Categoría: Temas sociales y políticos

«La transición de cristal: Franquismo y democracia» de Pío Moa

Debo empezar diciendo que Pío Moa no está entre mis analistas favoritos de la historia reciente por la sensación en más de un libro de que se ha pasado de frenada. Sin embargo, este libro tenía como atractivo un prólogo de Stanley Payne, para muchos el mejor hispanista vivo, y un capítulo final del propio Moa que fue lo que me decidió a comprarlo, donde en 21 puntos hace un magnífico análisis de la transición al que sólo le pondría un par de «peros» menores.

Stanley Payne raramente decepciona cuando habla de historia de España por ese visible esfuerzo en mantener la objetividad, que no la equidistancia, que caracteriza a todos sus libros. En este caso, pone el dedo en la llaga sobre el simple hecho de que en el momento de la muerte de Franco no había fuerzas democráticas españolas importantes: Casi todos los grupos de la oposición de izquierda o de nacionalistas eran aproximadamente tan autoritarios como Franco y algunos aún más totalitarios. Absolutamente cierto: En una especie de pirueta conceptual, parecía que estar o haber estado contra Franco acreditaba a alguien como demócrata, incluyendo bajo esa etiqueta a partidos abiertamente racistas entre otros.

Moa, por su parte, hace un buen resumen final en el último capítulo aunque, en algunas cosas, parece que se le va la mano. En su intento de atacar a Zapatero, señala que Rodríguez Zapatero ha afirmado que su partido mantiene íntegras las viejas tradiciones, lo cual ayuda a entender sus movimientos anticonstitucionales recientes. Claramente, Moa se está refiriendo al comportamiento del PSOE en la etapa previa a la Guerra Civil y su responsabilidad sobre el estallido final de ésta y a cuestiones como el comentario de su fundador, Pablo Iglesias, en el sentido de que respetarían la legalidad como medio para conseguir el poder pero, si no lo conseguían por esa vía, se la saltarían. Sin embargo, es sumamente dudoso que Rodríguez Zapatero tenga el conocimiento de historia necesario para conocer esos detalles y es más que probable que toque de oído y piense que su partido es «demócrata de toda la vida».

Otro aspecto dentro de este resumen que puede ser discutible es la importancia que concede a la Ley de Memoria Histórica, como motor de una revisión que intenta conectar la época actual con la República de pre-guerra, bajo el supuesto de que aquélla era una situación democrática a la que se ha de volver. Lo cierto es que una gran mayoría de los españoles, incluidos muchos socialistas, ve tal ley como una patochada o una forma de intentar reescribir una historia que, afortunadamente, no le interesa o, al menos, no lleva la carga emocional que le quieren poner sus autores.

En lo demás, el capítulo de cierre que resume la evaluación de la transición es no sólo correcto sino brillante.

En cuanto al cuerpo central del libro, llama la atención la relevancia que Pío Moa le presta al GRAPO, mostrando el resto de los grupos, armados o no, opuestos al régimen como infiltrados por la policía a diferencia del GRAPO. Los que, en aquella época teníamos edad para darnos cuenta de algo aunque fuéramos muy jóvenes, recordamos el GRAPO como algo de muy escasa relevancia y digno de toda sospecha empezando por el nombre: Parece que, al poner el nombre de «Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre» a nadie se le ocurrió que Franco asumió el poder máximo el primero de octubre de 1937 y lo conservaría hasta su muerte. Casi tan significativo como haberlos llamado «Grupos Revolucionarios Antifascistas Dieciocho de Julio».

Moa desmonta unos cuantos mitos históricos, comenzando por el en su época zaherido y después mitificado Adolfo Suárez pero se inventa algunos otros, relacionados sobre todo con la figura de Franco. Según Moa, Franco prestó un gran servicio a los aliados al mantener la neutralidad en la II Guerra Mundial y este servicio no fue adecuadamente retribuido. Incluso justifica la cercanía de Franco a Hitler señalando que, en aquel momento, Hitler aún no había comenzado los asesinatos en masa como sí lo había hecho ya Stalin. Quizás con la perspectiva de la época previa a la II Guerra Mundial puede haber cierta justificación para la cercanía con un personaje que, cuando se vio más seguro en su posición, cometió las atrocidades de todos conocidas pero tampoco olvidemos que Stalin fue sumamente hábil durante unos años ocultando crímenes e incluso es de su época el invento de las «aldeas Potemkin», escenarios de cartón-piedra fabricados para mostrar a incautos visitantes occidentales lo bien que se vivía en la U.R.S.S.  Los crímenes de Stalin habían comenzado pero no eran conocidos en aquella época.

