Eeebuntu Linux: Gracias
Hace algún tiempo publiqué esta entrada:
https://factorhumano.wordpress.com/2008/12/13/¿para-que-sirve-un-netbook/ que respondía a la desesperación de alguien que, tras comprar un netbook, ve que sirve de poco gracias a una configuración absurda. No he podido ampliar la memoria ni conseguir que, teniendo dos unidades SSD absurdamente divididas, la unidad de instalación por defecto fuera la más grande. Todo inútil.
Las cosas han cambiado gracias a Eeebuntu www.eeebuntu.org , distribución Linux que se adapta espléndidamente al netbook que, de repente, se ha convertido en un ordenador rápido. No es la primera vez que Linux me revitaliza un ordenador desahuciado pero, en este caso, ha sido espectacular el resultado y la perfecta adaptación de esta distribución Linux al netbook de Asus.
En espera del muy anunciado Chrome OS,
https://factorhumano.wordpress.com/2010/04/09/¿que-fue-del-chrome-os/ Linux continúa siendo una alternativa sólida y que necesita muchos menos recursos de máquina que Windows. Eeebuntu, además de ser capaz de hacer que funcione un ordenador con unos recursos mínimos mucho mejor que con Windows XP, tiene un manejo totalmente intuitivo y añade todas las aplicaciones normales para un usuario normal de un netbook. Se podría decir que no necesita nada más de lo que ya lleva Eeebuntu.
Existen versiones posteriores pero hay que probarlas: Eeebuntu tiene una versión beta de su edición 4.0 que, al parecer, ya no está pensada para los EeePc sino que su uso es más amplio y Ubuntu tiene una edición específica para netbook. Bienvenidas sean; la versión 3.0 de Eeebuntu a la que se refiere este post, diseñada pensando en EeePc, funciona de maravilla y convierte en útil lo que, si utilizamos su diseño original, no deja de ser un juguetito de escasa utilidad y con muchos problemas de funcionamiento.
ACTUALIZACIÓN A JUNIO DE 2010: Eeebuntu cambia y pasa a llamarse Aurora (www.auroraos.org) y, en lugar de apoyarse en Ubuntu, pasa a hacerlo en Debian y a dejar de estar centrado en la serie EEEPc de Asus. Lo que a continuación escribo es una experiencia particular y como tal ha de tomarse. Cuando instalé en mi EeePc el Eeebuntu Linux la experiencia fue magnífica; al cabo de muy poco tiempo el sistema me ofreció la posibilidad de actualizar y, al hacerlo, me instaló la última versión disponible de Ubuntu sin que haya tenido el menor problema. No sólo eso; al instalar Eeebuntu lo hice sobre la unidad SSD de mayor tamaño con lo que eliminé la carencia de espacio crónica que tenía con un Windows configurado para instalarse sobre la SSD de menor tamaño.
La actualización no ha supuesto ningún problema y el EeePc funciona perfectamente con la versión 10 de Ubuntu sin necesidad de recurrir a la versión «rebajada» para netbook pero…ha dejado algunas configuraciones previas del Eeebuntu. Esto tiene especial importancia porque cuando traté de instalar directamente Ubuntu -lo hice con la versión 9- no funcionó. Conclusión: La receta que me ha funcionado ha sido instalar Eeebuntu 3.0 y aceptar la actualización a la última versión de Ubuntu en lugar de montar ésta directamente. De esta forma quedan ahí las herramientas específicas para la serie EeePc.
No sé como funcionará la sucesora de www.eeebuntu.org pero la experiencia invitaría a darle un voto de confianza a www.auroraos.org sabiendo que ya no está centrado en los EeePc y que, por tanto, puede carecer de herramientas específicas y ser un buen competidor para la versión específica de Ubuntu. Nuevamente yendo al terreno de la experiencia particular, una instalación limpia de la última versión de Debian -distribución en la que se basará el nuevo Aurora- me ha fallado aunque, al mismo tiempo, he podido ver que las herramientas de Debian para el particionado del disco son mucho más transparentes que las de Ubuntu. Tanto es así que después de encontrarme que cada distribución de Linux se montaba en el espacio residual dejado por otras, acabé utilizando Debian para dejar como espacio libre todo el área que pensaba utilizar para la instalación y sobre ese área instalé Ubuntu 10 sin problemas en un ordenador antiguo y como instalación limpia.
Aparecieron las cajas negras del AF-447
Es de esperar y desear que los hallazgos se hagan públicos porque de lo que salga de esas cajas puede depender la evolución futura de la aviación comercial.
