«Maldito karma» de David Safier: Un plagio divertido

El argumento del libro es un plagio descarado de «La vida y la muerte me están desgastando» de Mo Yan: Una persona muere y se reencarna en diversos tipos de bicho manteniendo memoria de sus vidas anteriores y encontrándose siempre con los personajes del entorno de su primera vida. Hasta aquí, los dos libros coinciden punto por punto y de ahí que la denominación de plagio no parezca exagerada en absoluto. A partir de aquí, algunas diferencias en las que radica la diversión:

El libro de Mo Yan está ambientado en la China rural, ambiente extraño para el lector occidental y con una cantidad de personajes con nombres pocos familiares y que se hacen difíciles de seguir; el de Safier está ambientado en la Alemania actual. La protagonista se encuentra con otros personajes reencarnados en forma animal y que se reconocen entre sí como tales reencarnados; entre los personajes que se encuentra destaca Casanova, con el que traba amistad a través de una serie de reencarnaciones sucesivas en hormiga, en lombriz, en cobaya…

En resumen, un libro divertido para el verano cuando no apetece leer cosas de más calado pero que ha tomado prestada la idea central del escritor chino, Mo Yan. Para que luego digan que son los chinos los que copian.

#buscartrabajoporinternet y el chiste del oso

Chiste viejo y muy conocido: Dos amigos van a hacer senderismo por el bosque y uno de ellos se pone unas zapatillas para correr. Preguntado por su amigo por qué hacía eso, le responde que había oído que por esa zona había osos y se ponía las zapatillas para correr más. Su amigo le aclara que un oso corre mucho más que él y no se va a escapar corriendo a lo que el primero responde: No necesito correr más que el oso; me basta con correr más que tú.

Desde que publiqué el libro «Buscar trabajo por Internet» ha habido una pregunta recurrente: De una forma u otra, se acababa preguntando si el uso de Internet para encontrar trabajo serviría para disminuir el nivel de desempleo y la respuesta que he dado siempre es la que refleja el chiste del oso: El oso no va a dejar de comer; lo máximo que podemos conseguir es que no nos coma a nosotros.

Si no queremos pasar a la categoría de vendedores de humo más vale que digamos las cosas claras: Internet es una herramienta que puede dotar de eficiencia a la búsqueda de trabajo pero la situación que se genera entre los demandantes de empleo se parece como una gota de agua a otra a un juego de suma cero: Alguien consigue el puesto pero, al hacerlo, ha dejado en la cuneta a otro que aspiraba al mismo puesto. Se trata de mejorar la posición competitiva en un mercado en que la competitividad es tristemente extrema y no de prometerles a todos que encontrarán trabajo. Si pudiera hacerlo sin mentir lo haría y si pudiera hacerlo y no me importase mentir me dedicaría a la política.

El mercado es el que es y el uso de Internet no va a cambiar eso; lo que sí puede cambiar son las posibilidades individuales de alguien que aprenda a manejar mejor sus recursos. Nada más.

Visitas del Papa y «marchas laicas»

Todos mis respetos para los creyentes -en lo que sea- y para los no creyentes. Naturalmente, si un creyente intenta convencerme de «su» verdad, dejo de considerar que para él su creencia puede ser una fuente de soporte psicológico y me considero autorizado a atacarla. Al fin y al cabo, él lo hizo primero conmigo y, además, lo respetable son los creyentes y no las creencias o la falta de ellas.

Sentado este principio, tengo que decir que me resulta ofensivo que alguien denomine «marcha laica» a una marcha organizada en contra de la visita del Papa y no porque no pensase asistir a tal marcha sino por la denominación de «laico» a algo que puede calificarse de muchas formas pero no así. La laicidad y el anticlericalismo no tienen más relación entre sí que la eutanasia con el asesinato.

Cuando el laico milita contra una religión concreta y sus representantes deja de ser laico para convertirse en otra cosa que puede llamarse anticlerical, antipapista o lo que sea pero no laico. Por coherencia, se puede exigir que un Estado laico no mantenga económicamente a confesiones religiosas o que no tenga signos externos de ninguna religión en edificios de carácter oficial o que la religión como asignatura salga de los programas de enseñanza pero cuando se pasa de esa exigencia al ataque a una religión determinada, casualmente la que corresponde a las creencias de una mayoría de los españoles, no hablamos de laicismo sino de algo totalmente distinto.

