De micropyme a pyme: Camina o revienta.

En la etapa micropyme sobra todo. Un ejemplo: Un empresario del sector automoción tiene un taller y, cuando su propio coche se avería, quiere que sea atendido por el mejor de los mecánicos del taller. Sin duda alguna, su procedimiento es dirigirse a ese mecánico y decirle algo así como «Pepe; mírame el coche que no sé que le pasa». Nuestra mente, plagada de esquemas formales, se escandalizaría ante la falta de profesionalidad pero no nos quedaría más remedio que, como Galileo, decir eppur si muove.

Los sistemas formales que utilizamos en gestión no son otra cosa que elaboradas redes lógicas de indicadores; sin embargo, la misma palabra  indicadores sugiere que no tenemos una captación directa de la cosa misma porque, si la tuviéramos ¿para qué queríamos indicadores?

Éste es el lujo del que disfrutan muchas micropymes y que a veces intentamos quitarles a cambio de nada: Sin necesidad de descripciones de puesto, perfiles profesiográficos, evaluaciones de rendimiento, valoraciones de puestos, etc. saben perfectamente quién es quién, qué hace y cómo lo hace porque lo ven todos los días.

¿Significa esto que todos los sistemas de gestión no sirven para nada? En absoluto; significa que hay que contextualizarlos y que empiezan a ser válidos cuando, debido al tamaño y a la complejidad, empieza a desaparecer la percepción directa que permite funcionar muy bien sin ellos. En ese momento, no es que sean válidos; es que son imprescindibles y de que el empresario se dé cuenta de que ese momento ha llegado o no, depende la supervivencia de su empresa. Ni más ni menos.

Deja un comentario