Categoría: Temas sociales y políticos
Psicología: ¿Qué hay de nuevo?
Durante mucho tiempo me he considerado ajeno a las preocupaciones de la psicología «oficial». Como buena parte de los que se inician, comencé con un cierto complejo de «aprendiz de brujo» pensando que el ideal de un psicólogo podía ser un personaje como el de la serie de «El mentalista«. A medida que transcurren los estudios, se espera que la parte importante empiece el año siguiente y se pasa el tiempo aprendiendo cosas que, en gran parte, tienen un interés marginal, y eso siendo extremadamente generosos.
No parecen haber cambiado demasiado las cosas: El programa de la licenciatura en la actualidad tiene algunos cambios en relación con el que me cayó en suerte pero, ahora como entonces, no se aprecia más coherencia que la que pueda prestar un diseño realizado en función de la disponibilidad e intereses del profesorado en lugar de hacerlo atendiendo a intereses y posibles salidas profesionales de los alumnos.
En una materia como epistemología que daría para escribir cientos de tratados -que otros escribían mientras los aspirantes a psicólogos dormitábamos en una de las clases más aburridas que se pueda imaginar- no pasaban de repetir una y otra vez las bondades del criterio de falsación de Popper, como si Popper no tuviera nada más que eso y como si no hubiera otros autores que tocar en teoría del conocimiento.
Sobre la teoría del aprendizaje, mejor no hablar porque los perros de Pavlov y las ratas de Skinner resumían para algunos todo lo que había que ver; el resto eran adornos, «cajas negras» o complicaciones sin sentido. Los restos que entonces quedaban de psicología dinámica no tenían más atractivo que lo peculiar que resultaba la persona que impartía la asignatura y, en la permanente guerra entre prebostes, empezaban a predominar los de la onda de la psicología cognitiva en su modalidad más cerril, es decir, la concepción de la persona como un programa de ordenador con serios fallos de diseño, tanto en el programa como en el ordenador.
Sería injusto decir que todo fue inútil pero creo que respondería a la verdad afirmar que aproximadamente un 70% de lo estudiado se componía de temas que no tenían interés ni relevancia más allá de las guerritas de despachos y de quién tenía el poder, aunque fuera un poder sobre la nada. Una mera revisión de un programa de grado parece mostrar que no hay grandes cambios -aunque van ya para 30 años los transcurridos desde que acabé- pero lo peor no es esto. Lo peor es que hay muchos lugares donde la psicología tiene muchas cosas que decir pero no ESTA psicología que vive en su propio mundo.
En su momento, la monomanía en el ámbito universitario estaba en demostrar a todos que la psicología era una disciplina científica y, en lugar de hacer ciencia, había que discutir qué era la ciencia y cómo la psicología entraba en los estándares correspondientes. Bizantinismo puro.
En el ámbito laboral, también había una monomanía: La de reclamar, con escaso éxito, como terreno propio multitud de ámbitos en los que, al parecer, se necesitaba un psicólogo. Lo peor, en este segundo caso, es que podían tener parte de razón: Un psicólogo adecuadamente formado podría haber aportado elementos interesantes en diversas profesiones; puesto que la condición de «adecuadamente formado» distaba mucho de ser cierta, el psicólogo era fácil y ventajosamente sustituido por profesionales con conocimiento específico del terreno en el que se fuesen a aplicar los conocimientos de psicología. Ejemplo: Es posible que un psicólogo pueda aportar algo interesante en cursos de Crew Resource Management referidos a cómo debe funcionar el equipo de trabajo que compone la tripulación de un avión; es muy dudoso que pueda aportar algo interesante un psicólogo que, a la vez que imparte tales cursos, cuenta orgullosamente que nunca ha tenido curiosidad por viajar en cabina y, por tanto, no lo ha hecho. ¿Qué puede aportar entonces salvo teorías fuera de contexto?
Hay aportaciones muy interesantes en psicología -aportaciones que, en buena parte, no están realizando psicólogos- que probablemente no lleguen a pisar la Universidad salvo de refilón. Hay todo un mundo en el ámbito de la teoría de la decisión o Decision Science en que un psicólogo con la formación adecuada tendría mucho que decir. A estas alturas, sabemos que el homo economicus de los economistas de Chicago no funciona. Muy bien. ¿Cuál es la alternativa? Tenemos ya un psicólogo con un premio Nobel (Kahneman) que trató este tema pero tampoco es necesario que nos quedemos ahí: ¿Cómo se toman las decisiones en situación de incertidumbre? ¿Cómo se trata el riesgo? ¿Qué ocurre cuando hay restricciones temporales? ¿Cómo «rellenamos» las cosas que no sabemos? ¿Cuáles son las conductas «irracionales» esperables y cómo se pueden utilizar en los ámbitos comercial o político? Las aplicaciones son virtualmente infinitas.
Es mucho lo que hay que hacer un mucho lo que se puede aportar pero no en vano no hay ninguna universidad española entre las 100 primeras del mundo y el psicólogo en ciernes puede llevarse una tremenda decepción si piensa que la psicología consiste en lo que aprende en la universidad. Hay muchos e interesantes temas en los que trabajar. Lo difícil, al menos en España, es encontrar el sitio donde simplemente se los muestren. La universidad debería ejercer ese papel pero allí hay muchos que están muy ocupados en sus cositas para encargarse de un alumno que viene a perturbar el orden.