No creo estar exagerando. Si, como muchos esperan, las cajas negras confirman que el avión inició una barrena plana después de que una respuesta automática, nacida de un sensor defectuoso, lo colocase en una actitud sin posible recuperación…las prácticas de diseño y fabricación actuales quedarían en entredicho.
Hace unos meses, comentando este asunto con un ingeniero del regulador europeo de la aviación, me señalaba que si la probabilidad de que esto ocurriera estaba por debajo de 1 en 1.000.000.000, entraba dentro de los límites de aceptabilidad de riesgo catastrófico y nada tenia por qué cambiar.
Cuando se produjo el accidente del United-232, en el cual la explosión del motor de cola dejó al avión sin ninguno de los tres sistemas hidráulicos, la lógica fue idéntica. Sin embargo, hay otra lógica superior: Un evento simple cuya probabilidad de ocurrencia es inferior a 1 en 1.000.000.000 de veces, simplemente no ocurre y, si lo hace, lo más razonable es pensar que el cálculo de probabilidades está mal hecho.
¿Puede considerarse un evento simple tener un sensor defectuoso y verse obligado a volar a través de una zona tormentosa? Desde luego, no parece que sea algo producido por una absolutamente excepcional concatenación de hechos como, por ejemplo, la que dio lugar al accidente de Los Rodeos. Con ocasión del 30 aniversario del accidente, el entonces embajador norteamericano afirmaba -no se sabe con qué autoridad- que hoy era imposible que se produjera un accidente como aquél. Lo cierto es que si esa afirmación la ceñimos al hecho resultante -colisiones en pista- se han seguido y se seguirán produciendo y si la ceñimos a la excepcional convergencia de hechos que se produjo entonces, tendríamos que darle la razón pero con un matiz: En aquel momento también era imposible…y sucedió.
Siempre encontraremos convergencias excepcionales que lleven a que se produzca un desastre. Lo que no es aceptable es que el desastre ocurra en unas condiciones donde la convergencia no pueda calificarse de excepcional. Es de esperar que las cajas negras despejen la incógnita y, si hay que cambiar desde su inicio todas las prácticas actuales basadas en una búsqueda a ultranza de la eficiencia y donde los cálculos de probabilidades utilizados para determinar qué es admisible y qué no lo es pueden tener serios sesgos, hágase. Llega el momento de «luz y taquígrafos» y no sería aceptable que se escamotease información si ésta apuntase más arriba de pilotos u operadores aéreos.
«Intellectuals and Society» de Thomas Sowell
No es el mejor Sowell. El mismo tema lo había tratado de una forma más breve en un libro anterior, «The vision of the anointed», que probablemente va mucho más a los puntos clave que éste. Sowell es un defensor sin complejos del liberalismo («ultraliberal» lo llamarían los que ven mal al liberalismo) pero que, al igual que su mentor Hayek, no concibe el liberalismo como la vieja receta del laissez faire sino que implica mucha actividad para asegurarse que todos respetan las reglas del juego.
En «Intellectuals and Society» nos pinta un tipo de personaje que está dispuesto a hablar de cualquier cosa -como un tertuliano con pedigree- sin asumir jamás ninguna responsabilidad por lo dicho o hecho y, sobre todo, inmune a la experiencia. Como siempre ocurre con Sowell, el libro tiene muchas ideas que valen la pena pero, en algunos casos, se le va la mano y comienza a actuar de una forma que hace que se le pueda atribuir a él la idea de «intelectual» con la connotación negativa que implica. Para Sowell, en este contexto, la definición de intelectual es la siguiente:
Aquí, por intelectual se entiende una categoría ocupacional, gente cuyas ocupaciones tienen que ver sobre todo con ideas -escritores, académicos y demás-. Muchos de nosotros no vemos a los neurocirujanos o los ingenieros como intelectuales a pesar del intenso trabajo mental que cada uno precisa…en el fondo de la noción de intelectual está el concepto de vendedor de ideas -no aplicación personal de las ideas como podría ser el caso de un ingeniero que aplica complejos principios científicos para crear estructuras físicas o mecanismos…El trabajo del intelectual comienza y trabaja con ideas, a pesar de lo influyentes que hayan podido ser esas ideas sobre cosas concretas en las manos de otros. Adam Smith nunca dirigió un negocio ni Karl Marx gestionó un Gulag. Eran intelectuales.
Sowell utiliza ejemplos de personajes como Sartre y su posición pro-Stalin y cómo jamás modificó sus planteamientos a pesar de que la realidad parecía invitar a ello o los numerosos personajes que, en vísperas de la II Guerra Mundial proclamaban la necesidad de un desarme unilateral como forma de que Hitler no se considerase amenazado y, por tanto, desapareciera la amenaza de guerra.
