Categoría: Temas sociales y políticos
Protestas en el mundo árabe y régimen iraní
Posiblemente por una vez los americanos han actuado con inteligencia en política exterior. La extensión a distintos países y la coordinación de los movimientos de protesta lleva a pensar que no hay casualidades y que hay una «mano que mece la cuna» detrás de ellas. En ningún caso esto significa quitar legitimidad a las protestas contra dictadores pero parece claro que alguien quiere rentabilizarlas en su favor y ese «alguien» no puede ser otro que el integrismo islámico.
Cuando empezaron a producirse también protestas en Irán, tal vez por deformación profesional, el asunto me recordó a una maniobra ocurrida hace ya bastantes años, cuando Xerox quiso entrar en el negocio de los ordenadores e IBM replicó entrando en el de las fotocopiadoras: A IBM no le interesaban las fotocopiadoras sino atacar la fuente de fortaleza financiera de Xerox, fuente que estaba utilizando para entrar en su propio negocio. Puesto que IBM tenía un talonario más grande que Xerox, ésta abandonó su intento.
Una maniobra parecida, dirigida por los artífices de la política exterior norteamericana, podría estar tras las protestas iraníes: Si están muy ocupados intentando mantener su propio chiringuito, les dificultan que puedan exportar su modelo de dictadura teocrática; sin embargo, si ésta es la idea, conviene ser muy cuidadosos con la ejecución: Años después, cuando a IBM le empezó a molestar la fuerza de Microsoft intentó una maniobra parecida sacando su propio sistema operativo, el OS2: El fracaso fue absoluto y no se puede atribuir a Microsoft sino a los propios deméritos de IBM que mostró a las claras que los sistemas operativos no son lo suyo.
Esperemos que todo llegue a buen puerto, que los países árabes lleguen a alcanzar situaciones democráticas sin que haya dictadores oportunistas que saquen tajada y que americanos y europeos -fundamental pero ya no exclusivamente- se acaben dando cuenta de que no se puede ser tolerante con la intolerancia.
Web 2.0, telebasura y consejos de ministros
Un video de Grupo 101 http://www.youtube.com/watch?v=uitAUu7cVSw nos da una idea de la importancia cuantitativa de las redes sociales.
Esto es sólo el principio; un cambio en la dimensión cuantitativa puede provocar cambios cualitativos como le ocurrió a Twitter o como le podría pasar en poco tiempo a Facebook: La base de usuarios puede dar lugar a que se inventen nuevas cosas que hacer con ellos y, con ser importante, seguimos estando todavía en el principio: En Socialnomics nos cuentan de forma muy gráfica cuál es la diferencia real:
En la Web 1.0 se reproducían los modelos comunicativos anteriores a Internet (del mismo modo que los primeros automóviles copiaban su diseño de los coches de caballos) y era una estructura organizada, unidireccional y, ocasionalmente y de forma limitada, bidireccional. Cierto que ya podían ocurrir cosas que antes de Internet no pasaban; por ejemplo, una información puede ser pública pero no publicada e Internet en su versión web 1.0 podía dar acceso instantáneo a esa información. Encontrar que una multa de tráfico publicada en un boletín provincial pone a la vista de todos el nombre, el DNI del propietario y la matrícula del vehículo es habitual; también puede ser habitual buscar el nombre de alguien de quien se sabe poco y encontrar, como el que no quiere la cosa, algo que no se estaba buscando como que la persona en cuestión ha sido condenada a una multa de X y que le han sido confiscadas las sustancias intervenidas.
La Web 2.0 es otra cosa: Hemos pasado de ser receptores pasivos a ser emisores de información pero no todo el mundo es escuchado ni por el mismo número ni por el mismo tipo de personas y esto es lo que nos lleva a un curioso paralelismo con la telebasura y con el Consejo de Ministros. Muchos chavales, convencidos de que la web 2.0 es la tierra prometida gracias a que les da esa posibilidad de convertirse en emisores, creen que son nuevos Zuckerberg o, como mínimo, «Dancing Matt».
