Categoría: Behavioral Economics
Cómo preparar un Curriculum para un proceso de Selección masivo
Comenzaremos por dos realidades que, combinadas, nos pueden dar pistas interesantes sobre cómo actuar:
- No hay recetas mágicas.
- En un proceso de selección masivo, hay que contar con una ventana de tiempo aproximada de 30 segundos. Lo que no sea leído en ese tiempo, simplemente no es leído.
En estas condiciones, parece claro que un curriculum debe competir por la atención del reclutador, tiene que ser suficientemente breve para que los aspectos principales sean vistos en 30 segundos y lo suficientemente atractivo como para pasar al montón de los que siguen en el proceso.
El procedimiento para conseguirlo que vamos a dar aquí no sólo es sencillo sino que no está basado en el efecto sorpresa, es decir, NO importa que el reclutador lo conozca porque lo agradecerá: Vamos a facilitarle su trabajo aunque, por supuesto, en nuestro propio beneficio.
Probablemente, a estas alturas, cualquiera que esté dedicado seriamente a la aventura de buscar trabajo habrá oído hablar de curriculum funcional, cronológico en orden directo, inverso, etc. Pues bien, comenzaremos por pedir que se olviden todas esas etiquetas para, en su lugar, considerar que hay dos tipos de curriculum: Pasivo y Activo.
PASIVO: Es el curriculum que tenemos en un portal de Internet en espera de que salga una oferta interesante. La iniciativa tiene que partir del reclutador y, por ello, el curriculum no está ajustado a la oferta sino redactado de la forma más atractiva posible con la esperanza de que sean muchos los reclutadores que se detengan en él.
ACTIVO: Está ajustado a una oferta concreta y es en éste en el que vamos a centrar la atención. El reclutador tiene que «rebuscar» dentro del curriculum para saber si el candidato cumple con los requisitos del puesto. ¿Cómo ayudarle? Redactando un curriculum especial. Después de los datos personales, tomaríamos prestados del anuncio los requerimientos del puesto y CADA UNO DE LOS REQUERIMIENTOS PASARÍA A SER UN EPIGRAFE DEL CURRICULUM.
Olvidemos la redacción clásica de formación, experiencia, etc. Simplemente, bajo cada epígrafe -uno de los requerimientos del anuncio- colocamos aquellos elementos de nuestro curriculum que demuestran que cumplimos con esa condición y, cuando hayamos eso hecho con todos, hemos terminado el curriculum.
Sencillo ¿verdad? Si nuestro perfil realmente se adapta al puesto, lo demostraremos de una forma tan visual que, de la ventana de tiempo de 30 segundos, al reclutador todavía le pueden sobrar 20 tras pasar nuestro curriculum al montón de los aceptados para la siguiente fase. Por supuesto, no podemos olvidar el condicional: «Si nuestro perfil se adapta el puesto». En caso contrario, lo mejor puede ser abstenerse pero, si cumplimos con lo requerido, limitemos al máximo la posibilidad de que lo que nos eche del proceso sea la mala suerte o el cansancio de un reclutador que ya estaba revisando los historiales no en 30 sino en 3 segundos. No es justo y, además, podemos evitarlo.
Entrevistas de Selección: Lo que un Candidato nunca debería dejar de preguntar
A menudo, se descubren más cosas de un candidato por lo que pregunta que por lo que contesta. Sus preguntas están señalando cuáles son sus auténticos intereses y le están dando indicaciones al entrevistador sobre el grado de astucia del candidato. Por otra parte, el candidato necesita saber algunas cosas que no va a encontrar ni en los folletos de la empresa ni en Internet y de las que puede ser difícil hacerse una idea si no se pregunta directamente. Las siguientes preguntas deberían formar parte del guión de entrevista de todo candidato siempre que no se trate de un puesto de entrada sino que esté en niveles intermedios o superiores en la organización:
- ¿Se trata de un puesto que ya existía o es de nueva creación?
Cada opción tiene sus riesgos específicos. Si el puesto ya existía, las personas a las que afecte pueden estar muy acostumbradas a la forma de actuar de su anterior ocupante y generar una expectativa de acuerdo con esa costumbre. Además de esto, cambiar las redes de comunicación interna de forma que se ajusten a una persona nueva y sin experiencia en la organización puede producir algunos problemas.
Por otro lado, el puesto nuevo puede tener muy diversas motivaciones en la organización. Si en el caso anterior puede haber un guión cerrado y, posiblemente, el candidato se vea en la necesidad de romperlo, en el puesto nuevo no hay guión. Es el propio candidato quien tiene que crearlo y eso es un atractivo añadido para personas con una dosis de creatividad y de capacidad de relación elevadas pero no es el mejor terreno para alguien que pueda buscar simplemente un sitio donde desarrollar su competencia técnica en la mejor forma que pueda y sepa. El candidato debe saber por qué se crea el puesto, cuáles son las necesidades y cuál es la lógica que subyace a la búsqueda de un determinado perfil, el suyo, y evaluar si la línea de razonamiento seguida es o no correcta.
- Si el puesto ya existía ¿qué ha pasado con la persona que lo ocupaba anteriormente?
No es lo mismo enterarse de que el anterior ocupante del puesto ha sido promovido -lo que ya da una pista sobre las posibilidades de proyección profesional- que enterarse de que ha sido despedido y de que la misma suerte han corrido los tres últimos ocupantes del puesto. Especialmente en el segundo caso es necesario indagar en qué ha ocurrido puesto que son muchas las organizaciones en las que existen puestos que son auténticas trampas para osos: La organización tiene un conjunto de disfunciones graves que, por diversas razones, no se está dispuesto a abordar y se necesita un culpable. El candidato avisado pensará que, si ese papel lo desempeña otro, mejor.
- ¿Tenía el puesto candidaturas internas?
