Categoría: Temas sociales y políticos

El futuro partido de Savater: ¿Decepción en ciernes?

Ayer se presentó en Madrid en formato debate la plataforma organizada por Savater y Martínez Gorriarán con el proyecto de organizar un futuro partido político.

Llamaba la atención que, aunque mucha gente decía estar de acuerdo, resultaba que incluso los mensajes dados al inicio por uno y otro de los promotores eran radicalmente distintos.

Martínez Gorriarán hablaba de un conjunto de problemas que iban más allá del eje derecha-izquierda y que tenían mucho más que ver con el modelo constitucional, con la ley electoral y con la situación que ambas cosas habían provocado donde -en sus propios términos- un 8% de voto nacionalista estaba condicionando la vida del 92% no nacionalista.

A continuación, tomó la palabra Fernando Savater que, además de reafirmarse en lo dicho por Martínez Gorriarán, añadió algo más: El eje derecha-izquierda es importante, el futuro partido -en caso de crearse- tenía que ser un partido «de progreso» aunque aclaró que esto no tenía que ver con izquierda ni con derecha, cosa que confundió aún más puesto que la etiqueta de «progresista» ha sido autoaplicada tradicionalmente por la izquierda para, más o menos, finalizar diciendo que los dos problemas de España eran el nacionalismo y el clero.

No sé cómo tratarían a Savater los curas en el colegio pero ¿tanto peso tiene el clero en la política actual como para equipararlo a los nacionalismos? Creo que es difícil colocar ambas cosas en el mismo plano, incluso aunque se pueda estar de acuerdo en que la actividad política no es el ámbito propio del clero.

Creo que en este momento hay dos opciones y es muy difícil encontrar una intermedia. Casualmente, cada uno de los dos promotores parecía optar por una de ellas y eso augura en el próximo futuro problemas parecidos a los que están encontrando en Ciudadanos de Cataluña.

En primer lugar ¿realmente hay un hueco político a la izquierda del PP y a la derecha del PSOE? Llega un momento en que ambas cosas son perfectamente intercambiables y buscar un hueco ahí puede ser más que difícil. ¿Qué significa entonces lo de «partido de progreso»?

Está muy bien que, como salió en el coloquio posterior, de repente alguien diga que la vivienda supone un gran problema y que una manifestación del progreso sería la lucha contra la especulación. Muy bien. Aceptémoslo. ¿Cuál va a ser su fórmula? ¿Eliminar todas las corruptelas asociadas a la construcción mediante la autorización de construcción en todas partes menos en las que específicamente se prohíba -como quiso hacer el PP- o aumentar las fórmulas de control? ¿Están seguros de que, en caso de formar el nuevo partido, tienen que entrar en ese tipo de guerras?

Si lo hacen, además, inevitablemente van a ahuyentar a un conjunto de personas que pueden estar preocupadas por la deriva nacionalista a que ha conducido un sistema mal diseñado y mal gestionado. ¿No es más importante eso que tratar de inventar un programa político completo en hueco casi inexistente?

Quizás sea aventurado afirmarlo pero parece que por ahí puede ir la receta de Martínez Gorriarán:

Olvidemos la dialéctica de derecha e izquierda y, en lugar de tener un programa de gobierno completo, centrémonos en unas cuantas cosas que contribuyan a una regeneración democrática como las reformas de la Constitución, de la ley electoral y el establecimiento claro de qué competencias corresponden al Estado central y qué competencias corresponden a las autonomías en toda España y para todos las mismas.

Una receta de este tipo no ahuyentaría a nadie y, sin duda, sumaría aunque parece que algunos de los promotores no van en esa línea y se pudo escuchar alguna intervención donde se transparentaba el mismo sectarismo que se estaba criticando.

Por supuesto, si alguien pretende crear un partido con ese objetivo tiene que asumir dos cosas más:

  1. Vocación de interinidad: Una vez conseguidos los objetivos que justifican la creación del partido, éste podría disolverse y sus miembros retirarse o pasar a moverse por la dialéctica izquierda-derecha que, en este momento, puede haber pasado a segundo plano ante la existencia de problemas más graves.
  2. Disciplina de voto férrea: La composición de un partido donde convivan distintas tendencias puede dar lugar a que cada uno vote lo que crea conveniente en cada momento. El problema que esto supondría es que, en lugar de servir de factor regenerador, abriría un mercado político donde el kilo de diputado empezaría a cotizar en las votaciones clave empeorando aún más el sistema. Un criterio claro en este sentido sería el apoyo explícito a la fuerza mayoritaria siempre que ésta se comprometiera de palabra y obra a apoyar las acciones de recuperación democrática defendidas por el nuevo partido.

