Categoría: Temas sociales y políticos
El coste de la corrupción
Hay una curiosa ONG que todos los años hace un ranking sobre el grado de transparencia -es decir, de ausencia de corrupción- de los distintos países ( www.transparency.org ). En 3 años, España ha retrocedido tres posiciones, del lugar 22 al 25.
Supongo que cuestiones como el más que cuestionable papel del Gobierno en temas como Endesa o la abierta lucha contra la separación de poderes que actualmente está en curso tienen mucho que ver.
Lamentablemente, la corrupción tiene un coste no visible inmediatamente y es la decisión del inversor de ir con su dinero hacia otro lado donde no ve seguridad jurídica.
Sin duda, los manejos destinados a entregar una empresa privada a los amigos o a utilizar la justicia, incluso en sus más altas instancias, como un instrumento gubernalmental pasarán factura.
Más sobre el libre mercado: «La tiranía del mercado»
No suelo poner reseñas que no sean propias pero, teniendo en cuenta la excelente calidad de las de Wharton Universia (muy recomendable suscribirse a su newsletter quien no lo esté), creo que vale la pena la excepción:
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1419&language=spanish
Índice de libertad económica
Editado por el Wall-Street Journal y gratuito. Puede bajarse de Internet en esta página:
http://www.heritage.org/index/
De gran interés, repasa país por país la situación en un conjunto de índices de libertad económica -incluido un índice de corrupción- y puede servir de pista tanto a posibles inversores como a aquéllos que quieran hacerse una idea sobre la evolución previsible de un país.
Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy (Thomas Sowell)
Magistral. Este libro podría, con justicia, considerarse el credo de la economía liberal.
Sowell tiene otros libros sobre distintos temas pero puede decirse que todos ellos tienen aquí su raíz, lo mismo si hablan de conocimiento y de decisiones, de raza o de la izquierda «progre».
Cuando Sowell habla de economía, no está hablando de finanzas sino que trata de responder a la pregunta de qué se está primando con una determinada acción y qué consecuencias se siguen de ello. Por eso, va mucho más allá de lo que habitualmente se considera que entra dentro de la macro o microeconomía. Es otra cosa.
Por supuesto, Sowell es partidario de la libertad de precios siempre que esta libertad no se produzca en un entorno de monopolio, bendecido por las normas o de carácter fáctico. En ese entorno, los precios representarían el papel del mensajero que está informando a todos acerca de la escasez relativa de algo y animando o no a nuevos entrantes.
Un ejemplo muy bien utilizado es el del petróleo. Para Sowell, una de las grandes falacias es considerar que hay una cantidad fija de algo prescindiendo del precio. Así, comenta el caso de pozos de petróleo especialmente difíciles o caros de explotar que no son rentables por debajo de un precio pero que, cuando el precio sube, se ponen en explotación haciendo variar las reservas cuantificadas.
Hay dos falacias a las que dedica especial atención: La de la composición y la de la suma-cero. La de la composición se refiere a extender algo, generalmente muy visible, a todo el entorno.
El ejemplo que utiliza es el caso de una gran empresa que despide a personal y cómo esto puede ser visto como «aumento del desempleo» mientras que, paralelamente, un Gobierno podría verse tentado a intervenir para salvar esos puestos de trabajo y con su acción evitar la entrada de nuevas inversiones. En el caso español, tenemos recientes situaciones como la de Delphi o empresas que han cerrado en la zona de Cataluña con gran escándalo de los políticos que han pensado penalizar a los que huyen. Es posible que puedan hacerlo pero, en tal caso, esa penalización podría llevar a otros potenciales inversores a llevarse su inversión para otro sitio.
La falacia de la suma-cero se refiere a la teórica existencia de un volumen específico de algo que hay que repartir de la manera más justa posible. En estos repartos, utilizando mecanismos como precios controlados, etc. se acaban creando incentivos y desincentivos que pueden provocar un efecto de rebote y conseguir justamente lo contrario de lo que pretendían.
Vinculado con esto, Sowell trata de diferenciar cuidadosamente entre las intenciones y los efectos. Una buena intención que lleva detrás un conocimiento deficiente sobre cómo funcionan realmente las cosas puede dar lugar a una situación peor que la que trata de arreglar.
Cuando trata el funcionamiento de las economías socialistas, Sowell no recurre a conceptos más o menos manidos en la línea de la búsqueda de una mejor distribución o de la sustitución de élites económicas por otras políticas. Simplemente, razona el asunto en términos de carencia de conocimiento: Alguien que tiene que coordinar millones de precios no puede tener ni el conocimiento específico ni la rapidez de respuesta necesarias; si ese alguien no existe y se deja que los precios se controlen por medio de un mecanismo de oferta y demanda, cada uno elige lo que compra de acuerdo con lo que sabe que necesita y las reacciones son muy rápidas.
Sobre la productividad, la idea de Sowell no resulta original y puede leerse en un clásico como la Introducción al estudio del trabajo de la OIT. La productividad es la resultante del trabajo aplicado sobre unos recursos (tecnológicos, organizativos y financieros) y, por ello, un país puede tener trabajadores muy productivos y muy bien pagados si esos recursos están presentes. Naturalmente, lo contrario también es cierto.
