Recursos Humanos: ¿Futuro o viaje a ninguna parte?

En 1998 un ordenador de IBM conocido con el nombre de Deep Blue derrotó al entonces campeón mundial de ajedrez Gari Kasparov. ¿Significa esto que los ordenadores habían entrado definitivamente en aquellos lugares que se suponía que requieren capacidad de reflexión y que, por ello, se consideran específicamente humanos? Afirmarlo taxativamente significaría ser víctima del espejismo tecnológico e ignorar que la forma de operar del ordenador y de una persona es muy distinta. Negarlo taxativamente significaría refugiarse en un esencialismo humanista que trata de negar cualquier posibilidad aunque los hechos, como siempre, sean tercos.

Rodney Brooks, uno de los directores del área de Inteligencia Artificial del M.I.T. más talibanes en cuanto al maquinismo se refiere, señalaba que los «esencialistas» siempre habían puesto una raya que decía «hasta aquí» y que el progreso tecnológico había ido rompiendo una y otra vez la raya. Es cierto, pero eso no significa, como Brooks da a entender con toda claridad, que no exista tal raya, que el progreso tecnológico no tenga límites y que, de forma inexorable, el ser humano acabe siendo barrido por las máquinas.

Lo que está en discusión, para no entrar en aspectos esencialistas de uno u otro signo, es el papel que van a ocupar en el futuro dos modelos radicalmente distintos: Un modelo basado en el significado de las propias acciones frente a un modelo basado en la capacidad de anidar condiciones «If-Then«. La máquina que derrotó a Kasparov no sabe -salvo que retorzamos hasta extremos inadmisibles el significado de la palabra «saber»- qué es el ajedrez ni sabe que está jugando al ajedrez. Simplemente, es muy rápida para trabajar con condiciones «If-Then». Kasparov, por su parte, tardaría cientos de años en analizar las distintas posibilidades que la máquina evalúa gracias a los algoritmos de su programación. Tampoco lo necesita; simplemente los ignora cuando hay opciones que no considera probables gracias a su conocimiento del juego.

Tener conciencia del significado de lo que se está haciendo capacita a la persona para hacer saltos de abstracción, es decir, para hacer lo que Hofstadter en su Gödel, Escher, Bach llamaba eterno y grácil bucle porque podemos saltar de plano de abstracción de forma instantánea y buscar soluciones en un plano distinto al que se encuentra el problema identificado y, por ello mismo, podemos identificar pautas sin que nadie nos las haya programado previamente.

Cuando salimos del mundo de la investigación o la filosofía para bajar al mundo en que se hacen las cosas, parecería que estas discusiones son ociosas pero lo cierto es que lo son cada vez menos. He titulado aquí varios posts con el nombre Servicios inservibles (https://factorhumano.wordpress.com/?s=servicios+inservibles) y todos ellos tienen en común que no se permite a las personas comportarse como tales sino que se les exige seguir unos protocolos cerrados aunque éstos incapaciten a las personas que los siguen para encontrar una solución a un problema.

Hay empresas que se han mantenido fuertes en su posición de utilizar las capacidades humanas y puedo decir que, después de muchos años de operar con American Express, jamás me he encontrado con la impresión de estar hablando con un robot -incluso cuando sea un robot quien atiende inicialmente la llamada- sino con alguien con quien se podían comentar los distintos aspectos de una incidencia sin verse sometidos a la dictadura de un menú cerrado en el que hay que marcar una opción. Después de muchísimo tiempo, he podido apreciar una reciente mejora en esa misma línea en el centro de atención de Telefónica y, en un terreno completamente diferente, todavía me sigue maravillando el funcionamiento de la agencia DeViaje (www.deviaje.com)  y su concepto de cita previa con un experto conocedor del país de destino en lugar de una mera entrega de folletos publicitarios.

Algo se está moviendo. Hasta hace muy poco, la tendencia prácticamente universal consistía en «enlatar» conocimientos de forma que se pudiera prescindir de personas. Como ese enlatado nunca es perfecto porque la forma de operar del ordenador es completamente distinta, las quejas del sufrido cliente llevaban años sufriendo de tono sin que muchas empresas se dieran por enteradas porque, al fin y al cabo, el «enlatado» daba lugar a procesos más baratos aunque, en el momento en que se entraba en un terreno desconocido, hacían agua por todas partes.

Algunos Bancos empezaron a dar marcha atrás, después lo han hecho algunos operadores de telefonía que habían llegado a un extremo en que era imposible hablar con otra cosa que no fuera un robot y han seguido la misma línea otras empresas que prestan servicios. Eso sí, todavía hay quien no se da por enterado. Así, si alguien intenta pedir una cita por teléfono con la Seguridad Social, se encontrará con un robot -lo más adecuado teniendo en cuenta que muchos de los principales usuarios son personas de edad avanzada no muy familiarizadas con la tecnología- y si la hora facilitada no conviene o no es posible, tratar de salir del menú es una tarea que deja pequeños a los trabajos de Hércules.

La robotización y, en general, el avance de los sistemas de información ha producido una división creciente entre los tipos de puestos de trabajo. Mientras algunos -pocos- eran cada vez más necesarios porque estaban implicados en el diseño del modelo «enlatado» que se encargaría de albergar el conocimiento teóricamente necesario para hacer las cosas, otros -muchos- iban cayendo poco a poco en la irrelevancia o desapareciendo a medida que los sistemas pasaban de almacenar conocimiento a tener capacidad de ejecución directa de las tareas necesarias.

