Categoría: Temas sociales y políticos
«Identidades asesinas» de Amin Maaluf
Amin Maaluf es de los escritores que dejan huella. Lo descubrí con «Lor jardines de luz» y, desde entonces, no ha habido obra suya que haya caído en mis manos que haya dejado de leer.
En «Identidades asesinas», Maaluf empieza por describir su propia situación como persona nacida en Líbano, residente de muchos años en Francia y que no se considera libanés ni francés ni medio de lo uno y de lo otro. Maaluf reivindica la identidad como algo totalmente personal y como un producto acabado que no se puede subdividir en sus componentes.
A partir de aquí, trata de las distintas identidades -religiosa, nacionalista y otras- y cuál es la génesis y las consecuencias de ese tipo de identidades. El título del libro dice bastante sobre su opinión al respecto.
Maaluf hace un análisis espléndido del desarrollo de las grandes religiones y cómo los momentos de mayor o menor tolerancia han venido acompañados de situaciones de predominio o, por el contrario, de sentirse amenazados.
Lo mismo hace en lo relativo al movimiento de globalización; de dónde viene y hacia dónde puede llegar a ir en función de que se maneje mejor o peor.
En suma, un libro que no puede dejar de ser leído. Como en otras ocasiones, a continuación recojo algunos extractos del libro que me han parecido especialmente relevantes:
La gente suele tender a reconocerse en la pertenencia que es más atacada; a veces, cuando no se sienten con fuerzas para defenderla, la disimulan y entonces se queda en el fondo de la persona, agazapada en la sombra, esperando el momento de la revancha.
La cordura es una estrecha senda que discurre por la cresta de una montaña, entre dos precipicios, entre dos concepciones extremas. En el caso de la inmigración, la primera de esas dos concepciones extremas es la que ve el país de acogida como una página en blanco en la que cada cual puede escribir lo que quiera o, peor aún, como un solar desocupado en el que cada cual puede instalarse con armas y bagajes sin cambiar lo más mínimo sus gestos ni sus costumbres. En la otra concepción extrema, el país de acogida es una página ya escrita e impresa, una tierra cuyas leyes, valores, creencias y características culturales y humanas se habrías fijado para siempre de manera que los inmigrantes no tienen más remedio que ajustarse a ellas.
La tiranía de la mayoría no es mejor, desde el punto de vista moral, que la de la minoría.
El Dios del «¿cómo?» se esfumará un día pero el Dios del «¿por qué?» no morirá jamás.
Ningún gobierno occidental contempla la situación de los derechos humanos en África y en el mundo árabe con tanta exigencia como la que demuestra con Polonia o con Cuba. Es una actitud presuntamente respetuosa pero que, a mi juicio, entraña un profundo desprecio.
Las tradiciones sólo merecen ser respetadas en la medida en que son respetables, es decir, en la medida exacta en que respetan los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres. Respetar «tradiciones» o leyes discriminatorias es despreciar a sus víctimas.
Se piensa a veces que con tantos periódicos, radios y televisiones se tienen que escuchar infinidad de opiniones diferentes. Después se descubre que es al contrario: la fuerza de esos altavoces no hace sino amplificar la opinión dominante del momento, hasta el punto de hacer inaudible cualquier otro parecer.
Una lengua que ha estado mucho tiempo oprimida o, al menos, desatendida ¿puede legítimamente reafirmar su presencia a costa de las otras y con el riesgo de instaurar otro tipo de discriminación? Evidentemente, no se trata aquí de examinar los diferentes casos particulares, que se cuentan por centenares, de Pakistán a Quebec, de Nigeria a Cataluña; se trata de entrar con sentido común en una época de libertad y de serena diversidad, dejando atrás las injusticias que se han cometido sin sustituirlas por otras, por otras exclusiones, por otras intolerancias y reconociendo a todos el derecho de hacer coexistir en su identidad la pertenencia a varias lenguas.