La otra opción, un programa político completo, con énfasis en la persecución a los nacionalistas y a los curas, no va a sumar apoyos y va a restar unos cuantos. En la clarificación de cuál de las dos líneas se va a seguir estará el ser o no ser del nuevo partido y, sobre todo, el ser útiles o ser unos más a meter ruido dentro de un panorama ya bastante ruidoso.

Educación para la ciudadanía: Carta abierta a José Antonio Marina

Estimado y admirado Sr. Marina:

Ayer publicó Vd.un artículo en El Mundo donde defendía que Educación para la ciudadanía figure en el curriculum escolar. Evidentemente, como autor de uno de los libros de texto, Vd. también tiene algún interés personal en el asunto pero prescindamos de ese tema.

Entre los argumentos que daba, hay uno que me parece de especial peso y que puede aplicarse a otros asuntos como, por ejemplo, las visitas en las separaciones: La educación en unos modelos no es un derecho de los padres sino de los hijos.

Es cierto que tiene que haber un fondo de valores comunes y aludía a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Hasta ahí podemos estar de acuerdo todos.

Ahora viene el problema: Como decía en un reciente post, si tengo que elegir entre los hechos y las palabras, prefiero creerme los hechos y el Gobierno -cualquier Gobierno- puede tener demasiadas querencias a montar su Matrix particular pero éste ha mostrado ya muchas veces que son más que querencias lo que tiene.

Ejemplo reciente: Seis soldados españoles mueren en Líbano en una emboscada contra su vehículo. Al condecorarlos, el Gobierno decide no otorgarles la medalla correspondiente a acciones de guerra porque, como el propio Gobierno repite machaconamente- están en «misión de paz». El Gobierno del Líbano les reconoce lo que el español les niega y -hecho objetivo- no han muerto por un accidente de tráfico sino porque les han colocado una bomba al paso de su vehículo. No importa: Era «misión de paz» porque así lo ha decidido el Gobierno.

No es éste el único. Hay otro, aún reciente, y que sólo puede calificarse de chusco: Cuando alguien, en un programa de televisión, le preguntó al presidente del Gobierno si sabía cuanto costaba un café, estaba claro que no lo sabía y dio un precio muy por debajo del habitual.

La anécdota se exageró de manera desproporcionada para mostrar que el presidente no está en contacto con la calle etc…porque está claro que ningún presidente del Gobierno anda por las cafeterías dándose una vuelta. Eso queda para los últimos Borbones, incluido el actual, cuando salen de incógnito disfrazados antes con capa y ahora con casco.

La reacción del presidente, sin embargo, fue como mínimo tan ridícula como ridículo fue el bombo que se le dio a la pregunta y al hecho de que el presidente no conociera la respuesta: Al día siguiente, tenía a su periódico más amigo sacándole una foto tomándose un café en la cafetería del Congreso donde, al estar subvencionado, sí está al precio que él decía. Se juntó la ridiculez con la soberbia de tener que demostrar que él tenía razón aunque no la tuviera.

Vistos tales precedentes ¿Podríamos estar hablando de algo parecido a esto al hablar de educación para la ciudadanía?

http://www.nytimes.com/2007/07/08/world/europe/08moscow.html?_r=1&oref=slogin&pagewanted=printEspero y deseo que no y vuelvo a su artículo: Los principios que enunció en su artículo en El Mundo son impecables y creo que somos muchos los que podríamos suscribirlos al 100%. Ahora dígame:

¿Cree que un Gobierno tan amante de los gestos como muestran los dos ejemplos anteriores va a permitir que los contenidos sean como Vd. dice?

Tengo mis serias dudas al respecto pero, como comenté en el post anterior sobre el mismo tema, no voy a prejuzgar mientras no vea su libro, no vea cuáles son los criterios de selección de los profesores y cuáles son los contenidos que realmente se enseñan.

Supongo que Vd. también habrá oido hablar de recomendaciones como Ali Baba y los cuarenta maricones y ¿qué quiere que le diga? el título no me parece muy atractivo para una materia con unos principios y con unos contenidos como los que Vd. indica.

Dicho todo lo anterior, me encantaría equivocarme y que las cosas sean como Vd. dice en su artículo y no como las políticas de gestos nos invitan a pensar.

Si me equivoco, además de alegrarme, lo reconoceré públicamente.Si no es así, señor Marina, temo que caerá usted muchos enteros en mi estima particular y posiblemente en la de muchos más.

ACTUALIZACIÓN DEL TEMA EN https://factorhumano.wordpress.com/2007/09/25/educacion-para-la-ciudadania-visto/

Freakonomics (Steven Levitt y Stephen Dubner)

Aunque el libro lo firman dos autores, puede decirse que las ideas que están detrás de éste son de uno solo (Steven Levitt) que es un economista atípico.