Sin embargo, aunque el tipo sea fácilmente reconocible en los términos en que Sowell lo describe, como alguien que se considera parte de una elite y que no acepta las limitaciones de las leyes a las que quiere evitar por vía interpretación libre y que, por supuesto, piensa que la sociedad estaría mejor organizada si, en lugar de dejar a cada uno que decida sobre su propia actuación, ésta es dirigida por los que «saben» que es lo que se requiere y están dispuestos a imponer sus recetas, todo esto ya estaba en «The vision of the anointed». Sin embargo, hay dos puntos en que se le va definitivamente la mano:
- La generalización: Cierto que hay muchos personajes prominentes que son inmunes a la realidad -no sólo entre los intelectuales tal como los define Sowell- pero, en particular, se dedica a lanzar dardos a un personaje que no sólo no fue inmune a la realidad sino que ésta le hizo cambiar completamente sus planteamientos: Bertrand Russell. En el terreno político, tiene muy poco que ver el Russell de los años 20 con el Russell posterior a la Segunda Guerra Mundial donde había visto los efectos e incluso había visitado las famosas «aldeas Potemkin» y, como consecuencia, alteró por completo sus posiciones iniciales. No todos han hecho lo mismo pero, tal vez, habría que introducir también el factor de honradez intelectual. No todo el mundo la tiene en el mismo grado.
- La negación de la contribución positiva. A pesar de que él mismo da ejemplos de personajes que han tenido una contribución, a través de las ideas, sobre las actuaciones de otros, no siempre esa contribución ha de ser necesariamente negativa y, si así fuera, nos veríamos obligados a preguntarle a Sowell qué opina de su propio papel y de la incidencia que éste pueda tener en el pensamiento económico y social. Puesto que Sowell acusa a los «intelectuales» de salirse de su ámbito de conocimiento, lo mismo le sería aplicable a él cuando comienza a tocar temas como la organización social, a menos que arbitrariamente decida ampliar el ámbito de la economía también a estos asuntos, en cuyo caso quedaría definitivamente inscrito en la casta de «intelectuales» que denigra.
En suma, piezas brillantes pero dentro de un conjunto deslucido. El original, «The vision of the anointed», resulta mucho más aconsejable como lectura.
La beatificación de Mario Conde
¿Es casualidad que la apología de Mario Conde se produzca en un momento en que las dudas sobre la incompetencia de Gobierno y oposición van dejando de ser dudas y pasando a ser certezas? ¿Es un primer paso para lanzarse de nuevo a una carrera política aprovechando la ausencia de alternativas creíbles por uno y otro lado?
Mario Conde y sus portavoces mediáticos no nos dicen nada nuevo cuando desvelan que detrás del caso Banesto hubo una maniobra política de gran envergadura. Sin embargo, es mucho más difícil sostener que Mario Conde aterrizó en la cárcel EXCLUSIVAMENTE por causas políticas y que no había metido la mano en la caja.
Uno, Felipe González, temía a Mario Conde como oponente en un momento en que los escándalos de corrupción le saltaban por todas partes; otro, José María Aznar, acababa de conseguir librarse del padrinazgo de Fraga y temía a Mario Conde como eventual sustituto. Ambos, por tanto, tenían motivos para desear la caída de Mario Conde pero eso no convierte a éste en inocente de toda culpa.
Mario Conde puede quejarse, con razón, de que con él se cometió un agravio comparativo ya que otros Bancos, fundamentalmente el entonces Banco Hispano Americano, se encontraban en una situación completamente crítica pero la amistad de su entonces presidente, Claudio Boada, con Carlos Solchaga y su grupo llevó a que los tratamientos de los casos Banesto e Hispano fueran radicalmente distintos.
La entrada de Mario Conde en Banesto fue una maniobra magistral: Banesto era un Banco ineficiente con una plantilla con la edad media más elevada de toda la Banca y cuyos pobres resultados hacían que sus acciones estuvieran valoradas a la baja. Sin embargo, el grupo industrial que había detrás tenía una dimensión mucho mayor de lo que podía pensarse por el valor de las acciones en el mercado, o sea, Banesto era el candidato ideal para una OPA hostil encaminada a trocearlo. Al vender piezas del grupo industrial a precio de mercado, mucho más elevado que el valor contable que reflejaba el valor de adquisición mucho tiempo atrás, eso podía transformarse en una máquina de hacer dinero durante bastantes años. Por añadidura, la elevadísima edad media de la plantilla permitía un cambio total hacia un modelo mucho más eficiente de funcionamiento sin necesidad de ningún tipo de soluciones traumáticas sino, simplemente, recurriendo a prejubilaciones de verdad, no de las que se comenzaron a hacer poco más tarde afectando a personas por debajo de los 50 años.
