Guerra de fantasmas republicanos y monárquicos
No sé si es la incidencia de la televisión o de Internet pero parece que el mal de nuestros días es un pensamiento icónico, que se queda con una imagen y no analiza qué es lo que hay debajo ni hay forma de conseguir que separe las cosas en sus elementos.
A cuenta del poco estético viaje del Rey, ha vuelto a salir la vieja discusión entre República y Monarquía. Lo peor de todo es que personas que suelen razonar bien, cuando se ven en la situación en que se creen obligados a defender algo, utilizan la cabeza exclusivamente para embestir. Mientras por un lado se habla de que la monarquía está muerta y que hay que ir a la república, por el otro se habla del derecho a la vida privada y del escándalo que se monta por un elefante muerto comparándolo con los abortos legales, con los venados cazados por Garzón, con los trajes de Camps en relación con el supuesto carácter de invitación de la tal cacería y con unas cuantas cosas más.
El problema que hay bajo las discusiones es mucho más sencillo si se analiza qué es lo que hay y a lo que nadie quiere referirse por su nombre: La II República y la Guerra Civil. Muchos de los que ahora arden en furor republicano son los mismos que, con Zapatero, consideraban que la legitimidad democrática no podía provenir de un sucesor de Franco a título de rey sino de la II República. Lo malo es que la II República nunca fue democrática, cosa que puede asegurar cualquiera que se haya molestado en leer un poco a historiadores de esa época. Pretender que había un gobierno legítimo y democrático y, por otro lado, existían grupos incontrolados que sacaban a la gente de su casa para asesinarla -incluido el máximo representante de la oposición días antes de iniciarse la guerra- sólo puede hacerse desde la ignorancia o desde el cinismo más atroz.
Eso sí, los que agitan los fantasmas de esa república y nos muestran la monarquía como garante de libertad, estabilidad, etc. pueden retroceder a esa misma época y recordar que el abuelo del actual rey huyó de España cuando le dejaron caer la amenaza de que «no podían garantizar su seguridad» y, con ello, dio pie a todo lo que vino después. Si vamos a tiempos más recientes, no se sabe de una sola actuación encaminada a romper o disminuir esa dinámica centrífuga que se ha producido en España desde hace ya años. Si es la Corona la garante de unidad en España, ya pueden ir preparando imprentas para sacar distintos modelos de pasaporte según la región, el pueblo o hasta el barrio de cada uno.
A fecha de hoy, hay que estrujarse mucho las meninges para decir qué aporta la monarquía al país más allá de las fotos del Hola. El propio mecanismo de nombramiento hereditario ha quedado en evidencia ante los equilibrios que se han llegado a hacer para que el sucesor designado fuera el hijo menor en lugar de la hija mayor a la que, en un país en que se supone que existe igualdad entre hombres y mujeres, parece que le correspondería. La conducta que ha salido en todos los medios y con todos los adornos que se han ido añadiendo a medida que se sabía más ha llevado a los defensores de la institución monárquica a una última línea de refugio: Se puede criticar una conducta inadecuada de un rey pero eso no implica cuestionar la institución monárquica. ¿Ah, no? ¿Por qué?
Si las únicas opciones fueran una monarquía -incluso la actual- o una república como la que se inició en 1931, seguramente somos más los que nos quedaríamos con la monarquía y el hecho de que algunos se reclamen herederos de esa república produce más miedo que otra cosa. Si se consideran tales herederos por ignorancia, malo. Si no es por ignorancia y como Dolores Ibarruri, cuando le preguntaron por «las dos Españas» mostró tener claro que una tenía que masacrar a la otra, peor.
Sin embargo, existen otras opciones: Si, basándose en aquello de que en tiempos de crisis conviene no hacer mudanza, no se quiere tocar la institución, a lo mejor ha llegado el momento de cambiar con urgencia a su representante. Hasta ahora, uno de los pocos que no ha sido salpicado por escándalos de diverso tipo es el heredero designado. No sabemos si mañana saltará algo pero hoy la situación es ésa.
Quizás en otros tiempos menos convulsos sí haya que plantearse una revisión a fondo del modelo y de la forma de Estado y, en ese caso, una opción que tendría que estar abierta es la republicana, siempre que no se pretenda un modelo como el de 1931, modelo que conviene recordar pero para no repetir errores, no para añorarla.
Mientras tanto, por favor, no defiendan lo indefendible.