La lógica de «si otros lo han conseguido ¿por qué yo no?» puede estar detrás del descomunal éxito cuantitativo de la Web 2.0 como lo está detrás de la compra de loterías -cuanto más grande sea el máximo premio mejor con independencia del número de los que lo consiguen- o de los que contemplan la telebasura o a alguien que ha llegado a ministro o más arriba y se preguntan «Si es@ ha llegado y no es más list@ ni ha trabajado más que yo ¿por qué yo no?».
La reflexión puede tener sentido; cierto es que todos solemos vernos con bastante indulgencia y podría ocurrir que el «otro» realmente tenga méritos para haber conseguido algo que nosotros no podemos conseguir. Pueden haberse dado también fenómenos equiparables a la lotería, aunque ésta adquiera formas tan pintorescas como que el décimo premiado consista en una cópula ya añeja con un torero o encontrar un tonto que necesita a alguien aún más tonto para que no le haga sombra.
La Web 2.0 nos convierte a todos en «famosos» y más vale que lo recordemos en el momento de entrar en Facebook o sitios similares. Todos somos emisores pero eso no significa que tengamos todos el mismo público en calidad ni en cantidad. No hace mucho -las cosas van muy deprisa- había empresas que pensaban que, en el momento en que tenían una página web ya eran modernos y podían vender en todo el mundo: Cartonajes Calasparra con página web pasaba a ser un potencial Microsoft o Amazon. Hoy, la web 2.0 da lugar a un fenómeno similar, el del iluso que piensa que, puesto que puede emitir, todo el mundo le va a escuchar. Craso error.
Los 8 fallos más comunes del nuevo emprendedor
Después de haber ejercido como consultor en muchos proyectos de creación de empresa, unos «de papel» entendidos como un ejercicio académico de fin de Master y otros de verdad con dinero encima de la mesa, creo que puedo llegar a hacer una síntesis de cuáles son los errores más comunes que se cometen:
- No tener una estimación de la cifra de ventas: Cualquiera podría decir que mientras no comencemos no hay manera de saberlo; sin embargo, todos los recursos necesarios para el inicio del proyecto los vamos a poner en marcha para ser capaces de atender un volumen de operaciones. Si no tenemos esa estimación ¿por dónde empezamos? Nota de tranquilidad: Un proyecto bien planteado tiene que ser capaz de aguantar un error del 100% al alza o 50% a la baja sin hundirse. Cambiaría el momento en que se alcanza el breakeven pero, si se han tomado precauciones básicas en la política de inversiones, tiene que aguantar.
- No saber por qué se hunde una empresa: Una empresa, especialmente una PYME, no se va a hundir porque los valores del ROI, del VAN o del TIR sean inferiores a lo esperado ni porque, analizado el modelo de cinco fuerzas de Porter, encontrásemos una configuración no favorable: Se va a hundir porque un buen día abrirán el cajón del dinero y no hay con qué pagar la luz o la nómina.
- No contemplar el periodo de «travesía en el desierto»: Cuando se pone en marcha una empresa, hasta que alcanza su plena operatividad transcurre un tiempo en el que se gasta dinero pero no entra. Al calcular las necesidades de financiación, hay que incluir la cantidad necesaria para mantener viva la empresa hasta que tenga capacidad para sostenerse por sí misma con sus resultados.
- Contar con subvenciones para la puesta en marcha: En muchos casos, las subvenciones tienen un componente discrecional pero, incluso cuando no lo tengan, el emprendedor se puede tropezar con las crisis de liquidez y los periodos de pago de la Administración Pública. Mejor no poner en marcha una empresa si la subvención se necesita para pagar la nómina del mes.