Utiliza Sowell como ejemplo el uso de vagones de tren. Un tren de carga que llega de madrugada a una estación queda simplemente apartado para ser descargado al día siguiente si…la mano de obra es cara y hay vagones -es decir, capital- suficiente mientras que, si la mano de obra es barata y hay pocos vagones, se tiene gente para descargarlo de madrugada y poder utilizar nuevamente el tren.
En cuanto a los inventarios, los define simplemente como sustitutos del conocimiento. Cuanta mayor seguridad se tenga en cuanto a las entregas, menos inventario -con el dinero inmovilizado asociado al mismo- hay que tener.
Otro aspecto interesante es el de los mecanismos de decisión y la consideración, cuando la política entra en juego, de algunas valoraciones como absolutas. El ejemplo que utiliza, bastante expresivo, compara a la comida con la música. Normalmente, todos consideraríamos la comida como un valor absoluto frente a la música pero, si así fuera, todos seríamos obesos y a Beethoven le habrían puesto a cultivar patatas. Naturalmente, cuando hay hambre, la música pasa a un lugar secundario pero, una vez que el hambre está saciado y hay un nivel de comida, los términos pueden pasar a invertirse. Estos cambios de posición relativa entre variables son los que a menudo son ignorados en los mecanismos de decisión política.
Otro concepto interesante es el de «coste externo», es decir, el coste que puede asumir alguien no participante en el juego de oferta y demanda y cómo éste es el terreno en el que se deberían mover los gobiernos. En cuanto al papel del gobierno en una economía liberal, no me resisto a hacer algunas transcripciones literales:
La función más básica del gobierno es proporcionar un marco de ley y orden, dentro del cual la gente puede dedicarse a cualquier actividad que elija, económica o del tipo que sea a través de ajustes y acuerdos mutuos. Hay también algunas actividades que generan costes o beneficios significativos y que no sólo afectan a los individuos que se dedican a ellas. Aquí, el gobierno tiene que tomar nota de esos costes y beneficios donde el mercado no lo haga.
Cuando se refiere al coste de la corrupción, dice lo siguiente:
El coste de la corrupción no se limita a los sobornos recaudados, puesto que éstos representan transferencias internas más que reducciones netas de la riqueza nacional en sí mismas. Puesto que los recursos escasos pueden tener usos alternativos, el coste real son las alternativas perdidas -actividades económicas retrasadas o abortadas, empresas que no se inician, inversiones que no se hacen, el crecimiento de la riqueza y del empleo que no se produce en una sociedad corrupta así como la pérdida de la gente más hábil, mejor formada y más emprendedora que abandona el país.
Sobre la ley y la seguridad jurídica, una simple frase:
Para promover la actividad económica y la prosperidad resultante, las leyes tienen que ser, sobre cualquier otra cosa, confiables.
Sin duda, todos estos conceptos se van a encontrar en el resto de los libros de Sowell que vienen a ser aplicaciones a situaciones específicas.
Aún más sobre el libre mercado: El paro en Rumania.
He estado tres veces en Rumania, las dos primeras en plena dictadura de Ceaucescu y la última cuando ésta ya se había terminado. En todas ellas, me produjo una gran tristeza la otrora bella pero maltratada ciudad de Bucarest. En la última hubo algo más que me llamó la atención:
En ese momento, la compañía de gas y electricidad -aún un monopolio- había comenzado a tener un problema poco habitual entre los monopolios: Pérdida de clientes. La razón era muy simple; como buen monopolio, hacían los presupuestos al revés, es decir, en lugar de iniciarlos con una cifra proyectada de ventas lo iniciaban con la cantidad de dinero que se querían gastar en sus cositas. A partir de ahí, iban sumando hasta determinar lo que tenían que ingresar, dividían esa cifra entre lo que pensaban producir y obtenían el precio a cobrar.
El problema, en una economía empobrecida, surge cuando la gente no tiene suficiente dinero para pagar la factura resultante y acaba renunciando a tener gas o electricidad en su casa.
En otros ámbitos, todavía se notaban algunos efectos. Por ejemplo, en cualquier sitio que se pudiera entrar había un número desproporcionado de personas que, más que trabajar, estaban allí. Restaurantes con casi un camarero por mesa eran habituales -lo que ni siquiera implicaba mayor rapidez- o escenas como abandonar el hotel antes de las seis de la mañana y, siendo un hotel de tamaño medio, encontrar con que en la zona de recepción había ¡¡seis!! personas «trabajando», incluidas dos para atender un bar que, naturalmente, no tenía ningún cliente. Al mismo tiempo, había comenzado a aparecer el fenómeno del desempleo.
Tuve ocasión de hablar con diversas personas y algunas, por ejemplo el coordinador del curso que estaba impartiendo, eran abiertamente favorables al anterior régimen y mostraban con orgullo engendros como éste http://www.rumtor.com/Fotos%20para%20web/bucarest_casapueblo1web.jpg detallando cómo era el segundo edificio civil más grande del mundo y cómo todo en su interior era de fabricación rumana. Para ello -contaba- tuvieron que traer máquinas capaces de fabricar alfombras del tamaño de algunas de sus salas, máquinas que resultaba fácil imaginar cogiendo polvo en algún rincón mientras las cifras de mortalidad infantil continuaban subiendo. Todo a mayor gloria del dictador.