Casos como el recientemente sucedido a la marca Toyota y a su marca de lujo Lexus son muy representativos: Es mucho más fácil para un conductor mediocre llevar un vehículo con una gran cantidad de ayudas a la conduccción; sin embargo, cuando las ayudas enloquecen, como ocurrió en el caso de Toyota, a cargo del coche está un conductor que tal vez compró ese coche precisamente para que supliera sus propias carencias como tal conductor. La mezcla es explosiva como los resultados se han encargado de demostrar e idéntica situación se podría trasladar al diseño de aviones, de centrales nucleares y hasta de ordenadores caseros donde, cuando algo funcionaba mal, era un problema para el experto mientras que ahora no se puede hacer otra cosa que reiniciar, reinstalar o re…leches. Ninguna solución al alcance del usuario.

Si se opta por mantenerse en la línea de ir eliminando necesidad de conocimiento en las personas hasta que llegue el momento en que pueda eliminarse a las personas mismas, hablar de recursos humanos puede ser un chiste y no de los buenos. Si, por el contrario, se empieza a ser consciente de que el significado tiene un papel básico tanto para la capacidad de reacción ante imprevistos como para la propia motivación de la persona que está trabajando, podemos empezar a generar un mundo más humano tanto para los que trabajan como para los que son usuarios de los productos o servicios provistos por los primeros.

Aventurar por dónde irá el futuro es difícil porque ya no parece tan claro como hace unos años que vaya a seguir por un énfasis en el maquinismo ciego del «If-Then». Hay una revolución en marcha que va a afectar y mucho al modelo de recursos humanos del futuro y esa revolución la van a traer los usuarios hartos de tratar con máquinas o con personas obligadas a comportarse como si lo fueran.

Crisis política española: Tenían razón los nacionalistas catalanes

Después del reciente fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, algunos nos hemos podido acordar de un comentario salido del ámbito del nacionalismo catalán en el sentido de que si el Estatuto no cabía en la Constitución, lo que habría que cambiar es la Constitución. Pues bien, tenían razón.

La Constitución de 1977 era un edificio que amenazaba ruina por muchos lados y no es el menor de ellos el incumplimiento flagrante de parte de su articulado sin que, al parecer, pase nada por ello. Teóricamente, el Tribunal Constitucional podía haber dado un puñetazo en la mesa e intentar hacer valer la Constitución pero, en lugar de eso, se ha plegado a cuestiones como la relación bilateral entre un Estado y una parte del mismo, lo que plantea cuestiones como la igualdad proclamada por la propia Constitución entre todos los españoles, el tratamiento del catalán, lo que plantea si la libertad de residencia en cualquier parte del territorio no pasa a ser -o sigue siendo- papel mojado o el reparto de los recursos económicos con qué criterios y bajo la decisión de quién. Naturalmente, esto es una disquisición teórica debido al sistema de nombramiento de los magistrados del Tribunal Constitucional que garantiza fidelidad a su adscripción política dejando en la cuneta el criterio propio.

El Partido Popular, la leal oposición como les encanta definirse, después de conseguir cuatro millones de firmas ha decidido abandonar esa batalla con el argumento de que, una vez que el Tribunal Constitucional ha fallado, no tienen nada que decir ni que opinar. Al hacerlo así, olvidan interesadamente puesto que participan en él, el sistema de nombramiento de los magistrados y la contaminación introducida por esa vía. Por cierto, la solución aplicada ahí y en el Consejo General del Poder Judicial no es nueva: Alfonso Guerra, en su época de vicepresidente de Gobierno, proclamó la muerte de Montesquieu señalando que la separación de poderes era absurda y que todos los poderes debían reproducir en su seno las proporciones existentes en el Congreso como producto de las elecciones. Probablemente Alfonso Guerra creyó que era muy original en su propuesta pero tampoco lo era. Ésta fue la forma que utilizó Hitler para, después de ganar unas elecciones, hacerse con el poder absoluto. Los diferentes criterios utilizados en la Fiscalía General del Estado para decidir a quién y por qué persiguen o situaciones como la vivida en Madrid estos días porque el gobierno autonómico no es del mismo color que el del Estado recuerdan demasiado al modelo de organización política hitleriano y a la conducta de las SA o «camisas pardas» antes de la Segunda Guerra Mundial.

La sentencia sobre el Estatuto catalán ha sido un mazazo sobre un edificio que venía ya muy tocado tanto por haber sido hecho con materiales de mala calidad -el acuerdo a cualquier precio y con quien fuera en 1977- como por haber permitido, unas veces con sentencias de magistrados cuyos mecanismos de nombramiento las convierten en dignas de toda sospecha y otras sin ellas, que haya una serie de partes de su articulado que, simplemente, han sido ignoradas. ¿Qué opciones caben?

La soberbia de Aznar en la segunda legislatura junto con su falta de atrevimiento para modificar algunas reglas básicas como las referidas al sistema judicial, al sistema electoral y a los modelos sindical y educativo, trajo a Zapatero. Naturalmente, tampoco podemos olvidar ahí la contribución del 11M del que, al parecer, a nadie le interesa quién y por qué lo organizó a pesar de las escandalosas carencias de la versión oficial. La idiocia, síndrome de Peter Pan de Zapatero o como se le quiera llamar, por su parte, corre el riesgo de traer de vuelta fantasmas que ya creíamos bien enterrados gracias a un difícilmente evitable movimiento pendular motivado por los excesos de todo tipo de un modelo de dictadura sonriente, no exento de una incompetencia sin límites, que no sabemos hasta donde puede conducir al país en su conjunto.

