La «beggars’ opera» de la política española

Nadie puede decir que Haendel, al que incluso los menos aficionados a la música conocen por su «Aleluya», fuera alguien a quien le sonriera el éxito desde el principio. Incluso hay en su historial casos ridículos como el de una ópera compuesta para público inglés que se consideró tan infumable que se tradujo al italiano…para público inglés. Sin embargo, cuando el ridículo de Haendel tocó techo fue cuando sus dos prime donne se tiraron de los pelos en mitad de una representación y, como consecuencia, el «José Mota» de la época compuso la beggars’ opera, rememorando el feliz momento y ridiculizando a Handel por si no tenía bastante el pobre.

Las trifulcas Escolar-Carnicero o Carnicero-Escolar recuerdan mucho a la situación que dio inicio a la  beggars’ opera y todavía no sabemos hasta qué extremos de ridículo llegará. Si alguien representa la figura del «intelectual orgánico» de Gramsci es cualquiera de estos dos, quizás más «orgánicos» que «intelectuales», especialmente en el caso de Carnicero por motivos obvios. Uno defiende a su señorito; el otro se ha desengañado del señorito pero no del cortijo, a pesar de lo cual lo han puesto en la calle porque lo de la libertad queda muy bien en los mítines pero las empresas editoras de los diarios respectivos funcionan a toque de silbato.

Como consecuencia, el ahora desempleado se nos viste de representante de las esencias de la izquierda como contraposición del que defiende intereses bastardos. Como él mismo dice, llevaba 17 años en una empresa que se ha distinguido por una muy clara adscripción política. Vestirse ahora el manto de la pureza virginal no parece que vaya bien ni a su trayectoria ni a su envergadura pero cada uno elige la forma que prefiere de hacer el ridículo.

Al final, estamos llegando a tal nivel que acabaremos diciendo que la Esteban al menos da más espectáculo. Lo de éstos se acerca más a las viejas historias de Tamara Seisdedos y el profeta de los vegetales y, como éstas, probablemente les interesarán a muy pocos.

¿Seremos todos racistas?

Tengo amigos judíos, homosexuales, negros, feministas, etc…y soy consciente de que ésta es la primera justificación que alguien utiliza cuando, a continuación, quiere lanzar un mensaje racista. Si alguien piensa eso, lamento decepcionarle porque no es así.

Hace tiempo, en un entorno estrictamente profesional, me encontré con un socio que mantenía una postura a la que los demás, por distintas razones, nos oponíamos. En un momento, saltó «Estáis todos en contra porque soy judío», exabrupto al que lo único que pude contestar, y era cierto, es que ni siquiera lo sabía. No añadí que, en caso de haberlo sabido, me habría dado lo mismo pero también habría sido cierto. Más adelante me he encontrado con frecuencia quejas con relación al crecimiento del antisemitismo y sólo puedo decir que no tengo una opinión formada de los judíos más allá de la que pudiera tener sobre los rubios, los morenos, los altos, los bajos, los gordos o los delgados. Dicho de otra forma, es una categoría que me resulta irrelevante a la hora de enjuiciar a una persona pero, cuando alguien insiste en hacer de esa categoría el centro de su identidad, todas las conductas que pueda percibir alrededor las ve también dirigidas hacia ese centro dando lugar a relaciones desnaturalizadas.

Lo mismo es aplicable a cualquiera de los otros colectivos que ponía como ejemplo al principio. La mejor forma de no ser racista o de no practicar la exclusión es precisamente ignorar la categoría sobre la que se basa la exclusión y no introducir porcentajes en la línea de la mal llamada «discriminación positiva» que, antes que positiva, es sobre todo discriminación ya que, entre otras cosas contribuye a perpetuar las discriminaciones que dice combatir: Supongamos que, con el objetivo de que en mi empresa se reproduzcan los porcentajes de miembros de la raza X que hay en la sociedad, establezco un baremo y pongo un listón más generoso para los miembros de esa raza. ¿No estaré certificando el estereotipo de que los miembros de la raza X son peores gracias a la «discriminación positiva»? No sólo no se combate la discriminación sino que se dan argumentos fehacientes para que exista donde antes no los había.

