Categoría: Organizaciones
¿Comete Nokia un suicidio asistido?
Cualquier observador interesado del mercado de las T.I.C. habrá visto varios movimientos importantes y alguno de ellos, en particular el de Nokia, sorprendente si no absurdo…salvo que haya debajo algo más que todavía no conozcamos los profanos.
Durante mucho tiempo, Nokia marcó el camino de la facilidad de uso con terminales de un tamaño contenido y dotados de su excelente sistema operativo Symbian. La aparición del iPhone de Apple y el contraataque de numerosas marcas que empezarían a fabricar terminales basados en Android daría lugar a un paisaje totalmente distinto en el mercado. La disponibilidad de aplicaciones hacía que la apuesta de Nokia por Symbian no resultase sostenible y, en esas condiciones, parece que su única opción real era pasarse a Android. En lugar de esto, decidió pasarse a un tercero en discordia que en el terreno de los móviles está en un tercer y muy retrasado lugar: Windows. Por añadidura, Nokia no ha seguido la política de otros competidores como HTC de fabricar los mismos dispositivos corriendo sistemas operativos Windows y Android. No; Nokia ha puesto todos los huevos en la misma cesta y se ha pasado por completo a Windows. ¿Es un error o Nokia sabe algo que los demás no sabemos? Recopilemos qué es lo que sí sabemos los profanos:
Empecemos por la marca más ambiciosa del mercado: Apple. Muchos consumidores, entre los que me encuentro, no quieren saber nada de Apple. Nada que oponer ni a su capacidad de diseño e innovación -probablemente los mejores en el mercado actual- ni a su manejo de las herramientas de márketing, que es magistral. Lo que a muchos no nos resulta aceptable es la política de «Apple sólo se entiende con Apple» y que hace que cosas tan sencillas como pasar información a través de Bluetooth sea imposible si uno de los dispositivos es Apple y el otro no lo es. Apple ha querido crear siempre -tanto en los momentos en que se suponía que desaparecería en breve como en su momento de mayor éxito- un ecosistema cerrado donde, por serlo, el comprador de un dispositivo Apple acaba viéndose rodeado de Apple por todas partes.
Algo parecido intentó RIM con sus Blackberry, aunque hoy se podría decir sin gran riesgo de error que Blackberry está abocada a su desaparición: No tiene la fuerza de Apple ni su escalabilidad que abarca desde los reproductores de música hasta los ordenadores pasando por los teléfonos y las tabletas. Hoy las Blackberry representan una isla incomunicada y con pocas posibilidades de salir de ella.
Los no-Apple no han tenido ni tienen la posibilidad de integrarse en el ecosistema Apple y, si han tenido la posibilidad de hacerlo en el ecosistema Blackberry, no les ha interesado. Como consecuencia, salió Android. Detalle que no todos los usuarios conocen: Android ES Linux. Linux es un viejo conocido en los ordenadores personales aunque nunca ha llegado a acercarse a los niveles de implantación de Windows, lo que pone en cuestión hasta dónde puede llegar el concepto de desarrollo de software libre; sin embargo, al entrar en la telefonía móvil, Linux-Android encontró su «primo de Zumosol» bajo la forma de Google. Aunque algunos siguen desarrollando versiones ajenas a Google o incluso en abierta competencia -caso de Amazon con su Kindle Fire- el mundo Linux en su versión de dispositivos móviles ha recibido un enorme empuje por parte de Google.
¿Qué es lo que podríamos esperar razonablemente en un próximo futuro? Android-Linux podría comportarse en una forma similar a Apple y buscar el crecimiento a otros dispositivos. Esto ya lo estamos viendo de forma que las tabletas están recibiendo versiones más avanzadas de Android, no accesibles a muchos teléfonos móviles y Google está tratando de introducir su sistema operativo Chrome OS en el ámbito de los ordenadores personales sin que el éxito hasta el momento haya sido muy amplio. Si me dejan utilizar la bola de cristal, lanzaré un pronóstico: Con el tiempo, Android empezará a mostrar abiertamente a todo el mundo su parentesco con Linux y, del mismo modo que Apple ha actuado con el iOS, el empujón sobre Android llegará bajo su forma Linux al mundo de los ordenadores personales.