No queda, por todo ello, otro remedio que modificar la Constitución pero, por favor, que no lo hagan éstos y al decir «éstos» no me refiero sólo a los que ocupan el banco azul y sus muy obedientes diputados. Me refiero también a la oposición que ha adoptado el perfil bajo como remedio universal y renuncia a la defensa de cualquier tipo de principio en nombre de una aparente conveniencia electoral. Los nacionalistas catalanes tenían razón: Es necesario cambiar urgentemente la Constitución y sólo entonces se podrán poner las cosas en su sitio. En 1977 parecía que haber estado en contra del dictador confería por sí solo una patente de legitimidad. Hoy sabemos que no, y por mucho que aparezcan luchadores antifranquistas con carácter retroactivo incluyendo a un célebre jefe de informativos de la dictadura y luchador retroactivo contra ella, Franco no estableció un modelo universal sobre cómo son las dictaduras. Hay otros modelos aparentemente más sutiles pero que, de forma inevitable, acaban siendo vistos como tales.

Hay muchas cosas que hacer y el tiempo empieza a apremiar. Ahí van algunas:

  • Separación de poderes: Los jueces y sus órganos de gobierno y, por supuesto, los componentes del Tribunal Constitucional no pueden ser elegidos por los partidos políticos en maniobras de escasa transparencia garantizadas a asegurarse la obediencia. Del mismo modo, funciones como la del Fiscal General del Estado no pueden ser ejercidas por un funcionario nombrado por el gobierno de turno.
  • Cambio del sistema electoral: El sistema electoral actual da la llave de los gobiernos a minorías concentradas geográficamente con los efectos que esto tiene sobre el conjunto, factor que por cierto convirtió en ingobernable a la II República pero, al parecer, los padres de la Constitución habían leído poco acerca de la historia reciente española.
  • Listas electorales abiertas: El representante ha de responder ante sus representados en lugar de hacerlo ante su partido.
  • Definición clara de cuáles son las competencias del gobierno central y cuáles son las de los gobiernos autonómicos.

Habría algunos asuntos más como, por ejemplo, la forma de Estado ya que el supuesto «poder moderador de la Corona» ha mostrado claramente que ni es poder ni modera nada y resulta un elemento oneroso para el Estado del que, al final, sólo se beneficia el «Hola» o similares. Sin embargo, esto y otras cosas entraría ya en el capítulo de temas menores.

Por supuesto, una vez que todas estas modificaciones se hubieran llevado a cabo, todas las leyes contrarias a la nueva Constitución quedan automáticamente abolidas, cosa que le podía suponer bastante trabajo a un nuevo Tribunal Constitucional nombrado con unos criterios distintos de la mera adscripción partidista. Hoy por hoy, parece la única salida: Hacerles caso a los nacionalistas catalanes que, en este asunto, lo vieron más claro que nadie. Cosa distinta es que las modificaciones a realizar sean las que a ellos les gustarían porque se puede ir a la secesión, se puede ir al mantenimiento de un poder central efectivo o se puede ir a un federalismo; todas ellas son opciones válidas pero lo que no cabe son inventos como el «federalismo asimétrico» de Maragall, es decir, tener para sí las ventajas pero no los inconvenientes del modelo como, por ejemplo, asumir la propia responsabilidad fiscal o asumir que si tienen selecciones deportivas en competiciones oficiales, el Barça puede jugar en una liga nacional catalana con destacados componentes como el Palafrugell o el Palamós; en la española no tendría ya lugar.

«Y si habla mal de España…es español» de Fernando Sánchez Dragó

Durante la época en que Sánchez Dragó dirigió el noticiario nocturno de Telemadrid, tengo que confesarme adicto. Sus primeros momentos no pudieron ser peores, con un ego estratosférico que se manifestaba a cada palabra, a cada gesto y, sobre todo, sin necesidad alguna. No sé si fue consejo ajeno u observación propia, al cabo de un tiempo cambió. El ego seguía estando ahí, faltaría más, pero salía en un tono suficientemente ligero y de broma como para ser disculpable y, al hacerlo así, permitir disfrutar con las rápidas salidas de Sánchez Dragó sin que éste ya se atragantase. Todo un homenaje a la capacidad para aprender.

Con este libro la cosa es distinta. Un autor que se jacta de escribir con una máquina Olympia -supongo que tendrá serios problemas para conseguir que se la arreglen si se avería- ha descubierto lo que es un blog por accidente y dándole forma impresa. Lo que ha escrito Sánchez Dragó no es un libro sino una serie de artículos con un punto común: Parece que cuando el autor escuchaba alguna noticia que no le gustaba decía «¿Ah, sí? ¡Os vais a enterar!» y, a continuación, la pobre Olympia pagaba los platos rotos y el resultado pasaba a incorporarse como una pieza del libro.