Un puesto en el que se han rechazado candidaturas internas es un lugar al que se llega teniendo ya enemigos a los que ni siquiera se conoce. Saber quiénes son, dónde están y por qué sus candidaturas han sido rechazadas es algo imperativo para conocer el terreno que se pisa.
Por otro lado, si el puesto no tiene candidaturas internas, puede asomar la sospecha de la «trampa para osos»; puede haber motivos perfectamente funcionales como, por ejemplo, que se requiera un tipo de conocimientos y/o experiencia no disponibles en la organización y hayan preferido traer del exterior a alguien que la aporte. Éste es el mejor de los escenarios para el candidato aunque también le está indicando que podría tener poco apoyo interno, cuando no alguna resistencia importante, si el puesto requiere el cambio de hábitos profundamente arraigados; el peor escenario sería aquél en el que nadie de dentro quiere presentar su candidatura precisamente porque sabe qué puede esperar del puesto.
Por supuesto, son muchas más las cosas que se pueden preguntar y observar pero estas sencillas preguntas pueden servir para darnos claves acerca de si nos va a interesar el puesto o es mejor reservar la candidatura para otros.
Reclutadores Internet: Renovarse o morir
Una de las innovaciones que nos trajo la Web 1.o fue sin duda, la aparición de los reclutadores Internet. Sin embargo, pocos son los que han conseguido salir adelante y, entre éstos, muchos pueden estar seriamente amenazados por la competencia que representa la Web 2.0:
Cada uno es producto de su propia historia y, en mi caso, ha ocurrido lo mismo que se decía de España respecto de los curas y cómo siempre había corrido con ellos; unas veces delante y otras detrás. Unas veces me ha tocado tratar de utilizarlos para búsqueda, otras para intentar diseñar uno que funcionase mejor y otras para analizar cómo funcionaban. Por supuesto, la mejor forma de saber si un reclutador funciona bien es colocar el propio perfil y ver qué tipo de ofertas llegan. Si después de una larga trayectoria en el ámbito de los recursos humanos, reflejada en el curriculum, uno recibe una oferta de enterrador en un pueblo -y garantizo que esto realmente me ha ocurrido- ya se ha visto suficiente del reclutador.
A veces, ni siquiera es necesario llegar ahí: Cuando se está rellenando el formulario web, es frecuente encontrar que las cosas no encajan: O no está recogido con cierta exactitud el sector de la empresa o nuestro puesto o el área funcional o, si el reclutador incluye un área de conocimientos adquiridos, las descripciones de esos conocimientos difícilmente encajan. Quiero enfatizar aquí que no estoy hablando de nivel de detalle sino de cosas que no encajan, cosa muy distinta y de gran relevancia al tratar de casar oferta y demanda.
Los reclutadores Internet, para sobrevivir, deberán integrarse en redes sociales profesionales aunque, a veces, éstas han tomado la delantera y tienen ya sus propios reclutadores como es el caso de Simplyhired que forma parte de Linkedin y realmente pueden aportar a estas últimas -los que puedan aportarla- una taxonomía interesante tanto para reclutadores como para candidatos. Una buena taxonomía no será suficiente para sobrevivir en el mundo Web 2.0 y se necesitarán alianzas que la aprovechen pero una mala es una garantía de fracaso en el corto o medio plazo.
Sin pretender ser exhaustivo, hay unos cuantos fallos muy generalizados en los portales de empleo que dan lugar a formas inadecuadas de relacionar oferentes y demandantes:
- Sectores: Es frecuente que al introducir el sector, el candidato no encuentre uno que refleje el lugar en que ha trabajado. ¿Es necesario ser creativos en esto? ¿No se puede utilizar el CNAE e ir ampliando el número de dígitos en función de necesidades?
- Áreas funcionales: ¿Qué tal un gráfico de la cadena de valor de Porter y que cada uno marque el área que corresponda?
- Nivel jerárquico: Por mucha inventiva que despleguemos, se nos van a escapar posibilidades: ¿Un cono que represente la estructura organizativa y que cada uno se sitúe libremente donde corresponda? Después de esto, se añade el tamaño de la organización y el número de personas supervisadas y ya está.
- Competencias o conocimientos adquiridos: Vuelvo a la cadena de valor con cuadros de selección múltiple para cada una de las casillas.
- Titulaciones académicas: Son tan diversas que intentar incluirlas todas, máxime cuando hay muchas extranjeras, es imposible. ¿Por qué no clasificarlas por áreas generales de forma que la titulación específica vaya en un literal de texto pero la primera búsqueda se haga por área?
- Idiomas: No está claro muchas veces si en un reclutador español es necesario poner el español como idioma nativo o se da por defecto; por otro lado, suele faltar un elemento clave en la mayoría de las clasificaciones que es la comprensión verbal: «¿Entiende usted cuando le hablan en ese idioma?».
«The Future of Management» de Gary Hamel: Lecciones para la Administración Publica y para grandes empresas
Gary Hamel ha vuelto a hacer un gran libro a la altura de su ya clásico Compitiendo por el futuro. El libro es una enmienda a la totalidad dirigida hacia las actuales prácticas de dirección de las organizaciones y muestra algunos ejemplos como Wholefoods, Gore y Google de empresas que funcionan con distintos modelos de dirección.
Durante unos cuantos años les he llevado la contraria a los principales autores en el ámbito de la motivación, señalando que la principal fuente de motivación o desmotivación tiene un nombre: Significado. Cuando alguien percibe que su trabajo es importante y que hay una diferencia clara y visible entre hacer las cosas bien y hacerlas mal, ha encontrado la principal fuente de motivación que puede existir; por el contrario, cuando percibe su papel como el de una pieza insignificante dentro de un mecanismo indiferente a lo que pueda hacer o dejar de hacer…ahí tenemos la fuente de desmotivación y, andando el tiempo, del burn-out.