Otras eran claramente opuestas y, entre otras cosas, se habían negado a poner los pies en el engendro orgullo de la dictadura. Sin embargo, unos y otros tenían un punto en común: En la época de Ceaucescu todo el mundo tenía trabajo por decreto, es decir, lo hubiera o no (y no lo había), causa de que se viera a tanta gente vegetar en presuntos puestos de trabajo que no eran tales.
Cuando Rumania se fue acercando a la Unión Europea y empezó a abrirse a la liberalización, esta situación dejó de ser sostenible y el desempleo empezó a aparecer. ¿Cómo puede competir una empresa del estilo de Dacia -Renault fabricado en Rumania- si se ve obligada a contratar a gente que no necesita para disfrazar el nivel de desempleo real? Mientras el mercado es interno y sin opciones, se lo puede permitir; en el momento en que tiene que competir con otros dentro y fuera de Rumania…se pincha la burbuja y tiene que empezar a ser eficiente aparcando los objetivos políticos de disfraz del desempleo.
Así pues, aunque tímidamente, un desempleo que era reflejo de la situación económica real empezaba a ser visible. Tanto los partidarios como los opuestos al antiguo régimen llegaban a un punto de acuerdo: «Al menos antes teníamos trabajo».
Como en los otros casos detallados aquí sobre perversiones en el mercado, al parecer a nadie se le ocurría pensar que «de aquellos polvos vienen estos lodos» y que no es al entonces aún muy tímido liberalismo económico a quien hay que maldecir sino a quien, a lo largo de bastantes años, llevó al país a una situación de pobreza y corrupción ilimitadas.
El tránsito hacia una situación mejor será duro tanto por el erial económico en que el país había quedado convertido como por la corrupción que se había instalado como modo de vida en un entorno donde esa corrupción se convertía casi en un factor básico para la supervivencia. Los efectos de la salida de ese modelo social y económico perverso están ahí pero no se puede culpar de lo que ocurre ahora a lo que se hace ahora sino a lo que se ha hecho durante años.
Más sobre el libre mercado: Los autobuses de Santiago de Chile
Hace tiempo que no voy por allí y, por el bien de sus habitantes, espero que algo haya cambiado porque lo que voy a relatar se refiere a la situación de hace tres años.
Este caso es otra anomalía del libre mercado como la que contaba en el «post» sobre Afinsa y Forum Filatélico (https://factorhumano.wordpress.com/2007/10/01/afinsa-forum-filatelico-y-el-libre-mercado/ ) o, tal vez habría que matizar, de lo que ocurre cuando un mercado es parcialmente liberado y eso da lugar a situaciones casi peores que las de total monopolio.
Al visitante, Santiago de Chile le llama la atención por dos cosas:
- Es una bella ciudad dominada por los Andes al Este y cuya belleza es en parte estropeada por la calima provocada por una inversión térmica casi permanente.
- Hay un nivel de ruido infernal. Nótese que quien dice esto es nacido en Madrid que no está precisamente entre las ciudades más silenciosas del mundo.
Sobre la belleza, poco se puede hacer tanto si la ciudad la tiene, como es el caso, como si no pero los principales causantes del ruido son los autobuses. Cantidades ingentes de autobuses amarillos se podían ver por las principales avenidas de Santiago, la mayoría de ellos cayéndose a trozos y la mayoría de ellos a unas velocidades más propias de un circuito que de una gran ciudad.
¿Por qué? Una pretendida liberalización que permitía a cualquiera que tuviera un autobús pintarlo de amarillo y dedicarlo al servicio urbano con el compromiso de cobrar un precio establecido.
Había compañías que tenían uno o dos autobuses y llegaban a competir en velocidad con autobuses de otras compañías que hacían la misma ruta para recoger a los pasajeros en la parada antes que el competidor; se decía que, por eso, los conductores de autobús odiaban a los niños y a los ancianos por el tiempo que les hacían perder.
No resulta muy difícil de imaginar que, al mismo tiempo que este espectáculo se daba en las principales arterias de la ciudad, es muy probable que hubiera zonas que no le interesasen a nadie y, simplemente, quedasen sin servicio de autobús.
Si se preguntaba a cualquier ciudadano, era casi seguro que la respuesta que se iba a tener sobre la razón de esa situación era «la liberalización» que pasaba así a ser la culpable de todos los males. Por supuesto, para que la liberalización hubiera sido auténtica, faltaba otro componente: La libertad en el establecimiento de precios. Obviamente, una ciudad no puede tener miles de autobuses de forma que cada uno tenga un precio distinto pero sí podría fijar precios de acuerdo, por ejemplo, con un código de colores.
Cada dueño de autobús podría pintar su autobús del color que prefiriese sabiendo que ese color iba asociado a un precio y, a partir de ahí, a ver quién se hace con más mercado. Las rutas que no están bien servidas podrían pasar a estarlo si se utiliza el color que representa el precio más alto y en las más frecuentes, en lugar de competir en velocidad entre autobuses igualmente maltratados, cada uno podría elegir la comodidad asociada a un precio.
En Madrid existió hace años algo similar -los microbuses- que pretendían ser algo a caballo entre el autobús y el taxi. Se trataba de autobuses más pequeñosy más cómodos que hacían las mismas rutas que los autobuses grandes a un precio más alto. Como en el caso de Santiago, era una liberalización de mentira. Puesto que la ciudad, en aquel entonces, no tenía suficientes autobuses para sus necesidades, el ciudadano que estaba en la parada simplemente se limitaba a subirse al primero que llegaba, sabiendo que si era un microbús le costaba más y que, si hacía tiempo que el autobús «normal» no había pasado, el microbús iba a ir igualmente atestado. Finalmente se quitaron.