La falta de unidad y su composición con momentos de cabreo como materia prima hace que se pueda leer en cualquier orden o, si se desea homenajear al autor, en ningún orden para corresponder así a la esencia del libro. Sin duda, tiene comentarios divertidos, de ésos que a muchos nos gustaría tener a mano en la situación adecuada, critica feroz y justificadamente el comportamiento de los políticos y dice cosas que mucha gente reconoce pero no se atreve a decir en público. En otros asuntos, tal vez exagere un poco en la descripción de los hechos actuales pero, de no alterarse las trayectorias criticadas, tal vez podría estar describiendo un futuro próximo.

Sánchez Dragó se dice liberal repetidas veces a lo largo del libro. El libro tiene momentos divertidos aunque su desorden a caballo entre el blog y el desmadre total hace que no se pueda considerar como libro de cabecera. Más aún, y estoy por asegurar que el autor no se tomaría muy a mal este comentario, Sánchez Dragó es un personaje difícil de tomar muy en serio y quizás por eso nadie le retira la palabra, ni siquiera a los que critica con más ferocidad. Si alguien es de los que sólo lee un libro al año, mejor que no escoja éste; si, además, está de acuerdo con los principios del pensamiento liberal y quiere leer una crítica quizás más feroz y más ordenada que la de Sánchez Dragó, tiene un libro a medida de sus deseos:  https://factorhumano.wordpress.com/2008/01/17/el-conocimiento-inutil-de-jean-francois-revel/ o la opción de Thomas Sowell con «The vision of the anointed». Si no se tienen unas limitaciones de lectura tan ajustadas, el libro de Sánchez Dragó se puede leer y pasar un rato divertido, siempre que se tenga en cuenta que no es un libro. Es un blog impreso.

La reforma laboral o el parto de los montes

Después de mucho repetir que no se iba a abaratar el despido, puede decirse que es la única medida tomada en la reforma laboral. Sus artífices mienten cuando dicen que lo abaratan para el empresario pero no para el trabajador puesto que un despido caro tiene como función representar una barrera de salida. Si el precio lo paga otro a través del establecimiento de una colaboración desde las arcas del Estado , pierde ese carácter de barrera de salida. No creo que, a estas alturas, nadie vaya a dudar de esto pero, si a alguien le cabe la menor duda, puede preguntarse por qué las bajas incentivadas se instrumentan como despido improcedente y encontrará una respuesta muy sencilla: Porque buena parte de la indemnización, es decir, el seguro de desempleo y el dinero no ingresado en el fisco que correspondería a una baja voluntaria pero no a una forzada, lo recibe el trabajador pero no lo paga la empresa. Se podía hacer peor pero es difícil.

Por otro lado, algunas de las «novedades» están vigentes desde 1994 y no se han aplicado por la misma razón que no se van a aplicar ahora: Porque, en lugar de responder a una normativa clara, implican una judicialización del proceso y los jueces siempre han aplicado y aplican la doctrina de in dubio, pro operario, causa por la que los despidos a 20 días por año por causas técnicas u organizativas, que existen desde 1994, nunca han llegado a ser aplicados sin pasar por la autorización del ERE.

Que una barrera de salida -un precio de despido muy elevado- lo es también de entrada y el empresario se lo pensará mucho antes de contratar es una evidencia para todos. Cosa distinta es que una reforma tenga que nacer y morir con un abaratamiento del despido. Elementos como la flexibilidad funcional, la posibilidad de pactar individualmente condiciones de trabajo, el replanteamiento completo del modelo de la Seguridad Social tanto en sus capítulos de ingresos como en los de gastos y la liquidación de las carísimas e inútiles estructuras que supuestamente representan a empresarios y trabajadores, incluida la ley de huelga que nunca se llegó a sacar, en unos casos por miedo y en otros casos por facilitar los desmanes de los propios siguen pendientes.

Por añadidura, ni siquiera quieren responsabilizarse de esta reforma y, después de aprobada, la llevan al Parlamento. No, señores. Que cada palo aguante su vela y, en este caso, les toca a ustedes tragarse sus contradicciones y toda la demagogia que se ha venido haciendo hasta que en Europa se han hartado de pagar los platos rotos.

Skype: Mercados libres y mercados en libertad vigilada

La crisis financiera ha sido vista por algunos como la prueba de que el mercado libre no funciona. Naturalmente, confundir el mercado libre con las actividades de una banda de ladrones o con la ley de la selva  dice bastante sobre qué entienden por mercado libre; así se entiende su oposición aunque todo se arreglaría con un pequeño esfuerzo en el terreno de la instrucción y otro, tal vez algo mayor, en el de reducción del sectarismo.

En el caso español, todavía hay mercados que se encuentran en una situación de libertad vigilada; entre ellos destacan el energético y las telecomunicaciones con los efectos de tener, en ambos casos, los sistemas más costosos y más ineficientes del mundo supuestamente civilizado. Una muestra puede encontrarse en Skype, probablemente el mayor proveedor de telefonía sobre IP, que ofrece un servicio consistente en comprar un número de teléfono de un país al que cada cual llama al coste contratado para la llamada a un teléfono de ese país pero…el destinatario de la llamada, es decir, el propietario del número, recibe la llamada a través de Skype utilizando el ordenador.

Para cualquiera que viaje bastante o resida fuera, es una forma de ahorrar bastante dinero sin complicarle la vida a los abuelos pidiéndoles a estas alturas que aprendan a manejar un ordenador. Sin embargo, como no todo puede ser perfecto, Skype señala que este servicio está disponible en veinticinco países http://www.skype.com/intl/en/features/allfeatures/online-number/#countries y, si alguien busca España entre ellos, no la encontrará. Lógico; no está.