Al final, si esto se cumple, llegaremos a un duopolio virtual Android-Linux .vs. Apple y que abarcará desde dispositivos móviles hasta ordenadores personales -centrándonos sólo en la tecnología de información para consumo público- y habrá un gran perdedor que irá perdiendo posiciones de forma lenta pero segura, tanto en ordenadores personales como en dispositivos móviles donde no llega -y probablemente no llegará- a arrancar con fuerza: Windows.
Éste es un pronóstico que puede hacerse sin información privilegiada; basta la observación atenta de los movimientos que se están produciendo en el mercado. Es en este contexto en el que Nokia decide apostar al 100% por Windows, manteniendo algún resto de Symbian quizá más por nostalgia que otra cosa, y ya ha perdido de forma clara su posición como fabricante frente al coreano Samsung, la bestia negra de Apple. ¿Por qué? Como consumidor, lo siento porque Nokia siempre ha fabricado terminales de buena calidad y era de los pocos que podía hacer frente a Apple en diseño. Como ejemplo, todavía pueden verse Nokia 5800 y 5300, terminales que le hicieron daño a la primera versión del iPhone antes de la eclosión de Android. ¿Qué hay detrás de tal decisión? ¿Hay algo tan importante que sólo Nokia sepa y que pueda alterar radicalmente la dinámica del mercado? Seguramente, dentro de unos años, la decisión de Nokia se estudiará en las escuelas de negocios -como modelo positivo o negativo- al igual que hoy asistimos a la canonización civil de Steve Jobs. El tiempo resolverá el enigma.
«Some reflections on the loss of the Titanic» de Joseph Conrad (1921): Versión en español «El Titanic».
Joseph Conrad alcanzó el grado de universalmente conocido con El corazón de las tinieblas pero, además, fue un experto marino y buena parte de su obra novelística está centrada en el mar. El naufragio del Titanic no podía dejarlo indiferente y el libro -traducido al español como El Titanic y editado por Gadir- es una crítica tanto a una evolución tecnológica ciega como al proceso de investigación posterior. Éstos son los puntos que un siglo después de que se hundiera el Titanic siguen estando de actualidad tanto en otras formas de transporte como el aéreo como en el propio transporte marítimo con casos como el del Costa Concordia, casi tres veces más pesado que el Titanic.
En la prensa de la época se hizo tanto énfasis en que el Titanic era insumergible como se ha hecho más recientemente en que algunos aviones no podían entrar en pérdida. En uno y otro caso, tal alegación se apoyaba, como los hechos han demostrado, en un optimismo técnico injustificado.
En el Titanic los supuestos compartimentos estancos garantizaban que, en caso de que uno de ellos se inundase, los demás mantendrían a flote el barco. Naturalmente, si en lugar de una colisión lo que se produce es un desgarro longitudinal que pueda afectar a varios de los compartimentos, la flotabilidad deja de estar garantizada. Si, además, los compartimentos no son estancos hasta la cubierta sino sólo hasta una altura que pueda ser rebasada por la inundación de uno de ellos o por la inclinación del barco…resulta que los compartimentos no son estancos y el barco se puede hundir como efectivamente ocurrió.
En cuanto a la supuesta solidez de los grandes barcos, Conrad plantea algo tan simple como que es posible hacer una caja de galletas de una enorme solidez pero el grosor de las paredes no puede ir creciendo de forma proporcional al tamaño y, en consecuencia, un barco de grandes dimensiones resultaría, a pesar de su aspecto imponente, mucho menos sólido que uno mucho más pequeño y construido con la voluntad de hacerlo resistente. En palabras de Conrad, una perfecta muestra de la moderna confianza ciega en los materiales y artilugios.