- No separar la condición de socio de la condición de trabajador de la empresa: Es muy común que, si una empresa se empieza entre dos socios vayan al 50%, si se empieza entre 3 tengan un tercio cada uno y así sucesivamente. Hasta ahí el problema no es grave; el problema aparece cuando todos los socios se asignan un sueldo igual e insisten en ser «iguales» en todo. Inevitablemente habrá un socio que entienda que está poniendo más y quiere que eso se reconozca por los demás económicamente. Solución: Como socios, en función de su participación; como trabajadores, en función de su trabajo. Mezclar las dos cosas es garantía de conflicto seguro.
- Falta de realismo en los plazos: Cuando la puesta en marcha de la empresa requiere como elementos previos construcción, instalaciones, desarrollo de software u otros, es muy común que los plazos vayan mucho más allá de las estimaciones con el consiguiente efecto sobre la caja. Solución: Plazos realistas y penalizaciones sobre incumplimientos.
- No evaluar adecuadamente las capacidades técnicas necesarias: En ocasiones se puede necesitar un especialista muy cualificado pero no tener el suficiente dinero para pagarlo y conformarse con otro que no da el perfil. Solución: Buscar a la persona necesaria y, lo que no se puede pagar en dinero, ofrecerlo en participación en la empresa.
- No evaluar adecuadamente las capacidades de gestión: El apartado «gestión» es mucho menos transparente que el relativo a las capacidades técnicas e implica un conjunto de elementos de tipo interpersonal, de ser capaz de evaluar la situación en su conjunto y de coordinar una serie de recursos de diferente naturaleza. Precisamente ese carácter difuso hace que muchas veces no sea evaluado este punto por el emprendedor, especialmente cuando lo que tiene que hacer es una autoevaluación. Solución: Pregúntese si su experiencia pasada le cualifica de alguna forma para la nueva aventura, por qué e incluso qué cosas de esa experiencia tiene que desaprender lo antes posible.
Política española: ¿Tendremos un «tapado» verdaderamente sorprendente?
Recién entrado el primer gobierno de Zapatero circuló un chiste acerca de las entonces cabezas del PP a los que se llamaba «Los otros», haciendo referencia a la película de Amenábar. La razón era, según el chiste, «que estaban muertos pero ellos no lo sabían» como en la película.
La situación de la política actual recuerda a esta espléndida secuencia de Monty Python http://www.youtube.com/watch?v=KKl0bh_FbkQ donde el presunto muerto no sólo no tiene la menor intención de dejarse enterrar sino que va enterrando a todos aquéllos que le podrían hacer sombra. Bono, y las informaciones sobre su inexplicable patrimonio oportunamente pasadas a medios amigos y enemigos -el que medios amigos pasen la noticia da la pista de quién se la pasó a tales medios- fue el primero y ahora viene el que parecía sucesor, Rubalcaba, enredado hasta arriba con el turbio asunto del chivatazo de la policía a ETA.
La opción de Carmen Chacón parece una broma a cualquiera que no sea ella misma y, si conserva un poco de conciencia situacional, también a ella. ¿Quién queda?…Pista: ¿Quién dijo hace pocos días que estaba seguro de que sacaría en unas elecciones mejores resultados que Zapatero o que Rubalcaba o cualquier otro? El mismo; Felipe González.
A estas alturas, el conjunto del Partido Socialista tiene claro que acudir a unas generales con Zapatero como cabeza de lista es una debacle absoluta por mucho que cambien frecuencias de televisiones no-amigas en vísperas electorales y se juegue con los tiempos de los jueces amigos para conseguir sacar la porquería que pueda afectar al PP en el momento en que sea más oportuno para sus intereses. Como son muchos los puestos que están en juego, es dudoso que haya muchos cargos socialistas dispuestos a quemarse en la hoguera con Zapatero pero éste, que no se deja enterrar al igual que el personaje de Monty Python, va liquidando a todos aquellos potenciales candidatos que pudieran ser más o menos creíbles. Quedan muy pocas opciones y, entre ellas, una que se ha jactado de que conseguiría mejores resultados que cualquier otro y que es conocido por no dar puntada sin hilo, es decir, Felipe González.
