Modelo de mejora organizativa «El padrino»: «Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar»
Cualquiera que lea esto es muy probable que sepa perfectamente que es un «Q». Para quien no lo sepa, «Q» es el acrónimo de «quarter», es decir, trimestre.
La importancia de la Q o «el Q» en masculino consiste en lo que implica: Todas las grandes empresas presentan sus resultados por trimestres, no por años, y un «profit-warning» indicando que las cifras de resultados en el trimestre van a ser peores de lo esperado tiene tintes casi trágicos.
Si nos queremos consolar, todavía nos podemos dar con un canto en los dientes porque no llegamos al extremo de la televisión con su «share» minuto a minuto pero, si no nos ponemos calderonianos y no nos basta con aquello de que «mas al volver la cabeza halló la respuesta viendo que iba otro sabio cogiendo las hierbas que él arrojó», nos daremos cuenta de que todo es un despropósito.
Se hacen grandes odas a la sostenibilidad y al largo plazo pero, al mismo tiempo, lo que importan son los objetivos trimestrales. Algunas empresas intentan introducir un factor de corrección mediante el uso de incentivos vinculados a los resultados a largo plazo como, por ejemplo, «stock-options» pero la presión hacia el corto plazo es muy intensa.
En este demencial contexto, hace ya años que trabajan algunas empresas dedicadas a conseguir «mejoras de productividad» y que, para ello, utilizan como gancho comercial algo muy parecido a la célebre frase del Padrino: Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar.
¿Cuál puede ser esa oferta? Por ejemplo, garantizarle a alguien que se le van a rebajar en un 15% anual sus costes operativos y, a cambio, cobrarle sólo el ahorro del primer año.
En principio, la oferta podría ser perfectamente legítima pero a menudo no lo es y juega con el énfasis en el corto plazo y la determinación de las cargas de trabajo.
Un ejemplo sencillo aplicado a un único puesto: Supongamos que alguien se dedica en su puesto a atender a clientes y a archivar documentos. Está claro que no se puede dejar que una cola crezca en un mostrador salvo que uno sea Ryanair o similar. En esos casos, el cliente ya lleva el mal servicio descontado a cambio del bajo precio pero, afortunadamente, no es lo habitual.
El analista, al determinar la carga de trabajo, contará con que el archivo puede esperar y se «olvidará» de esa función asignándole un tiempo marginal. Si esta misma operación se repite en un conjunto de puestos de trabajo, se acabará encontrando que, con las cargas actuales de trabajo sobran 5…o 50 personas.
Una vez que la organización empieza a funcionar con el nuevo modelo, el analista cobra su factura y todo queda liquidado. Pequeño problema: Esas cosas que no requieren ser hechas con urgencia pero que necesitan un espacio empiezan a ir acumulándose hasta que crean incidentes más o menos graves. Solución habitual: Volver al modelo anterior pero con menos dinero en caja -el cobrado por el asesor- del que había antes.
Simplemente, se ha jugado con el tiempo y se han optimizado los resultados a corto plazo a costa del medio y largo. Si las empresas no estuvieran tan sensibilizadas a esa práctica, no aceptarían este tipo de ofertas: Es como quien tiene hambre y resuelve el problema comiéndose su propio brazo.
