Categoría: Temas sociales y políticos
Gracias, Zapatero…sin sorna ni aprecio
Posiblemente Zapatero, cuando se marche a su casa, piense que la historia lo reivindicara como el presidente de los derechos. Es muy poco probable; seguramente cualquier análisis futuro se centrará en saber cómo es posible que, a través de una serie de carambolas, alguien sin preparación ni experiencia algunas llegue a la presidencia de un país. Por añadidura, ello ocurrió sin ningún tipo de derecho dinástico y a través de mecanismos presuntamente democráticos.
Hay mucho que analizar tanto en eso como en los mecanismos por los que tanta gente negó de puertas afuera una realidad visible a todos y vendió a un insensato sectario como un visionario providencial.
Son muchos los españoles que creen que hay pocos motivos de aprecio a Zapatero y así lo han demostrado en las urnas castigando al candidato del PSOE cuya presencia en el gobierno de Zapatero inevitablemente le ha relacionado con él. Rubalcaba recibió una bofetada destinada a Zapatero y sus partidarios por acción u omisión.
A pesar de todo, queda un motivo de agradecimiento a Zapatero que, desde luego, no es el que él creería:
Su comportamiento ha puesto en evidencia a todas las instituciones imaginables, desde la Monarquía a los partidos políticos pasando por los sindicatos, el Tribunal Constitucional, la Administración de Justicia y, por supuesto, los Gobiernos tanto central como autonómicos. Ha bastado un insensato para hacer visible que la cacareada democracia española tenía los pies de barro al obligar a muchos a mostrar qué es lo que realmente llevaban dentro.
El «poder moderador» ha llegado hasta el extremo de alabar públicamente al más incompetente de los presidentes españoles desde 1977 contrastando esto con su silencio ante tantas ocasiones como ha tenido para hablar y exigir un poco de cordura. La guinda la han puesto las corruptelas que afectan ya a la familia más cercana. ¿Para qué sirve la Monarquía?
¿Qué decir del Tribunal Constitucional y su voto por ganaderías en asuntos como el Estatuto de Cataluña? Curiosa independencia la de un tribunal del que se sabe cómo va a votar simplemente conociendo qué partido ha nombrado a sus componentes. Por añadidura, se ha arrogado un papel de «Tribunal Supersupremo» y son ya bastantes las veces que un tribunal absolutamente politizado como el Constitucional ha contradicho al Tribunal Supremo que, politizado como toda la Administración de Justicia, no llega a los niveles del Constitucional en ese punto. ¿Para qué sirve el Tribunal Constitucional?
Todos sabíamos que la ley electoral es injusta pero nunca como ahora se ha alcanzado el nivel de indignación popular en relación con tal ley. Todos los presidentes anteriores habían sido rehenes de los nacionalistas pero ninguno había llegado a los extremos de Zapatero. La mera observación de que a los partidos nacionalistas, cuya conducta parasitaria ha sido más evidente que nunca, les sale un diputado mucho más barato en número de votos que a partidos nacionales menores ha sido bastante para provocar esa indignación. ¿Cuándo se cambia la ley electoral?
Si alguien tenía confianza en la Administración de Justicia, las sombras del 11M, las certezas de actuaciones como la de Garzón y las actuaciones de la Fiscalía General del Estado, entre otras, han hecho reclamar con más fuerza que nunca que los partidos saquen las manos de la Administración de Justicia y que ésta sea, como manda la Constitución, un poder independiente. No es fácil dada la cantidad de nombramientos de carácter político no sólo para los órganos de gobierno sino nombramientos de jueces a través del llamado cuarto turno. Sin embargo, si pudo cambiarse la Administración de Justicia procedente del régimen de Franco ¿por qué no se va a poder cambiar ahora?
Los gobiernos autonómicos, especial pero no exclusivamente los dirigidos por nacionalistas, se han mostrado como una casta parasitaria capaz de llevar al país en su conjunto a la ruina si no existe nadie que les pare…y Zapatero nunca ha puesto el menor interés en ello sino que los ha utilizado para conseguir apoyos a cambio de un mayor deterioro de la situación. El despilfarro producido por estas castas por sí mismas y a través de empresas públicas o de cajas de ahorros utilizadas para aparcar políticos o pagar favores es una de las razones que nos ha llevado a la situación actual.