En cuanto a la impagable ayuda de Franco a los aliados, dos matizaciones:

  • Hasta bien entrada la II Guerra Mundial, la posición oficial de España no fue de neutralidad sino de «no-beligerancia», es decir, alineación con Alemania pero sin entrar en guerra. Esto daría lugar, entre otras cosas, a que en las islas Canarias se recibiera a submarinos alemanes. A pesar de esto, hay un hecho cierto que Moa destaca de esa época y es la gran cantidad de refugiados judíos que huían de Hitler y fueron salvados de él por la España franquista de postguerra.
  • La otra matización se refiere a un hecho muy simple: España estaba destrozada y su valor militar era completamente nulo. Hitler no presionó excesivamente para la entrada en la guerra de España porque sabía que, de hacerlo, tendría que desviar parte de sus recursos para la defensa de un teórico aliado que no tenía capacidad para defenderse por sí mismo. Más adelante, cuando las cosas se empezaron a torcer para Hitler, llegaría la época de posición española de neutralidad.

Al final, el libro sigue la constante de otras obras de Pío Moa: Un tremendo esfuerzo en desmitificar épocas, organizaciones y personajes de la historia española reciente. Teniendo en cuenta que hay una tendencia «oficial» encaminada a hacernos comulgar con ruedas de molino como los planteamientos democráticos de todo el que se opusiera a Franco, racistas y stalinistas incluidos, o presentar la II República como una época democrática rota por un golpe fascista, es un esfuerzo que se agradece. Sin embargo, lo que ya no se agradece tanto es que esa desmitificación venga siempre seguida por una conclusión ni necesaria ni cierta y es la revisión de la figura de Franco para convertirlo en una especie de ser sensible y preocupado casi en exclusiva por el bienestar de los españoles. Moa toca en el libro casos de corrupción como la situación en la etapa final de Felipe González o el Pujol de Banca Catalana. Sin embargo, cuando se trata de la época franquista, parece que toda la corrupción se redujo al caso Matesa y ciertamente estaba mucho más extendida.

Conclusión: Es una buena compra por sus magníficos prólogo y capítulo final. Para el resto, diremos casi como en el viejo anuncio del detergente Colón: «Busque, compare…y no compre al peso todo lo que está escrito».

#democraciarealya ; #15m; #pp ; #psoe : El momento de la verdad

A estas alturas, después de las elecciones y a la vista de los resultados, «Democraciarealya» podría considerarse algo muerto. ¿Qué ha pasado, qué se ha conseguido y qué impacto ha tenido en las elecciones?

Ayer mismo, había bastantes críticas señalando que castigar a Zapatero no significaba apoyar al PP pero es posible que haya habido demasiados paralelismos con un «13M» de hace ahora siete años y eso haya provocado una reacción favorable al PP: Hace ahora siete años, se violó la jornada de reflexión con «manifestaciones espontáneas» encerrando a los miembros del PP en su sede. Los atentados del 11M, aún no clarificados por mucho que se hable de «teorías conspiranoicas» cuando alguien señala a los agujeros de la versión oficial, fueron utilizados para dar un vuelco electoral.

«Democraciarealya» dice no tener nada que ver con las elecciones pero aparece justo antes de unas elecciones, toma como su principal centro de operaciones en la Puerta del Sol, frente a la sede de la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP y, a pesar de que los tribunales señalan que no se puede permitir la manifestación en la jornada de reflexión, el Ministerio del Interior decide permitir que prosiga una acampada en la que, entre otros, se encuentra una de las hijas del propio Zapatero. Probablemente mucha de la gente que ha apoyado y apoya este movimiento estará molesta con la mera sugerencia de instrumentación pero, al final, se han producido demasiadas coincidencias con un «13M» que muchos no han olvidado ni están dispuestos a admitir que se repita. Muchos votantes, que no iban a votar al PSOE pero podían estar pensando en quedarse en casa, han podido ser movilizados por ese recuerdo del «13M» y haber acudido a votar al PP como respuesta.

Por otro lado, una de las pocas cosas en que parecía haber acuerdo entre los de «democraciarealya» es la necesidad de un cambio urgente de la ley electoral. Dos partidos llevaban ese punto en su programa y los dos han subido, el primero espectacularmente y el segundo en algunos sitios: UPyD e IU. Por su propio interés, es de esperar que estos dos partidos recojan el testigo de «democraciarealya» en lo referente a ese tema y, al hacerlo, contribuyan a que esta última se vacíe por completo de contenido.

En cuanto a los dos grandes partidos, señalar lo decepcionante de la intervención de los líderes de ambos que, tras los resultados, no dijeron absolutamente NADA. Cierto que no es muy sorprendente: Uno nos tiene acostumbrados a palabras huecas y el otro a la nada en su mismidad y, por ello, esperar algo distinto podía ser prueba de un optimismo injustificado pero, especialmente al PP, la situación que tiene por delante le va a impedir practicar la receta favorita de sus dirigentes y su arúspice principal: «No hacer nada que vamos ganando».