Las dictaduras supuestamente laicas se muestran como viveros del fanatismo religioso. Un laicismo sin democracia es un desastre tanto para la democracia como para el laicismo.
Toda práctica discriminatoria es peligrosa, incluso cuando con ella se pretenda favorecer a una comunidad que ha sufrido. No sólo porque así se sustituye una injusticia por otra y se refuerza el odio y la sospecha, sino también por una razón de principio: mientras el sitio de una persona en una sociedad continúe dependiendo de su pertenencia a esta o aquella comunidad, se seguirá perpetuando un sistema perverso que inevitablemente hará más profundas las divisiones.
En la democracia, lo que es sagrado son los valores, no los mecanismos.
Las elecciones no hacen sino reflejar la visión que una sociedad tiene de sí misma y de sus diversos componentes. Pueden ayudar a establecer el diagnóstico pero nunca son, por sí solas, el remedio.
Se debería animar a todo ser humano a que asumiera su propia diversidad, a que entendiera su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola, erigida en pertenencia suprema y en instrumento de exclusión, a veces en instrumento de guerra.
Un libro y un año: «Una breve historia de casi todo» de Bryson y «1789».
Hace unos días se me ha dado una feliz coincidencia: A la vez que estaba leyendo el libro de Bryson, me encontraba en Washington D.C. y tuve ocasión de combinar elementos de ambas cosas.
En primer lugar, el libro vale la pena de ser leído. Es un alarde de erudición científica que no resulta pesado ni pedante y que toca temas desde el Universo a la formación de la Tierra pasando por la aparición de la vida y la aparición de distintas teorías con algunos rasgos curiosos de sus artífices, desde la timidez patológica de Cavendish al hecho de que Fitzroy y Darwin tuvieran respectivamente 22 y 20 años al emprender su viaje en el Beagle o que muchos grandes descubridores no tuvieran una formación acorde con su descubrimiento, desde un comerciante en telas que desarrolla el primer microscopio capaz de 300 aumentos a un bedel de una universidad o el propio Einstein que desarrolla una teoría sin referencias anteriores, es decir, que parte casi de la nada.
Intentar resumirlo es casi imposible porque es en sí mismo un resumen muy bien escrito y muy ameno y, además, sería casi como contar el final del último libro de Harry Potter así que no lo voy a intentar.
Sin embargo, entre los muchos elementos casi de anecdotario hay una coincidencia que me ha llamado mucho la atención: Uno de los científicos más notables de su época -Lavoisier- fue ejecutado en la Revolución Francesa de 1789 con el poderoso argumento de que «la República no necesita sabios». Ese mismo año, al otro lado del Atlántico, George Washington era elegido como el primer presidente de Estados Unidos.
Washington, aparte de su mayor o menor competencia militar, tuvo dos rasgos muy poco comunes y especialmente notables en esa época: No quiso ser rey en Estados Unidos porque entendió que la monarquía no era la forma de Estado que debía haber en el futuro y no quiso aprovechar la recién ganada independencia para quedarse en el poder que en ese momento tenía. Al contrario, lo que hizo fue dimitir y retirarse discretamente dejando que el poder lo ejercieran otros. Dos años más tarde sería elegido presidente.
Muchos historiadores consideran que la Revolución Francesa es el auténtico inicio de la Europa moderna; espero que no. La modernidad traída de la mano de la guillotina de Robespierre y de repúblicas que no necesitan sabios no es modernidad sino elogio de la mediocridad y hasta del asesinato.
La modernidad no nació a este lado del Atlántico sino al otro. No vino con la guillotina de Robespierre sino con la renuncia al poder de Washington y más tarde con su elección. Europa se ha quedado recreándose en glorias pasadas y tal vez se le pueda aplicar la cruel estrofa que Machado aplicaba a Castilla: «Castilla miserable, ayer dominadora, desprecia cuanto ignora».
Espero y deseo que si en algún momento se vuelve a dar otro giro, éste venga de la mano de otro Washington con unos valores firmes y no de un loco mediocre tipo Robespierre al que algunos dirigentes actuales parecen querer emular.