Simple e intuitivo ¿verdad? Además explica cosas: Explica por qué en muchas pequeñas empresas las personas pueden tener una motivación más alta que en grandes corporaciones, explica por qué cuando se habla de la ineficiencia de la Administración Pública, sigue habiendo mucha gente que prefiere ser operada en la Seguridad Social y, si tiene un incendio en su casa, llamará a los bomberos con la seguridad de que su caso recibirá la atención debida. ¿No son funcionarios tanto el médico como el bombero? ¿Cómo se compagina esa bonita canción tan apreciada por crítica y público del funcionario vago con la disposición a ser operado o atendido por un funcionario, incluso en presencia de otras opciones?
Muy sencillo: Tanto el médico como el bombero tienen la suerte de estar entre los pocos puestos que, por su naturaleza, tienen un acceso directo al valor de su contribución. Son puestos cuyos ocupantes pueden producir una diferencia visible para otros pero también para ellos. Naturalmente, la pregunta que sigue es: Si la percepción del significado de nuestras propias acciones puede hacer la diferencia entre motivación y desmotivación ¿por qué no procuramos diseñar organizaciones donde todos los puestos permitan que sus ocupantes observen en qué forma sus acciones son relevantes? Ésa es la precisamente la pregunta a la que trata de responder Gary Hamel.
Modas como el empowerment no funcionan por la sencilla razón de que, para empower a algunos hay que disempower a otros y es bastante dudoso que éstos se dejen: Hamel señala cómo es realmente difícil copiar la capacidad de innovación en management y cómo durante muchos años los principales fabricantes norteamericanos del automóvil han estado observando a Toyota sin que hayan sido capaces de reproducir sus resultados. No era tan difícil; simplemente se han quedado con lo anecdótico y han hecho bueno el dicho de «cuando el sabio apunta al cielo, el tonto mira al dedo».
Puede decirse que hay tres grandes revoluciones, la última aún por consolidarse, en lo que se refiere al management: La primera vino de la mano de Frederick Taylor y su estricta separación entre planificación y ejecución; la segunda aparecería asociada a los sistemas de información y vino a profundizar en los efectos de la primera dando lugar a un nuevo tipo de taylorismo. Los sistemas de información rebajaron espectacularmente el coste de hacer disponible la información en distintos lugares y, con ello, rebajaron el coste de control facilitando una nueva centralización en la cúpula organizativa. La tercera revolución está viniendo de la mano de algunas organizaciones avanzadas y, como señala Hamel, está tomando como paradigma el funcionamiento de Internet.
Internet, en su versión web 2.0 ha introducido un cambio fundamental: No hay una división clara entre los que emiten y reciben información, división que sí se producía en la anterior configuración y que venía a reproducir un modelo clásico de organización. La web 2.0 dota a todos de voz y es su capacidad para ser escuchados la que define las posiciones de liderazgo; cierto que eso puede haber traído como subproducto indeseable una preocupación exagerada por los rankings y por las formas de engañar a los buscadores para situarse más arriba pero el principio permanece: Todo el mundo tiene una voz y una oportunidad para ser escuchado; el oscurantismo y la retención de información como fuente de poder no funcionan.
Las organizaciones analizadas por Hamel se basan en núcleos autónomos con una gran capacidad para decidir, con toda la información necesaria para tomar las decisiones y con unos indicadores de rendimiento muy claros tanto propios como comparados. Además de los núcleos formales existen otros informales y es de éstos de los que sale toda la capacidad de experimentación y de innovación de las empresas; de hecho el goretex salió de la observación por parte de Bill Gore de que Dupont no estaba aprovechando debidamente la capacidad de innovación que había en los miembros de la organización; más tarde, una vez puesta en marcha su propia empresa, aplicaría su conocimiento a la fabricación de un producto en principio tan ajeno a su mercado como las cuerdas de guitarra.
Ejemplos sumamente interesantes todos ellos y un mensaje duro: Sabemos qué es lo que funciona y sabemos qué es lo que no funciona; sin embargo, lo que no funciona aporta tranquilidad a aquéllos que tienen posibilidad de cambiarlo porque respeta su statu quo y su autoridad no es discutible. ¿Se pierden por el camino motivación y capacidad de innovación? Sin duda alguna; son daños colaterales que se llevan sufriendo tanto tiempo que forman parte del paisaje corporativo.
Buscar trabajo por Internet
Me llega por Twitter esto http://twitter.com/#!/GlobalSystemCP/statuses/39640049469493248 y no puedo más que estar de acuerdo en el calificativo de Desvergüenza 2.0 utilizado por Alfonso Alcántara (@yoriento).
Si alguien se siente tentado a seguir a los artífices para participar en un sorteo para un curso de búsqueda de empleo, dos recomendaciones gratis y sin sorteos:
- Mirar en www.buscartrabajoporinternet.net donde se pueden encontrar videotutoriales específicos sobre distintas partes del proceso de selección. Si te surge alguna duda, se me puede trasladar a la página de Facebook http://www.facebook.com/pages/Buscar-trabajo-por-Internet/134854703211628 y sin necesidad de sorteo alguno.
- Mirar en Twitter (@factorhumano) los tweets que sigo porque muchos de ellos son de autores que escriben cosas de interés en el ámbito de la búsqueda de empleo. Destacaré a Alison Doyle, Amanda Riquelme, U.S. News Careers y a los portales de empleo grandes como Infoempleo o Infojobs que, por fin, se están lanzando en el terreno de Twitter.
- Seguirlos a ellos (no a mí) porque utilizo Twitter como mi hemeroteca particular y, por ello, yo mismo soy mi principal seguidor.
Gestión de recursos humanos en entorno web 2.0
¿Tiene futuro la gestión de recursos humanos como área funcional separada? Probablemente sí pero es posible que necesite una reconversión que deje pequeña a la de la minería del carbón, al menos en lo que se refiere a las áreas de selección y reclutamiento.