Los sindicatos han hecho gala de un estruendoso silencio mientras el desempleo crecía hasta los niveles actuales. Unos sindicatos convertidos en ministerios paralelos y que viven de fondos públicos, gracias al favor de Zapatero, han alcanzado un nivel de descrédito inimaginable hace unos años. Los sindicatos han demostrado claramente con quién están; no están con los trabajadores y especialmente no están con los trabajadores en paro sino con un Gobierno que les ha permitido campar a sus anchas y ha permitido que la vergüenza pública de los llamados «liberados» se cuente por cientos de miles ¿Para qué sirven estos sindicatos?
Naturalmente, quien más daño ha recibido ha sido su propio partido al sustituir el concepto de izquierda por el de «progresía» a través de políticas de gestos vacías pero no inocuas consistentes en proteger a los más ruidosos olvidándose del resto. Sirva de ejemplo -sólo uno- el hecho de que las operaciones de cambio de sexo vayan a cargo de la Seguridad Social pero no las ortodoncias. A medida que la crisis ha ido profundizando, más y más gente ha empezado a ser consciente de que los «derechos» de unos son pagados por otros a costa de los propios -por ejemplo, permisividad con okupas- o a través de impuestos y se empieza a cuestionar cuáles son los derechos que realmente merecen ser financiados por todos y cuáles son y deben quedar como una declaración de intenciones que oriente las políticas, no como algo que el Estado tiene que proveer a su costa.
Mucha gente, a la vista de los resultados electorales, pensará que el partido se lo merece tanto por acción como por omisión durante la etapa zapateril; sin embargo, el resto de las instituciones mencionadas se han hecho igualmente merecedoras del descrédito y por los mismos motivos. En estos días se está hablando de la necesidad de que el PSOE cambie desde los cimientos o desaparezca. Cierto es pero la época de Zapatero ha servido para sacar a la luz que no es sólo el PSOE lo que tiene que cambiar en España desde los cimientos. Muchas más cosas, entre ellas los ejemplos citados, también.
Eso y no otra cosa será lo que le deberemos a Zapatero en el futuro: Dejar a todos en evidencia y hacer más imperiosa la exigencia de cambio.
Cuando Peter quema su principio y se suicida
Acabo de leer en Twitter que Elena Valenciano propone actuar igual en el próximo Congreso del PSOE que lo hicieron en el que llevó a Zapatero a la Secretaría General. Los resultados para el país y para el propio PSOE parecen decir a gritos que algo se hizo mal en aquella ocasión como para querer repetirlo.
El PSOE fue el primer partido que vendió en España las primarias como forma de conseguir que los dirigentes del partido no salieran a dedo. La idea no está mal, en abstracto, pero parece que no ha funcionado bien y no me refiero sólo a Zapatero:
En la primera experiencia del PSOE con unas primarias le salió el tiro por la culata a la cúpula del partido aunque fueron bastante rápidos en arreglarlo. Después de vender las primarias como mecanismo democrático e intentar utilizarlas para legitimar a Joaquín Almunia, las bases del partido, hartas del felipismo que venía de perder las elecciones tras múltiples episodios de corrupción y con un desempleo sólo comparable con el actual, decidieron votar a la otra alternativa: Borrell. Como resulta que Borrell no aceptó la idea de que Almunia siguiera controlando el partido y a él le pusieran una «oficinita del candidato», resultó que el periódico más afín al PSOE sacó a relucir una corruptela que le afectaba directamente. Borrell dimitió y Almunia, cabeza visible de la vieja guardia del PSOE, siguió controlando el partido. Asunto resuelto pero…¿qué pasó con la democracia interna con la que se estuvieron llenando la boca?
La segunda experiencia tampoco fue buena: Aunque profetizar el pasado es fácil, somos bastantes los que habíamos notado la inepcia de Zapatero incluso antes de que llegase al poder. Los hechos han mostrado que los que desde el primer momento le vimos como un personaje sin consistencia fuimos demasiado optimistas pero ¿por qué un personaje como Zapatero llega al poder haciendo uso del mecanismo que ahora Elena Valenciano propone repetir? Por los mismos motivos que, en su momento, llegó Suárez.