Estado y Gobierno: Dos conceptos distintos que las propagandas gubernamentales usan como sinónimos
Galbraith decía que la mayor amenaza para la democracia es la ignorancia. Los integrismos y los caudillismos, tanto los ya existentes como los que aspiran a serlo, certifican que efectivamente es así.
Solo gracias a la ignorancia puede explicarse la permanencia en el puesto de algunos jefes de gobierno. Tal vez, precisamente por no ser ignorantes, los chilenos fueron capaces de recuperar la que era, antes de Pinochet, la democracia más antigua de Sudamérica.
Cuando Pinochet organizó un plebiscito para perpetuarse en el poder, los chilenos fueron capaces de sobreponerse a años de propaganda e impedir la maniobra. En su excelente libro sobre el poder -Power- que creo no se tradujo al español, Bertrand Russell señalaba como la propaganda y la repetición machacona de mensajes pueden superponerse a una realidad.
Hace falta mucha madurez para que una maniobra como ésa no funcione y esa madurez implica la existencia de una cultura política, no adoctrinamiento, presente en una sociedad crítica frente al Gobierno, a todos los Gobiernos de cualquier color.
Una manifestación propagandística que llevamos viendo, al menos en España, desde hace bastantes años es precisamente la confusión entre Estado y Gobierno. La confusión se lleva incluso a los asuntos más triviales como, por ejemplo, cuando se anuncia que el cambio de un vehículo de determinada antigüedad lleva una ayuda del Gobierno.
No, señores; salvo que el presidente, el ministro de turno o el Consejo de Ministros hagan una colecta y se saquen el dinero del bolsillo, las ayudas son aprobadas por el Gobierno pero no son del Gobierno sino del Estado.
En otros asuntos mucho menos triviales, persiste esa misma e interesada confusión. Por ejemplo ¿la política antiterrorista es de Gobierno o es de Estado? No se trata de discutir del sexo de los ángeles sino de algo mucho más pegado a tierra y es el de los papeles a asumir por Gobierno y oposición.
En las políticas de Gobierno, es esperable que la oposición plantee alternativas y críticas, no por sistema sino cuando entienda que así corresponde porque las medidas adoptadas se oponen a su propio ideario.
En las políticas de Estado, es deseable que Gobierno y oposición vayan juntos pero…cuando no es así, ningún Gobierno puede exigir un cheque en blanco a la oposición ni ninguna oposición va a aceptar una posición subordinada respecto del Gobierno.
Una vez hecha esa aclaracion, volvamos a la pregunta inicial: ¿La política antiterrorista es de Gobierno o de Estado? Podríamos añadir alguna más como, por ejemplo, la relativa a la política territorial.
Es frecuente que, desde los Gobiernos, se utilice la propaganda y, en la mejor tradición orwelliana, se produzca el fenómeno de doblepensar:
El fenómeno se manifestaría de la forma siguiente: Como las políticas señaladas son de Estado, se puede acusar a la oposición de deslealtad por actuar como si fueran políticas de Gobierno y practicar una oposición sistemática. Al mismo tiempo, al confundir interesadamente Gobierno y Estado, un Gobierno puede tratar políticas de Estado como si fueran de Gobierno asumiendo un protagonismo que no le corresponde. En otros términos, actuar en temas de Estado como si fueran de Gobierno pero responder a las críticas como si se estuviera criticando al Estado y exigiendo subordinación.
¿No recuerda esto a la vieja milonga de los nacionalistas que, cuando alguien les critica, rápidamente se envuelven en su bandera y cuentan que atacan a…catalanes, vascos, gallegos…? ¿qué más da? La confusión de vasco con nacionalista vasco, catalán con nacionalista catalán, etc. es precisamente su provisión de oxígeno, oxígeno que se les cortaría en el momento en que la ignorancia estuviera un poco menos extendida de lo que está.