El intento de configurar un partido fiel imitando al Alfonso Guerra de «el que se mueva no sale en la foto» no ha salido muy bien en Asturias, donde Álvarez Cascos se ha movido y ha sacado a patadas de la foto a la candidata oficial del PP. Lo tuvieron tan fácil como que Cascos hubiera sido el candidato del PP a la presidencia asturiana pero, como ha demostrado repetidamente, el líder del PP prefiere tener a su alrededor a pesos ligeros y con poca historia y, si hay asuntillos que los puedan hacer caer en algún momento como ocurre en el caso de Valencia, mejor todavía. Rajoy, en esto, se parece a Zapatero y su lucha permanente por rodearse de mindundis que no le hagan sombra.

«No hacer nada que vamos ganando» dejó de ser una receta válida, si es que lo fue alguna vez, cuando se conocieron los resultados electorales. Un discurso vacío y la falta de respuesta cuando la gente agrupada frente al balcón de Génova gritaba «Bildu fuera» no son buenos augurios cuando se va a encontrar, hasta las elecciones generales, con una situación de poderes central y autonómicos enfrentados. Aguirre ha plantado cara en el enfrentamiento y le ha salido bien. ¿Lo harán también los demás? ¿Les saldrá bien? El «no hacer nada que vamos ganando» no va a ser una solución.

Por parte del PSOE, la lógica mandaría una convocatoria inmediata de elecciones pero aún no han lanzado un candidato y tratarán de esperar hasta estar en condiciones de poder salvar algo. Aunque ayer mismo negaron la posibilidad de un Congreso extraordinario y hablaron de primarias. Sin embargo, la situación puede ser tan urgente que obligue a una designación inmediata y directa de candidato evitando los tiempos que impone un proceso de primarias y, con ello, favoreciendo al «candidatable» que no quería primarias bajo ningún concepto, es decir, Rubalcaba.

«Democraciarealya» puede haber lanzado también un mensaje al exterior y eso agravaría la necesidad de actuar urgentemente del Partido Socialista: Hasta hace poco, la idea predominante era que, a través de sus terminales sindicales y de partido, el PSOE tenía controlada la situación y no iba a haber una revuelta social en España del estilo de las que se produjeron en Grecia. Eso, hoy, gracias a «democraciarealya» y especialmente gracias a «spanishrevolution» ha dejado de estar tan claro, aumentando la desconfianza de los mercados exteriores: La situación, tanto social como política, se está escapando en todas direcciones del control de Zapatero y, en esas condiciones, fuera de España se preguntan: «¿A qué esperan?».

Imponer los tiempos propios -de partido- a los tiempos que exige el Estado no es solución y, en este momento, es difícil que se pueda llegar al final de la legislatura e incluso a cubrir todos los trámites y los tiempos necesarios para unas primarias. Necesitan lanzar un candidato y hacerlo ya. ¿Será Rubalcaba o será un «tapado»? Lo ocurrido en las elecciones a pesar del eco mediático de los «indignados» puede mostrar que las «manifestaciones espontáneas» no tienen ya la acogida y el impacto popular del «13M» y anteriores intentos de «sacar la democracia a la calle» como el «No a la guerra» o el «Nunca mais». Los estruendosos silencios de los sindicatos cuando el poder es amigo, a pesar de los cinco millones de parados, también han tenido su papel en el descrédito alcanzado por la algarada callejera que cada vez es un instrumento menos eficaz. En estas condiciones, continuar como si nada hubiera pasado es una forma de garantizarse la marginalidad para el propio Partido Socialista y para el país en su conjunto.

Nos esperan tiempos interesantes.

#Democraciarealya : Las manos que quieren mecer la cuna.

A medida que pasan las horas, hay más datos y más confusos sobre la evolución de «Democraciarealya». Algún periodista que ha tratado de ponerse al frente de la manifestación -curiosamente de un medio especialmente afin al Gobierno y aún más especialmente afín a su presidente- contaba que las acusaciones de que no había un programa eran falsas. Tenía razón: No hay uno; hay doscientos y contradictorios entre sí.

Otro periodista, afin al partido del Gobierno pero no al Gobierno en sí mismo, nos daba «claves» y, entre ellas, nos contaba cómo en el PSOE el problema son los dirigentes mientras que en el PP lo malo es el partido en sí mismo. En realidad, el problema podría ser la clase política en conjunto y cómo se ha conformado una casta totalmente aparte y ajena a los problemas de sus teóricos representados pero eso no es algo que le intereses a nuestro periodista, que defiende unos intereses muy concretos, intereses que más que siglas llevan nombre y apellidos.

