Nuevas religiones: El taxista predicador
Ayer tuve que ir al aeropuerto y cuando, por fin, conseguí un taxi me encontré un curioso ejemplar de taxista:
Exhibía una alegría un tanto forzada que ya me resultaba conocida. Eso y un determinado acento me llevó a imaginarme que me había encontrado con un miembro de una de las múltiples sectas que por ahí pululan. Lo que no sospechaba es que utilizaba el taxi para hacer proselitismo. Normalmente, en un taxi en España las elecciones de emisora de radio son previsibles: SER, si es progubernamental, COPE, si es antigubernalmental y programas deportivos si todo se la refanfinfla menos el fútbol. Pues bien, éste llevaba sintonizada Radio María, emisora que sólo oigo unos segundos cuando le doy a la memoria programada en la radio fuera de Madrid y me sale esa emisora compuesta de prédicas y gospels, es decir, prédicas cantadas. Naturalmente, ahí estaba indefenso salvo que optase por un comportamiento abiertamente borde y le pidiera que quitase la radio o cambiase de emisora.
Cuando llegamos al aeropuerto, me soltó un folleto que me definió como un mensaje personal y que firmaba el «Centro Evangélistico Misionero Buenas Nuevas» (el acento en el sitio que está no es una errata mía sino una falta de ortografía del folleto) y plagado de letreros como «Urgente», «Correos de vida eterna», etc.
Siempre he considerado que la religión es algo muy personal y que responde al ámbito de las verdades privadas. Por eso, no trato de llevar a nadie hacia mi propia posición pero, si alguien intenta llevarme hacia la suya, encuentra respuesta segura.
La religión no es un tema sencillo. No comparto la idea de José Antonio Marina que, refiriéndose al cristianismo, señala que, como ha producido buenos efectos en forma de seres humanos excepcionales o formas de vida, se le pueda disculpar una verosimilitud escasa.
Tampoco comparto la de Fernando Savater en el sentido de que, como tenemos tanto miedo a la extinción, si no hay algo lo inventaremos y, puesto que estaremos predispuestos a inventarlo, seguro que cualquier invento es falso.
Me quedo mejor con la idea de Bertrand Russell en el sentido de que la veracidad y la moralidad son dimensiones completamente indiferentes una respecto de la otra. Puede, como dice Marina, ser conveniente ser cristiano pero eso no dice nada de su veracidad; puede, como dice Savater, ser conveniente creer en algo pero eso tampoco justifica la afirmación de que, si se cree y se quiere creer, ello es prueba de que es falso.
Ése es un terreno en el que se puede discutir y se puede estar de acuerdo o en desacuerdo; lo mismo puede decirse de algunos de los escritos del actual Papa. Se puede estar de acuerdo o no con él pero hay un conjunto de argumentos con los que estar de acuerdo o en desacuerdo.
Lo que ya es distinto es tanto lo que algunos llaman la fé del picapedrero, es decir, la ajena a todo tipo de razonamiento y peor aún, la que trata de oponerse a ese razonamiento con el credo quia absurdum. Cuando ese tipo de posición no sólo se mantiene para uso personal sino que alguien se atreve a hacer proselitismo, uno puede sentirse inclinado a seguir a Marx y la idea de que la religión es el opio de los pueblos. No lo creo así en términos generales y lejos de mí la tentación de pontificar sobre si la religión, como fenómeno general, es buena o mala pero ESTA religión modelo secta, cristiana o del tipo que sea, ajena a todo tipo de razonamiento y encantada de que así sea no deja de ser una especie de droga social, ofreciendo una falsa felicidad y buscando nuevos consumidores.

Muchas gracias por introducir un tema del que no solemos, por estar bien educados, en la relación habitual.
Creo que he viajado en el mismo taxi, pero mi reacción fue algo diferente.
Pregunté cómo había llegado a encontrar la fé.
Pregunté si era feliz
Pregunté si trabajaba para hacer que la gente encontrara la verdad y si dedicaba mucho tiempo a propagarla.
Realmente le dí la oportunidad y él la tomo, de disfrutar de su fe.
Creo que este hombre es, al menos, tan feliz como no pocos Legionarios, Numerarios, Testigos, e hijos de las diversas escuelas coránicas que propagan, esos también con hechos, su verdad.
Una pena, ¿Verdad?