Los autores señalan -y es cierto- que no han querido hacer un tratado más o menos lineal sino que han querido aplicar conceptos de la economía a un conjunto de ámbitos distintos de la propia economía o, en otros términos, han intentado utilizar un modelo económico como causa explicativa de fenómenos que, en principio, son totalmente ajenos a la economía.

El concepto de fertilización cruzada siempre es atractivo y no puede resultarle ajeno a alguien -como es mi propio caso- que ha tratado de extraer del ámbito de la seguridad aérea modelos de mejora organizativa para la gestión empresarial. Sin embargo, también tiene sus riesgos. Quizás el autor que mejor ha tocado estos riesgos es Gareth Morgan en su excelente estudio sobre las ventajas y limitaciones del uso de las metáforas.

Puede decirse, por ello, que el libro parece carecer de un hilo conductor pero es una apariencia falsa. Cosas como comparar las prácticas de los profesores de los colegios americanos con las de los luchadores de sumo pueden sorprender pero siempre se encuentra una lógica común: El incentivo.

Lo primero que se puede recomendar de un libro como Freakonomics es, desde luego, su lectura. Está ya publicado en ediciones muy baratas y será difícil encontrar mejores formas de invertir cantidades del entorno de los 5 o 6 euros.

Lo siguiente es mencionar la parte negativa del libro que, curiosamente, coincide con la positiva y es su originalidad.

Se dice de algunos autores o conferenciantes que venderían su alma al diablo por una frase brillante. Creo que es el caso de estos autores. Como ejemplo, atribuyen la disminución de la delincuencia juvenil a la lucha de una persona por la legalización del aborto. Según su lógica, abortan más las personas de entornos marginales y, una vez que el aborto fue autorizado, los niños que, por crianza, estaban casi predestinados a convertirse en delincuentes, simplemente no nacieron.

No tengo elementos de juicio para apoyar o contradecir la idea de que la legalización del aborto tuviera incidencia sobre la delincuencia juvenil pero considerar que este factor ha sido el motor principal de la disminución de la delincuencia lleva a recordar una frase de Mariano Yela: Todo tiene que ver con todo pero no del todo.

Cualquiera que no sea simplista en sus planteamientos estará persuadido de que la lógica sistémica funciona y que realmente existe el efecto mariposa pero la utilización constante de este tipo de ejemplos da la sensación de que los autores han buscado sobre todo la originalidad, la espectacularidad y, en suma, epatar al lector.

Algunos ejemplos son muy claros y muy bien estudiados como, por ejemplo, la demostración bastante clara de la existencia de trampas en el sumo basándose en la idea de incentivos diferenciales de ganar o perder en distintas situaciones y para cada uno de los contendientes. Los autores establecen las probabilidades de victoria en función de un historial previo y muestran cómo determinadas situaciones dan lugar a unos resultados completamente distintos de lo esperado en el cálculo probabilístico. Naturalmente, la situación sólo se explica mediante el recurso a la trampa.

Para no extenderme más, los ejemplos utilizados son brillantes -incluso demasiado brillantes- y eso hace que algunos mensajes muy sólidos del libro acaben quedando apagados por la originalidad y el brillo desplegado en temas que, probablemente, lo merezcan mucho menos. Una muestra:

Los autores establecen como ideas fundamentales que los incentivos constituyen la piedra angular de la vida moderna, que la sabiduría convencional a menudo se equivoca, que los efectos drásticos frecuentemente tienen causas lejanas, incluso sutiles y que los «expertos» -desde criminólogos hasta agentes inmobiliarios- utilizan su información privilegiada en beneficio propio.

Señalan también cómo por cada persona inteligente que se molesta en crear un esquema de incentivos, existe un ejército de gente, inteligente o no, que inevitablemente invertirá incluso más tiempo en tratar de burlarlos.

En relación con la disminución de linchamientos por el Ku-Klux-Klan, a pesar de permanecer la situación de miedo, señalan algo que es perfectamente extrapolable a situaciones como la vivida en España en relación con ETA: La gente responde fuertemente a los incentivos fuertes. Y existen pocos incentivos más poderosos que el miedo a la violencia aleatoria que, en esencia, es la causa de que el terrorismo sea tan eficaz.

Su clasificación de incentivos en económicos, sociales y morales es también de gran interés así como los ejemplos en que se muestra cómo se pueden transformar unos en otros y qué efectos produce esa transformación.

En resumen, un libro muy interesante donde los autores se han visto atrapados por su propia brillantez que ha llegado a ahogar algunas de las ideas centrales del propio libro que tienen un enorme calado.

La bronca de la Iglesia y Amnistía Internacional

Llevamos varios días dando vueltas al asunto de que el Vaticano ha pedido a los católicos que no contribuyan económicamente con Amnistía Internacional por su posición pro-abortista.

Viendo lo que se ha escrito sobre el asunto, se puede tener la sensación de que el Vaticano se ha pasado siete pueblos y ello por muchos motivos.