No se puede salir corriendo en todas las direcciones a la vez pero parece que la diversidad de planteamientos que se han agrupado bajo el paraguas de «Democraciarealya» ha conducido precisamente a eso. Cuando ocurre así, suelen ser los antisistema y los más radicales los que se hacen con el cotarro. No sé si vale la pena recordar que lo que derivó en una República Islámica -bonito modelo democrático- se inició como una más que justa y justificada protesta en contra del dictador Reza Pahlevi…para acabar trayendo a otro peor.

Estoy tentado de darle la razón a Esperanza Aguirre cuando dice que «si la derecha no funciona se cambia de gobierno y si la izquierda no funciona se quiere cambiar el sistema». Algo hay de eso pero hay algo más: Si mientras las cifras de desempleo se van a las nubes, el partido de Esperanza Aguirre opta por la inacción cuando no por el acuerdo ¿no hay una parte de corresponsabilidad?

Cuando se habla de los privilegios de los políticos ¿no participan de ellos y votan que no cuando se trata de retirarlos? ¿No han participado en el enjuague de las cajas de ahorros y en la defensa numantina de los Bancos frente a los endeudados?  Cuando critican una sentencia del Tribunal Constitucional, están en su derecho y no hay nada «sacrosanto» como decía su presidente ni hay que presuponerles independencia puesto que votan en función de la ganadería a que pertenecen pero  ¿no politizaron hasta extremos vomitivos la justicia, incumpliendo su programa electoral, mediante un acuerdo entre los dos grandes partidos? ¿No aceptaron hace poco la renovación de ese mismo Tribunal Constitucional al que critican?

Esperanza Aguirre puede tener toda o parte de la razón pero hay mucho que criticarle a su partido, especialmente haberse tragado el mensaje de su aprendiz de brujo oficial, de «Para ganar, no tienes que hacer nada: Perfil bajo, Mariano» y haber actuado en consecuencia, callando cuando no asintiendo. Pocos mensajes más cómodos y más falsos que ése pero, además de eso y aún peor, su aceptación deja en evidencia que se subordinan los principios a la conveniencia electoral. El mensaje de Groucho de «estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros» ha calado en toda una clase política, cada vez más desconectada y viviendo en su mundo de privilegios pagados por todos.

Hay motivos para la protesta y para la indignación pero no todos tienen el mismo grado de responsabilidad: A ver si al final se va a dejar que se coloque a la cabeza de la manifestación el que más motivos ha dado para esa protesta y esa indignación. Los distintos manifiestos que van saliendo tienen puntos comunes con programas de distintos partidos -¿casualidad o están ahí «las manos que mecen la cuna»?- pero, en este momento, precisamente por ese intento de rentabilizar las movilizaciones desde distintos partidos políticos, la disgregación es un escenario más que probable.

Si la disgregación se produce, su más probable resultado sería que la calle, con la ya anunciada aquiescencia del Ministerio del Interior, quedaría en manos de los más radicalizados, antisistema o «perroflautas», elija cada cual la denominación que prefiera  mientras que los demás, los que están hartos de una situación pero no compran determinado tipo de motos ni tienen intención de dejarse manejar,  se lanzarían a su casa a fundir el Twitter.

La única solución posible para que eso no ocurra pasaría por exigir un mínimo común denominador en el que pudieran estar todos de acuerdo y, además, lo hay:

  1. Cambio de ley electoral con circunscripción única en todo el territorio, de forma que todos los votos valgan lo mismo y se eviten chantajes.
  2. Listas abiertas de los partidos para asegurar que sus candidatos responden ante el ciudadano y no ante su jefe.
Incluso temas tan relevantes como la separación de poderes acabarían llegando de la mano de esas dos simples medidas. Sólo con eso, la «democraciarealya» estaría en camino. Entrar en más detalles programáticos, afines a unos u otros partidos o incluso sacar cosas que no vienen a cuento como lo del concordato con el Vaticano o el sueldo de los banqueros, sólo puede servir para romper un movimiento o que sea instrumentado por el más listo y,  cuando se trata de manipulación…casi todos le pondríamos el mismo nombre. ¿Es eso lo que se quiere?  Algunos, entre otros los dos personajes citados sin nombre al principio, seguro que sí. Muchos otros, no.

