Categoría: Ciencia y tecnología
Eeebuntu Linux: Gracias
Hace algún tiempo publiqué esta entrada:
https://factorhumano.wordpress.com/2008/12/13/¿para-que-sirve-un-netbook/ que respondía a la desesperación de alguien que, tras comprar un netbook, ve que sirve de poco gracias a una configuración absurda. No he podido ampliar la memoria ni conseguir que, teniendo dos unidades SSD absurdamente divididas, la unidad de instalación por defecto fuera la más grande. Todo inútil.
Las cosas han cambiado gracias a Eeebuntu www.eeebuntu.org , distribución Linux que se adapta espléndidamente al netbook que, de repente, se ha convertido en un ordenador rápido. No es la primera vez que Linux me revitaliza un ordenador desahuciado pero, en este caso, ha sido espectacular el resultado y la perfecta adaptación de esta distribución Linux al netbook de Asus.
En espera del muy anunciado Chrome OS,
https://factorhumano.wordpress.com/2010/04/09/¿que-fue-del-chrome-os/ Linux continúa siendo una alternativa sólida y que necesita muchos menos recursos de máquina que Windows. Eeebuntu, además de ser capaz de hacer que funcione un ordenador con unos recursos mínimos mucho mejor que con Windows XP, tiene un manejo totalmente intuitivo y añade todas las aplicaciones normales para un usuario normal de un netbook. Se podría decir que no necesita nada más de lo que ya lleva Eeebuntu.
Existen versiones posteriores pero hay que probarlas: Eeebuntu tiene una versión beta de su edición 4.0 que, al parecer, ya no está pensada para los EeePc sino que su uso es más amplio y Ubuntu tiene una edición específica para netbook. Bienvenidas sean; la versión 3.0 de Eeebuntu a la que se refiere este post, diseñada pensando en EeePc, funciona de maravilla y convierte en útil lo que, si utilizamos su diseño original, no deja de ser un juguetito de escasa utilidad y con muchos problemas de funcionamiento.
ACTUALIZACIÓN A JUNIO DE 2010: Eeebuntu cambia y pasa a llamarse Aurora (www.auroraos.org) y, en lugar de apoyarse en Ubuntu, pasa a hacerlo en Debian y a dejar de estar centrado en la serie EEEPc de Asus. Lo que a continuación escribo es una experiencia particular y como tal ha de tomarse. Cuando instalé en mi EeePc el Eeebuntu Linux la experiencia fue magnífica; al cabo de muy poco tiempo el sistema me ofreció la posibilidad de actualizar y, al hacerlo, me instaló la última versión disponible de Ubuntu sin que haya tenido el menor problema. No sólo eso; al instalar Eeebuntu lo hice sobre la unidad SSD de mayor tamaño con lo que eliminé la carencia de espacio crónica que tenía con un Windows configurado para instalarse sobre la SSD de menor tamaño.
La actualización no ha supuesto ningún problema y el EeePc funciona perfectamente con la versión 10 de Ubuntu sin necesidad de recurrir a la versión «rebajada» para netbook pero…ha dejado algunas configuraciones previas del Eeebuntu. Esto tiene especial importancia porque cuando traté de instalar directamente Ubuntu -lo hice con la versión 9- no funcionó. Conclusión: La receta que me ha funcionado ha sido instalar Eeebuntu 3.0 y aceptar la actualización a la última versión de Ubuntu en lugar de montar ésta directamente. De esta forma quedan ahí las herramientas específicas para la serie EeePc.
No sé como funcionará la sucesora de www.eeebuntu.org pero la experiencia invitaría a darle un voto de confianza a www.auroraos.org sabiendo que ya no está centrado en los EeePc y que, por tanto, puede carecer de herramientas específicas y ser un buen competidor para la versión específica de Ubuntu. Nuevamente yendo al terreno de la experiencia particular, una instalación limpia de la última versión de Debian -distribución en la que se basará el nuevo Aurora- me ha fallado aunque, al mismo tiempo, he podido ver que las herramientas de Debian para el particionado del disco son mucho más transparentes que las de Ubuntu. Tanto es así que después de encontrarme que cada distribución de Linux se montaba en el espacio residual dejado por otras, acabé utilizando Debian para dejar como espacio libre todo el área que pensaba utilizar para la instalación y sobre ese área instalé Ubuntu 10 sin problemas en un ordenador antiguo y como instalación limpia.
¿Qué fue del Chrome OS?
Los infelices usuarios de netbook, a los que nos ha tocado sufrir la extraña imposición de Microsoft sobre la limitación de memoria y las chapuzas de diseño de algunos fabricantes, como Asus y su modelo dotado de SSD dividido en dos unidades, seguimos esperando un sistema operativo que se suponía que estaría disponible para noviembre del año pasado.
¿Qué ha ocurrido?
Cierto que Linux sigue siendo capaz de resucitar ordenadores que se habían dado por perdidos pero, por mucho que muchos de sus entusiasmados usuarios traten de convencernos de lo contrario, sigue siendo un terreno vedado al usuario medio y las supuestas facilidades de instalación a menudo no lo son tanto. Windows, aparte de otros problemas, continúa siendo un pozo sin fondo de consumo de recursos informáticos y sus sucesivas versiones pueden convertir el ordenador más rápido del universo en lento en cuestión de pocos meses y de Apple ¿qué decir? Si los chicos de la manzana tuvieran la posición de predominio de mercado de Microsoft, acabaríamos sacando a Bill Gates en procesión y rogando por su vuelta. Apple se entiende con Apple y punto.