Alguna vez en el aula he mencionado que la funcion que define a una empresa es la de recursos humanos y puedo decir que no se trata de una broma ni que esto significa que sea la función más importante. La explicación es mucho más simple:
Un trabajador por cuenta propia tiene todas las funciones de una empresa en embrión pero los problemas específicos de recursos humanos le surgen cuando necesita contratar a alguien, aunque se trate de un taxista que necesita a alguien para que el coche esté más horas en la calle:
- ¿A quién selecciono y cómo?
- ¿Dónde lo busco?
- ¿Cuánto debo pagar?
- ¿Cómo sé si lo está haciendo bien o mal?
- ¿Me interesa una vinculación a largo plazo o es temporal?
- ¿Qué puedo ofrecer para conseguir el tipo de vinculación que me interesa?
- ¿Cómo incentivo para que se consigan los resultados que me interesan?
Todas estas preguntas, que se las puede hacer nuestro modesto taxista cuando está contratando a alguien, son la esencia de la gestión de recursos humanos y sólo surgen cuando nosotros mismos ya no podemos realizar el trabajo: Nos hemos convertido en empresa -real, aunque formalmente existan figuras jurídicas que no dan cuenta de este hecho- y, con ello, ha aparecido la gestión de recursos humanos.
Cuando alguien quiere enfatizar el papel de Recursos Humanos como área donde se prestan servicios internos a la empresa, suele olvidarse interesadamente o no que también tiene la función básica de mantener la disciplina interna y que, por medio de esa disciplina, la empresa tenga un comportamiento homogéneo en su relación con las personas sin convertirse las distintas áreas funcionales en reinos de taifas. No puede considerarse propiamente ésta una función «de servicio» sino de fiscalización y, desde luego, es necesaria.
En la práctica, sin embargo, Recursos Humanos se ha hecho fuerte a veces mediante formas de actuación que tienen poco que ver con las funciones anteriores: En muchas empresas, se ha convertido en un centralizador de información sobre salarios y sobre quién es quién tanto dentro como fuera de la empresa. Esta fuente de poder -la exclusividad en el acceso a la información- es la que ha quedado cercenada gracias a la aparición de la web 2.0. Cualquiera, no sólo alguien de Recursos Humanos, puede tener información precisa sobre quién es quién, su historial, qué dice en los foros profesionales en que pueda participar, cuáles son sus intereses tanto profesionales como extraprofesionales, conseguir referencias…el proceso de reclutamiento no es ya una exclusiva de Recursos Humanos sino que cualquiera puede buscar, identificar y establecer contacto con las personas que le interesan.
Recursos Humanos sigue teniendo mucho que hacer en el ámbito de la organización interna y del mantenimiento de coherencia en las prácticas organizativas en relación con el trato de las personas, seguirá siendo quien utilice herramientas técnicas específicas tanto en las definiciones de puestos como de trayectorias profesionales como de estructuras salariales. Sin embargo, en todo lo relativo a reclutamiento y selección, sus decisiones estarán mucho más sujetas a escrutinio externo ya que, gracias a la web 2.0, ha perdido la exclusividad en la información. Cualquier puede, a coste cero, iniciar un proceso de reclutamiento o incluso ir más allá y hacer algunos tanteos a potenciales candidatos.
Para el candidato, por idénticos motivos, Recursos Humanos perderá importancia ya que no será su referencia forzosa y podrá acceder directamente a las personas que le interesan en su área funcional. El papel de Recursos Humanos en la web 1.0 no se había modificado con respecto a la situación anterior a Internet ya que, simplemente, se había amplificado la potencia de salida de algunas prácticas gracias, por ejemplo, a la existencia de los portales de empleo. Sin embargo, la información seguía igualmente centralizada.
La transformación que nos convierte a todos, a la vez, en transmisores y receptores de información relativa a personas es la que obliga a un cambio fundamental tanto en el papel de Recursos Humanos como en su valoración por parte de candidatos externos. Quizás estamos ya en un momento en que el hecho de que un candidato envíe un curriculum a Recursos Humanos en lugar de buscar vías alternativas es ya una prueba de que ese candidato puede estar perdiendo el tren. Las cosas van a otra velocidad y tiene ya otras alternativas disponibles. El candidato se preguntará «¿Por qué no usarlas?» y Recursos Humanos, por tanto, deberá revisar cuidadosamente su propuesta de valor. La exclusividad en el acceso a la información no vale como respuesta.
Controladores aéreos
El pasado viernes los controladores aéreos en España se pasaron tres pueblos. Podemos vestirlo como queramos y acusar a quién queramos, incluso en algunas cosas con razón, pero ésa es una realidad sobre la que parece que se quieren extender cortinas de humo.
Si se quiere, pueden tener razón en lo que se refiere al agravio comparativo. No hace tanto tiempo que hemos tenido una huelga general cuya fecha fue pactada entre los huelguistas y el gobierno para no hacer el feo en la presidencia europea. Nunca se ha sabido que ningún gobierno, y menos el actual, haya extremado la contundencia con los piquetes «informativos» a pesar de que ha habido incluso videos sobre el carácter de la «información». Se ha reclamado muchas veces que se pusiera en marcha la ley de huelga pero, en lugar de eso, a unos se les ha dejado que tomen la calle como si fuera su cortijo, amenazando y destrozando lo que hiciera falta y a otros se les ha mandado el ejército. Se trata de una forma muy distinta a los controladores y a los «compañeros del metal».
Los argumentos que se utilizan contra las privatizaciones son viejos y ya se han oído demasiadas veces antes. En primer lugar, una empresa española compró aeropuertos en Inglaterra y nadie le puso ningún problema. ¿Por qué habría que poner problemas en España porque hubiera un inversor extranjero que decidira comprar un aeropuerto? Cuando se privatizaron empresas como Telefónica se decían cosas, que se vuelven a repetir ahora, como «se privatizan las empresas rentables» olvidando que eran rentables porque tenían mercados en monopolio y, con ese derecho de pernada, es difícil no ser rentable: Se decide cuánto dinero se va a gastar, cuánto se quiere ganar y se establece un precio que, se quiera o no, va a haber que pagar. Realmente habría que ser muy torpe para que en esas condiciones algo no fuera rentable.
