Categoría: Temas sociales y políticos
Tamaño y riesgo sistémico en los mercados
La siempre recomendable newsletter Wharton-Universia acaba de publicar un artículo sobre las organizaciones que, sobre el papel, son demasiado grandes para caer o para permitir que caigan:
http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1795&language=spanish
Llueve sobre mojado. El último número de la Harvard-Deusto publicaba otro excelente artículo, reproducido de la Sloan Management Review del MIT, recomendando cambiar el lenguaje que se utiliza en los negocios porque la contabilidad actual no es capaz de capturar el riesgo sistémico.
Lo malo de todo ello es que no es nuevo pero dice poco y malo de nuestra capacidad real de aprendizaje y sólo ante una crisis de dimensiones descomunales nos acordamos de que existe un riesgo sistémico que, simplemente, había sido ignorado. Autores como Ulrich Beck con «La sociedad del riesgo global» se anticiparon varios años a la crisis actual, otros como Peter Senge lo hicieron aún más aunque de forma acaso más superficial y así podríamos ir retrocediendo en el tiempo hasta los Forrester, Luhmann, Bertalanffy y muchos otros.
Mecanismos como las titulizaciones consiguieron hacer mucho más eficientes los movimientos de dinero pero, al hacerlo así, alguien se olvidó de un principio básico: El fallo en una organización eficiente utiliza para multiplicar sus efectos los mismos canales que esa misma organización utiliza para su funcionamiento normal. En otras palabras, a más eficiente la organización más eficiente el fallo y mayor es su posible impacto. Por ejemplo ¿podría esperarse una expansión importante de un virus si no existiera Internet?
El riesgo sistémico nos aguarda escondido en multitud de lugares. La historia nos habla incluso de guerras evitadas o iniciadas por incidentes menores que entraron en una espiral de autorrefuerzo y no fueron más que una humilde cerilla en un polvorín. Intentar detectar todas las cerillas es inútil y costoso pero hacerlo con los polvorines y no cerrar los ojos al riesgo que éstos encierran es suicida.
En el ámbito de la aviación, Michael O’Leary, gran jefe de Ryanair, afirmaba que un riesgo real para su compañía es la eventualidad de que una compañía low-cost importante tenga un accidente grave. Cualquier accidente deja al descubierto prácticas inadecuadas y regulaciones insuficientes o erróneas pudiendo afectar gravemente a los implicados. Algunos de ellos, al ejercer al mismo tiempo como juez y parte, intentan ponerse a salvo aunque, afortunadamente, en la sociedad de la información global les resulta cada vez más difícil.
En ese mismo ámbito, un único modelo de avión cuyo diseño demostró tener demasiados agujeros de seguridad, el DC-10, fue suficiente para provocar la bancarrota de McDonnell Douglas, el que era el segundo gran fabricante norteamericano. El avión fue rechazado y la empresa se quedó sin la posibilidad de competir en el mercado de los aviones grandes. Sin duda, Boeing tiene a esta compañía entre sus más cariñosos recuerdos ya que, al hacerse cargo de la compañía y sus productos, le ha tocado asumir fallos de diseño y actuaciones que no eran propios.
¿Por qué se cayeron las torres gemelas si estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión? Puesto que el Empire State ya sufrió el choque de un avión, esa eventualidad no era algo del ámbito de la ciencia-ficción sino una posibilidad real y, por tanto, se diseñaron atendiendo a ella y, sin embargo, se cayeron. ¿Por qué? Porque, desde el momento de la construcción de las torres los aviones habían crecido mucho y, además, estaban preparadas para resistir el impacto pero no el fuego de unas cuantas decenas de miles de litros de combustible. Una vez que la temperatura hizo que colapsase un piso, los que estaban debajo podían aguantar el peso añadido de uno más pero no de todos los que estaban encima repitiendose ese proceso piso a piso.
¿Por qué se caen espléndidas estructuras diseñadas con magníficos programas de CAD? Porque los programas pueden reproducir las cargas sobre las estructuras pero es mucho más difícil reproducir cómo deben ser las uniones entre los distintos componentes; no falla la viga sino su unión con otras. Una vez que una ha fallado, las contiguas comienzan a soportar un peso mayor del que están preparadas para aguantar y colapsan repitiéndose el proceso por toda la estructura.
Los organismos reguladores a menudo no disponen de la posibilidad de contrastar si existe o no riesgo sistémico ya que éste se puede encontrar escondido en muchos lugares, tanto si hablamos de productos puramente ingenieriles diseñados mediante programas cuyos resultados el ingeniero no puede contrastar por sus propios medios como de sistemas financieros o cualquier otra cosa. Hace algún tiempo me llevé una sorpresa al enterarme de que algo parecido ocurría también en un ámbito aparentemente más trivial como es el de la meteorología:
A medida que se han ido aumentando las estaciones de observación, ha crecido la dificultad para procesar todos los datos recibidos y más aún para procesarlos en un tiempo que hiciera que la información resultante fuera de interés y no que estuviéramos dando como primicia la previsión meteorológica esperable hace una semana. Los meteorólogos (o metereólogos según numerosos periódicos y televisiones) reciben los resultados de un procesamiento sin que tengan posibilidad alguna de contrastarlo con sus propias observaciones. No es de extrañar, por tanto, que los informes meteorológicos en televisión hayan mejorado notablemente en lo que se refiere a la presencia del presentador. Puesto que un meteorólogo auténtico no serviría de nada ¿por qué no utilizar un presentador que pasado mañana pueda estar en el área de deportes y dejar que la presencia sea el criterio principal? Si a alguien le parece exagerada esta reflexión, acuérdese de Minerva Piquero, que comenzó precisamente dando el informe meteorológico.
Algunos hablan de codicia, otros de espíritus animales y otros de punto ciego del refuerzo inmediato pero, sea cual sea la etiqueta que le apliquemos, no es sostenible un modelo en el que, de la forma más inesperada, pueden producirse explosiones de un tamaño descomunal y que tienen impacto en todo el mundo. Cuando se habla de economía sostenible y de evitar estos riesgos, todos podemos estar de acuerdo pero ¿cómo? ¿no estamos en la vieja historia de «quién le pone el cascabel al gato»?
Hacer lo mismo pero dando una «estética verde» no deja de ser una estupidez más procedente del ámbito «políticamente correcto». Intentar dar poderes extraordinarios a unos reguladores que, simplemente, no comprenden qué está pasando y, en caso de comprenderlo, se encuentran en la situación del meteorólogo y no pueden alcanzar conclusiones a tiempo tampoco sirve de gran cosa. Si se quiere evitar el riesgo sistémico y buscar una sostenibilidad real, no queda más remedio que ir a los principios mismos de funcionamiento del sistema y la forma en qué este consigue eficiencia.
En El mundo feliz de Huxley cualquier juego nuevo, para ser admitido, tenía que ser más complicado y requerir más medios que otro previamente existente. En el mundo real tenemos también una regla que debería ser seguida y es la regla de Rassmussen: «El operador ha de ser capaz de correr cognitivamente el programa que está ejecutando el sistema». En sistemas críticos, esta regla no debería ser saltada jamás y en sistemas menos críticos debería ser susceptible de sustitución por la comprobación cruzada: Un sistema complejo no debería ser aceptado si otro sistema de diseño completamente independiente no es capaz de replicar sus resultados.