Lo anterior no significa que el anticlericalismo no sea legítimo y especialmente lo es cuando se dirige contra religiones atentatorias contra los más elementales derechos humanos pero sorprende que alguien que se autodenomine «laico» pueda tener una sensibilidad tan exquisita con respecto a la visita del Papa y mire para otro lado ante situaciones como la desigualdad femenina, llegando a extremos como la ablación del clítoris, producidas en nombre del Islam. Sorprende también la sensibilidad para los problemas que supone para una ciudad todo el despliegue policial y de cortes de tráfico tal visita y el silencio cuando esos mismos hechos se producen como consecuencia de un partido de fútbol en el que la policía municipal actúa como aparcacoches -en prohibido- en las zonas más o menos próximas a los estadios. Sorprende también la preocupación por el gasto que va a suponer tal visita y que esa preocupación no se extienda a muchos otros temas, corruptelas incluidas, de los que intentar hacer una lista entera sería un empeño inútil aunque alguien hizo un modesto intento: http://wiki.nolesvotes.org/w/

Inevitablemente, todo esto lleva a pensar que la tal marcha laica no es laica sino 100% sectaria y sin más propósito que la provocación. Llámese si se quiere «marcha anticlerical» y, aún así, habrá quien les pregunte por qué son tan «anti» esto y tan poco «anti» cuando no «pro» todo lo demás, Ése será un tema que tendrán que explicar ellos pero, por favor, que no nos insulten a los que nos consideramos laicos y que, precisamente por serlo, no tenemos ni queremos tener que ver nada con los convocantes de la marcha.

Por si a alguien le queda alguna duda, lo anterior no lo digo movido por ninguna especial simpatía por el Papa y, puesto que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, ahí van unas que escribí hace bastante tiempo sobre el personaje:

https://factorhumano.wordpress.com/2007/02/28/dios-y-el-mundo-ratzinger/ No es eso pero la «marcha laica» me parece impresentable y llamarla «laica» aún más.

Sectas, adoctrinamiento y distintas reacciones

Escena producida esta mañana en la avenida de Massachusetts en Cambridge, a 300 metros escasos de Harvard y unos 500 de la cúpula del M.I.T. (no hablamos de Alabama, Oklahoma ni de los rincones de la América más profunda de la ruta 66):

Un niño de 7 u 8 años, negro, bien vestido, de comportamiento muy educado especialmente para su edad y con un bolso de cuero colgando del brazo va ofreciendo octavillas a los viandantes. El título de la octavilla, «The Truth» es suficiente para identificar el asunto como proselitismo por parte de alguna de las múltiples sectas que por aquí proliferan. La reacción de los viandantes que he podido ver es de agrado y se ven bastantes sonrisas, sin asomo alguno de burla, donde parecen admirar la resolución mostrada por el niño al vender por la calle su mercancía religiosa.

Al parecer, una escena de este estilo sólo le produce indignación a un individuo muy raro a quien la manipulación de un niño de esa edad hasta ese extremo le parece algo sólo comparable con la utilización de bebés para pedir en la calle. Sobra decir que el individuo en cuestión era yo mismo. No sé si me estoy volviendo muy raro o los raros son ellos pero lo que era contemplado aquí con simpatía me parece que debería ser tratado como un delito.

Mi admirado Amin Maalouf dice que es un error hablar de un «niño cristiano» o un «niño musulmán» sino que debería hablarse de un niño de familia cristiana o de familia musulmana. ¿Qué decir cuando se lleva a ese «niño de familia lo que sea» a tomar la iniciativa de vender por la calle una secta cuando, simplemente por edad, no ha tenido oportunidad de desarrollar la menor capacidad crítica? Alguien me puede replicar que si no he oido hablar de los niños Justo y Pastor y contestaría que sí y que la opinión sería idéntica en caso de que la historia contada responda a la realidad.

CiU y la prueba del 9: Aviso para navegantes del #15M

Puedo estar de acuerdo con algunos de los planteamientos del 15M, no todos porque ha acabado siendo una mezcolanza de cosas muy diversas, y desde luego, tampoco estoy de acuerdo con pisotear los derechos de los demás como forma de reclamar los propios, es decir, ninguna solidaridad con los ocupantes de espacios públicos en nombre de su particular «indignación».