La historia de Suárez y su llegada al poder tiene la particularidad de que nadie -salvo el Rey y Torcuato- querían hacerle presidente y todas las maniobras fueron encaminadas a conseguir que, en sucesivas comparaciones, Suárez fuera visto como la opción menos mala aunque no levantase ningún tipo de entusiasmo. Lo mismo ocurrió con Zapatero: Bono podía ser visto con toda justicia como un representante de la vieja escuela que ya en las anteriores primarias había tratado de defenestrar la militancia del PSOE, Rosa Díez era ya entonces más conocida por su antinacionalismo que por una proyección hacia la política nacional, lo que la alejaba de cualquier posible apoyo del PSC, cada vez más cercano al nacionalismo catalán y Zapatero…no era nadie. Una buena razón para votarlo, especialmente si alguien quiere tener a alguien con poco peso a la cabeza del PSOE, como era el caso de Maragall. Con todos esos condicionantes, Zapatero ganó por 9 exiguos votos a Bono y el resto es historia.
Si éste es el modelo que le gusta a Elena Valenciano, mejor que se lo haga mirar.
Naturalmente, un mecanismo democrático no es garantía de una elección correcta pero la prueba del nueve de la democracia interna no está en las primarias sino que viene después. El destrozo sufrido por el PSOE en las últimas elecciones no se ha producido porque Zapatero fue elegido en unas primarias con unos condicionantes que hacían difícil otro resultado. El destrozo ha sucedido porque cuando Zapatero empezó a «enseñar la patita», el partido calló o aplaudió y lo hizo durante siete años. Las corruptelas del grupo cercano a Felipe González dañaron mucho al PSOE pero, en el terreno ideológico, el PSOE se podía acercar bastante a una izquierda europea necesitada de una urgente limpieza. Zapatero y sus querencias guerracivilistas ha destrozado también eso y la pregunta pendiente de respuesta al PSOE es ¿Por qué callaron?
Supongo que Elena Valenciano será barrida en el tumulto del Congreso con lo que su nostalgia de la elección zapateril será, casi con certeza, irrelevante pero en el nuevo Congreso del PSOE alguien tendrá que explicar por qué se calló durante tanto tiempo y cuáles van a ser los mecanismos de democracia interna para impedir que eso vuelva a ocurrir de nuevo.
No hablo del PP donde, en este momento, están encantados de haberse conocido pero obviamente también hay mucho que decir sobre la democracia interna y los mecanismos internos de poder.
El día después de unas elecciones
Los vencedores echaron las campanas al vuelo como era de esperar pero hay unas cuantas cosas que, en el tumulto del día de las elecciones, pasaron relativamente desapercibidas y deben ser tenidas muy en cuenta:
- La infamia de la ley electoral: Partidos como IU y UPyD con muchos más votos que partidos nacionalistas se quedan a un tercio del número de diputados de éstos. Ayer se podía apreciar una sensibilización mayor incluso en Twitter con algo que en otras ocasiones había sido aceptado como normal. Uno de los motivos que ha conducido al desastre económico que padecemos no es económico sino político, es decir, no haber cerrado nunca el modelo de Estado y no haberles dicho a los nacionalistas «hasta aquí». Todo nacionalismo es un cáncer y, en el caso español, hay una ley electoral que prima a los grandes partidos y a los nacionalistas, incluso aunque sean filoterroristas. Parece que ha llegado el momento de cambiar ese estado de cosas aunque, durante la campaña electoral, el futuro presidente decía que no había urgencia por cambiar la ley electoral porque era un acuerdo entre partidos. Sí la hay. No hay ninguna razón válida para que un voto valga más que otro y en estas elecciones se ha comprobado con especial claridad hasta qué punto sucede eso.
- Resultados brillantes de los ganadores pero no en todas partes: Ambos partidos mayoritarios, PP y PSOE, han estado jugando en las zonas dominadas por los nacionalismos a ser más nacionalistas que nadie. Los resultados se han podido comprobar: Ese modelo no funciona. Hace ya años, el PSOE defenestró a Redondo Terreros porque no le gustaba su proximidad a Mayor Oreja y su lejanía del PNV; hace más años, el PP hizo lo propio con Vidal-Quadras y años después lo hizo con María San Gil. Parece que en algunos sitios a PP y PSOE les ha molestado su propia identidad como partidos nacionales y han colocado a líderes de segundo nivel que, sobre todo, no denunciasen al nacionalismo. Los resultados de ayer dejan claro que no es el camino correcto y, en el caso del PP, se lleva la paradoja hasta el extremo de que un partido de implantación local pero no nacionalista, el Foro de Álvarez Cascos, es capaz de salir con un mensaje que correspondería a un partido nacional. Ahí, además, hubo otra metedura de pata del PP: Optar por dirigentes «bienmandados» en detrimento de gente con una trayectoria política establecida pero que pudieran en algún momento hacer sombra u oposición al Gran Líder. Los resultados están a la vista.