La receta no es nueva. Es aplicada en aviación como una forma de garantizar que, en el caso de un fallo de software producido en varios sistemas idénticos, la redundancia resultase ser absolutamente inútil. Sin embargo, ese modelo que puede ser suficiente en muchos ámbitos no debería serlo en aviación, precisamente por tratarse de un sistema crítico.
Volvamos a la meteorología: Es dudoso que 1.000 estaciones de observación sean capaces de generar una previsión meteorológica el doble de precisa que 500 ya que en éste, como en cualquier otro ámbito, se produce el fenómeno del coste creciente de la mejora marginal. ¿Es posible que el meteorólogo pueda generar una previsión menos precisa procesando los resultados de muchas menos estaciones de observación? Para ello, tendría que tener claro cuáles son las que le permiten generar ese pronóstico y, con ello, validar unos resultados producidos a un nivel de detalle que le resulta inalcanzable.
Un mundo sostenible pasa necesariamente por eliminar el riesgo sistémico y, como ya anticipaba Beck, no está en absoluto eliminado. Puede hacerse pero ¿se hará o nos quedaremos esperando a la siguiente gran crisis que puedan provocar las finanzas internacionales, la incompetencia de los gobiernos, la contaminación, la falta de combustibles para cubrir las necesidades energéticas, la falta de alimentos o de agua potable, una pandemia, el terrorismo nuclear…? Son muchas las situaciones explosivas que nos rodean y, en lugar de eliminarlas con el grado de dureza o suavidad que proceda en cada caso, todavía nos seguimos empeñando en requisar las cerillas.
La guerra de Cajamadrid
Cualquier lector que no siga minuto a minuto las noticias relativas a Cajamadrid, sin duda se va a perder algunas cosas. Por ejemplo, en estos días se ha presentado como el gran triunfo en clave interna de Rajoy el que finalmente Rodrigo Rato vaya a ser el nuevo presidente de Cajamadrid. Esos mismos palmeros no explican que en marzo http://www.soitu.es/participacion/2009/03/18/u/basiliopozoduran_1237383024.html fue la propia Esperanza Aguirre quien propuso a Rato como presidente y que fue Rajoy quien lo rechazó, cabe suponer que porque no le gustaba tener de vuelta tan cercano a la política nacional a quién en su día fue su oponente y, dada su propia ejecutoria, hoy podría ser el Terminator de las ambiciones políticas de Rajoy. ¿Qué ha cambiado desde entonces para que, al parecer, las posiciones se hayan invertido?
Las malas lenguas aseguran que lo que ha cambiado es la situación actualmente crítica del grupo PRISA, con una importante deuda con Cajamadrid cuya renovación, de producirse, debería ser inmediata y que al citado grupo le interesa tener un amigo en la presidencia de Cajamadrid y Rato lo es…y tal vez por eso ahora Esperanza Aguirre prefiriese alguien que contribuyese a apuntillar a un grupo de comunicación que nunca se ha distinguido por su amistad hacia el PP aunque sí hacia alguno de sus miembros, fundamentalmente Ruiz-Gallardón y Rodrigo Rato. ¿Busca Rajoy convertirse en el salvador de PRISA para disfrutar del mismo trato favorable que sus compañeros de partido?
El PP lleva mucho tiempo bajo los focos como consecuencia de sus temas relacionados con la corrupción. No cabe duda de que los medios de comunicación no tratan igual a todos los partidos cuando alguien mete la mano en la caja pero ese hecho, con ser cierto, de ninguna forma justifica la inacción de que ha hecho gala Rajoy en el asunto de la corrupción. De repente, salta otra corruptela en Cataluña que, en este caso, afecta directamente a ex-altos cargos de Pujol y dirigentes de Convergencia y del PSOE y, justo en ese momento, se descuelga Manuel Cobo en El País con unas declaraciones en contra de Esperanza Aguirre en relación con Cajamadrid que hacen que los focos que, por un momento, se habían desviado vuelvan inmediatamente a enfocar al PP y pase el otro asunto a segundo plano.
¿Casualidad o ejercen Cobo y Gallardón o viceversa como caballos de Troya del PSOE en el PP con el intermedio de PRISA?
El caso es que Rajoy no parece necesidad de ayuda externa o interna para enredarse él solo. La diferencia entre el trato recibido por el ex-secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, y el primer teniente de alcalde de Madrid, Manuel Cobo, a quien su jefe apoya y mantiene en el puesto a pesar de una suspensión cautelar de militancia muestra que el anunciado puñetazo en la mesa lo ha dado flojito para no hacerse daño. No hay que extrañarse de que el ministro de Fomento, José Blanco, manifestase su alegría porque la figura de Rajoy pudiera salir reforzada de todo este enredo. Como Josep Piqué dijo de él cuando le preguntaron cómo lo estaba haciendo, es difícil no hacerlo mejor.
Cajamadrid ha resultado ser un campo de batalla donde se aludía a grandes principios y a respeto a la legalidad pero lo que se estaba cociendo era la pura y simple lucha por el poder entre dos bandos enfrentados del PP. No se sabe si por la importancia de la entidad o por ese distinto tratamiento que los medios de información dan a la porquería dependiendo del lado del que viene, el tema ha gozado de bastantes titulares pero está muy lejos de ser el único enjuague con cajas de ahorros de por medio.
Los políticos de todo signo han entrado al asalto en las cajas de ahorros y las han convertido en el brazo financiero del partido en el poder en cada sitio y, al final, es el Estado -o sea, todos nosotros- quien tiene que pagar la fiesta que se han corrido y se siguen corriendo nuestros honorabilísimos padres de la patria repartiendo dinero entre sus amigos. No resulta extraño que la conducta de los políticos haya pasado a estar, según el último sondeo del CIS, entre las preocupaciones de los ciudadanos por encima incluso del terrorismo. Lo que no nos dicen es que es una preocupación relacionada con la salud como la relativa a la gripe A, sólo que en este caso más que a la gripe se refiere a las ganas de vomitar que producen unos y otros.
El Nobel de Obama
Vaya por delante que un premio Nobel de la Paz otorgado por una fundación que lleva el nombre del inventor de la dinamita es, cuando menos, contradictorio en su origen.
Es difícil estar de acuerdo en todos los nombramientos e incluso lo mismo nos podría ocurrir con el santoral donde, por ejemplo, ha estado a punto de colarse un personaje de méritos más que dudosos y algún otro ha sido designado con el jocoso nombre de «el santo de alta velocidad».
Lo malo es que las concesiones inmerecidas de premios supuestamente importantes devalúan no sólo el premio sino el mérito de personas que lo han obtenido en el pasado y que realmente sí lo hayan podido merecer.
Obama puede haber levantado expectativas pero el tiempo que lleva en el poder es absolutamente insuficiente para saber siquiera si tales expectativas son fundadas. Que alguien diga que una de las cosas que más ha pesado en la concesión del premio es su discurso de El Cairo suena a chiste malo. En primer lugar, los premios de este tipo se suelen conceder por hechos y no por palabras, aunque este premio ya tenga el triste precedente de haber sido otorgado a alguien con una biografía totalmente falsificada, y en segundo lugar el discurso citado tenía errores garrafales que aquí movieron a risa a muchos, por ejemplo, las referencias a Al-Andalus y a la Inquisición en el mismo paquete.