14 de abril: Día de la memoria selectiva
Se cumplen hoy 80 años de la proclamación de la II República en España. ¿Es motivo de celebración? En su caso ¿Qué es lo que habría que celebrar?
La II República española ha quedado como un mito entre buena parte de nuestra clase política. El mito llega hasta el extremo de que un periodista, hace pocos días, se permitía denominar a ese periodo como «democrático». Otros políticos, algunos en el poder, con una urgente necesidad de repasar lecciones de historia en el caso de que alguna vez las hubieran aprendido, quieren arrancar su propia legitimidad de una oscura etapa de la historia española prescindiendo de todo lo que vino después y, especialmente, prescindiendo del «borrón y cuenta nueva» que se quiso hacer en 1977. Al final, esto se haría tan torpemente que los fantasmas de una época afortunadamente pasada parecen seguir gozando de buena salud.
Empecemos por la etapa inmediatamente anterior al 14 de abril: La República se proclama tras unas elecciones municipales (atención al dato) en las que, a la vista de los documentos de la época, hay un acuerdo casi general en que ni siquiera fueron ganadas por el bando contrario a la monarquía. Eso sí, cuando alguien le dijo a Alfonso XIII que «no podían garantizar su seguridad», se apresuró a recoger sus bártulos y largarse, acción tras la cual resulta difícil de justificar que se volviera a permitir a un Borbón poner los pies en España.
No fue éste su único mérito: La Dictadura de Primo de Rivera se produjo durante su reinado y con su aquiescencia aunque tal vez algunos de los que hoy conmemoran el Día de la República no deberían escandalizarse demasiado. El mutuo apoyo entre el dictador y el PSOE y la UGT de entonces haría que uno de sus principales dirigentes, Indalecio Prieto, llegase a decir que ojalá todas las dictaduras fueran como ésta. Parece que todas las partes tienen demasiados cadáveres en los armarios: Los que hoy pretenden hacer abstracción de 80 años de historia corren el riesgo de que les recuerden interesantes comentarios de su fundador, Pablo Iglesias, mientras que por el bando contrario, José Calvo Sotelo, cuyo asesinato a manos de la escolta de Indalecio Prieto -hermosa muestra de democracia- sería el detonante de la guerra civil, fue ministro de Hacienda durante buena parte de la dictadura.
Hoy, 80 años después de la proclamación de la II Republica, no se puede defender seriamente que aquélla fuera una etapa democrática. Es posible que haya buenas razones para dudar de la legitimidad de la monarquía –sucesor de Franco a título de Rey entre otras– pero eso no puede ni debe significar añoranza alguna de una de las etapas más negras de la historia española reciente. Ni la salida del entonces Rey tras unas elecciones en las que no se discutía la forma de Estado y que, además, habían sido ganadas por sus partidarios, ni la actuación de los partidos que apoyaron la dictadura y más tarde organizaron el intento de golpe de 1934… ni el que llegase un momento en que ir a misa o haber votado al Frente Popular fueran motivos suficientes para ser asesinado son motivos de orgullo ni añoranza.
Cuando alguien quiere rescatar la «memoria histórica», es mejor que tenga cuidado porque le pueden dar con la propia en la cabeza. El mejor símbolo de «memoria histórica» y que tiene mucho que ver con esa añoranza desmemoriada que algunos practican respecto de la II República es la retirada de la última estatua de Franco que quedaba en Madrid, y lo es por los siguientes motivos:
- No se eligió un día cualquiera para la retirada de la estatua sino que fue el fin de fiesta del cumpleaños de Santiago Carrillo, responsable -sin ninguna duda tras la desclasificación de papeles soviéticos- de las matanzas de Paracuellos, episodio del que no es para sentirse precisamente orgullosos.
- A escasos 50 metros de la estatua retirada, se encuentra -porque nadie la ha retirado- la estatua de Indalecio Prieto, cuya escolta asesinó al entonces líder de la oposición, Calvo Sotelo, y organizador, según confesión propia del intento de golpe de 1934, golpe cuya represión fue dirigida por Franco quien, para tal menester, tuvo bajo su mando entre otros al mitificado abuelo del actual presidente del Gobierno.
- A una distancia muy parecida, puesto que las dos estatuas están casi juntas, se encuentra la estatua de Francisco Largo Caballero -que tampoco ha retirado nadie- aclamado en su día como el «Lenin español» y que representó el ala más extrema del PSOE de entonces, siendo utilizado por el PCE que, cuando le vino bien y una vez en la guerra civil, lo retiró con la colaboración de su delfín Santiago Carrillo que, no olvidemos, provenía en primera instancia del PSOE.
- Las partes negras de nuestra historia son también historia. Si la memoria histórica pretende ser tal, sólo hay dos opciones: O dejan todas las estatuas en paz o retiran todas. No hacerlo así es muestra de un sectarismo digno heredero de esa negra etapa que algunos quieren conmemorar. A lo mejor es por eso.