¿Qué ocurre con la homosexualidad? Si alguien insiste en hacer de la homosexualidad el eje alrededor del que gira toda su conducta será rechazado…al igual que lo será un heterosexual que se comporte de la misma manera como bien sabe, por ejemplo, el señor Strauss-Kahn. Desde el punto de vista de la relación, y en tanto no haya razón alguna para que la homosexualidad o heterosexualidad resulten dimensiones relevantes, creo que todos tenemos derecho a ignorar dimensiones del otro que no nos interesan porque no son relevantes para el tipo de relación que tenemos con ese otro. Alguien que insiste en exhibir su sexualidad homosexual puede resultarnos a muchos desagradable pero no más que alguien que quiera exhibir la suya heterosexual. El «día del orgullo gay» nos puede parecer a muchos una parodia pero no más de lo que lo sería un hipotético «día del orgullo machorro». El problema no está en la sexualidad sino en su exhibición fuera de contexto.

Cuando el otro insiste en imponer su raza, su etnia, su tendencia política o sexual…lo que sea, como eje alrededor del que gira todo lo demás ¿no tenemos derecho a rechazar esa actitud en la relación con nosotros? ¿tenemos necesariamente que entrar al juego y «posicionarnos» en un tema que ni nos va ni nos viene?

Al final resulta que mucha gente puede sufrir rechazo no por ser lo que son sino por empeñarse en hacer una caricatura de ellos mismos ejerciendo de…lo que sea. Los que preferimos tratar con personas en lugar de hacerlo con caricaturas, sean étnicas, raciales, sexuales o lo que sea ¿somos racistas por ello o es ese rechazo la mejor vía de combatir el racismo o cualquier tipo de exclusión?

Curiosidades geográficas

En los tiempos de Google Earth y del GPS, todo el mundo sabe que POR SUPUESTO Nueva York está muy al norte de España, Miami puede andar más o menos alineada con Madrid y en la punta de África hay que tener cuidado para no tropezar con los icebergs.

Quien crea todas estas cosas, sólo tiene que mirar en Google Earth para llevarse algunas sorpresas como éstas:

  • La estatua de la Libertad está ligeramente al norte de Colmenar Viejo.
  • La Casa Blanca coincide casi exactamente con la latitud del monstruoso aeropuerto de Ciudad Real.
  • La cúpula del M.I.T. (ésa que tengo detrás en la foto que suelo poner en el perfil) tiene la misma latitud que el aeropuerto de Villafría en Burgos.
  • Los 28 grados Norte del archipiélago canario coinciden con la latitud de Miami.
  • Los 28 grados Sur no están por Kenia sino…en el cabo de Buena Esperanza, es decir, prácticamente en el extremo de África porque hay otro cabo que está un poco más al Sur o, dicho de otra manera, África acaba por el Sur en la misma latitud que tienen las islasCanarias en el hemisferio Norte.
Siendo tan fáciles de contrastar estos datos, todavía permanecen los estereotipos incluso entre personas con un nivel cultural medianamente alto. Quizás ha ocurrido así porque los GPS son relativamente recientes e interesan más por la cartografía que por la información sobre latitudes y, en cuanto al Google Earth, pocos se paran a mirar los numeritos que hay en la parte de abajo de la pantalla. Sin embargo, puede haber más motivos relacionados con los estereotipos:
  • Los inviernos en la costa Este de Estados Unidos son especialmente crudos y es difícil asociar temperaturas de 20 o 30 grados bajo cero a Colmenar Viejo y menos aún a Ciudad Real, aunque en algún invierno especialmente crudo también se haya llegado a ese nivel. La consecuencia es que se piensa que «tiene que estar» mucho más al Norte. Sin embargo, la explicación es mucho más sencilla: El Oeste de Europa está bañado por la corriente del Golfo (de México) mientras que la costa Este de Estados Unidos lo está por la del Labrador, que viene del Polo.
  • Se asocia «Norte» -incluso en lenguaje coloquial- a sociedades más avanzadas y, según ese estereotipo, colocar al presidente de Estados Unidos en el aeropuerto de Ciudad Real parece un poco rompedor y, en consecuencia, se da por hecho que tiene que estar mucho más al Norte, algo así como entre París y Londres.
Seguro que para más de uno alguno o todos estos datos le pillan por sorpresa. En caso de duda, es una información fácilmente contrastable: Más frío o más rico no siempre significa más al Norte.