Al principio, sin embargo, cuando las cosas se empezaron a mover en torno al #nolesvotes como reacción a la ley Sinde, había unos cuantos puntos genéricos que se podían traducir en la exigencia de que los políticos se comportasen como personas decentes y no como una casta privilegiada y ajena a los que les elegían. A ésos es a los que se dirige este mensaje:

En días pasados, Duran i Lleida ha pedido un debate preelectoral a tres (PP-PSOE-CiU) y portavoces del PSOE se han apresurado a aceptar: Si alguien tuviera la más remota intención de cambiar la ley electoral de forma que un voto valiera lo mismo en todas partes y que los representantes elegidos lo fueran de sus electores y no de su partido, la respuesta habría sido muy distinta:

«No, gracias. Vosotros no sois un partido nacional y sólo podéis imponer vuestras condiciones gracias a una ley electoral que vamos a cambiar en el momento en que se constituya el nuevo Congreso».

¿Habéis visto que alguien le haya dicho eso a CiU? En el caso de un debate entre los partidos que no sólo abarcase a los dos principales ¿no sería más lógico que estuvieran ahí IU y UPyD y no CiU?

Lo cierto es que hoy tenemos que darle las gracias a CiU. Las respuestas que reciba la propuesta que está haciendo nos servirán para calibrar cuál es la sinceridad de las propuestas de cambio. Estos días estamos viendo como algunos políticos y sus periódicos asociados se apresuran a defender a los acampados. Resulta curioso que defiendan la ocupación ilegítima de espacios públicos pero, en cambio, no defiendan los principios de exigencia de limpieza en nombre de los cuales algunos decidieron hacer esas ocupaciones. ¿La prueba? CiU.

Principio de Dilbert: Scott Adams nos engañó y Zapatero es la prueba

Las viñetas de Dilbert siempre resultan divertidas y hay algunos dichos ingeniosos y no exentos de verdad como el «Todos somos imbéciles; afortunadamente no todos lo somos para las mismas cosas y al mismo tiempo» y que, si no son una verdad completa, es porque sí se puede identificar a individuos que son imbéciles para todas las cosas y todo el tiempo pero eso daría para una larga discusión.

Adams nos decía que todo trabajador inútil es desplazado al sitio en que menos daño puede hacer, es decir, a la dirección de la empresa y ahí es donde nos engaña. En estos días en que en España se reclama que se adelanten aún más las elecciones porque no se aguantan cuatro meses escasos más de incompetencia absoluta está claro que Adams se equivoca en su afirmación.

Zapatero quería pasar a la historia e incluso en algún momento pensó que conseguiría el premio Nobel de la Paz. Lo segundo no lo conseguirá; lo primero sí. Lo suyo acabará siendo un caso de estudio que dejará pequeña a la parodia de Forrest Gump. Hasta hace poco más de tres meses, hablar de la incompetencia del personaje suponía que le echasen los perros a alguien con la ominipresente acusación de «facha» pero hoy es algo que es plenamente aceptado entre los miembros de su propio partido. La pregunta a contestar, y que será la que haga pasar a Zapatero a la historia,  es cómo es posible que un personaje como éste llegase a la presidencia del Gobierno y, además, fuera reelegido.

¿Por qué llegó a la cabeza de su partido? Dentro del PSOE había mucha gente con ganas de quitarse de encima el padrinazgo de Felipe González. El intento de Borrell no funcionó porque el aparato felipista maniobró para echarlo pero Almunia seguía siendo visto como una continuidad y el candidato principal que tuvo enfrente Zapatero, es decir Bono, también. Por añadidura, Pascual Maragall tenía interés en contar con alguien con el menor peso posible en la dirección nacional para poder maniobrar a su antojo y, aún así, teniéndolo todo a su favor -Maragall y el intento de quitarse de encima a la vieja guardia felipista- Zapatero le ganó las primarias a Bono por nueve exiguos votos.

Es aquí donde empieza lo auténticamente grave: Una vez que alguien ha sido coronado, la disciplina interna entendida como funcionamiento a toque de corneta o, como decía Alfonso Guerra, como «el que se mueva no sale en la foto» hace que al personaje se le adorne de todas las virtudes imaginables ignorando para ello de la forma más grosera una realidad que, desde bastante antes de llegar al Gobierno, decía cosas muy distintas sobre el hasta hace poco glorificado personaje.