Un estudio sobre el futuro del malware en Internet avisaba de que su siguiente objetivo iban a ser las redes sociales y el Chrome OS. Pues bien, el Chrome OS ha conseguido el record de ser vehículo de malware antes de aparecer. ¿Sorprendente? No tanto. Pueden encontrarse supuestas betas en distintos lugares de Internet y, si no todas, buena parte de ellas llevan un kit completo de virus, troyanos, rootkits y toda la porquería que nos podamos imaginar.
¿A qué están esperando en Google?
E-books: Kindle DX; el futuro que no acaba de llegar
Probablemente el mejor E-book del momento, al menos hasta que Asus ponga a la venta el presentado en el Cebit, pero MUY MEJORABLE.
Lo mejor: El formato. Una pantalla de 10.5 deja pequeños a todos los modelos que ahora mismo se venden en el mercado con la excepción del I-Pad que no es un E-book sino un invento del marketing de Apple. El resto es mucho más cuestionable y deja demasiado en evidencia que el Kindle es, ante todo, un artilugio de Amazon con el objetivo de vender más libros.
Vamos por apartados:
- Formatos admitidos: Amazon dice que su nuevo modelo admite ficheros PDF y es una verdad a medias que, cuando llevamos a efectos prácticos, es casi una mentira abierta. Si alguien hace el intento de conectar el Kindle DX al ordenador como si fuera un disco externo y, por el procedimiento de cortar y pegar, trata de llevarse su biblioteca de PDFs al dispositivo se encontrará con una sorpresa: El Kindle NO lee los PDFs porque, según dice el mensaje, el documento lleva algunas particularidades que lo hacen ilegible, particularidades que al parecer tienen todos los PDFs que están en el ordenador. Es posible, buscando por Internet encontrar programas que transforman un PDF normal al tipo de PDF que admite el Kindle y entonces nos encontraremos con el problema del tamaño de letra. Conclusión: Acaba siendo mucho más práctico buscar otro programa que transforme los PDFs al formato nativo del Kindle porque la transformación no nos la evita nadie. O sea, LA COMODIDAD DEL CORTAR Y PEGAR PDFs DEL ORDENADOR AL KINDLE NO EXISTE.
- Conectividad: La otra asignatura pendiente de muchos E-books. En la publicidad del Kindle DX astutamente nos venden que no tenemos que buscar wireless. Traducido al lenguaje no publicitario, ese mensaje significa que EL DISPOSITIVO NO PUEDE ACCEDER A REDES WIRELESS sino que su forma de conectividad, aparte de la conexión USB al ordenador que acaba siendo lo más práctico, es un sistema por el cual ÚNICAMENTE ES POSIBLE COMUNICAR CON AMAZON bien para compra de libros o bien para descargarse copias de respaldo o nuevo material. Con cada Kindle, Amazon abre una cuenta de correo electrónico a la que sólo se pueden enviar mensajes desde cuentas previamente autorizadas. Si ese mensaje lleva un fichero, éste es transformado en el formato del Kindle y remitido al dispositivo por la conexión 3G privada establecida entre Amazon y el dispositivo y, además, este sistema de conversión puede generar costes tanto por la transmisión del mensaje como por el peso del fichero. Esa falta de conectividad implica que el Kindle no puede ser utilizado para la lectura en Internet de textos si la suscripción no se ha realizado previamente en Amazon. Por ejemplo, hay bibliotecas universitarias que permiten leer prensa, journals o incluso libros enteros pero no permiten descargarlos. Todo este material no es accesible desde el Kindle.
- Estructura de directorios: Inexistente. ¿Para qué sirven 4 Gbs. de espacio si no podemos ordenar los contenidos? Los que, sea por motivos de trabajo o de ocio, acumulamos mucho material para leer en el ordenador, solemos tener ese material en una estructura de carpetas y no «a mogollón», de forma que no sea necesario hacer una búsqueda textual (imposible si el formato es PDF) sino que vamos al lugar donde sabemos que hemos colocado el documento por razón de su contenido. En el Kindle no queda más que navegar por la lista de títulos.
Asus había presentado un E-book que, al parecer, respondía por completo a lo que en otro post establecía como requerimientos del perfecto E-book, es decir, tamaño de pantalla decente, admisión de múltiples formatos, capacidad y conectividad. Sólo falta por ver el precio. La baza del tamaño es lo que hace más atractivo al Kindle DX pero el resto, como puede concluirse de la descripción, se mueve en un terreno pantanoso entre la carencia y el engaño flagrante.
NOTA: Comparativa de E-Readers: http://www.pc-actual.com/Laboratorio/Especiales/El-placer-de-la-lectura-digital-8-ebook-reader-a-examen-59274
Infarto cerebral en la cabina del avión (Air France 447)
Hoy mismo leía un interesante artículo con el título de este post acerca del misterio del accidente de Air France en mitad del Atlántico:http://xlsemanal.finanzas.com/web/articulo.php?id=53778&id_edicion=5027
Me llama la atención, sin embargo, por qué tanto énfasis en un problema que debería ser mucho menor importante de lo que ha mostrado ser…y si no es así, es que hablamos de un fallo de mucho más calado que, como el propio artículo señala, puede afectar si no a todos a gran parte de los aviones comerciales actualmente utilizados.
