Categoría: Gestión de conocimiento
Reseña de libros de Gestión de Conocimiento (Knowledge Management)
http://groups.msn.com/factorhumano/librosgestindeconocimiento.msnw
El vínculo lleva a la sección de reseñas de la página antecesora de ésta.
Qué gestionamos cuando decimos que gestionamos conocimiento
que-gestionamos-cuando-decimos-que-gestionamos-conocimiento.pdf
Artículo publicado en Training and Development. Tal vez ahora, que empieza a pasar un poco la fiebre de la gestión del conocimiento como moda, tengamos un panorama algo más claro y veamos qué puede aportar de verdad el concepto.
Gestión por incompetencias
gestion-por-incompetencias.pdf
Éste es un artículo publicado en Training and Development que entra en un asunto frecuentemente olvidado: No sólo debemos ser capaces de gestionar el aprendizaje sino también el desaprendizaje y cómo al elegir capacitarnos para algunas cosas, elegimos -consciente o inconscientemente- incapacitarnos a la vez para otras.
Capital intelectual: Una nueva moda
capital-intelectual-una-nueva-moda.pdf
Este artículo fue publicado en el momento de toda la efervescencia del capital intelectual en Training and Development. En el momento de escribirlo, recuerdo que andaba indignado por haber coincidido con uno de los santones de la nueva moda, Leif Edvinsson, en un congreso y haber recibido una respuesta totalmente absurda a una pregunta.
La respuesta mostraba hasta qué punto todo o casi todo lo que había debajo de la noción misma de capital intelectual era puro humo y, puesto que el artículo no menciona el hecho, lo relato a continuación:
Puesto que el capital intelectual estaba siendo entendido como la diferencia entre el valor en libros y el valor de mercado, le pregunté a Edvinsson cómo calculaba el capital intelectual de una empresa cuando, por una crisis global, sectorial o incluso referida a la propia empresa, el valor de mercado descendiese por debajo del valor en libros. La respuesta de Edvinsson fue, a la vez, simple y simplista: En ese caso, el capital intelectual es negativo.
Capital intelectual: Un caso práctico
capital-intelectual-un-caso-practico.pdf
Si alguien sigue este blog, no le voy a descubrir ya que soy abiertamente escéptico en cuanto se refiere al capital intelectual. Hay otro artículo, también publicado en Training and Development y también colgado aquí que trata del capital intelectual como moda.
Éste otro muestra un caso práctico de que el capital intelectual sirve más bien de poca cosa aunque hay otras vías por donde se podría avanzar.
Hacia una formación de base (publicado en ABC)
hacia-una-formacion-de-base-publicado-en-abc-e-iddeo.pdf
Publicado hace tiempo en ABC. Por cierto, nunca le perdonaré a un «¿corrector de estilo?» que en la versión publicada en ABC me colocase un «preveer» que, desde luego, no estaba en el original 🙂
En el principio fue la línea de comandos (Neal Stephenson)
Air safety improvement through Organizational Learning
en-el-principio-fue-la-linea-de-comandos-neal-stephenson.pdf
Neal Stephenson es un autor más conocido por sus obras de ciencia-ficción que por asuntos como éste que, en opinión de quien esto escribe, es además de su mejor libro el más relevante.
El libro está disponible gratuitamente en Internet (el fichero PDF adjunto es una captura) pero, además, puede comprarse impreso y es un opúsculo que vale la pena tener en la estantería de casa.
Stephenson plantea, avalado por sus conocimientos de tecnología, algo que otros habíamos intuido y que, al empezar a profundizar en ese terreno, habíamos encontrado que era cierto: El riesgo creciente de sustituir un conocimiento en profundidad por un conocimiento meramente operativo incluso en temas muy serios.