Cuando se privatizó Telefónica, los sindicatos pusieron el grito en el cielo protestando porque se privatizaban empresas rentables. Claro; cualquier empresa es rentable si su situación le permite hacer los presupuestos al revés, es decir, calculando primero cuanto se quiere gastar y poniendo los precios después. Por supuesto, esa forma de operar implica que se es rentable a través de tener a un cliente cautivo y esa cautividad permanece. Aunque haya distintos operadores de telefonía fija, todos ellos tienen que pasar por Telefónica excepto los cableros y éstos con reservas. ¿Qué tiene de extraño que tengamos el ADSL más caro y más lento y que servicios como el de Skype no funcionen en España? Todavía habrá quien le eche la culpa de esto también a la libertad de mercado.

Entre Juliano y Heliogábalo y el nudo gordiano

Es sabido que los pueblos que no conocen, porque nunca lo han hecho o porque han preferido inventarse una nueva, su historia están condenados a repetirla. En este sentido, si se quieren encontrar claves interpretativas sobre la realidad actual, se pueden encontrar en la espléndida obra de Gibbon dedicada a la decadencia y caída final del Imperio Romano.

Juliano accedió al puesto de emperador cuando la guardia pretoriana subastó el título. Cuando los generales se negaron a aceptar la situación, marcharon sobre Roma y se buscó una solución de urgencia: A cambio de su propia impunidad, la guardia pretoriana asesinó a Juliano dentro del propio palacio imperial.

Heliogábalo fue un caso distinto: Apareció con unas ínfulas que invitaron a muchos a verlo como una renovación en el Imperio; sin embargo, una vez establecido en el poder, cayó en todo tipo de corrupción imaginable y la cosa llegó al extremo que fue asesinado y su cadáver arrojado al Tíber por los mismos que un tiempo antes le aclamaban.

La situación de una crisis generalizada donde los fuegos van apareciendo por todas partes y donde la corrupción, la irresponsabilidad y la idiotez de los políticos ha tenido mucho o todo que ver con su generación, lleva a una crisis mucho más profunda que la simplemente financiera.

Nadie, incluidos los políticos, tiene derecho a pedir sacrificios si al mismo tiempo no predica con el ejemplo y eso no se está haciendo. La opción de Juliano puede ser manejada por algunos políticos tratando de salvar su propio papel en la llegada al poder del emperador y haciendo ver que, al final, no fue cosa suya. Quizás haya quién compre la idea pero no por ello dejará de ser un engaño más.

La opción de Heliogábalo es peor: A algunos políticos, además de por corruptos e imbéciles, habría que arrojarlos al Tíber por haber dilapidado un capital de ilusión de aquéllos que confiaron en ellos y, demasiado tarde, han caído en la cuenta de su error.

Revel decía que la primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira. Tanto es así que nos encontramos en un nudo gordiano de mentiras que, a menudo, no están siquiera en el argumento sino en el sustantivo que se empeña para designar a las cosas y que no tiene relación alguna con su significado real. En este estado de cosas, muchos políticos merecerían finales como el de Juliano y Heliogábalo -que cada cual ponga los nombres que desee porque tendría bastantes candidatos y no sólo el primero en el que se nos ocurre pensar a una mayoría- y muchos ciudadanos de a pie, para que nunca vuelvan a darse casos como el de Juliano y Heliogábalo podrían empezar por aprender de la historia.

No sería un mal inicio comenzar por «La sociedad abierta» de Popper, «El conocimiento inútil» de Revel y «Camino de servidumbre» de Hayek. Para Sócrates, el que se comportaba mal lo hacía por ignorancia y había que vencer la ignorancia pero, a estas alturas, todos sabemos que Sócrates estaba equivocado y muchos de los que se comportan mal no lo hacen por ignorancia sino por interés no siempre exento, además, de ignorancia. No colaboremos con ellos aportando nuestra propia ignorancia.

Las autonosuyas: Cuando la realidad supera la ficción

http://pccine.blogspot.com/2010/05/ver-pelicula-las-autonosuyas-online.html . En este vínculo puede verse en el ordenador la película de 1983  «Las autonosuyas» de Fernando Vizcaíno-Casas. Creo que en aquel momento todos nos reíamos de las ocurrencias de un personaje que era visto como de los ya entonces escasos recalcitrantes del franquismo.

27 años después, en 2010, tenemos otro vídeo http://www.youtube.com/watch?v=TbCm4iC8vd8 que es casi idéntico a una secuencia de la película «Las autonosuyas». Hay, eso sí, una diferencia: En «Las autonosuyas» era una parodia mientras que el actual es una triste, cara y estúpida realidad. Probablemente Vizcaíno Casas se veía a sí mismo como un humorista y no como un profeta pero hemos llegado a que la parodia se convierta años después en realidad aunque, ahora como entonces, muchos lo veamos igual de necio.

Índice global de innovación

Todos los años, INSEAD publica un índice con distintos parámetros para definir cuál es el grado de innovación por países:

Índice de innovación.