La confusión de Gobierno y Estado, tanto si es por ignorancia como si es por afán propagandístico, tiene consecuencias negativas y debe ser evitada siempre. Galbraith tenía razón y ése es uno de los múltiples ámbitos por donde se nos puede colar la propaganda.
En las políticas de Gobierno, es admisible y esperable la crítica; en las de Estado, es esperable el acuerdo y, cuando éste no se produce, no se puede asumir de oficio que la deslealtad o la irresponsabilidad están del lado de la oposición porque no es así.
En políticas de Estado no valen ni los rodillos parlamentarios ni los caudillismos, diga lo que diga la propaganda. Peces Barba, en la época en que se estaba redactando la Constitución Española, decía que en materia constitucional, las victorias pírricas no son buenas. Tal vez, como hace mucho tiempo, se le haya olvidado que decía esto para finales de los setenta pero no sólo es cierto sino extensible a toda política de Estado en general.
Ahora que hay tanta preocupación por la educación en valores, etc. ¿qué tal si se incluyese este tema en el programa para inmunizar frente a propagandas gubernamentales o aspirantes a caudillos?
Insisto, por evitar que este comentario se atribuya a una persona en exclusiva, en que me da igual el color; todavía estoy esperando a ver si Sarkozy lleva algo debajo o es otro aspirante a caudillo igual pero de signo contrario.
Ex-agente del CNI acusado de traición
La definición de Traición es: Delito que se comete quebrantando la fidelidad o la lealtad que se debe tener y guardar. Delito contra la seguridad del Estado. Inducción a la fuerza. Favorecimiento del enemigo, espionaje, ultrajes a España a su unidad, al Estado a los símbolos y a los emblemas…
Con esta definición en la mano, se me ocurren muchos personajes que podrían ser también acusados…y no lo digo en absoluto en sentido figurado.
Dos grandes falacias: Principio de Peter y principio de Dilbert
El principio de Peter establece que todo el mundo asciende hasta llegar a su nivel de incompetencia. A partir de ahí no ascendería sino que permanecería. Corolario: Todos estamos un nivel por encima del que deberíamos estar.
Falso. Aunque no es el único caso, si echamos un vistazo a la política, encontraremos que hay presidentes de gobierno y ministros -y en más de un país- a los que habrían echado a patadas como jefes del negociado de fotocopias. ¿Por qué, entonces, están donde están? A veces, la respuesta es que están ahí precisamente por inútiles.
Hace unos cuantos años, cuando comenzaba la moda de la calidad, trabajaba en una empresa multinacional y la matriz impuso a la filial española la figura de una dirección de calidad, cosa que al presidente de dicha filial no apetecía ni mucho ni poco. Como no podía oponerse abiertamente, su actuación fue muy sencilla: Buscó a la persona más inútil que encontró en el mercado, vistió su curriculum y la contrató por un sueldo y en una posición que excedían sus sueños más delirantes.
Peter era, pues, un optimista. No todos estamos justo en el nivel donde hemos alcanzado la incompetencia; algunos están muy por encima de ese nivel. Es más, hay casos donde puede existir una duda razonable acerca de si existe un nivel en que sean competentes y, sin embargo, están encumbrados en posiciones que todos, salvo ellos, ven que les quedan demasiado grandes.
El error de cálculo que estas actuaciones introducen con frecuencia se refiere a un simple hecho: Raramente el inútil se considera a sí mismo un inútil y sus reacciones pueden ser imprevisibles.
Cuando alguien critica la escasa capacidad de George W. Bush, siempre he respondido que no debe ser tan escasa cuando tiene a la señora Rice, lo que implica ser consciente de sus carencias y colocar cerca a alguien que las cubra.
Otro menos capaz buscaría para el mismo papel a alguien que, por difícil que sea, no le haga sombra y no parece necesario dar ejemplos.