Con este tipo de situaciones, creo que se puede concluir que no existe una liberalización a medias. Un mercado está o no liberalizado pero no está «un poco liberalizado» del mismo modo que no se puede estar «un poco embarazada». Este tipo de experiencias, presentadas como liberalización, acaban trayendo lo peor de dos mundos: Lo peor del monopolio y lo peor de una situación de competencia extrema.
Afinsa, Forum Filatélico y el libre mercado
Me encontraba leyendo «Basic Economics», probablemente la defensa más brillante que puede encontrarse del modelo de economía liberal (pondré la reseña cuando acabe de leerlo) y, como de costumbre, a medida que leo el libro voy discutiendo con él.
El libro me ha recordado un caso más que conocido en España, Afinsa y Forum Filatélico, y me preguntaba qué nos enseña ese caso sobre el modelo de libre mercado.
Hace ya muchos años, lo que indica que me voy haciendo mayor, tuve ocasión de conocer a fondo Afinsa y a algunos de los personajes que hoy aparecen como taimados estafadores.
En particular, conocí más a dos de ellos, Juan Antonio Cano y Vicente Martín Peña, y me resulta difícil pensar de ellos que fueran unos estafadores. Bastante distintos entre sí, tenían, no obstante, un punto común: Eran sumamente rígidos, cosa que no suele ser precisamente la carta de presentación de un estafador. ¿Por qué se llegó a lo que se llegó?
Empiezo por una opinión: Creo que pusieron en marcha un mecanismo que les rebasó. Dejando de lado ahora las opiniones, intentaré detallar al máximo el funcionamiento de Afinsa que, creo, es aplicable punto por punto a Forum Filatélico:
La idea de negocio era atractiva de puro simple: La filatelia de buena calidad es escasa y es pagada a un buen precio por los coleccionistas. Si centran su esfuerzo en filatelia especialmente escasa, pueden conseguir que su revalorización en el mercado del coleccionismo vaya subiendo. Por tanto, todo consistía en elegir bien el tipo de sellos, retirarlos del mercado y esperar. Recuerdo que Juan Antonio Cano decía que «este es un negocio muy sencillo y hay que ser muy tonto o tener muy mala leche para hacerlo mal».
Además de esto, Afinsa confesaba que vendía por encima del precio de mercado en un 30% y lo justificaba diciendo que su objetivo era que sus sellos no retornasen al mercado sino volver a comprarlos, es decir, ser la mejor oferta para el vendedor que quiere liquidar su inversión y repetir el ciclo.
Simple y fácil de mantener indefinidamente en el tiempo pero tiene algunas debilidades:
- La filatelia escasa es, valga la redundancia, escasa y eso implica que nadie puede montar una gran empresa basándose en ella.
- El valor de referencia de la filatelia es lo que el coleccionista, que es el consumidor final, está dispuesto a pagar.
Ninguna de esas dos debilidades habrían tenido mayor importancia si Afinsa y Forum se hubieran conformado con un tamaño pequeño. No lo hicieron; ése fue su gran error. ¿Cuáles fueron las consecuencias?
- Se vieron obligados a introducir en la rueda filatelia que ya no era tan escasa. Afinsa comenzó trabajando con serie Europa con 10 años de antigüedad, empezó ampliando a 5 años para, finalmente, trabajar con casi todo tipo de filatelia con la única condición de que estuviera controlada su emisión. Se rechazaban las series básicas o la filatelia de países que no destruían el molde y, en cualquier momento, podían inundar el mercado de un determinado modelo de sello.
- Una vez que Afinsa y Forum crecieron, el valor de referencia de mercado no era lo que un coleccionista estaba dispuesto a pagar. ELLOS eran el mercado ya que la inmensa mayoría de las transacciones eran las realizadas precisamente por ellos mismos.
A partir de ese momento, sus iniciadores se vieron pillados en un sistema piramidal que, casi con total probabilidad, habían iniciado sin ser conscientes de haberlo hecho.
Cuando se produjo la intervención y el escándalo consiguiente, se dijeron numerosas tonterías. Por ejemplo, se llamó a «expertos» que afirmaron que estaban vendiendo los sellos muy por encima del valor de mercado. ¿De qué mercado? Se había llegado a una situación donde lo que quisiera o no pagar un coleccionista era totalmente irrelevante porque la gran masa del mercado, y que establecía los precios, estaba compuesta precisamente por los dos principales actores implicados.
Miembros de Afinsa, entre ellos los citados, defendieron que Hacienda los había tratado como una entidad de inversión que tenía que mantener unas reservas como respaldo del dinero recibido cuando eran otra cosa. En realidad, ellos no tenían por qué mantener reservas, como en el caso de un Banco, porque el cliente se llevaba consigo aquello por lo que había pagado, es decir, no era una operación de depósito sino una compra con garantía de recompra futura.
En rigor, es cierto. Sin embargo, en una situación donde el mercado habían llegado a ser ellos mismos estableciendo los precios de venta sin ninguna referencia real externa, la «inversión en tangibles» era cualquier cosa menos tangible. El sello valía lo que alguien, que era a la vez operador en un mercado y el mercado mismo, quisiera decir que valía.