Aplíquese el cuento a AENA y encontraremos que el sistema aeroportuario español está sostenido realmente por tres aeropuertos; a lo mejor había que preguntase si el sistema en su conjunto tiene sentido y si no se debería decir que cada palo aguante su vela porque debajo del concepto de «interés estratégico» hay a menudo tocomochos y paleteríos del tipo «si éste tiene aeropuerto ¿cómo no voy a tenerlo yo?» aunque tenga tres vuelos al día. Pocas veces un político se ha atrevido a algo como lo que hizo la muy criticada Magdalena Álvarez quien, cuando le reclamaron un aeropuerto en Jaen, se limitó a cambiar el rótulo del aeropuerto de Granada para que pusiera Granada y Jaen. Genio y figura.
¿Quién paga por un aeropuerto inútil puesto en marcha por el capricho del político de turno? Cuando se puso en marcha el primer AVE de Madrid a Sevilla, recuerdo que un amigo me decía que habíamos tenido la suerte de que el presidente del Gobierno no fuera de Zamora porque, si hubiera sido así, habríamos tenido AVE Madrid-Zamora…¿es por eso que tenemos aeropuerto en León? Es un mero ejemplo que se podía multiplicar a multitud de aeropuertos absurdos y onerosos.
Aquí se nos han juntado dos cosas: Por un lado, presentar a los controladores como privilegiados y sacudirles fuerte; en un entorno que ronda los cinco millones de parados es algo que vende muy bien entre el colectivo sensible a las acciones de cara a la galería y tenemos sobrados indicios para suponer que es muy amplio. Por otro lado, los controladores se nos están presentando como víctimas y, al margen de la salvajada del viernes, disfrutan de unos privilegios pocos comunes, privilegios de que otros colectivos han disfrutado antes y siempre han defendido con uñas y dientes intentando distraer la atención:
Tomemos por ejemplo los farmacéuticos: Tenían un curioso sistema por el cual alguien, que ya tenía una farmacia, podía solicitar otra para, después, renunciar a ella y, de esta forma, garantizarse una escasez artificial. Aunque muchos de los privilegios les han desaparecido, a lo mejor alguien se pregunta por qué un sitio como El Corte Inglés no tiene farmacia y la respuesta es muy sencilla: Porque todavía han conseguido mantener la norma de que la farmacia tiene que estar a nombre de un farmacéutico, es decir, una persona física y de esta manera se impide que puedan entrar empresas que tengan cadenas de farmacias como ocurre en otros países.
Los pilotos, algunos de los cuales están tomando posiciones de solidaridad con los controladores, se encontraban hace años en una situación parecida. Cuando el 100% de los pilotos provenía del ejército y una licencia conseguida en el extranjero era papel mojado, estaba claro que se había creado una situación de escasez artificial. La aparición de la ENA en Salamanca vendría a corregir parcialmente el problema y, en este momento, defienden sus intereses como cualquier otro colectivo aunque, eso sí, al menos hay que agradecerles que no ejerzan como correa de transmisión de intereses políticos.
Los controladores se quejan de lo mucho que trabajan y de la cantidad de horas extras que hacen y cualquiera puede razonablemente pensar que eso significa que se necesitan más controladores. Fórmense o contrátense controladores formados. ¿No es así? Pues no; no es así. Mientras AENA mantenga la exclusiva de la operación de aeropuertos y de tráfico aéreo, el número de controladores que entran puede ser pactado de forma que se cree esa situación de escasez artificial que ya hemos conocido en otros casos y de lugar a las horas extras y a las fortunas pagadas por ellas. De ahí que cuando se habla de privatizar es como mentar al diablo.
Estos días se están denunciando corruptelas en AENA, que puede haberlas como en tantos otros sitios. No en vano, en los últimos años España cayó en picado en los índices de transparencia aunque este último año recuperó un puesto en el ranking; se está hablando también de despilfarro -lo hay, sobre todo en la puesta en marcha de aeropuertos absurdos- y de que el sueldo de los controladores no lo pagan los ciudadanos, afirmación que está en la misma línea de «el dinero público no es de nadie» de Carmen Calvo. Ya me contarán quién paga las tasas aeroportuarias que muchas compañías aéreas hacen visibles sacándolas del precio del billete como concepto aparte. Puede haber corrupción, hay despilfarro, hay populismo y ganas de utilizar a los controladores como baza política para ganar parte de la imagen que se pierde a cada segundo que pasa. Todo eso es verdad pero, señores, ninguna de todas esas cosas puede tapar dos cosas que también son verdad:
- Lo del viernes fue una salvajada que no se puede admitir.
- Los controladores tienen una situación de privilegio que se sustenta sobre un monopolio.
Mercadona en Harvard
Hace sólo unos pocos días se presentaba públicamente el caso Mercadona realizado por Harvard. Espero que pronto se traduzca al español y, si se precisa, aquí hay un voluntario disponible y no por generosidad sino por el interés de poder utilizarlo en España lo antes posible.
El caso presenta un panorama bastante realista sobre el funcionamiento de Mercadona desde su inicio y, como ocurre con frecuencia, concluye con una pregunta que no es lo más interesante del caso. Cierto que deja en evidencia algún fallo en la construcción del sistema de incentivos y que pone a prueba los principios de sus máximos directivos pero tiene muchas otras cosas, relativas a la planificación de plantillas, a la mejora de procesos y a cómo es utilizada la inteligencia de las personas que están en contacto con el cliente en ese esfuerzo de mejora.