El inútil -el que es muy inútil, no el que es consciente de sus limitaciones- cuando es colocado en una posición para la que nadie, salvo él mismo, le ve capaz, considera ese hecho como la prueba de que existe la justicia en el mundo y una oportunidad para que todos vean su auténtica valía. En esto último no se equivoca. Todos acabamos comprobando, como se ha dicho, que Peter era un optimista.
El principio de Dilbert es la otra gran falacia y, además, lo es por el mismo motivo, es decir, porque peca de optimismo. Según el personaje de Scott Adams, todo trabajador inútil es desplazado al lugar en que menos daño puede hacer, es decir, hacia la dirección.
Lamentablemente, no es cierto. En uno de sus tratados sobre la inteligencia, José Antonio Marina decía que un mal gobierno puede llevar a un país a despeñarse por un abismo de imbecilidad. Ése es el daño real. Una organización grande, no digamos un país, tiene una inercia que hace muy difícil acabar con ella pero la única forma segura de hacerlo, para bien y para mal, es desde la cabeza.
¿No se acabó con el imperio soviético desde el Kremlin? ¿No se acabó con el franquismo desde sus Cortes? ¿No le costó a España décadas de retraso con respecto a Europa tener un rey como Fernando VII? ¿No se podría haber evitado una guerra civil si el penúltimo Borbón no hubiera huido? ¿La Revolución Francesa se hubiera convertido en una orgía de sangre sin un loco iluminado como Robespierre?
Son muchos más los ejemplos, pasados y actuales, que podrían ponerse y todos ellos nos dicen que Dilbert se equivoca: La cúpula de cualquier organización es el sitio más peligroso donde puede colocarse a un loco o a un imbécil.
El ciudadano Kane español
El pasado sábado falleció Jesús de Polanco y, aunque no les gusta la comparación con William Randolph Hearst, más conocido como «Ciudadano Kane» gracias a Orson Welles, la comparación es inevitable.
Jesús de Polanco, partiendo de unos orígenes humildes, llegó entre otras cosas a controlar el periódico que, durante el postfranquismo inmediato y hasta bien entrada la transición, tuvo mayor prestigio en España, incluso muy por encima de otros diarios con una historia mucho más larga como el ABC.
Lamentablemente, ese prestigio se acabaría dilapidando al convertir el periódico en el órgano de un partido político concreto y perder esa vitola de «diario independiente de la mañana» que sigue luciendo aunque pocos se la crean.
Jesús de Polanco creó un imperio mediático-político donde, como mínimo, importan tanto las personas como las estructuras. Ya tuvimos en España una experiencia de alguien -Franco- que dijo que a su muerte quedaba todo «atado y bien atado» y parece que no fue así. ¿La designación de un sucesor en el imperio Prisa puede ser algo parecido?
Jesús de Polanco mantuvo hasta poco antes de su muerte una presencia discreta dejando que fueran otros los que aparecieran en el escaparate pero manteniendo el poder. Un ejemplo paradigmático de esto es Juan Luis Cebrián.
En la época de mayor esplendor de El País, Cebrián fue su director y tal vez llegó a considerar que, como con los Reyes Católicos, podía decirse aquello de «Tanto monta, monta tanto Cebrián como Polanco». Craso error. Cebrián fue desactivado lanzándolo a las alturas organizativas y alabando su ego con una entrada de difícil justificación en la Real Academia de la Lengua pero retirándole el poder real.
La sucesión de Polanco no es simplemente un problema de rellenar un «slot» y ningún protocolo familiar ni ninguna designación directa van a resolverla. ¿Van a conformarse Cebrián y algún otro con ese papel del que «reina pero no gobierna»? ¿Da Ignacio Polanco el perfil para sustituir a su padre? Para bien y para mal, es muy posible que no aunque también es posible que no existieran muchas opciones.
Hearst ha habido muchos pero «ciudadanos Kane» sólo uno. Los próximos meses nos dirán si Polancos puede haber también muchos pero «Jesús del gran poder», como a menudo fue llamado, solo uno.
