Etiquetado: Google

Windows 8 y Microsoft: La hora de la verdad

Todo el mundo tiene su pequeña vanidad y la mía ha quedado satisfecha al ver que un estudio de Forrester pronosticaba malos tiempos para Microsoft, casi en los mismos términos que yo mismo lo hacía al referirme a la apuesta presuntamente suicida de Nokia en este mismo blog.

Windows-8 puede ser para Microsoft el ser o no ser, es decir, el continuar siendo uno de los primeros actores en la industria o ser el inicio de un lento pero inevitable declive. Si vemos lo que ocurre en mercados como el de la automoción, es frecuente que las innovaciones en el diseño vayan primero a las gamas más altas y, poco a poco, se van adoptando también por las gamas más bajas. Aquí estamos asistiendo justamente al fenómeno inverso:

Microsoft ha perdido claramente el tren de los dispositivos móviles que, hoy por hoy, está dominado por los gigantes Apple y Google. Sin embargo, el diseño de Windows-8 no recuerda a los anteriores Windows sino precisamente a un dispositivo móvil. ¿Facilita con ello su penetración en la telefonía móvil o, por el contrario, facilita la penetración de sus adversarios en su propio terreno?

Android no es otra cosa que Linux y el músculo de Google ha hecho el resto. Me permitiré sacar otra vez la bola de cristal: Es probable que Google acabe abandonando la aventura Chrome OS y acabe adquiriendo alguna distribución Linux para hacer con ella lo mismo que con Android. Si esto ocurre, la inmersión progresiva de Microsoft en la insignificancia será un hecho. Forrester vaticinaba que en unos 3 años, la presencia del software de Microsoft en los ordenadores disminuiría hasta un 30% partiendo del más de 90% que ha llegado a tener Windows.

Windows-8 puede ser su última oportunidad: Si sale bien -lo que no es fácil porque ya no es sólo cuestión de diseño sino de disponibilidad de aplicaciones externas- le servirá para entrar en el mercado de dispositivos móviles que siempre se le ha resistido. Si le sale mal, y es lo más probable, habrá construido su propio caballo de Troya para ponerlo a disposición de los que están cercando su hasta hace poco todopoderosa ciudadela.

Google y la torre de Babel

La última innovación de Google consiste en la posibilidad de utilizar el teléfono móvil como intérprete, es decir, ha llevado su traductor al lenguaje hablado.

La aventura no es fácil y habrá que ver si realmente funciona como promete. El traductor de lenguaje escrito tiene un funcionamiento muy digno e incluso una prestación tan interesante como es el reconocimiento automático de idioma.

Como anécdota, durante bastante tiempo he hecho creer a una persona que habla ruso como idioma nativo que yo hablaba ruso. El sistema era muy sencillo: Un texto redactado de la forma más sencilla posible era traducido al ruso y el texto resultante puesto en un mensaje de correo electrónico.

Cuando recibía la respuesta en ruso, hacía el proceso inverso para saber qué era lo que me contestaban y, de nuevo, contestaba en ruso. Si la persona a que me refiero lee este post, se enterará de que no tengo ni idea de ruso pero durante un tiempo muy razonable he podido mantener el engaño.

¿Será capaz Google de llevar esta posibilidad al lenguaje hablado?

¿Llegará un momento en que, en lugar de un MP3, llevaremos un teléfono de Google con los auriculares puestos para entender a todos los que nos rodean, hablen en el idioma que hablen? La conjunción del reconocimiento de voz y el reconocimiento automático de idioma así parecen prometerlo.

Habrá que verlo. El lenguaje escrito ya tiene sus dificultades en el sentido de que muchas palabras exigen una interpretación contextual; el lenguaje hablado añade sus propias dificultades derivadas del habla individual y de que parte de la comprensión del lenguaje proviene de que se oye lo que ya se está esperando oir.

Hawkins, en su magnífico libro On Intelligence , interpretó el hecho anómalo de que en las áreas sensoriales del cerebro hay tantas fibras salientes como entrantes o, dicho de otra forma, estas áreas no sólo reciben información de los órganos sensoriales externos sino del interior del cerebro. La interpretación que Hawkins hacía de este hecho está en que, gracias a esa construcción, podemos anticipar lo que viene y que esto es uno de los rasgos distintivos de la inteligencia.

La traducción en tiempo real del lenguaje hablado exige esa capacidad de anticipación salvo que, en lugar de una traducción simultánea, sea una traducción sucesiva. En este caso, todavía habría bastante complicación derivada de la capacidad para reconocer las variantes individuales del habla; si, además, la traducción es simultánea, la cosa es mucho más difícil.

Hay que estar atentos para ver cómo evoluciona el nuevo invento de Google: Prometedor pero muy difícil.