Mario Conde tuvo una gran perspicacia cuando se dio cuenta de qué era realmente Banesto y su enfrentamiento con el poder comenzó porque alguien más se había dado cuenta de lo mismo: José Ángel Sánchez Asiaían, entonces presidente del entonces Banco de Bilbao, quien quiso comprar Banesto contando con todas las bendiciones del poder político del momento. La negativa de Mario Conde a aceptar la compra de Banesto por el Banco de Bilbao sería el inicio del enfrentamiento que, en su primera fase, concluyó con su llegada a una cárcel en la que el régimen penitenciario debía ser lo suficientemente relajado como para permitir verle, mientras estaba encarcelado, comiendo en una conocida arrocería de los alrededores de Madrid. Aclaro que esto último nadie me lo ha dicho; estaba en la mesa contigua a la mía.
Si repasamos la historia de Banesto durante la época de Mario Conde, encontraremos que los beneficios que daba Banesto no procedían de su actividad bancaria sino del capítulo de «atípicos», es decir, de la venta con gran beneficio de una serie de empresas del grupo industrial y del reparto del dinero. Al parecer, maniobras políticas aparte, una parte de ese dinero no llegó nunca a los accionistas sino que se quedó en el camino y ésa fue la causa de la condena aunque, lamentablemente, tengamos que coincidir con Mario Conde en que eso le habría salido gratis si hubiera tenido las amistades convenientes y no hubiera estorbado los intereses políticos de los que tenían en su mano los resortes del poder para imponerlos.
La hagiografía de Mario Conde ha sido emitida por un medio que se identifica a sí mismo como «la derecha en España». A cualquiera le puede sorprender un mensaje publicitario que coloca a Sarkozy como «la derecha en Francia», a Merkel como «la derecha en Alemania» y, sin embargo, cuando llega a España no identifica a Mariano Rajoy como «la derecha en España» sino que se identifican ellos mismos como tales. Como en este ámbito nadie da puntada sin hilo, no podemos pensar que esa atribución o falta de atribución sea accidental sino que, de una forma absolutamente transparente, nos están diciendo que no consideran a Mariano Rajoy el líder de la derecha en España…y probablemente coincidan en la apreciación con muchos miembros del PP. Si esto es así ¿cuál es la alternativa a Rajoy?
Desde una posición de alguien que se considera «la derecha en España» no cabe pensar en que la solución venga de un recambio de Zapatero que haga dar un giro de 180 grados (360 que diría Ana Mato) a la política del PSOE. Si hablamos de un partido emergente como UPyD, mucha gente no afín al PSOE puede coincidir al 100% con el mensaje de Rosa Díez y mucha gente que sí es afín al PSOE pero no a Zapatero también. Sin embargo, es una alternativa más que dudosa. En primer lugar, el sistema electoral español favorece a los grandes partidos y a los que tienen su voto concentrado en pocas circunscripciones y un partido nacional minoritario tiene unas posibilidades mínimas. Sin embargo, no es éste el problema más grave: En la remota hipótesis de que UPyD llegase a alcanzar un número de votos que le permitiese ejercer como bisagra ¿contribuiría UPyD a limpiar el sistema o la diversidad de procedencias y tendencias de sus miembros haría que asistiéramos a una subasta del voto pudriendo todavía más el sistema de lo que ya lo está? Por último, UPyD es básicamente de izquierdas y muchos de sus miembros lo utilizan como una especie de «PSOE en el exilio» que espera la caída de Zapatero para volver a su papel de «senadores romanos» una vez desaparecidos Calígula y su caballo.
En estas condiciones ¿cuál es la apuesta de Intereconomía o, como ellos se califican, «la derecha en España»? Un líder de la derecha que pueda representar una alternativa a Rajoy y que pueda recoger a militantes y votantes descontentos con su acción o su inacción. Algunos no ocultan sus preferencias para ese papel por Esperanza Aguirre pero ésta no se ha decidido a dar el paso definitivo; además, Esperanza Aguirre, como ella misma reconoció cuando le preguntaron por su valoración en las encuestas, tiene adhesiones incondicionales y enemigos mortales. Alguien con un perfil intelectual más alto que una persona que no había leído a la famosa escritora «Sara Mago», como Esperanza Aguirre, pero con unos principios liberales igualmente sólidos y dispuesto a defenderlos sin complejos sería una opción ideal. Exigir que, además, fuera honrado sería ideal pero utópico.