Tecnología ofensiva

De una vez para otra, siempre olvido la facilidad que tienen en Estados Unidos para llamar imbécil al que no vive allí con las cosas que deberían ser más sencillas en la vida:

Sacar un billete de metro en una ciudad desconocida es una aventura, entrar por una boca para después buscar la dirección adecuada puede ser un error importante porque, en muchas partes, eso hay que decidirlo antes de entrar ya que la entrada sólo lo es para UNA de las direcciones. Poner en marcha un microondas debería ser muy fácil pero resulta que, si no está ajustado el reloj, no funciona. Por supuesto, este detalle no está avisado en ningún sitio pero, eso sí, hay sitios en Internet especializados en almacenar manuales de usuario y que, por el módico precio de 12 dólares, están dispuestos a suministrar un PDF con el manual correspondiente.

Un simple ventilador puede ser todo un reto para el que busque un botón de puesta en marcha o una forma sencilla de hacerlo funcionar utilizando el regulador de potencia. Conseguir un café decente es prácticamente imposible porque hay tal variedad de marcas -y todas afirman ser las mejores- que encontrar el adecuado por ensayo y error puede suponer 100 años de tragar un café infame y, al final, se acaba haciendo la aparente paletada de traerse el café de España en la maleta. ¿Qué decir de esos grifos que tanto gustan a ingleses y americanos donde ducharse con el agua con su temperatura y caudal adecuados roza lo milagroso para quien los utiliza por primera vez?

Sólo encuentro una excepción a esa regla general: El tráfico. Hace mucho tiempo llegué a la conclusión de que en Estados Unidos, las señales de tráfico estaban hechas para idiotas mientras que en España estaban hechas por idiotas y, desde el punto de vista del usuario, prefiero con mucho la primera opción. Aún así, teniendo en cuenta la cantidad de gente que vive en medio del bosque, es imposible sobrevivir sin un GPS porque, en caso contrario, una vez que uno se haya extraviado en el bosque no va a encontrar ni al lobo de Caperucita para poder preguntarle el camino.

Debate sobre el estado de la nación definido por Shakespeare

Una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa

No en vano se trata de algo que ha ido perdiendo audiencia en televisión a cada año que pasaba. Los argumentos son previsibles y la estupidez también. Si acaso, este año se aporta una novedad: La situación del protagonista principal, tan perfectamente descrito por Shakespeare, es tan patética que todo vale. Algunos diálogos, por llamarlos de alguna forma, son dignos del propio Valle-Inclán:

  • Ustedes quieren que me vaya pero no han aportado nada.
  • Todo esto.
  • ¿Lo ve? Por eso me tengo que quedar; para discutirlo.
Aplausos de los propios, protestas de los ajenos. Todo está en un guión tan estudiado y tan repetido que recuerda a los guiñoles del Retiro: Si alguien pasa un domingo por el paseo del estanque, verá varios guiñoles que cuentan distintas historias: El demonio de las tres colas, el panadero, la bruja…pero resulta que todos ellos cuentan la misma historia cambiando el personaje. Más o menos, lo mismo que se pudo ver ayer; eso sí, el espectáculo del Retiro es mucho más barato que éste e incluso tal vez un poco menos aburrido.
Zapatero recordó a un viejísimo chiste: «Mamá, mamá; en el colegio me llaman Travolta». «¿Quién te llama así, hijo mío?». A esto el niño responde «Todossss» mientras, imitando al Travolta de «Saturday Night Fever», dobla la rodilla,  estira el brazo con el índice extendido (ver min. 4:35)  y va señalando lentamente a la parte del auditorio que la flexibilidad de su brazo y de su cintura le permiten. Igualito que Zapatero a la hora de señalar a «todosssss» menos naturalmente a sí mismo, como culpables de la crisis: El último, el consumo privado.
Un Zapatero encanecido y que sustituyó los argumentos por muletillas se enfrentó a un Rajoy con una imagen de viejo de nacimiento. Si algún aficionado al Photoshop coloca una imagen de Rajoy en las Cortes de principios del siglo XX, encontrará que no desentona en absoluto. Eso sí; no diré donde no desentonaría Zapatero para no merecer las atenciones del Código Penal, como bien saben los miembros de su propio partido excepto sus cada vez más escasos afines.
Por añadidura, éste es un debate con tongo en el que hay muchos temas que no se tocan porque hay muchos que tienen buenas razones para callar. Algunos ejemplos:
  1. Independencia efectiva del poder judicial.
  2. Eliminación del papel del Tribunal Constitucional como «Supersupremo» y nombramiento de sus componentes por el poder judicial.
  3. Listas abiertas.
  4. Cambio de ley electoral.
  5. Clarificación y modificación de la financiación de los partidos políticos y de los sindicatos.
  6. Cierre del modelo de Estado y de los chalaneos asociados a su indefinición.
  7. Recuperación de competencias cuyas transferencias hayan demostrado tener unos efectos desastrosos.
  8. Igualdad efectiva de todos los ciudadanos en cualquier parte del país.
  9. Establecimiento de posiciones comunes en el tratamiento del fenómeno terrorista.
  10. Control efectivo sobre las cuentas para evitar espectáculos como los que se están dando en estos días.
  11. Exigencia de cumplimiento de la ley para todos.
La lista podría ser bastante más larga pero sólo con esto cambiarían bastante las cosas. Eso sí, no hay peligro. No vamos a ver nada de esto en ningún debate del estado de la nación sino que nos seguiremos quedando con la definición de Shakespeare.

«No hay pan para tanto chorizo» #15M y lecturas para una acampada.

La frase, que ha llegado a convertirse en una de las más conocidas del #15M es ingeniosa y hasta podría acercarse más a la realidad si cambian la preposición «para» por la preposición «por».

Las enmiendas a la totalidad, sin embargo, suelen acabar muy mal y ser instrumentadas por terceros: Las «SA» les vinieron muy bien a los nazis hasta la «noche de los cuchillos largos» del mismo modo que los estudiantes que reclamaban democracia vinieron muy bien a los integristas que acabaron poniendo a Jomeini y liquidando a los ruidosos que, involuntariamente, les ayudaron a llegar al poder.

Los que se hacen llamar «indignados» han tomado ese nombre precisamente del libro de Hessel «Indignaos«, cosa que ya bastaría para ponerle una señal de precaución al movimiento resultante de tal engendro político y literario.

Hessel vende bien sus argumentos pero tienen muy poca base y, sin embargo, hay sobrados motivos para indignarse, no necesariamente los que dice Hessel. Puesto que todavía quedan algunos campamentos, me permito recomendar a los «Indignados» algunas lecturas tanto para el campamento como para los recorridos en autobús para las invasiones de Madrid anunciadas:

«La sociedad abierta» de Karl Popper, «El conocimiento inútil» de Revel y «Camino de servidumbre» de Hayek. Para los ratos en que se quiera algo menos denso, puede bastar «Rebelión en la granja» de Orwell. Como ocurre con los productos farmacéuticos, estos libros no son inocuos y podrían tener como efecto secundario el abandono de la acampada. Probablemente mantendrán o acrecentarán la indignación pero, a lo mejor, empiezan a estar indignados por otros motivos.

Es cierto que hay países que se han gastado lo que no tienen pero, si un país decide poner al frente a un imbécil manirroto, quien ha prestado el dinero no tiene la culpa y pide lo que en derecho le corresponde y, en caso contrario, nos esperará a la vuelta de la esquina. No nos olvidemos de que los derechos sociales con que se llenan la boca los políticos los paga alguien y ese alguien, tanto si es del país como si es extranjero, también tiene algo que decir en lo relativo a su dinero. Nadie puede esperar endeudarse hasta las cejas y después clamar por la injusticia de tener que pagar basándose en que han sido otros los que se han endeudado por su cuenta.