- El suelo del PSOE: Después de los últimos siete años, se podría haber esperado razonablemente que el PSOE hubiera acabado como la extinta UCD -que formó parte del libro Guinness por la pérdida de diputados de una elección a la siguiente- y que hubiera habido una desbandada total por la izquierda y por la derecha. Que en estas condiciones el PSOE obtenga casi 7 millones de votos indica que hay mucha gente que los va a votar siempre, hagan lo que hagan, y probablemente algo parecido ocurra con el PP. «Las dos Españas» existen todavía y si, en algún momento, una de ellas decidiera llevar a la otra en vagones de ganado a campos de exterminio todavía habría mucha gente que la seguiría votando. Hay una parte demasiado grande del electorado fiel a unas siglas, las que sean, hagan lo que hagan y eso no es una buena noticia en España ni en ninguna parte.
- Ausencia total de Zapatero: Que se sepa, sigue siendo el presidente del Gobierno pero ayer fue incapaz de salir un solo momento a dar la cara por un destrozo en su propio partido del que, sin duda alguna, él es el principal causante.
Queda mucho por hacer. Seguramente hoy unos seguirán celebrando su victoria y otros lamiéndose sus heridas pero no estaría de más que se tuvieran en cuenta también estos temas que, en unos casos han pasado desapercibidos y en otros requieren una atención mucha más urgente de la que se les ha concedido.
Versión libre: Existen las mentiras, las grandes mentiras y las promesas electorales
Los distintos candidatos están muy ocupados buscando recetas de «marketing vírico» de forma que puedan colocar una frase feliz capaz de cambiar el sentido del voto o del no-voto. La demagogia fácil de «los ricos», «los tecnócratas», «los mercados» y otras ya no son capaces de ocultar un simple hecho: Estamos en la situación que estamos porque hemos gastado lo que no teníamos y llega el momento de pagar.
Kahnemann ya nos decía que nos resulta mucho más fácil y agradable quedarnos con una historia que con datos y todos andan como locos buscando esa historia que grabar en todos los cerebros que les sea posible. Así, es fácil montar una historia en la que los derechos sociales no son objeto de recorte porque, aunque los paguen otros a través de sus impuestos y pueden tener algo que decir, esos otros son «ricos» que se han lucrado gracias a la avaricia de los mercados y ahora nos pretenden poner «tecnócratas» para evitar que cambie la situación.
La historia es bonita pero falsa: Cuando se habla de subirles impuestos a los «ricos», suele suceder que los realmente ricos se libran gracias a mil instrumentos entre los que destacan las famosas SICAV mientras que los demás son los que pagan, a veces mediante impuestos que discriminan tan poco entre ricos y pobres como la subida del IVA -recientemente aprobada por los que ahora se nos visten de revolucionarios- y esos «demás» se preguntan por qué los derechos y los deberes están tan mal repartidos, es decir, por qué un derecho que no es susceptible de recorte para uno significa una obligación de pagar para otro que, además, puede tener muy poco de «rico». Esta sencilla pregunta es la que le ha costado a Obama que se le revuelva parte de su electorado con asuntos como el «Obamacare».
En cuanto a «los mercados»…¿Quién es «los mercados»? Ni más ni menos que gente que dio dinero cuando se le pidió y ahora reclama su devolución. Si ve difícil que se lo devuelvan no lo presta o lo pone más caro porque ve que hay mayor riesgo. ¿Es tan difícil? Quizás si no se hubiera comenzado por tirar la casa por la ventana y tener que pedir un dinero que no se iba a poder pagar, no habría que hablar ahora de «los mercados». Estamos ni más ni menos que ante la estrategia del calamar: La «tinta» de los mercados se lanza para ocultar el despilfarro de los políticos.
Cierto es que la crisis ha puesto algo en evidencia: Que una unión monetaria sin una unión política no funciona. Resulta gracioso que los mismos que rechazan recibir órdenes desde Bruselas o desde Berlín tienen menos escrúpulos en recibirlas de sus aliados nacionalistas, por ejemplo desde Barcelona: No olvidemos que gran parte de la deuda española la provocan las Comunidades a las que no se ha querido poner coto y, además, los dos grandes partidos insisten en que no es necesario revisar una ley electoral que otorga a los nacionalistas un poder que no se corresponde con el número de votos.