El galimatías de #democraciarealya

Si alguien tiene dudas de que esto no es un movimiento unitario, puede leer este artículo más los comentarios: http://twitpic.com/4z9bnr

Muchos firmaríamos por los principios reflejados ahí pero pueden verse comentarios tan simpáticos como que «las listas abiertas no son garantía de nada», comentario que tiene toda la razón pero el problema no es ése: El problema es que «las listas cerradas sí son garantías de algo». Del mismo modo, la independencia del poder judicial no es garantía de calidad en las decisiones judiciales pero su falta sí es garantía de que las decisiones van a estar dictadas por el amo político. Las pruebas son demasiado recientes.

El origen o los orígenes de este movimiento son fáciles de identificar aunque, viendo la dimensión que ha cogido el asunto, alguno hay que tiró la piedra y ahora trata de esconder la mano. La cosa pudo empezar con la protesta por una norma más o menos estúpida pero el ámbito de la protesta se fue generalizando y fue abarcando a gente con motivaciones muy diversas. La situación en las acampadas puede acabar siendo parecida al que no quería comprar un chalet adosado en una cooperativa de un sindicato porque no aguantaba que el vecino le llamase «compañero».

Un actor de segunda fila identificado con la dictadura castrista y un periodista de un medio afín al gobierno tienen muy poco que ver con alguien que esté dispuesto a firmar un manifiesto como el que se vincula al principio y, sin embargo, ahí están juntos mientras buena parte de los políticos merodean alrededor para encontrar un flaco débil y sacar tajada.

Habrá acampados que están dispuestos a entrar en el juego mientras que otros ya han visto demasiado de «manifestaciones espontáneas» convocadas por SMS incluso desde dependencias de algún Gobierno y están con todas las antenas puestas para no dejarse estafar una vez más. ¿Quién prevalecerá? Probablemente ninguno. Las acampadas se han convertido en una unión contra natura de gente que no tiene nada que ver entre sí y, en muchos casos, sin más vínculo común que el desprecio mutuo.

Muchos, al acudir a las acampadas y tener como vecinos a gente con unas motivaciones tan distintas de las propias, no están considerando una realidad muy simple: LOS ENEMIGOS DE MIS ENEMIGOS NO SON NECESARIAMENTE MIS AMIGOS. Inevitablemente esa realidad se impondrá.

Crisis explicada sin pretenderlo: Umberto Eco en «El cementerio de Praga»

Umberto Eco es un autor raro: Tan pronto le sale un libro denso pero magistral como «El nombre de la rosa» como algo tan difícil de digerir como «El péndulo de Foucault». Todavía no tengo catalogado «El cementerio de Praga» pero he encontrado el siguiente pasaje que no tiene precio:

Quede claro, querido Simone -le explicaba, habiendo pasado ya al tú-, que yo no fabrico falsificaciones, sino nuevas copias de un documento auténtico que se ha perdido o que, por un trivial accidente, nunca ha llegado a ser producido pero que habría podido o debido serlo…Jamás osaría cometer un crimen de ese tipo porque soy un hombre de honor. Claro que, si un enemigo tuyo aspirara a tu herencia y tú supieras sin lugar a dudas que el fulano no nació ni de tu padre ni de tu madre sino de una buscona de Odalengo Piecolo y que ha hecho desaparecer su certificado de bautismo para aspirar a tu riqueza; pues bien, si tú me pidieras que fabricara ese certificado desaparecido para confundir a ese malhechor, yo ayudaría, permítaseme la expresión, a la verdad, probaría lo que sabemos que es verdadero y no tendría remordimientos.

-Sí, pero ¿cómo sabría usted de quién nació de verdad ese fulano?

-¡Pues tú me lo dirías! Tú que lo conoces bien.

-¿Y usted se fía de mí?

-Yo me fío siempre de mis clientes, porque sirvo sólo a personas de honor.

-¿Y si, por casualidad, el cliente le mintiera?

-Entonces sería él el que pecaría, no yo. Si me pongo a pensar que el cliente puede mentir, entonces dejaría este oficio que se basa en la confianza.

¿Hablamos ahora de auditorías, agencias de calificación, calificaciones triple A y de todos aquellos que, de una u otra forma, justifican su presencia en el sistema certificando la veracidad de lo que dicen sus clientes? ¿No se parecen demasiado muchas organizaciones al personaje de Umberto Eco?

Crónicas de «muymuylejano»: ¿De dónde salen y quién maneja a los «indignados»?

Todo movimiento requiere de un hecho o una obra a la que engancharse y sobre la que empezar a adquirir fuerza. Esa obra está claramente identificada: Es el libro Indignez-vous de Stephane Hassel del que puede encontrarse una reseña crítica aquí mismo:

https://factorhumano.wordpress.com/2011/01/23/indignez-vous-de-stephane-hessel-contrapunto-de-jean-francois-revel/

La crítica, como fácilmente se verá, se refiere a las distintas varas de medir utilizadas para indignarse acerca de unos temas y pasar de puntillas sobre otros de la misma magnitud y tipo.