Seguramente, si alguien quiere conservar a toda costa a Zapatero y que se presente a las elecciones, sólo puede ser encontrado entre los miembros de su partido que le deben absolutamente todo, que nunca soñaron en llegar donde han llegado y que saben que van a pasar directamente de la política a la jubilación forzosa o…entre los miembros del PP. Mariano Rajoy, aconsejado por Arriola con su eterna receta de «perfil bajo y déjale que se estrelle él sólo» se llevaría el susto de su vida si, después de años de haber hecho de la insignificacia calculada una práctica política, encuentra que se tiene que enfrentar a todo un Felipe González…que bien podría ganarle las elecciones si el Partido Socialista consigue vender (y tal vez pudiera hacerlo) que «todo es culpa de Zapatero».
Mira que si, a consecuencia del susto, el PP decide llamar a Aznar y el duelo se produce entre los que, a la vista de lo que ha venido después, nunca han dejado de ser los primeros espadas de sus respectivos partidos. Sería divertido y, además, es posible.
Egipto: Una historia muy antigua
Hablemos de Pinochet en Chile, de Somoza en Nicaragua, de Noriega en Panamá, de Reza Pahlevi en Irán, de Saddam Hussein antes de volverse malo, de Hassan II y ahora de Mohamed VI de Marruecos, de Túnez y ahora de Egipto. ¿Qué tienen todos estos casos en común? El apoyo a dictadores sin escrúpulos por miedo a un mal mayor. El mal mayor se llamaba antes comunismo y ahora se llama integrismo pero el principio es el mismo: Olvídémonos de escrúpulos morales, apliquemos el principio (creo que se hizo explícito con Noriega) de «ya sabemos que es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta» y contengamos la respiración.
¿Qué pasa ahora en Egipto? Lo mismo que pasó en España hace treinta y cinco años pero más grave. En España, estar, haber estado o decir que se estaba en contra de Franco confería a cualquiera patente de demócrata, error garrafal cuyos resultados estamos viendo ahora. Los que apoyan a los manifestantes en Egipto parecen ignorar, no sé si deliberada o inocentemente, que no todos los que se manifiestan buscan establecer un Estado democrático y que muchos son manejados por el más rancio de los integrismos.
Si alguien tiene dudas al respecto, piense quién puede tener interés en asaltar un museo con piezas del antiguo Egipto. ¿Los mismos que destruyeron a morterazo limpio en Afganistán unos Budas inmensos que ofendían a su exquisita sensibilidad religiosa, tal vez? Cuidado a quién se apoya porque junto con gente que desea un Estado democrático hay otros que lo que buscan es una evolución del estilo iraní: Sustituir a un dictador (Pahlevi) por otro (Jomeini) que, encima, está convencido de que es el instrumento de Dios y eso le da derecho a todo.
Que todo esto pueda desembocar en una caída de Egipto en las manos del integrismo es bastante probable; que hay quien así lo está intentando y está provocando movilizaciones en distintos países para ver si consigue que caigan todos como fichas de dominó es bastante evidente. Es tan evidente como que apoyar a dictadores para que nos libren de males supuestamente mayores nunca ha sido buen negocio en el largo plazo: Que les pregunten a los americanos cómo les fue su apoyo a los talibanes contra los soviéticos y su apoyo a Saddam Hussein y al propio Ben Laden. Se recoge lo que se siembra.
¿Descubrimiento de América? Yo era muy joven entonces; sólo tenía 200 años.