En primer lugar, veamos dónde está la posición pro-abortista de Amnistía Internacional en sus propias palabras:

Posición de Amnistía Internacional sobre el aborto en casos especiales

Incluso aunque la posición de Amnistía Internacional fuera pro-abortista -que no lo es- no creo que la Iglesia Católica como institución sea quien para entrar en el asunto. Otra cosa es lo que pueda hacer cada uno de sus miembros y de sus creyentes individualmente.

Si esto es admisible ¿por qué no excomulgar a todos los dirigentes políticos de países de tradición cristiana -como Estados Unidos- donde existe la pena de muerte?

Conste que quien esto escribe se borró de Amnistía Internacional por haber apreciado una especie de tortícolis que le llevaba a fijarse sólo en las salvajadas de un lado y, por ejemplo, estar echando leña constantemente al tema de Guantánamo pasando de puntillas sobre el resto de la isla como puede verse en su último informe.

Al mismo tiempo, Amnistía Internacional ha mostrado sospechosas coincidencias con el Gobierno español precisamente en aquellos aspectos que muchos -sin distinción de color político- creemos que son sus mayores errores, por ejemplo, la famosa y hemipléjica memoria histórica.

Sin ninguna duda, esa iniciativa tan aplaudida por Amnistía resucitará también a la otra media memoria que ahora se quiere borrar produciendo un enfrentamiento que muchos creíamos felizmente olvidado desde la transición.

Digo lo anterior para aclarar que mi comentario no va movido por la simpatía ni menos por la militancia hacia la organización Amnistía Internacional pero, por un principio de coherencia, no es admisible la salida de tono del Vaticano.

Si la Iglesia Católica decide entrar en política, mejor que se presente a unas elecciones. Como muy bien señalaba Vargas Llosa, el ámbito de la religión es de las verdades privadas y éstas, por definición, no se les pueden imponer a terceros.

Cierto que la Iglesia podría replicar que su mensaje sobre Amnistía Internacional lo dirige sólo a los católicos pero, si quiere mantener un mínimo de coherencia, se le va a acumular el trabajo. Entre excomulgar a los fabricantes, vendedores y usuarios de preservativos y de todo tipo de anticonceptivos, a los gobernantes de países con pena de muerte, a los que legalizan matrimonios de homosexuales y mil cosas más ya tiene bastante para unos cuantos años.

No hablemos ya de la idea de ecumenismo o del acercamiento entre las grandes religiones, de las cuales una -el Islam- también se distingue por el exquisito respeto a los derechos humanos, entre otros aunque no exclusivamente, la igualdad entre sexos o la libertad de culto. ¿Por qué no invita la Iglesia a los católicos a rechazar abiertamente en todos los terrenos a los musulmanes?

En suma, el mensaje del Vaticano no tiene justificación ni sentido ni proporción ni coherencia. Respeto a muchos miembros de la Iglesia e incluso soy de los que, sin ser creyentes, colaboran a su sostenimiento económico por entender que es probablemente la mejor ONG que existe, sobre todo porque hay muchas a las que se les ha caído la N o se han convertido en clanes donde la principal acción social la ejercen con sus propios componentes.

Supongo que si Amnistía Internacional quisiera replicar a la estupidez con otra estupidez emitiría un informe incendiario sobre la discriminación de la mujer en el Vaticano o sobre la falta de democracia en la elección de los dirigentes de ese mismo Estado.

Si la Iglesia quiere utilizar su hipotético ascendiente sobre sus feligreses en temas como éste, podría encontrarse en la posición del abanderado que, cuando se da la vuelta, ve que no le sigue nadie.

LA CONFIANZA EN LOS POLÍTICOS

Circula por ahí un chiste según el cual van tres políticos en una barca que hace agua estando en altamar, sin nadie a la vista y rodeados de tiburones. Ante la pregunta «¿Quién se salva?» la respuesta, haciendo gala de raro -en su acepción de escaso- ingenio es «España».

Evidentemente, quien puso a circular el chiste era un optimista ya que, para conseguir semejantes resultados, no basta una barca sino que habría que llenar de políticos un Titanic o similar.

Hace unos días, comentaba en otro post que la tan aclamada transición nos ha dejado una serie de facturas muy elevadas y que habría que ir pensando en quitarse de encima.

Los dos grandes partidos tienen toda o buena parte de la culpa de esas facturas. El que gana las elecciones, si no tiene mayoría absoluta, se dedica a hacer apaños con partidos sobrerrepresentados porque, si no lo hace, el que las pierde está dispuesto a hacer los mismos apaños (véanse casos como los de las recientes elecciones autonómicas en Galicia, Navarra, Canarias y Baleares que han representado auténticas burlas al electorado).