Por supuesto, no fueron éstos los únicos actores de la época pero hubo muchos otros que no han tenido una «línea sucesoria» que los vincule con la actualidad, llámense Gil Robles, Alcalá Zamora, Azaña, Lerroux, Calvo Sotelo… Otros si la han tenido pero, por distintos motivos, han sido relegados al olvido.
Se puede ser favorable a la república como modelo de Estado pero hay poco que celebrar ni conmemorar -como no sea para intentar asegurarse de no caer nunca más en lo mismo- en el advenimiento de la II República.
Los que hoy, haciendo gala de desconocimiento de la historia, se proclaman herederos de aquella época deberían pensar que escaso favor se hacen a sí mismos, dado el historial de sus correligionarios de entonces. En el caso del PSOE, único partido nacional de los existentes actualmente importante en aquella época, resulta asombroso que mitifique a líderes que contribuyeron decisivamente a que la II República desembocase en la guerra civil y, por el contrario, haya relegado al olvido al único líder socialista de la época merecedor de ser recordado tanto por su intento de evitar que se llegase a la guerra civil como por el papel en su finalización: Julián Besteiro.
Definitivamente, hay partes de la historia en las que lo mejor es pasar página. Cuando alguien no quiere hacerlo, si es porque no conoce la página, malo. Si la conoce, aún peor.
NOTAS POSTERIORES:
- No me resisto a hacer un añadido de «memoria histórica»: Hoy, 14 de abril, se conmemora también el hundimiento del Titanic. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no ha podido escoger mejor momento para definir a España como un poderoso trasatlántico.
- Intereconomía ha publicado en la web el siguiente documento conmemorativo: http://www.intereconomia.com/sites/default/files/especiales_gaceta/80_aniversario_ii_republica.pdf No se puede calificar de imparcial porque, como suele suceder cuando se habla de este periodo de la historia española, sólo se mira hacia uno de los lados. No obstante, la información del documento es suficiente para poder afirmar categóricamente que no había democracia en la II República en España. Si otro medio de tendencia opuesta publicase otro documento de sentido contrario -cosa perfectamente factible y sin necesidad alguna de mentir- eso no llevaría a mover ni una coma de la afirmación anterior. Más bien, la reforzaría.
Excelencia educativa: La solución de la Comunidad de Madrid
Que la calidad del sistema educativo español está en caída libre es un hecho; algunos, como Alicia Delibes, colocan el inicio del deterioro en la época de Echegaray con un punto de inflexión, siempre a peor, con la infame LOGSE.
Que no todo vale para solucionar esa situación también tendría que ser un hecho a considerar por los que toman decisiones en este ámbito.
La iniciativa de la Comunidad de Madrid parece casi un intento de oponerse a la totalidad de la que en su día tuvo el en su día ideólogo educativo del PSOE, Álvaro Marchesi. Marchesi, bajo la excusa de «no crear ghetos» optó por la integración, es decir, por meter a niños con deficiencias intelectuales en las clases normales. Lo único que consiguió es retrasar la marcha de las clases y aumentar innecesariamente el sufrimiento de niños, forzados a ser conscientes de sus propias limitaciones por comparación con otros.
La solución de la Comunidad de Madrid, por su parte, consiste en separar a los alumnos de mejor rendimiento. Por supuesto, eso bajará el nivel medio de las clases normales aunque no significa quebaje también el rendimiento individual de los alumnos de nivel promedio: Se pierde un modelo a imitar en la clase pero, por desgracia y dado el ambiente educativo general, es dudoso que el alumno de mayor rendimiento sea considerado el modelo a imitar en gran parte de los colegios. Desde este punto de vista, y sin entrar en detalles como el deterioro que refleja el que la excelencia no sea objeto de imitación, parecería una solución perfecta.
Sin embargo, aunque éstos son temas sobre los que se puede discutir mucho, hay otro más básico que no está siendo planteado en el debate: La igualdad forzada no funciona, entre otras cosas porque siempre se iguala por abajo. Si asumimos la necesidad de discriminación. ¿Cuál ha de ser el criterio? ¿Discriminación por rendimiento o por capacidad?
Por puro azar, he tenido dos ejemplos cercanos en mi ámbito familiar y los dos me han dado elementos en qué pensar para evaluar cuál debería ser el enfoque:
Caso 1: Niño superdotado:
En el colegio se dan cuenta, a los cinco años de edad, de que un niño es probablemente superdotado y proponen hacerle las pruebas correspondientes. La primera sorpresa -en la Comunidad de Madrid- fue que la unidad administrativa que se encargaba de los superdotados era la misma que se encargaba de los deficientes (todos los «raros» al mismo saco). En caso de que las pruebas revelasen que, efectivamente, era superdotado, le permitirían matricularse en asignaturas de cursos superiores en su mismo colegio permitiéndole, como máximo, finalizar la enseñanza secundaria dos años antes de la edad que le correspondería.
Ante tal escenario, los padres decidieron que no realizara las pruebas. Si un resultado positivo hubiera conducido a que el niño asistiera a un colegio de especial exigencia en aquellos puntos donde el niño manifestaba la superdotación, perfecto. No hacerlo así y dejarlo en el mismo colegio significaba marcarlo y, probablemente, no habría tenido una vida fácil en el colegios, conviviendo con niños hasta dos años mayores y siendo carne de bullying.