Esto es lo que prometen las investigaciones sobre el envejecimiento de un científico ruso: http://actualidad.rt.com/ciencia_y_tecnica/medicina_salud/issue_13816.html
En teoría, es posible anular completamente el envejecimiento, multiplicar el promedio de vida por diez y todo ello con un medicamento que puede estar disponible en farmacias en dos o tres años: La vida casi eterna sin necesidad de pasar por el siempre molesto y desagradable trámite de la muerte. Sin embargo, a pesar de poner tan próxima en el tiempo la solución al envejecimiento que, según Skulachov, es una enfermedad que se puede tratar como tal, quedan por ahí algunos flecos pendientes de explicar:
Según Skulachov, la célula resiste heroicamente los ataques pero llega un momento en que se suicida; sin embargo, los mecanismos de reproducción celular parecerían decirnos que la célula que resiste los ataques y la que se suicida no es la misma. Con la excepción de las neuronas y algunas células del hígado, el resto de las células del cuerpo se renuevan constantemente por lo que el «suicidio» no sería tal sino que habría una modificación que, además, se reproduciría en las siguientes generaciones. De hecho, los primeros experimentos en clonación han mostrado que los animales clonados envejecen muy rápidamente. ¿No nos dice algo eso?
El mecanismo de reproducción celular, tal como se explica normalmente, no explica el fenómeno del envejecimiento ya que, una vez alcanzada la madurez de un organismo, la reproducción celular produciría siempre copias idénticas y nunca se produciría el envejecimiento; sin embargo, éste no sólo se produce sino que tiene unas pautas comunes, tan comunes que se manifiestan de formas similares en una gran parte de los seres vivos. ¿Puede realmente considerarse que es una enfermedad o, simplemente, nos falta muchísimo por saber acerca de cómo funcionan mecanismos en apariencia tan simplones como la reproducción celular?
¿Ha conseguido Skulachov romper el nudo gordiano y con unas «pastillas de vida eterna» de venta exclusiva en farmacias anulará los efectos del envejecimiento o todo quedará en unos cuantos titulares de prensa sensacionalista? La respuesta, según el propio Skulachov, en dos o tres años en la farmacia. Sería divertido conocer nuestra propia perspectiva de la historia presente dentro de quinientos años.
¿Gran acuerdo social o puente de plata a la jubilación…de Zapatero?
Cuando toda la prensa, que habitualmente parece vivir en universos distintos, coincide en algo…algo está pasando.
Ahora nos enteramos de la gran noticia que representa el maravilloso acuerdo social sobre el cambio en la edad de jubilación. ¿Acuerdo entre quiénes y a quién representan los firmantes? No vamos a descubrir ahora que hay un serio vacío de representatividad tanto en los autodenominados sindicatos de clase como en la autodenominada patronal pero de repente eso no importa: Hay un gran acuerdo y parece que todos los medios, con independencia de su color político, así lo celebran.
El acuerdo nunca puede ser más relevante que aquéllos que lo firman. ¿No será simplemente la excusa que se le está dando a Zapatero para prepararle el partido de homenaje? En la medida en que todos alaben el acuerdo y su gran importancia, más le facilitan una salida digna. Que la merezca o no es una cuestión opinable y hay opiniones para todos los gustos aunque la balanza se inclina peligrosamente hacia uno de los lados. Por eso corre prisa el partido de homenaje y por eso hay que darle algo para que se vaya salvando un poco la cara. No creo que haya más trascendencia en el acuerdo que ésa.
«Indignaos» o «Indignez vous» de Stephane Hessel: Contrapunto de Jean François Revel ( #democraciarealya #15m #indignados )
«Indignez vous» o «Indignaos» ha resultado un éxito editorial inesperado para un libro que, como su título indica, representa un puñetazo en la mesa y un «Basta ya» acerca de muchos de los males de que se ven afectadas la política y la sociedad actuales. Recuerda mucho, más por contraste y contigüidad que por semejanza, al puñetazo en la mesa de su coetáneo recientemente fallecido Jean François Revel, quien también estuvo en la Resistencia francesa y escribió «El conocimiento inútil», casi con toda probabilidad su obra más notable de pensamiento político y destinada a ser un auténtico hito en cuanto a desenmascaramiento se refiere.
