«El cisne negro» de Nassim Nicholas Taleb: El impacto de lo altamente improbable

Empecé a leer este libro por recomendación de un amigo experto en análisis bursátil. Después de explicarme en detalle un sistema para anticipar los movimientos en algunos mercados de futuros sólo pude llegar a una conclusión: Se trata de una estupidez que funciona o, en los términos de Soros, de una falacia fértil por la cual se pueden obtener resultados de modelos carentes de racionalidad. Taleb va un paso más allá: Hay entornos donde la anticipación basada en criterios racionales es simplemente imposible.

El título El cisne negro obedece a lo que otros podrían llamar el criterio de falsación de Popper o la parábola del pavo analítico-inductivo de Bertrand Russell: Hasta que se vio un cisne negro, se consideró que el color blanco era un atributo natural del cisne. Los millones de cisnes blancos observados hasta ese momento no servían; una simple ocurrencia bastaba para demostrar que los cisnes no tenían que ser necesariamente blancos. El criterio de falsación de Popper se mueve en la misma línea: No tratar de extraer conclusiones favorables a una hipótesis sino demostrar que la contraria no es posible. Por último, la broma del pavo analítico-inductivo cuenta cómo un pavo razonable, después de ser amistosamente alimentado por un ser humano cada día no encontrará ninguna razón válida para que el miércoles anterior a Thanksgiving vaya a ser un día distinto de cualquier otro.

Taleb es un crítico feroz de la campana de Gauss y muestra cómo, guiados por ella, hemos llegado a considerar el mundo mucho más previsible de lo que realmente es y cómo el énfasis en la tendencia central conduce a ese efecto. Para ello, habla de dos entornos, Mediocristán y Extremistán, que ilustrarían situaciones donde la campana de Gauss y su énfasis en la tendencia central es una alternativa válida o, por el contrario, un caso único puede alterar toda la dinámica y dar al traste con cualquier previsión.

Un ejemplo divertido para mostrar cómo funcionarían ambos entornos es el siguiente: Imaginemos un estadio lleno de gente al que llega la persona más pesada que quepa imaginar…¿300 Kgs.? ¿400? ¡¿1.000?! Encontraríamos que el peso de esta persona apenas tendría incidencia alguna al calcular el peso medio de las personas del estadio y, por tanto, tampoco la tendría al hacer una estimación del peso total. Estaríamos hablando de un caso de Mediocristán donde el modelo de campana de Gauss funciona.

Imaginemos ahora ese mismo estadio al que, en lugar de llegar una persona con tan extraordinario sobrepeso llega…Bill Gates. El parámetro sobre el que se trata de hacer el cálculo ahora no es el peso medio sino el patrimonio medio de las personas que llenan el estadio. En lugar de ser una cifra estable y que puede aguantar el caso excepcional, en este caso encontraríamos que un caso único es capaz de desplazar totalmente la curva que, además, no sería estable ya que las inversiones de cierta volatilidad harían que la cifra se moviera. En suma, llegaríamos a la situación en que lo insignificante no sería el caso único sino todo lo contrario: Lo insignificante para las cifras resultantes sería la contribución de todos los demás ocupantes del estadio. Éste sería un caso definido como Extremistán.

A partir de unos principios tan simples como éstos, Taleb construye un libro en el que presenta una enmienda a la totalidad sobre prácticas que se apoyan en las supuestas bondades de la campana de Gauss para hacernos creer que vivimos en un mundo previsible. La distinción entre Mediocristán y Extremistán y cómo el olvido de ésta conduce a graves errores en la aceptación como válidos para hacer previsiones de parámetros de tendencia central es uno de sus temas principales.

Critica también el que, con mucha frecuencia, le pidan un sistema alternativo de previsión cuando, precisamente, lo que está diciendo es que no hay tal sistema válido y que se trata de distinguir entre tipos de situaciones y la respuesta muy común de que las técnicas al uso pueden ser malas pero no tenemos otra cosa. En este último punto, al que además dedica sus críticas más furibundas, Taleb podría equivocarse: Las falacias fértiles de Soros se apoyan sobre un concepto muy conocido en sociología: Las profecías autocumplidas.

A lo largo de los años hemos podido ver que determinados índices se han «cocinado» estadísticamente porque esos índices eran utilizados por terceros. Como ejemplo, un paso por la cocina del IPC puede servir para negociar a la baja Convenios y, en esa forma, contribuir a reducir la inflación. Cierto es también que esos mismos índices pueden estar detrás del estallido de la burbuja financiera, es decir, inversores comprando porquería basándose en unos indicadores que les habían contado que era una gran inversión, hecho explicado maravillosamente en un video humorístico de la BBC.

En suma, es una lectura que vale la pena. Quizás acabemos con la sensación de que el mundo era menos previsible de lo que creíamos pero siempre será mejor eso que la seguridad del pavo analítico-inductivo.

QF32: Mal título para un buen libro y contrapunto al AF447

Raramente se le ocurrirá a alguien comprar un libro llamado «QF32» si no sabe de antemano qué se va a encontrar dentro. QF32 es el nombre del vuelo de Qantas realizado por un Airbus 380 y que estuvo mucho más cerca de acabar en desastre de lo que sugieren las imágenes que se pueden encontrar por Internet. El autor del libro es el piloto al mando del vuelo, Richard de Crespigny, y da una serie de datos que pueden resultar de gran interés para los interesados tanto en la evolución tecnológica en general como en la seguridad aérea en particular.

Para entender por qué el avión estuvo tan cerca del desastre bastará con una idea sencilla: No se trata de un avión de cuatro motores al que le falla uno, eventualidad para la que cualquier avión de cuatro motores -incluso de dos- está preparado en cualquier fase del vuelo. Se trata de que uno de los cuatro motores -uno de los dos más cercanos al fuselaje del avión- decide comportarse como una bomba y explota repartiendo sus propias partes como metralla y provocando multitud de fugas de combustible, de fluido hidráulico y cortando cientos de cables que dejan a gran parte de los sistemas de información y de control del avión total o parcialmente inutilizados. La situación fue tan grave y las expectativas eran tan malas que, con el avión todavía en el aire, las acciones de Qantas estaban cayendo a plomo porque se daba por descontado el desastre.