Dentro de que el resultado español no sea especialmente bueno, quedando de modo global en el número 30, hay algunas partes que lo hacen preocupante como, por ejemplo, la eficiencia del marco legal dentro del ámbito de los negocios donde se desciende hasta el puesto 67 :

http://www.networkedreadiness.com/gii/main/analysis/showdatatable.cfm?vno=1.3&countryid=109

Esto significa que, en ese capítulo específico, España queda detrás de países tan señalados por la calidad de sus instituciones como Ghana, Zambia, Mali, Malawi, Tanzania, Azerbajan, Arabia Saudí, Marruecos o Nigeria.

Si cambiamos de índice y vamos al peso que impone el marco regulatorio, la cosa es peor todavía. No estamos en el lugar 30 sino en el 107 inmediatamente detrás de países como Bolivia, Burundi, Costa de Marfil y Camerún:

http://www.networkedreadiness.com/gii/main/analysis/showdatatable.cfm?vno=2.2&countryid=109

Es peor todavía el índice referido al tiempo necesario para poner en marcha un negocio y, en este entorno, varios datos que sorprenden:

En calidad de las escuelas de negocios estamos en el sexto lugar mientras que en calidad del sistema educativo caemos a plomo hasta el puesto 77, detrás de Rumanía, Ghana, Lesotho, Etiopía, Malawi, Senegal, Nigeria, etc.

Parecería contradictorio, si no fuera por la observación de que las escuelas de negocios españolas tienen cada vez más extranjeros tanto entre los alumnos como entre los profesores. A lo mejor, nos estamos acercando a la triste situación de que el español medio salido del sistema educativo de su país no da el nivel suficiente para acceder a las escuelas de negocios del propio país que, mientras eso sea así, prefieren mirar hacia fuera. Tampoco hay que extrañarse demasiado cuando en buena parte del país se tienen serios problemas para estudiar en español -con el consiguiente deterioro del dominio del idioma- y hoy mismo había una sesión del Senado donde Sus Señorías se entendían a través de un dispositivo de traducción simultánea a pesar de tener todos ellos un idioma común que, al parecer, les resultaba molesto. Si esto lo llevamos al terreno de los contenidos, encontraremos fenómenos similares: Al colegial catalán el río Guadiana y su desembocadura en Ayamonte les sonarán a chino mientras que al colegial andaluz le ocurrirá lo propio con el Ebro y su nacimiento en Fontibre, cerca de Reinosa mientras que el madrileño sabrá describir con detalle el curso del Manzanares pero no el del Tajo.

No es un fenómeno exclusivo español. En Guatemala pueden encontrarse, en pueblos situados en las islas del lago Atitlan, indigenistas que defienden el uso de lenguajes específicos de esos pueblos y la eliminación del español. Naturalmente, si el intento triunfa, eso significa que los habitantes de estas islas no pueden salir de ellas porque sus padres y sus políticos les han impuesto una condena que se parece mucho a una pena de prisión. Tal vez sea por eso que Guatemala es uno de los ya no muchos países que todavía está por debajo de España en el terreno educativo pero hay que mantener la esperanza: Si se quedan quietos unos años, los alcanzaremos.

Animo a quien vea este comentario a que entre en los vínculos y saque sus propias conclusiones sobre dónde estamos y hacia dónde vamos.

Piaf: Una buena voz malgastada en una caricatura

Piaf, el musical, puede ser interesante para los incondicionales absolutos de Edit Piaf y para los que no hayan visto La vie en rose. Los demás harán bien en pensárselo.

La protagonista, Elena Roger, tiene una voz que es buena sin llegar a estar entre las grandes voces pero, puesto que tampoco la voz de la propia Piaf podía catalogarse de grande, podía haber tenido un papel verdaderamente lucido. Ni a su voz ni a su capacidad interpretativa les faltan cualidades para ello pero la obra no aprovecha una ni otra. Alguien, no sé si la misma Elena Roger, ha estudiado la voz de Edit Piaf y ha encontrado unas cuantas características que son las que mejor la identifican como esas terminaciones de estrofa en falsete y los cambios bruscos de volumen en mitad de la canción. Para hacer más reconocible su voz como la de Edit Piaf, Elena Roger exagera esas características hasta caer en una caricatura innecesaria.

Elena Roger, tal vez por haber caricaturizado una voz en lugar de emplear sus propias posibilidades que son bastantes, carece del “pellizco” o resonancia emocional que que no todo el mundo, incluidos auténticos genios, tiene. Puede reconocerse en Edit Piaf pero no en su imitadora con una voz mejor dotada, Mireille Mathieu; se puede encontrar en Beethoven pero no en Mozart o se puede encontrar en un Giuseppe di Stefano o una Maria Callas pero no en un Plácido Domingo, una Montserrat Caballé y ni siquiera en el gran Alfredo Kraus. No tenía fácil imitar esa característica inimitable de la Piaf pero las pocas posibilidades que habría tenido quedaron anuladas por la sobreactuación.

La obra, por otra parte, se recrea en lo más sórdido de la vida de Edit Piaf que queda casi reducida a sexo, drogas y oportunismo explícitos a su alrededor sin que, a diferencia de la película, tenga ningún contrapunto de grandeza del personaje. No se aprecia ningún guión sino, simplemente, escenas yuxtapuestas de sexo, drogas, personajes que van apareciendo y, de vez en cuando, alguna canción que, salvo La vie en rose, Hymne a l’amour y Je ne regrette rien tampoco están entre las más conocidas y apreciadas por los incondicionales de Piaf.