En un momento histórico en que muchos se tragaron la historia de que nazismo y fascismo no eran más que la política derechista llevada a sus últimas consecuencias, parecía lógico que alguien que hubiera estado en la resistencia contra los nazis acabase militando en partidos de izquierda y así ocurrió tanto con Hessel como con Revel, quien llegó a ir de candidato con Mitterrand. Sin embargo, con el tiempo empezarían a aparecer algunas identidades incómodas gracias a la obra, entre otros de Hayek y del propio Revel: Hayek hace un magnífico análisis sobre la génesis del nazismo y muestra en su «Camino de servidumbre» cómo y por qué el nombre -nacionalsocialismo- no es en absoluto accidental; Revel se sorprendería del escaso eco que se le dio a noticias inconvenientes como la cercanía a los nazis de George Marchais, secretario general del Partido Comunista Francés durante muchos años y la aplicación en la condena a los nazis por parte del mentor de Hessel, Jean Paul Sartre que, cuando se trataba de Stalin, prefería mirar hacia otro lado. Hechos descubiertos posteriormente como la atribución a los nazis de la masacre de Katyn, cuya autoría correspondió al ejército de Stalin, no harían más que certificar las tesis de «El conocimiento inútil».
Es posible que, como dice el título del libro de Hessel, haya motivos para indignarse pero también es posible que la indignación la esté dirigiendo en la dirección equivocada. Cuando dirige su indignación hacia la cuestión palestina y la situación que se arrastra desde 1948, tal vez se le olvida a Hessel que la misma resolución de Naciones Unidas que creaba el estado de Israel creaba el estado palestino y que ese estado no existe porque los palestinos, mal aconsejados por los países árabes vecinos convencidos de que podrían echar al mar a los judíos, renunciaron. La indignación de Hessel contra los nazis parece que tampoco se extiende a sus aliados como, por ejemplo, el Gran Mufti de Jerusalén, tío de Arafat y que colaboró activamente con los nazis siendo uno de los grandes misterios de la historia por qué se libró de los juicios de Nuremberg.
Sin duda, hay motivo para indignarse contra los nazis pero Hessel, al igual que su mentor, pasa de puntillas sobre toda la historia de la Unión Soviética y, en particular, de Stalin. ¿No le merecen el mismo grado de indignación las hambrunas planificadas en Ucrania que los crímenes nazis? ¿No merece siquiera un recuerdo el hecho de que los dos grandes asesinos de la Europa del siglo XX, Hitler y Stalin, hubo un tiempo en que fueron aliados y que si dejaron de serlo fue por un cálculo incorrecto de fuerzas y no por un ataque de principios por parte de ninguno de ellos?
Podemos indignarnos contra los causantes de la última crisis pero ¿no tienen nada que ver en esto los reguladores financieros? Cuando Hessel hace un canto contra la avaricia de los poderosos, parece que se olvida de que hay alguien encargado de vigilar que se cumplan las reglas y que no cumplió con su trabajo. Si, por decreto, eliminamos al poderoso para dejarlo todo bajo el control del Estado ¿van a funcionar mejor las cosas o los desmanes se van a cometer de manera más silenciosa? Hayek, uno de los padres del liberalismo moderno, decía que el auténtico liberalismo no puede confundirse con la ley de la selva del «laissez faire» sino que era necesario regular y vigilar que todos cumpliesen las reglas y que éstas fueran las mismas para todos. La vigilancia ha fallado estrepitosamente y la receta de Hessel parece que consiste en ascender a máximo gestor del sistema a aquél que ha mostrado su incapacidad como vigilante.
Hessel tiene muchas papeletas para convertirse en un icono de aquéllos que se han quedado sin referencias y motivos para la indignación hay pero no parece bien dirigida. Hayek y Revel así lo entendieron y cambiaron su posición; Sartre y Hessel prefirieron ignorar los hechos que no encajaban con ella y, aunque no sean españoles, hicieron honor al viejo principio del arcipreste de Hita de «sostenella y no enmendalla».