El libro lleva una primera parte de apuntes biográficos de su autor y, entre éstos, hay dos elementos que resultan de interés para el caso: El primero es que no se trataba de un piloto formado en aviones de la última generación sino que había empezado su trayectoria en la aviación militar habiendo volado incluso helicópteros y el segundo es que se trataba de un personaje con gran curiosidad por la tecnología, curiosidad que le llevó desde aprender por sí mismo a desmontar una vieja moto hasta tratar de entrar en los entresijos de la tecnología de la información más allá del puro conocimiento operativo.

A partir del momento de la explosión del motor, el autor entra en una serie de detalles sobre qué estaba ocurriendo que pueden ser difíciles de entender si no se está mínimamente familiarizado con la aviación pero hay varios puntos que se pueden sintetizar:

  • Los pilotos empiezan a recibir un número interminable de listas de fallos y sus listas de comprobación asociadas. Viendo que esto no les lleva a ninguna parte, acaban concluyendo que es mejor tratar de determinar qué es lo que está funcionando correctamente y, con ello, ver sus posibilidades reales.
  • Hay un momento en que les aparecen datos que les invitan a desconfiar: El motor que explotó estaba pegado al fuselaje y no parecía tener mucho sentido que la explosión hubiera afectado al motor que estaba en la punta del ala contraria. En este momento comienzan a pensar que la información que están recibiendo podría no ser fiable.
  • Parte de los sistemas de control del avión no sólo había quedado inutilizada sino que había dejado parte de los alerones en una posición de deflexión que le robaba sustentación al avión. La única forma real de saber cuál era el margen de velocidad que tenían para la aproximación y el aterrizaje era comprobarlo físicamente porque la información sobre las velocidades adecuadas no era fiable.

El avión aterrizó felizmente aunque con una situación complicada al final de su carrera de aterrizaje: El motor contiguo al que explotó había quedado fuera de control y los pilotos no fueron capaces de apagarlo; las múltiples fugas de combustible habían creado un charco debajo del avión sin que los bomberos pudieran aproximarse debido al motor en funcionamiento y el frenado en condiciones limitadas había hecho que los dispositivos de freno estuvieran a una temperatura que llegó a rebasar los 1.000 grados centígrados…en presencia del enorme charco de combustible que no dejaba de crecer y con pasajeros y tripulación dentro del avión.

Posiblemente el comportamiento de la tripulación del vuelo QF32 pueda servir para dar dos pistas importantes sobre cómo volar los aviones tecnológicamente más avanzados:

  • Un avión no es un videojuego y los mejores sistemas de información no excusan de que los pilotos tengan claro cómo y por qué vuela un avión y de ser capaces de anticipar sus reacciones prescindiendo de la superestructura de sistemas de información.
  • Es necesario perder los complejos frente a la tecnología de la información y si, especialmente en una situación degradada, se sospecha que la información o el control de que se está disponiendo no son adecuados, se debe estar dispuesto a contrastar esa hipótesis.

Por último, el libro da suficiente información sobre el piloto al mando para concluir que se trataba de una feliz combinación entre experiencia en distintos tipos de aeronave y conocimiento tecnológico. Sin embargo, aunque se destaca la figura del segundo piloto y su elevado grado de conciencia situacional, no se dispone de más información sobre él que la publicada en el informe preliminar donde se muestra que su experiencia en el tipo de avión era de algo más del doble del número de horas que tenía el piloto al mando.  Puesto que también fue una figura central en el caso, habría sido interesante disponer de más información sobre su trayectoria profesional.

El caso QF32 se presenta casi como un «anti-AF447» en el sentido de que parece haber una clara insistencia en atribuir el accidente del segundo a la falta de formación de la tripulación mientras que el primero se muestra como un ejemplo de comportamiento adecuado. Habría dos puntos que añadir en este sentido:

  • Cualquier persona familiarizada con el trabajo de recursos humanos sabe que uno de los primeros pasos para determinar las competencias necesarias en un puesto de trabajo consiste en buscar modelos excelentes a imitar. Parecería lógico profundizar en las características de los tripulantes del vuelo QF32 con este objetivo; sin embargo, la información disponible sobre el piloto al mando nos muestra que es un tipo de formación y experiencia cara y escasa. En un momento en que se está optando por rebajar las características de la formación creando licencias como la MPL un caso como el QF32 debería representar una invitación a revisar las políticas de formación y licencias así como desarrollos tecnológicos con una complejidad y opacidad crecientes.
  • El caso AF447 puede ser atribuido a falta de formación de la tripulación pero, para hacerlo, es necesario dar un salto en el vacío difícilmente admisible: Todos los sensores imaginables pueden fallar. Si un sensor defectuoso tiene capacidad para generar una situación de confusión capaz de poner en evidencia la falta de formación de los tripulantes…algo mucho más grave que el propio sensor ha fallado en el camino. Se puede y se debe discutir si la formación de los pilotos era o no la adecuada -el caso QF32 puede ayudar en ese análisis- estableciendo las responsabilidades y realizando los cambios oportunos. Sin embargo, un sensor defectuoso NO puede provocar la situación de confusión por alarmas múltiples y contradictorias que se produjo en el AF447 y si lo hace -y lo hizo- necesariamente hay que revisar también el diseño capaz de conducir a ese efecto. Quedarse en un sensor defectuoso y en la falta de formación de la tripulación es sólo una mitad, o menos, de la verdad de lo ocurrido en el Atlántico en el vuelo AF447.

La historia -de España- se repite: «Entender la historia de España» de Joseph Pérez

El verano siempre es época más propicia para la lectura, más aún si coincide con vuelos largos y felizmente aburridos. Entre las cosas que han caído en mis manos este año está Entender la historia de España de Joseph Pérez, curioso nombre para un autor francés de nacimiento aunque con gran probabilidad no de origen.