Por supuesto, en el momento en que se produce la intervención, se dispara el pánico y todo el mundo quiere saber lo que vale «realmente» la filatelia que tiene en su poder. Sin embargo, eso significa recurrir a una referencia externa que hacía tiempo que era marginal, es decir, lo que pagaría un coleccionista. Por añadidura, con un mercado inundado de filatelia que había desaparecido del mercado, los coleccionistas están dispuestos a pagar mucho menos lo que provoca un hundimiento de ese mercado primario.
¿Podría haberse actuado de otra manera? Sin ninguna duda. Desatar el pánico como se desató pudo venir bien para tapar otras historias pero dejó a casi medio millón de damnificados. Haber obligado a ambos operadores a que fueran ajustando progresivamente sus precios -aunque conservasen el sobreprecio confesado del 30%- a la única referencia externa, es decir, el mundo del coleccionismo habría supuesto años de trabajo discreto pero habría evitado la inundación del mercado y la ruina de empresas y particulares.
¿Se debe exigir responsabilidad al Estado y al Gobierno de turno? Tal vez sí al Gobierno por la torpeza con que manejó el asunto provocando con su acción un enorme daño patrimonial pero ¿al Estado?
El Fondo de Garantía de Depósitos está hecho para garantizar la solvencia de instituciones que reciben dinero a cambio de nada pero no para garantizar el hecho de que alguien haya hecho una mala compra y éste era el caso.
¿La inacción era una opción? No, salvo que se esperase que la burbuja le estallase a otro y sacar ventaja política de ello. Hubo un precedente de estas dos empresas, Cafisa, que muestra qué cosas pueden ocurrir. Cafisa era un modelo de negocio igual a Afinsa y Forum Filatélico que quiso hacer las américas. Le pilló la subida del dólar de la época Reagan y eso afectó también a su negocio filatélico.
El sistema piramidal puede seguir engordando casi indefinidamente pero, cuando la empresa decide meterse en otros negocios -por ejemplo, arte o inmobiliario- éstos agravan la situación de riesgo y pueden provocar un desplome súbito. El riesgo, por tanto, iba creciendo y había que intervenir. Otra cosa es que tuvieran que hacerlo como el hipopótamo en la cacharrería.
¿Qué lección podemos sacar de aquí? No jugar con nuestro dinero en mercados que son poco transparentes salvo que seamos unos auténticos entendidos en el funcionamiento interno de esos mercados.
El modelo de Afinsa y Forum cambió un mercado. La referencia dejó de ser el coleccionista para pasar a ser ellos mismos. Si ese hecho se desconoce, el inversor está perdido y el gestor, llevado por su ambición de crecimiento, creyó haber descubierto un filón y ser más listo que nadie. Al final, se encontró con un tigre cogido por el rabo y la torpeza del regulador quiso romper la situación con una escopeta pero, en lugar de dispararle al tigre, le disparó al que iba agarrado al rabo. ¿Consecuencias? Las ya conocidas.
“Contra las patrias” de Fernando Savater
Se trata de un tema de actualidad en España: El nacionalismo.
Savater no es el primero ni será el último en tocar el tema. Vargas Llosa ha afirmado que ‘El nacionalismo es una ideología colectivista que convierte en un valor el accidente más banal, que es el lugar de nacimiento de una persona, y hace de eso un valor y, en alguna forma, un privilegio’ y también está lejos de ser el primero.
El anterior Papa lo consideró una idolatría de nuestro tiempo y Amin Maaluf le dedica otro libro, también reseñado aquí: «Identidades asesinas».
La amenaza de balcanización está presente en todo lugar donde alguien se considera diferente, es decir, mejor y ello le hace acreedor a tener un conjunto de derechos que le coloquen por encima de otros. Naturalmente, para que esa amenaza sea efectiva, tiene que haber además alguien que haga dejación de sus funciones de cumplir la ley.
Hace pocos días, nos enteramos de que no hay que forzar el cumplimiento de las leyes sino que hay que convencer de su cumplimiento. Véase el caso:
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?ts=20070927135031 .
El artículo está escrito por alguien que no puede calificarse precisamente de enemigo del actual Gobierno pero parece que hasta la amistad tiene un límite y éste no es otro que el de la lógica. ¿Se aplicará también esa sorprendente regla de «convencer» a la hora del pago de impuestos?
¿Qué aporta Savater en todo esto? En primer lugar, deshace una falacia: El nacionalista se mueve en un universo nacionalista donde, si alguien le ataca, es acusado de ser también nacionalista y donde la única diferencia estaría en la zona geográfica a la que uno y otro llaman «nación». Por supuesto, cuando alguien nacido en su misma zona no es nacionalista, pasa a ser un «traidor».
El propio título del libro rechaza ese tipo de argumento y una cita de Toynbee «El espíritu de la nacionalidad es la agria fermentación del vino de la Democracia en los viejos odres del tribalismo» así lo certifica.
Cita Savater tres grandes enemigos de la posibilidad de conseguir una convivencia en España que, respetando las diferencias, no produzca un efecto centrífugo:
- La exaltación patriótica de los partidarios de la «unidad sagrada de la patria»….quienes no conciben ninguna fórmula federativa viable que proporcione un cauce realmente no centralizado y monolítico a la diversidad evidente del país.