Que un sensor funcione mal puede ocurrir y, al parecer, en este caso ha ocurrido. Que ese sensor dispare una respuesta automática basada en datos erróneos empieza a ser más grave y, al parecer, eso también ha ocurrido en este caso. Que esa respuesta automática coloque al avión en una situación sin recuperación posible es muchísimo más grave y todo va apuntando a que eso también ha ocurrido en este caso.
El «infarto cerebral» a que se refiere el artículo no es otra cosa que un ordenador que se hace un lío cuando comienza a trabajar con datos erróneos. Sin embargo, ese «infarto cerebral» no tiene por qué colocar al avión en una situación irrecuperable y, si ocurre así, habría que empezar a pensar más en el diseño básico del avión que en sensores, ordenadores o software.
No es cierto, como afirma el artículo, que todos los aviones actuales compartan el fallo en el diseño básico pero es cierto que muchos, llevados por la maldita guerra por la eficiencia, lo comparten y eso hoy, una vez que ha ocurrido eso que supuestamente jamás iba a ocurrir, podemos decir que es un fallo muy grave. Ahora se lanza una nueva operación de búsqueda de las «cajas negras» pero, aunque parece prevalecer la ley de la omertá, lo cierto es que todo el mundo tiene algo muy parecido a la certeza sobre qué y por qué ocurrió; la deep stall de que habla el artículo.
Los sensores pudieron ser un agente iniciador pero, si son algo más, es porque ese agente iniciador actuó sobre un fallo mucho más profundo y que responde a una filosofía de fabricación y de operación donde, en una guerra abierta por la eficiencia, se han subestimado otras variables y todos se han convencido de que algo así nunca iba a pasar…hasta que pasa.
Mi perfecto e-book reader: Ni los actuales ni el Ipad
No es infrecuente cuando se tocan desarrollos que tienen que ver con la electrónica y la informática que las realidades vayan más rápidas que la imaginación. Por tanto, este comentario no tiene otro valor que el de un experimento. Me limito a reflejar cómo sería para mí un lector de libros electrónicos perfecto y, una vez hecho eso, todo consiste en esperar a ver cuánto tiempo tarda la industria en tener disponible algo parecido:
Lo primero que necesita es funcionar con tinta electrónica. Decir que el Ipad puede servir de libro electrónico es lo mismo que decir que un portátil puede utilizarse con esa función. Las pantallas son mucho más agotadoras para la vista que la tinta electrónica y no se aguantan sesiones de lectura largas.
Segundo: Un tamaño adecuado, acompañados de un grosor y un peso pequeños y una amplia autonomía. Una pantalla de 6 pulgadas como las que ahora se están vendiendo significa tener que estar jugando con el scroll todo el tiempo y, en consecuencia, el mínimo razonable debería ser justamente el doble, entre 12 y 14 pulgadas.
Tercero: Conectividad con posibilidad de leer material que está en la red a través de conexiones inalámbricas e incluir la posibilidad de conexión de alta velocidad (3,5G) de telefonía móvil.
Cuarto: Compatibilidad con los formatos más populares como PDF.
Quinto: Capacidad de almacenamiento suficiente para poder llevar consigo toda una biblioteca y capacidad de intercambio fácil con ordenadores domésticos.
Sexto: El precio no debería ser superior a los 200 euros aunque, si alguien sacase un producto como éste, podría ponerlo en este momento en un precio bastante más alto, pongamos el doble.
Hoy por hoy, todo esto es una carta a los Reyes Magos puesto que nos están vendiendo por 300 euros aparatos con pantallas de 6 pulgadas, con formatos propietarios y con grosores en algunos casos muy considerables. El Ipad ha perdido una oportunidad de oro para ser ese lector de libros electrónicos útil de verdad que muchos estamos esperando; en lugar de eso, se ha convertido en un portátil de quiero-y-no-puedo aunque, eso sí, con mucho marketing y mucho diseño.
IPv6: Otra maravilla de la informática «user friendly»
Ayer traté de instalar en el ordenador que utilizo habitualmente la versión 11.2 de OpenSuse. Aparentemente todo fue normal hasta que, al intentar arrancar desde el disco duro, me salió un letrero diciendo que no había sistema operativo.
Como no hay mal que por bien no venga y el ordenador está preparado para un sistema operativo de 64 bits, decidí instalar no el Windows que se había cargado la instalación de Linux sino el Vista de 64 bits. Por lo menos me reconocería el total de memoria y algo ganaríamos. Además, el XP empezaba a ir lento a pesar de que la máquina, para los estándares actuales, no lo es.
La primera sorpresa fue que, al particionar en automático, la versión 11.2 de OpenSuse era mucho más ambiciosa y no tomaba lo necesario preguntando por el resto sino que, directamente, se asignaba la mitad del disco duro. Los que utilizamos el ordenador para trabajar raramente nos podemos permitir ese lujo dado el todavía escaso número de programas muy habituales que trabajan bajo Linux.
El Partition Magic no me sirvió de gran cosa porque no funciona con Windows Vista de modo que tuve que volver a utilizar el propio programa de instalación del Linux para reparticionar aunque, a la vista de los resultados, no tuviera ya la menor intención de volver a instalar Linux.