La exposición de Pérez es didáctica, amena y de una calidad mucho mayor en el tratamiento de los siglos anteriores al XX que en el del siglo recientemente concluido. En este último, da la impresión de haber obtenido sus conclusiones de titulares de El País, de algún que otro best-seller y de historiadores con una visión muy definida.

De lo anterior, ciñéndonos exclusivamente al libro, podríamos sacar dos conclusiones:

  1. Es un libro que vale la pena leer.
  2. Se puede omitir la lectura de los dos últimos capítulos y, en su lugar, leer a otros autores como Stanley Payne, Hugh Thomas o García de Cortázar para hacerse una idea más ecuánime sobre ese periodo histórico.

Sin embargo, Pérez muestra una visión distinta a la más divulgada sobre la etapa del reinado de los Austrias, visión que tiene numerosos paralelismos con la España actual:

En primer lugar, España era un Estado mucho menos centralizado que otros europeos como Francia, lo que especialmente en términos comparativos dificultaba bastante la gobernabilidad. Por añadidura, los Austrias tenían una concepción patrimonial y, si se trataba de elegir entre sus propios intereses como casta reinante y los del Estado, optaban siempre por sus propios intereses. Por último, llega un momento en que la actividad económica se ve completamente asfixiada por los impuestos con que la Corona la sobrecarga.

Pérez se refiere a la etapa de los Austrias pero parece claro que en la España de hoy las autonomías, además de pozos sin fondo de dinero, dificultan la gobernabilidad del país; parece igualmente claro que los políticos -con o sin corona- ponen por delante sus intereses de casta sobre los intereses generales y también parece claro -dentro de tres días lo será aún más- que se está asfixiando la actividad económica con unos impuestos destinados a sostener un insostenible chiringuito del que se benefician los usuarios de coche oficial y asimilados.

Para hacer el paralelismo aún mayor, la dinastía de los Austrias desapareció con Carlos II «el hechizado» y tras él entraron los Borbones y se empezó una etapa de bastantes líos internos y externos. ¿Estaremos condenados a repetir siempre la misma historia?

El «dejá vu» de la intervención: El despotismo iletrado

Que la intervención en España va a ser inmediata es cosa cantada. Que muchos de los que se supone que deberían reconducir la situación lo están deseando no se entendería bien si no acudimos a un paralelismo reciente:

En España, todos los gobiernos han privatizado empresas y los sindicatos, fieles a su excelentemente pagada tarea de agitar la calle, han salido siempre a vociferar que «privatizaban las empresas rentables». Claro.

Cuando una empresa está en situación de monopolio o cuasi-monopolio es difícil dejar de ser rentable: Basta con sumar el dinero que se piensa gastar y, una vez que se sabe eso, poner el precio correspondiente. Habría que ser muy tonto para perder dinero así aunque, por otra parte, el dinero ganado de esta forma no deja de ser una vía de robar al consumidor que paga un precio mucho más caro del que correspondería y que se va en sueldos urdangarinescos y otras gabelas.

Cuando las relaciones entre el poder y la empresa, incluyendo los sindicatos, han llegado a un grado de complejidad e intereses cruzados tal que se hace imposible la ruptura, los distintos gobiernos han optado por dejar que venga alguien de fuera sin compromisos previos y arregle la situación: Ellos no se atrevían a hacerlo.

Llamemos a la empresa a privatizar «Estado» y veremos el paralelismo. Se supone que el Estado, sufragado por todos los ciudadanos, está para servir a éstos pero la realidad es muy distinta: El ciudadano, consumidor forzoso de los servicios del Estado, paga por éstos un precio disparatado pero, salvo que abandone su país, no tiene otra alternativa que hacerlo. El político, en un alarde de creatividad similar al de las empresas privatizadas, ha ido subiendo el precio de los servicios a la vez que retira éstos en calidad y cantidad; al igual que en las empresas antes públicas, se veía primero en qué se iba a gastar el dinero y después se fijaba la cifra de ingresos que, por supuesto, incluye todo tipo de privilegios, corruptelas, duplicidades e ineficiencias.

Cuando una mayoría de los ciudadanos proclaman su hartazgo de la situación y les dicen a los políticos que hagan las cuentas al revés, es decir, que establezcan la cifra de ingresos necesaria tras recortar todo lo que sobra -y es mucho- antes de subir precios y bajar calidades de los servicios, el político se ve pillado por los compromisos establecidos con propios y ajenos. Se prefiere la intervención para tener el recurso de echarle la culpa al de fuera.

La absurda estructura del Estado en España es sobradamente conocida fuera y tener menos conocimiento detallado significa también no verse enmarañado por el detalle e ir al tema central. La intervención está ahí y mucho me equivocaría si no está pactada incluyendo en el pacto la colaboración con quien va a manejar una tijera que no han tenido capacidad para manejar quienes deberían haberlo hecho.

Hace menos de un año, afirmaba que el principal problema de España era que sus dos principales políticos, excluyendo al que lo es por vía dinástica y al que también hay que echarle de comer aparte, tenían un problema: Uno no tenía nada por encima del cuello y otro no tenía nada por debajo de la cintura. Del primero la cosa ha quedado clara para propios y ajenos y respecto del segundo hubo quien, agarrándose a un clavo ardiendo, quiso albergar esperanzas y considerarle una especie de cruce entre el Cid e Isabel la Católica. Desengáñense. No es más que un burócrata indeciso y, eso sí, resentido y maniobrero con los propios.

Legalidad y legitimidad: Misma raíz pero significados muy distintos

Que me perdonen los mineros de la «marcha negra» pero no les tengo ninguna simpatía. No puedo tener simpatía por quien ha provocado ya heridos totalmente inocentes -y la cosa podía fácilmente haber ido a mayores- como forma de defender un número exiguo de puestos de trabajo cuyo mantenimiento nos cuesta a todos un riñón.