- La exaltación patriótica de quienes -contra toda evidencia histórica y toda prudencia política- consideran «irrenunciable» el derecho de cada nación étnica y cultural a conseguir un Estado independiente.
- La exaltación patriótica (inducida) de los mil y un nacionalismos urgentemente prefabricados anteayer y que dan de comer provechosamente a tanto cacique y a tanto político corrompido. Viendo éstos la rentabilidad de la disidencia, no censan de buscarse más o menos grotescas señas de identidad, exhiben mutilaciones sufridas en su oprobio colonial hasta hace poco no presentido y fomentan por todos los medios a su alcance un perpetuo afán bélico de todos contra todos en el que depositan su esperanza de medro político.
Éste es el tema que desarrolla el libro y, viendo la evolución que están teniendo los nacionalismos en España animados por un Gobierno especialmente tolerante de sus acciones más extremas, quizás habría algunos matices que introducir:
El primero de los problemas que identifica Savater tiene hoy una importancia minoritaria, al menos, en lo que al caso español se refiere. Las frases presuntamente heroicas del tipo «España es una unidad de destino en lo universal» corresponden a otras épocas y no son muchos los que están dispuestos a suscribirlas y menos aún a mover un dedo por favorecer que así sea.
El segundo problema se refiere al nacionalismo especialmente violento -incluso asesino- que recuerda demasiado a los «camisas pardas» de Hitler tanto en su embrión de pensamiento como en sus actos. No sería demasiado problema si no existiera permisividad para esos actos que, si no se paran oportunamente, pueden producir una deriva peligrosa en forma de secuestro de toda una sociedad.
El tercer problema apunta directamente a los políticos que han medrado y medran apoyándose en ofensas pasadas reales o ficticias. Del mismo modo que el segundo problema es básicamente de orden público y de obligar al cumplimiento de las leyes, el tercero es una cuestión de representatividad: No se le puede dar la llave de un Estado a alguien cuya máxima aspiración es destruirlo y ése ha sido un pecado difícilmente perdonable cometido por los dos grandes partidos en España.
Existe un cuarto problema que Savater no cita en su libro y que va creciendo en intensidad: El efecto centrífugo no nacido en la periferia sino en el centro. En un reciente artículo de Juan Carlos Girauta -catalán- se refería a ese riesgo:
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_39495.html
Cuando los excesos del segundo y tercer tipo van creciendo, si no con la bendición, al menos con la inacción de un Gobierno, en lo que desde lo que los nacionalistas llamarían la «metrópoli» empiezan a subir de tono las voces que no sólo aceptan la independencia sino que piden la expulsión.
Puede criticarse esa posición, expuesta y criticada por Girauta y no mencionada en el libro de Savater pero que, sin duda, hoy existe y tiene su lógica: Si las exigencias de privilegios por parte de los nacionalistas obtienen una respuesta favorable, está claro que alguien los paga.
Como, en el caso español, Madrid es sinónimo de «centralismo» se ha visto este fenómeno en los presupuestos para 2008: Además de quedar prácticamente congelados, los presupuestos de Madrid contemplan partidas tan ajenas a los intereses o a las necesidades de los ciudadanos madrileños como 12 millones de euros para arreglar el Palacio de la Moncloa (¡ya tiene que estar mal!), partidas relacionadas con Melilla o con ríos que no pasan por Madrid así como material de oficina e informática para los Ministerios.
¿No es lógico que los afectados, en este caso los madrileños, se cansen en un momento de ejercer como «primos» que, además de esquilmados, resultan permanentemente insultados por su «centralismo»?
Girauta critica esa reacción señalando que se les hace el juego a los nacionalistas al confundir catalán con nacionalista catalán, vasco con nacionalista vasco, etc. y tiene razón. Sin embargo, no es menos cierto que en algunas zonas el voto nacionalista es mayoritario y la abstención difícilmente puede ser una excusa.
La argumentación de Savater sobre los nacionalismos es, como de costumbre, buena aunque con la carencia señalada si nos referimos a la más rabiosa actualidad. Cierto que quienes más sufren la dictadura silenciosa impuesta en las zonas donde hay un predominio del nacionalismo son precisamente los nacidos allí que no son nacionalistas. No es de extrañar por ello la reacción de Girauta así como tampoco es de extrañar que los promotores del partido antinacionalista UPL sean vascos o los del también antinacionalista «Ciudadanos de Cataluña» sean catalanes.
Los tres puntos del análisis de Savater vienen a representar el principio de la física de acción y reacción. Quizás lo que no había previsto al concluir su libro es la posibilidad de un movimiento pendular de un carácter distinto. Reducida casi a la marginalidad la idea de que «tenemos que permanecer juntos», el péndulo puede, en este caso, hacer que los nacionalistas consigan su objetivo de independencia pero inducido desde dentro. Si así ocurriera, no cabe duda de que el éxodo -que ya hoy existe- de ciudadanos no nacionalistas que optan por salir de la tierra en que nacieron se vería aumentado.
http://www.elmundo.es/cronica/2000/CR271/CR271-10.html
http://www.abc.es/20070928/nacional-terrorismo/provocado-exiliados-pais-vasco_200709280833.html
El ventajismo en la política suele tener esos efectos y, una vez puesto en marcha el mecanismo, tiene difícil marcha atrás. A título de ejemplo, llevamos mucho tiempo oyendo hablar del intento de los nacionalistas de crear selecciones deportivas nacionales específicas de su región. En particular, en Cataluña, se buscan los deportes y las localizaciones más insólitos para conseguir que les acepten su selección nacional como tal.