A partir de ahí, se supone que no debería tener demasiados problemas puesto que siempre he tomado la precaución de tener los datos en un disco externo que, por tanto, no se veía afectado por toda esta historia. Pues bien, el primer problema surge con la red inalámbrica y la necesidad, no explicada en ninguna parte, de introducir la clave de acceso utilizando su equivalencia hexadecimal. Como esto me había pasado hace muy poco al poner en marcha un disco duro externo conectado a la tele, no me sorprendió demasiado.
Lo que sí me sorprendió más es que, después de realizar una serie de actualizaciones, Internet dejó de funcionar. Me mostraba una etiqueta de «conectividad limitada» e incluso cuando pinché al ordenador un cable de red me ocurría lo mismo. La «ayuda» de Microsoft se limitaba a repetir lo mismo que estaba viendo en los menús incluyendo algún hipervínculo a zonas del panel de control que podía haber descubierto por mí mismo. Todo un homenaje a la inutilidad.
Naturalmente, para la «ayuda» todo tenía la culpa menos el puñetero Vista dando recomendaciones como desenchufar y volver a enchufar el cable-modem a pesar de que otro ordenador estaba accediendo normalmente a Internet a través de él. Finalmente utilicé ese ordenador «vivo» para buscar información sobre qué ocurría. Me encontré con que no era el único y que había mucha gente que estaba harta del Windows Vista, de las IPv6 y de todos los inventos semejantes y no explicados. Recomendación recibida en un foro: Desactiva las IPv6. Como tenía poco que perder lo hice y ¡oh, sorpresa! el ordenador se conectó normalmente a Internet.
Ahora que sigan hablando de informática «user friendly». A lo mejor el problema no es la informática sino los informáticos como decía Rousseau de la relación entre la medicina y los médicos. En una frase para enmarcar en Emilio Rousseau decía «Se me dirá que la medicina es un arte y que los fallos son del médico. Sea enhorabuena; venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte». Sustitúyase la medicina por la informática y puede que estemos en una situación parecida pero, sea por culpa de la informática o de los informáticos, lo cierto es que el uso de un ordenador casero es todavía suficientemente enrevesado como para hacer que muchos usuarios medios decidan declararse incompetentes. ¿»User-friendly»? Sí, «as far as the user is an expert». Eso es lo que hay.
La muerte de Michael Jackson y el punto débil de Google
El error de Google Probablemente ya todos nos hemos acostumbrados a la publicidad contextual de Google.
Por curiosidad, tras oir la noticia de la muerte de Michael Jackson, he buscado en Libertad Digital más información y me he encontrado la página que adjunto en la que pido especial atención a los recuadros en rojo y a la dificultad de compatibilizarlos. Anunciar la muerte como noticia y, al mismo tiempo, anunciar una actuación resulta difícil aunque, tras «Thriller», nunca se sabe.
Mis disculpas a Libertad Digital por colocar la captura de pantalla además del vínculo http://www.libertaddigital.com/el-candelabro/michael-jackson-ingresado-de-urgencia-por-un-paro-cardiaco-1276363282/ Muerte de Michael Jackson pero imagino que durará poco en su configuración actual.
La naturaleza de la inteligencia: Turing contra Turing
Uno de los primeros autores que comenzó a plantearse con seriedad la naturaleza de la inteligencia fue Alan Turing. Cierto que, como muchos otros, la definió en términos puramente operativos y, aunque sin llegar al estúpido «inteligencia es lo que miden los test», puso la carga de la prueba en el observador. Si un observador externo concluía que su interlocutor era humano y no una máquina, el engaño a tal interlocutor constituiría la prueba de que la máquina era, a efectos prácticos, inteligente.
John Searle le replicaría con su ejemplo de la habitación china donde, gracias a un sistema de códigos, un chinoparlante y otra persona que utiliza el sistema de códigos pueden conversar en chino. Al final de la conversación, el chinoparlante puede quedar convencido por la coherencia de las respuestas de que su interlocutor también domina el chino y, sin embargo, no es así. Searle rompería de esta forma la prueba de Turing.
Sin embargo, uno de los elementos más interesantes de la figura de Turing es que el primero en romper su concepto de la inteligencia fue él mismo al realizar un trabajo que no tenía nada que ver con estas disquisiciones pero que, en sí mismo, mostraba cuál es la naturaleza de la inteligencia:
Durante la II Guerra Mundial, Alan Turing estuvo involucrado en el que fue probablemente el más brillante trabajo de espionaje realizado por los británicos en sus instalaciones de Bletchley Park. El trabajo consistió en romper el sistema de codificación de las transmisiones realizadas por los submarinos alemanes; los submarinos llevaban a bordo una especie de máquina de escribir llamada Enigma y que, mediante el procedimiento de colocar en distintas posiciones una serie de ruedas, convertían un mensaje comprensible en algo totalmente incomprensible y donde descifrarlo podría suponer navegar a través de miles de millones de posibles combinaciones. La misma máquina era utilizada para descodificar el mensaje recibido colocando las ruedas en igual secuencia que el emisor.
Posiblemente hoy fuera una tarea fácil gracias al avance de la tecnología de la información; es incluso fácil conseguir programas que en un tiempo bastante corto consiguen averiguar la clave de una red inalámbrica a pesar de que ésta, en los casos más fáciles, lleva quince posiciones alfanuméricas. En aquella época no se disponía de ese recurso pero, a cambio, se disponía de la inteligencia.
