Google y la torre de Babel

La última innovación de Google consiste en la posibilidad de utilizar el teléfono móvil como intérprete, es decir, ha llevado su traductor al lenguaje hablado.

La aventura no es fácil y habrá que ver si realmente funciona como promete. El traductor de lenguaje escrito tiene un funcionamiento muy digno e incluso una prestación tan interesante como es el reconocimiento automático de idioma.

Como anécdota, durante bastante tiempo he hecho creer a una persona que habla ruso como idioma nativo que yo hablaba ruso. El sistema era muy sencillo: Un texto redactado de la forma más sencilla posible era traducido al ruso y el texto resultante puesto en un mensaje de correo electrónico.

Cuando recibía la respuesta en ruso, hacía el proceso inverso para saber qué era lo que me contestaban y, de nuevo, contestaba en ruso. Si la persona a que me refiero lee este post, se enterará de que no tengo ni idea de ruso pero durante un tiempo muy razonable he podido mantener el engaño.

¿Será capaz Google de llevar esta posibilidad al lenguaje hablado?

¿Llegará un momento en que, en lugar de un MP3, llevaremos un teléfono de Google con los auriculares puestos para entender a todos los que nos rodean, hablen en el idioma que hablen? La conjunción del reconocimiento de voz y el reconocimiento automático de idioma así parecen prometerlo.

Habrá que verlo. El lenguaje escrito ya tiene sus dificultades en el sentido de que muchas palabras exigen una interpretación contextual; el lenguaje hablado añade sus propias dificultades derivadas del habla individual y de que parte de la comprensión del lenguaje proviene de que se oye lo que ya se está esperando oir.

Hawkins, en su magnífico libro On Intelligence , interpretó el hecho anómalo de que en las áreas sensoriales del cerebro hay tantas fibras salientes como entrantes o, dicho de otra forma, estas áreas no sólo reciben información de los órganos sensoriales externos sino del interior del cerebro. La interpretación que Hawkins hacía de este hecho está en que, gracias a esa construcción, podemos anticipar lo que viene y que esto es uno de los rasgos distintivos de la inteligencia.

La traducción en tiempo real del lenguaje hablado exige esa capacidad de anticipación salvo que, en lugar de una traducción simultánea, sea una traducción sucesiva. En este caso, todavía habría bastante complicación derivada de la capacidad para reconocer las variantes individuales del habla; si, además, la traducción es simultánea, la cosa es mucho más difícil.

Hay que estar atentos para ver cómo evoluciona el nuevo invento de Google: Prometedor pero muy difícil.

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