Hasta no hace mucho tiempo, había una oposición cerrada. Esa oposición, en muchos casos, ha ido derivando hacia otra cosa y, cuando se llega a los deportes que mueven más público y se exige que haya una selección nacional catalana de fútbol, la réplica del hastiado de tanto «hecho diferencial» acaba siendo: De acuerdo, pero jugad también la Liga Nacional de Cataluña porque, si tenéis vuestra selección nacional y queréis darle carácter oficial, no tenéis por qué estar en la Liga española.
Éste es un efecto que no previó Savater; por lo demás, es un libro que vale la pena leer.
Educación para la ciudadanía: Veredicto personal.
En otro post https://factorhumano.wordpress.com/2007/06/27/educacion-para-la-ciudadania-carta-abierta-a-jose-antonio-marina/ afirmé mi disponibilidad a disculparme si «Educación para la ciudadanía» no era un ejercicio de adoctrinamiento y a firmar a favor de la asignatura si se parecía, siquiera remotamente, a las ideas de Karl Popper en https://factorhumano.wordpress.com/2007/05/07/la-sociedad-abierta-y-sus-enemigos-karl-popper/.
Creo que me he ahorrado una disculpa y, como es un tema muy controvertido, en mi interés por aprobar la asignatura buscando fuentes de información fidedignas, me he ido al BOE del 5 de enero de 2007 BOE del 5 de enero de 2007 donde se desarrollan tanto los contenidos como los criterios de evaluación.
Empecemos por el lenguaje del «ciudadanos y ciudadanas» o «alumnos y alumnas», espléndidamente caricaturizado por Pérez Reverte en este artículo http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_firma=1089&id_edicion=246 y que, como se verá en las zonas subrayadas, se repite una y otra vez. Nada es casualidad y algo nos va diciendo ya del enfoque de quien redacta tal bodrio.
Si todo quedase aquí, no pasaría más allá de la anécdota pero hay otras cosas que inquietan más porque se está entrando directamente a temas opinables sobre los que se quiere dar LA visión verdadera sobre la que, por supuesto, se examinará a los alumnos. Así, por ejemplo, habla de la «desigualdad en sus diversas manifestaciones» y ya surge una primera pregunta: ¿Hablamos de desigualdad de oportunidades o de desigualdad en los resultados obtenidos? ¿Hablamos de promover políticas destinadas a facilitar la igualdad de acceso a la línea de salida o de que, por decreto, todo el mundo tenga que llegar a la meta con independencia de capacidad o méritos? Empezamos, pues, con un lenguaje engañoso y la propia LOE y su intento de que todo el mundo llegue poniendo objetivos cada vez más bajos nos puede decir algo.
Aparece repetida hasta el hartazgo la expresión «cultura de paz». ¿Qué significa eso? ¿Existe una cultura de guerra en un país donde la mayoría de sus habitantes vivos no han conocido ninguna? Si no es así ¿qué sentido tiene promover la «cultura de paz»? ¿Significa algo o es otro «mantra» del estilo «alianza de civilizaciones»?
Se habla en bastantes ocasiones de «violencia contra las mujeres». Veamos: Si se les reconoce a las parejas homosexuales los mismos derechos civiles, cosa en la que poca gente se encontrará que esté en desacuerdo ¿qué significa hablar de «violencia contra las mujeres» o «violencia de género»? ¿Qué ocurre cuando la violencia es ejercida entre hombres o entre mujeres dentro del hogar? ¿Es políticamente incorrecto hablar de violencia DE las mujeres? ¿No existe? ¿Por qué no hablar simplemente de violencia o, si se quiere, de violencia en el hogar o en las relaciones cercanas? ¿Se ha querido que quedase visible la marca de lo que algunos llaman «feminismo machista», es decir, de un tipo de feminismo que practica intensivamente todo aquello que critica?
«Valoración de la actuación de aquellos movimientos y fuerzas internacionales que contribuyen a fomentar la cultura de la paz y la cooperación» ¿Qué significa esto? ¿Tenemos que redescubrir la ONU? ¿Se va a hablar de las corruptelas que se producen allí y en muchas ONGs o es tema tabú? ¿Se va a hablar de cómo, desde su creación, no ha sido capaz de impedir múltiples matanzas y éxodos obligados?
«Valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sociales racistas, xenófobos, antisemitas, sexistas y homófobos». Sobre este particular, me permito recomendar la lectura de Thomas Sowell. Creo que, como parte de las prácticas de la asignatura, es probable que haya que arrojar sus libros a una hoguera. Si hay que comenzar con alguno, sugiero «Race and Culture» https://factorhumano.wordpress.com/2007/09/24/race-and-culture-de-thomas-sowell/ y, en particular, este párrafo:
Mucho del vocabulario utilizado para discutir temas étnicos y raciales está menos preparado para la clarificación que para evitar que se consideren algunos factores que podrían resultar embarazosos para aquéllos que sostienen una particular visión ideológica.
«Conocer las causas que provocan la violación de los derechos humanos, la pobreza y la desigualdad, así como la relación entre los conflictos armados y el subdesarrollo, valorar las acciones encaminadas a la consecución de la paz y la seguridad y la participación activa como medio para lograr un mundo más justo».
