar un seguro.

Muy interesante tambien el tema de las «historias de vida» y de la preferencia por construir una buena historia antes que disfrutar el momento. Muestra bastantes ejemplos pero bastará uno, presentado en forma de pregunta, para dar una idea:

¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por unas vacaciones maravillosas en las que te prohibieran llevar cámara y, al final, te dieran una pócima que te hiciera olvidarlas por completo?

El ejemplo es bastante bueno para ilustrar el punto, punto que lleva a temas como la experiencia del dolor y qué lecciones podían extraer los médicos donde tengan algún margen de acción para su graduación, teniendo en cuenta que el recuerdo es peor que el sufrimiento inmediato. Incluso menciona el caso de las personas con Alzheimer como alguien que siente pero que, al no recordar, no genera historia.

Se podrían multiplicar los ejemplos pero, para cualquiera que esté en alguna medida interesado en la psicología humana, hay un consejo claro: Léelo.

Entrevista con el autor

Primer capítulo gratuito en Amazon

Gracias, Zapatero…sin sorna ni aprecio

Posiblemente Zapatero, cuando se marche a su casa, piense que la historia lo reivindicara como el presidente de los derechos. Es muy poco probable; seguramente cualquier análisis futuro se centrará en saber cómo es posible que, a través de una serie de carambolas, alguien sin preparación ni experiencia algunas llegue a la presidencia de un país. Por añadidura, ello ocurrió sin ningún tipo de derecho dinástico y a través de mecanismos presuntamente democráticos.

Hay mucho que analizar tanto en eso como en los mecanismos por los que tanta gente negó de puertas afuera una realidad visible a todos y vendió a un insensato sectario como un visionario providencial.

Son muchos los españoles que creen que hay pocos motivos de aprecio a Zapatero y así lo han demostrado en las urnas castigando al candidato del PSOE cuya presencia en el gobierno de Zapatero inevitablemente le ha relacionado con él. Rubalcaba recibió una bofetada destinada a Zapatero y sus partidarios por acción u omisión.

A pesar de todo, queda un motivo de agradecimiento a Zapatero que, desde luego, no es el que él creería:

Su comportamiento ha puesto en evidencia a todas las instituciones imaginables, desde la Monarquía a los partidos políticos pasando por los sindicatos, el Tribunal Constitucional, la Administración de Justicia y, por supuesto, los Gobiernos tanto central como autonómicos. Ha bastado un insensato para hacer visible que la cacareada democracia española tenía los pies de barro al obligar a muchos a mostrar qué es lo que realmente llevaban dentro.

El «poder moderador» ha llegado hasta el extremo de alabar públicamente al más incompetente de los presidentes españoles desde 1977 contrastando esto con su silencio ante tantas ocasiones como ha tenido para hablar y exigir un poco de cordura. La guinda la han puesto las corruptelas que afectan ya a la familia más cercana. ¿Para qué sirve la Monarquía?

¿Qué decir del Tribunal Constitucional y su voto por ganaderías en asuntos como el Estatuto de Cataluña? Curiosa independencia la de un tribunal del que se sabe cómo va a votar simplemente conociendo qué partido ha nombrado a sus componentes. Por añadidura, se ha arrogado un papel de «Tribunal Supersupremo» y son ya bastantes las veces que un tribunal absolutamente politizado como el Constitucional ha contradicho al Tribunal Supremo que, politizado como toda la Administración de Justicia, no llega a los niveles del Constitucional en ese punto. ¿Para qué sirve el Tribunal Constitucional?

Todos sabíamos que la ley electoral es injusta pero nunca como ahora se ha alcanzado el nivel de indignación popular en relación con tal ley. Todos los presidentes anteriores habían sido rehenes de los nacionalistas pero ninguno había llegado a los extremos de Zapatero. La mera observación de que a los partidos nacionalistas, cuya conducta parasitaria ha sido más evidente que nunca, les sale un diputado mucho más barato en número de votos que a partidos nacionales menores ha sido bastante para provocar esa indignación. ¿Cuándo se cambia la ley electoral?

Si alguien tenía confianza en la Administración de Justicia, las sombras del 11M,  las certezas de actuaciones como la de Garzón y las actuaciones de la Fiscalía General del Estado, entre otras, han hecho reclamar con más fuerza que nunca que los partidos saquen las manos de la Administración de Justicia y que ésta sea, como manda la Constitución, un poder independiente. No es fácil dada la cantidad de nombramientos de carácter político no sólo para los órganos de gobierno sino nombramientos de jueces a través del llamado cuarto turno. Sin embargo, si pudo cambiarse la Administración de Justicia procedente del régimen de Franco ¿por qué no se va a poder cambiar ahora?

Los gobiernos autonómicos, especial pero no exclusivamente los dirigidos por nacionalistas, se han mostrado como una casta parasitaria capaz de llevar al país en su conjunto a la ruina si no existe nadie que les pare…y Zapatero nunca ha puesto el menor interés en ello sino que los ha utilizado para conseguir apoyos a cambio de un mayor deterioro de la situación. El despilfarro producido por estas castas por sí mismas y a través de empresas públicas o de cajas de ahorros utilizadas para aparcar políticos o pagar favores es una de las razones que nos ha llevado a la situación actual.

Los sindicatos han hecho gala de un estruendoso silencio mientras el desempleo crecía hasta los niveles actuales. Unos sindicatos convertidos en ministerios paralelos y que viven de fondos públicos, gracias al favor de Zapatero, han alcanzado un nivel de descrédito inimaginable hace unos años. Los sindicatos han demostrado claramente con quién están; no están con los trabajadores y especialmente no están con los trabajadores en paro  sino con un Gobierno que les ha permitido campar a sus anchas y ha permitido que la vergüenza pública de los llamados «liberados» se cuente por cientos de miles ¿Para qué sirven estos sindicatos?

Naturalmente, quien más daño ha recibido ha sido su propio partido al sustituir el concepto de izquierda por el de «progresía» a través de políticas de gestos vacías pero no inocuas consistentes en proteger a los más ruidosos olvidándose del resto. Sirva de ejemplo -sólo uno- el hecho de que las operaciones de cambio de sexo vayan a cargo de la Seguridad Social pero no las ortodoncias. A medida que la crisis ha ido profundizando, más y más gente ha empezado a ser consciente de que los «derechos» de unos son pagados por otros a costa de los propios -por ejemplo, permisividad con okupas- o a través de impuestos y se empieza a cuestionar cuáles son los derechos que realmente merecen ser financiados por todos y cuáles son y deben quedar como una declaración de intenciones que oriente las políticas, no como algo que el Estado tiene que proveer a su costa.

Mucha gente, a la vista de los resultados electorales, pensará que el partido se lo merece tanto por acción como por omisión durante la etapa zapateril; sin embargo, el resto de las instituciones mencionadas se han hecho igualmente merecedoras del descrédito y por los mismos motivos. En estos días se está hablando de la necesidad de que el PSOE cambie desde los cimientos o desaparezca. Cierto es pero la época de Zapatero ha servido para sacar a la luz que no es sólo el PSOE lo que tiene que cambiar en España desde los cimientos. Muchas más cosas, entre ellas los ejemplos citados, también.

Eso y no otra cosa será lo que le deberemos a Zapatero en el futuro: Dejar a todos en evidencia y hacer más imperiosa la exigencia de cambio.