Automatismos e inteligencia de las máquinas y de los diseñadores
Hace tiempo me tocó sufrir las consecuencias del trabajo -malo- de un afamado diseñador que, como ocurre a menudo, ponía muy por delante la estética de la funcionalidad.
Su primera genialidad consistió en diseñar una barandilla que sólo tenia pasamanos. Puesto que el hueco de escalera era suficientemente amplio, una caída podría haber supuesto que alguien se fuera hasta abajo desde una altura de cinco pisos y, con todo el dolor de su corazón, tuvo que poner otra barra intermedia entre el suelo y el pasamanos.
En ese mismo edificio existía un patio interior iluminado desde arriba con luz natural y con unos focos halógenos de efecto decorativo en una serie de ventanas de las que sólo se abría un costado. Cambiar uno de estos focos -en los que ni siquiera había un sistema de clip para una fácil salida y era bastante complicado sacar uno cuando se fundía- requería todo un montaje de seguridad porque sólo se podia hacer desde una posición semisuspendida o desde un andamio en el piso de abajo y que subiera hasta el quinto piso. Consecuencia: Cuando un foco se fundía no se cambiaba hasta el momento en que se pintaba el patio y el efecto estético no era ni con mucho el pretendido.
Sería difícil encontrar un castigo más duro para algunos diseñadores que obligarles a vivir o a trabajar en un edificio diseñado por ellos mismos.
Hace unos días otra situación absurda: La receta para hacer que un descodificador de televisión por cable responda al mando a distancia es «encender la luz y apuntar al florero». ¿Por qué? La televisión provoca interferencias que se hacen mayores con la luz apagada y la forma de disminuirlas es colocar el aparato en una posición a 90 grados del televisor y apuntar a un espejo -que incidentalmente es un florero- para que, sentado frente al televisor, la onda rebote y alcance al descodificador. Como me contaban al relatar la chusca experiencia, «si no funciona el remedio, ahora trata de convencer a quien se lo has dicho de que no le estabas tomando el pelo». ¿No pensaron en esto al diseñar el descodificador? ¿No se les ocurrió que la frecuencia utilizada podía ser interferida por el propio funcionamiento de un televisor? Está claro que no.
Ayer mismo me encuentro con otro ejemplo, en este caso de diseño de automovil: En una compañía de alquiler de coches me dan un Citroen. Cierto que es una marca de la que han salido coches especialmente bonitos como los modelos DS-21 (el célebre Tiburón), el Citroen SM también conocido como Citroen Maserati o el Citroen XM (una derivación para un público más amplio del diseño del SM) pero no es menos cierto que ha tenido algunas ocurrencias que hacen recordar el viejo chiste de que «en el infierno los organizadores son italianos, los policias alemanes, los cocineros ingleses y los diseñadores…franceses».
El vehículo que me tocó en suerte tenía detalles como que, si se utilizaba el apoyabrazos central, la posición para manejar la palanca de cambios era especialmente forzada y que los famosos «satélites» estaban tapados por el volante y tenían un montón de mandos que eran totalmente invisibles. El asunto no tiene demasiada importancia para un conductor habituado al vehículo pero no suele ser ése el caso en una compañía de alquiler de coches.
Uno de los satélites tenía una variante de un programador de velocidad pero que, en realidad, era un limitador para evitar pasarse accidentalmente de la velocidad autorizada. Hay que reconocerle cierto ingenio aunque, a cambio de reducir el riesgo de multa, puede introducir otro más grave. El sistema no tiene la comodidad del programador de poder llevar el pie fuera del pedal pero, a cambio, la entrada en una curva que no se conoce sólo requiere levantar el pie y no se precisa desactivar el programador, artefacto que también requiere cierto hábito.