Resultado: A sus veinte años, no había desarrollado ningún tipo de hábito de trabajo -no lo necesitaba para pasar con la gorra los exámenes del colegio- hasta el punto de que llegó a suspender exámenes en aquellas áreas donde más claramente se manifestaba la superdotación. No fue un alumno bien visto por sus profesores: Alguien que se dedica a mirar por la ventana o está medio dormido en la clase para, después, pasar los exámenes con facilidad cuando quiere no es bien visto y le pasan factura: Hay pocas cosas más desmotivadoras para un profesor que la demostración de que su trabajo sirve de poco y la insolencia de un adolescente superdotado contribuye a ello. Si puede, el profesor se venga y la prueba de esto fue que se produjo el infrecuente caso de que la puntuación en los exámenes de selectividad fuera superior a la obtenida en el colegio. Durante toda la etapa colegial, el chico insistió en que los profesores le puntuaban injustamente y, a la vista de los resultados en selectividad, era de creer. En un entorno escolar que permite a un alumno superar los exámenes yendo al ralentí, se desarrollan todo tipo de problemas de actitud.
Caso 2: Niño de alto rendimiento:
Situación casi opuesta a la anterior e igualmente real. Por una serie de conflictos familiares cuya guinda es la aparición de su padre en un programa de telebasura con el impacto que esto pudo tener en su entorno, el niño se refugia en los libros, no tiene prácticamente ninguna vida social, es un alumno agradecido para los profesores y saca las máximas puntuaciones.
Una breve conversación con él puede bastar para darse cuenta de que no tiene un intelecto especialmente brillante e incluso que su capacidad de razonamiento puede estar algo por debajo del promedio. A pesar de ello, sus puntuaciones en el colegio son excelentes y es un alumno muy apreciado. Sus resultados, en una especie de profecía autocumplida, lleva a su entorno más inmediato a pensar que está dotado de una gran inteligencia y, en ese entorno, «ejerce» como la gran promesa familiar.
Sus puntuaciones en selectividad, tanto por las que llevaba del colegio como por las resultantes del examen, son espectaculares y le permiten elegir la carrera que prefiera y en ese momento aparece un problema: Sacar unas notas muy altas en el colegio le exigía pasarse tardes enteras pegado a un libro. ¿Es eso un buen indicador de futuro éxito en una carrera universitaria? No lo fue. El precario equilibrio mantenido con la ayuda de la inmersión en el estudio desapareció cuando los hechos mostraron que su capacidad era insuficiente para el nuevo reto. El chico acabó teniendo necesidad de tratamiento psiquiátrico.
No sirven las recetas facilonas en educación; no sirve, en nombre de una supuesta integración, tratar a todos igual; no sirve tampoco, en nombre de una igualdad mal entendida, tratar de que todo el mundo tenga que llegar al mismo punto. Es necesario recuperar el valor del mérito en el sistema educativo y evitar que se convierta en una gigantesca guardería o, más tarde, en un disfraz del desempleo real. Aunque esto sea muy poco «políticamente correcto», es necesario recuperar la discriminación entre alumnos pero eso sí: No vale cualquier tipo de discriminación y la que ahora quiere establecer la Comunidad de Madrid puede tener unos cuantos e importantes flecos a resolver.
Tiempos interesantes tras el anuncio de salida de Zapatero
Aunque ahora diga que pensó que dos legislaturas eran bastantes, el que no lo dijera anticipadamente invita a pensar lo contrario: Si hubiera podido, se habría quedado 14 legislaturas y lo han sacado a empujones sus compañeros de partido por el lastre electoral que representaba.
Aunque ha anunciado su permanencia hasta agotar la legislatura, es poco creíble que pueda conseguirlo. Ejercer de «pato cojo» durante un año es demasiado tiempo, máxime cuando ante la inminencia de las elecciones municipales y autonómicas, sus compañeros van a tratar de tomar distancia y le van a manifestar el más abierto de los desprecios. De esta forma, en la medida de lo posible, intentarán hacer creer que Zapatero se eligió a sí mismo y que, cuando todos le aplaudían con las orejas, ellos no tenían nada que ver sino que también era culpa del propio Zapatero.
Visto lo visto en anteriores elecciones, todavía es posible que haya quien compre esa idea y decida olvidar que cuando un partido, sea el que sea, pone a un incompetente o peor en su cúpula, todos se colocan en primer tiempo de saludo y no existe la menor crítica interna…y que eso es responsabilidad del propio partido y no del incompetente. El modelo de disciplina interna en los partidos políticos es tal que, una vez puesto en su sitio, defenderán al incompetente, lo halagarán y le descubrirán cualidades ocultas. Puntuación en crítica interna: Cero. Puntuación en «obediencia debida», la doctrina repugnante utilizada para justificar conductas infames por los nazis y por los militares argentinos: Diez. ¿Por qué? Puntuación en democracia interna gracias a las listas cerradas: Cero.
Zapatero podría tener que aguantar en los próximos tiempos demasiados desprecios y demasiados desplantes para el estómago de cualquiera: Todo el que quiera tomar posiciones en la era post-Zapatero intentará exhibir distancia cuando no oposición respecto de Zapatero y, en la esperable guerra que se va a producir en el seno del PSOE, la distancia, real o fingida, con Zapatero va a ser considerada como un activo electoral…de hecho, esto es lo que impedirá la posibilidad de que Zapatero, en uno de sus múltiples cambios de opinión, decidiera presentarse; sus compañeros se encargarán de hacerlo astillas en los próximos meses.
