Categoría: Temas sociales y políticos
AMBIENTE DE ELECCIONES GENERALES
Ayer hubo elecciones locales y autonómicas en España. El resultado es de mayor número de votos del Partido Popular y mayor número de concejales del Partido Socialista.
¿Todo queda igual? En absoluto. Desde la perspectiva del Gobierno actual, aparecen algunos nubarrones que pueden hacer muy probable un adelanto electoral:
Situación económica:
La situación económica continúa siendo buena con desequilibrios estructurales cuya valoración depende mucho del lado desde el que se realice esa evaluación. Sin embargo, hay un punto que no está sujeto a opiniones: El precio del dinero está subiendo en vertical y eso afecta a lo que ha sido la locomotora económica de los últimos años: La construcción.
A pesar de que la ministra de Vivienda, que se ha caracterizado por su irrelevancia, quiera apuntarse el tanto de la bajada del precio de la vivienda, ésta corresponde sin duda a la subida de las hipotecas y sus efectos sobre la renta disponible.
Cualquier historiador de la economía recordará cómo la famosa crisis del 29 no fue una crisis bursátil sino que fue, en primera instancia, una subida fuerte del precio del dinero que afectó a la enorme cantidad de personas que se habían endeudado para comprar valores. Cuando no pudieron resistir el endeudamiento, tuvieron que vender con los efectos conocidos. El parecido de la situación española actual es preocupante y la tendencia no tiene aspecto de cambiar en los próximos tiempos.
En lo demás, el Gobierno actual ha seguido una línea de continuidad con anteriores Gobiernos. Cuestiones de gran trascendencia como el intervencionismo en casos como el de Endesa no son atribuibles a un modelo económico sino, simplemente, a un caso de corrupción. Naturalmente, esto no significa quitarle importancia ya que deja en cuestión temas como la seguridad jurídica con sus efectos sobre la inversión.
Llegada del momento de la verdad:
Entre los resultados de las elecciones de ayer, merece la pena especialmente destacar el caso de Navarra y sus posibles consecuencias. El Partido Popular ha perdido la mayoría absoluta y eso deja al Partido Socialista con dos posibilidades: Mantenerse en la oposición y formar gobierno de coalición. En este segundo caso ¿con quién? ¿Con el Partido Popular o con los nacionalistas vascos con intención de anexionarse Navarra?
Si opta por los nacionalistas vascos, ello le puede servir para mantener vivo un contacto o negociación con ETA que le está siendo muy costoso en el resto de España pero demostraría de forma clara que Navarra formaba parte del precio y eso, sin ninguna duda, pasaría factura en unas elecciones generales. Por otra parte, los hechos del pasado reciente apuntan muy claramente que el Partido Socialista optará por seguir la línea de acercamiento a los nacionalistas vascos.
Organización de los adversarios:
La aparición de nuevos partidos de izquierda antinacionalista puede hacer daño a los dos grandes partidos: El Partido Popular ha hecho cesiones criticadas por muchos de sus partidarios como, por ejemplo, cambiar la cabeza del partido en Cataluña -en la época de Aznar- para complaceer a su aliado nacionalista. Los dirigentes locales del Partido Popular también han tenido una deriva nacionalista llegando, en comunidades gobiernadas por el Partido Popular, a tener conductas en relación con el idioma común de todo el país -el español- perfectamente equiparables a las que se han producido en comunidades gobernadas por los nacionalistas.
A pesar de ello, las cesiones del Partido Socialista han sido mayores: No sólo la negociación con el nacionalismo terrorista sino la formación de alianzas que implican el compromiso de no negociar con el Partido Popular en ningún ámbito -pacto del Tinell- o el apoyo al Estatuto de Cataluña que comienza estableciendo que Cataluña es una nación, cosa difícil de apoyar donde hay una Constitución que establece que España es una nación única e indivisible y se podría seguir relatando cesiones.
Lógicamente, los partidos antinacionalistas de izquierdas pueden robar votos a ambos lados pero, especialmente, se los quitarán al Partido Socialista con lo que puede haber un interés en convocar elecciones antes de que estos partidos lleguen a representar fuerzas determinantes.
Si recordamos el pasado reciente, tras la primera victoria del Partido Socialista de Felipe González, éste revalidaría su mayoría absoluta ganando todavía por más margen. En la victoria con mayoría relativa del Partido Popular ocurrió algo parecido pasando a una mayoría absoluta en su segunda legislatura.