A estas alturas, creo que somos muchos los convencidos de que el sistema político se sustenta en la doctrina MAD (Mutual Assured Destruction) que consiguió la paz en la época de la guerra fría. Nadie asciende en el escalafón de un partido si tal partido no tiene los recursos para, cuando le sea necesario, poder destruir al que se ha convertido en molesto. Es posible que alguien más optimista que yo piense que no es así; en tal caso, no estará de más recordar que las filtraciones que descabalgaron a Borrell de su puesto de candidato a la presidencia nacieron dentro del PSOE y, por idéntica razón y con idéntico origen, tenemos en estos días las informaciones que van saliendo encaminadas a la caza y captura de Bono con la finalidad de anularlo como alternativa. A alguien dentro del PSOE y partidario de Zapatero, si no él mismo, le puede venir bien liquidar políticamente a Bono y a alguien, que se autodefine como «la derecha en España», le puede venir bien publicar esa información para que no se produzca el relevo de Zapatero en el PSOE en la forma de un personaje que pudiera tener algún tirón populista. Por supuesto, al igual que en el caso de Conde, el hecho de que Bono sea atacado por motivos políticos no presupone en modo alguno su inocencia.
Con todo este cóctel ¿qué nos queda? Mario Conde. Mario Conde fue víctima, además de sus propias acciones, de una maniobra política en la que convergieron los intereses de las cabezas de los dos grandes partidos. Ahora, paradójicamente, nos lo quieren beatificar por idéntico motivo: Necesidad de buscar urgentemente un recambio tanto en el liderazgo de la derecha como en el de la izquierda.
Transporte VIP: Una fuente de riesgo poco estudiada
Todavía no está claro si la muerte del presidente polaco con 91 personas más tuvo como máximo responsable al propio presidente o se le va a poner el sello de «error del piloto» y darle carpetazo al asunto. Hubiera o no una presión directa, está claro que la situación introducía presión:
El presidente polaco quería ir a Katyn pero no había sido invitado por las autoridades rusas. Teniendo en cuenta que en Katyn murieron decenas de miles de oficiales polacos, masacrados sistemáticamente por el ejército de Stalin como una forma de descabezar la resistencia polaca, puede entenderse que tuviera interés en llegar allí con todo su séquito a pesar del desaire ruso. Entonces entra en juego la meteorología: Si el avión se desvía al aeropuerto alternativo, el presidente y su séquito no llegarán a la ceremonia y, puesto que no había sido invitado, habrá quien se alegre del desaire y hasta haga unas cuantas risas con ello. ¿Hace falta que el presidente entre a la cabina o mande a alguien con el mensaje de que aterrice «como sea» o la situación es suficiente para que el piloto actúe bajo presión incluso aunque ésta no sea explícita?
Hace años, los británicos, que en Europa suelen ir en cabeza en lo relativo a seguridad aérea, se plantearon quién estaba pilotando los aviones que transportaban a su adorada reina porque encontraron que pilotar los vuelos VIP era considerado un privilegio del rango y, en consecuencia, estos vuelos eran operados por pilotos que pasaban más horas en los despachos que en las cabinas de los aviones, es decir, pilotos que dedicaban mucho tiempo a mandar y poco tiempo a volar. Hasta sus últimos días, Hussein de Jordania estuvo pilotando un DC-10; desde luego, no me habría gustado ser su copiloto como tampoco me gustaría serlo de Juan Carlos ni, como dicen los de Gomaespuma, de «nuestro hijo Felipe».
El VIP es un factor de riesgo tanto si va en la cabina como si va en la parte de atrás y, en ocasiones, ni siquiera lo es por sí mismo sino por el servilismo de los que le rodean. Es conocido el caso de Jimmy Carter en que una sugerencia trivial suya se transformó en un rosario de órdenes de máxima prioridad aparcando otros temas y gastando bastante dinero en el empeño. Si vemos el informe del accidente que implicó a Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, disponible en la página web de la CIAIAC, encontraremos que había una explanada junto a la plaza de toros de Móstoles con unas perfectas condiciones para la operación del helicóptero. ¿De dónde partió la orden de que el vuelo partiera de la plaza? ¿Fue de ellos mismos o de su séquito de asesores de imagen y relaciones públicas? ¿Hicieron ellos una sugerencia que se transformó en una orden incuestionable?