El premio Nobel de la Paz ya fue concedido hace años al primer presidente negro de un país, Nelson Mandela, que, sin duda, en el momento de la concesión había hecho muchos más méritos que Obama para ello. ¿Es eso lo que se está premiando en Obama? ¿Ser el primer presidente negro de su país? Si es así, resulta escaso mérito y de ninguna manera es comparable con el del citado Mandela que, tras muchos años en la cárcel, fue capaz de conseguir en su país una transición ejemplar sin que se convirtiera en un baño de sangre.
Si premian a Obama por su discurso -no hechos, por el momento- acerca del desarme, tal vez a alguien se le olvidaron personajes como Gorbachov y Reagan que tuvieron una actuación mucho más decisiva que la que hasta el momento ha tenido oportunidad de exhibir Obama.
Si premian a Obama por haber conseguido, como algunos dicen, que Estados Unidos haya pasado a ser una sociedad post-racista, hecho del cual su propia elección sería la prueba, habría también que preguntar si conseguir un voto de la población negra superior al 90% no indica claramente que esta población ha votado en clave racista y que, por tanto, tal objetivo está aún lejos de ser conseguido.
Es difícil saber si Obama se hará merecedor, a medida que transcurra el tiempo y tenga oportunidades de demostrarlo, del premio que ahora le están regalando. Lo que sí puede saberse fácilmente es que hoy no lo es y que si la pieza de convicción no la constituyen los hechos sino los discursos a lo mejor incluso podemos proponer algún candidato más cercano.
«Animal Spirits» de Akerlof y Shiller
Animal Spirits puede considerarse como una crítica de la economía liberal. Son muchos los autores que han ido por ese camino con diversa fortuna. Por ejemplo, aquí mismo puede encontrarse la crítica de Economía Humanista de José Luis Sampedro aunque la argumentación de Animal Spirits parece mucho mejor fundada que la de Sampedro.
Los autores comienzan por dar diversos ejemplos de terrenos en los que la mano invisible de Adam Smith simplemente no funciona. Los ejemplos son buenos aunque producen una sensación extraña, algo así como si la crítica fuera correcta pero los motivos en que apoyan ésta tuvieran poca solidez o estuvieran mal argumentados.
Critican el supuesto básico de que las decisiones en una economía de mercado se tomen siempre de forma racional y, para ello, recurren a dos motivos básicos: Uno de ellos es criticable porque puede ser incluido también en el concepto mismo de economía de mercado y el otro lo es porque es difícil considerarlo como único: Conocimiento y equidad.
El concepto mismo de gestión de conocimiento apareció para mediados de la pasada década y, sin embargo, uno de los libros más brillantes que pueden encontrarse sobre el tema es Knowledge and Decisions de Thomas Sowell, escrito nada menos que en 1980. Al margen del interés histórico, se da la circunstancia de que Sowell es un ferviente defensor de la economía de mercado y que, para que ésta funcione, se presupone también una completa transparencia y, por ende, un perfecto conocimiento sobre lo que se compra o vende.
La crítica de Animal Spirit en el sentido de que se necesitan estudios considerablemente sofisticados para cuestionar una clasificación AAA era ya anticipada en el libro de Sowell cuando señalaba que government regulatory agencies are often very ineffective in controlling the industry or sector which they have a legal mandate to regulate. Dicho de otro modo, cuando no existe una transparencia completa, no podemos decir que las decisiones no sean tomadas racionalmente sino que, aunque el proceso sea racional, son tomadas sobre datos equivocados sin posibilidad de contrastarlos.
La crítica relativa al conocimiento es, por tanto, compartida por los defensores de la economía liberal y de ahí que haya una presión permanente hacia una mayor transparencia. Sin embargo, la complejidad obliga a tener que confiar en instituciones de control y, cuando reguladores, auditores y agencias de calificación fallan, las decisiones de los consumidores se ven traicionadas en una situación en que ni tienen acceso directo a la información necesaria ni, en caso de tenerlo, tienen los conocimientos necesarios para analizar esa información.
En cuanto al concepto de equidad, como justificación de toma de decisiones aparentemente no racionales, los autores dan buenos ejemplos aunque llegan a estirar tanto el concepto que acaba por representar un comodín válido para explicar todo lo que no se puede explicar desde un punto de vista de estricta racionalidad. Quizás falla ahí un mayor esfuerzo en el área de categorización de variables no estrictamente económicas.
Como síntesis, el libro es interesante, sus argumentos son buenos y su lectura es recomendable. Por el lado negativo, cabe decir que podría haber sido mejor si se hubieran trabajado un poco más las variables no económicas.
Caricatura de las ideologías: La vida de Brian
En los habituales y aburridos rifirrafes del Parlamento, hay un argumento que aburre ya más que cualquier otro y es reclamar la ayuda a la oposición y, de esa manera, poder echar la culpa a otros de la propia gestión.
Ese mismo argumento ya se dio, y era igualmente aburrido, con ocasión del pacto antiterrorista donde sólo hubo una persona, Rosa Díez, que señaló a una cláusula del pacto que estaba siendo deliberadamente ignorada, aquélla que establecía que desde la unidad de diagnóstico y ahí es donde está el truco.
Si en una consulta hay dos médicos y el primero dice que el enfermo tiene una gripe mientras que el segundo dice que es un inicio de infarto, quien tenga la capacidad de decisión lo hace en solitario y no puede reclamar ayuda del otro puesto que no hay una coincidencia en el diagnóstico. Por añadidura, los diagnósticos se realizan desde presupuestos ideológicos que, como tales, son inmunes a la realidad y cada uno ve lo que quería ver desde el principio. Hay una escena espléndida de La vida de Brian que refleja ese fenómeno:
Brian está en el balcón con una manifestación en la calle gritando que es el Mesías mientras el lo niega repetidas veces e inútilmente. De repente, el vidente ciego (ni ahí pueden parar de maquinar los de Monty Python) dice a toda la masa de gente con la voz profunda del que quiere establecer una gran verdad el verdadero Mesías dirá que él no es el Mesías. Naturalmente, eso multiplica aún más los gritos de la multitud porque el ciego les ha convencido de que la negativa de Brian certifica que es el Mesías y éste, al verse pillado, busca una salida y acaba diciendo Bueno, pues es verdad…soy el Mesías esperando que, de esa forma, le tomen por un falso Mesías y le dejen en paz. Lejos de esto, lo dicho por Brian es tomado por una confesión y los gritos de que es el Mesías de nuevo se multiplican.
Cuando esto lo vemos en una película, es divertido. Cuando vemos que responde al comportamiento habitual de los políticos, es patético.
Elecciones en Portugal y en Alemania y lecciones para España
En un alarde de humor alguien dijo que «el futuro ya no es lo que era» y es posible que lo mismo ocurra con las elecciones. Antes, la pérdida de votos de un partido implicaba una ganancia más o menos equivalente del partido que se le oponía. Ahora no.
Lo ocurrido en Portugal podría fácilmente utilizarse como encuesta para las elecciones españolas previstas para 2012: Un partido socialista pierde votos ante el desánimo de un cuerpo electoral harto de una crisis que en nuestro país vecino se ha hecho ya crónica. Los especialistas hablan de crisis en «U» y crisis en «L» y la crisis portuguesa ha introducido como innovación la «L» lánguida como un fado, en la que la rama horizontal se cae.