Sin embargo, algo tan simple como eso y que algunos podemos tenerlo muy claro en términos absolutos deja de estarlo cuando vamos al nivel comparativo. Por ejemplo, la corruptela más popular que existe en España, es decir el PER, se ha mantenido durante décadas y con gobiernos de color distinto siempre con la excusa de que, si no se hacía algo así, Andalucía quedaría despoblada…y ahí ya empezamos con las comparaciones: Si una sangría como el PER se mantiene so pretexto de despoblación ¿no habría motivos idénticos para mantener la minería? ¿O acaso es mentira y es una mera excusa? ¿No será más bien que Andalucía pesa mucho en el cómputo de votos y el PER compra muchos más votos que la ayuda a la minería?

Si los motivos alegados son ciertos, los tratamientos de PER y minería deberían ser muy similares, tanto si se decide mantener ayudas en ambos como si se decide que desaparezcan. Sin embargo, si el tratamiento del PER representa un agravio comparativo lo que es absolutamente sangrante es dónde NO se está dispuesto a recortar bajo ningún concepto, es decir, en los chiringuitos políticos y sindicales, valga la redundancia.

Cada partido que llega al poder, sea central, autonómico o municipal, trata al Boletín Oficial respectivo como su cortijo y lo utiliza para favorecerse a sí mismo y a sus allegados. Sólo en el capítulo de coches oficiales, hablamos de 22.500 que, a un coste promedio de 120.ooo euros/año por todos los conceptos representa «nada más» que 2.700 millones de euros cada año. Cubrir el agujero de Bankia -todavía nadie nos ha explicado por qué hay que cubrirlo con cargo a nuestros bolsillos- va a costar aproximadamente 20.000 millones de euros, cifra que se aproxima mucho a las ayudas a la minería y con la que se puede hacer otro paralelismo interesante: Como al manejar este volumen de cifras, se nos pueden ir los ceros y llega un momento en que los números exceden nuestra capacidad para valorar de qué estamos hablando, resulta que el dinero a meter a Bankia está por encima de  ¡¡¡el 100% del valor de El Corte Inglés!!!

¿Cuánto cuesta mantener mausoleos como la «embajada» de Cataluña en Nueva York o la de Valencia o tantas otras delegaciones, embajadas o embajaditas? ¿Cuánto cuesta mantener las diputaciones y qué sentido tienen si se mantienen las Comunidades Autónomas? ¿Cuántos políticos profesionales tenemos entre diputados nacionales, regionales, miembros de las diputaciones, alcaldes y concejales con sueldo más el ejército de asesores que llevan consigo todos éstos? ¿Cuántos organismos y empresas públicas absolutamente inútiles sin más función que colocar a los afines a costa de todos? La frase «el dinero público no es de nadie» la pronunció Carmen Calvo pero, a la vista de los hechos,  podría firmarla cualquier político profesional. ¿Cuándo llega ahí el recorte? Los que son tan generosos en meter la tijera en lo ajeno, lo que «no es de nadie», no lo son tanto cuando llega el momento de tocar lo suyo.

Cuando alguien tiene la posibilidad de escribir en un Boletín Oficial, la legalidad está de su parte pero la legitimidad hay que ganársela. Insisto en mi escasa a nula simpatía con la movilización minera y en que no hay ninguna razón válida para que tengan que ser tratados mejor que ningún otro y en que una ruina que hunde 24.000 millones de euros al año (casi 2 veces lo que vale El Corte Inglés) para mantener 5.000 puestos de trabajo -no me hablen de los indirectos porque por ahí se justifica cualquier cosa en uno u otro sentido-  no tiene razón de ser. La legalidad está de parte del Gobierno; la legitimidad estará también de su parte si elimina agravios comparativos y, sobre todo, sus propios insostenibles y sangrantes privilegios.

Quo vadis, China?

Hay países de los que es fácil hacerse una idea tras una visita breve mientras que otros tienen demasiados puntos oscuros y demasiadas cosas que no se entienden a primera vista. Más aún, no es fácil conseguir una muestra representativa. Ejemplo: Cualquiera que visite España, sólo con ir a Madrid y Barcelona habrá visitado los dos puntos en que se agrupa más del 20% de la población española; en el equivalente chino, una visita a dos de sus principales escaparates, Shanghai y Beijing, supondrá menos del 4% de la población total de China. Sólo eso hace que, en el supuesto de que alguien llegase a conocer a la perfección estas dos inmensas ciudades, seguiría teniendo una idea muy limitada sobre qué es China realmente.

Para el neófito, China es una caja de sorpresas. Después de unos trámites bastante engorrosos para los visados, puede esperarse una acogida como mínimo tan «amistosa» como la que se disfruta en algunos de los principales aeropuertos norteamericanos, con mención especial de Miami International donde todo el que llega es sospechoso mientras no demuestre lo contrario. Primer error: A la llegada a Shanghai, desde el momento de desembarcar del avión hasta el momento de estar listo para subirse al MAGLEV el tiempo transcurrido será excepcionalmente corto, haciendo gala de una eficiencia tranquila y con detalles como botones para reflejar la satisfacción del servicio de la persona que inspecciona los pasaportes. Difícil imaginar algo parecido en Europa y menos aún en Estados Unidos.

La zona del Pudong, con sus inmensos rascacielos utilizados como anuncios luminosos por la noche, es un espectáculo que deja a Nueva York con cierto aire pueblerino:

Ciertamente Shanghai no es Tokio con su maravillosa mezcla de tradición y modernidad.  Shanghai parece más un capricho de nuevo rico donde, en una misma acera, pueden encontrarse tiendas de Rolls Royce y de Lamborghini y unos metros más allá encontrar una zona de chabolas a derribar a corto plazo para hacer más sitio para los rascacielos. No es una mezcla de tradición y modernidad sino una mezcla de pobreza y ostentación:

En Shanghai, las motos pequeñas eléctricas -no he visto una sola superbike- cargando a toda una familia u objetos del tamaño más inverosímil comparten el espacio con los coches de lujo y, sin embargo, es una ciudad que respira cordialidad con el visitante y optimismo. Hay unas enormes diferencias pero la gente normal que se encuentra por las calles tiene la experiencia de que cada año ha ido viviendo un poco mejor y eso se nota en el ambiente. Los servicios son excelentes y puede encontrarse incluso una Apple Store en uno de los sitios más exclusivos de Shanghai con precios y servicios perfectamente equiparables a los que se pueden encontrar en Europa o Estados Unidos. Cosa distinta son las tiendas fake donde se pueden encontrar todo tipo de imitaciones, incluyendo las imitaciones de iPhone 4s o las tiendas en las que es posible hacerse un traje a medida en horas y con unos precios y unas calidades inalcanzables en otras latitudes.

