El entierro de Montesquieu
Por extraño que parezca, se produce en España y, además, hecho insólito en tales menesteres, se produce por tres veces:
La primera se produjo cuando Alfonso Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno de Felipe González, proclamó su muerte y decidió que los miembros del gobierno de los jueces debían ser elegidos proporcionalmente a los miembros del legislativo, doctrina que consideró muy progresista y que quiso aplicar a otros ámbitos. El muy leído don Alfonso no cayó en la cuenta ¿o sí? de que eso es exactamente lo que hizo Hitler en la Alemania pre-nazi para hacerse con todos los poderes bajo su control.
La segunda se produjo cuando con un Gobierno de signo distinto y que llegó, entre otras cosas, con la promesa electoral de devolver la independencia al poder judicial, optó por tragarse su promesa y continuar con un gobierno de jueces decidido por apaño entre partidos.
La tercera, la actual, es chusca. El Gobierno ataca a la oposición por negarse a la renovación del órgano de gobierno de los jueces y éstos replican que el Gobierno lo único que quiere es colocar ahí a sus amigos nacionalistas.
¿A nadie, Gobierno u oposición, se le ocurre pensar que lo que hay que cambiar no es la composición sino el mecanismo de chalaneo con el que esa composición se realiza? No; claramente unos y otros están asistiendo al tercer entierro de Montesquieu.