Es cierto que Mercadona tiene algunos elementos que no comparte con todo el sector de distribución y que pueden permitirle garantizar la estabilidad laboral. Una vez que la inestabilidad ha dejado de formar parte del diseño organizativo, como ocurre en la mayoría de las grandes empresas del sector, esto permite asumir mayores costes en el área de formación y tener personas más expertas. Sin embargo, no hay secreto o, para decirlo con más exactitud, el secreto está a la vista de todos: Cuando alguien se dedica a artículos de consumo diario, como alimentación y limpieza, está poco sujeto a la estacionalidad y le resulta más fácil garantizar la estabilidad laboral que si funciona por campañas: Navidad, temporada de libros de texto y otras y tiene que recurrir a personal temporal que, una vez finalizada la campaña, desaparece de la organización.
La comparación de Mercadona con otras empresas como Carrefour o como Hipercor no es correcta, salvo que expresamente se restrinja a tiendas del tipo Carrefour Express, Opencor u otras de perfiles muy similares al de Mercadona en el sentido de estar poco sujetas al fenómeno de estacionalidad en las ventas. La autora trata de mostrar en el caso cómo la práctica de Mercadona de utilizar la inteligencia procedente del lugar más cercano al cliente funciona y, por extensión, que un trato digno a las personas es un factor clave para conseguir una posición de rentabilidad sostenida en el tiempo.
Nada me gustaría más que poder estar de acuerdo al 100% con el planteamiento de que ética -¿decencia?- y rentabilidad van siempre de la mano pero los hechos nos muestran que una afirmación de tal tipo tiene que llevar tantas matizaciones y tantas cautelas que, al final, como afirmación general queda bastante descafeinada.
El caso muestra como muchas ideas nacidas de la base de la pirámide generan rentabilidad y en un lugar donde el compromiso mutuo empresa-trabajador no exista o donde el conocimiento y experiencia del trabajador no permitan el nacimiento de ideas útiles ese fenómeno no se va a producir. De acuerdo; es difícilmente discutible pero el que opta por una línea de mínimo coste mediante la reducción salarial y la conversión de costes fijos en costes variables a costa de la estabilidad laboral no sabe qué se está perdiendo -las ideas no aparecidas son costes de oportunidad- pero sí que se está ganando en forma de reducción inmediata de los costes.
De hecho, puede encontrarse alguna conocida cadena de supermercados dirigida a conseguir la máxima reducción posible de precios y no tiene, ni de lejos, la política de recursos humanos de Mercadona sin que, que se sepa, los números le estén diciendo que su política no funciona. Si el cliente busca bajo precio y prefiere no mirar demasiado a los procedimientos utilizados para conseguirlo, encontrará alternativas más baratas que Mercadona y la máxima de que un tratamiento correcto de las personas siempre es rentable no funcionará. Lamentable pero cierto.
Quizás en otros mercados se esté asumiendo un riesgo por un tratamiento indigno de las personas. Siempre me ha gustado comparar el distinto tratamiento de las personas entre distintas compañías aéreas low-cost mostrándose cómo algunas muy conocidas por su maltrato de las personas consiguen, a pesar de todo, un excelente resultado económico gracias a muchos consumidores que sólo miran el extracto de su tarjeta de crédito. Sin embargo, siempre ha habido una pregunta abierta: ¿Qué ocurrirá el día en que una de estas compañías tenga un accidente grave? Probablemente todas las malas prácticas en los terrenos de formación, presión sobre sus trabajadores, mantenimiento y muchas otras emergerán y es posible que la existencia misma de la compañía quede seriamente comprometida.
En esas condiciones podemos preguntar si realmente es rentable maltratar a las personas a pesar de los resultados actuales que nos dirían que sí. Si el componente de riesgo no existe, como puede ocurrir en el sector de distribución, la pregunta pierde sentido y todo se reduce al coste de oportunidad, poco visible y que, siguiendo la célebre falacia de McNamara…lo que no se puede contar no existe y esto es lo que hace difícil suscribir al 100% el principio de que el trato digno es siempre rentable. Ojalá.
¿Quién gestiona Recursos Humanos?
Comenzaré por algo que he repetido muchas veces en el aula y que parece una idea aún no compartida o no comprendida por muchos: La función de Recursos Humanos es la que define una empresa. Un autónomo ya tiene, aunque sea en embrión, una función financiera, una función de producción, una función de márketing, etc. Sin embargo, sólo cuando se plantea que necesita a alguien más, aparecen los problemas propios de recursos humanos: ¿Cuánto debo pagar? ¿Cómo establezco las condiciones de trabajo? ¿Cómo sé si trabaja bien o no? ¿Puedo confiar en esta persona para el desarrollo futuro o sólo para las tareas a mano actualmente?…es decir, las preguntas típicas a las que ha de responder una gestión de recursos humanos.
Sin embargo, una cosa es la función y otra cosa muy distinta es el órgano. El hecho de que se planteen las preguntas anteriores difícilmente puede significar que la primera persona a la que vayamos a contratar sea un director de recursos humanos para que nos las resuelva. No; estas preguntas forman parte de la vida del empresario o del alto directivo y sólo necesitará al especialista en recursos humanos cuando aparezcan preguntas nuevas relacionadas con la organización interna o cuando las anteriores se vayan haciendo más difíciles de responder a medida que el entorno se va haciendo más complejo.
Pensar que es una Dirección de Recursos Humanos quien gestiona a las personas puede ser bastante ilusorio sin que eso signifique que tal Dirección no tenga papel alguno: Quizás uno de los papeles más importantes es el de conseguir que la empresa se comporte como tal en lugar de degenerar en un conjunto de reinos de taifas. Por ejemplo, las personas trabajan para la empresa y no son una propiedad de su jefe, de forma que éste pueda decidir sin limitación alguna temas como retribuciones o limitar la carrera profesional en función de los intereses del área bajo su control; los instrumentos han de ser, en la medida de lo posible, compartidos y, si en algún caso no lo son, esto también ha de responder a criterios claros y válidos para el conjunto de la empresa y no a una exhibición de poder de una persona concreta. La información especializada sobre quién es quién, dentro y fuera de la empresa, trayectorias posibles, comportamiento actual, mercados salariales, medios de reclutamiento, proveedores disponibles, etc. forma también parte de las cosas que un órgano especializado ha de mantener.