En suma, Shanghai es un escaparate muy logrado y una ciudad que se hace agradable para el visitante. Eso sí, basta con alejarse 70 kms. y llegar a Suzhou, conocida como «la Venecia de Oriente» para ver algunos rincones que probablemente se encuentran aún a mucha distancia de la «China profunda» pero, aún así, empiezan a dar una idea distinta a la que representa el escaparate de Shanghai.

En contra de lo que nos habían recomendado, decidimos hacer el viaje Shanghai-Beijing en tren de alta velocidad. Acostumbrados a la red de alta velocidad española, siempre hemos apreciado como una de las ventajas el que el tren va de centro a centro de la ciudad. No en Shanghai. La estación de tren, de unas dimensiones inmensas se encuentra justo al lado del aeropuerto. Evidentemente, el MAGLEV nos puede acercar allí en 7 minutos pero no parece una opción especialmente cómoda cuando se va cargado de equipaje en comparación con la posibilidad de salir desde el centro de la ciudad. La inmensidad de la estación contrasta con la escasez de servicios que se puede encontrar allí en cuestiones tan comunes como restauración o lugares de compras. Estación inmensa y moderna pero es un mundo distinto al que se encuentra en el aeropuerto. No está hecha para visitantes.

El tren es otra cosa. Sus algo más de 300 kms./h. permiten la comparación en pie de igualdad con los trenes de alta velocidad europeos y japoneses, sus asientos son anchos y cómodos y el 100% de sus más de 1.300 kms. el tren no circula sobre tierra sino que las vías están construidas sobre columnas y el tren va elevado. Durante el recorrido, además de la habitual oferta de comida y bebida, el tren se limpia varias veces, no sólo recogiendo desperdicio sino, literalmente, fregando el tren mientras circula.

La llegada a Beijing muestra rápidamente que nos encontramos en un lugar distinto y con muchas más huellas del pasado reciente. La estación de tren es mucho más céntrica que en Shanghai pero conseguir un taxi es una aventura incierta. Por añadidura, al contrario que en Shanghai, donde los taxistas simplemente colocan el taxímetro y cobran el importe de la carrera, en Beijing es muy frecuente que el taxista quiera «negociar» el precio y pida 12 euros por recorridos que, con el taxímetro funcionando, pueden salir por debajo de dos euros. Demasiados estafadores en el gremio del taxi y sin esconderse de la policía que, a menudo, estaba a muy pocos metros mientras trataban de perpetrar la estafa.

Beijing, aparte de las grandes avenidas que se parecen al estilo imperial soviético como una gota de agua a otra, tiene su «milla de oro» con tiendas que recuerdan a las vistas en Shanghai pero aparece como una ciudad menos amable para el visitante. La inmensidad de la plaza de Tiananmen y las visitas a la Ciudad Prohibida, a la Gran Muralla, al Palacio de Verano, al Templo del Cielo, al estadio olímpico y otros lugares justifican más que sobradamente una visita a Beijing. Si, además, consiguen recuperar algunos de los hutong  la ciudad ganará un atractivo que, hoy por hoy, está muy por debajo del que tiene su gran competidora Shanghai.

La picaresca es frecuente y, a veces, tiene sus puntos divertidos: En la visita a la muralla, la guía muy solícitamente nos para en una fábrica de jarrones donde nos muestran todo el proceso de fabricación manual. Lo primero que llama la atención es que el número de personas -no más de 15- encaja poco con el tamaño de la tienda incluso aunque estuviesen trabajando 24 horas al día. La respuesta viene de la simple observación de una pieza de cerámica: La pieza tiene grabado un pájaro que, como buena figura hecha a mano, tiene una de las alas ligeramente más ancha que la otra. Sin embargo, en la otra cara de la pieza aparece el mismo pájaro…y exactamente con la misma diferencia lo que elimina la hipótesis de fabricación manual. En otras palabras, tenían allí a unas cuantas personas para hacer creer que era un proceso manual -y poner en la tienda unos precios correspondientes a tal proceso manual- cuando los productos vendidos procedían de un proceso industrial realizando Dios sabe dónde y donde el guía se llevaba su comisión sobre las ventas a los turistas. Escenas parecidas se repitieron varias veces en el viaje. Beijing también tiene sus tiendas fake donde el regateo es una práctica habitual y dar un consejo sobre hasta dónde bajar los precios es absurdo porque, en ese caso, cambiarán su primera oferta.

Lo más aconsejable es plantarse en una cantidad ligeramente inferior a la que se está dispuesto a pagar y, sólo al final, llegar a esa cantidad y no apearse de ahí bajo ninguna circunstancia. Mi récord particular está en haber pagado un 7% de la «oferta» inicial, lo cual tiene escaso mérito teniendo en cuenta que por una reproducción razonablemente buena de un reloj Omega me llegaron a pedir nada menos que 360 euros. Ofrecer 20 puede parecer casi ofensivo pero el vendedor irá reduciendo en un 50% cada vez y jurará y perjurará que ya pierde dinero. Sin embargo, bastará con hacerle ver lo absurdo del regate porque las posiciones están muy lejos para que el vendedor pida al comprador una oferta final. Cuando éste insiste en su oferta inicial, simulará desesperación y se acercará mucho más; ése es el momento de hacer la pequeña concesión sabiendo que, si perdieran dinero, no venderían el artículo. Se puede incluso comprar software con sus correspondientes números de serie que, por supuesto, están abrasados y lanzarán todas las alarmas si se permite que la aplicación se comunique con el fabricante. También tomarán como referencia el precio del producto legítimo y, por supuesto, también se debe rechazar de plano y no pasar nunca de los 5 euros por una versión actualizada y con números de serie en la carátula.