Después de esto, otra carambola que tiene aún muchos puntos oscuros: El 11M y su pésimo manejo por el Gobierno de entonces llevó en volandas a Zapatero a la Moncloa. Cuatro años de inacción económica y de guiños «progres» después, se negaba la existencia de una crisis y la eficacia mintiendo de un Solbes tuerto frente a un Pizarro que analizaba la situación de forma correcta pero con pocas tablas políticas le sirvió para ganar de nuevo unas elecciones con el absurdo «Defender la alegría» de sus partidarios del mundo del espectáculo, ahora muy calladitos.

Setenta años después, los alemanes todavía están horrorizados de pensar en que gente normal pudo elegir a Hitler y aceptar pasivamente todas las salvajadas que pudo cometer. Probablemente en España, todos -incluyendo a los miembros y dirigentes del partido de Zapatero- se preguntarán durante mucho tiempo cómo no cortaron la situación cuando, desde el principio, fue visible que el personaje no tenía ni los conocimientos ni la experiencia ni la inteligencia mínimos que se requerían. Eso, sin entrar en análisis más detallados.

En suma, Scott Adams nos engañó y la consecuencia es un «Que se marche ya» cada vez más fuerte y desde todos los lados, incluyendo a los que en mal día lo trajeron.

Tablets ¿Apple, Android u otros?

No soy un forofo de Apple. Me gustan muchos de sus diseños, especialmente el del McBook Air, pero no me gusta la política del caramelo envenenado que, a través de una estudiada incompatibilidad con el resto del mundo, intenta que quien entre en la manzana tenga que acabar teniendo todo de la misma marca. Simplemente por eso, cuando piqué en el tablet no lo hice en el Ipad sino en un Android. Hace pocos días, sin embargo, tuve ocasión de ponerle la mano encima a un Ipad y temía que, como San Pablo, me pudiera caer del caballo derribado por la luz cegadora…nada de eso.

Más ligero que la mayoría de los Android, diseño más cuidado, igual rapidez, igual disponibilidad de aplicaciones…carencias básicas como un USB o cualquier tipo de conexión por cable. En suma, un aparato interesante pero no para salir corriendo cuando anuncian la siguiente generación del juguete.

Al final, ciñéndonos a Ipad y Android, que es donde se pueden conseguir aplicaciones virtualmente para cualquier cosa, no hay unos motivos clarísimos y definitivos para orientarse por uno u otro y es más una cuestión de preferencias personales y de sensibilidad a la última moda que cualquier otra cosa.

En Estados Unidos, que nos lleva alguna delantera en el apartado tecnófilo, hay algunas opciones más: Por ejemplo, en España las pantallas pequeñas son pocas y en vías de desaparición -véase el caso Samsung Galaxy- mientras que en Estados Unidos es frecuente ver tantas pantallas de  7 pulgadas como de 10 y algo parecido ocurre con los lectores de libros electrónicos, mucho más frecuentes en sus formatos pequeños en Estados Unidos que en España. Parece que la ventaja de poder llevar el dispositivo en el bolsillo es algo que cala más en unos países que en otros.

Además de eso, la competencia no está definida por Android .vs. IPad o viceversa sino que en grandes cadenas como RadioShack o Sears tienen siempre en lugares preferentes aparatos como la Playbook de Blackberry o el Omnibook de HP, ambos con sistema operativo propio aunque de tamaños distintos. Es una aventura arriesgada salvo que tengan la seguridad de que su sistema operativo tiene tales ventajas con relación a los que hoy copan el mercado que podrá afrontar la situación.

En España el mercado parece más homogéneo y, por lo que a este ciudadano respecta, que no me vendan las grandes diferencias ni las grandes ventajas de unos con respecto a otros. ¿Se quiere estar a la última y con el diseño más cool? Sin duda, IPad. Eso sí, ábrase un capítulo presupuestario para cambiar el resto del parque informático doméstico o de la empresa porque, mientras no se haga así, habrá un aparato llamando torpe al usuario y recordándole las grandes ventajas que podría tener si su ordenador o su teléfono fueran compatibles con el IPad, es decir, si fueran también Apple. ¿Se es menos sensible a esos aspectos y en cambio se consideran fallos graves la ausencia de USB o similares? Elíjase la que se prefiera entre las mil y una posibilidades Android que son prácticamente idénticas. ¿Nos gustaría llevar el tablet en el bolsillo? La Galaxy de 7 pulgadas o la Playbook de Blackberry son de las pocas opciones comercializadas en España que manejan ese tamaño.