Se trata ahora de criticar los previsibles recortes como si YA se hubieran hecho y ésa es otra de las mentiras: Anunciar y no hacer y, después, actuar como si ya se hubiera hecho. ¿Son admisibles los privilegios, los despilfarros y la corrupción de políticos y sindicalistas, valga la redundancia, en un país con cinco millones de parados y con buena parte de ellos a los que se les va a acabar en poco tiempo la prestación de desempleo? Sin duda, hay muchas cosas que cambiar y, entre ellas, una de las más importantes puede ser romper una idea muy extendida entre la clase política según la cual su conducta parasitaria es una especie de derecho divino.
Si se quiere salir de la situación, en vez de echarle la culpa al empedrado y buscar culpables fuera, no estaría de más que cada uno asumiera la responsabilidad por sus actos y que la ley fuera igual para todos. ¿Es mucho pedir? Parece que sí y así nos va.
@UPyD y la trampa de la ley electoral
En menos de una semana tenemos unas elecciones donde es previsible un cambio de gobierno e incluso las encuestas anticipan una mayoría absoluta del principal partido de la aún hoy oposición. Pasa bastante desapercibido, con la inexcusable complicidad de los principales medios de comunicación, un partido nacional que hoy tiene una única diputada y al que mucha gente tiene aprecio aunque vaya a votar a otro.
Con su líder y única diputada, Rosa Díez, podría ocurrir que el día 21 diga lo mismo que, en su día, dijo Adolfo Suárez: Ojalá me quisieran menos y me votasen más. Sin embargo, la lógica del voto útil gracias a una ley electoral injusta que ha sido su principal caballo de batalla va a imponer unos resultados que es de esperar no se desvíen demasiado de lo que anuncian las encuestas.
El principal beneficiado, si se producen los resultados esperables, Mariano Rajoy haría bien en no echar las campanas al vuelo: En primer lugar, su partido ha ganado sólo unas elecciones generales. Aunque me gusta citar el hay tres clases de personas: Las que saben contar y las que no de Homer Simpson no es que se me haya olvidado contar: En 1996 Aznar no ganó unas elecciones sino que se había extendido la necesidad de echar a un gobierno corrupto hasta las cejas; en 2000, tras cuatro años de gobierno ganó unas elecciones con mayoría absoluta y en 2008 las volverá a ganar por un motivo parecido al de 1996: Incluso entre los afines al PSOE puede haberse extendido la idea de que es necesario echar a un gobierno descerebrado…y que también se ha movido lo suyo en el terreno de la corrupción. En otras palabras, Rajoy sólo va a ganar unas elecciones por la urgencia extendida por toda la sociedad española de echar a Zapatero o a cualquier sucedáneo que puedan poner a la cabeza de la lista electoral. Eso no debe ocultar que mucha de la gente que va a votar a Rajoy lo va a hacer sin el menor entusiasmo y con una buena carga de desconfianza.
Ayer mismo, UPyD publicaba inocentemente unos datos que mostraban la injusticia de la ley electoral. Sin embargo, la conclusión que podía extraer cualquier lector era que, salvo que estuviera en una gran población, votar a UPyD era lo mismo que tirar el voto a la basura y, con toda lógica, podría optar por la abstención o por la opción menos mala. La única esperanza, y no son tantos, es la compuesta por los votantes fieles al PSOE y desencantados que en ningún caso van a votar al PP pero que tampoco van a votar a este PSOE. De los demás podrá conseguir simpatía pero no votos. El efecto de la ley electoral que denuncian y la búsqueda del voto útil en un momento en que muchos electores quieren sobre todo echar a los actuales gobernantes así lo impone.