Lo primero que se preguntaron los investigadores es cómo era el proceso de construcción de un mensaje y fue la primera y, aparentemente, más elemental de las respuestas la que les conduciría a descifrar el sistema de codificación alemán. Parecía bastante previsible que si muchas personas estaban utilizando un sistema, el sistema podía ser complejo pero su base debería ser suficientemente simple para tal utilización. La base podía ser, sencillamente, la preparación de un mensaje escrito en alemán.
A partir de aquí vino el resto. El análisis de la estructura del idioma, el conocimiento de la frecuencia de los distintos tipos de letra y otros elementos harían que los teóricos miles de millones de posibilidades quedasen reducidas a unas 8.000 posibilidades reales, cifra suficiente para ser manejada por uno de los primerísimos ordenadores de la época para descodificar un mensaje en unas pocas horas.
El concepto de Turing de inteligencia ha sido manejado por otros después de él, en unos casos para reafirmarse en él y en otros casos para contradecirlo. Entre los primeros, destaca Rodney Brooks, del área de Inteligencia Artificial del M.I.T., quien afirma que en un experimento como el propuesto por Searle es posible que la persona no comprenda el chino pero el sistema sí lo comprende -confundiendo como si fueran sinónimos los conceptos de operar y comprender- mientras que el mucho más certero Jeff Hawkins sitúa como elemento distintivo de la inteligencia la capacidad para anticipar qué es lo que viene a continuación.
Modestamente, me voy a permitir discrepar con ambos. Considerar, como Brooks, que «el sistema comprende el chino» implica no tener la más remota idea de qué significa comprender o, lo que es peor, no interesarle en absoluto. Su planteamiento es sencillo: Hablar chino es considerado como un «problema». Si se puede dar una «solución», el sistema funciona y, por tanto, comprende.
Hawkins rechaza la idea de resolución de problemas como indicativo de inteligencia y, en lugar de esto, la sitúa en la capacidad de anticipación y probablemente va mucho más enfocado pero ¿qué hay debajo de la capacidad de anticipación?
Decir que la capacidad de anticipación se sustenta sobre la conciencia situacional, es decir, sobre un conocimiento del contexto suficientemente rico y variado como para introducir más variables y con más relaciones entre ellas puede ser cierto pero nos sitúa la pregunta un paso más allá.
Los elementos comunes de la conciencia situacional son susceptibles de ser programados y, una vez que se ha hecho esto, pueden ser operados en forma rutinaria sin necesidad de intervención de la inteligencia pero ¿de dónde vienen los elementos no comunes o la emergencia de relaciones no comunes entre elementos que pueden ser habituales?
No es necesario llegar al trabajo de Turing; a título de anécdota, hace pocos días recibí un mensaje que incluía un documento protegido y, al utilizar la clave para abrirlo, encontré que no funcionaba. Podía haber sido un dedo que hubiera tocado la tecla inadecuada pero no es fácil porque el programa pide confirmación de la clave. Lo más probable era que el autor hubiera dejado pulsada la tecla de mayúsculas. Intenté abrir el documento con las mayúsculas pulsadas y el documento se abrió. Es simple pero probablemente fuera del alcance de un ordenador si previamente no se le ha programado ese posible error; por otro lado, el ordenador podría encontrar la clave recurriendo a la fuerza bruta, es decir, a probar claves pero esto, aún resolviendo el problema, sería más una prueba de la ausencia de inteligencia que de su presencia aunque esto último estuviera sujeto a discusión.
Turing mostró en su trabajo con Enigma una elevada conciencia situacional pero esa conciencia situacional se sustenta sobre una capacidad de reconstruir un proceso desde su inicio y es ese proceso de reconstrucción el que va dando lugar a nuevas variables o a nuevas relaciones entre las ya existentes.
La aparente simpleza de que, probablemente, los encargados de las comunicaciones en los submarinos escribían en alemán y lo que se pudo hacer después con eso resultó tan demoledora que los americanos decidieron basar sus comunicaciones codificadas en el idioma navajo en lugar de hacerlo, como habría parecido más normal, en el inglés.
El descubrimiento del contenido de los mensajes enviados con Enigma no es una mera resolución de un problema, salvo que demos a este concepto una amplitud tan general que llegaría a ser completamente inútil porque todo acabaría siendo la resolución de un problema. Es, en lugar de esto, la reconstrucción de un proceso para el cuál sólo se dispone de unos pocos datos y hay que reconstruir el resto.
La parte final de la descodificación de un mensaje, la reducción de las 8.000 posibilidades a una, sí puede considerarse un proceso de resolución de un problema ya que todos los parámetros están presentes y se trata de operar con ellos bajo unas reglas previamente definidas -por eso no es inteligencia- mientras que la reducción de miles de millones a 8.000 donde antes de aplicar las reglas hay que construirlas sí es una prueba de inteligencia.
Turing planteó su concepto de la inteligencia como una forma de mostrar que las máquinas pueden ser inteligentes. La prueba no era adecuada, como demostró Searle, pero si damos a la inteligencia un nivel mucho más alto, en la línea propuesta por Hawkins o en la propuesta aquí mismo ¿puede una máquina ser inteligente?
Rodney Brooks aplicó la misma finura intelectual a este problema que a la distinción entre comprender y operar. Según Brooks, ha habido una serie de personas que siempre han dibujado una raya en el suelo y han dicho «Hasta aquí» indicando que ése era el punto que una máquina capaz sería de superar y que este punto ha sido superado una y otra vez. Brooks tiene razón en esto pero cae en el mismo error que critica: ¿Significa el hecho que señala que no exista tal raya en algún sitio? El «si hemos vencido antes, venceremos siempre» no deja de ser un razonamiento bastante pobre.