La parte negativa, sin embargo, está en el propio funcionamiento del sistema: ¿Qué pasa en un adelantamiento si tenemos limitada la velocidad? ¿Nos acordaremos de poner la limitación en pausa buscando un botón que no vemos cuando necesitamos aceleración y el coche no acelera más? Algunos modelos resuelven el problema con otro automatismo -Mercedes, por ejemplo- y un pisotón enérgico al acelerador desactiva el limitador; en este caso, no vi que ocurriera esto.
Hoy mismo, otra exhibición de inteligencia de las máquinas y sus diseñadores: Manómetro moderno en una gasolinera, de los que se marca la presión objetivo y deja la rueda en la presión seleccionada. Lo utilizo para la bicicleta y me encuentro con que en la rueda trasera funciona correctamente pero, al ponerlo en la delantera, en lugar de inflarla, extrae todo el aire que tenía y la deja a cero. ¿Explicación? Ninguna razonable.
Cuando veo diseños ajenos cuando no contrarios a la funcionalidad y automatismos cuya mayor contribución a facilitar la vida a sus usuarios sería no existir, no puedo evitar acordarme del latiguillo de que el 80% de los accidentes se producen por error humano.
¿Cuántos de esos errores se producen por diseños o automatismos absurdos? ¿Cuántas veces es la persona quien se da cuenta del absurdo y evita un problema que, de haber quedado la decision en manos de una máquina mal diseñada, se habría producido?
A estas alturas, si alguien cuenta aquello de que «los ordenadores nunca se equivocan» puede obtener como respuesta la risa floja de cualquiera habituado a tratar con ellos. El hecho es que estamos rodeados de diseños, tanto en dispositivos como especialmente en software, que pueden hacer buenos a los famosos «objetos imposibles».
Centrales nucleares y el padre Claudio
Hoy aparece la noticia de una moratoria del cierre de las centrales nucleares españolas, incluida Garoña. Empezaré por decir que me alegro ya que desde el principio me pareció una salvajada sin más motivo ni razón que el capricho de un iluminado.
Cuando, de repente, se decide lo contrario a lo que se había decidido supuestamente sin posibilidad alguna de cambio de opinión, surge una pregunta: ¿Qué fue del iluminado? Ahí es donde entra en juego el padre Claudio.
Seguro que alguno ya empieza a sospechar quién es el padre Claudio pero para quien le falle la memoria o no haya leído el libro donde tal personaje es el protagonista, comentaré brevemente quién es el personaje y, además, aprovecharé para recomendar la lectura de «La araña negra» de Blasco Ibáñez.
«La araña negra» es como llamaba Blasco Ibáñez en el título de su novela a la Compañía de Jesús, de donde fácilmente puede deducirse que no le movían grandes simpatías hacia la citada compañía. Toda la primera parte de la novela gira alrededor de dos personajes, el padre Claudio, cabeza de la Compañía en España y su asistente, padre Antonio, servil y obediente y con una enorme ambición sólo superada por su capacidad para disimularla.
Hay un momento en la novela en que el aparentemente sumiso padre Antonio resulta clave para mover de su posición al padre Claudio que pasa a ocuparla sólo nominalmente. Durante ese tiempo, un enviado de Italia, el padre Tomás Ferrari, es el que realmente da las órdenes teniendo a su lado al infiel padre Antonio al igual que lo había tenido su antecesor y, de cara a la galería, todavía jefe. Durante un tiempo mantuvieron la ficción pero llegó un momento en que entendieron que el padre Claudio había cumplido su etapa y se libraron de él por el sencillo procedimiento de envenenarlo con el vino de misa.
Hágase ahora cada cual sus cábalas. El cambio de decisión sobre las centrales nucleares deja en evidencia que el que se jactaba de ser el más antinuclear del gobierno manda muy poco y está ejerciendo de padre Claudio. ¿Quién ejercerá de Tomás Ferrari y quién de padre Antonio? ¿Para qué momento están reservando la copa envenenada?

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