Difícil hacerse una idea de cómo es China realmente mediante la observación de 2 escaparates que no representan ni el 5% de la población pero sí que da algunos elementos de reflexión: Las desigualdades visibles son soportables mientras cada uno vaya viendo que cada año vive algo mejor que el anterior pero esto es posible que no ocurra en todas partes. Por otra parte, el ritmo de crecimiento chino está disminuyendo. Si esta tendencia se consolida, las desigualdades visibles pueden hacerse menos soportables y producirse estallidos sociales no sólo en el campo sino incluso en las ciudades-escaparate.

Hasta ahora, los sucesivos gobiernos chinos han demostrado ser unos consumados maestros en el arte del funambulismo. Hong-Kong fue un interesante laboratorio cuando quisieron mantener la situación económica de la ex-colonia británica manteniendo a la vez un sistema político comunista. Las enseñanzas de Hong-Kong les han sido muy útiles, especialmente en Shanghai, pero hay varias preguntas en el horizonte que no son fáciles de responder:

1- ¿Cómo funcionará el modelo chino si los niveles más bajos de crecimiento que ya se están observando se consolidan?

2- ¿Podrá sostenerse el modelo político y social chino en ausencia de crecimiento o con un crecimiento bajo?

3- ¿Estaremos en vísperas del estallido de una burbuja china que deje pequeñas a todas las que hemos vivido estos últimos años?

Sólo el tiempo nos dará las respuestas.

Los mercados, culpables ¿Y los políticos?

Cuando se habla de «ataque de los mercados» suele omitirse algo fundamental: «Los mercados» son personas u organizaciones que prestan dinero a alguien que se lo pide y cuanto menos se fía más caro lo vende. Lo mismo que haría cualquiera de nosotros: Nos metemos en un negocio de riesgo si, en caso de salir bien, vamos a ganar bastante dinero. Si no nos gusta el riesgo, optamos por alguien que nos pague menos pero de quien tenemos la seguridad que nos va a pagar.

¿No actúa así un trabajador cuando prefiere un contrato fijo en el que le paguen menos antes que uno temporal en el que le paguen más? Ésa es, ni más ni menos, la lógica de «los mercados».

Otro término bonito: «Los especuladores». Pocos se atreven a decir abiertamente que los especuladores pueden tener una función social pero es así. Cuando, por ejemplo, un fabricante de aviones vende 200 aparatos a China a entregar en varios años y con posibles cambios de paridad en la moneda durante ese periodo ¿qué hace? Acudir a los especuladores. El fabricante les dice algo así como «Mi negocio es fabricar y vender aviones y no tengo ningún interés en correr riesgos con el cambio. ¿Quién me vende dólares dentro de 5 años a 0,75 euros?» Naturalmente, la paridad euro-dólar dentro de cinco años podría estar ahí o en cualquier otro sitio pero el fabricante no quiere correr riesgos; el especulador los correrá por su cuenta y esa especie de casino que muchas veces son los mercados resultará tener una función: Que el que no quiere correr riesgos no lo haga y se dedique a su negocio.

En este momento, los especuladores están apostando contra el euro porque ven que una unión monetaria sin una unión política y fiscal no funciona. Han tardado semanas en decirlo abiertamente los políticos aunque en este mismo blog pueden ver escrito hace dos semanas que el problema no es Grecia, España, Italia ni Francia sino que son meros peones de una batalla que tiene otro objetivo: El euro. Aunque tarde, parece que los políticos se empiezan a enterar. Más vale tarde que nunca aunque podría ser demasiado tarde.

España se está viendo, por todo esto, en el papel del payaso que recibe las bofetadas porque no es el auténtico objetivo pero eso no elimina una pregunta: ¿Por qué es España el payaso que recibe las bofetadas? Entre otros motivos, porque un payaso loco la colocó en esa situación y un burócrata indeciso la mantiene ahí.

Todas las discusiones van sobre subir o no el IVA, céntimos sanitarios, copagos, peajes, subidas del IRPF y mil mecanismos más para exprimir a los ciudadanos.

Se retira también la asistencia a actividades  como la minería que llevan muchos años siendo cadáveres asistidos. En 1987, y ya ha llovido, alguien me comentó confidencialmente que la facturación de Hunosa no daba para pagar la nómina; no es que tenga gran simpatía por los mineros reconvertidos en terroristas y que ya han provocado heridos de distinta consideración en su intento de que se mantenga el cadáver con el corazón latiendo pero hay algo básico que se pierde por el camino:

Las urnas no son una patente de corso, y así lo han considerado tanto gobiernos anteriores como el actual. La legitimidad para exprimir al ciudadano o para eliminar actividades que no tienen viabilidad económica se gana con la ejemplaridad del que toma la decisión. Cada coche oficial cuesta unos 120.000 euros anuales ¿cuántos hay? El Estado central ha quedado reducido a una dimensión marginal ¿y el cáncer autonómico? Los nacionalistas catalanes, llevados por sus delirios de grandeza, han sido tan torpes que han llamado «Embajadas» a sus representaciones en el exterior pero no son diferentes de otras regiones que también tienen redes de representación en el extranjero aunque no las llamen embajadas.

El despilfarro, el clientelismo y la corrupción del Estado en su actual configuración es tal que nadie se fía de España -y le cobra más por prestarle dinero- porque no ve a los políticos dispuestos a desmontar un chiringuito insostenible del que ellos son los principales beneficiarios.

¿Se atreverá el burócrata indeciso a cambiar esto? La intervención tendría, aparentemente, una cosa buena: Alguien que no tuviera sus propios intereses en todo este lodazal podría tomar decisiones encaminadas a la liquidación. ¿Por qué «aparentemente»? Porque también tendría sus propios intereses; quizás no estarían en cuestiones como conseguir el apoyo del reyezuelo sino en las encuestas electorales de Baviera…por poner un ejemplo, intereses ajenos que no son más respetables que los enjuagues propios.