Creo que no se le pueden augurar buenos resultados a UPyD entendiendo por «buenos» no sólo duplicar o triplicar sus resultados en número de diputados sino, por ejemplo, poder constituir un grupo parlamentario propio. Eso tampoco significa que el día 21 su recorrido se haya acabado: La ley electoral fue un apaño entre los grandes partidos que esperaban poder repartirse el poder con la ayuda de los nacionalistas. No cayeron en la cuenta de que los nacionalistas, por el simple hecho de serlo, necesitan estar permanentemente descontentos y pedir más y ahora están sometidos a un chantaje permanente. Hace pocos días, le preguntaron a Rajoy si cambiaría la ley electoral y dijo que no lo veía prioritario porque la actual era un acuerdo entre los partidos. Como las manifestaciones y los silencios de Rajoy están muy sujetos a los análisis electorales de Arriola -el artífice del «éxito» de 1993- eso podría cambiar si hay una auténtica presión dirigida por los dos partidos nacionales más perjudicados por la ley actual: UPyD e IU. Articular esa presión podría ser el papel más importante de ambos partidos en la próxima legislatura. El siguiente podría ser intentar poner algunos principios básicos en la jaula de grillos que nos espera:
Antes de estar Zapatero en el gobierno, con cuestiones como el Prestige y la guerra de Irak, Zapatero decía que la democracia estaba en la calle. Cuando él estuvo en el gobierno y empezaron a producirse decisiones muy discutibles, la democracia dejó de estar en la calle para estar en el Parlamento…o sea, que la democracia estaba siempre donde estaba él, modelo de pensamiento que tiene un calificativo que les gusta mucho aplicar a sus contrarios. En este momento, nos encontramos con una preparación del terreno para que «la democracia vuelva a estar en la calle», no sólo el consentimiento de acciones ilegales por los autodenominados «indignados» sino sentencias del Tribunal Constitucional que permiten los piquetes violentos justificándolos por el «contexto»…
No sabemos como manejará Rajoy ese entorno pero, hasta el momento, nada de lo hecho avala capacidad alguna para moverse en esas aguas turbulentas porque jamás ha hecho un discurso de principios sino de tácticas. Eso es precisamente lo que sí ha aportado UPyD, prescindiendo de la procedencia de sus miembros más significados y en particular su propia presidenta y eso es lo que va a ser más necesario en la etapa que nos espera.
Sería deseable que UPyD, que funciona más como una plataforma ciudadana que como un partido, dejase de ser un Pepito Grillo necesario porque sus objetivos de regeneración se hubieran cumplido y, como consecuencia, desapareciese del mapa político y cada uno de sus componentes que quisiera seguir marchase al partido de su preferencia pero, antes de que eso ocurra, hay muchos sitios donde barrer incluyendo de forma muy especial a los propios partidos.
Entre estafas electorales
La coincidencia de destacados personajes afines al PSOE en la crítica a la austeridad muestra que no se trata de algo accidental sino de un guión electoral: Cuando se ha gastado lo que no se tiene y se ha endeudado un país hasta las cejas…¿Qué nos queda? Esto que padecemos.
Si queremos convertir a un obeso mórbido en un corredor de fondo, está claro que no basta con disminuir la cantidad de comida pero está igualmente claro que eso es imprescindible y ningún entrenamiento será capaz de cambiar ese realidad. De aquí al 20 de noviembre todavía escucharemos muchas críticas a la austeridad pero la única forma de evitarla ahora habría sido no tirar el dinero a manos llenas antes en una competición entre despilfarro e incompetencia cuando no directamente corrupción. Si la crítica a las ideas de austeridad y de recortes la hacen los mismos que han traído esta situación, sólo merecen un nombre: Estafadores. La austeridad y los recortes no bastan pero son un primer paso que los mismos que los critican han convertido en imprescindibles.
La otra gran estafa de estos días la tenemos a cuenta del referendum de Grecia: Ahora resulta que referendum es sinónimo de democracia y, si alguien se opone a él, es porque le tiene miedo a la democracia. Con tal argumento, dejan en evidencia entre otras cosas su falta de memoria:
Cuando un político ha metido la pata hasta el corvejón, en lugar de decirlo, prefiere que sean otros los que tomen la decisión para, además de no pedir disculpas por su metedura de pata, aparecer como el paladín de la democracia. La figura del referendum-estafa ya la conocemos aquí de hace tiempo y seguramente muchos se acuerdan del «OTAN: De entrada no» como lema de una campaña electoral del PSOE y del «si entramos en la OTAN por mayoría simple, saldremos también por mayoría simple» dicho por Felipe González en el Congreso.
Cuando Felipe González llegó al gobierno montó un referendum para que las cosas quedasen en «OTAN, de salida tampoco» y en «si hemos entrado en la OTAN por mayoría simple, ahora nos quedamos por mayoría absoluta»…y éste no es un detalle menor: Cuando Felipe González decidió no desdecirse y organizar un referendum para conseguir el mismo efecto sin pedir disculpas, el PSOE tenía mayoría absoluta y podía haber tomado la decisión que había anunciado sin necesidad alguna de referendum. No lo hizo y, en lugar de eso, prefirió montar un referendum con una pregunta tan confusa que nos encontraríamos con la paradoja de que el PSOE pedía la permanencia en la OTAN y la derecha, entonces dirigida por Fraga, pedía que se votase «No» en el referendum. La guinda vino cuando, corriendo el tiempo, uno de los más destacados compañeros de Felipe González, Javier Solana, sería nombrado secretario general de la OTAN. Si después de todo esto, alguien sigue insistiendo en que referendum es sinónimo de democracia, o es tonto o toma por tontos a los demás.