Censura de prensa en España y monarquía
Hacía mucho tiempo que no se secuestraba una revista en España. Hacerlo por mostrar una caricatura de los príncipes en plena actividad sexual y donde el príncipe contaba que, dado que ahora podían conseguir 2.500 euros por el eventual nacimiento, eso era lo más parecido que había hecho en su vida a trabajar…¿tiene sentido? Juzgue cada uno por sí mismo:
http://bp3.blogger.com/_RbsCFAVVimw/RqITLnWVlSI/AAAAAAAAAJo/YYQetW7tDpQ/s1600-h/1573.png
Puede ser discutible si el texto de la caricatura corresponde o no a la realidad pero, sea así o no, volver a la censura no parece que sea la mejor forma de granjearse simpatías por parte de una monarquía que las pierde cada día que pasa.
Cuando el papel moderador de la Corona ha quedado reducido a la nada incluso en asuntos de Estado que precisarían urgentemente de ese papel, la familia real acaba siendo vista para muchos españoles como un gasto más que añadir al presupuesto sin que se vea muy claramente la contrapartida.
Si a eso ahora le añadimos una censura de prensa que a todos nos recuerda a épocas pasadas…
O quien ha ordenado el secuestro de la revista es muy torpe o es republicano.
Humor político: La cigarra y la hormiga
VERSIÓN CLÁSICA
La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo,bailando y jugando.
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.
La cigarra tiritando, sin comida y sin cobijo, muere de frio.
FIN DE LA VERSIÓN CLÁSICA….
VERSIÓN ESPAÑOLA La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo,bailando y jugando.
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.
La cigarra tiritando organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere,cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frio y hambre.
La televisión organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frio y calamidades y a la vez muestran extractos del video de la hormiga bien calentita en su casa y con la mesa llena de comida.
Los españoles se sorprenden de que en un pais tan moderno como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra mientras que hay otros viven en la abundancia.
Las asociaciones contra la pobreza se manifiestan delante de la casa de la hormiga.
Los periodistas organizan una serie de artículos en los que cuestionan como la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra e instan al gobierno a que aumente los impuestos de la hormiga de forma que estas puedan vivir mejor.
Respondiendo a las encuestas de opinión, el gobierno elabora una ley sobre la igualdad económica y una ley con caracter retroactivo,antidiscriminación.
Los impuestos de la hormiga han aumentado y además le llega una multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano.
Las autoridades embargan la casa de la hormiga, ya que esta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.
La hormiga se va de España y se instala con éxito en Suiza.
La televisión hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso,ya que se ha comido casi todo lo que habia mucho antes de que llegue la primavera…
La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras y se deteriora al no hacer su inquilino nada para mantenerla en buen estado.
Al gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios. Una comisión de investigación que costará 10 millones de Euros se pone en marcha.
Entretanto la cigarra muere de una sobredosis.
La Ser y TVE comentan el fracaso del gobierno para intentar corregir el problema de las desigualdades sociales.
La casa es ocupada por una banda de arañas inmigrantes.
El gobierno se felicita por la diversidad cultural de España.
El oportunismo ecologista
Dejemos aparte los 200.000 dólares que cobra Al Gore, el nuevo apóstol del ecologismo, por una charla en la que cuenta cosas en las que no predica con el ejemplo. Dejemos aparte su actividad como empresario e incluso su vida privada rodeado de residencias de consumos energéticos disparatados y el más que probable uso de jets privados que, por serlo, también son un homenaje al consumo energético responsable.
El muro de silencio alrededor del reciente caso del vertido de Ibiza y su contraste con otros hace preguntarse si realmente hay algún interés en la naturaleza por algunos grupos autodenominados ecologistas o son simples plataformas políticas.
Sólo recurriendo a la memoria, puedo contar varios casos que parecen apuntar más en la dirección del ecologismo como movimiento político:
- Con ocasión de una campaña contra los envases utilizados por las cadenas de hamburguesas más conocidas, éstas sustituyeron los envases por un papel térmico que resultaba mucho menos biodegradable que los primeros.