El Partido Socialista actual ha roto esta norma y, casi desde el primer día, ha ido sufriendo una sangría en intención de voto. Los tres factores apuntados no parece que vayan a contribuir a disminuir esa tendencia sino todo lo contrario. En esas condiciones, parece lógico esperar una convocatoria de elecciones generales a corto plazo.
NOTA AÑADIDA: En el momento de escribir este añadido, ETA ha comunicado su intención de volver a los asesinatos. Una razón más para el adelanto electoral. Al Gobierno no le queda otro remedio que hacer un conjunto de gestos muy visibles que dejarán en evidencia si va a insistir en la línea emprendida o va a realizar un cambio radical.
Las alianzas postelectorales, especialmente en Navarra o en Vitoria, van a ser un claro termómetro; lo mismo puede decirse respecto del tratamiento de la situación penal de personajes claramente vinculados a ETA a los que, hasta el momento, se ha tratado con guante de seda.
Tras el atentado de Barajas -con dos muertos- el Presidente del Gobierno señaló que iba a perseverar en los esfuerzos por la paz. Si, ante la nueva situación, insiste en el mismo mensaje es de esperar una caída en vertical de su partido, escenario por el que muchas personas no están dispuestas a pasar. Sea cual sea la línea a seguir, va a quedar en evidencia en los próximos días y, sea cual sea, aparece un argumento más, de mucho peso, para un adelanto electoral.
El regreso del idiota (Álvaro Vargas Llosa, Mendoza y Montaner)
«El regreso del idiota» es la segunda parte del «Manual del perfecto idiota latinoamericano» con algunos elementos actualizados.
Un avance sobre el «Manual del perfecto idiota» es el hecho de que haya comenzado a discriminar entre las izquierdas de corte populista y retrógrado y otro tipo de izquierdas más modernas y civilizadas.
Sin embargo, se aprecia la influencia de Vargas Llosa padre, que, como en el anterior, prologa el libro e incurre en algunas contradicciones:
Vargas Llosa padre siempre criticó que en los países más avanzados se considerase la democracia como un lujo no accesible a otros países como, por ejemplo, el suyo y que se tuviese la idea de que una hipotética dictadura benigna pudiera funcionar mejor para sacar a un país de la pobreza.
Tal vez Vargas Llosa debería aplicarse la afirmación de Galbraith de que la mayor amenaza de la democracia es la ignorancia ya que, sin una ignorancia de base, es difícil que puedan funcionar movimientos de corte populista como los que están apareciendo por Sudamérica y por algunas partes de Europa.
El propio Vargas Llosa debería haber sacado consecuencias del hecho de haber sufrido una derrota electoral en su país a manos de un personaje como Fujimori. ¿No le dice nada eso? ¿No le parece que la frase de Galbraith es perfectamente adecuada a esa situación?
«El regreso del idiota» contrapone países que llevan una trayectoria descendente gracias a movimientos populistas donde la adscripción política es lo de menos porque resulta bastante móvil. Casos como Chávez y su transfiguración de militar golpista a caudillo de la izquierda o, en la Italia reciente, de Berlusconi, de colaborador de la izquierda a populista de la derecha son muy significativos.
Resulta también significativo que, entre los países que están funcionando bien gracias a la receta del liberalismo económico, sitúen a China. Cierto que China resulta el gran emergente pero ¿dónde está la democracia política que los Vargas Llosa padre e hijo consideran como condición previa? ¿No está invalidando su propio ejemplo las tesis iniciales?
En suma, se trata de un buen libro de denuncia donde añade un conjunto de recomendaciones bibliográficas muy notables. Es cierto que desde «El manual del perfecto idiota» ha salido un modelo de izquierda populista y retrógrada al que atacan con una saña que algunos entendemos plenamente justificada.
Se olvidan, sin embargo, de que ese mismo populismo aparece en la derecha. Berlusconi es un ejemplo de ello y aún tenemos un enorme interrogante sobre la figura de Sarkozy. Sarkozy realizó un discurso programático que está reflejado en este mismo blog y que, en muchos aspectos, puede considerarse ejemplar pero, puesto que ha ganado las elecciones, ahora le toca demostrar si es un político que va a dejar huella o se trata de un populista más, en esta ocasión de la derecha.