Stephenson lleva este asunto a un terreno muy concreto: El desarrollo de los sistemas operativos. Fácil de entender para cualquiera, aunque no tenga formación tecnológica, pone el dedo en la llaga y aprovecho el comentario para hacer una invitación:
Quedarse en el tema de los sistemas operativos es como quedarse mirando al dedo que señala a la Luna. Mírense los sistemas operativos y todo el relato de Stephenson como una metáfora de algo que está ocurriendo en muchos otros ámbitos, especialmente cuando se trata con sistemas de información avanzados.
No voy a aprovechar esta ocasión para recomendar mi propio libro, del que adjunto la cubierta, sobre el tema que saldrá el próximo mes de septiembre: Air safety improvement through Organizational Learning: Consequences of a Technology-led development editado por Ashgate pero, si alguien lo adquiere y está cerca de Madrid, me comprometo a firmárselo 🙂
Capital intelectual y gestión de conocimiento
capital-intelectual-y-gestion-de-conocimiento.pdf
Publicado en Training & Development
¿Podemos sustituir el «know-why» por el «know-how»?
http://www.callcentermovie.com/movie/movie2.html
Éste es un buen -y divertido- ejemplo de lo que ocurre cuando se comete ese error.
Es cierto que, a medida que los sistemas de información ganan posibilidades de «supremacía instrumental» (Luhmann) podemos permitirnos trabajar con gente menos cualificada sin que aparentemente pase nada.
Uno de los sitios donde se ha aplicado más esa regla es, precisamente, en los «call-center» de muchas grandes empresas con un enorme deterioro sobre la calidad de atención.
El vínculo apunta a un video sumamente divertido y que parodia lo que ocurre cuando alguien está operando con manuales y un menú en pantalla pero no tiene la más remota idea sobre qué está hablando.
El fenómeno se produce en muchos más sitios y, en este mismo blog, puede encontrarse un «post» sobre el neotaylorismo del que el video es una parodia no exenta de razón.
Este fenómeno se está llevando a los terrenos más inverosímiles y, por supuesto, de mucha más trascendencia que un «call-center». Aquí se encontrarán artículos sobre la aplicación de ese mismo principio al transporte aéreo pero, hace sólo unos días, saltaba a la prensa un caso que habría puesto a cualquiera los pelos de punta: La crisis de los misiles en Cuba.
Si se busca en Google por «crisis de los misiles», se encontrarán nada más que 61.800 referencias, la mayoría de ellas claramente dirigidas por la intencionalidad política de uno u otro signo. Sin embargo, sólo recientemente salió a la luz la existencia durante la crisis de mecanismos automáticos que habrían supuesto, también automáticamente, el inicio de la III Guerra Mundial.
Los hagiógrafos de Kennedy sostienen que éste disponía de una información privilegiada gracias a un espía -Oleg Penkovsky- y que por eso mostró una determinación que le haría aparecer como el triunfador que permitía salvar la cara al otro lado.
Parece ser que Oleg Penkovsky no fue tan eficaz como pretendía esa versión ya que no informó de un insignificante detalle ahora sabido: En la hipótesis de un corte de comunicaciones entre Moscú y el centro de control de los misiles, las órdenes de este centro eran de lanzamiento inmediato.
Curiosamente, los norteamericanos habían estado barajando la posibilidad de un bombardeo sorpresa con el objetivo de…cortar las comunicaciones y, de esta forma, romper la cadena de mando evitando que los misiles pudieran ser lanzados.
¿Cuántos automatismos -por procedimiento o por tecnología- hay preparados para evitar el trabajo de pensar o, mejor aún, para evitar la necesidad de que haya alguien que piense? ¿Cuántos desastres están esperando su oportunidad para ocurrir por eso mismo?
Los «call-center» son un ejemplo benigno; la crisis de los misiles es otro ejemplo mucho menos benigno y, entre esos dos, millones de otros ejemplos que tratan de prescindir de aquello que hace a las personas comportarse como personas y que, al parecer, perturba un orden establecido, supuestamente garante de que nada va a ocurrir.