Como dije hace algún tiempo, no excluyo la posibilidad de un candidato-sorpresa como sería el propio Felipe González. Entre los que aparecen ahora mismo visibles en la carrera sucesoria, ninguno parece tener el peso necesario: Bono ha sido liquidado por las corruptelas convenientemente aireadas desde áreas supuestamente afines; Carmen Chacón, por mucho que digan Público y La Sexta, representaría una reedición de la «operación Roca«. En una de las pocas ocasiones en que la derecha ha manifestado habilidad propagandística, esta operación fue destrozada por Fraga con una simple frase: «¿Cómo vamos a elegir como número uno de España al número dos de Cataluña?».
En cuanto a Rubalcaba, tiene demasiado pasado y un presente muy ocupado por el proceso del «caso Faisán» y las recientemente aparecidas actas de ETA que, por mucho que se quieran desmentir, tienen la incómoda característica de que encajan con los hechos de los últimos años. El apoyo de otro medio de comunicación, PRISA en este caso, puede ser insuficiente. Eso sí, dada la experiencia de Rubalcaba para moverse por las alcantarillas del Estado, en caso de que realmente pensase presentarse, habría que esperar más de un «11M incruento» hasta el día mismo en que se produjesen las elecciones: La aparición de asuntos escandalosos del lado contrario y el manejo de los tiempos de los jueces y de los fiscales (últimas manifestaciones de este hecho: La reapertura de los «espionajes en Madrid» en vísperas de las elecciones por una juez, casualmente hermana de Cristina Almeida, en tiempo récord y el intento de la fiscalía de la Audiencia de llevarse el «caso Faisán» a Irún) puede ser una constante en el tiempo hasta las elecciones.
No; la verdad es que los que han sacado la cabeza hasta ahora como potenciales sucesores son, por unos u otros motivos, poco creíbles. Todos ellos, sin duda, tendrán algo en común: Su peaje de entrada a la carrera consistirá en arrojar unas cuantas piedras contra Zapatero, cosa que alguno de ellos hará con gran placer, pero es dudoso que su viaje llegue a ninguna parte. Una opción aparentemente razonable sería que estuvieran dando por perdidas las elecciones legislativas próximas -teóricamente en 2012- para recomponerse internamente pero esta opción tiene algunos elementos en contra:
- No es fácil que encuentren a alguien dispuesto a sacrificarse y presentarse a unas elecciones sabiendo que las tiene perdidas de antemano.
- Los partidos son, en buena parte y lamentablemente, sindicatos de intereses donde hay mucha gente cuya nómina depende del cargo que, a su vez, depende de su presencia en unas listas realizadas con unos mecanismos cuya democracia interna es digna de toda sospecha. Es dudoso que la enorme cantidad de personas que vive de la política esté dispuesta a quedarse en el dique seco durante cuatro años porque eso le pudiera venir bien a su partido.
¿Es la pedagogía una ciencia?
Vínculo al artículo del mismo título de Ricardo Moreno Castillo, probablemente uno de los críticos más lúcidos del sistema de enseñanza actual:
http://www.forodeeducacion.com/numero11/006.pdf
Puede valer la pena también leer este otro del mismo autor http://www.revistamercurio.es/index.php/revistas-mercurio-2010/mercurio-125/553-16alumnos-sumisos-y-profesores-autoritarios donde ataca a algunas de las «vacas sagradas» de la enseñanza en particular y de la onda «políticamente correcta» en general.
Hay en este mismo blog algunas referencias más a obras anteriores de Ricardo Moreno Castillo de quien, hasta ahora, sólo he discrepado abiertamente en su defensa de «Educación para la ciudadanía» pero hay sobrados motivos para la crítica a un sistema educativo que ha arrinconado el valor del mérito y que ha confundido la deseable igualdad en la línea de salida con forzar la igualdad en la línea de llegada, cosa que sólo puede hacerse equiparando a todos por abajo.
Hay motivos para la crítica y Ricardo Moreno puede ser uno de los más cualificados representantes de esa crítica.
Behavioral Economics: Nueva categoría en el blog…más allá de Recursos Humanos
En España, como casi siempre, vamos con retraso pero algunas de las principales Universidades americanas ya tienen Behavioral Economics en su curriculum. ¿Es una moda más? En mi opinión, no. Voy a tratar de explicar por qué y parte de la explicación tendré necesariamente que hacerla en primera persona:
Los que llevamos mucho tiempo trabajando en el área de Recursos Humanos siempre hemos visto que era una materia cajón-de-sastre donde lo mismo cabían técnicas para la planificación de plantillas o para definir una estrategia retributiva que un aliño de técnicas de comunicación, liderazgo, trabajo en equipo y motivación. No parece muy serio pero aún puede empeorar: Cuando alguien ha partido de definir Recursos Humanos como «lo que hace un Departamento de Recursos Humanos» puede haber añadido temas como la gestión de nóminas -100% trabajo administrativo por mucho que le caiga encima a un Departamento de Recursos Humanos- y de puro milagro no han metido también «Servicios Generales», que es otra de las cosas que con frecuencia caen también en los Departamentos de Recursos Humanos.