La frase del titular da una pista de un posible plan de acción: Disminuir el número de chorizos. Para ello, nada mejor que exigir la independencia efectiva del poder judicial, las listas abiertas, la transparencia en la administración y, cuando proceda, la exigencia de responsabilidad penal.

Sólo con eso ya habría toda una revolución y, además, encaminada en el sentido correcto. Lo demás no deja de ser ruido y aumentar las posibilidades de acabar como la Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler o el Irán de Jomeini. Como decía el padre Arzallus, unos mueven el árbol y otros cogen las nueces. Seguro que hay candidatos a coger las nueces mientras los «indignados» mueven el árbol.

Otro precio de la crisis económica y política: Capital humano

Hace varios años me tocó dirigir un proyecto en El Salvador: A pesar de la amabilidad de su gente y de ser, al menos en ese momento, uno de los países donde menos corrupción visible había dentro del área geográfica llegué a la conclusión de que el país estaba muerto. La razón era muy sencilla: Un país donde una gran mayoría de sus ciudadanos tienen como máxima aspiración emigrar a Estados Unidos no tiene vida por delante.

Un país guiado por la máxima de Serrat de Escapad, gente tierna que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer no puede tener futuro. He tenido en los últimos años contacto con «españoles por el mundo» y, cuando les he preguntado por su intención de regresar, la respuesta ha sido unánime: Sólo de visita. En unas ocasiones porque no veían perspectivas en España, en otras porque sí las veían e incluso tenían buenas ofertas pero, si la aventura salía mal, no tenían donde ir y preferían estar en mercados mucho más abiertos, en otras, porque ya tenían hijos que habían nacido y estaban escolarizados en otro país y no veían ninguna ganancia para ellos con la vuelta a España…por unos u otros motivos, nadie tenía ningún interés en volver para quedarse.

Cuando se ha intentado en España poner coherencia en la política de inmigración, la lógica más evidente indicaba que se debía dar paso libre a los necesarios, es decir, aquéllos que fueran capaces con sus habilidades de hacerse un hueco en una sociedad que requería esas habilidades y, de esta forma, llegar a una situación de ganancia para ambas partes: Para el inmigrante y para el país que lo recibe. Ésa es exactamente la lógica que ahora están aplicando otros países cuando, por ejemplo, reclaman ingenieros o médicos en España para trabajar en países extranjeros. La falta de perspectivas en su propio país hace que cada vez sean más los que estén dispuestos a dar el paso y, una vez dado, si logran una situación estable, ven que hay otros mundos no necesariamente peores que éste y se adaptan a ellos, hay que dar su regreso por descartado.

Los que contemplan la situación desde la óptica macroeconómica afirman que el endeudamiento es tal que va a afectar a nuestros nietos. Es posible que no. Es posible que muchos de nuestros nietos nazcan ya fuera de España y, si no es así, marchen al inicio de su vida adulta y produzcan y paguen impuestos en otros países. Naturalmente, quien se va es quien se puede ir, es decir, quien tiene algo que ofrecer y encuentra alguien que se lo quiere comprar. Aquí se quedarán los golfos con coche oficial o sin él, los que hayan conseguido un nicho que les permita sobrevivir -y eso mientras no les toquen demasiado las narices- y los parados sin posibilidades en el exterior.

Ése es el panorama que tenemos. Mientras los políticos les ríen las gracias a los «indignados oficiales», está habiendo una revolución mucho más discreta: La de los que, como Santa Teresa, sacuden las zapatillas para no llevarse con ellos ni el polvo. En este caso, las zapatillas pueden ser unas Nike o unas Reebok y tienen poco polvo porque los aeropuertos suelen estar limpios pero el efecto es el mismo y produce empobrecimiento a medio y largo plazo, un empobrecimiento que nadie se ha molestado en cuantificar.

UPyD: ¿El «tea party» español?