El auténtico problema no es la derecha o la izquierda. Quizás en el caso español la izquierda tiene un complejo de hiperlegitimidad totalmente rechazable pero, con esa salvedad, puede decirse que la izquierda y la derecha modernas discrepan en lo que consideran los medios adecuados pero no en los fines.
El problema es la emergencia de líderes populistas que dejan en evidencia la veracidad del aserto de Galbraith sobre la amenaza que la ignorancia representa para la democracia. En este caso, la situación se invierte. Los populismos de izquierda o de derecha pueden diferir en los fines pero comparten los medios.
Bienvenida sea la denuncia de «El regreso del idiota» contra los populismos. Bienvenida sea también su idea de separar modelos de izquierda señalando por qué unos son aceptables y otros no. Sin embargo, deberían analizar sus propias contradicciones tanto en lo relativo a la relación entre democracia y avance económico como en la ceguera parcial de no reconocer que también pueden existir populismos en la derecha.
La aparición en la política de Fernando Savater
Dicen algunos que España es un país que sociológicamente es de izquierdas. Aunque no se sabe muy claramente qué quiere decir eso, tiene unos considerables efectos prácticos:
Por poner algunos ejemplos, hace ya bastantes años se declaró una moratoria nuclear que nos ha dejado en una situación de carencia energética y sin posibilidad de modernizar las centrales instaladas sino, al contrario, estirar su vida útil todo lo posible. La iniciativa vino de un gobierno socialista pero, si alguien es capaz de romper tal medida, tendrá que ser también un gobierno socialista. A nadie más se le perdonaría.
Todavía recordamos muchos el «OTAN, de entrada no» que acabó traduciéndose en un «bueno; sí, pero no del todo» sin aparente coste electoral. De igual modo, la primera reforma laboral importante en España se produjo en 1994 bajo un gobierno socialista. Es cierto que dos años después perdió las elecciones pero, muy probablemente, eso es más atribuible a una sucesión de escándalos de corrupción que a la reforma laboral que pasó con mucho menos ruido del que se habría podido esperar.
Un problema, quizás más grave que ésos, porque afecta al ser o no ser mismo de un Estado, se lleva padeciendo en España desde la transición. Se critica con frecuencia al actual presidente que quiera pasar por encima de la transición y establecer su legitimidad en la II República abriendo viejas y -creíamos muchos- olvidadas heridas; sin embargo, durante la transición se cometió un error similar: Uno, no el único ni el más grave pero ciertamente grave, de los problemas de la II República estuvo en el sistema electoral dando la llave de los gobiernos a minorías sobrerrepresentadas por el sistema electoral y, habitualmente, nacionalistas. Ese mismo modelo, con la adición del Senado cuya contribución nunca ha quedado clara, es el que se repitió en la transición produciendo el mismo problema.
Se dio una única voz que resultó clamar en el desierto -la de Manuel Fraga- que insistía en un sistema mayoritario. Su etiqueta de «ministro franquista» hizo que su propuesta no fuese considerada, a pesar de que en aquel momento incluía una fuerte paradoja: El principal perjudicado entonces de un modelo mayoritario habría sido su propio partido. Como no cabe pensar en un error de cálculo tan burdo, tal vez haya que pensar que el señor Fraga tenía un sentido de Estado por encima de sus intereses inmediatos, sentido que no parece existir hoy en casi ninguna parte del espectro político.
A la vista de los hechos y de los pactos, muchas veces contra natura, parece que la mayoría de los políticos de cualquier signo podrían hacer suya una fórmula de juramento que aparecía en el primer libro de Forges y decía «Juro mi más inquebrantable lealtad a lo que haga falta».
Volvemos con ello a esa mayor tolerancia de que disfruta la izquierda en España y cómo le permite hacer o decir determinadas cosas que a otros les saldrían muy caras. Fue un partido de izquierdas, Ciudadanos de Cataluña, el primero que se proclamó abiertamente antinacionalista, cosa lógica en un partido de izquierdas que, al menos sobre el papel, tiene más énfasis en la igualdad y en la anulación de privilegios que uno de derechas. Más difíciles de explicar son los partidos de izquierdas nacionalistas o los igualmente de izquierdas entregados a éstos y alentando o justificando posiciones de privilegio de unos españoles frente a otros.