Las mismas preguntas están ahora abiertas con el accidente del avión que transportaba al presidente polaco y su séquito. ¿Hubo presión? ¿La presión nació del presidente o fue una sugerencia que, a medida que bajaba por la cadena de mando, pudo transformarse en una orden con amenazas implícitas o explícitas? ¿La presión fue ejercida por alguna persona o se derivaba simplemente del conocimiento de la situación?
No es fácil para el piloto ponerse en su lugar de «comandante de aeronave» cuando sus pasajeros son de la casta VIP; no digamos si lo es quien lleva al lado. Sólo un apoyo sin fisuras de sus superiores en la organización puede conseguir que ejerza como tal y, aún así, pueden presentarse problemas. El plus de riesgo asociado al transporte VIP está lejos de ser resuelto y el accidente del avión polaco es sólo la última manifestación grave de ese fenómeno.
Sanciones de tráfico y más que dudosa constitucionalidad
Hace algún tiempo me comentaron algo que me pareció increíble y tomé nota para, en caso de que fuera real, llegar hasta donde hiciera falta, incluso al Tribunal Constitucional aún sabiendo que decisiones pasadas e indecisiones presentes hacen que, por decirlo suavemente, no se encuentre en su momento de mayor prestigio. La cosa era que una infracción de tráfico cometida sin ir al volante de un vehículo que exigiera carnet de conducir podía, igualmente, suponer puntos en el carnet de conducir.
La objeción que se puede hacer es absolutamente clara: Supongamos que voy conduciendo una bicicleta -que no requiere carnet de conducir- y me salto un semáforo. Me tropiezo con un guardia urbano de la variedad normópata y decide que me va a sancionar y que la sanción me va a suponer pérdida de puntos en el carnet de conducir. Supongamos que en el mismo momento otro ciclista actúa de idéntica manera y el guardia le sanciona también a él pero, puesto que no tiene carnet de conducir, la misma acción tiene una sanción distinta en uno y en otro caso.¿Dónde está la lógica?
Pues bien, ahora sale el nuevo Código Penal que establece que, en determinadas situaciones como conducir con una alta tasa de alcohol en sangre, una de las sanciones asociadas es la confiscación del vehículo. Supongamos tres posibilidades:
- Voy conduciendo pero el coche no es mío o es alquilado.
- Voy conduciendo y el coche es mío pero es un cascajo que estoy encantado de que me quiten de encima.
- Han pillado a Cristiano Ronaldo conduciendo un Ferrari recién comprado y a su nombre.
Idéntica situación. ¿Puede el Código Penal establecer sanciones distintas para el mismo acto en función de quién lo cometa? Si todos somos iguales ante la ley, parece que no. ¿No tienen nada que decir a esto ni la férrea oposición ni el prestigioso Tribunal Constitucional? ¿Tendrá alguien que llegar hasta Estrasburgo para intentar restablecer la cordura?
El caos aéreo por las cenizas volcánicas
Quizás para mucha gente resulte una exageración el lío que se ha montado por las cenizas volcánicas y la práctica paralización aérea del norte de Europa.
Para aportar algo de perspectiva, veamos algunos datos:
- El número de paradas de motor en vuelo está en muchos modelos por debajo de una parada por cada 5.000 horas de vuelo, dato que en último extremo sirvió para amparar el hecho de que se estén cruzando océanos con aviones bimotores de gran tamaño.
- La probabilidad de una parada múltiple de motores que, al inicio del vuelo, funcionaban perfectamente es muy escasa pero las causas que pueden provocar tal parada están identificadas:
- El avión se ha quedado sin combustible: Esto ocurrió, por ejemplo, en un vuelo de Air Transatt que aterrizó en las Azores planeando tras una fuga masiva de combustible.
- El combustible está contaminado: Hace varios años, hubo un problema de combustible contaminado en la zona de Centroamérica y, sin que llegase a producirse una parada múltiple de motores, hubo más de un susto.
- Cenizas volcánicas: Nada menos que un Jumbo, con sus 4 motores, perdió toda la potencia por ingestión de cenizas volcánicas: http://www.skybrary.aero/index.php/B744,_KLM,_Alaska_USA,_1989_%28WX_LOC%29?utm_source=SKYbrary&utm_campaign=a0d9fbc1ae-SKYbrary_Highlights_20_4_2010&utm_medium=email. Afortunadamente, fueron capaces de volver a arrancarlos para mantener el avión en vuelo pero el susto fue monumental. Una variante, que ha ocurrido en la zona de Indonesia, es la producida por gigantescos incendios que se produjeron hace algún tiempo y que, además del problema de visibilidad, producían también efectos negativos en las turbinas.