Merkel y Sarkozy por un lado y Obama por el lado opuesto han sabido hacer discursos de principios. Esos discursos de principios son los que los han llevado al poder y, en el caso de Merkel, repitiendo con ventaja aumentada. Por ahí, el futuro tampoco es lo que era: Un partido conservador se alía con un partido liberal en Alemania pero, al mismo tiempo, como participante en el G-20 sostiene que hay que mantener el nivel de intervención en el sistema financiero. ¿Somos liberales o intervencionistas o somos una cosa en casa y otra fuera?
Obama, por otro lado, se encuentra con un tigre cogido por el rabo. Ha querido darle la vuelta a la política de Bush pero todavía recuerdan muchos en Estados Unidos el desastre de la etapa Carter y cómo los iraníes se burlaron de la superpotencia. ¿Cómo ir aflojando la presión sobre el rabo de un tigre que, como decía Balú en «El libro de la selva» tiene dientes al otro lado? Sencillo: Sacando a relucir la posibilidad de utilizar la fuerza y, como en el caso anterior, se plantea la pregunta de si somos pacifistas o belicosos.
Aunque en el escenario global las elecciones portuguesas tengan menor importancia, sus resultados pueden ser los más relevantes para España en el sentido de poder servir de reflejo del próximo futuro. Los políticos de los grandes países que hoy están en el poder lo están porque, aunque con algunas contradicciones como las señaladas, han sabido vender unos principios con los que la gente se ha identificado.
En España, la oposición parece nacida en la ventanilla de un ministerio: Esperan a que les lleguen los papeles y, cada vez que encuentran una equivocación, los rechazan y sacan el altavoz para decir que los han rechazado. No hay un discurso ni liberal ni conservador ni mediopensionista. Algo parecido puede decirse del partido del gobierno y sus estiras y aflojas en función de la aritmética parlamentaria. La conducta de ambos la han reflejado tanto Groucho Marx como Forges; el primero con su éstos son mis principios y, si no le gustan…tengo otros y el segundo con su juro mi más inquebrantable lealtad a lo que haga falta.
En ese entorno, tiene poco de extraño que ambos pierdan, como ha ocurrido en Portugal. Al final, parece que, como Rousseau y Voltaire, uno necesita al otro para tener a quién oponerse y darle sentido a su existencia. Mientras tanto, cada vez hay más gente que piensa que no necesita a ninguno de los dos.
«El desajuste del mundo» de Amin Maalouf
En principio, un libro que lleva en la solapa el nombre de Maalouf lleva casi implícita una garantía de que dentro se va a encontrar algo interesante. Descubrí al autor hace algunos años con Los jardines de luz, auténtico tratado contra la intolerancia religiosa y, desde ese momento, no he dejado de leer lo que ha caído en mis manos de este autor. León el Africano es una novela en la que, si se busca una comparación, habría que retroceder hasta Sinuhé el Egipcio de Mika Waltari, Identidades asesinas es un pequeño libro en el que Maalouf argumenta con una extraordinaria lucidez contra los nacionalismos y podríamos seguir con Samarkanda o con el libro en que muestra el punto de vista árabe sobre las Cruzadas…siempre se va a encontrar en Maalouf a un pensador original que aporta una nueva luz sobre los temas que toca.
El desajuste del mundo no es una excepción a esta regla y, tal vez por ser su último libro recientemente aparecido, lo que dice tiene una relevancia excepcional porque se refiere a nuestro mundo tal como está configurado hoy y las contradicciones y conflictos de carácter general.
Es difícil comprender cómo piensa Maalouf si no se sabe de dónde viene y, sobre todo, qué es lo que ha hecho con su personal patrimonio biográfico. Maalouf nació en Líbano en 1949 pero vive en Francia desde 1975, es decir, en este momento lleva viviendo en Francia más de la mitad de su vida. Hasta aquí, nada especialmente original y su biografía podría tener puntos de contacto con la ex-candidata socialista Segolène Royal e incluso con algunos terroristas islámicos. Más aún, los que provocaron los atentados de Londres habían nacido ya allí. Sin embargo, con esa herencia de exiliado compartida con muchos que han evolucionado de muy distintas formas, Maalouf ha hecho algo muy poco frecuente:
En primer lugar, se resiste a ser catalogado de libanés, francés o medio libanés y medio francés. En Identidades asesinas Maalouf utiliza como ejemplo su propio caso y afirma que tiene una identidad única compuesta de la totalidad de experiencias que ha vivido y que no renuncia a ninguna de ellas. No está dispuesto a desprenderse a una parte de sí mismo en nombre de una fidelidad a la otra parte sino que él mismo es un producto de ambas. Sería interesante que esta lección fuera aprendida por muchos nacionalistas.
En segundo lugar, rechaza el relativismo y un «respeto a las culturas» mal entendido, en nombre del cual lo que no es aceptable aquí puede ser aceptado como una peculiaridad en otro lugar. Los siguientes textos, tomados de su libro son bastante claros al respecto:
Nuestra época le brinda a Occidente la oportunidad de restaurar su credibilidad ética, no dándose golpes de pecho, no abriéndose a «toda la miseria del mundo» ni transigiendo con valores importados de otros lugares sino, antes bien, siendo por fin fiel a sus propios valores, respetuoso con la democracia, respetuoso con los derechos humanos, atento a la equidad, a la libertad individual y al laicismo. En sus relaciones con el resto del planeta y, en primer lugar, en sus relaciones con las mujeres y los hombres que escogieron irse a vivir bajo su techo.
Respetar una cultura es propiciar la enseñanza de la lengua en que se funda, es favorecer el conocimiento de su literatura, de sus expresiones teatrales, cinematográficas, musicales, pictóricas, arquitectónicas, artesanales, culinarias, etc. A la inversa, ser complaciente con la tiranía, la opresión, la intolerencia o el sistema de castas, con los matrimonios concertados, la ablación, los crímenes «de honor» o el sometimiento de las mujeres, ser complacientes con la incompetencia, con la incuria, con el nepotismo o con la corrupción generalizada, con la xenofobia o el racismo, so pretexto de que proceden de otra cultura diferente, eso no es respeto, opino yo, es desprecio encubierto, es un comportamiento de «apartheid», aunque se haga con las mejores intenciones del mundo.
Éstos son, por tanto, los puntos de partida de Amin Maalouf y es entendiéndolos como es posible entender el conjunto de su obra en general y, en particular, este último libro suyo.
Aunque no es éste el único tema del libro, quizás el más relevante y al que más espacio dedica es al enfrentamiento Oriente-Occidente, con especial atención a los países islámicos, y cuenta desde una perspectiva muy infrecuente cómo se ha ido gestando esa situación y por qué no vale hablar de enfrentamientos milenarios ni de «peculiaridades del Islam» como explicación.
El punto de partida es el hecho de que cada uno se sumerge en su propia interpretación de los hechos y, desde su modelo interpretativo, consigue que todos los hechos tengan coherencia haciendo que no tenga el menor interés en conocer el punto de vista de la otra parte. Referido este principio al conflicto de Irak, Maalouf lo expresa de esta forma:
Si aceptamos, por ejemplo, el postulado según el cual la calamidad de nuestra época es la «barbarie del mundo musulmán», fijarse en lo que pasa en Irak no puede sino reforzar esa impresión…si, en cambio, adoptamos como axioma el «cinismo de Occidente», los acontecimientos tienen una explicación no menos coherente: como preludio, un embargo que sumió en la miseria a todo un pueblo y costó la vida a cientos de miles de niños sin que al dictador le faltasen nunca los puros; luego, una invasión cuya decisión se tomó arguyendo pretextos falsos y haciendo caso omiso de la opinión y de las instituciones internacionales y cuyo móvil, al menos en parte, fue la voluntad de hacerse con los recursos petrolíferos; inmediatamente después de la victoria estadounidense, el ejército iraquí y los órganos del Estado quedan disueltos a toda prisa y de forma arbitraria y se instaura explícitamente el comunitarismo en el seno de las instituciones, como si se hubiera elegido de forma deliberada la opción de sumir al país en una inestabilidad permanente…Para mí, son ciertos ambos puntos de vista y son falsos ambos. Cada uno de ellos gira en su órbita, ante su público que los entiende con medias palabras y no oye el punto de vista del adversario.