La necesidad de visión empresarial global que conllevan todas estas funciones implica que el mejor Director de Recursos Humanos es el Director General y, cuando éste no tiene la posibilidad física de mantener toda la información necesaria para la toma de decisiones en este ámbito, debe tener a alguien muy cerca que se encargue de ello y le asesore sobre la mejor forma de hacerlo o lo haga él mismo por delegación. Sin embargo, quienes realmente gestionarán recursos humanos seguirán siendo los directivos de línea con el apoyo, o con la estaca cuando así se requiera, del especialista de la función.
La emergencia de la web 2.0 ha sido vista por algunos como una amenaza y para otros como una oportunidad pero, en realidad, no cambia los parámetros básicos salvo que algo se estuviera haciendo bastante mal. Un especialista o un departamento de Recursos Humanos tiene que manejar información pero, salvo que haya motivos de confidencialidad que así lo aconsejen, la información manejada no tiene por qué ser secreta. La Web 2.0 multiplica los puntos de acceso y hace que los directivos de línea y los candidatos puedan tomar contacto directo pero esto no significa un «puenteo» ni un vaciado de la función de Recursos Humanos salvo que alguien haya pretendido justificar su posición mediante el acaparamiento y la reserva de información que no tiene motivos para permanecer oculta.
La web 2.0 no es una amenaza para el especialista en Recursos Humanos porque no va a arrebatarle un papel que nunca ha realizado. Su papel es otro y éste queda facilitado por las nuevas posibilidades que le aparecen tanto en el ámbito de reclutamiento http://www.youtube.com/watch?v=E2dMmdewRxE como en el contacto y la observación en vivo de candidatos. Cosa distinta es que renuncie a hacer uso de esas posibilidades y haya otros en su misma empresa que, al hacerlo, dejen en evidencia una posición abúlica.
El director de Recursos Humanos no gestiona sino que canaliza la gestión por parte de otros. Al fin y al cabo, no es una posición tan extraña. En este mismo blog pueden encontrarse con el título común de «Servicios inservibles» unos cuantos casos reales de empresas muy conocidas que, seguramente, harían que un director de Marketing de esas mismas empresas diera un salto en su silla…sin embargo, ahí están porque la persona a cargo de una función, en contra de lo que diga la tarjeta, suele tener un control muy limitado sobre aquéllo en lo que se supone que es el máximo responsable.
Effect of high automation environment on human productivity
In the past, automation was considered as one of the features of progress. Today, we know that, at least, automation is a mixed blessing whose contribution has to be critically analyzed in every situation.
There are two myths about automation:
- Automation decreases the number of available jobs. Therefore, automation contributes to unemployment and should be avoided.
- Automation increases the quality of jobs. Only lower functions get automated and people can focus in more creative activities.
We cannot deny that automated activities require less people and, even when new jobs appear, they are not created in one place at the same pace that are destroyed in other places. However, automation avoidance is not an alternative: Years ago, Volvo started an experiment organizing a factory around little teams where every team was responsible for a full vehicle. The required redundancy of technical resources, tools and highly-specialized people made the experiment fail once other manufacturers started to work with highly-automated factories beating Volvo in price and, perhaps, even in quality. Unions, politicians and Governments can fight against this but their eventual success only could drive to move production facilities to other places. The argument about job losses could be true but useless.
The second myth is about the alleged increased quality of jobs in automated environments. If we go back to the Taylor time, we will find a model damned forever by unionists and motivation specialists. However, it is easy to forget that Taylor had people unable to read manufacturing a full car. That was made through strict procedures where innovation or initiative from workers was not considered even desirable. In the first development phases, automation was understood as a procedures freezer. However, when technology improved, it started to develop its own way instead of imitating human-performed procedures.
That was a no-return point: High-quality jobs started to move from production to places related with design and manufacturing of technology. Automated systems, once start to work their own way instead of imitating the human one, make obsolete the knowledge about how things worked before automation. People are given an operational model about how things happen and IT people call this model “transparent”. Supposedly, operators should not have to be concerned about complex programmes inside the system if the interface is easy and familiar even when its design is closed to analysis by the users. As an example of “transparency”, any Windows user deals with documents, binders, desktops and so on. However, when the system behaves in a bizarre way, we suddenly discover that these are nice metaphors of the real work and of course, they do not exist.
The knowledge about former models becomes useless, no matter how deep it could be and the real knowledge of the system is owned by its designers making the users fully dependent of them. Quality of jobs gets then splitted: At the operating end (where more jobs are), the required knowledge decreases. At the same time, required knowledge increases in the place where less jobs are available (design and manufacturing of automated systems). That is why the second myth about quality of jobs is precisely that: A myth.
Once we arrive to this point, some questions arise:
- Is possible to change this situation?
- If so, should it be convenient this change?
- If the answer is positive, should it be an universal “yes” or should it depend on specific situations?
- If so, which are the situations advising the change?
The car market provides a good example: Any new car has inside a lot of electronics not only to make the car work but to diagnose mechanical problems. Systems like the “BMW augmented reality”, where glasses provided with data screens show to the mechanic how to perform specific works step-by-step are a good example. Therefore, the ability of the mechanic to diagnose and fix mechanical problems has been downplayed. Furthermore, the knowledge of mechanics should be changed into knowledge of electronics, a field fully apart from any previous knowledge and where the mechanic should have to start from scratch.