La forma en que la responsabilidad queda diluída tanto en los hechos como en la investigación posterior queda representada en una frase referida a las sociedades de responsabilidad limitada: No tenían almas que salvar ni cuerpos a los que patear y que, de ese modo, salían indemnes de este mundo y del otro de todas las sanciones efectivas impuestas por una conducta consciente. La descripción está escrita en 1921 pero bien podría haberlo sido ayer.
También tiene su apartado relativo a la costumbre de culpar al que está más cerca bajo etiquetas como «error humano», «complacencia», «falta de formación» y tantas otras variantes para conseguir que pague el pato el que estaba más cerca en el momento del accidente: Se alegaba que el barco era insumergible, siempre que se gobierne de acuerdo a la nueva náutica.
Al traductor de la versión española se le ha escapado algún nudos por hora como muestra evidente de que aún no ha calado el concepto de que el nudo es una unidad de velocidad y no de longitud y, nuevamente, Conrad plantea un principio que también es de aplicación hoy: Hay un punto en que el progreso, para ser un verdadero avance, ha de variar ligeramente de rumbo: La historia de la evolución humana puede medirse en términos de degradación del conocimiento individual. Autores que se encuentran entre sí en las antípodas ideológicamente como Thomas Sowell en Knowledge and Decisions y Richard Sennett en The Corrosion of Character han denunciado este simple hecho de forma separada. A medida que va creciendo la complejidad del mundo en que nos encontramos, ese deterioro del conocimiento individual a través de la especialización extrema conduce a que cada uno pueda ver su árbol -cuando no su pequeña ramita o su hoja- pero nadie se capaz de ver el bosque, tal vez y siguiendo el paralelismo, menos que nadie quienes tienen intereses en el negocio de la madera como, por ejemplo, políticos y asimilados.
La descripción que Conrad hace del Titanic se parece mucho a la que mucho más recientemente se ha hecho del Costa Concordia y, en general, de los grandes cruceros: dirigido por una especie de sindicato de hostelería compuesto por el jefe de máquinas, el sobrecargo y el capitán. Un siglo después del naufragio del Titanic se siguen discutiendo los mismos temas y en idénticos términos. ¿Para qué ha servido el siglo transcurrido y las víctimas del Titanic?
En cuanto al diseño o a la evaluación de riesgos…unos simples cálculos cuando están desasistidos de imaginación y llegan a hacerse señores del sentido común resultan los más engañosos ejercicios del intelecto.
Desde que Conrad escribió su libro, han transcurrido 91 años. La tecnología ha avanzado mucho en esos años pero, paradójicamente, los hechos denunciados y la mentalidad que llevan detrás siguen de plena actualidad.
QF32: Mal título para un buen libro y contrapunto al AF447
Raramente se le ocurrirá a alguien comprar un libro llamado «QF32» si no sabe de antemano qué se va a encontrar dentro. QF32 es el nombre del vuelo de Qantas realizado por un Airbus 380 y que estuvo mucho más cerca de acabar en desastre de lo que sugieren las imágenes que se pueden encontrar por Internet. El autor del libro es el piloto al mando del vuelo, Richard de Crespigny, y da una serie de datos que pueden resultar de gran interés para los interesados tanto en la evolución tecnológica en general como en la seguridad aérea en particular.
Para entender por qué el avión estuvo tan cerca del desastre bastará con una idea sencilla: No se trata de un avión de cuatro motores al que le falla uno, eventualidad para la que cualquier avión de cuatro motores -incluso de dos- está preparado en cualquier fase del vuelo. Se trata de que uno de los cuatro motores -uno de los dos más cercanos al fuselaje del avión- decide comportarse como una bomba y explota repartiendo sus propias partes como metralla y provocando multitud de fugas de combustible, de fluido hidráulico y cortando cientos de cables que dejan a gran parte de los sistemas de información y de control del avión total o parcialmente inutilizados. La situación fue tan grave y las expectativas eran tan malas que, con el avión todavía en el aire, las acciones de Qantas estaban cayendo a plomo porque se daba por descontado el desastre.