No parece, por tanto, que se vea un criterio muy claro para definir qué es y qué no es Recursos Humanos. En mi opinión, Recursos Humanos debería ser sinónimo de Gestión de plantillas mientras que el resto de los temas entrarían en un capítulo de habilidades en el ámbito de la relación personal que no tienen relación alguna con la gestión de recursos humanos como disciplina separada sino, en todo caso, representarían una condición necesaria en cualquier puesto de tipo directivo sea cual sea su área funcional.
Sin embargo, aún con esta aclaración, Recursos Humanos se queda cojo y, quizás, algo viejo y no sólo por una nomenclatura con demasiadas resonancias contables sino por su enfoque: Recursos Humanos es tratado hoy como una función de soporte de negocio cuyas decisiones están condicionadas por cuál es el modelo de negocio y, como éste, tiene una perspectiva de búsqueda de la máxima eficiencia en la utilización de los recursos.
Desde hace ya varios años, hay autores que van apuntando en otra dirección: Desde el Management of the Absurd de Farson, recopilación de situaciones tan absurdas como reales, hasta el Freakonomics de Levitt, mostrando cómo puede haber coherencia en conductas aparentemente incoherentes y partiendo de principios económicos hasta el Predictably Irrational de Ariely mostrando cómo también existen las conductas irracionales, sin que irracional y aleatorio sean sinónimos, se ha recorrido todo un camino que no ha sido recogido por la función de Recursos Humanos como parte de su cuerpo de conocimiento.
La lucha por la eficiencia ha vaciado de significado muchos puestos de trabajo, hecho denunciado por Ariely y que yo mismo me he cansado de repetir tanto dentro como fuera del aula: El significado es, a la vez, el gran motivador y desmotivador y, probablemente, no se necesita mucho del aparataje de las diversas teorías de la motivación. El hecho clave es mucho más simple y es ése.
Gary Hamel en The Future of Management también nos invita a pensar si la función de recursos humanos ha de ser de soporte o tiene que estar en el diseño mismo de la organización. Hamel da ejemplos de organizaciones que funcionan con principios muy distintos de los estándares que se ven en un MBA o en una Escuela de Empresariales…y funcionan. Algo se está perdiendo por el camino.
Por otro lado -vuelvo a la referencia personal- hace años que trabajo en el área de factores humanos en organizaciones de alto riesgo y descubrí que la primera y principal pregunta a contestar ante cualquier evento es cui prodest? Naturalmente, no siempre hablamos de dinero sino que las formas de beneficiarse de una situación pueden ser tremendamente variadas y, con ello, volveríamos a otro terreno que no está suficientemente tratado en el ámbito de recursos humanos.
Algunas Universidades americanas han tratado de recoger todos esos puntos oscuros y agruparlos bajo el concepto de Behavioral Economics. Espero que en breve lo estemos haciendo también en España porque, si insistimos en ignorar las carencias de los modelos de recursos humanos al uso y no ampliamos la perspectiva a modelos organizativos distintos y a conductas aparente o realmente irracionales, nos quedaremos como el borracho que buscaba la llave perdida bajo una farola, no porque la hubiera perdido allí sino porque allí había luz.
Riesgo nuclear y riesgo político
No es serio. No se puede pretender cerrar centrales nucleares por consignas políticas ni por caprichos de descerebrados pero el asunto es suficientemente serio para que no se puedan mantener abiertas por otras consignas políticas o por el capricho de otros descerebrados. Los experimentos con gaseosa y, cuando se trata de cosas serias, mejor mirarlo detenidamente y olvidarse de las consignas de partido.
Hoy hemos podido ver un espectáculo absolutamente grotesco protagonizado por la «leal oposición»: En una exhibición de ausencia del sentido del ridículo han llegado a pedirle al Gobierno, antinuclear hasta los límites más sectarios que se recuerdan, explicaciones sobre la seguridad de las centrales nucleares españolas.
La energía nuclear, tanto por su importancia como por sus potenciales efectos a corto y largo plazo, no puede ser objeto de la agenda política de nadie. El caso japonés ha dejado algo en evidencia: Hay cosas que se llevan mal con una zona de alto riesgo sísmico y la energía nuclear es una de ellas aunque no sea la única. En gran parte de España, afortunadamente, el riesgo sísmico está descartado y, por ello, una oposición, que siempre ha sido favorable a la energía nuclear, pidiéndole explicaciones a un gobierno que siempre ha sido contrario deja una duda: ¿Es oportunismo, estupidez o ambas cosas al mismo tiempo?
Somos muchos los que no hemos comprado la idea vendida desde ámbitos gubernamentales de que había que «arrimar el hombro» porque el resultado podría recordar a un conocido video de Youtube pero hay algo aún más elemental: Si no se está de acuerdo en el diagnóstico ¿cómo se puede pedir ayuda para las medidas resultantes? En consecuencia, que la oposición no haya ayudado al gobierno en ese tema no podría calificarse de oportunismo sino, simplemente, de coherencia.