This is hard, if possible, to change. Furthermore, it is easier for designers to hide their designs under programme lines than under physical shapes easy to observe and analyze. Designers use this advantage to hide key features to the users preventing the possibility of being copied. The change is difficult but the question about its convenience remains. There is a related effect, known as “automation paradox” that can be described like this:
An automated system usually requires a big investment. Once the investment is made, investors try to optimize the payback and a decreased requirement of training is an important part of the payback. However, since automated systems are internally more complex than its non-automated counterparts, a deep knowledge of an automated system should require more training than the non-automated one. This paradox is solved the easy way: Operators are not trained about how the system works internally but about a system of metaphores or, in other terms, the kind of computer literacy that a common Windows user has.
The observation of many call-centers where operators seem more automated than the system itself, reading in their screens messages that do not understand, could provide an example that can be found too in a hypermarket, with people passing bar codes and credit cards as their main activity. It has become business-as-usual and the client has accepted this as an unavoidable feature of the relation with big companies since this is common practice everywhere. The practice is then reinforced and big corporations accept low-qualified people at the front end as a sensible way to work.
This brings us to the fourth question: If consequences of an event are high, a highly-automated model unable to manage unforeseen situations is not acceptable. However, we should start by asking if designing a system able to answer to every single event is feasible. The answer is negative, at least, for complex activities: Automated systems handle more and more events but, to do so, they increase their own internal complexity and, hence, new events arise coming from unexpected interactions inside the system. It works like a hydraulic press: When the volume of the pressed material decreases, the resulting product is more and more massive: We decrease the number of unforeseen events but the remaining ones are harder to manage.
Another effect of increasing complexity is how to asses the risk level. In very controlled fields as aviation, we can find events where functionally unrelated systems interact due to proximity. Since they were unrelated, these interactions were unforeseen. The list could be very long: Electric sparks near to a fuel tank, loss of hydraulic power due to engine explosions, fire onboard due to rubber from a wheel breaking a fuel tank in a plane with after-burner…
If we cannot create an automatic system able to handle 100% of contingencies and these can be important, the system requires intelligence inside and that means human contribution[1]. However, allowing human contribution requires some conditions:
The first problem is being in the “loop-of-control”. The sequence of events gives the operator clues to solve a problem through the analysis of that sequence. In automated systems, it is frequent getting the first notice once the event is fully developed and, therefore, missing basic clues to know what happened.
Another problem is related with workload. The operator can pass from a very low workload to a very high one and viceversa, being always out of the right level, the one where human performance can reach its optimum.
Last but not least, some automated systems prevent the operators to perform the required action. There are many examples. One is the problem of the Australian company Quantas with a highly-automated plane: After a problem with a sensor, pilots were flying the plane manually but, even though, computers keep running. The faulty sensor was feeding the computer with information defining the situation as one requiring immediate action . Therefore, the computer, acting on wrong information, took the control from the pilots causing a serious event.
In high-risk activities, a common practice is having an alternative system free of automation. That is, standard interfaces are made of computer screens but it remains a set of “basic instruments” that, under degraded situations, could provide enough information to handle the system. The most interesting part, however, is not outside the system but inside: Redundancy does not work in software. If we had 50 identical systems with identical software and performing the same task at the same time, any bug could make the 50 systems fail at the same time. Since designers know that, they take a cautionary step: Three systems with identical interface and behavior but different internal logic. If we have three computers running Windows, MacOs and Linux performing the same task at the same time, the probability of a multiple fail is extremely low. This design, aimed to provide a redundancy that works, has a side consequence: The operator has, as best, a “Windows user” knowledge of the system.
Jens Rasmussen established a rule for critical systems: “The operator has to be able to run cognitively the system”. At this moment, we can say that this rule is not met. Furthermore, since operators are provided with user knowledge, the operator, under unforeseen events, could not know what and why happened. That is the present situation of automation. If applied to non-critical systems, the lack of an answer is a part of a general landscape. No one seems to be especially concerned by this split in the knowledge level between designers and users and the resulting situation mirrors the model of Taylor. If applied to high-risk activities, the shortcomings are the same but, in this case, a new relation between human and automated system should be required.
When someone ignores the logic model of the human operator and, instead, introduces a new one coming from IT, the objective is efficiency improvement. However, important costs appear related to the degraded knowledge of operator and, hence, the loss of ability to solve unforeseen problems. However, bringing back the Rasmussen rule should not be very difficult. An example can show how:
For many years, HP has been manufacturing calculators using the RPN[2] model, more efficient in terms of required keystrokes than the arithmetic one. However, even HP finished manufacturing calculators with arithmetic notation since it is more intuitive for people. Arithmethic notation can be less efficient but it fits with the mental model of the user and that is why many users prefer a notation that keeps their own logic…and that is why this (watch minute 7:20) is false: http://www.youtube.com/watch?v=xbecC_ApNY0. Actually, we know how a calculator works at a functional level. That cannot be told of many of the systems that we use.
Peter Drucker, in his autobiography, speaks about a situation when, working for a Bank, had an idea supposedly brilliant and proposed it to his boss. He was told to explain his idea to the most moron employee and, when Drucker complained, the answer was that the ability of the moron employee to understand was the limit to complexity of any idea to be sold to clients. This could be a good principle about automation. The limit to optimize through automation should be the ability of the operator to understand the internal logic of the system. Furthermore, it must be an enforced principle in critical systems. Meanwhile, we will keep running automated systems that have rediscovered Taylor and unfitted to use the human potential.
I will like to end with a comment: It is said that 80% of accidents have an human origin and, for many designers, a downgrade or plain dissapearance of the human role should be a good investment. However, keeping out the human should not reduce accidents by a full 80%. Actually, the complement of 80% is not the remaining 20% but the much higher number of non-accidents produced by human, often trivial, interventions. If this idea is clear, it can help to go back to the right path.
[1] This should be a long discussion but out-of-focus.
[2] Reverse Polish Notation.

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