El libro lleva una primera parte de apuntes biográficos de su autor y, entre éstos, hay dos elementos que resultan de interés para el caso: El primero es que no se trataba de un piloto formado en aviones de la última generación sino que había empezado su trayectoria en la aviación militar habiendo volado incluso helicópteros y el segundo es que se trataba de un personaje con gran curiosidad por la tecnología, curiosidad que le llevó desde aprender por sí mismo a desmontar una vieja moto hasta tratar de entrar en los entresijos de la tecnología de la información más allá del puro conocimiento operativo.
A partir del momento de la explosión del motor, el autor entra en una serie de detalles sobre qué estaba ocurriendo que pueden ser difíciles de entender si no se está mínimamente familiarizado con la aviación pero hay varios puntos que se pueden sintetizar:
- Los pilotos empiezan a recibir un número interminable de listas de fallos y sus listas de comprobación asociadas. Viendo que esto no les lleva a ninguna parte, acaban concluyendo que es mejor tratar de determinar qué es lo que está funcionando correctamente y, con ello, ver sus posibilidades reales.
- Hay un momento en que les aparecen datos que les invitan a desconfiar: El motor que explotó estaba pegado al fuselaje y no parecía tener mucho sentido que la explosión hubiera afectado al motor que estaba en la punta del ala contraria. En este momento comienzan a pensar que la información que están recibiendo podría no ser fiable.
- Parte de los sistemas de control del avión no sólo había quedado inutilizada sino que había dejado parte de los alerones en una posición de deflexión que le robaba sustentación al avión. La única forma real de saber cuál era el margen de velocidad que tenían para la aproximación y el aterrizaje era comprobarlo físicamente porque la información sobre las velocidades adecuadas no era fiable.
El avión aterrizó felizmente aunque con una situación complicada al final de su carrera de aterrizaje: El motor contiguo al que explotó había quedado fuera de control y los pilotos no fueron capaces de apagarlo; las múltiples fugas de combustible habían creado un charco debajo del avión sin que los bomberos pudieran aproximarse debido al motor en funcionamiento y el frenado en condiciones limitadas había hecho que los dispositivos de freno estuvieran a una temperatura que llegó a rebasar los 1.000 grados centígrados…en presencia del enorme charco de combustible que no dejaba de crecer y con pasajeros y tripulación dentro del avión.
Posiblemente el comportamiento de la tripulación del vuelo QF32 pueda servir para dar dos pistas importantes sobre cómo volar los aviones tecnológicamente más avanzados:
- Un avión no es un videojuego y los mejores sistemas de información no excusan de que los pilotos tengan claro cómo y por qué vuela un avión y de ser capaces de anticipar sus reacciones prescindiendo de la superestructura de sistemas de información.
- Es necesario perder los complejos frente a la tecnología de la información y si, especialmente en una situación degradada, se sospecha que la información o el control de que se está disponiendo no son adecuados, se debe estar dispuesto a contrastar esa hipótesis.
Por último, el libro da suficiente información sobre el piloto al mando para concluir que se trataba de una feliz combinación entre experiencia en distintos tipos de aeronave y conocimiento tecnológico. Sin embargo, aunque se destaca la figura del segundo piloto y su elevado grado de conciencia situacional, no se dispone de más información sobre él que la publicada en el informe preliminar donde se muestra que su experiencia en el tipo de avión era de algo más del doble del número de horas que tenía el piloto al mando. Puesto que también fue una figura central en el caso, habría sido interesante disponer de más información sobre su trayectoria profesional.