Por añadidura, los radares meteorológicos no detectan las cenizas volcánicas y un avión puede meterse en ellas inadvertidamente. Conclusión: No es ninguna broma el asunto de las cenizas y aunque las cancelaciones puedan fastidiar los planes de mucha gente, es de aplicación un principio en el que siempre se ha tratado de mentalizar a los pilotos aficionados: «Más vale estar en tierra deseando estar en el aire que estar en el aire deseando estar en tierra».
Servicios inservibles: American Airlines
La verdad es que se trata de una aerolínea con la que la experiencia anterior es suficientemente negativa para esquivarla en todo lo posible. Lamentablemente, no siempre se puede.
Desde el 11-S, volar se ha vuelto una experiencia bastante repugnante, volar a Estados Unidos mucho más y hacerlo con American Airlines acaba siendo la quintaesencia.
Supongo que tengo cara de sospechoso habitual pero es que, en España, tras ocho siglos de dominación árabe, será raro el que no tenga algún ancestro musulmán y el aspecto mediterráneo y el árabe, desde la perspectiva del sajón rubio y pecoso deben ser muy parecidos. En consecuencia, me ha llegado a tocar incluso desmontar entera la maleta que iba a facturar en Barajas en un vuelo de American Airlines en que, por añadidura, lo único que hacía en Estados Unidos era un tránsito hacia otro país. La experiencia del tránsito por Estados Unidos -especialmente si es por Miami- ha llegado a ser tan negativa que otras aerolíneas como Iberia están utilizando como hub para los vuelos a Centroamérica los aeropuertos de Costa Rica o Guatemala.
También me tocó por primera y hasta el momento única vez en mi vida perder un vuelo transatlántico…de American Airlines. El motivo fue muy sencillo: Un solo mostrador de facturación abierto en el aeropuerto de Orlando lo que propició una cola interminable. Cuando llegó mi turno, habían cerrado a la facturación un vuelo que salía hacia Miami 55 minutos más tarde. Resultó completamente inútil señalar que llevaba más de media hora en la cola. La pérdida de ese vuelo me hizo perder el enlace y me obligó a pasar una noche en Miami para volar de regreso al día siguiente. ¿Disculpas? Ninguna. ¿Indemnizaciones? Menos.
Estos días, sin embargo, estamos llegando al virtuosismo no sé si de la incompetencia, del engaño o de una sabia mezcla de ambas cosas adecuadamente sazonadas de desprecio por el cliente y sus derechos:
Por motivos profesionales, un familiar cercano tiene que volar a Boston el próximo 3 de junio. La oferta más barata disponible era la de American Airlines, quien emitió una reserva para un vuelo que llegaba a Boston a las 15:30 pero, por razones desconocidas, tardó en emitir el billete. Después de insistir y de que en American Airlines afirmasen que no había ningún problema, se emite el billete.
Otra persona que tenía que volar para asistir a la misma reunión pidió los datos del vuelo para recibir de la agencia una respuesta especialmente extraña: Ese vuelo no existía. Finalmente, consiguió billete para volar ese día pero con una diferencia: El vuelo salía de Madrid hacia Chicago donde hacía una escala y llegaba a Boston a las 21:30. Al comprobar el billete emitido, resulta que no tiene nada que ver con la reserva (vuelo directo a Boston con llegada a las 15:30) sino que es el mismo número de vuelo y la llegada a Boston figura también a las 21:30.
Naturalmente, este cambiazo lo hacen por su cuenta y sin tomarse la menor molestia en avisar o preguntar. ¿Para qué?
Supongo que, si a estas alturas de la situación, se insiste en que ha habido un engaño manifiesto, se podría obtener un reembolso del billete. ¿Para qué? ¿Para tener que buscarlo en otra aerolínea a un precio ya 400 euros más caro de cómo estaba cuando se hizo la reserva original?
Ésta es mi experiencia con esta aerolínea. A lo mejor alguien tiene una positiva pero yo no he conocido a nadie que me haya hablado bien ni de los servicios ni de la organización ni de la amabilidad en esa compañía. Lo que sí conozco es bastante gente que a estos casos puede replicar con otros propios de la misma o peor laya.
Servicios inservibles: Vodafone ADSL
Hace unos meses salió una oferta bastante interesante en precio para dar de alta un servicio de ADSL de Vodafone que incluía las llamadas locales y una velocidad teórica de 12 Mb. a un precio muy competitivo para los estándares habituales. Se me ocurrió contratarlo pero no tenía idea de los entresijos de la organización con que me iba a encontrar.