Relativismo moral y falsas tolerancias
La reciente manifestación por parte de un líder musulmán de que el gobierno no se debe meter en los temas islámicos sólo tiene una posible respuesta, válida para el Islam y para cualquier otra religión: La religión pertenece al ámbito de las verdades privadas y mientras sea respetuosa con los derechos y deberes que cualquier ciudadano tiene como tal, ningún gobierno tendrá nada que decir. Cuando la religión deje de ser respetuosa con esos derechos y deberes, el gobierno estará en su pleno derecho de intervenir advirtiendo que la renuncia «voluntaria» a los derechos no sirve como argumento.
Hace unos dos años, con ocasión de una serie de protestas de los inmigrantes musulmanes en Australia, el presidente de ese país estableció una posición tal vez excesiva pero acertada en lo básico: Este país tiene un idioma, unas leyes y unas costumbres. Si ustedes están dispuestos a respetarlas, sean bienvenidos; si no, pueden marcharse. La parte excesiva está, obviamente, en lo que podría considerarse una exigencia de vasallaje a las costumbres del país de acogida pero poco habría que decir sobre el idioma y las leyes, especialmente si estas últimas están en concordancia con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
Uno de los autores que ha sido capaz de desenmascar esa mezcla de falsa tolerancia y debilidad ante la intolerancia ajena es Amin Maalouf. Maalouf señaló que bajo el epígrafe de tolerancia se nos estaban vendiendo posturas que, en realidad, lo único que hacían era encubrir el desprecio a lo que puedan hacer «esos salvajes». Si se masacran o esclavizan entre ellos -dirían los «bienpensantes»- da lo mismo; llamémosle tolerancia con las diferencias y respeto por las culturas ajenas y miremos para otro lado. Cuando los «salvajes» están entre nosotros, la situación es un poco más complicada pero basta con dejarles en sus guetos sujetos a sus propias normas y seguir mirando hacia otro lado.
Ni los gobiernos tienen derecho a mirar hacia otro lado cuando se incumplen las leyes en nombre de una tolerancia mal entendida ni los prebostes religiosos, de cualquier religión, tienen derecho a exigir ese tipo de tolerancia. Las leyes son válidas para todos y la religión pertenece al ámbito personal mientras no se incumplan las leyes en su nombre. Cuando sí se hace, es necesario intervenir. El toque de atención del presidente australiano marca un camino básicamente acertado aunque excesivo y, desde luego, si es necesario elegir entre la inacción de la falsa tolerancia y el mantenimiento de una postura firme en temas que así lo merecen -como la exigencia del respeto de los derechos humanos para todos- mejor pasarse por exceso en lo segundo que quedarse en lo primero.
¿Primavera árabe?
El futuro de Libia plantea tantas dudas como su inmediato pasado. Gadafi podía ser un indeseable pero, a estas alturas, ni siquiera sabemos con claridad si ha sido linchado o alguien recibió instrucciones muy específicas de que no tuviera ocasión de contar cosas que pudieran poner en serios aprietos a bastantes políticos de distintos países. Gadafi ha estado siempre en el círculo de «amistades peligrosas» de muchos políticos, entre ellos algunos españoles que ahora van de ministrables. A éste y a muchos otros se les puede preguntar por qué y a cambio de qué y, tirando del hilo del cui prodest? a lo mejor llegaríamos a dudar de que haya sido asesinado por exaltados y, en lugar de eso, podría haber sido retirado de la circulación por gente con razones para temer de qué y de quién podría hablar Gadafi.
Parece que estamos en una época de mala memoria; no sé si los mismos que ahora se entusiasman por el alto el fuego definitivo de ETA olvidando que no es el primero son los que reciben con gran júbilo a los que se oponen a dictadores como Gadafi olvidando dos cosas:
- Que esos mismos dictadores, como el propio Gadafi, fueron admitidos y agasajados hasta diez minutos antes de la rebelión.
- La experiencia iraní.