La consecuencia de esa miopía ha sido entrar en un proceso de subasta donde, de repente, la llave de los gobiernos ha estado en las manos de sujetos indignos de representar ni a una comunidad de vecinos. Cierto es también que algún alto cargo de los grandes partidos no ha sido capaz ni de salir como concejal en su pueblo…será que le conocían bien.

No sé si la situación tiene solución pero lo que es seguro es que, si la tiene, la solución no va a venir de la misma mano que ha creado el problema. Ocasiones han tenido para aprender si hubieran querido hacerlo y, si no lo han hecho, no lo van a hacer ya.

El experimento de Ciudadanos de Cataluña y el no se sabe si experimento de Savater pueden dar la pista de una posible salida pero, para que esa salida sea real, probablemente se precisan algunas condiciones que ponen a prueba la generosidad y la vocación de servir -que no de servirse- de cualquiera:

  1. No definirse como partido de izquierda ni de derecha sino con un programa que lleve exclusivamente medidas destinadas a regenerar una situación democrática como las siguientes:
    1. Cambio de la ley electoral.
    2. Listas abiertas en las candidaturas de los partidos.
    3. Garantizar la democracia interna en los partidos de forma que se evite el aventurerismo y/o el imperio de la mediocridad con ínfulas.
    4. Independencia del poder judicial:
      1. Desaparición de los jueces que lo son por adscripción política.
      2. Elección entre los jueces de sus representantes en sus órganos de gobierno.
      3. Cambio en el sistema de designación del fiscal general del Estado.
      4. Cambio en la forma de elección del Tribunal Constitucional.
    5. Cerrar el modelo de Estado definiendo claramente las competencias y sin que éstas estén sujetas a permanente chalaneo.
    6. Forzar el cumplimiento real de la Constitución.
  2. Apoyar en bloque al partido que resulte más votado para que lleve a cabo SU programa sin más contrapartida que el que se vayan dando pasos claros y decididos hacia la recuperación de la democracia. En caso contrario, se podría llegar a apoyar una moción de censura.
  3. Mantener una vocación de interinidad: Una vez conseguidas las medidas de regeneración, la existencia de tal partido dejaría de tener ningún tipo de objeto. Sería el momento en que cada uno de sus componentes pudiera abandonar la actividad política o integrarse en el que fuera más de acuerdo con su propia tendencia.

Comentando estas posibilidades, alguien me decía que eso no es un partido sino una plataforma cívica. Sea. Gato blanco o gato negro no importa si caza ratones y en este momento las ratas se han hecho las dueñas del patio.

La transición española: Treinta años desde las primeras elecciones democráticas.

Treinta años nos contemplan desde el momento de las primeras elecciones democráticas en España.

 

Ayer fue el día de los parabienes y de felicitarse todos por la transición pero, al margen de otros hechos, fue bastante significativo que el único presidente del Gobierno que estuviera, aparte del actual, fue precisamente el más breve en el puesto.

 

Adolfo Suárez está de antemano disculpado por sus serios problemas de salud pero, aparte de él, los dos presidentes de más peso en la breve historia democrática de España son los ausentes Aznar y González. ¿Fue un asunto de agenda mal organizada o quisieron transmitir algún mensaje con su ausencia?

 

A treinta años vista y después del atracón de felicitaciones y autofelicitaciones, tal vez no esté de más hacer algo de crítica. Cierto es que la crítica debe estar también matizada por la especial situación que se vivía en 1977 pero no es menos cierto que algunos de los problemas actuales vienen de entonces.

 

En 1977 se quiso contentar a todos y, tal vez por eso, se acabó cumpliendo el dicho de que un camello es un caballo diseñado por un comité. Si, en lugar de contentar y aplacar a todos, se hubieran mantenido firmes algunos principios, tal vez ahora no existirían algunos de los problemas que existen.

 

No pretendo ser exhaustivo en la enumeración pero sí me gustaría reflejar algunos de los elementos que mayor coste pueden haber implicado:

 

  • Inocencia en el tratamiento de ETA sólo comparable con la actual: En 1977, amplias capas sociales -y, desde luego, la mayoría de los políticos de la época- entendían que ETA era un movimiento de rebelión contra el franquismo. Establecida la democracia, nada más lógico que darles tratamiento de presos políticos y amnistiar a muchos presos con delitos de sangre. No es coincidencia que, tras esa amnistía, vinieran los denominados años del plomo que fueron los más sangrientos de ETA y dejaron en evidencia que se había confundido por completo la naturaleza del movimiento terrorista.