O sea, a gusto de cada uno y, cuando alguien nos venda la abismal diferencia del Aipá con respecto a todo el mundo mundial, se le puede contestar sin ningún tipo de complejo «Menos lobos».

Spanair y Af-447 y el mes de los pilotos

Dos accidentes en los que el informe sale el mismo día y con una coincidencia: Culpables, los pilotos.

Siempre he defendido que al investigar un accidente hay que partir de una hipótesis previa: Quien ha sufrido el accidente no es tonto, no está loco y no tenía intención de suicidarse. Siempre se podrán encontrar casos que obliguen a rechazar esa hipótesis previa -por ejemplo, EgyptAir 990– pero son una ínfima minoría y echarle la culpa al piloto, especialmente si ha muerto en el accidente, continúa siendo una práctica muy extendida.

Puede encontrarse una sutil forma de manipulación al resaltar unos hechos u omitir otros e incluso hay otra más sutil aún: Cargar las tintas sobre los puntos que se sabe que van a ser leídos, el resumen inicial y las conclusiones, y dejar una serie de elementos de información en el cuerpo central del informe sabiendo que, aunque no van a ser leídos, su inclusión permitirá rechazar cualquier acusación de manipulación aunque la situación y el hecho de que no se haga el menor comentario evaluativo sobre tales elementos podrían dar lugar, razonablemente, a tal acusación.

¿Hay errores? Sí. Si son frecuentes, habrá que pensar que hay algo que no sólo los permite sino que los facilita y habrá que empezar a pensar en qué es ese «algo». ¿Estamos hablando de diseño inadecuado, de prácticas organizativas no consistentes, de experiencia insuficiente o de errores promovidos por la tecnología? La primera reacción de los pilotos de Air France al informe va en esta línea: «Nos están diciendo que es un avión que no puede entrar en pérdida y ahora resulta que es un error del piloto porque no hizo caso al aviso de pérdida».  ¿Hasta qué punto la tecnología más avanzada está permitiendo que realmente pilotos y mecánicos sepan con certeza el terreno que están pisando?

Eso sí; entrar ahí implica una posible enmienda a la totalidad del sistema. Echarle la culpa al muerto es más sencillo.

«The Future of Power» de Joseph S. Nye, Jr o la diferencia entre «soft power» y el panfilismo

El soft power es la expresión de moda para reflejar el tipo de poder que no está apoyado sobre el poder militar del Estado. En su libro, Nye muestra como en el momento actual el poder está muy distribuido y el coste del poder militar hace virtualmente imposible su utilización si, al mismo tiempo, no se está apoyando sobre una percepción de legitimidad por terceros.

Los ejemplos del libro son numerosos e interesantes pasando por el error de Rusia en términos de soft power cuando se limitó a utilizar el poder militar para apoyar la independencia de dos regiones ex-soviéticas, o los esfuerzos desplegados por China y sus dificultades para compatibilizar éstos con su propio régimen político o el cambio de percepción de la intervención norteamericana en Irak tras el descubrimiento de hechos como los de la prisión de Abu Grahib o muchos otros.

Los argumentos son interesantes pero se echa de menos una contrapartida: El autor afirma que el uso de la fuerza no sirve de nada si, al mismo tiempo, no se logra transmitir la legitimidad de los propios motivos. Compro. ¿Y lo contrario? Ejemplo: Piratas somalíes secuestran un barco francés y los franceses deciden que eso no se hace y tiene que mostrarlo con hechos porque, si no es así, no son creíbles y volverá a ocurrir. Ejemplo contrario: Piratas somalíes secuestran un barco matriculado en las Seychelles y con parte de su tripulación española. El barco es presentado como «atunero vasco» y el Gobierno decide pagar el rescate. Al poco tiempo, se secuestra otro barco de parecidas características e incluso se renuncia a la posibilidad de capturar a los piratas tras el cobro del rescate. ¿Qué puede esperarse que vuelva a ocurrir?

Al final, el soft power se basa en la autenticidad pero, del mismo modo que la fuerza no es suficiente si la posición que hay detrás de ella no es percibida como legítima, el uso legítimo de la fuerza es en algunos casos la única forma que se tiene de acreditar que la posición que se defiende es auténtica y no de cara a la galería. No utilizarla no es una muestra de soft power sino de panfilismo. Una más.