- El silencio ante alternativas energéticas como la aerogeneración que sólo se sustentan en subvenciones y que crean tales picos de corriente que precisan una gran dotación electrónica y la necesidad de parar a menudo los generadores en los momentos en que supuestamente más efectivos podrían ser. No hablemos del efecto que tienen como «picadora de aves» además del impacto paisajístico y del ruido.
- La oposición a las centrales nucleares a pesar de que uno de los fundadores de Greenpeace cambiase de opinión. En países como España, la negativa a la construcción de nuevas centrales más avanzadas y presumiblemente más seguras está llevando a alargar al máximo la vida de las existentes y a una mayor dependencia tecnológica de Francia donde ¡oh, sorpresa! el 70% de su energía es de origen nuclear. ¿Tendrá algo que ver?
- Las liberaciones de visones por presuntos ecologistas de granjas propiedad de peleteros han causado un enorme daño a la fauna autóctona.
- El famoso calentamiento global está mucho más lejos de ser demostrado de lo que se pretende, en primer lugar, porque no hay series suficientemente largas de registros de temperaturas y, en segundo lugar, porque se conocen otros periodos donde han existido calentamientos o enfriamientos al margen de la actividad humana. Es algo similar a lo que ocurre cuando alguien proyecta las cifras de nacimientos actuales a 200 años y concluye o una despoblación total o que nos comeremos unos a otros.
- ¿Qué es más ecológico, un trasvase o la cantidad de desaladoras que lo sustituyen? En España no hay ninguna duda y eso hace pensar una vez más en los ecologistas como plataformas políticas.
- La oposición a los cultivos transgénicos a pesar de que éstos, por ser resistentes a plagas endémicas, podrían representar una pieza vital para abordar problemas como el hambre en determinadas zonas de África.
- La oposición a insectidas como el DDT que, años después, se ha acabado demostrando que no tenían los efectos que se le atribuían y contribuían a disminuir la incidencia de enfermedades como la malaria.
- La eliminación de prácticas ancestrales relativas al tratamiento de los animales muertos que, antes, representaban una pieza del ecosistema puesto que eran el alimento de algunas rapaces. Ahora, algunas especies como los buitres están en retroceso o volviéndose cazadores. Eso sí, cuando se han dado cuenta del problema, no se han deshecho de toda la costosa e inútil infraestructura de recogida de animales muertos. Han preferido soltar en el campo pequeños roedores que constituyen auténticas plagas en las zonas de producción de cereal además de ser transmisores de enfermedades.
Los ecologistas tienen, como cualquier otro, pleno derecho a ejercer la actividad política del signo que quieran pero mezclar ambas cosas acaba desacreditándolos en los dos ámbitos. Su defensa de cualquier causa bajo la bandera ecologista da que pensar si la causa es real o se trata de mero oportunismo político.
Por añadidura, son demasiados los ejemplos donde se han llegado a defender medidas completamente antiecológicas sea por interés político o por ignorancia. Ninguna de las dos alternativas dice mucho en favor del activismo ecologista y ambas dicen mucho en su descrédito. El respeto a la naturaleza y la promoción de ese respeto no tienen nada que ver con algo que, sin temor a exagerar, podríamos denominar industria del ecologismo.
Second Life y los mundos virtuales
Había oido hablar tanto de Second Life que decidí entrar y ver qué podía encontrar en esa supuesta recreación de Matrix para que estuviera armando tanto ruido.
La experiencia sólo puede ser calificada de decepcionante: Después de una descarga de un programa bastante pesado, hay que crearse un avatar, es decir, una figura humana con unas características a gusto del consumidor, elegir un nombre entre los disponibles y pasar a la isla de orientación.
En la tal isla hay que pasar por unas sesiones bastante aburridas de manejo de los distintos recursos que da el programa para moverse, para hablar con otros, etc. y que es una auténtica barrera de entrada para seguir adelante. No seguí pero sí me picó la curiosidad de saber por qué tantas empresas muy conocidas anuncian en prensa que están en Second Life, especialmente si se tiene en cuenta que en cualquier momento que uno se conecte no es mucha la gente que va a encontrar.