  • Inocencia en el tratamiento de los nacionalismos: El hecho de haber ejercido de antifranquista parecía en aquellos años que otorgaba un estatuto de lo que sería irónicamente conocido como demócrata de toda la vida. La realidad es que muchos de los partidos implicados en el periodo de transición, muy especialmente los nacionalistas, distaban mucho de comportamientos democráticos y simplemente buscaban parcelas de poder que se les otorgaron graciosamente sin conseguir un mínimo de lealtad en su comportamiento a cambio. Resulta especialmente significativo el caso del PNV que, tras estar en la ponencia constitucional y conseguir que los fueros de Álava se extendiesen a toda el área vasca, acabaron recomendando el voto negativo a la Constitución.

  • Desconocimiento de la historia española: Entre el respeto a las minorías y la dictadura de las minorías existe una considerable distancia. La Segunda República tuvo serios problemas para conseguir gobiernos estables precisamente por la acción de minorías generalmente nacionalistas que imponían sus intereses. Ésta debería haber sido una lección aprendida en 1977 de forma que se hubiera evitado incurrir en el mismo error otorgando una sobrerrepresentación a partidos minoritarios con su voto muy concentrado geográficamente y con un serio impacto sobre un conjunto que no les preocupa en absoluto salvo como lugar de dónde sacar tajadas lo más sustanciosas posibles.

  • No disponer de un modelo de Estado: La indefinición de competencias y cuestiones como el uso del idioma como arma arrojadiza para diferenciarse entre distintos territorios de un mismo Estado sólo pueden atribuirse a que no se tenía -ni se tiene- un modelo definido de Estado. Todo quedó en un nebuloso la Corona como garante que, finalmente, se ha mostrado poco operativo.

  • Establecimiento de la partitocracia: Además de los criterios de representación discutibles, la existencia de listas cerradas acabó convirtiendo a los diputados en funcionarios de su propio partido al que deben el puesto y, con ello, sumisión absoluta. Cuando este mismo modelo se trasladó más adelante, en una clara corrupción no frenada por el Tribunal Constitucional, a las instancias judiciales apareció un fenómeno según el cual los jueces votaban por ganaderías los asuntos más disputados si éstos podían ser objeto de interpretación política.

  • Establecimiento de los sindicatos como mecanismos de representación política: El comportamiento que suelen mostrar los sindicatos autodenominados de clase es bastante expresivo pero, sin duda, desde el ámbito político se introdujo un conjunto de elementos que consagró ese tipo de papel. La devolución del patrimonio sindical a sindicatos que no existían cuando ese patrimonio fue requisado introdujo en sus arcas un dinero que no podían conseguir a través de sus exiguas cifras de afiliación; la utilización de las votaciones sindicales -y no de las cifras de afiliación- como criterio de importancia de los sindicatos iba en esa línea y, dentro de esa utilización, llama especialmente la atención el concepto de sindicatos más representativos que permite que sindicatos con muchos votos en el ámbito general puedan participar en negociaciones en sectores donde su representación sea marginal. Todo ello constituyó un modelo sindical que, en lugar de centrarse en su terreno, acabó siendo el brazo sindical de la actividad política hasta el punto de participar e incluso convocar manifestaciones en temas completamente ajenos a su competencia.

 

Tal vez, en 1977, se pecó de falta de criterio. Todo lo que fuera antifranquista debía ser bienvenido y no hacerlo así implicaba, casi automáticamente, asumir la etiqueta de franquista. Sólo eso puede explicar como algunos partidos nacionalistas con fundadores e idearios claramente nazis pudieron pasar por ese periodo sin que nadie osase criticarlos o recordar su historia. El mismo fenómeno puede aplicarse a algunos abusos sindicales, solo criticables posteriormente cuando aparecieron grandes escándalos económicos pero no antes.

 

1977 fue una etapa de infinitos complejos donde, para determinados asuntos, la ley de la omertá fue una constante y ha permitido medrar de forma indeseable para la democracia a personas e instituciones que un sistema más maduro habría expulsado.

 

Éstas son las sombras principales de una transición que, indudablemente, tuvo también luces que hoy todos se encargan de destacar. Por ello, y para tener una visión más completa, conviene también conocerlas.

Los iconoclastas de la educación

 Cuento

Ricardo Moreno Castillo, del que puede encontrarse aquí un vínculo a su libro Panfleto antipedagógico, escribió también este curioso cuento que se adjunta y sobre el que sobra todo tipo de explicación ya que se explica por sí solo.

Guía políticamente incorrecta del Islam (y de las Cruzadas)

http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276233464

El vínculo conduce a un resumen de un libro de próxima aparición y que cuenta algunos de los elementos más ajenos a los derechos humanos del Islam.