Partiendo de aquí, Maalouf comienza a analizar acontecimientos históricos pero, en contra de las frecuentes opiniones sobre enemistades milenarias e irreconciliables, Maalouf comienza su relato aproximadamente hacia la mitad del siglo pasado y puede encontrarse una perfecta coherencia sin necesidad de recurrir a acontecimientos anteriores. De hecho, comienza con el reconocimiento de que en los primeros momentos del Islam, judíos y cristianos eran reconocidos como gentes del Libro y, por tanto, aunque no eran considerados propios sí eran considerados cercanos. El progresivo corte de puentes y la conversión del Islam en un mecanismo de poder cada vez más rígido es relativamente reciente:
Algunos libros publicados en El Cairo en la década de 1930 están ahora prohibidos porque se los considera impíos; algunos debates que se celebraron en Bagdag en el siglo IX, en presencia del califa abasí, acerca de la índole del Corán, serían inconcebibles en nuestros días en cualquier ciudad musulmana, incluso en el recinto de una universidad.
Las críticas de Maalouf a Occidente no son, por tanto, por imponer sus valores sino precisamente por no hacerlo. Valores como la libertad o la igualdad son de tipo universal y no pueden estar sujetos a interpretaciones o peculiaridades culturales. En su relación con otros países, estos valores no han sido utilizados sino que, como señala Maalouf, han sido las elites de estos países las que los han utilizado en contra del dominador occidental. No obstante, como señala en el siguiente párrafo, la conducta occidental no sirve como excusa para todo:
Volvamos al ejemplo que tenemos constantemente ante los ojos en la actualidad, el Irak. Estoy convencido de que el comportamiento errático de los ocupantes americanos ha contribuido al hecho de que ese país se hundiera en la violencia comunitarista; estaría dispuesto a admitir, aunque tamaño cinismo me parezca monstruoso, que algunos aprendices de brujo de Washington y de otros lugares hayan podido beneficiarse de ese baño de sangre. Pero cuando un militante sunní se pone al volante de un camión bomba para saltar por los aires en un mercado al que acuden familias chiíes y a ese asesino algunos predicadores fanáticos lo llaman «resistente», «héroe» y «mártir», de nada vale ya acusar a «los otros»: es el propio mundo árabe el que tiene que hacer examen de conciencia. ¿Qué combate está peleando? ¿Qué valores defiende aún? ¿Qué sentido le está dando a sus creencias?
Las sucesivas humillaciones árabes primero a mano de los imperios coloniales y, más tarde, a manos del recién creado Israel darían lugar a una especie de nihilismo en los aspectos político y como civilización y esto sería lo que acabaría por crear otro tipo de legitimismo no político ni relativo a la cultura árabe sino basada en la religión como nexo común. Una vez que la religión fue utilizada como nexo, su evolución hacia un mayor extremismo era esperable y ha llevado a un conjunto de países a un callejón sin salida.
Cuando dirige su mirada hacia el lado occidental, Maalouf no sólo toca la evolución de los países emergentes sino que centra su análisis en el papel de Estados Unidos y su dudosa legitimidad. La duda sobre la legitimidad norteamericana no la refiere al funcionamiento del modelo democrático norteamericano sino a que, debido a su relevancia política y militar, un 5% de los habitantes del planeta eligen a alguien cuyas decisiones van a afectar gravemente al 100% de esos habitantes.
Estados Unidos, como potencia única, se encuentra también en su particular callejón sin salida. La utilización de una política de fuerza no hará sino mantener viva la llama del odio y alimentar la situación tal como se presenta en la actualidad; por otra parte, una política de apaciguamiento puede llevar en lugar de hacia el agradecimiento a una pérdida de respeto. En este sentido, comenta Maalouf el caso del presidente Carter y los nefastos resultados de su política de «aflojar la mano» en un momento en que el régimen iraní estaba derivando hacia un extremismo cada vez mayor.
El otro callejón sin salida es para Maalouf el que se ha puesto de manifiesto con la aún no resuelta crisis financiera y que hundiría sus raíces en la caída de la Unión Soviética haciendo que el modelo económico no tuviera que defenderse sino que fuera ya único. Este otro desajuste lo refleja en estos términos:
No es vergonzoso hacer dinero…pero eso de que el dinero esté completamente desconectado de cualquier tipo de producción, de cualquier esfuerzo físico o intelectual, de cualquier actividad de utilidad social…Eso de que nuestras bolsas se conviertan en casinos gigantescos en donde el destino de cientos de millones de personas, ricas o pobres, se decida en una tirada de dados…Eso de que nuestras instituciones financieras más venerables acaben comportándose como unos gamberros borrachos…Eso de que los ahorros de toda una vida de trabaj0 puedan esfumarse o multiplicarse por treinta en pocos segundos por procedimientos esotéricos que ni siquiera los banqueros entienden ya…Se trata de un trastorno grave cuyas implicaciones van mucho más allá del ámbito de las finanzas o de la economía. Porque podríamos preguntarnos, en vista de las cosas que suceden, por qué la gente va a seguir trabajando honradamente; por qué un joven va a querer hacerse profesor en vez de traficante; y cómo va a ser posible, en un entorno ético así, transmitir conocimientos, transmitir ideales; cómo va a ser posible conservar mínimamente el tejido social necesario para que sobrevivan todas esas cosas tan esenciales y tan frágiles que se llaman libertad, democracia, felicidad, progreso o civilización.
Se podrían multiplicar las citas literales pero posiblemente las que ya van incluidas y el comentario que las acompaña basten para hacerse una idea de un libro cuya lectura es muy recomendable para cualquier interesado en el mundo que le rodea. Aprovecho, no obstante, para hacer una reflexión y una recomendación últimas:
Amin Maalouf utiliza una forma de análisis que recuerda mucho a otro magnífico autor francés, Jean François Revel, autor de El conocimiento inútil, uno de los análisis más brutales y más certeros del último cuarto de siglo. Sin embargo, la diferencia es que Revel, liberal a ultranza, lanzaba sus dardos sobre todo contra la Unión Soviética, países satélites y todo tipo de dictaduras, en general. Maalouf toma como punto de partida la caída de la Unión Soviética y se centra más en el abismo cada vez mayor Oriente-Occidente pero, sin duda, son dos grandes autores que comparten un estilo de análisis.
Limitación de los sueldos de los banqueros: ¿Medida útil o populismo barato?
Hoy mismo, el comisario socialista europeo, Joaquín Almunia, explicaba cuál puede ser el sentido de la medida. Lo malo es que, al hacerlo, venía a decir también que una limitación no era ni útil ni conveniente sino que se estaba hablando de otra cosa: El hecho de que las retribuciones pueden estar sujetas a acciones dañinas para sus empresas y, sobre todo, para sus clientes. Por tanto, el asunto no era tanto «limitar» los sueldos sino explicar claramente a qué variables estaban sujetos los incentivos que se recibían.