¿Hay motivo para la indignación? Ciertamente. ¿Contra todos? En buena parte sí pero ¿por qué estos movimientos «espontáneos» no van contra todos sino que van contra algunos y siempre contra los mismos?

¿Hay alguien que está manejando los hilos de los «indignados»? Si se quiere tener una respuesta a esa pregunta, obsérvense algunos detalles:

  1. El movimiento surge en vísperas de unas elecciones que pintan mal para el partido que gobierna muymuylejano.
  2. Las manifestaciones se hacen en lugares muy señalados y con fuerte aparato de gresca e insultos hacia los políticos contrarios a Lord Farquard. De hecho, las principales protestas no se organizan frente al castillo de lord Farquard sino frente al de la princesa Fiona.
Hay un historial de elecciones recientes en muymuylejano donde algunos acontecimientos luctuosos han sido oportunamente explotados para conseguir un vuelco electoral. ¿Es éste el acontecimiento de las siguientes elecciones de muymuylejano o habrá que esperar algún otro?
Si Shrek esperaba que le regalasen las llaves del palacio sin hacer nada más que esperar que Lord Farquard saliese por su propia voluntad, lo lleva claro. Va a tener «indignados» hasta en la sopa, teóricamente contra todos pero dirigiendo todas sus acciones casualmente contra él y contra la princesa Fiona.

Blanco y en botella.

Valores y pragmatismo en la gestión política: Crónicas de «Muymuylejano».

Un partido político importante del país  Muymuylejano decide que su principal objetivo es alcanzar el poder y, una vez que lo tenga en su mano, llega el momento de poner en marcha sus programas de acción. Su acción está dirigida por el más puro pragmatismo al pensar que, si no consigue el poder, no tendrá posibilidades de conseguir una sociedad dirigida por sus valores y, por tanto, entiende que es mejor aparcar discretamente los valores en favor de la pura búsqueda del poder.

Como consecuencia, dirige su acción a buscar los caminos de menos resistencia. Está utilizando un modelo de gestión del cambio que, hace años, fue presentado por el profesor de Harvard, Michael Beer y continúa siendo uno de los mejores modelos en este terreno. Beer recomienda no afrontar directamente las resistencias sino ir rodeándolas de forma que el proceso de cambio vaya adquiriendo fuerza y reservarse para el momento en que se esté en condiciones de vencer las resistencias que aún no hayan desaparecido. Los aprendices de brujo de nuestro partido han decidido que ésa es la línea correcta y se aplican a ella con esmero.

Nuestros aprendices de brujo también saben que, en el ámbito empresarial, el modelo de cambio de Beer es probablemente mucho mejor que otros modelos mucho más directos como la reingeniería pero tal vez han adoptado para el ámbito político de forma demasiado acrítica el modelo:

Sentarse a ver pasar el cadáver del enemigo implica el riesgo de que, si no se miden bien los tiempos y sobre todo los apoyos, el cadáver que pase primero acabe siendo el propio. La opción pragmática implica rehuir el enfrentamiento y dar un paso atrás cada vez que se produzca una situación en la que ese enfrentamiento parece inevitable. Cuanto más bochornosa sea la situación, más crece la desconfianza de los propios y, aunque si los adversarios son suficientemente ineptos, dejarlos es una forma de permitir que se vayan desgastando ellos solos, rehuir el enfrentamiento desgasta también al que sigue esa línea.

Los viejos partidos marxistas funcionaban con la lógica de «cuanto peor, mejor» como forma de provocar una revolución para hacerse con el poder. Sin embargo, el ciudadano no politizado y que pensaba en salir del infierno presente en lugar de soñar con el paraíso futuro puede hacerse varias preguntas razonables:

  1. ¿Por qué has permitido ese nivel de deterioro?
  2. ¿Qué garantías tengo de que, en caso de que llegues al poder, mantendrás los valores que dices defender cuando no lo has hecho cuando no estabas en el poder?
  3. Si, una vez en el poder, continúas con el camino de menos resistencia ¿no permitirás que el poder real lo tengan tus adversarios?
  4. En ese camino de menos resistencia ¿te has quitado de encima a personas que no estaban de acuerdo con él y pretendían actuar de acuerdo con unos valores?
  5. ¿Has dado ejemplo o has permitido conductas corruptas en tus allegados porque no te podías permitir el lujo de perderlos?
  6. En suma, si llegas al poder ¿qué garantías tengo de que tu única finalidad no será mantenerte en él y seguirás ignorando los valores de referencia de tu organización?
Cuando se tiene un adversario suficientemente torpe, hay que esperar que éste pierda apoyos rápidamente pero la línea de menos resistencia -muy adecuada casi siempre en gestión empresarial- puede hacer que quien la practica también pierda los apoyos que considera propios, es decir, puede haber un número creciente de personas que no se sientan representadas por las acciones de la que, en condiciones normales, sería su opción política. Incluso en el ámbito empresarial, la reingeniería ha sido causa de numerosos fracasos pero también se ha considerado que es la única posibilidad en situaciones de crisis extrema, es decir, si no hay tiempo para bordear las resistencias y las circunstancias invitan a afrontarlas directamente, hay que hacerlo.
Cuando el pragmatismo de las encuestas y de conseguir el poder se coloca por delante de los propios valores, se puede no excitar las resistencias del lado contrario pero, a la vez, se pierden a gran velocidad apoyos propios, máxime si ha habido operaciones de limpieza en las que se ha procurado quitar de escena a las personas que más pudieran representar esos valores. Los que se consideran propios nunca votarán a un adversario al que desprecian pero podrían dejar de votar también al «político práctico» cuya única finalidad es obtener el poder a costa de renunciar a lo que haga falta: Las primeras renuncias conducen a la desconfianza; las siguientes a un desprecio de magnitud parecida al reservado para el adversario. Al fin y al cabo, al adversario ya le conocían; al propio le consideran un traidor.
Esto es lo que ocurre cuando el pragmatismo invita a dejar de actuar según los propios valores pero, afortunadamente, estas cosas sólo pasan en Muymuylejano.

¿Vivimos en un mundo más seguro?

La mezcla de júbilo y críticas por la muerte de Osama ben Laden en una acción militar invita a hacerse esta pregunta. Sé que no soy original y que ha sido un tema muy debatido estos últimos días pero no sé si se están utilizando los argumentos correctos para una y otra posición.

Los que opinan que el mundo es más seguro sin ben Laden se basan en el viejo dicho «Muerto el perro, se acabó la rabia», dicho que en algunos casos ha funcionado. Tenemos, por ejemplo, el caso de la Baader-Meinhoff donde un más que conveniente suicidio en la cárcel de sus dirigentes acabó con el terrorismo en Alemania. Más cercano a España, tenemos el caso del MPAIAC, causante indirecto del accidente de Los Rodeos, en que un atentado contra su líder, Antonio Cubillo, fue suficiente para que desapareciese del mapa. Pueden, por tanto, darse casos en que la desaparición del líder provoque la disolución del movimiento.

Por el otro lado, tenemos casos en que el líder se convierte en mártir de una causa y le da a ésta más fuerza. Tenemos también ejemplos como el caso de Emiliano Zapata en México, el del comandante Riego en España y tantos otros que, llegado un momento, son mas valiosos en su papel de mártires que en el de revolucionarios en activo.

Estamos, por tanto, en el terreno de lo opinable: ¿Era ben Laden tan importante para AlQaeda? ¿desaparecerá AlQaeda con él o lo convertirán en mártir y les dará nuevos bríos? Cuando los americanos tratan de explicar el exquisito respeto con que han tratado el cadáver y cómo se han deshecho de él conforme a los ritos islámicos, lo hacen simplemente porque tratan de evitar el segundo escenario y no por un hipotético respeto por el enemigo caído en combate.

Hay cosas, sin embargo, que están fuera del terreno de lo opinable: Desde la descomposición de la Unión Soviética hubo numerosos científicos que, sin más motivo que el universal vicio de comer todos los días, vendieron su saber al mejor postor. Gracias a ello, es fácil conseguir un ejército de un solo hombre con un armamento biológico, químico o nuclear suficientemente letal para representar una amenaza real. ¿Qué pueden hacer frente a eso grandes ejércitos? Quizás los servicios de inteligencia puedan hacer algo más pero ¿son sus redes suficientemente tupidas como para cazar ese tipo de actores sin que, a la vez, se produzca una anulación real de la libertad para el ciudadano corriente?

Con ocasión del 11S, se criticó a la CIA por su inutilidad aludiendo a la cantidad de información que tenían previamente. Por desgracia, es muy fácil profetizar el pasado porque ya sabemos cuál fue la cadena causal que funcionó; con el futuro es un poco más difícil porque, entre otras cosas, es necesario filtrar e interpretar la información y el problema de cualquier servicio de inteligencia no es la falta de datos sino el exceso de indicios que pueden apuntar en todas las direcciones imaginables.

Por ese motivo, no se puede considerar que la desaparición de ben Laden implique que el mundo sea más seguro: Con él no ha desaparecido la posibilidad de utilización de armamento fácil de manejar, que ocupa poco espacio y mortífero por poca gente y con escasa formación.