Ese sencillo razonamiento no sirve cuando se lleva a la posición ahora manifestada respecto de la energía nuclear: En Japón ocurre algo como consecuencia de un terremoto de una escala mucho mayor que el que costó 200.000 muertos en Haití y parece que existe un riesgo nuclear. En consecuencia…vamos a pedirles que nos hablen de las centrales españolas y, como comentaba en el post inmediatamente anterior a éste ¿por qué no nos hablan ya de riesgos como el de grandes presas en la cercanía de grandes ciudades pero en puntos más elevados que éstas?
Que desde la oposición se pidan explicaciones sobre la seguridad de las centrales españolas, atendiendo a la trayectoria de quién pide las explicaciones y de a quién se las piden, podría calificarse sólo como oportunismo si no existiera una opción aún peor: La estupidez.
Veamos: Si dentro de mi agenda está cerrar las centrales y viene alguien, que las quiere mantener abiertas, a preguntarme si son seguras como forma de atacarme, desgastarme o lo que sea… me estará dando la excusa perfecta para cerrarlas, sean cuales sean las consecuencias. Después, mostraré el cierre como prueba de mi capacidad de diálogo y de que escucho a la oposición ¿protestarán también cuando las cierre a pesar de que ha sido a consecuencia de una iniciativa suya? Realmente, hay que tener una notable dosis de estupidez para no darse cuenta de esa posible consecuencia.
No todo vale para atacar a un gobierno por mal que lo pueda hacer y, si su querencia oportunista les impide darse cuenta de ello, al menos traten de mostrar que tienen dos dedos de frente porque hasta en eso parecen todos iguales.
Riesgo nuclear en Japón…y ahora ¿qué?
La peligrosa situación de la central o centrales nucleares japonesas tras el terremoto es toda una invitación para atacar a la energía nuclear. Sin duda, esa invitación será aceptada con entusiasmo por los muchos que, por distintos motivos, quieren sumarse a ese ataque. Antes de entrar en más consideraciones, una pregunta:
¿Alguien se ha preguntado qué ocurriría con Madrid si la presa de El Atazar soportase un terremoto de 8,9 grados?
Seguramente a nadie se le ocurriría que hay que prohibir las presas de grandes dimensiones sino, en su lugar, diríamos que es demencial construir presas de ese tamaño en zonas de riesgo sísmico.
¿Por qué en un caso la culpa la tendría la energía nuclear y en el otro el riesgo sísmico? Si intentamos mantener unos mínimos de ecuanimidad y no estamos cegados por otro tipo de motivaciones, tendríamos que llegar a idénticas conclusiones en un caso o en otro:
O el riesgo real es el sísmico o, si aceptamos que el riesgo nuclear es inaceptable por sus potenciales efectos, tendríamos que alcanzar idénticas conclusiones respecto de grandes presas cercanas a grandes ciudades, llámense El Atazar, Hoover o cualquier otra que podamos imaginar.
En realidad, el problema va más allá de una discusión que siempre resultará estéril porque siempre tiene posiciones políticas en su base y éstas llevan a aceptar o rechazar argumentos, no por sus propios méritos sino en función de que sirvan o no a esas posiciones políticas:
Cuando se hablaba del “milagro japonés” y se ponía como ejemplo a un país que era dependiente al 100% en lo que a necesidades energéticas se refiere, no se entraba en mucho detalle acerca de cómo se cubrían esas necesidades: Desde hace mucho, la energía es un factor clave para la competitividad de cualquier país y Japón, con un 100% de dependencia, no era ninguna excepción.
No tiene, por tanto, demasiado de extraño que Japón se llenase de centrales nucleares incluso en presencia de un serio riesgo sísmico. Afortunadamente, en esta ocasión tampoco ha ocurrido nada con el Shinkansen o “tren bala” japonés, ligeramente más lento que nuestro AVE: Son trenes de un tamaño descomunal y, en muchos puntos de la red, cada seis minutos está pasando uno. ¿Prohibimos también el Shinkansen en zonas sísmicas?
El riesgo sísmico, por otra parte, no es el único que existe. Cuando el huracán Katrina golpeó Nueva Orleans, hubo una desastrosa gestión por parte del gobierno americano de la época pero eso no nos puede hacer ignorar que una población construida parcialmente por debajo del nivel del río y que existe gracias a diques de contención que se mantenían en un estado cuestionable no es precisamente una garantía de que esto no fuera a ocurrir algún día. ¿Qué decir de los diques holandeses y el porqué del nombre de “Países Bajos”?
Por supuesto, tampoco podemos olvidar –y ahí pueda estar la raiz del problema- que el “milagro japonés” no se habría producido sin acceso a una fuente de energía barata y fiable, que Madrid podría tener un serio problema de suministro sin una gran presa en sus alrededores y que Holanda sería mucho más pequeña sin su sistema de diques.
Posiblemente haya muy buenas razones para evitar determinados riesgos –y la energía nuclear en una zona de alto riesgo sísmico puede ser uno de ellos- pero son muchas las situaciones en que riesgos de ese calibre e incluso superiores se están asumiendo con bastante inconsciencia. El texto de Perrow “Normal Accidents” adquiere hoy, casi 30 años después de su publicación inicial, una especial vigencia.
El corruptódromo de www.nolesvotes.org
http://wiki.nolesvotes.org/wiki/Corrupt%C3%B3dromo
Sobra todo comentario.