Sobre el papel, y una vez que se aclara de qué se está hablando, resulta difícil no estar de acuerdo y, sin embargo, una medida de este tipo deja tantos cabos sueltos que acaba oliendo de lejos a populismo:
- Son muchas las empresas, no sólo los Bancos, las que pueden causar un grave impacto en el público y en las que la existencia de incentivos dirigidos a la maximización de beneficios a corto plazo puede ser dañina para el público. Ejemplo: Hace años, una compañía aérea decidió aplazar por cinco años la sustitución de aviones ya amortizados y, al hacerlo, inyectó en su balance una cantidad que, no por ficticia, dejó de aparecer en su cuenta de resultados. Si esa chatarra volante hubiera producido algún accidente ¿no estamos en una situación parecida?
- ¿Cómo se va a controlar la eventualidad de que parte de la retribución pase a ser opaca? Como han mostrado mecanismos como las cesiones de créditos, los seguros de prima única y muchos otros, hay una elevada creatividad en este terreno y, sin duda alguna, sería utilizada también en favor propio. Los paraísos fiscales reverdecerán, como ya ha empezado a ocurrir cuando en Estados Unidos los banqueros han empezado a moverse hacia allí para evitar restricciones en este terreno.
- ¿Cómo se va a evitar la competencia desleal? Si Estados Unidos y Europa entran en este tipo de medidas, podría estarse abriendo la puerta a Bancos de otras procedencias y sin esa restricción. ¿Van a asumir los Estados responsabilidad directa sobre los Bancos con salarios limitados? Si lo hacen, es una nacionalización virtual que requeriría muchas más medidas de control. Si no lo hacen, la medida relativa a los sueldos es una garantía bastante pobre de cara a los potenciales afectados.
Probablemente se está jugando con otras cosas en las que no se quiere entrar y se están buscando medidas muy visibles y, si es posible, que sean también populares aunque no sirvan para nada. Hace años, tres profesores de Harvard encabezados por Michael Beer pusieron de manifiesto qué tipos de beneficios obtenían los gestores de programas de actuación que no servían para nada. El factor clave era la visibilidad y, si a ésta le añadimos el regocijo popular, mejor todavía.
La aún no resuelta crisis del sistema financiero ha puesto en entredicho para muchos la viabilidad del modelo económico liberal. Sin embargo, se ha olvidado que un autentico liberalismo económico se apoya sobre una información transparente -lo contrario es lo más parecido a la mafia- y que si algo ha faltado ha sido transparencia. Tres semanas antes de quebrar, las agencias de calificación estaban dando las máximas puntuaciones a Lehmann Brothers. ¿Con qué tipo de información contaban para haberse equivocado de ese modo? Naturalmente, existe también la posibilidad -aún peor- de que no se hubieran equivocado y que no fuera ignorancia sino connivencia. Sea cual sea la situación, se puede optar por la transparencia o por aumentar el control. Medidas como ésta implican que se está optando por lo segundo.
En el caso de Lehmann Brothers, ha habido inversores especialmente conservadores que habían dado a sus Bancos instrucciones de colocar su dinero sólo en lugares exentos de riesgo. Es de imaginar la sorpresa que se han llevado al saberse afectados por la quiebra de Lehmann y, más aún, sin poder reclamarle a su Banco que, de acuerdo con las valoraciones de las agencias de calificación, había actuado de forma impecable.
Que es necesario hacer algo, nadie lo pone en duda. Que no vale hacer cualquier cosa sino sólo cosas que sean efectivas, debería ser igualmente claro y el populismo es pocas veces una solución.
Volviendo al principio, no son sólo los Bancos los que pueden afectar gravemente a sus clientes y tal vez conocer qué se está haciendo en el ámbito de la seguridad aérea podría ser de utilidad: No es necesario decir que hay una gran cantidad de regulaciones en lo que a transporte aéreo se refiere. Sin embargo, no es excesivamente complicado cumplir con la letra de la norma violando su espíritu y, de hecho, el máximo dirigente de una conocida compañía decía que el único riesgo que veía para su compañía era la eventualidad de un accidente grave en su compañía o en otra de perfil parecido. La afirmación sólo tiene una explicación posible y volvemos a la idea de transparencia: Un accidente y la investigación posterior dejaría al descubierto prácticas que, estando dentro de la ley, pueden derivar en situaciones de riesgo. En el momento en que tal riesgo derive en un accidente, alguien pagará un precio muy caro y sin duda, quienes más caro lo pagarán serán los directamente afectados. El paralelismo con lo ocurrido con el sistema financiero es, como puede verse, bastante cercano.
Las empresas de transporte aéreo no han sido invitadas a limitar los sueldos de sus directivos sino que se ha tomado una medida de tipo muy diferente. Por un lado, aumentar la transparencia en la información ofrecida relativa a la seguridad y, por otro lado, se ha establecido la figura del accountable manager que, para entendernos, es el que tiene más probabilidades de ir a la cárcel en la eventualidad de que se descubran irregularidades graves o de que se produzca un accidente.
Si, mediante la transparencia, se aumenta la posibilidad de ser cazado y si la propia regulación establece sin lugar a dudas quién es el responsable de los aspectos que se quieren mantener a salvo, el resultado es una invitación a no jugar con fuego. El argumento dado por Almunia es correcto pero establecer limitaciones salariales a los banqueros es una solución de más que dudosa efectividad. Eso sí, el desempleado y el mileurista se sentirán muy consolados de ver que se ataca a los teóricamente poderosos.
Memoria histórica en ruinas
Arquitectura palentina-1El verano es, para muchos, la única oportunidad que se tiene de ponerse al día en lecturas pendientes, de practicar deporte con un poco más de intensidad y hasta de asombrarse de algunas cosas.
Este año he pasado buena parte de las vacaciones en la «Castilla profunda» y he tenido ocasión de comprobar de primera mano cómo hay determinado tipo de «memorias históricas» que, al parecer, no le interesan a nadie. Como el tiempo ha acompañado, todos los días he podido dar un paseo en bicicleta y, teniendo en cuenta que mi alcance máximo es de unos 20 kms. considerando que además hay que volver y eso hace 40, esos míseros 20 kilómetros desde el punto de partida han sido suficientes para ver que tenemos un patrimonio histórico en ruinas.
El punto de partida ha sido Villerías de Campos en la provincia de Palencia. Desde allí, se pueden alcanzar dentro del radio de 20 kilómetros lugares como Boada, Capillas, Castromocho, Ampudia, Valoria, Villarramiel, Meneses, Montealegre, Torremormojón, Baquerín, Pedraza, Revilla, Mazariegos y Medina de Rioseco. Basta con eso para darse cuenta de las salvajadas que se han podido cometer por acción u omisión/abandono.
Villerías de Campos tiene una iglesia del siglo XIII cuya entrada es digna de un taller de chapa y pintura. ¿Motivo? Algún pretérito titular de la parroquia pensó que era mejor eliminar un enrejado de forja para, en su lugar, poner unos cristales traslúcidos y una puerta de metal -al estilo de un taller- porque supuestamente, de esa forma, el atrio se convertía en lugar de reunión. Para ello, se eliminaron también algunos mosaicos del suelo pero, ya puestos, lo mismo daba. Huelga decir que la puerta del presunto lugar de reunión está siempre cerrada y, por tanto, ahí no se reúne nadie.