Hablar de cifras entre 30.000 y 40.000 personas conectadas a Second Life simultáneamente en todo el mundo no es, ciertamente, una cifra para tirar cohetes y eso es lo que suele encontrarse. Más tarde, tuve ocasión de hablar con un especialista publicitario…¡¡especializado en la publicidad en Second Life!! y la conversación me aclaró algunos elementos que no eran fáciles de entender a primera vista.
Lo primero que diría el publicitario es algo que cualquiera que haya hecho el intento puede ver: La aplicación no siempre funciona bien, los gráficos no son de buena calidad, no es un programa intuitivo sino que requiere invertir unas cuantas horas en su manejo y, desde el punto de vista publicitario, tampoco tiene demasiado interés porque, al margen de los costes de mantener una isla y la creación gráfica, el número de personas que visitan algunos de los sitios que han hecho más publicidad llega a la escalofriante cifra de…90 diarias.
Después de semejante entrada, parecería que lo mejor que se podía hacer era levantar la reunión y salir. Sin embargo, el publicitario llevaba un par de ases en la manga que eran los que justificaban la obvia contradicción que representaba pagar por estar en un sitio que no ofrecía el menor interés.
El primero de los ases lo soltó recurriendo a una imagen muy gráfica: Second Life en España tiene un eco comparable al del Diario de Sevilla con menos de 5.000 visitantes activos pero…si un diario de tirada nacional del estilo de Expansión saca un titular diciendo que la empresa X se anuncia en el Diario de Sevilla ¿qué es lo importante? ¿el anuncio en el Diario de Sevilla o el anuncio en Expansión? Obviamente el anuncio en Expansión pero éste requiere el otro y, además, aporta una imagen de modernidad y de estar a la última. Resulta, por tanto, que el mundo virtual no es precisamente el de Second Life sino las maniobras de imagen pública relacionadas con Second Life que, dada su audiencia, no pasaría de ser un actor de tercera categoría pero que es utilizado para generar eco en medios mucho más relevantes.
El otro as en la manga no tenía menor importancia que el primero: Es cierto que los gráficos son malos, que el programa no es intuitivo y que hay poca gente pero ¿no es comparable esa situación con la que tenía Internet en 1996?
A medida que los anchos de banda crezcan hasta alcanzar factores de 20 sobre las velocidades más usuales ahora mismo en banda ancha, podremos encontrar que esos mundos virtuales acaben teniendo sentido y la realización de videoconferencias o incluso sesiones de clase en Second Life o el mundo virtual que mejor funcione en ese momento (al parecer, hay un mundo virtual coreano en el que está más de la mitad de la población del país) puede pasar a formar parte de nuestra actividad normal.
En suma, hoy mundos virtuales como Second Life no van mucho más allá de maniobras en el terreno de la imagen pero hay que estar atentos a su desarrollo. Las archiconocidas películas de Matrix o alguna aventura literaria de Tom Clancy en los mundos virtuales pueden quedar dentro de un tiempo expulsadas de la categoría de ciencia-ficción por una realidad que, al igual que ocurrió con las historias de Julio Verne, adelantó a la entonces considerada ciencia-ficción.
Con estos elementos ¿merece la pena estar hoy en Second Life u otro mundo virtual? Depende; si se quiere conseguir algún objetivo práctico, probablemente no. Si se quiere conseguir un objetivo de imagen EN el mundo virtual, probablemente tampoco. Si se quiere conseguir un objetivo de imagen EN EL MUNDO REAL HACIENDO REFERENCIA AL MUNDO VIRTUAL probablemente sí.
La audiencia del mundo virtual puede ser insignificante pero quien lo anuncia no lo va a contar, nosotros tampoco y siempre nos podremos colgar la medalla de innovadores.

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