Por último, un fallo absurdo: En España tenemos la suerte de que nos visiten o residan magnificos actores o asimilados argentinos, desde Les Luthiers hasta Ricardo Darín y otros. Todos ellos son conscientes de que en un escenario español no pueden utilizar el lenguaje que utilizarían en un tugurio porteño, simplemente porque el público apenas entiende lo que dicen, máxime si a ello ayuda un sonido que no es de los mejores que pueden encontrarse. Incluso para alguien muy familiarizado con el acento y con las palabras utilizadas en Argentina, como es mi caso, había ocasiones en que no entendía qué habían dicho y otras en que, habiéndolo entendido, podía asegurar que el 80% del público no lo había hecho. ¿Realmente creen, por ejemplo, que es tan generalizado en España el conocimiento del significado del verbo coger en Argentina para utilizarlo de la forma que lo hacen?

Lo mejor, sin duda, la figura principal. Lamentablemente ni su voz ni sus cualidades de interpretación quedan bien aprovechadas en un espectáculo mejorable desde todos los puntos de vista.

¿Qué clase de reforma laboral se necesita?

Después del discutido anuncio de los recortes en pensiones y en salarios en la Administración Pública, llega ahora el turno de la reforma laboral. Quizás alguien se pregunte por qué se puede discutir tanto cuando hay una realidad y es el hecho de que no hay dinero suficiente. La respuesta es muy sencilla y se puede resumir en una sola palabra: Ejemplaridad.

Cuando alguien pide sacrificios, pierde toda legitimidad para hacerlo si, a su vez, no lo hace en las cosas que le tocan más de cerca. Hay muchos ejemplos e incluso un periódico Internet ha sacado una especie de juego con el título «Zapatero nos necesita»(http://especiales.libertaddigital.com/recorte-zp/)  invitando a sus lectores a elegir en qué terrenos se deben hacer recortes presupuestarios. Es posible que haya que bajar sueldos, es posible que haya que congelar pensiones e incluso es posible que haya que aumentar impuestos y, sin embargo, todo ello sigue siendo discutible porque:

  1. La crisis que hoy se vende con tintes trágicos y requiriendo el esfuerzo de todos fue negada hasta la víspera de las elecciones generales, como puede verse todavía en los videos del debate Solbes-Pizarro en Youtube.
  2. Las autonomías son un auténtico pozo sin fondo de recursos aunque la deuda es del Estado o, dicho de otra forma, el despilfarro absurdo de cualquier autonomía, consentido desde el Estado central por razones electoralistas,  lo pagamos todos y no sólo los que residen y votan en ella.
  3. Hay costosísimos sacos de corrupción como el PER, que nadie se ha atrevido a reformar ni menos aún a quitar por el impacto electoral que habría tenido cualquier acción en ese sentido.
  4. Existen ministerios completamente absurdos con su correspondiente dotación de recursos y altos cargos que podían estar mejor empleados en otros lugares. Lo mismo puede decirse de los centenares de asesores que pueden encontrarse en la propia presidencia del Gobierno o en ayuntamientos como el de Madrid.
  5. Los partidos políticos y los sindicatos  viven del presupuesto, es decir, de todos en lugar de hacerlo de las cuotas de sus afiliados,  habiendo dado lugar a formas de vida: El político o el sindicalista no son ya profesionales que circunstancialmente se dedican a la política o al sindicato y si, en un momento, no están de acuerdo con lo que hacen sus jefes de filas, simplemente se marchan. Son, incluso a niveles bastante bajos profesionales de la política o del sindicato e intentan sacar el máximo de su profesión en términos económicos, de poder o ambos. Ese cambio ha dado lugar a un nuevo perfil, considerablemente más bajo, tanto del político como del sindicalista promedio.
  6. Se derrocha dinero a manos llenas en capítulos completamente absurdos, desde la subvención a películas que jamás llegan a una sala de cine, equipos de traducción en el senado para que puedan entenderse entre sí personas que tienen como lengua común y nativa la oficial en todo el Estado hasta grupos nacionales o extranjeros sin más razón que la afinidad con el gobierno de turno y la vanidad de éste de poder ejercer de dadivoso con otros que estén todavía peor.
  7. Se saca a centenares de inspectores de Hacienda de su labor de persecución de operaciones en paraísos fiscales para dedicarse a la persecución de PYMEs y autónomos y se tocan las rentas del trabajo pero no las SICAV.

Probablemente, algunos de estos capítulos tienen una importancia cuantitativa menor pero lo que no es menor es el carácter de ejemplaridad. Del mismo modo que en una empresa no se puede llamar a la austeridad y decir que se van a bajar las dietas y bajar la categoría de los hoteles en los viajes profesionales a la vez que la dirección continúa haciendo ostentación de todo tipo de gastos suntuarios, en el Estado tampoco y con mucha mayor razón. Éste es el capítulo que se lleva varios días discutiendo y se seguirá discutiendo con sobrada razón por la falta de legitimidad que conlleva la falta de ejemplaridad en la conducta de quien pide sacrificios. Ahora viene la segunda parte: La reforma laboral.