¿Implica esto que la muerte de ben Laden sea inútil? De ninguna forma; en estos días nos estamos enterando de que, sin lugar a dudas, el Gobierno pagó el rescate de un atunero -llamémoslo «semivasco» tanto por su matriculación como por la composición de su tripulación- a piratas somalíes y que, incluso, no utilizó la oportunidad que tuvo para atacarlos debido a una orden directa recibida por los militares. ¿No es un mensaje de invitación al siguiente secuestro? La muerte de ben Laden también manda un mensaje al próximo ben Laden y, probablemente, ese mensaje sea mucho más adecuado para la seguridad de todos que el enviado por el Gobierno español.

A pesar de todo, la combinación de armamento pequeño y mortal utilizado por poca gente sigue estando ahí. Mientras esto sea así, siempre habrá gente dispuesta a utilizarla, sean cuales sean sus motivos. Probablemente eso hará que tengamos que acabar renunciando a parcelas de libertad individual -esperemos que las menos posibles- porque el mundo del futuro será más seguro o, simplemente, no será. Einstein dijo que no sabía qué armas se utilizarían en la III Guerra Mundial pero la cuarta si libraría con palos y piedras. Pues eso.

PNV: O está mal informado o está demasiado bien informado.

Tras la escasamente velada amenaza al gobierno de Zapatero en caso de que no se legalizase Bildu, alguien se podría sorprender: Según la Constitución, existe una división de poderes y la cuestión de la legalización o ilegalización de los proetarras es algo que correspondería al ámbito judicial.

Como en alguna ocasión han repetido los miembros y portavoces del Gobierno, «nosotros respetamos las decisiones judiciales» y, además, parece que no cabría hacer otra cosa por lo que la amenaza del PNV no tendría sentido alguno.

Sin embargo, algunos casos recientes y menos recientes han mostrado que ese respeto a las decisiones judiciales se produce sobre todo hacia las decisiones que encajan con la línea de actuación del poder político; por otro lado, es un hecho que el sistema de nombramiento de jueces y fiscales está politizado hasta unos extremos vomitivos y que los componentes del CGPJ o del TC se adjudican por «ganaderías» y no por méritos profesionales.

A la vista de esto, es inevitable plantearse la pregunta:  ¿No sabe de qué habla el PNV al amenazar al Gobierno si sale una resolución judicial que no les gusta o lo sabe perfectamente?

Ignorancia política de los nuevos votantes

Escándalo: Encuesta sobre conocimientos del funcionamiento político a los que van a votar por primera vez y resulta que no tienen ni la más remota idea de cuestiones como quién nombra al presidente del Gobierno, cuántos diputados hay o unas ciertas nociones del who’s who en política.

Tuve la curiosidad de realizar la encuesta y conseguí unos resultados del 100% -realmente no era muy difícil para alguien con una cultura política mediana- pero dudo mucho de que a mis 18 años hubiera conseguido ese 100% e incluso me pregunto si mis resultados no habrían sido perfectamente comparables con los actuales.

Galbraith decía que la gran amenaza para la democracia es la ignorancia pero ¿es la ignorancia un factor diferencial de los más jóvenes? Estoy seguro de que se podría diseñar una encuesta para votantes por encima de los treinta años y podríamos encontrar un mayor conocimiento episódico pero dudo mucho que ante preguntas sencillas como, por ejemplo, el impacto de la ley electoral en el funcionamiento de la política española, las consecuencias de la politización de la justicia y cómo y por qué se llevó a cabo ésta, cuál es el mecanismo de representatividad de los sindicatos y su validez…mucha gente se quedaría en blanco o contestaría cualquier trivialidad.

Es cierto que la historia del sistema educativo español es la historia de un deterioro constante pero seguramente no es ahí donde hay que buscar la causa de la ignorancia sino en el desinterés. Cuando un político habla de juventud, conviene echarse mano a la cartera porque la tónica general es la utilización de una especie de pensamiento icónico destinada a captar un voto poco o nada reflexivo a cambio de venderles como derechos básicos temas que distan mucho de serlo o, en otros términos, a tratar a los jóvenes como imbéciles. ¿Tiene algo de extraño el desinterés y, como consecuencia, la ignorancia?

Si vamos a la población de más edad, no nos engañemos. El pensamiento icónico funciona igualmente y quien decide unas elecciones generales es un grupo que podría no superar los dos millones de personas. El resto votará siempre a los mismos hagan lo que hagan por el convencimiento de que los otros lo harían todavía peor.

Ése es el país que tenemos. Galbraith tenía toda la razón y la ignorancia es una amenaza pero, desde luego, la ignorancia ni es de ahora ni es exclusiva de la juventud.