¿Cómo debe ser el futuro de la seguridad aérea? (Publicado en revista del SEPLA)
El futuro de la seguridad aéreaEl futuro de la seguridad aéreaComenzaremos por una conocida historia: El nudo gordiano era increíblemente complejo de deshacer y, supuestamente, quien lo lograse reinaría sobre Asia. Alejandro Magno, puesto ante el nudo gordiano, sacó su espada y lo cortó consiguiendo su premio.
Tal vez es el momento de que los reguladores corten sus nudos gordianos y, de esta forma, estén en condiciones de garantizar
la seguridad. Son muchas las iniciativas que se toman pero casi todas ellas se sustentan sobre la existencia de unos operadores que comparten la inquietud por la seguridad y no buscan puertas falsas que permitan un cumplimiento formal pero no real.
Por ejemplo, iniciativas como LOSA pueden ser interesantes pero implican una colaboración activa que no siempre existe. Tenemos que pensar que los operadores aéreos no existen para ser seguros sino para volar. Esto significa que la seguridad no es un objetivo sino una condición para su actividad y, como tal, una limitación que no es acogida de igual grado por todos.
Por este motivo, la seguridad no es la primera preocupación de todos los operadores y es ahí donde entra la acción del regulador. Los reguladores deben buscar formas de discriminación que perturben poco al operador seguro y hagan arrojar la toalla al que no lo es pero ¿cómo conseguirlo?
Un regulador, en cualquier país, dispone de tres tipos distintos de recursos que debe utilizar si quiere garantizar la seguridad:
- Regulaciones: Establecimiento de un conjunto de indicadores y establecimiento de requisitos formales incluyendo todo el dispositivo sancionador para la actuación en caso de incumplimiento.
- Investigadores, analistas e inspectores: Posibilidad real de intervenir ante un fallo visible en el cumplimiento de las regulaciones o ante indicios, aleatorios o activamente buscados, de que algo va mal incluso aunque se cumplan los requisitos formales.
- Información al pasajero: Posibilidad de utilizar la información sobre seguridad diferencial de los distintos operadores como incentivo.
Contando con estos recursos, cada regulador forma su “cóctel” particular en función de cuestiones como la cultura del país, la de la aviación en ese país y la dela Administración Pública. Así, hay países, fundamentalmente los del ámbito anglosajón, que optan por no asfixiar a los operadores regulando todo lo imaginable pero, si encuentran alguna irregularidad, caen sobre el infractor con todo el peso de
la ley. El ámbito europeo es, por el contrario, mucho más regulador habiéndose acuñado el término francés dirigiste para expresar el intento de controlar todo lo controlable.
No obstante, sea cual sea el modelo, tanto si permite conductas inadecuadas pero se cobra un alto precio una vez descubiertas como si trata de prevenirlas mediante un denso bosque de regulaciones, se precisa que haya coherencia interna. Si no existe, y el operador sabe que no existe, la posibilidad real de fiscalizar el cumplimiento de las regulaciones, la capacidad real de supervisión del sistema es mínima.
Para que las regulaciones sirvan, es necesario que detrás existan medios capaces de hacerlas cumplir. De otro modo, se buscará el cumplimiento formal y cada uno actuará de acuerdo con sus inclinaciones con un matiz importante: El más responsable y el que, por tanto, se autolimite con el fin de garantizar la seguridad, estará situándose en una posición de desventaja con respecto al irresponsable que juega con todas las opciones que la falta de control le permiten.
Hasta el momento, hemos tenido un control de operadores basado en regulaciones, es decir, en el cumplimiento de un catálogo cerrado de normas. Por muy elaboradas que éstas fueran, un operador con voluntad de eludirlas siempre encontraría medios para conseguirlo haciendo uso de recursos que estuvieran fuera del control del regulador, bien porque se encontrasen fuera de su alcance o porque se tratase de un tipo de información no familiar para el regulador.