Michael Porter, conocido gurú de la estrategia en la Harvard Business School, identificó hace años los conceptos de barrera de entrada y barrera de salida pero, aunque no lo hizo totalmente explícito en su modelo, quedaba bastante claro que no eran conceptos independientes sino que tenían una estrecha relación entre sí: Si un negocio tiene una barrera de salida muy elevada, es dudoso que haya mucha gente que invierta en él porque, si las cosas salen mal, puede perder hasta la camisa. Aunque venga de Harvard y los conceptos tengan nombres tan sonoros como «barreras de entrada» o «barreras de salida», esto no es otra cosa que el más elemental sentido común. ¿Qué ocurre si nuestro «negocio» consiste en contratar a alguien? ¿No seguiremos la misma lógica? ¿No nos lo pensaremos más cuanto mayores sean las «barreras de salida»?

En la dialéctica al uso de sindicatos y del gobierno actual, se habla de que las reformas no deben «recortar los derechos de los trabajadores». Sea; no los recorten. El principal derecho de un trabajador es, precisamente, el derecho al trabajo y mediante el mantenimiento de un trato de privilegio a algunos, están dificultando el ejercicio a ese elemental derecho por parte de casi cinco millones de personas. En «Camino de servidumbre» (https://factorhumano.wordpress.com/2009/12/09/camino-de-servidumbre-de-friedrich-a-hayek/) Hayek ya avisaba de que el nazismo sobrevino precisamente por la creación de castas privilegiadas por parte de los gobiernos alemanes de la época en estos términos:

El conflicto entre el fascista o el nacionalsocialista y los primitivos partidos socialistas tiene que considerarse, en gran parte, como uno de aquellos que es forzoso surjan entre facciones socialistas rivales. No había diferencia entre ellos en cuanto a que la voluntad del Estado debía ser quien asignase a cada persona su lugar en la sociedad…pero, mientras los viejos partidos socialistas o las organizaciones laborales dentro de ciertas industrias no encontraban, generalmente, mayores dificultades para llegar a un acuerdo de acción conjunta con los patronos en sus respectivas industrias, clases muy amplias quedaban marginadas. Para ellas, y no sin alguna justificación, las secciones más prósperas del movimiento obrero parecían pertenecer a la clase explotadora más que a la explotada.

¿No le suena a conocido esto a cada uno de los casi cinco millones de parados o a la cantidad de personas que tienen contratos precarios, vía ETT, temporales, por obra o servicio o como falsos autónomos cuando no directamente sin contrato alguno? Cuando sus «defensores» tienen su puesto blindado ya que, incluso en el caso de un ERE (expediente de regulación de empleo) en la empresa en la que ellos están en calidad de «liberados», a ellos no se les puede tocar e incluso su sindicato se lucrará con el ERE.

Los «parias de la tierra» de la Internacional no son los trabajadores de los que se dice que no se quieren recortar sus derechos sino aquéllos que los tienen recortados desde hace bastante tiempo y éstos no están representados.  ¿Por qué en España, a diferencia de otros países, se empieza a crear empleo sólo cuando el PIB está creciendo por encima del 3%? ¿No dice eso nada? Está claro que sí; dice que, puesto que la barrera de salida es muy elevada, no se contrata si no se está muy seguro de que las cosas van a ir razonablemente bien al menos en el medio plazo. No existen los derechos de «los trabajadores». Hoy, más que nunca, se puede decir que existen derechos «de unos trabajadores» que entran en conflicto con los derechos «de otros trabajadores» , fundamentalmente los de los trabajadores en desempleo.

Que hay que tener un modelo laboral más flexible y no sólo en el apartado de coste de despido sino en muchas más cosas es algo que hoy debería ser difícilmente discutible y, sin embargo, continúa siendo discutido por organizaciones que, ante todo, se defienden a sí mismas y a los privilegios graciosamente otorgados con el dinero ajeno, es decir, el nuestro. Que los sindicatos y los partidos políticos tienen una utilidad es algo difícil de dudar; otra cosa es que «estos» sindicatos y «estos» partidos políticos la tengan. Unos y otros se arropan con el manto de los intereses generales cuando, a estas alturas, parece bastante claro que los únicos intereses que les preocupan son los suyos propios.

La imaginería sindical al uso en España no funciona para mucha gente que ha visto hasta donde se puede llegar por el camino de favorecer a los amigos y seguir un camino marcado por la ideología sin permitir nunca que la realidad estropee la película que cada uno se haya montado. Quizás de esta etapa se pueda sacar algo positivo: La vacunación contra la demagogia y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Los excesos, lamentablemente, siempre han provocado un movimiento pendular; en un momento en que la defensa de los intereses propios casi ha llegado a romper el péndulo, es difícil saber cuál será la intensidad del próximo movimiento pero hemos aprendido que Scott Adams no acertó en «El principio de Dilbert» cuando dijo que el trabajador que no funciona es desplazado al lugar en que menos daño puede hacer, es decir, a la dirección de la empresa. Quien no lo supiera antes, tiene ya suficientes elementos de juicio para saber que los Nerón y los Calígula son más peligrosos cuanto más poder tienen y, antes de apoyarlos pensando en sus propios intereses, a lo mejor había que mirar un poco más allá pero esto parece estar más allá del alcance de la casta político-sindical que actualmente tiene en sus manos algo tan serio como el modelo laboral y el derecho al trabajo de los casi cinco millones de personas convertido en papel mojado por incompetentes y rufianes propios y ajenos.

Nos jugamos mucho y no es seguro que las personas que se supone van a negociar una reforma laboral sean conscientes de ello y si, en caso de serlo, les importa lo más mínimo.