Poco después, contraté un servicio añadido, la posibilidad de poder llevarme el teléfono a cualquier lado para seguir teniendo recepción de llamadas al fijo o realización de llamadas nacionales sin coste desde cualquier punto y no sólo desde la instalación de ADSL. Puesto que este servicio tenía un coste añadido y lo estaba utilizando muy poco, entendí que no me compensaba y decidí darlo de baja. Ahí empezaron los problemas:
Al tratar de dar de baja el servicio el 3 de marzo, me encuentro con una operadora que hace gala de bastante mala educación y me empieza a contar de las penalizaciones que lleva asociada tal baja. Le tuve que aclarar que me refería exclusivamente a la baja de este servicio y no de la línea de ADSL ni del resto de servicios asociados. Al parecer, le sentó bastante mal la puntualización y la conversación concluyó con un escueto «ya está» por su parte. Más tarde, descubriría que el «ya está» se refería a que había producido una baja del ADSL -que, obviamente, no era lo que le había pedido y con eso zanjó el asunto.
Cuando, unos días más tarde, me encuentro que el ADSL no funciona traté de hablar con Vodafone pero, puesto que esto ocurría un viernes por la noche, parece que hasta el lunes no había forma de arreglar nada. Después de un fin de semana sin que funcione el ADSL, el lunes vuelvo a hablar con ellos y les cuento qué ha ocurrido. Su respuesta consiste en que no me preocupe y que se reanudará el servicio.
En paralelo, había puesto una reclamación por Internet. La respuesta comenzó por pedirme que les indicase a qué número se refería la incidencia a pesar de que tal número estaba en el encabezado del mensaje y remitirme al servicio técnico si había algún problema.
El pasado viernes, 9 de abril, llego después de un tiempo de ausencia y compruebo que efectivamente hay un problema: El ADSL sigue sin funcionar. Cuando hablé, tal como me aconsejaba el mensaje de correo electrónico, con el servicio técnico una persona muy amable -detalle muy de agradecer visto lo visto- me comentó que no podían hacer nada porque la línea les aparecía dada de baja administrativamente y tenía que volver a hablar con el área de Administración.
Hoy, 12 de abril a las 10, 10 de la mañana (aunque tendría que decir a las 9.45 por las interminables esperas y la cantidad de veces que me han pedido los mismos datos) hablo con otra persona que me sugiere que, puesto que no hay un proceso interno de reactivación, solicite un alta nueva. Me niego a tal cosa por dos motivos:
- La incidencia la han causado ellos. Por tanto, deberán ser ellos quienes la arreglen internamente.
- La experiencia hasta el momento hace desconfiar profundamente de un atajo como el que sugieren que puede generar costes de alta, penalizaciones por bajas y mil historias más en forma de incidencias subsidiarias más difíciles de explicar que la actual: Me han dado de baja por error o por mala fé y arréglenlo sin exclusas ni atajos.
Al finalizar la conversación, le solicito a la persona que me indica que van a poner en marcha el proceso para resolver el problema, que me facilite algún número de incidencia o similar por si hay que volver al asunto. Esta persona, muy amable, con muchas tablas y sin el menor deseo de identificarse salvo por su obvio acento argentino, me indica que no tienen tal cosa y que bastará con que indique la fecha y la hora de la llamada para que localicen la incidencia…cosa, en principio, bastante difícil de creer.
Parece increíble pero hay veces que se llega a añorar a Telefónica.
ACTUALIZACIÓN: El cargo por penalización por cancelación anticipada al periodo de compromiso -cancelación que yo nunca solicité- ya ha llegado. La cosa va mejorando.
CONCLUSIÓN: El asunto concluyó con una petición de arbitraje a la Comunidad de Madrid. Vodafone aceptó a la primera la petición de que se restituyera el servicio anulando toda cláusula de penalización pero, en el momento en que esto ocurrió, el número de teléfono fijo ya estaba asignado y no lo podían restituir. En consecuencia, se canceló todo tipo de servicio sin penalización alguna.
¿Cómo es posible que un operador de un call-center de un nivel jerárquico presumiblemente bajo pueda, por su cuenta, cancelar un servicio sin que otros niveles teóricamente más altos no puedan reponerlo, incluso siendo conscientes de que era un error -o peor; Vodafone insistió siempre en el error. Yo me quedé con la idea de que hubo mala fé por parte de la operadora- hasta el punto de tener que llegar a un proceso de arbitraje?

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