«Race and culture» de Thomas Sowell

Como diría Jesulín de Ubrique, el libro es «en dos palabras im…presionante».

Sowell es un defensor del liberalismo y de una teoría económica entendida en un sentido amplio, es decir, más que plantearse cuestiones como si la discriminación existe o no, se plantea cuál es el refuerzo que se obtiene por determinada conducta y cómo, en última instancia, la conducta tiene una justificación económica. Comienza poniendo en discusión los términos mismos en que suele plantearse el asunto:

Mucho del vocabulario utilizado para discutir temas étnicos y raciales está menos preparado para la clarificación que para evitar que se consideren algunos factores que podrían resultar embarazosos para aquéllos que sostienen una particular visión ideológica.

Algunos de sus ejemplos son divertidos como, por ejemplo, lo difícil que sería para un racista declarado organizar un equipo de baloncesto donde excluyera a los negros.

Curiosamente, algo parecido a eso se da en un equipo de fútbol español muy preocupado porque sus jugadores sean o de muy cerca o de muy lejos pero no les gustan las distancias medias.

Lo más interesante del libro, aparte de la argumentación, es el esfuerzo documental. Sowell es popperiano en el sentido de que lleva a sus últimas consecuencias el principio de falsación: Cuando trata de mostrar que un estereotipo es falso,  abrumará con un chorro de ejemplos de todas partes del mundo donde se muestre una conducta distinta de la estereotipada.

Es de los libros que, necesariamente, hay que leer con un rotulador para subrayar y tiene demasiadas cosas que, aunque editado en 1994, recuerdan a la España actual y probablemente no sólo a España:

La movilización política de la envidia ha conducido a restricciones legales en contra de grupos productivos y políticas preferenciales para favorecer a aquéllos incapaces de competir con ellos recurriendo a expulsiones en masa, confiscaciones y violencia mafiosa.

El anterior comentario es uno de los muchos que Sowell hace relativos a la inmigración y a los estereotipos alrededor de ella. Dedica bastante espacio a los programas destinados a evitar la «discriminación» por la cual acaba habiendo concentraciones de población por razón de idioma, procedencia, niveles de renta u otros:

En un mundo con objetivos multidimensionales, todos ellos constreñidos dentro de los límites de la capacidad para generar riqueza, la intervención de los gobiernos siempre puede mejorar una dimensión y documentar esa mejora como un «éxito» ignorando las otras dimensiones sacrificadas. La vivienda es sólo un caso especial de ese principio general. Como con otros casos especiales, la dimensión escogida para la mejora es visible a los observadores mientras que las sacrificadas son menos visibles. El futuro, necesariamente invisible, es sacrificado.

Este párrafo necesariamente recuerda a las promesas o a las medidas de corte electorero propias de los políticos en época de elecciones.

Además, Sowell distingue muy bien entre la educación que provee habilidades y la que provee diplomas con un concepto erróneo de que la igualdad no significa que todo el mundo pueda llegar al punto de partida y, a partir de ahí, se gane su acceso al punto de llegada. En lugar de eso, los «modernos» pretenden considerar un derecho el que todo el mundo, con independencia de capacidad o mérito, llegue al punto de destino y, al hacerlo así, convierten la educación en, empleando la expresión de Sowell, «proveedora de diplomas» a la vez que la vacían de habilidades.

Sobre este asunto en particular, hay varios comentarios de los que se recogen los más representativos:

La educación puede, de hecho, reducir la productividad de un individuo a través de las expectativas o aversiones que crea en éste a la vez que genera, o no, habilidades. La clase específica de educación, el individuo que la recibe y los valores culturales de la sociedad concreta determinan si se van a obtener y cuáles van a ser los beneficios de una mayor escolarización…

Una sociedad puede ser ingobernable debido a la imposibilidad de satisfacer a todos aquellos con un sentimiento de «tener derecho a…» y sin las habilidades o la capacidad para crear la riqueza que permita satisfacer esas expectativas…

Es comprensible que en las naciones del Tercer Mundo que han sido regidas durante generaciones por burócratas coloniales sentados detrás de sus mesas, encorbatados y removiendo papeles, sea ése el rol que quieran imitar cuando tienen la oportunidad. Sin embargo, la riqueza y el poder de la nación imperialista no es creada por ese tipo de conducta sino por la ciencia, la tecnología, la organización, la disciplina y la capacidad de emprender. Estos elementos producen riqueza a miles de kilómetros de la colonia fuera de la vista de la gente de dicha colonia y, por tanto, el modelo a imitar para ellos es el que tienen más cerca.