Boada tiene una rareza artística en unas condiciones lamentables. No es frecuente encontrar en la provincia de Palencia, zona de arte románico por excelencia, manifestaciones del arte mudéjar. Pues bien, Boada tiene una torre con forma de pirámide truncada claramente mudéjar y…apuntalada desde hace años porque deben faltar los fondos o las ganas para completar la restauración.
Capillas repite corregido y aumentado el problema de Villerías: Una torre de piedra con un campanario restaurado con ladrillo, modelo de actuación que les debió gustar y han repetido a lo largo y a lo ancho de toda la iglesia. Castromocho tiene dos hermosas iglesias y una torre de reloj en las que, al menos, no se han hecho salvajadas pero su estado de conservación, especialmente el de una de ellas, deja bastante que desear.
Baquerín es, virtualmente, un pueblo abandonado y la iglesia no es, por ello una excepción. Torremormojón tiene una hermosísima torre pero, nuevamente, se aprecia la necesidad urgente de restaurar el conjunto.
Pedraza tiene, tal vez, una de las iglesias más nuevas de la zona -entendiendo como «nuevo» en este contexto el siglo XVI- y se aprecian claramente elementos renacentistas especialmente en la torre. Eso sí, debe ser que el tema de la conciliación del trabajo y la vida familiar es una necesidad mucho más antigua de lo que nos cuentan y le han adosado una casa que machaca toda la estética del lugar.
Creo que se acaba mucho antes mencionando lo que está bien: la Colegiata de A mpudia y la iglesia de Medina de Rioseco. También se han salvado bastante bien las iglesias de Valoria, Meneses y Montealegre aunque, en este último caso, el efecto queda compensado por el destrozo sufrido por su magnífico castillo que, en su día, fue comprado con la intención de demolerlo y aprovechar la piedra en obras civiles. Como consecuencia, a su torre del Homenaje le faltan 20 metros para alcanzar su altura original.
Eso sí, en la mayoría de las iglesias, fuera cual fuera su estado de conservación podía verse una placa de «Caídos por España» con una serie de nombres de personas del pueblo muertas en la guerra encabezados siempre por el de José Antonio Primo de Rivera que, al parecer, murió en todos los pueblos de España en lugar de hacerlo sólo en Alicante como algunos creíamos. Supongo que los artífices de «la otra memoria histórica» han preferido no ver las placas porque, en caso de verlas para ordenar su retirada, resultaría difícil de explicar que habían visto la placa pero no el resto de la iglesia y su lamentable estado.
NOTA.- Que me disculpen los de Valladolid por haber nombrado al fichero genéricamente como «arquitectura palentina» por haber en él fotos de Montealegre y de Matallana.
«El régimen de Franco» de Stanley Payne
Stanley Payne muestra con este libro ser uno de los mejores especialistas en la historia reciente española.
Cualquier lector interesado que haya explorado diversas fuentes puede haber llegado con facilidad a la conclusión de que todos faltan a la verdad. Unos lo hacen conscientemente, intentando favorecer una posición ideológica de partida, otros lo hacen porque muestran sólo una de las partes y otros en nombre de una objetividad mal entendida que les lleva a buscar la equidistancia en todo momento.
Cuando alguien intenta apoyar una posición ideológica, se dedica a enfatizar o rebajar determinados hechos en función de la idea que quiere vender y transforma la historia en una película de buenos y malos, película en la que, además, el bueno y el malo se identifican simplemente con leer el nombre del autor en la cubierta del libro. Ni siquiera hace falta leerlo. Cierto es que para llegar a eso, es necesario haber leído bastante de un autor y tenerlo perfilado en cuanto a tendencia política se refiere. Así, pueden encontrarse desde un Paul Preston que llega a dudar de la capacidad militar de Franco hasta un Ricardo de la Cierva, a quien sólo le falta beatificarlo.
Otros autores escriben sobre su experiencia propia y es eso lo que puede dar lugar a una imagen sesgada de la realidad. Autores como Burnett Bolloten, Felix Schlayer o el propio George Orwell estuvieron en la zona republicana y relatan las salvajadas que se pudieron cometer en esa zona en la preguerra y, especialmente, durante la guerra. Sin embargo, sin que ese hecho reste una pizca de validez a su testimonio, sobre todo ahora que en nombre de la “memoria histórica” hay quien está empeñado en contarnos que éstos eran los “buenos” y los “legítimos”, falta un elemento de contraste que sitúe las cosas en su contexto. El elemento de contraste no puede ser otro que el conocimiento de las salvajadas que, en ese momento, se estaban cometiendo también en la zona franquista. Algunos autores, como Pío Moa, se han pasado de frenada al tratar de justificar la rebelión encabezada por Franco y muestran la zona franquista casi como la quintaesencia del Estado de derecho ya durante la guerra lo que, desde luego, está muy lejos de la realidad.
Por último, están los autores que, como Eslava Galán, confunden objetividad con equidistancia y entienden que ser objetivo es mantener siempre la misma distancia entre las partes, incluso en situaciones donde una de las partes puede ejercer como agresora y la otra como víctima. Los avatares de la historia pueden hacer que, transcurrido un tiempo, los papeles se intercambien y nuestros “objetivos” autores continuarán manteniendo la equidistancia.
Afortunadamente, Stanley Payne se escapa de esta tipología que fácilmente podría abarcar a más del 90% de los autores que han escrito sobre la historia reciente española y, al hacerlo, contribuye a dar una visión mucho más clara de un periodo que siempre nos han tratado de esconder desde distintas posiciones y, al parecer, todavía hay gente que no tiene nada mejor que hacer que continuar intentándolo.
A pesar de ser un libro excelente, tendríamos que comenzar por una pequeña crítica: El título conduce a engaño ya que no trata sólo del régimen de Franco sino que comienza su relato mucho antes. Llamarlo “Franco” como el libro de Preston habría sido inadecuado porque no es una biografía pero “La época de Franco” o similar podría haber informado mejor acerca del contenido que el lector se va a encontrar.
Payne va mostrando en paralelo cómo van evolucionando los acontecimientos tanto del entorno político como de la carrera militar de Franco y hay puntos donde el autor se “pisa” a sí mismo y a su libro sobre “El colapso de la República” que, como éste, es de lectura recomendable.
La situación de preguerra es mostrada como difícilmente sostenible debido a que ambas partes consideraban la democracia como puramente instrumental y, una vez que se hubieran hecho con el poder, se trataba de no soltarlo a ningún precio y no se reconocía legitimidad alguna al adversario.
La victoria del Frente Popular daría lugar a gravísimos incidentes y la inacción de un gobierno que se resistía a desarmar a los grupos izquierdistas cargando todo el rigor sobre derechistas de distinto tipo crearía un caldo de cultivo propicio para el golpe militar. No obstante, Stanley Payne señala dos puntos importantes:
Hasta el último momento, Franco fue reticente y pensó que se podía reconducir la situación por la vía de la legalidad republicana.
No existía antes de la guerra civil ningún plan de entregar España a los soviéticos, excusa que sería utilizada para justificar el golpe y, de hecho, el Partido Comunista era muy minoritario y los comunistas estaban divididos siendo el grupo mayoritario claramente contrario a las líneas definidas por la Unión Soviética y el Komintern.