El enriquecimiento del contexto implica la exposición a situaciones que van abriendo posibilidades y van ampliando la conciencia situacional. Una máquina podría ser expuesta a situaciones y llegar a comportarse en forma inteligente.
Una objeción aparentemente sólida consiste en que la máquina debería seguir un ciclo vital parecido al de una persona y se necesitarían muchos años para conseguir que se produjese un comportamiento mínimamente inteligente pero esto no es cierto.
Salgamos por un momento del tema: ¿Por qué los especialistas en genética no trabajan con personas en sus investigaciones? Sencillo; porque cuando pudieran ver resultados ya estarían muertos porque su ciclo vital y el de su objeto de investigación son idénticos. Por esto trabajan con moscas y otros animales o plantas que producen nuevas generaciones en el plazo de unos pocos días y pueden observar a lo largo de su trabajo multitud de generaciones distintas.
Volvamos ahora al asunto: Si suponemos que el mecanismo de adquisición de experiencia para una máquina es igual que el nuestro, su ciclo vital será también igual pero la capacidad de una máquina para recibir información es mucho más rápida que la nuestra. ¿Qué ocurriría si uno de nosotros tuviera cien millones de ojos y de oidos situados en puntos muy distantes y adquiriendo información sobre cosas muy distintas? Enloqueceríamos porque no tenemos tal capacidad de atención múltiple pero ése no es un problema para la máquina.
Evidentemente, las cosas no son tan fáciles y llevarlas al terreno práctico puede ser muy complicado pero la posibilidad de una máquina inteligente no es algo que podamos cerrar de antemano. Brooks está acertado en esto aunque sea por razones muy distintas a las que expone.
La prueba de Turing abrió una senda errónea que, al margen de las demostraciones de otros, quedó en evidencia como tal a través del trabajo del propio Turing en otros terrenos. Si algún día se quiere construir una máquina inteligente, habrá que tener una idea clara de qué es la inteligencia y, a partir de ahí, trabajar en la dirección correcta.
Luces y sombras en los avances de la tecnología de la información
Hace solo unas horas, alguien me pedía referencias en un tema que he trabajado bastante, lo que podríamos llamar ergonomía cognitiva, es decir, el hecho de que la lógica de funcionamiento de muchos de los dispositivos que manejamos nos es completamente desconocida y qué consecuencias tiene ese desconocimiento.
En concreto, se trataba de alguien que había comprobado que en una organización con una logística muy compleja, si fallaba el ordenador, no sabían en qué o cómo había fallado porque no podían reproducir a mano el proceso realizado por tal ordenador.
La situación me resultó familiar porque, en una visita al Instituto Nacional de Meteorología (ahora Agencia Estatal de Meteorología, para no herir las delicadas sensibilidades de los nacionalistas) me enteré de que los meteorólogos no pueden cuestionar los resultados que les presenta un ordenador sino que, si ven algo que les parece absurdo, tienen que rechazar todo el modelo o, de lo contrario, aceptarlo por completo. No caben matizaciones o rechazos parciales.
Lo que hay debajo no es una crítica a la formación del meteorólogo. Simplemente, a medida que se han ido multiplicando los puntos de observación, se ha acabado obteniendo una masa ingente de datos a procesar y, en el supuesto de que el meteorólogo conozca perfectamente los modelos utilizados para tal procesamiento, es incapaz de reproducir los resultados porque no tiene posibilidad de procesar toda esa información. Además, los límites de tiempo derivados de su propia actividad hacen que tardar varios días en obtener un resultado convierta a éste en irrelevante. Curiosamente, aunque esto puede ser más un tema de organización, tampoco había una comprobación formalmente organizada y con registros históricos del nivel de acierto del sistema y de cuáles eran las situaciones en que más podía fallar.
Este fenómeno se nos da cada vez en más escenarios, sea previsión meteorológica, gestión empresarial, diseño de coches o aviones…el usuario no tiene posibilidad de contrastar los resultados sino de aceptarlos o rechazarlos ciegamente.
Cada vez que un ordenador personal empieza a comportarse de una forma extraña ¿intentamos averiguar qué ocurre o simplemente reiniciamos? Cuando se avería un coche moderno en la carretera ¿quién se atreve a intentar no ya arreglarlo sino diagnosticar qué es lo que ocurre ? Este fenómeno, que puede verse como algo trivial, está muy extendido y puede llegar a representar una auténtica barrera al avance, incluido paradójicamente el tecnológico.
Los sistemas más complejos no son entendidos en su totalidad por nadie, incluyendo a sus diseñadores, sino que éstos tienen un conocimiento parcial y se nos llegan a dar situaciones tan pintorescas como que sea un sistema de información el que tenga que encargarse de que el trabajo de unos diseñadores no interfiera con el de otros (caso del diseño del Boeing 777).
Un ejemplo reciente: Una compañía aérea se plantea reducir el número de bases, lo que implica una enorme complejidad operativa a la hora de ajustar tripulaciones, aviones y horarios de vuelos. Para hacer esto, inevitablemente, tiene que entrar en un proceso de negociación laboral. En ese proceso, la compañía aporta los resultados obtenidos por el tratamiento de un sistema de información, según los cuales, reduciendo bases se consiguen unos ahorros sustanciales.