Un ejemplo muy interesante a este respecto lo tenemos con el caso de Air Madrid: La Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada de 1995 dice en su artículo 104 que la sociedad de responsabilidad limitada se disolverá…por consecuencia de pérdidas que dejen reducido el patrimonio contable a menos de la mitad del capital social, a no ser que éste se aumente o se reduzca en la medida suficiente. Una vez auditado el ejercicio 2004,
la firma KPGM, auditora de Air Madrid en ese momento, informó de que los fondos propios de Air Madrid eran, al cierre de ese año, de 2,409 millones de euros, importe que está por debajo de la mitad de la cifra del capital social, por lo que la sociedad se encuentra en causa de disolución, de acuerdo con la Ley de Sociedades Anónimas, según reflejaban literalmente en su informe.
¿Por qué no se cerró en ese momento Air Madrid en lugar de darle un par de años más? Las hipótesis son múltiples y me gustaría lanzar una más que no creo que sea desdeñable: Porque el regulador se maneja en exclusiva con variables de tipo técnico y con la documentación que soporta a estas variables y el mundo de los resultados económicos y sus implicaciones le es totalmente ajeno. El ejemplo es suficientemente significativo para dejar en evidencia que no es suficiente asegurarse de que los aviones tienen certificado de aeronavegabilidad y que los pilotos tienen licencia. Se necesita mucho más y eso sólo puede conseguirse con personas que busquen donde otros antes no lo hicieron.
Los investigadores, analistas e inspectores deberían constituir la columna vertebral del sistema puesto que representan la parte no estática del mismo. Es cierto que debe existir una normativa y unos indicadores claros para guiar su actuación, entre otras cosas para no dejar en una situación de indefensión a un operador frente a un inspector dotado de un poder desproporcionado. Las regulaciones deben constituir límites a no traspasar tanto por el operador como por el inspector en el ejercicio de sus funciones.
No obstante, son las personas que dotan de dinamismo al sistema las que pueden garantizar que las regulaciones se cumplen e incluso buscar más allá de ese cumplimiento formal. El cruce de datos procedentes de distintas fuentes –no sólo técnicas- puede dejar en evidencia que, debajo del cumplimiento formal, aún caben muchas irregularidades y éstas sólo pueden ser detectadas por personas dotadas de los medios correspondientes. Como ejemplo, una legislación fiscal puede ser sumamente elaborada pero, si no existen los inspectores, son insuficientes, incompetentes o no tienen los medios necesarios, la legislación es poco más que papel mojado.
Un conjunto de personas competentes con acceso a datos de distintas fuentes y de distinto tipo y con capacidad para elaborarlos para detectar posibles problemas o, en su caso, iniciar una investigación o una inspección en profundidad resulta clave para el éxito del sistema.
Por último, tenemos el asunto relativo a la información a los pasajeros. Los reguladores, a través de su acción o inacción, siempre están primando algo en el sistema. Es necesario, por ello, asegurarse de que se están primando las cosas correctas, en este caso, un alto nivel de seguridad.
Del mismo modo que en las memorias de las empresas, junto con los resultados figura el informe de la empresa auditora que garantiza que no hay trampa, un sistema transparente que muestre al pasajero quién es quién y cuál es su grado de cumplimiento es un fuerte incentivo para los operadores para mantenerse en un buen nivel de seguridad.
En otros términos, hoy no se compite en seguridad y habría que hacerlo. Dejar que el pasajero se centre en precios, comodidad, horarios y destinos es un flaco favor en una actividad que, por su propia naturaleza, implica riesgo.
Como conclusión, la seguridad aérea no es un asunto de astutos abogados que redacten elaboradas normas. Implica también el concurso de gente competente y creativa que sea capaz de determinar qué información necesita, busque cómo conseguirla y trabaje con ella, en unas ocasiones delante de una pantalla, en otras en una cabina o un hangar y, si hace falta, manchándose las manos de grasa.

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