El siguiente es, precisamente, el movimiento anunciado por Savater y Rosa Díez que, se llame como se llame, no deja de ser una abierta escisión del PSOE provocada por personas que, siendo de izquierdas, no aceptan la aproximación a los nacionalismos, incluidos los terroristas, que se ha producido durante los últimos años.
Sin entrar en el fondo del asunto, es decir, en si hay o no razones para tal escisión, parece claro que si ésta triunfase podría dar lugar a una situación nueva: Si un nuevo partido de izquierda consiguiese un volumen suficiente para ejercer de bisagra entre los dos grandes, podría servir para anular la influencia de los nacionalistas, lo que ya de por sí sería positivo.
Además de eso, tal partido -abiertamente antinacionalista- podría forzar una reforma de la ley electoral y, una vez cumplido ese objetivo, tal vez desaparecer o reintegrarse en un PSOE libre de sus hipotecas externas y de sus iluminados internos. Si eso se logra, bienvenidos sean Savater y sus chicos; pueden lograr algo que a un partido de la derecha nunca se le perdonaría.
Normas sobre responsabilidad social SA-8000
Aunque parece que ahora se habla menos de ello, ha habido un tiempo donde se pretendía certificar las empresas en responsabilidad social. Ésta es la norma que se ha querido utilizar para ello.
Las discriminaciones positivas
Es difícil dar un dictamen definitivo sobre ellas salvo que alguien se coloque en una posición partidaria.
Si buscamos razones para el rechazo, las hay y muy poderosas. Quizás uno de los autores que mejor las ha expuesto es Thomas Sowell -norteamericano y negro, o sea que sabe de qué habla- y podrían resumirse en lo siguiente:
Si admitimos que alguien ocupe un puesto por razón de raza, sexo, etnia o cualquier otra en lugar de hacerlo exclusivamente por mérito, la discriminación positiva perpetuará la situación que pretende corregir. El efecto inmediato de la medida será que cuando alguien atribuya incapacidad a una raza, sexo, etnia, etc…estará simplemente reflejando la realidad ya que los criterios de acceso no habrán sido de mérito.
Por añadidura, la cantidad de criterios que pueden ser sujetos de discriminación positiva son tantos que es virtualmente imposible atenderlos todos: ¿Por qué no un porcentaje de obesos, de fumadores, de transexuales y así ad infinitum?
Aprovecho para hacer una recomendación cinematográfica: La excelente película Crash toca este tema desde un punto de vista probablemente nunca antes abordado en el cine: El malo, el políticamente correcto y el miembro de minoría racial enfrentados a sus propias contradicciones.
La cara opuesta de la moneda la representan las personas que, teniendo sobrados méritos, tienen graves dificultades de acceso a posiciones para las que su mérito les faculta por razón de pertenencia a determinados colectivos. Éste es el problema real que precisa una respuesta ¿son una respuesta válida las discriminaciones positivas?
Si entramos por debajo de la superficie, encontraremos que este tipo de leyes consagran el mismo tipo de discriminación que critican y que incurren en el olvido de un principio básico: Los derechos son de los individuos y no de los colectivos.
Un ejemplo práctico: Un individuo de un determinado sexo -da igual el que sea- quiere acceder a una posición determinada y, conforme a una ley de discriminación positiva, se le impide el acceso porque los coeficientes establecidos exigen que esa posición le sea dada a otra persona del sexo opuesto.
En ese momento ¿no estará ese individuo en su derecho de reclamar al Tribunal Constitucional porque se ha ejercido en su contra una discriminación por razón de sexo?
Si partimos de que los derechos corresponden al individuo, no cabe ninguna duda que es así. También es cierto que, si esto estuviera tan claro para todos, se desmontaría por la base la idea de los nacionalismos -mencionados en otro post– porque, si los derechos no son de colectividades ¿cómo intentar hablar en nombre de una como hacen los nacionalistas?
La igualdad de derechos es un tema demasiado serio para intentar resolverlo en dos brochazos de populismo. La auténtica revolución comienza en la escuela y en la voluntad de que no se pierdan por el camino personas valiosas.