Sin embargo, una vez que el golpe militar fue efectivo, la situación se radicalizó aún más y comenzaron los asesinatos masivos en ambas partes con o sin apariencia de cobertura legal. Es entonces cuando el Partido Comunista comenzaría a tomar protagonismo al ejercer como correa de transmisión de la ayuda soviética mientras que Franco se vería forzado a volcarse hacia Italia y Alemania. En la postguerra, el juego de equilibrios y los cambios de posición de neutralidad a no beligerancia y el manejo de los tiempos darían lugar a situaciones que marcaron bastantes años de la vida española posterior.
Payne, a diferencia de otros autores, no maneja un doble rasero y en distintos puntos del libro puede realizar una crítica bastante dura de la actuación de uno de los bandos para, en otro momento distinto, criticar al contrario. Al fin y al cabo, la búsqueda de objetividad no es la búsqueda de equidistancia sino el mantenimiento de unos criterios homogéneos en la evaluación de los hechos con independencia de quien los realice. Éste es, tal vez, el mayor atractivo del libro y es por ello que resulta clarificador en muchas materias.
Entre las cosas más destacadas, cabría señalar las siguientes:
- En las hagiografías de la monarquía española, siempre se ha considerado a Juan de Borbón como un personaje con unas claras credenciales democráticas y firme partidario de una monarquía parlamentaria. Stanley Payne cuenta cómo en los primeros tiempos de la II Guerra Mundial, cuando la victoria alemana parecía incuestionable, Juan de Borbón pidió su apoyo a Hitler y Mussolini ofreciendo a cambio un sistema político que imitase al fascismo o al nazismo. Sólo cuando las cosas cambiaron y la victoria aliada se empezó a perfilar en el horizonte, Juan de Borbón se convertiría en “demócrata de toda la vida”. Parece, por tanto, que el partidario de la monarquía parlamentaria tenía mucho más interés en la monarquía que en el parlamentarismo, que pasaba a ser un mero instrumento desechable si las circunstancias así lo aconsejaban.
- El personaje de Franco siempre ha sido mostrado como un sujeto gris, carente de toda sutileza y cuyo único mérito era una terquedad a toda prueba. Payne nos muestra un personaje distinto, dotado de una enorme habilidad para mantener los equilibrios de poder y al que, aunque su aspecto externo no fuera atractivo y estuviera muy lejos del perfil-tipo de un líder, era muy difícil que se le escapasen aspectos clave de una situación. Durante la II Guerra Mundial, su liderazgo fue cuestionado y tuvo que navegar en aguas muy turbulentas y mostró auténtica maestría en la persecución de su objetivo de perpetuarse en el poder. Este objetivo fue expresado de una forma tan explícita como “De aquí al cementerio”.
- Sobre la posibilidad de que España hubiera entrado en la II Guerra Mundial, también se ha escrito mucho. Los partidarios de Franco siempre se han referido como momento clave a la entrevista de Franco con Hitler en Hendaya y cómo Franco consiguió mantener a Hitler en la espera con el objetivo de no entrar en guerra por los perjuicios que hubiera supuesto para España. Payne da una versión distinta y más verosímil: Alemania no había sido especialmente generosa con España durante la guerra y pidió fuertes contrapartidas a cambio de su participación; en consecuencia, Franco puso un precio alto a su entrada en la guerra y el precio era el mantenimiento de la presencia española en Marruecos como potencia dominante. Hitler no accedió a esta petición porque significaba desairar al gobierno francés de Vichy, colaborador de Alemania, y Franco era consciente de que, una vez que España hubiera entrado en guerra, su posición negociadora quedaba muy debilitada.
Por otro lado, la posición española tras la guerra era de una debilidad extrema y el valor militar español era prácticamente de cero. La eventual entrada española en la guerra significaba que Alemania habría tenido que desviar recursos para la defensa de España ya que no podía confiarse en una defensa interna. Por este motivo, ni Alemania ni los aliados llegarían a dar el paso definitivo de la invasión consentida o forzada: Era un aliado que requería mucho más de lo que valía.
- Durante los llamados “años de hierro”, cuando parecía que las cosas iban a comenzar a calmarse, volvió a aumentar el número de ejecuciones de opositores políticos. El momento coincidió con una situación de fuertes presiones externas e internas encaminadas al abandono del poder por parte de Franco o a conseguir que una rebelión interna tuviera éxito. El miedo a esa posibilidad forzó un endurecimiento del trato a los opositores políticos en un intento de evitar por cualquier medio la eventualidad de que éstos pudieran formar parte de una maniobra encaminada a derribar a Franco del poder. En una entrevista, Stanley Payne diría que la guerra española no fue una guerra de buenos contra malos sino de malos contra malos. La conducta del franquismo durante los “años de hierro” así parece atestiguarlo ya que la proliferación de ejecuciones debida a la inseguridad del régimen tiene un paralelismo cercano en el tiempo para el cual se dio una explicación idéntica e idénticamente insatisfactoria: Las matanzas de Paracuellos, en las cuales se asesinó a unas 4.000 personas que estaban encarceladas. La justificación para los asesinatos fue que, en caso de que se rompiera el frente en Madrid, era previsible que estas personas se incorporasen al bando franquista.
- Otro capítulo que ha generado ríos de tinta es el motivo por el cual los aliados, una vez concluida la II Guerra Mundial, decidieron no intervenir en España. Algunas “explicaciones” se han referido a un atávico carácter español según el cual una intervención extranjera aglutinaría a los españoles en torno a Franco. Parece, sin embargo, que la realidad era otra y que los motivos eran mucho más racionales que los atavismos del carácter hispano:
Churchill sabía que Stalin esperaba una segunda oportunidad para conseguir hacerse con el control sobre España y temía que, en caso de conseguirlo, el movimiento se extendiese a Francia e Italia y los soviéticos acabasen teniendo controlada toda Europa.
La supuesta recuperación de la democracia en España podía, fácilmente, haber degenerado en situaciones similares a las que condujeron a la guerra civil pero con Stalin en una posición de fuerza que no tenía ningún contrapeso en Europa. Si esa hipótesis se daba, no habría nadie que fuera capaz de enfrentarse a Stalin y España habría caído en sus manos formando una pinza difícil de resistir para los países centroeuropeos no controlados por la Unión Soviética. Ese riesgo y la imposibilidad de garantizar que, en esta ocasión, se lograse establecer una democracia parlamentaria real hizo que Churchill considerase que Franco representaba la alternativa menos mala de las posibles y, por ello, apoyase la no intervención aunque, al mismo tiempo, se presionase a Franco para conseguir que saliese del poder de una forma ordenada.
Éstas son algunas de las principales cuestiones que quedan bastante más claras en la obra de Payne que en la de muchos otros autores por los motivos ya señalados. Ciertamente, puede conseguirse una visión semejante a la planteada en el libro a través de la lectura de diversos autores contrapuestos. Sin embargo, el filtro por el que pasa toda la información en una gran mayoría de los autores dificulta extraordinariamente la tarea.
La lectura de otros autores no es estéril, máxime en un momento en que desde instancias oficiales parece querer recuperarse la idea de “buenos” y “malos” y eso hace más necesaria la búsqueda de elementos de contraste. Sin embargo, el gran mérito de Stanley Payne está en que, gracias a su rigor como historiador, consigue que las distintas piezas vayan quedando colocadas en su lugar y eso convierte a su libro en una lectura obligada para todo interesado en ese periodo de la historia española.

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