El caso QF32 se presenta casi como un «anti-AF447» en el sentido de que parece haber una clara insistencia en atribuir el accidente del segundo a la falta de formación de la tripulación mientras que el primero se muestra como un ejemplo de comportamiento adecuado. Habría dos puntos que añadir en este sentido:
- Cualquier persona familiarizada con el trabajo de recursos humanos sabe que uno de los primeros pasos para determinar las competencias necesarias en un puesto de trabajo consiste en buscar modelos excelentes a imitar. Parecería lógico profundizar en las características de los tripulantes del vuelo QF32 con este objetivo; sin embargo, la información disponible sobre el piloto al mando nos muestra que es un tipo de formación y experiencia cara y escasa. En un momento en que se está optando por rebajar las características de la formación creando licencias como la MPL un caso como el QF32 debería representar una invitación a revisar las políticas de formación y licencias así como desarrollos tecnológicos con una complejidad y opacidad crecientes.
- El caso AF447 puede ser atribuido a falta de formación de la tripulación pero, para hacerlo, es necesario dar un salto en el vacío difícilmente admisible: Todos los sensores imaginables pueden fallar. Si un sensor defectuoso tiene capacidad para generar una situación de confusión capaz de poner en evidencia la falta de formación de los tripulantes…algo mucho más grave que el propio sensor ha fallado en el camino. Se puede y se debe discutir si la formación de los pilotos era o no la adecuada -el caso QF32 puede ayudar en ese análisis- estableciendo las responsabilidades y realizando los cambios oportunos. Sin embargo, un sensor defectuoso NO puede provocar la situación de confusión por alarmas múltiples y contradictorias que se produjo en el AF447 y si lo hace -y lo hizo- necesariamente hay que revisar también el diseño capaz de conducir a ese efecto. Quedarse en un sensor defectuoso y en la falta de formación de la tripulación es sólo una mitad, o menos, de la verdad de lo ocurrido en el Atlántico en el vuelo AF447.
@MediaMarkt_es contra el consumismo
¡Gracias, Mediamarkt!
Con frecuencia de gadgetófilo visito vuestras tiendas para ver qué hay de nuevo y rara es la vez que salgo sin haber comprado algo, a veces bastante más caro de lo que pensaba. Pues bien, hoy no. Hoy MediaMarkt en su tienda de Valladolid me ha salvado de la feroz sociedad de consumo:
Justo frente a MediaMarkt hay una tienda de deportes en la que acababa de comprar unos pedales de bicicleta. El vigilante, al verme entrar con la bolsa, se ha apresurado a señalarme las taquillas. Aunque le he indicado que era poco probable que MediaMarkt tuviera pedales de bicicleta en la tienda, se ha limitado a susurrar un «Son las normas». Las taquillas son de las que utilizan monedas de euro y, en ese momento, no tenía ninguna. Con la taquilla abierta, me acerqué a una de las cajeras, a poco más de dos metros, para pedirle que me cambiase una moneda de dos euros. A ella también las normas le decían que no podía cometer tamaña felonía y que, para conseguir cambio, tenía que ir a Atención al Cliente, al otro lado de la entrada y donde siempre hay una cola más que notable.
Cansado de tanto gilip…esto…de tanto estricto respeto a las normas, recogí los pedales de la bici de la taquilla y me marché sin echar un vistazo. Gracias de nuevo, Mediamarkt. Seguramente me habéis librado de comprar algo que no necesitaba con vuestra férrea defensa del consumismo.
¿Crisis? En Mediamarkt, no. Supongamos que su férreo respeto de las normas les ha hecho perder una venta modesta de unos 10 euros y que esto les ocurre 10 veces al día: Son 100 euros que multiplicados por 300 días al año, significa una modesta de 30.000 euros, modesta pero que muchos firmarían por tenerla como sueldo, incluidos con toda probabilidad los ejecutores materiales de las sabias normas de la Dirección de Mediamarkt.
De nuevo, gracias. Por una vez, Mediamarkt me ha librado del perverso vicio del consumismo.
¿Por qué no se reduce el peso del sector público?