Las leyes que intentan forzar coeficientes pueden ser incluso denunciadas por aquéllos a los que dicen proteger pero la inacción tampoco es una alternativa. Se requieren respuestas realistas y encaminadas a demostrar que una persona, por el hecho de pertenecer a determinado colectivo, no pierde en absoluto su valor en el terreno profesional ni en ningún otro. Que la persona concreta, con nombre y apellidos, tenga o no la valía necesaria para ocupar una posición es algo que tiene que demostrar y que nadie le tiene que regalar. Otra cosa distinta es que se le facilite la oportunidad de demostrarlo y es ahí donde habría que poner todos los esfuerzos.
Nacionalismos
Estos días he estado leyendo un libro muy recomendable («Sobre la divinidad» de Aldous Huxley) donde critica a los nacionalismos como una idolatría mortal de nuestro tiempo.
No es el único; un poco antes que Huxley, finalizada la II Guerra Mundial, Winston Churchill proclamaba que había dos nacionalismos asesinos en Europa y que uno de ellos había quedado derrotado para siempre: Se refería a los nazis y a los serbios y el futuro tuvo oportunidad de darle la razón. Por su parte, Juan Pablo II también se refirió a los nacionalismos como idolatrías y así un largo etcétera.
Probablemente en España más que en ningún otro país europeo -con la excepción de la antigua Yugoslavia- somos conscientes de los efectos de los nacionalismos:
Fernando Savater tiene un pequeño libro llamado «Contra las patrias» que representa un extenso argumentario sobre el asunto, lo mismo puede decirse de prácticamente toda la obra de Jon Juaristi e incluso tenemos ya un partido político «Ciudadanos de Cataluña» con intención de aglutinar gente de todas las ideologías sin más denominador común que el antinacionalismo.
Si retrocedemos en el tiempo hasta la etapa de la transición española, es inevitable llegar a la conclusión de que algunas cosas no se hicieron bien: Se reprodujo un sistema electoral que daba la llave de la gobernabilidad a minorías de bloqueo, habitualmente nacionalistas.
Evidentemente, se trataba de una época de muchos complejos y más compromisos y donde tal vez hubiera sido difícil haber optado por otro sistema y no reproducir modelos electorales muy parecidos al de la II República y que están dando en este terreno idénticos problemas a los que dieron entonces.
Países con menos complejos como Alemania prohíben en su Constitución los partidos separatistas e incluso se plantean si el Estado federal no ha producido una descentralización más allá de lo conveniente. Francia ha sido tradicionalmente mucho más centralista que España y algo similar puede decirse del Reino Unido donde, dejando aparte el caso del Ulster y los interesados paralelismos, la emergencia del nacionalismo escocés como factor de importancia es algo nuevo, a pesar de tener una justificación histórica infinitamente mayor de la que proclaman tener nuestros nacionalismos locales.
¿Se puede contentar a quien hace del descontento su profesión? ¿Es correcto un sistema que da la llave de un país a alguien que quiere apartarse de él o permanecer en una situación de privilegio?
Éstas son preguntas que deberían hacerse -y responderse- los principales partidos, es decir, aquellos que tienen o pueden tener responsabilidades de gobierno y actuar en consecuencia.
¿Podemos sustituir el «know-why» por el «know-how»?
http://www.callcentermovie.com/movie/movie2.html
Éste es un buen -y divertido- ejemplo de lo que ocurre cuando se comete ese error.
Es cierto que, a medida que los sistemas de información ganan posibilidades de «supremacía instrumental» (Luhmann) podemos permitirnos trabajar con gente menos cualificada sin que aparentemente pase nada.
Uno de los sitios donde se ha aplicado más esa regla es, precisamente, en los «call-center» de muchas grandes empresas con un enorme deterioro sobre la calidad de atención.
El vínculo apunta a un video sumamente divertido y que parodia lo que ocurre cuando alguien está operando con manuales y un menú en pantalla pero no tiene la más remota idea sobre qué está hablando.
El fenómeno se produce en muchos más sitios y, en este mismo blog, puede encontrarse un «post» sobre el neotaylorismo del que el video es una parodia no exenta de razón.
Este fenómeno se está llevando a los terrenos más inverosímiles y, por supuesto, de mucha más trascendencia que un «call-center». Aquí se encontrarán artículos sobre la aplicación de ese mismo principio al transporte aéreo pero, hace sólo unos días, saltaba a la prensa un caso que habría puesto a cualquiera los pelos de punta: La crisis de los misiles en Cuba.