En cuanto al efecto de los nacionalismos, también es tratado en algunos puntos del libro:

Una «identidad» cultural exagerada puede tener serias consecuencias. Entre ellas está dar un arma muy poderosa a los más extremistas de cada grupo y eliminar el avance cultural de masas de la población a las que arrebatan las ventajas culturales de una sociedad más amplia a su alrededor. En el largo plazo, esto da lugar a un provincianismo que se paga muy caro.

Sin duda, esto se lo pueden aplicar algunas sociedades que insisten en escolarizar a sus generaciones más jóvenes -llegando a conductas más propias de la Gestapo que de una democracia como vigilar en qué lengua hablan los niños en el recreo- en el idioma local renunciando al bilingüismo que les es propio. La cerrazón identitaria, sin duda, no la pagarán quienes la provocan sino las generaciones posteriores. En la misma línea va el siguiente párrafo:

El nivel mínimo necesario para que exista un antagonismo entre grupos necesario para que haya partidos con contenido étnico puede ser producido por un único político demagogo pero, una vez que la lógica de la rivalidad basada en etnias adquiere su propia dinámica, es independiente del demagogo que la inició…La polarización étnica o racial no es un proceso fácilmente reversible una vez que se han creado los requisitos para la existencia de partidos cuya base principal sea la etnia.

El enfado político y la exigencia de privilegios no están, por supuesto, limitados a los menos privilegiados. De hecho, incluso cuando las demandas se realizan en nombre de los menos privilegiados por raza o etnia, a menudo son los miembros más privilegiados de esos grupos los que hacen las demandas y los que se benefician de las políticas diseñadas para satisfacer esas demandas.

Una rápida expansión de la educación es un factor de producción de conflictos, especialmente cuando se trata de la educación que produce diplomas en lugar de habilidades que tengan un valor económico significativo en el mercado.

No incluyo aquí el texto literal de un tema tratado en el libro y que resulta preocupante. Muy resumido, viene a decir lo siguiente:

En la sociedad de Sri Lanka había una fuerte división entre dos etnias que tenían costumbres y lenguajes distintos. Sin embargo, las clases más instruidas de las dos etnias tenían como idioma común el inglés -incluso para uso familiar- y vivían mezclados en las mismas zonas. Los optimistas consideraron, en su momento, que esas clases instruidas serían las que servirían de puente para que desapareciera el enfrentamiento étnico; en realidad, ocurrió justamente lo contrario: Las clases instruidas fueron abandonando el inglés como lengua común y se refugiaron en las lenguas de su etnia -con el perjuicio que ello implica de ser expulsados de todo tipo de comunidad científica y técnica internacional- participando en un enfrentamiento que aún hoy permanece.

En cuanto a la madurez política de las sociedades, sirvan éstos:

Como en otros campos, la mera copia de las instituciones de sociedades estables no puede crear tradiciones evolucionadas históricamente y actitudes que son las que hacen que esas instituciones funcionen.

Por su propia naturaleza, la política no puede generar las habilidades, actitudes y hábitos necesarios para conseguir un desarrollo económico de largo plazo. Lo que sí puede crear son los símbolos de que se ha conseguido algo.

NOTA FINAL: Sowell es mi descubrimiento particular de este verano ya que sólo había leído de él algunos artículos publicados en el periódico www.libertaddigital.com . Lo visto hasta ahora -todavía me queda alguna cosa- creo que justifica que deba ser un autor más difundido, y por tanto traducido, si no por una editorial de tipo general, aunque esto sería lo más deseable, por alguna de las pequeñas editoriales vinculadas a movimientos liberales.

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