La rana hervida
Artículo publicado en el blog de innovación en el sector público del IE:
El peso del sector público o por qué los mercados no se lo creen
Post publicado en el blog de innovación en el sector público:
Servicios inservibles: ACER Tienda Internet
Como buen gadgetófilo compré uno de los primeros tablet Android que salieron al mercado español, el Acer Iconia A500. Al poco tiempo quise comprar un accesorio que permitía tenerlo en posición vertical dando por supuesto que tal accesorio llevaba un transformador: Craso error.
En primer lugar, los accesorios del Acer Iconia no se pueden encontrar en sitios como El Corte Inglés o MediaMarkt sino que hay que pedírselos a su tienda en Internet. Así lo hice y, puesto que tardaba mucho, reclamé. Al cabo de un tiempo me llegó y mucho tiempo más tarde llegó otro, supongo que sería el original extraviado. Ni uno ni otro llevaban transformador y la cosa tiene su importancia porque el conector del Iconia es de los «raritos», es decir, no se puede comprar un kit con 200 tipos distintos de conectores porque no se encontrará el adecuado.
Transcurrido un tiempo y teniendo un solo transformador, se me ocurre pedirlo de nuevo a la tienda Internet. Como no llegaba, reclamo y me contestan que me lo han enviado con fecha 28 de febrero; al decirles que no ha llegado me cuentan que investigarán y el resultado de la investigación lo recibo hoy: Me cuentan que lo tienen fuera de stock y que no tienen ni idea de cuándo llegará. ¿Qué es lo que habían enviado entonces el 28 de febrero y dónde está?
El Acer Iconia era mi segundo aparato de la marca puesto que había tenido antes un portátil pero, visto lo visto, puedo asegurar que no habrá un tercero.
RENFE: Atención al cliente de piñón fijo
Ayer fui testigo de una escena que parece dejar en entredicho los estándares de RENFE en atención al cliente o, al menos, su flexibilidad a la hora de buscar una solución. La escena fue la siguiente:
En la misma plataforma están saliendo dos trenes, una lanzadera AVE con dirección a Valladolid y otro tren con dirección a Bilbao. En el último momento pero con el tren todavía parado llega un viajero. Al parecer, alguien pregunta si es posible abrir la puerta del tren y la respuesta es negativa. A continuación, el tren empieza a moverse en presencia del pasajero y éste es invitado a marcharse para buscar un cambio de billete.
Hasta aquí, lo máximo que podríamos decir es que hubo cierta rigidez pero, conociendo las costumbres, si no lo hicieran así acabarían casi todos subiendo al tren en marcha y de ahí el aviso de que cierran las puertas dos minutos antes de la salida del tren. Tal vez hubo un exceso en el celo pero, en todo caso, puede ser justificable. Sin embargo, ahora viene la parte que dejó en evidencia la capacidad de respuesta de RENFE:
El tren que estaba en la misma plataforma, es decir, en la vía de al lado, estaba parado y le faltaban varios minutos para salir; de hecho, fui testigo de la escena porque ése era mi tren. No iba lleno en absoluto y mi sorpresa llegó cuando, después de haberme bajado del tren en Valladolid…encontré que estaba llegando el tren de Bilbao al que le habían negado la entrada al pasajero. Puesto que la lanzadera AVE es más rápida, casi con seguridad el tren de Bilbao esperó en la estación de Segovia donde fue adelantado llegando a Valladolid 3 o 4 minutos antes. Si hablamos de precios, son más caros los billetes de los trenes que hacen recorridos más largos que los de las lanzaderas.
Parece, por tanto, que si hubiera existido el menor interés en solucionar el problema del viajero todo lo que tenían que haberle dicho es «Súbase a ese tren y en Valladolid cámbiese al suyo». También coincidieron en plataforma los dos trenes; todo lo que tendría que haber hecho el viajero es andar 8 o 10 metros en el andén de la estación de Valladolid para haber llegado a su destino a la hora prevista.