Si se busca en Google por «crisis de los misiles», se encontrarán nada más que 61.800 referencias, la mayoría de ellas claramente dirigidas por la intencionalidad política de uno u otro signo. Sin embargo, sólo recientemente salió a la luz la existencia durante la crisis de mecanismos automáticos que habrían supuesto, también automáticamente, el inicio de la III Guerra Mundial.
Los hagiógrafos de Kennedy sostienen que éste disponía de una información privilegiada gracias a un espía -Oleg Penkovsky- y que por eso mostró una determinación que le haría aparecer como el triunfador que permitía salvar la cara al otro lado.
Parece ser que Oleg Penkovsky no fue tan eficaz como pretendía esa versión ya que no informó de un insignificante detalle ahora sabido: En la hipótesis de un corte de comunicaciones entre Moscú y el centro de control de los misiles, las órdenes de este centro eran de lanzamiento inmediato.
Curiosamente, los norteamericanos habían estado barajando la posibilidad de un bombardeo sorpresa con el objetivo de…cortar las comunicaciones y, de esta forma, romper la cadena de mando evitando que los misiles pudieran ser lanzados.
¿Cuántos automatismos -por procedimiento o por tecnología- hay preparados para evitar el trabajo de pensar o, mejor aún, para evitar la necesidad de que haya alguien que piense? ¿Cuántos desastres están esperando su oportunidad para ocurrir por eso mismo?
Los «call-center» son un ejemplo benigno; la crisis de los misiles es otro ejemplo mucho menos benigno y, entre esos dos, millones de otros ejemplos que tratan de prescindir de aquello que hace a las personas comportarse como personas y que, al parecer, perturba un orden establecido, supuestamente garante de que nada va a ocurrir.
La sociedad abierta y sus enemigos (Karl Popper)
Karl Popper, recientemente fallecido, conoció muy de cerca los dos grandes totalitarismos del siglo pasado, el nazismo y el comunismo.
La sociedad abierta es posiblemente el mejor tratado de formación política que se puede encontrar. Entre otros, rompe el mito de «La República» de Platón al que hoy se le habría considerado como un autor abiertamente fascista.
Diferencia muy claramente entre la doctrina de Marx y la traducción que hicieron de ésta sus seguidores, a la que denomina «marxismo vulgar».
En el momento de escribir este breve comentario, en España hay una fuerte discusión sobre la aportación de la asignatura «Educación para la ciudadanía» que se intenta introducir en el sistema educativo.
La oposición política al actual gobierno mantiene que esta asignatura va a ser utilizada para adoctrinar a los escolares de acuerdo con las ideas de ese gobierno y reclama la autonomía de los padres para dar a sus hijos los valores que consideren adecuados.
A la vista de los resultados de la extinta «Formación del Espíritu Nacional», obligatoria en el sistema escolar franquista, no parece que haya demasiado que preocuparse. De todas formas, sin otorgarle la importancia que le dan los adversarios políticos, probablemente somos muchos ciudadanos de a pie los que creemos que la tal «educación para la ciudadanía» no va a ser otra cosa que un revolcón en la espesa y pegajosa melaza de lo «políticamente correcto».
Si, en lugar de lo que unos afirman y otros tememos, alguien decidiera que el libro de texto para una materia como ésa iba a ser «La sociedad abierta» de Popper, sólo me quedaría una pregunta: ¿Dónde hay que firmar?
AÑADIDO POSTERIOR:
Recientemente ha salido al mercado «El regreso del idiota», segunda parte del «Manual del perfecto idiota latinoamericano» de Álvaro Vargas Llosa y otros. Con independencia de que se compartan o no la totalidad de sus argumentos, incidentalmente, hace un comentario sobre «La sociedad abierta» de Popper al que coloca en un apartado que denomina «Los diez libros que le quitarán la idiotez». Transcribo el comentario:
En 1943, en plena guerra, Karl Popper escribió un libro muy importante para el análisis de los problemas políiticos: La sociedad abierta y sus enemigos. Entonces estaba en Nueva Zelanda, exiliado de su Viena natal. La tesis central de la obra postura que el origen del totalitarismo radica en la superstición de ciertas ideologías que parten de dos falsedades relacionadas: primero, que la historia se mueve en una dirección de acuerdo con leyes naturales y, segundo, que ellos, los ideólogos, conocen esa dirección. A partir de esas certezas, basadas en el determinismo histórico, se construye la utopía: dotados de esa tremenda información, se edifica un mundo maravilloso en el que los seres humanos serán felices porque el modelo de sociedad se adapta milimétricamente al sentido natural de la historia. Obviamente, quien se oponga a la construcción de esa sociedad perfecta, una sociedad cerrada que remite a la tribu, puede ser considerado un canalla y debe ser extirpado invocando razones morales, como ha sucedido en todos los Estados totalitarios. Marx era, sin duda, un pensador cargado de buenas intenciones…pero su lectura de la historia y su propuesta, como la de todos los utopistas, conducía a la opresión.