La cosa se quedaría en una anécdota si no fuera porque realmente existen tendencias dentro del Islam que siguen a pies juntillas los puntos señalados en este libro. Si miramos al cristianismo y nos basamos en los textos escritos, también encontraremos sus propias barbaridades. Véase la muestra:

Citas bíblicas

Para cualquiera que viva en un país de tradición judeocristiana, aunque no pueda negar que esos textos existan, no dejará de considerarlos como algo anacrónico y que nunca se pensaría en aplicarlos hoy. Ese mismo tipo de afirmación es mucho más dudoso en cuanto se refiere a los sectores más radicalizados del Islam. Tal vez uno de los libros mejor documentados es precisamente de una musulmana, la periodista canadiense de origen ugandés Ishrad Manji, y su libro The trouble with Islam donde critica desde dentro tanto el integrismo islámico como el nacionalismo panarabista que podría utilizar al Islam como medio de expansión.

Sabemos que si algo no puede ni debe ser relativo, como su propio nombre lo indica, es precisamente la Declaración Universal de los Derechos del Hombre:

http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm

Pues bien, para que fuera aceptada, ha sido necesario crear una versión a medida para los países islámicos más reticentes:

http://www.gees.org/articulo/952

Hay una tendencia a mirar hacia el otro lado cuando se toca este tema. Esta tendencia llega desde relativizar posiciones que, en lo tocante a derechos humanos, deberían ser absolutas hasta hablar de alianzas de civilizaciones donde se dan paradojas como que uno de los componentes de la supuesta alianza pueda defender el matrimonio de homosexuales mientras el otro los ahorque en la plaza pública por el simple hecho de ser homosexuales.

¿Cabe algún tipo de alianza entre tales extremos? ¿Puede llegar a tanto el relativismo defendiendo un derecho aquí y justificando su atropello allá? ¿Se puede ser feminista aquí y contemplar como una peculiaridad cultural la ablación del clítoris allá…o incluso aquí si es realizada por los de allá?

La frase de Savater No se puede ser tolerante con la intolerancia sólo puede ser superada en su terreno por un oficial del imperio británico en la India que, al observar que pretendían quemar a una viuda al morir su marido, se interpuso. Uno de los que iban a participar en el hecho adujo que se trataba de una tradición india y el oficial no tenía por qué interponerse. A esto, el oficial británico repuso: En mi país también hay una tradición que consiste en ahorcar al que mata a alguien. Actuemos cada uno de acuerdo con las tradiciones de nuestros países respectivos. Ni que decir tiene que, ante tan enorme falta de respeto a la tradición, decidieron no quemar a la viuda.

Es cierto que las citas, sean del Corán o de la Biblia, no tienen mayor trascendencia mientras no haya alguien aquí y ahora que pretenda aplicar literalmente algo escrito hace más de mil o dos mil años. Sin embargo, ese tipo de personajes existe y, por tanto, no se puede mirar hacia otro lado en nombre de un relativismo que todo lo autoriza bajo el rótulo de peculiaridades culturales.

Al mismo tiempo que esto ocurre, uno de los mayores monumentos literarios contra la intolerancia religiosa ha salido de la pluma de Amin Maaluf con el título Los jardines de luz, pequeña obra devastadora contra los fanatismos religiosos y en favor de posiciones mucho más abiertas. Tal vez tenga algo que ver que Maaluf es libanés con raíces cristianas y ello puede haberle llevado a relativizar los credos.

El mismo autor tiene otra obra sobre las Cruzadas vistas por los árabes donde se encuentran divertidas afirmaciones como que los franceses (término genérico utilizado por los árabes para designar a los cruzados) de origen alemán tenían determinadas características que no compartían con los franceses de otros sitios (no necesariamente Francia).

Pensar que el Islam o el cristianismo son monolíticos es absurdo, dada la diversidad y cantidad de creyentes en ambas religiones. Bienvenida sea la denuncia de excesos cometidos en nombre de la religión así como la denuncia de la hipocresía de aquéllos que justifican para otros lo que nunca quisieran para ellos.

No debemos cerrar los ojos a la existencia de personas también dentro del Islam que, como el personaje de Los jardines de luz, son capaces de huir de todo tipo de fanatismo religioso.

El pequeño resumen del libro que puede leerse pinchando el vínculo ciertamente da una idea del Islam en su versión más extrema, es decir, aquélla que acepta la literalidad del Corán. Esa idea forma parte de una realidad y esa parte de la realidad es rechazable pero no única.

Son muchos los musulmanes que podrían manifestar el mismo nivel de rechazo a esa realidad que el mostrado por los no musulmanes y, sin falsos relativismos, es necesario diferenciar qué es admisible y qué no lo es.

Vargas Llosa definía las religiones como «verdades privadas» que afectan al comportamiento del creyente y a nadie más. No se puede utilizar «verdades privadas» para atacar «absolutos» como son los derechos individuales.

Al día de hoy, no podemos escandalizarnos por las barbaridades que puedan decir libros escritos hace más de un milenio. Sí debemos hacerlo, y no consentirlo, cuando alguien pretende hacer de esas barbaridades el código por el que rige su vida y pretende regir la de los demás. En ese punto, ya no valen el relativismo ni la hipocresía al uso.