Nuevas fronteras de la mentira: El diccionario de Coll de la política

La mentira bien entendida empieza por uno mismo y, para ello, nada mejor que autodenominarse «comunicadores» cuando, en realidad, deberían decir «manipuladores» o utilizar la palabra «información» para lo que, en realidad, significa «desinformación».

La mentira es un arma de primer nivel en la política y en muchos otros ámbitos, hecho identificado por Revel con su «La primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira». Sin embargo, aparte de su fuerza como instrumento, la mentira también evoluciona y, en este momento y desde hace tiempo, las mentiras más insidiosas ni siquiera se encuentran en el discurso sino en las denominaciones. Una vez que se ha conseguido «colar» una denominación, desmontar la mentira empieza a ser mucho más difícil porque ya no se trata de argumentos: Los argumentos están ya en la denominación y, si no se cuestiona ésta, el razonamiento que se pueda utilizar, por poderosos que sean sus argumentos, resulta limitado.

Hay multitud de ejemplos pero, a medida que me vaya acordando de más, los iré incluyendo a modo de diccionario de Coll:

11M: Espada de Damocles que solamente quienes se ven amenazados por ella saben quién la sujeta.

15M: Ver «Indignados».

20N: Tarde, tardísimo. Dícese también de ejercicio de presunto maquiavelismo por el cual, al convocar unas elecciones en esa fecha, se recordará la figura de Franco y tal recuerdo servirá para acusar de franquistas a los opositores políticos. Para que el ejercicio tenga éxito, es imperativo no mirar el curriculum personal ni familiar de los artífices de tan magna hazaña.

Accidente: Atentado terrorista.

Alfredo: Rubalcaba.

Atunero vasco: Dícese de barco matriculado en las Seychelles, con un tercio de su tripulación de origen español y por cuya liberación paga España.

Centro: Derecha que ha asumido el argumentario de la izquierda y se ve a sí misma como un mal necesario.

Corrupción: Dícese de las acciones presuntamente ilegítimas llevadas a cabo por el adversario político. Las propias pueden ser equivocaciones o malentendidos.

Derecha extrema: Ver fascista o nazi.

Discriminación positiva: Elaborada doctrina encaminada a convencernos de que, en presencia de personas competentes, tenemos que pasar ese detalle por alto para fijarnos en sexo, edad, raza o cualquier otra variable totalmente ajena a la competencia.

Extrema derecha: Ver fascista o nazi.

Derechos humanos: Etiqueta bajo la que suelen colocarse niveles muy desiguales de exigencia hasta el punto de existir una declaración específica para los países islámicos que no aceptaron la general. Bajo este epígrafe, pueden plantearse exigencias a países como Estados Unidos en relación con cuestiones como la pena de muerte o la prisión de Guantánamo sin que se vean acciones similares relativas a China -el país del mundo con mayor número de ejecuciones de penas de muerte- o a Cuba, isla de la cual Guantánamo forma parte.

Fiscal General del Estado: Miembro del Gobierno sin asiento en el Consejo de Ministros.

Franquismo: Variedad de necrofilia consistente en la adscripción política a la figura y acciones de Francisco Franco, muerto hace más de treinta años. Suele utilizarse para atacar a los políticos de la derecha y la denominación de franquista es intercambiable con la de fascista.

Gente de la cultura: Autodenominación utilizada por cantantes y actores en razón de su adscripción política. No tiene relación alguna con contribuciones académicas, literarias ni de ningún otro tipo sino que los criterios identificativos como gente de la cultura son la adscripción política de izquierdas y ser vistos ocasionalmente con una guitarra o sobre un escenario. Los criterios se aplican exactamente por este orden.

Independencia del poder judicial: Puede encontrarse en España en las estanterías de ficción en las principales librerías.

Independentismo: Variedad de sordera por la que cuando alguien amenaza con marcharse no escucha los gritos que le animan a hacerlo.

Indignados: Los demás. Dícese de personas que ocupan plazas públicas como forma de reclamar limpieza en la política y a las que se les permite la ocupación a cambio de que se olviden de la limpieza que reclamaban.

Ley electoral: Engendro por el cual se define a cuánto sale el kilo de diputado en distintas partes de España. Los precios están sujetos a grandes oscilaciones.

Liberalismo: Término utilizado para autodefinirse por partidarios del laissez-faire (capitalismo salvaje, para entendernos). Los que han querido definirse como liberales y utilizar el término en su sentido correcto siempre se han visto asociados a los primeros por parte de la izquierda política.