Dejémonos de historias: Es posible que incluso haciendo las cosas bien y evitando el despilfarro y la corrupción salvaje que hay en este país la dichosa prima de riesgo siga muy alta porque el objetivo es otro. Aún así, hay un problema de legitimidad: Nadie tiene derecho a pedir sacrificios a los ciudadanos mientras mantiene su costosísimo y corrupto chiringuito.

Eso, exactamente eso, es lo que están haciendo los políticos, tanto los actuales como los del pasado reciente, ésos que, si tuvieran un mínimo de decencia, se habrían convertido en ermitaños en lugar de tratar de dar lecciones.

Rescate o no rescate y sobre todo…next step?

Primera cuestión: Estamos ante un rescate DE MOMENTO limitado, es decir, los «hombres de negro» estarán sobre los Bancos y no sobre el conjunto de la economía española PERO…en el mismo documento del rescate dejan abierta esta posibilidad si no se hacen las reformas estructurales necesarias.

Ha habido una gran cantidad de discusiones sobre si esto era necesario o, simplemente, se debía dejar quebrar a los Bancos. Probablemente el cuerpo nos pida a muchos lo segundo pero nos estaríamos olvidando de algo importante: La Banca tiene un inmenso agujero relacionado con el ladrillo pero ese agujero fue corregido y aumentado cuando el Gobierno anterior llegó a un apaño: «Yo miro hacia otro lado y no veo que estás sobrevalorando tus activos inmobiliarios y, a cambio, tú me compras una deuda pública que no consigo colocar en el mercado». Esta solución le valió a Zapatero para no anticipar más las elecciones y para que -como habría merecido- no lo sacasen a patadas del lugar al que nunca debió llegar. Sin embargo, los Bancos no sólo no resolvieron su situación relacionada con el ladrillo sino que la agravaron: Su exposición ahora es doble: Al ladrillo y a la deuda española.

¿Por qué nos tenemos que preocupar sobre qué va a ocurrir ahora? No se trata de analizar cuál será la evolución española, las decisiones políticas, etc. sino de poner encima de la mesa un hecho: Hay alguien más expuesto a la deuda española: La conocida como «hucha de las pensiones». Los gobiernos anteriores a Zapatero, incluidos los socialistas, fueron suficientemente escrupulosos para no meter el dinero de las pensiones en deuda española porque, en caso de que hubiera algún problema en el país, las pensiones simplemente dejaban de ser pagadas por falta de dinero.

¿Qué ocurre si la economía no se recupera y mañana hay una quita de deuda al estilo griego en España? Ocurrirán dos cosas: Los Bancos se encontrarían asfixiados y necesitarían más dinero porque algo que tienen -deuda española- valía automáticamente mucho menos y la «hucha de las pensiones» se encontraría en una situación similar. Es para pensarlo un poco.

También es para pensarlo un poco que uno de los argumentos utilizados por la extrema derecha griega -y que puede ser la base del éxito que han tenido allí- ha sido la exigencia de responsabilidad penal a los políticos que han tenido este tipo de comportamientos. ¿Qué pasó aquí cuando se planteó esto? Las voces de los propios políticos negándose a esta posibilidad se oyeron hasta en Pernambuco.

No estaría de más empezar por ahí. No arregla la solución actual pero evita tentaciones al que venga y, sobre todo, evita que aparezcan «salvadores» que nos inviten a decir aquello de «Virgencita, virgencita, que me quede como estaba».

El euro y la caza de los patos

No sé si es una leyenda urbana porque nunca se me ha ocurrido cazar un pato pero se dice que, cuando van los patos en fila, la mejor manera de cazarlos es coger al último con el  mayor silencio posible y después el siguiente y así hasta llegar al primero.

La situación de Grecia y España y los comentarios sobre Francia como el siguiente recuerdan mucho a esa caza de patos, tanto si es real como si es ficticia. El objetivo a batir no es Grecia ni España ni Francia sino el euro y mientras nuestros dilectos próceres no se den cuenta de ello o actúen como si no se dieran cuenta…lo llevamos claro.

En España nos podemos escandalizar porque se estén recortando servicios a los ciudadanos y se les esté exprimiendo mientras que en lo relativo a Comunidades Autónomas, Diputaciones y otras francachelas de los políticos estemos en un amagar y no dar. Hasta Bruselas les viene contando ya que deberían haber subido el IVA, el de «los chuches» de Mariano, en lugar del IRPF y que tenían que reducir de una vez por todas el gasto autonómico y reducir esa diferencia de castas entre trabajadores.

Sin embargo, aún con todo eso aún nos queda bastante para llegar al endeudamiento de Estados Unidos. ¿Por qué los americanos pueden y nosotros no? Evidentemente, porque quienes prestan el dinero creen que pueden recuperarlo en el caso de Estados Unidos y no en el nuestro y, entre otras razones para esa creencia, hay una especialmente importante: Se llama «dólar».

Algunos economistas como Huerta de Soto defienden la necesidad de volver al patrón oro como única forma de salir de ese gigantesco tocomocho monetario en que nos encontramos. En la medida en que el dólar es aceptado por muchos países como moneda en la que se mantienen sus reservas, existe una demanda de dólares, demanda sobre la que los americanos pueden navegar alegremente con su gigantesca deuda. Cuando nació el euro, el dólar se encontró con un competidor: En la medida en que hubiera países que mantuvieran reservas en euros en lugar de hacerlo en dólares, había una disminución de la demanda de dólares y la deuda podía llegar a representar una amenaza seria para Estados Unidos.

Cierto que el euro fue una chapuza desde su nacimiento. En aquel momento ya se criticaba que una unión monetaria sin una unión política es de muy difícil puesta en marcha pero la situación actual deja totalmente en evidencia que es así. Hay intereses en que el euro no salga adelante: Los americanos con su grado de endeudamiento y los británicos que se han mantenido fieles a la libra podrían estar entre los principales beneficiarios de que el euro explotase. Para ello, lo más sencillo es ir buscando siempre el extremo más débil, llámese Grecia, España, Francia o el que venga después. Es igual; ninguno de estos países es el objetivo real sino el euro. La desaparición del euro representaría un balón de oxígeno para otros países puesto que desaparecería un competidor y es dudoso que las monedas resultantes de la debacle -llámense dracma, peseta o franco- pudieran tomarse muy en serio como tales competidores.