Hace sólo unos minutos, veía en TVE un caso de desvergüenza informativa -más bien, desinformativa- que se pueden encontrar referido a UPyD: Afirmaban en el noticiario que UPyD había facilitado el acceso al gobierno de varios Ayuntamientos del PP. En realidad, si no hubiera habido detrás un Goebbels de vía estrecha, la noticia debería haber sido «UPyD se abstiene en las votaciones facilitando que se haga con la alcaldía la lista más votada» o, si lo quieren hacer más descarado, pueden decir «UPyD facilita que el PP se haga con varios Ayuntamientos no votando al PSOE».

La fuerza con que ha emergido UPyD en las últimas elecciones autonómicas y municipales muestra que los «indignados» no son los acampados sino muchos más y que, más que una alternativa política, lo que están exigiendo es que se respeten unas reglas del juego que ningún partido político, como tal, está defendiendo. Pueden encontrarse, eso sí, en los dos grandes partidos a personas concretas que sí defienden ese principio pero no parece la línea dominante.

Una vez concluidas las elecciones, UPyD ha jugado sus cartas. No sabemos todavía -el tiempo lo dirá- si lo ha hecho con habilidad o guiándose por principios pero, desde luego, las ha jugado bien: Exigir compromisos básicos en el terreno político y austeridad en el comportamiento de los políticos. Tanto si es por estrategia como si es por principios, la actuación es acertada.

¿Por qué no existe un equivalente de UPyD en los principales países europeos? Simplemente porque no es necesario. Son democracias consolidadas, que no provienen de una transición chapucera que les daba la llave del poder a los que querían liquidar el país y los acuerdos básicos son compartidos por todo el espectro político salvo excepciones afortunadamente marginales. En otros términos, no se necesita a nadie cuya principal aportación no sea un programa político sino una especie de «cobrador del frac» que recuerde cuáles son los compromisos básicos.

¿En qué se parece UPyD al «tea-party»? Si el «tea-party lo consideramos como un grupo de ultraconservadores sin más, tendríamos que decir que en nada. Si miramos más a fondo, como hizo Vargas Llosa en su excelente artículo dedicado a ese movimiento, veríamos que tiene bastantes puntos en común y que, en realidad, no es un partido sino un movimiento cívico que se ha constituido como partido para tener fuerza politica pero sin vocación de poder y a quién sus votantes no le votan en función de un programa de gobierno.

¿Cuál sería el futuro deseable para UPyD? Claramente, la desaparición. Si estamos de acuerdo en que UPyD no se comporta como un partido político sino como un movimiento cívico disfrazado de partido político, la situación ideal sería aquélla en la que en un futuro, cuanto más cercano mejor, UPyD pudiera anunciar: «Hemos conseguido los objetivos que justificaron nuestra fundación como partido y, una vez conseguidos éstos, nos disolvemos dejando en libertad a los miembros que quieran continuar en la actividad política para apuntarse al partido que esté más próximo a sus inclinaciones».

Hemos descubierto a nuestro pesar que un tarado con ínfulas de visionario puede ser peor que alguien decididamente perverso y en esa transición quieren caminar algunos. Por ello, se ha llegado a una situación en que una formación como UPyD puede ser necesaria…siempre que se mantenga en su papel de movimiento cívico. UPyD tiene un riesgo claro en este momento: Convertirse en un nido de tránsfugas una vez que sus miembros empiecen a tocar poder y, ante eso, pudieran olvidar los compromisos básicos. Si no cae en esa tentación, es probable que tenga una vida breve pero brillante y contribuya decisivamente a la limpieza y a clarificar los acuerdos básicos. Si lo hace, descubriremos que Dante tenía razón y que siempre hay un infierno peor. De ellos depende.

¿Por qué el informe meteorológico del telediario no lo da un meteorólogo?

En una gran mayoría de los casos es así desde hace bastantes años como puede verse en este divertido video. Desde los tiempos de Mariano Medina y su «barco K» en las Azores a la actualidad, en que se buscan presentadores/as y se dan incluso casos como Minerva Piquero, que empezó presentando el informe meteorológico para continuar con una carrera como presentadora, ha llovido mucho…y el perfil de los que nos informaban de que llovía ha ido cambiando.