Popper sitúa el origen de este nefasto determinismo histórico en la obra de Platón. La República es el primer gran modelo utópico en Occidente y su influencia gravita hasta nuestros días….La salvaguarda de la libertad y del progreso están precisamente en sociedades abiertas en las que las personas deciden con sus acciones el curso de la historia, porque ni hay sociedades perfectas ni, por lo tanto, un camino ideal para alcanzar lo que solo existe en la imaginación de unos pensadores trasnochados….La refutación de Popper al marxismo llegó de la mano de su particular epistemología: el marxismo (o el freudianismo) nada tenían de científicos. Eran fallidas construcciones intelectuales basadas en profecías, mitos y leyendas, escritas en un lenguaje ambiguo y vago que las ponía a salvo de refutaciones. Y si el marxismo o el psicoanálisis eran acientíficos, también lo eran necesariamente las escuelas de ellos derivados, y muy especialmente el espeso parloteo cobijado en la llamada Escuela de Frankfurt.
Sólo una cosa que añadir: Los autores de El regreso del idiota se centran en la refutación de Popper del marxismo ya que es lo que coincide plenamente con la línea de pensamiento expresada en su propio libro. Popper va mucho más allá de eso y toca muchos más temas como puede concluirse del propio título «La sociedad abierta».
¿Punto de inflexión?
Discurso de SarkozyÉsta es la traducción del discurso de Nicolás Sarkozy, en el momento de escribir estas líneas candidato a la presidencia francesa, del que se ha hablado mucho.
Tanto si se convierte en presidente francés como si no, el discurso de Sarkozy puede marcar un punto de inflexión en la política tanto de izquierda como de derecha.
Merece la pena señalar cómo huye de una confrontación clásica izquierda-derecha con la que muchos ciudadanos de cualquier país -quien escribe esto se incluye- no se sienten identificados dejándola para los militantes y los profesionales de la política.
Tanto la izquierda como la derecha parecen haber sustituido los ideales por mantras como la libertad individual o de mercado o los aún más insulsos talante o sonrisa como ejes de la actividad política.
Sería una buena noticia que esa amalgama opresiva que se resume en lo llamado políticamente correcto fuera sustituido, por ambas partes, por ideales de futuro, ideales que han existido en ambos lados y que, ahora mismo, parecen encontrarse ahogados por el relativismo que denuncia Sarkozy.
Gane o no gane, es un paso en la buena dirección y es, posiblemente, la primera vez en los últimos años que se oye hablar a un político en esos términos. Hay otro tipo de gente a quien siempre se la ha oído; de hecho, en relación al relativismo un pensador español, éste de izquierdas (Fernando Savater), dijo algo absolutamente sensato y que parece olvidarse con demasiada frecuencia: No se puede ser tolerante con la intolerancia.
Si el discurso de Sarkozy marca una nueva forma de hacer política, sea ésta del signo que sea, bienvenido sea con independencia de los que puedan ser los resultados electorales en su país.
Un nuevo mundo feliz (Ulrich Beck)
Beck es una estrella de la sociología que, entre sus conceptos favoritos, maneja el de riesgo global.
En este caso, ha aplicado ese mismo concepto al futuro del mercado de trabajo en un entorno de globalización y, como era de esperar de Beck, le ha salido una obra brillante aunque haya puntos que puedan ser discutibles.
Beck analiza la situación actual con países como China avanzando a una gran velocidad y preguntándose que le espera al «estado del bienestar» europeo y qué va a pasar cuando el desempleo no sea una cuestión de gente no cualificada sino que incluso personas muy cualificadas puedan verse en una situación de precariedad permanente.