Educación para la ciudadanía

El ruido que se está organizando con la, para algunos, nueva «Formación del Espíritu Nacional» no parece que se vaya a desvanecer en los próximos tiempos. Muy al contrario, la aparición de la primera objetora de conciencia a tal asignatura, con dieciséis años y procedente de un centro laico, y la respuesta de José Antonio Marina sobre la falta de criterio de la alumna para objetar han abierto la caja de los truenos.

Argumentos como los que escuchaba hoy mismo sobre el hecho de que la alumna tenga madurez para ser madre pero no para esto o que pueda ser manipulada pero no tener criterio para dejar de serlo no son de recibo. Pequeños detalles como la norma de que a los dieciséis años no se tenga derecho al voto podrían ser rechazados con idéntico argumentario.

Es curioso que la «educación para la ciudadanía» pueda ser rechazada por muchos de los que defienden que la religión tenga que estar en el sistema educativo cuando los argumentos que se utilizan en contra podrían, sin quitarles una coma, trasladarse al otro lado.

José Antonio Marina es un escritor muy prolífico y ha tratado temas como el desarrollo de la inteligencia o la voluntad mejor que otros autores internacionalmente conocidos. Su comentario respecto de la capacidad de la alumna para objetar en tal asignatura es difícilmente cuestionable salvo que cuestionemos también asuntos como el derecho al voto. Sin embargo, José Antonio Marina es también parte interesada al ser, al parecer, el autor de uno de los libros de texto a ser utilizados en la nueva materia.

Por cierto, si alguien, más allá del momento actual, tiene interés en saber por dónde va Marina en este tema puede verlo en su propio blog:

http://www.movilizacioneducativa.net/debates.asp?idDebate=116

Quien escribe esto afirmaba en otro post que, si el libro de texto a utilizar era La sociedad abierta y sus enemigos de Karl Popper, estaría dispuesto a firmar por la conveniencia de la nueva materia. Marina, en contra de lo que dicen sus ahora críticos, es un autor de más que reconocida solvencia en estos temas al igual que podría serlo, por ejemplo, un Fernando Savater.

¿Representa esto una garantía de que la nueva materia no va a ser un simple proceso de adoctrinamiento en el pensamiento políticamente correcto si tal concepto tan contradictorio puede existir? Lamentablemente, no. La tendencia a los gestos siempre en esa misma dirección que pretende llevarse al lenguaje común con los ciudadanos y ciudadanas y otros múltiples ejemplos, incluso retando al criterio del uso del lenguaje de la Real Academia Española, es bastante significativa.

¿Puede un autor de prestigio resistirse a ser el autor de un manual donde alguien le pida que incluya algunos elementos inspirados desde el poder de turno? Puede que sí pero no es algo que esté en absoluto garantizado.

José Antonio Marina tiene formalmente razón en su comentario pero hay un sesgo de origen y es el hecho de que él no está cualificado como juez desde el momento en que es un abogado de parte. Personalmente, no me atrevo a dar una opinión mientras no vea el libro ni sepa con qué criterios se selecciona a los profesores que deban impartir la materia.

Posiblemente mi hijo de dieciséis años sea más manipulable que yo -se supone que por eso no le dejan votar- pero, si una vez vistos los elementos -programa, libro y profesorado- encuentro que la materia es una mezcla de adoctrinamiento y de inmersión en lo políticamente correcto, la objeción de Marina valdrá poco porque no será él quien objete sino que lo haré yo en su nombre.

Si, por el contrario, se trata de establecer un conjunto de valores coherentes y ajenos al todo vale del estilo de los que pueden encontrarse en La sociedad abierta seguiré diciendo lo mismo: ¿Dónde hay que firmar?

No puedo eludir un hecho: Las tendencias mostradas en la política en los últimos tiempos me llevan a sospechar que la primera opción puede ser la que los promotores de la materia tengan en mente. No obstante, no voy a prejuzgar en un asunto como éste sino que prefiero analizar previamente qué hay debajo (Qué, quiénes, cómo y qué puede concluirse acerca del «para qué»).

José Antonio Marina es un autor al que admiro desde hace mucho y parece que se aproxima un momento de la verdad de ésos que obligan a alguien a retratarse: O confirmación o gran decepción para muchos de los que le hemos leído con placer y admiración.

Balance económico de tres años de mandato socialista en España

http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=printArticle&ID=1356

Dentro de la profusión de Newsletter que actualmente pueblan Internet, Wharton Universia es probablemente de las mejores que pueden encontrarse en español.

El artículo cuyo vínculo se acompaña, que tiene el título del post hace un excelente análisis del momento económico español.

Además de poder leerlo, en el mismo vínculo se puede encontrar el apartado para suscribirse a la newsletter, cosa que desde aquí se recomienda.