La otra parte negociadora puede entender cuál es la lógica de funcionamiento de los sistemas utilizados pero el volumen de datos que maneja hace que sea imposible reproducir los resultados o plantear escenarios alternativos. En estas situaciones, sólo queda la opción de aceptar o rechazar y, en un entorno de años de desconfianza, la opción es, como podía esperarse, rechazada.
Los sistemas de información, en el nivel de desarrollo en que ahora nos encontramos, introducen dos tipos distintos de complejidad que, a veces, se mezclan entre sí:
- Situaciones donde se conoce la lógica de funcionamiento pero la masa de datos es tan grande que su procesamiento no es reproducible por personas.
- Situaciones donde no se conoce la lógica de funcionamiento sino que solamente se conocen entradas y salidas y se opera con algo que podríamos denominar un sistema de metáforas del estilo «Papelera del Windows» que, por supuesto, no existe sino que es una metáfora dirigida al usuario del funcionamiento real.
En cualquiera de las dos situaciones, el papel de la persona como recurso alternativo y como recurso de acumulación de aprendizaje queda muy disminuido y, donde ello es factible, se limita a desconectar o rechazar la información del sistema que se supone que funciona mal y, al hacerlo así, trabaja con sistemas con una funcionalidad degradada.
Sin embargo, todo ello obedece a un modo de funcionamiento que, parafraseando la ley de Murphy y su «si algo puede ir mal, irá mal», parece haberse llegado a una situación donde «si algo puede hacerse, se hará» sin pensar en cuáles son sus consecuencias o en si existen mejores opciones.
Dos opciones que se me ocurren, en particular en sistemas críticos, son las siguientes:
- Suboptimización de la tecnología: Considerar que la máxima complejidad admisible al sistema es aquélla que sus operadores son capaces de entender, es decir, la regla de Rasmussen de que el operador ha de ser capaz de correr cognitivamente el programa que ejecuta el sistema que está operando. La aplicación de esta regla requiere un doble esfuerzo, tanto en el terreno de formación del operador como en la transparencia real de los sistemas en el sentido de que su diseño sea perfectamente visible.
- Cuando existan múltiples fuentes de datos, jerarquizar claramente estas fuentes de forma que se pueda ir a escenarios donde la resolución se va perdiendo progresivamente pero no se deja de ver el escenario completo. En el ejemplo de la previsión meteorológica, implicaría realizar múltiples hipótesis retirando progresivamente puntos de observación de acuerdo con una jerarquización de los mismos hasta llegar al punto donde sí era posible contrastar el procesamiento del ordenador y el del meteorólogo.
Si el único punto de vista que se admite es el de la eficiencia, ninguna de las dos soluciones se aceptará. No sólo implican procesamientos de información menos eficiente sino un mayor grado de formación de los operadores. La tentación contraria está clara: Sistemas de información muy eficientes y baja formación de los operadores para conseguir una mayor eficiencia…mientras todo funcione. Cuando deja de hacerlo, cada vez más la situación que asumimos se parece a la de tener un incendio y haber tirado el extintor por la ventana.
¿Para qué sirve un netbook?
Aunque han empezado a proliferar como las setas tras la lluvia, hasta hace poco no había tenido oportunidad de poner las manos encima de uno de ellos. En este momento, creo tener ya un criterio sobre para qué sirve y para qué no sirve y, por tanto, si a alguien le es de utilidad este comentario, bienvenido sea.
Empecemos por el principio: Si es una persona que se pasa mucho tiempo al cabo del día frente al ordenador e intenta que un netbook sea su único ordenador, es mejor olvidarse de la idea…pero lo mismo podría decirse y por idéntica razón de los ordenadores ultraligeros, muy potentes y muy caros pero con unos tamaños de teclado y pantalla que no están hechos para alguien que los utilice mucho tiempo al día.
Hace ya tiempo que se venden más ordenadores portátiles que de sobremesa y, aunque no lleguemos al extremo de Japón, donde se ven muy pocos ordenadores de sobremesa en las tiendas y, en su lugar, se ven los componentes para que cada uno se los monte a su gusto, parece que ésa podría ser la tendencia futura: Prácticamente desaparición de los ordenadores de sobremesa que contarían con dos tipos de sustituto:
- Portátiles de tamaño mediano o grande con pantallas y teclados que permiten su uso continuo y su transporte ocasional aunque sus tres kilos o más de peso los hagan incómodos si los desplazamientos son muy frecuentes. Por añadidura, su tamaño no los hace adecuados para su uso en sitios como aviones o trenes y la duración de sus baterías no es precisamente sobresaliente. Son, por tanto, una excelente alternativa como ordenador principal.
- Ordenadores de sobremesa a medida: Todavía caros en España porque el mercado de componentes no está dirigido al consumidor final sino a los distribuidores pero esto es algo que cambiará y el habilidoso o aquél que tenga necesidades muy específicas probablemente preferirá construirse un ordenador a su medida antes que comprar un producto con una configuración estándar.
Hay una tercera opción que, lamentablemente, tiene muy poca representación en el mercado y es el ordenador del estilo MacBook Air, es decir, un ordenador portátil con una pantalla y un teclado de tamaño razonables para un uso continuado y que consigue la reducción de peso mediante el aplanamiento en lugar de reducir el tamaño hasta el punto en que convierte ese uso continuado en incómodo.