Fantástico. Ahora espero que alguien me diga que cuando en un libro o en un aula EXPONE LAS CAUSAS de todo esto, no está dando una visión ideológica. Partamos del hecho de que no hay un diagnóstico único sobre todos estos temas ¿cuál van a utilizar y sobre cuál van a examinar?
«Un mundo desigual: riqueza y pobreza. La «feminización de la pobreza». La falta de acceso a la educación como fuente de pobreza. La lucha contra la pobreza y la ayuda al desarrollo».
Volvemos al lenguaje tramposo. ¿De qué clase de educación se está hablando? ¿Se pretende garantizar el acceso o el diploma? ¿Se intenta elevar el nivel de capacidades de las personas o se les va a dotar de titulaciones que les permitirán polemizar muy bien pero sin que haya ninguna habilidad real detrás?
Pues bien, hasta aquí lo fácil porque ahora vienen los criterios de evaluación. Insisto; la fuente es el BOE que está aquí mismo con sus correspondientes subrayados. Vamos allá:
«Identificar y rechazar, a partir del análisis de hechos reales o figurados, las situaciones de discriminación hacia personas de diferente origen, género, ideología, religión, orientación afectivo-sexual y otras, respetando las diferencias personales y mostrando autonomía de criterio».
Primera duda: Rechazar….¿¡¡¡mostrando autonomía de criterio!!!? ¿Cómo se come eso? Si realmente se tiene autonomía de criterio, se podrá aceptar algo, rechazarlo o quedarse más cerca de un punto que de otro. Esto ya recuerda bastante a Orwell cuando, en «1984», Winston va alegremente a que le peguen un tiro en la nuca justo después de que haya descubierto que «amaba al Gran Hermano». Primero el arrepentimiento y después la ejecución.
«Reconocer y rechazar las desigualdades de hecho y de derecho, en particular las que afectan a las mujeres».
«…si es capaz de describir y rechazar la discriminación de hecho y de derecho que sufren las mujeres».
¿Y si alguien no lo reconoce o, al menos, no lo hace en los mismos términos que los que el temario establece como verdades ciertas? El ya citado Sowell habría suspendido la asignatura porque se molestó en ver si era cierta aquella «verdad autoevidente» de que las mujeres, en los mismos puestos, cobran un 30% menos que los hombres y encontró que era falsa, como puede comprobar cualquiera que trabaje con mujeres y verá que no se manejan dos tablas salariales distintas. Hay otros factores implicados pero, para un público ideologizado, parece más conveniente prescindir de ellos y quedarse con estos estereotipos y transmitirlos.
«Evaluar si se sabe identificar las causas de la desigual distribución de la riqueza». Pregunta: ¿Las sabe identificar la señora ministra o el presidente del gobierno? Volvemos a otro asunto donde no hay un único análisis. El que no acierte con el tipo de análisis que quiere oir el profesor o que venga en el libro de texto ¿es un suspenso automático?
«Analizar las causas que provocan los principales problemas sociales del mundo actual, utilizando de forma crítica la información que proporcionan los medios de comunicación e identificar soluciones comprometidas con la defensa de formas de vida más justas.
Se trata de comprobar si se identifican y se comprenden algunas de las causas que provocan los principales problemas sociales del mundo actual (reparto desigual de la riqueza, explotación infantil, emigraciones forzadas, etc.)».
Me ahorro el comentario porque es idéntico al del caso anterior. Se pretende examinar sobre unos contenidos en los que no hay nada parecido a una coincidencia de diagnóstico entre distintas posiciones políticas. ¿No se llama eso adoctrinamiento?
Invito a quien así lo quiera a que tenga su propio criterio. Éste es el mío pero puede bajarse el BOE, donde he subrayado los puntos que me han parecido más relevantes.
Lo siento, señor Marina. No le debo una disculpa. Me habría gustado que una materia como ésta -quizás poniéndole un nombre menos cursi pero su promotor ha querido dejar su huella personal- existiera y que en la enseñanza primaria y secundaria hubiera unos foros serios de discusión sobre temas políticos y sociales.
Los partidarios de una religión -entendida como adoctrinamiento religioso- obligatoria han llamado a esta asignatura «religión laica». Me gustaría que lo hubiera sido. Me habría gustado incluso que se tratasen temas como el papel histórico y social que han desempeñado las religiones más importantes de nuestro entorno, la huella que han dejado y cómo no se puede entender Europa sin esa visión. Cosa distinta es que les enseñen a rezar el «Yo, pecador» para lo que muchos creemos que el colegio no es el entorno adecuado.
Me habría gustado todo eso pero ha sobrado dogmatismo y sectarismo y ha faltado altura de miras. No es ése el camino.
¿Sabes qué es un «lurker»?
Se trata de uno de los neologismos de la cultura Internet que, de vez en cuando, nos deja descolgados. Más o menos lo mismo que sucede si alguien se pone a leer en un periódico las páginas de contactos y encontrará palabras o expresiones usuales en ese ámbito pero que hacen volar la imaginación pensando a qué se referirán con ellas.
Pues bien, el «lurker» es el equivalente del «mirón» o «voyeur» en Internet. Se trata de alguien que se conecta a foros o chats y se dedica a observar los mensajes de otros pero no participa.
Se dice que nunca te acostarás sin saber una cosa más así que ¡hala! ya te puedes acostar. 🙂

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