Sin duda, en España hay cosas que hacer y alguien se debería plantear seriamente dejar de esquilmar a los ciudadanos y empezar por hacer recortes en SU negociado, es decir, un ERE masivo de políticos y asimilados. Sin embargo, incluso si se hace eso, encontraremos que la situación no mejorará en la medida que debería. Por mucho que nos moleste, no somos el rey -los franceses tampoco y seguramente les molestará aún más- sino un humilde peón en una guerra en la que España no es un objetivo sino un medio para contribuir a la liquidación del euro.

Paranormal Frauds by James Randi

It seems that the natural evolution of a magician, professional like James Randi or amateur like Martin Gardner, comes by discovering others that, supposedly, have psychic powers, that is, people devoted to ilusionism or mentalism.

Magicians, professionals or amateurs, have some advantages to detect tricks if compared with scientifically trained people. Randi has shown experiments designed by himself that are ingenious as well as dangerous for him…since nobody making a living from deceiving others will accept graciously to be exposed.

It’s clear that people devoted to ilusionism, mentalism and others can go further than science people at detecting trics since they know where they have to look at. However, Randi and some others have shown a certain trend to repeat the same model of those they supposedly fight. If someone starts making a living by exposing others, it seems that a moment arrive when they have to expose people, whatever they are scammers or not.

The research model by Randi and some others ignores a basic fact: Absence of proof is not the same that proof of absence. Probably, this will be better understood if we say that, in some cases, we should confess our ignorance instead of denying a fact, simply because we are not able to explain it.

An example where I don’t have an opinion to defend. Therefore, I don’t have any interest in defending a position or the opposite: The existence of UFOs.

Randi says that everything is false and uses examples of clearly identified cases. Furthermore, he provoked a situation telling that he had seen an UFO. Immediatly, he started to receive calls of people that, supposedly, had seen the same UFO. Agreed. If Randi wanted to show how easy is deceiving people and, consequently, many UFO reports are expected to be false, nothing to say but…all of them?

Coming from his own little experiment, he jumps to the conclusion that every single report is false using this rationale:

In 1965, year when Air Force published a summary of results, this is the detail regarding 887 documented UFO sighting:

  • Astronomical Events: 27,6%
  • Planes: 23,7%
  • Satellites: 17,1%
  • Fraud, Imagination: 14,2%
  • Lack of Information: 9,6%
  • Weather Balloons: 4,1%
  • Information still to be processed: 1,9%
  • Unidentified: 1,8%

For Randi, unidentified cases should be attributed to «noise». That can be correct while we speak of less than 2% but, if we add «Information still to be processed» and «Lack of Information», we could be well above the level that we could explain as «noise». Furthermore, it’s surprising that Randi, always aware of psychologic processes, doest not mention that we all use to read unknown events as known and more familiar ones. Are reliable the high percentages of «Astronomical Events», «Planes» or «Satellites»? Should not we expect a bias making the researcher of any UFO sighting assign it to a known factor even if some data don’t fit?
I do not have facts to support this last hyphotesis. I simply mention it because it fits with the processing model of Randi at an extent that it’s surprising he did not mention it. Randi shows in a clear way that people can be misguided till the point of making them believe in an UFO fully invented by him but, at the same time…Doesn’t he believe in laziness or the use of the least resistance way and how they can contribute to assign known and familiar causes to facts that could be unknown?
Certainly, it should be surprising but there is a problem: Nowadays, Randi is, by far, better known as a demystifier than as an ilusionist. Hence, he could be protecting his market. In the world of professional skeptics, we can hear things like the uselessness of acupuncture. It should be better asking to Chinese and dentists when they have to deal with an allergic to anesthesia patient. Randi job makes him behave as paranoid looking for deception whatever it exists or not. It could be worse; his colleague Martin Gardner «discovered» that Cervantes was a liar and the real writer of Quijote was Sancho Panza (Not a joke; it’s written by Martin Gardner).
People who like «esoteric tele-crap» can see similar situations in rigged debates among «gullible» and «scientific «people. They are very careful not to make key questions that could close the debate and spoil a possible future program with same contents and same guests.
Not long ago, James Randi and Anne Germain, the medium in Telecinco workforce, visited Bilbao. Regretfully, they were not there at the same time and place. If so, my bet should have been for Randi. After attending an alive show by Germain finding things that, even for a non-trained eye like the mine, were surprising. For instance, in a huge room, every time Germain started to look up telling us that she saw a spirit, it happened that the «spirit» was familiar for someone that happened to be in the first rows neat to the stage. That made easier some logistic requirements like, for instance, giving a mike to the one who «identified the spirit». If we are a little bit twisted, we could even think of technical issues like reaching distance of a possible hidden device used to communicate Germain with a collaborator getting information inside the public. Certainly, that should help finding «the right spirit». Perhaps, that explains where «contacting» is performed at the end of a conference instead of doing it at the beginning. Perhaps, they need time to get information.
Of course, this is a field plenty of scammers and some facts invite us to think that we are in front of one but being able to identify one -or many of them- does not mean that all of them have to be scammers. Randi writes about Conan Doyle, the author of Sherlock Holmes, described as someone whose gullibility made him an easy prey of any paranormal fraud. However, when Randi goes beyond the acceptable limits is when he explains as the motive of this behavior by Conan Doyle the fact that he had lost a son. After that, Randi could be asked what are his motives. Purging past scams?
Randi does not think that those who exhibit scientific credentials are the right observers in situations where they can be deceived by skilled magicians…and probably is right. However, Randi as well as the «scientist» should be reminded that Science is not a block of contents but a method. As such a method, there are situations where the most legitimate behavior should be confessing the own ignorance. Discovering scammers is fine but we should always remind that, as already said, absence of proofs is not the same that proof of absence. A little bit of humility should be good from time to time.