En realidad, no sólo en la televisión sino en las mismas organizaciones dedicadas a la previsión meteorológica, los meteorólogos han ido perdiendo peso en favor de sistemas cuyos resultados no pueden reproducir ni cuestionar. El aumento de bases y tipos de observación y el procesamiento de todos ellos ha dado lugar a un sistema que es materialmente imposible de ser replicado…en el caso de que el meteorólogo supiera cómo funciona el ordenador y conociera sus algoritmos para la preparación de la previsión.

Simplemente no puede y, si en su propio feudo el meteorólogo se ve desplazado ¿cómo no va a serlo en la televisión? La experiencia nos muestra que las previsiones meteorológicas, cuando son hechas para espacios breves de tiempo, aciertan mucho más que antes -es conocida la historia de un hombre del tiempo, Eugenio Martín Rubio, que se apostó y perdió el bigote en relación con una previsión- pero esas previsiones no pueden ser reproducidas y, de vez en cuando, los ordenadores hacen tonterías: Cuando se produce una situación excepcional que no estaba prevista, puede encontrarse que el algoritmo utilizado funciona bien casi siempre pero no en esa situación precisa pero, lamentablemente, no hay forma real de validar o invalidar una previsión.

La consecuencia es que han echado a los meteorólogos de la televisión pero lo más grave no es esto: También los han echado o los están echando de los sitios especializados en previsión meteorológica.

Política actual y resonancias de «La araña negra» de Blasco Ibañez

He colgado un acertijo en Twitter aunque tiene trampa: En realidad es una invitación a leer «La araña negra», único libro que he estado a punto de regalarle a un profesor en el supuesto de que me hubiera suspendido. El misterio se resuelve fácilmente: El profesor era jesuita y «La araña negra» no está precisamente inspirada en el Gesú ni, en general, en las inmediaciones del «Papa negro».

La situación política que se ha planteado en España tras la designación de Rubalcaba con la permanencia de Zapatero en la presidencia del Gobierno me ha recordado inmediatamente a varios personajes del libro que, una vez más, invito a leer a quien no lo haya hecho. Los paralelismos son muy sencillos:

Durante toda la primera parte del libro, el protagonista es el «padre Claudio», a cargo de los jesuitas en España con la ayuda de su aparentemente fiel «padre Antonio» al que confiaba todos sus secretos y sus ambiciones.

Cuando sus ambiciones llegaron muy lejos y fueron detectadas por otros, le enviaron desde Italia a Tomás Ferrari, quien llevaría el mando real de la Orden en España aunque, nominalmente, continuase estando a cargo de la misma el padre Claudio. Naturalmente, quien tuvo un papel clave en la delación y, después, como auxiliar de Tomás Ferrari fue el «fiel» secretario, es decir, el padre Antonio.

Durante un tiempo todo funcionó así. El mando real lo tenia Tomás Ferrari, el segundo en el mando aunque de una forma muy poco visible era el padre Antonio mientras el padre Claudio, teóricamente la persona al mando, era una figura puramente testimonial para que en el exterior no se notasen los cambios que se habían producido. El padre Claudio comenzó a temer por su vida y llegaría el momento en que se comprobaría que tenía buenas razones para ello: Como no confiaba en nadie y temía ser envenenado, sólo encontraron una forma de envenenarlo y ésta no podía ser otra que el vino de misa.

Como es fácil de suponer, después vinieron las grandes exequias y, ante el luctuoso e imprevisible hecho de que el padre Claudio había muerto, se consolidó el proceso quedando formalmente a cargo de la Orden Tomás Ferrari y su fiel -aunque con fidelidad cambiante- padre Antonio.

Creo que no se necesita mucho mas para sacar paralelismos con personajes del Gobierno actual: El «padre Claudio» ha cedido el mando a Tomás Ferrari y ha conseguido esquivar la primera copa de veneno quedándose nominalmente a cargo de la Orden. ¿Para cuándo la siguiente? ¿Qué acontecimiento se utilizará como oportunidad para hacérsela tragar y organizarle las exequias? Lo que sí está claro es que no le van a dejar que se tome unas vacaciones de un año y, menos aún, le van a permitir que ejerza su teórica función.