Mi 23F y la huella del 23F en la política actual
No voy a decir que el 23F fuera pequeñito o que no hubiera nacido porque sería quitarme unos cuantos años pero, como todos, era 30 años más joven que hoy.
Mis recuerdos no coinciden mucho con los del libro -regular tirando a malo- de Javier Cercas sino que son mucho más de la vida diaria aunque los años transcurridos muestran que el 23F sigue aún pesando en España; no en el sentido de las adhesiones inquebrantables (¿de qué me sonará eso?) que hoy todo el mundo, incluso los que más la dañan, proclaman respecto de la democracia sino que ahí se encuentra en parte el germen de una democracia abortada en partitocracia, es decir, la española.
En 1981 no se puede decir que existiera una gran conciencia política. Los «concienciados» se comportaban con frecuencia de una forma reflejada con gran fidelidad en la parodia de «La vida de Brian» y los demás estábamos bastante ajenos, tan ajenos que el 23F, tras sucesivos intentos fallidos, había quedado para cenar con una amiga y no se me ocurrió cancelar la cena. Ni que decir tiene que tuvimos todo un restaurante -el «Azaya» de Mataelpino- para nosotros solos y que, más tarde, al llevarla a su casa pasamos por Cibeles a la 1 de la mañana, junto a las vallas del paseo del Prado donde estaba ya cortado el tráfico. La cosa no acabó ahí; al día siguiente se iniciaba un congreso de psicología en Alicante -do Milans del Bosch reinaba- y, una vez que el sainete acabó, nos fuimos para allá. Creo que nunca había visto antes ni he vuelto a ver esa carretera tan vacía de tráfico.
Lo anterior entra en ese apartado de recuerdos chuscos que todos tenemos y que, en este caso, queda amplificado por el acontecimiento externo. Sin embargo, el 23F ha tenido mucho más efecto del que podría suponerse y sólo hace unos días Alberto Recarte, en una conferencia sobre la necesidad de un cambio constitucional lo apuntaba:
Toda democracia se sustenta sobre una separación de poderes; sin embargo, si un legislativo o un ejecutivo sabe que sus esfuerzos pueden ser torpedeados desde un poder judicial procedente en gran parte del antiguo régimen, simplemente evitan esa separación. Al hacerlo, mejoran la posibilidad de llevar a buen puerto sus propios fines pero también se cargan cualquier posibilidad de democracia futura.
Ejemplo: La entonces «Alianza Popular», en minoría en el Congreso, torpedeaba toda iniciativa legislativa mediante el recurso previo de inconstitucionalidad, que impedía que cualquier ley entrase en funcionamiento mientras ese recurso no se resolviese. ¿Cuál fue la respuesta del PSOE, con mayoría absoluta? Suprimir el recurso previo de inconstitucionalidad y politizar hasta extremos entonces inimaginables el Tribunal Constitucional. ¿Consecuencias? Entre otras, que hayan podido salir adelante engendros como el Estatuto de Cataluña y conductas por parte del Fiscal General del Estado -actual y pretéritos- que en una democracia auténtica habrían conducido a su destitución si no directamente a la cárcel.
El 23F reforzó ese estado de cosas: La mayoría absoluta del PSOE fue la forma de decir «ya está bien; esto tiene que acabar» y lo que entonces se llamaba el «rodillo socialista», dirigido fundamentalmente por la mano de Alfonso Guerra, funcionó a discreción y consiguió su objetivo: Acabar con ese estado de cosas; lamentablemente, como el propio Guerra dijo de forma bastante expresiva, «Montesquieu ha muerto» y con él murió la separación de poderes…y la democracia.
Probablemente, Alfonso Guerra pensó que era muy creativo pero, mucho antes que él, la doctrina de que cada institución tenía que reflejar las mayorías del órgano legislativo fue utilizada por Hitler como herramienta para hacerse con el poder absoluto. El 23F reforzó la idea de «con esta gente no se puede hacer nada» y las medidas que se tomaron para asegurarse un margen de maniobra aseguraron también, conjuntamente con una demencial ley electoral y con la creencia entonces extendida de que estar, haber estado o decir que se había estado en contra de Franco otorgaba patente de demócrata, aseguraron que no era posible una democracia en España.
Se puede culpar de muchas cosas pasadas y actuales al PSOE pero es probable que, tras un 23F, cualquier partido en el gobierno, salvo que se hubiera tratado de una asociación de nostálgicos del franquismo, se hubiera comportado de una forma muy similar. Más tarde, cuando gobernó el PP, incumplió su promesa electoral de recuperar la división de poderes dejando las cosas como estaban en un momento en que ya no existía la justificación del pasado y sobre el momento actual poco puede decirse.
Ésa es la huella del 23F: Se intentó prevenir cualquier intento de torpedear el poder por parte de los nostálgicos del franquismo y, para ello, se utilizaron instrumentos que dañaron cualquier posibilidad de conseguir una democracia plena. Aún estamos pagando esa factura y, al menos entre los principales partidos, parece que todos asumen esa cuota como parte del paisaje. Ninguna denuncia; ningún intento de conseguir una democracia plena. Al fin y al cabo, a ellos les va bien.

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