Como casi siempre ocurre con Beck, tiene un ojo sumamente certero para el diagnóstico pero la solución queda mucho más en entredicho. Para muestra, un botón:
Hace referencia a las centrales nucleares y a cómo éstas pueden funcionar con un número mínimo de personas en relación con otros tipos de energía. De aquí, Beck concluye que es mejor optar por otras fuentes de energía que crean más empleo.
Hace unas pocas semanas, Manuel Pizarro, presidente de Endesa, era preguntando sobre los efectos de una política de desaparición de la energía nuclear y su respuesta se podía comparar fácilmente con la de Beck: Pizarro explicaba que la energía de origen nuclear era mucho más barata que otras fuentes alternativas y que, si alguien optaba por el cierre de las centrales nucleares, tenía que explicar también que la energía iba a ser mucho más cara con los efectos consiguientes en el bolsillo y en la competitividad.
Son muchas las actividades donde un 50% de los costes son precisamente los costes laborales y, por tanto, la opción de «creación de empleo» que promueve Beck puede ser llamada sin temor a equivocarse «ineficiencia planificada». ¿Dónde nos lleva esa solución?
Es cierto que muchos países han comenzado ofreciendo mano de obra barata e, incluso en ese caso, hay que matizar que siempre ofrecen algo más. Si el motivo para llevarse una actividad a un país fuera siempre la mano de obra barata, todas las fábricas del mundo estarían en África. ¿Por qué no están allí? Porque, además, se busca una seguridad institucional y eso en África es algo que, con la excepción de Sudáfrica, es prácticamente imposible de encontrar.
Esos países que han comenzado ofreciendo mano de obra barata, poco a poco, se han ido introduciendo en actividades más cualificadas dando lugar a la situación que denuncia Beck: La precariedad, incluso en el caso de profesionales de una elevada cualificación.
Hasta ahí, de acuerdo pero ¿funciona la receta de Beck? ¿La solución está en optar por formas de energía -por seguir con el mismo ejemplo- que consuman más mano de obra y, por tanto, sean más costosas para sus consumidores? ¿Dónde nos lleva esa solución?
Curiosamente, nos lleva al mismo sitio. La precarización en el mundo occidental se produce porque nuestros costes son más altos y cada vez son más difíciles de justificar por una diferencia en la cualificación. ¿Se soluciona el problema introduciendo aún mayores costes?
No hace mucho tiempo, IBM vendió su división de ordenadores portátiles que pasaron a llamarse LeNovo y a ser íntegramente fabricados en China. Si nos vamos a los automóviles, encontramos que los japoneses se acercan a los alemanes y los coreanos a los japoneses y, dentro de poco, previsiblemente los chinos se acerquen a todos ellos. ¿Vamos a resolver ese problema aumentando aún más los costes de lo producido en Europa o U.S.A.?
La denuncia es fácil; la solución no lo es. Siempre tendremos águilas que, so pretexto de universalización de los derechos del trabajador, pretendan que otros países mucho más baratos, tengan las mismas prerrogativas que existen en el mundo occidental y, de esta forma, evitar que sean competitivos. Baste con recordar los famosos CFC y cómo su efecto sobre el agujero de ozono salió oportunamente cuando ya había una tecnología sustitutiva que aún no era accesible a países como India o China que empezaban a ser unos competidores peligrosos.
¿Pueden ser los sindicatos un factor importante para evitar las deslocalizaciones? Difícilmente; las trabas que se ponen al que se quiere marchar son cuidadosamente observadas por el que está pensando en venir y toma nota. ¿Tienen algo que ver las amenazas desde ámbitos políticos y sindicales a las empresas que se marchan con la reducción de la inversión extranjera en España? Probablemente sí aunque no es ésa la única opción y la exhibición de intervencionismo que se está produciendo tampoco suele ser del agrado de los inversores potenciales.
La solución no es fácil y la situación actual es criticable pero la propuesta de Beck tampoco pone las cosas mejor. A lo mejor tenemos que acabar recordando que el concepto mismo de «puesto de trabajo» nació en la Revolución Industrial y tenemos que hacernos a la idea de que todos somos vendedores permanentes de un producto que somos nosotros mismos. Si así fuera, la vida no iba a sernos más cómoda pero ¿hay otra opción? El «fundamentalismo de mercado», por usar la expresión de Soros, no funciona pero la receta de Beck tampoco.

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