Todo un modelo de atención al cliente. Cuando vi llegar el tren de Bilbao después del mío y a la vía contigua no me podía creer que todo lo que se les ocurriera decirle al viajero en Chamartín es que había llegado tarde.
SPANAIR: Cuando el nacionalismo catalán quiso volverse transoceánico
Entre las muchas cosas tristes que tuvo el accidente del 20 de agosto de 2008 está que pudo decirse de él que, como del cerdo, todo se aprovechó por algunos.
Desde el primer momento empezaron a producirse filtraciones interesadas destinadas a echar Spanair a los pies de los caballos…o de un comprador amigo que la pudiese conseguir al precio más bajo posible.
Spanair estaba ya en venta antes del accidente pero no a cualquier precio. De hecho, había en marcha un ERE cuyos argumentos no habría suscrito ni un estudiante de primero de Empresariales pero venía con el aval de una de las grandes firmas de consultoría que, como Zapatero antes de las elecciones de 2008, llegó a afirmar que la crisis era imprevisible y en sólo seis meses se había presentado una situación de la que no había ni indicios.
Se llegó al extremo ridículo de presentar públicamente en junio unos resultados excelentes de Spanair correspondientes al año anterior sin hacer mención de que quince días después se iba a presentar un ERE por los resultados presentes.
El accidente, por tanto, fue utilizado por los que ya querían conseguir hacerse con la compañía como una ayuda para rebajar el precio. Creo que ya no desvelo ningún secreto inconveniente si digo que la disposición a negociar por parte de los representantes del nacionalismo catalán se hizo formal con ocasión del funeral por las víctimas el 11 de septiembre en la catedral de la Almudena, fecha y situación adecuadas donde las haya para hablar de negocios por parte de algunos.
Si el accidente no les hubiera puesto a Spanair en bandeja, habrían buscado otra -probablemente Air Europa- pero, en unos tiempos en que las aerolíneas de bandera están prácticamente desaparecidas el nacionalismo catalán quería su aerolínea de bandera. La expresión ni siquiera es mía sino de ellos.
Que las filtraciones de la investigación se produjeran desde un número de fax del Ministerio en los tiempos de Magdalena Álvarez dice bastante de quién estaba detrás del asunto y a quién querían ayudar para conseguir Spanair al precio más barato posible. Para ello, durante meses se estuvo echando porquería encima de una compañía que habría tenido posibilidades de salir adelante y, misteriosamente, dejaron de salir noticias una vez que se hizo público que los nacionalistas catalanes habían conseguido su objetivo. A partir de ahí, cambio de ciclo y silencio llegando al extremo de un informe final sobre el accidente en cuyos detalles no entraré pero que ha levantado bastantes ampollas, más por lo que no dice que por lo que dice.
En el extremo del provincianismo a que hemos llegado, una capital de provincia no puede considerarse tal si no tiene un aeropuerto y una universidad; algunas regiones también se consideran de segunda clase si no tienen embajadas en el exterior y un aeropuerto intercontinental.
No digo que Barcelona y el Prat no tengan dimensión suficiente para no tener un aeropuerto intercontinental sin necesidad de enlaces en Madrid pero ésa es una decisión que corresponde a las compañías que descubran que hay un hueco de mercado a aprovechar y no a políticos que juegan con dinero ajeno.
Spanair lo tenía difícil ya en 2008 pero, una vez que cayó en las garras de políticos que se olvidaron de que era una compañía aérea y que tenía que ser gestionada como un negocio lo tuvo imposible.
Cuando algunos han levantado la voz por la propuesta de que se pida responsabilidad penal a los políticos por acciones de corrupción o de despilfarro claro, quizás casos como el de Spanair podían invitarles a pensar si hay que dejarlos pasar y si el dinero de todos no merece un mayor respeto del que ha tenido por parte de los políticos.

Debe estar conectado para enviar un comentario.