El modelo de Apple está muy logrado y tiene un equilibrio perfecto en tamaño, prestaciones e incluso duración de batería pero tiene una pega considerable: Los chicos de Apple son más cerrados aún que los de Microsoft y pasar por ese modelo implica tirar todo el software de que se disponga al no tener posibilidades de usar ni Windows ni Linux, al menos, sin hacer previamente virtuosismos con cuestiones como máquinas virtuales y otras zarandajas que, entre otras cosas, ralentizan el funcionamiento del ordenador.
Si alguien que no sea Apple decide hacer un ordenador de ese tipo o, alternativamente, Apple decide abrir su arquitectura a otros sistemas operativos, podía ser la solución perfecta.
Visto pues para qué no sirve un netbook, veamos para qué sí sirve y qué problemas se va a encontrar el usuario:
Si se hacen desplazamientos frecuentes y no se precisa una enorme potencia de uso, situación común a muchos usuarios que utilizan sobre todo correo electrónico, Internet y ficheros de texto, hojas de cálculo o presentaciones que no tienen una excepcional complejidad, un netbook puede ser el perfecto segundo ordenador. Si a los desplazamientos frecuentes se le unen los requerimientos de una mayor potencia, probablemente la opción adecuada sea un ordenador ultraligero, de tamaño parecido al netbook pero de mucha mayor potencia…y precio.
En cuanto al precio, una primera matización: La ausencia de lector-grabador de DVD y la posible necesidad de comprarlo aparte hace que el precio sea engañoso ya que con los 100 o 150 euros más que cuesta un ordenador completo -un portátil convencional- se dispone ya de ese elemento.
Por lo demás, un netbook tiene un tamaño idóneo si se trata de trabajar mientras se viaja utilizando, por ejemplo, las mesas desplegables de trenes o aviones aunque la mayoría de ellos tienen un fallo absurdo: No disponer de un modem 3G interno. Esto hace que, si se quiere conectar a Internet, el ordenador tenga que llevar un colgajo en el USB del que se podría prescindir.
En cuanto a los discos, es absolutamente recomendable el uso del SSD, es decir, el disco que no es un disco sino una memoria flash sin partes móviles y con una rapidez de acceso mucho mayor. Tanto por rapidez como por economía de batería, menos necesidad de refrigeración y evitación de problemas por movimiento parece la opción adecuada. Hay que tener en cuenta que, con la utilización de un usuario medio, es más importante contar con rapidez en el acceso a disco que contar con procesadores ultramodernos de 25 núcleos…porque ese usuario medio va a requerir de bastantes accesos a disco y, probablemente, no necesite una potencia de procesamiento descomunal. Un netbook usa procesadores poco potentes y de muy bajo consumo y, si introducimos el disco SSD, tenemos la combinación idónea.
La opción SSD es todavía cara. Es cuestión de tiempo porque marcas como Intel o Samsung están lanzando ya SSDs con capacidades equiparables a las de un disco duro convencional pero, hoy, en algunos netbooks se están instalando SSDs de un tamaño ridículo y, lo que es peor por ser fácilmente evitable, con una configuración absurda. Pondré como ejemplo el ordenador con el que he estado cacharreando: Un Asus 901 con SSD de 20 Gbs.
La parte buena: Una pantalla excelente que, aunque pequeña, se desplaza con gran rapidez por lo que, salvo que se requiera ver imágenes que la ocupen entera y todo al mismo tiempo, va a ser suficiente.
Las partes mejorables: La ausencia de modem 3G interno y la existencia de una ranura para una tarjeta SD con la que se le pueden añadir hasta 16 Gb. más de capacidad de disco sin que la cartera se resienta demasiado. Lástima que no reconozca la tarjeta como una parte del disco.
La parte absurda: No sé si lleva una o dos unidades SSD pero, al abrir «Mi PC» en Windows aparecen dos. En una de ellas va Windows y una serie de programas y la otra va bastante desahogada. Por defecto, cualquier instalación de un programa que se haga va a la partición o unidad SSD en la que está Windows por lo que podemos encontrarnos con que, si el usuario no está muy atento, esa unidad se va sobrecargando aunque la otra esté vacía penalizando seriamente las prestaciones del aparato.
Para que tuviera una velocidad aceptable, lo primero que tuve que hacer es desinstalar programas de esa unidad para instalarlos en la que estaba más desahogada y, además, dirigir el archivo de intercambio de Windows -desactivado por defecto- a esa segunda unidad. Esas dos cosas hicieron que el ordenador recuperase una velocidad más que aceptable y sugieren una pregunta: ¿Por qué el usuario tiene que manipular un ordenador recién comprado y no viene correctamente configurado de origen? Los que somos algo aficionados a cacharrear nos damos cuenta de cosas como ésta y las corregimos pero, quien no lo sea, se puede llevar una decepción injustificada porque no obedece al ordenador sino a una configuración pensada con los pies.
Para concluir, hay una forma de que el ordenador gane rapidez, sea más barato y su configuración más sólida: Utilizar las versiones que llevan cargado Linux.
NOTA AÑADIDA: El siempre excelente newsletter de Wharton Universia (gratuito y del que no me cansaré de recomendar suscribirse) acaba de publicar un artículo sobre este mismo tema que puede consultarse en esta dirección:
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1623&language=spanish
ACTUALIZACIÓN: Ver https://factorhumano.wordpress.com/2010/05/11/eeebuntu-linux-gracias/ para descubrir cómo hacer útil un netbook.

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