Líder sindical: Político que no daba el nivel para hacer carrera y escogió la rama de FP. Funcionario sin oposición.

Listas abiertas: Equivalente funcional en un partido político de lo que representan conjuntamente para un vampiro una ristra de ajos, un crucifijo, un barril de agua bendita, un paseíto a mediodía en el verano de Sevilla y una estaca clavada en el corazón.

Lucha armada: Terrorismo.

Memoria histórica: Dícese de movimiento consistente en reescribir la historia española siguiendo las prácticas perfectamente descritas por Orwell para su Ministerio de la Verdad en 1984. Entre sus últimos logros se encuentra la supresión del águila de San Juan y del yugo y las flechas por su claro significado franquista. Este logro requirió la recalificación de los Reyes Católicos como franquistas anticipatorios.

Nacionalismo: Búsqueda de una situación de privilegio amenazando a otros con independizarse y temiendo que les digan que sí. Precisa de un enemigo exterior culpable de todos los males.

Nazi: Palabra utilizada con cierta alegría para designar a una derecha llevada a sus últimas consecuencias. Hay que tener exquisito cuidado en no relacionarla con nacionalsocialista, palabra de la que nazi es un mero anagrama, por su obvia relación con nacionalismo y con socialismo, hecho que puede herir delicadas sensibilidades.

Neoliberalismo: Término inventado para denigrar cualquier tendencia liberal en economía o en política al tacharla de capitalismo sin control. Ha ayudado al triunfo de este término la autodenominación de liberales por parte de aquéllos que, efectivamente, han querido evitar todo tipo de control y han procurado mezclarse hábilmente con los primeros.

Fascista: Dícese, en general, de todo aquel que manifieste oposición a las políticas de izquierdas o critique, justificada o injustificadamente, a personas adscritas a partidos que se digan de izquierdas. Desde hace escasas semanas, se reconoce como excepción a esta regla al presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero. La denominación no tiene relación alguna con las credenciales democráticas de aquél a quien se aplique el término. Como en el caso de nazi deben evitarse menciones desagradables como el hecho de que los principales líderes fascistas, singularmente Mussolini, procedían del Partido Socialista.

Organizaciones sociales: Sindicatos verticales reloaded: Organizaciones financiadas por el Estado a cambio de su labor de escenificar acuerdos o de ejercer de correas de transmisión de partidos políticos.

Periodista: Persona que, en lugar de mentir por su país como hacen los diplomáticos, lo hace por su empresa.

Políticamente correcto: Asunción de un conjunto de muletillas tanto en la actuación como en el lenguaje que adquieren carácter de incuestionable aunque, matizando, según quien las maneje. Según la doctrina de lo políticamente correcto una ministra puede acusar de machista a alguien que la acuse de incompetencia mientras que otra puede denominar despectivamente señorita a una periodista sin que ocurra nada.

Popular: Nombre del principal partido de la derecha española aunque deméritos propios y méritos ajenos en el terreno de la comunicación hacen que tal denominación suene casi como un sarcasmo.

Pro-vida: Dícese de grupos antiabortistas que no reconocen ninguna condición justificativa. En general, no opinan acerca de cuestiones como el mantenimiento de la pena de muerte por muchos Estados.

Proceso de paz: Negociación política con ETA.

Progresista: Dícese de político con tendencia de izquierda aunque nunca se haya sabido de ninguna contribución suya al progreso.

Rescate: Acción de liberar a un país europeo de su Gobierno que es sustituido por eurofuncionarios.

SGAE: Víctimas del expolio de Alí Baba quien les pirateó la password para acceder al tesoro. Desde entonces, realizan denodados esfuerzos para resarcirse del mismo.

Sindicato de clase: Ministerio emboscado.

Terrorismo internacional: Terrorismo islámico al que no se quiere señalar con el dedo.

Tribunal Constitucional: Tribunal cuyos componentes son nombrados por los partidos políticos que hace cosas que se entienden muy bien utilizando para ello un lenguaje que se entiende muy mal.

Violencia de género: Dícese de la antes conocida como violencia doméstica con el requisito añadido de que la violencia sea ejercida por el hombre contra la mujer. No se considera tal cuando la violencia es ejercida en sentido contrario ni cuando se produce entre parejas del mismo sexo.

Violentos: Asesinos.