11S y el «Manifiesto de la Felicidad»
El 11S hubo demasiadas cosas para impresionar; tantas que algunas otras menores pueden pasar desapercibidas y es en una de éstas en las que quería incidir: Días después del fatídico 11S, cuando todavía se estaba haciendo el recuento de las víctimas, hubo quien dijo que iba a ser difícil saber con rapidez cuánta gente había muerto allí: Seguramente había bastante gente a la que nadie echaría de menos y sólo al cabo de un tiempo más o menos largo alguien se daría cuenta de que podía estar entre las víctimas.
Detalle menor comparado con la enormidad de lo ocurrido allí pero muy significativo de una faceta de la sociedad norteamericana: La tremenda soledad que puede afectar a gente normal, no marginada social ni económicamente pero que, aunque no viva en mitad de un bosque sino en un apartamento, puede morirse sin que nadie se dé cuenta hasta unas semanas o meses después. Seguramente tiene una hermosa pantalla plana e incluso a lo mejor con 3D, está a la última de todos los gadgets habidos y por haber, etc. pero a muchos nos parecería que esa forma de vida no es lo que se vende como el sueño americano. Sin embargo, con mucha frecuencia es uno de sus componentes.
Hace aproximadamente dos meses, Bhutan hizo saber en la ONU que la felicidad debería incluirse entre los parámetros a medir y no quedarse en el PIB para calibrar la calidad de vida. Es fácil creer que era una historia más propia del Hare Krishna que de curtidos diplomáticos pero la historia menor que el 11S sacó a la luz invita a pensar que a lo mejor tenían razón. No he leído el «Manifiesto de la Felicidad» y no sé si lo haré pero está claro que no siempre los más ricos son los más felices. A lo mejor, como dicen en Bhutan, había que buscar cómo medir la felicidad e informar con ese dato en qué países se vive realmente mejor y en cuáles peor.
¿Tenemos por delante un estallido social?
El análisis de Luis del Pino no parece muy descaminado: El previsible estallido social y cada día que va pasando nos trae más hechos que invitan a pensar en esa posibilidad:
Sentencias del Tribunal Constitucional que avergonzarían a un estudiante de primero de Derecho, reflotamiento con dinero público -que, como decía Carmen Calvo, parece que no es de nadie- de Bancos y, sobre todo, de Cajas de Ahorros tomadas por políticos y sindicalistas que se van con indemnizaciones multimillonarias como premio por su atraco, amigos del poder como la SGAE dedicados a llevarse el dinero con pala sin reparar en los medios para conseguirlo ni de quién ni por qué lo consiguen. El robo y la violencia, juntos o por separado, son legitimados cuando son cometidos por los propios y, si hace falta, se incumplen sentencias judiciales (jornada de reflexión en mayo) o se les busca la bendición del TC (Bildu o sindicalistas).
La otra cara de esa moneda la conforman cinco millones de parados, muchos de ellos desesperados, a punto de quedarse sin ningún tipo de prestación y que no se ven defendidos por una mafia sindical ajena a ellos y sin más función que servir de brazo armado de los partidos políticos afines, con un Estado endeudado y con necesidad de recortar -salga quien salga en las elecciones- hasta el hueso por lo mucho que se ha robado, sentencias judiciales escandalosas, mafias localistas cuya única aspiración es llevarse todo lo que puedan y a las que se les ha dado todo lo que han tenido a bien pedir, privilegios autoconcedidos por políticos que parecen no encontrar lujo innecesario si se trata de ellos…
En una palabra, hay una situación explosiva y todos aquellos que por posición institucional deberían reconducirla se han estado dedicando durante años a encender cerillas y podemos llegar a que muchos se pregunten para qué o para quién pagan impuestos mientras la situación para los parados se deteriora cada vez más y los antisistema se dedican a lo suyo y son utilizados por los que no hayan sido capaces de llegar al poder por las urnas.
Bien está, como decía Luis del Pino, que los políticos se preocupen por la eventualidad de un estallido social. Lo que no es admisible es que lo vean como algo tan ajeno a ellos como una plaga de langosta llegada de no se sabe dónde. Si el estallido finalmente se produjera, a los primeros que habrá que señalar como culpables es precisamente a los miembros de las castas política y sindical, valga la redundancia, sus corruptelas, sus choriceos, su conversión de la justicia en un sistema donde lo que prima es a qué ganadería pertenece el juez sobre cualquier otra cosa y su mirar para otro lado ante el robo o la violencia de los afines.

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