Concord: Donde una guardería es más cara que Harvard

¿Cómo funciona la educación superior en Estados Unidos? Este fin de semana ha resultado especialmente instructivo al haber pasado el sábado con el decano de la escuela de negocios de Clark University y el domingo con un miembro de Babson College que, además, vive en Concord y tenía información de primerísima mano sobre el asunto.

Para muchos españoles, el sistema americano es algo maravilloso mientras que otros tienen un conocimiento genérico para el que las diferencias entre «University» y «College» se escapan y la «Ivy League» es algo así como un club exclusivo de las mejores universidades norteamericanas. A estas últimas sólo irían cerebros privilegiados acompañados por algún producto del enchufismo y algún otro de la discriminación positiva. Vamos a intentar poner un poco de luz sobre quién es quién y cómo funciona.

¿Cómo es posible que una guardería cueste más que una Universidad de las caras? Simplemente, porque se trata de guarderías donde, desde el jardín de infancia, van preparando a los niños para el ingreso en esas universidades. A pesar de su precio, hay gente con un elevado nivel económico que se va a vivir a Concord para tener acceso a estas especiales guarderías -alrededor de 50.000 dólares por año- y casi asegurarse una plaza para los niños en una buena Universidad. Hace unos días tenía una discusión en Linkedin sobre los efectos de la discriminación positiva -de la que siempre me he reconocido abiertamente contrario- y situaciones como ésta dan que pensar porque si, a la llegada a la Universidad, resulta que hay especialistas que han pagado altísimas cifras para que les enseñen a manejar el instrumento por el que se evalúa el mérito, el concepto mismo de meritocracia queda totalmente descafeinado. Las grandes Universidades americanas no son, por tanto, sitios donde van los mejores sino sitios para los que se prepara gente con mucho dinero y, además, no adquirido muy recientemente puesto que la preparación para el acceso empieza, y a un altísimo precio, en el jardín de infancia.

Una vez que alguien se ha preparado, vamos al siguiente asunto, es decir, qué es la Ivy League y quién es quién allí: En principio, la Ivy League no es un club de las mejores universidades al estilo de «Equis» en las escuelas de negocios europeas sino que son los componentes de una liga deportiva que agrupa a varias de las mejores universidades del nordeste de Estados Unidos. No obstante, el concepto parece haber perdido parte de su connotación deportiva para referirse a los resultados académicos aunque no están en la Ivy League todos los que despuntan en el terreno académico. Sin ir más lejos, el M.I.T. no es miembro de la Ivy League porque está poco centrado en el asunto de los resultados deportivos.

Los precios por año en las Universidades de la Ivy League y equivalentes pueden oscilar entre los 40.000 y los 50.000 dólares por año y, en el momento de elegir si es que uno se puede permitir tal lujo, hay que considerar varias cosas:

  1. Harvard es una especie de icono en España pero su gran despegue vino de la mano de la Harvard Business School que es donde realmente despuntó. Otras Universidades, como su eterna competidora Yale, le han dado menos importancia a este terreno y han perdido en dinero y, sobre todo, en notoriedad. En este momento, por ejemplo, Harvard tiene su área de ciencias pero, a pesar de su notoriedad pública, probablemente cualquier estudiante de esa rama preferiría optar por el M.I.T. en caso de ser admitido en ambos sitios. La gran baza de Harvard es, por tanto, su escuela de negocios; fuera de ésta hay otras Universidades que pueden competir, a veces con notable ventaja, con Harvard a pesar de su renombre.
  2. En otras zonas, muy notoriamente en California, existen Universidades que no pertenecen a la Ivy League, al ser éste un club exclusivo de la costa Este y basado en las competiciones deportivas, y sin embargo tienen niveles de calidad comparables o, dependiendo de la especialidad, superiores. Así pues, quien pueda permitirse optar no puede restringir las posibilidades a la Ivy League ni mucho menos a Harvard.
  3. Diferencia entre un College y una University: Diversidad. Para ser University hay que tener la posibilidad de cursar estudios en un mínimo de ramas mientras que un College puede estar superespecializado en una sola rama –Babson College puede ser un ejemplo- y despuntar en ella tanto o más que una University.

Éste es el panorama a grandes rasgos del funcionamiento de la educación superior en Estados Unidos. Muy diferente y, sobre todo, se necesita mucho dinero y disposición para empezar a gastarlo casi veinte años antes de plantearse el ingreso en las Universidades de primera línea si se quieren tener posibilidades.

Seguridad aérea: ¿Alguien ha adelantado el reloj?

Según el informe de  la Comisión de la Casa Blanca para la Seguridad Aérea haciéndose eco de un estudio de Boeing, manteniendo los niveles de seguridad aérea de ese momento, era esperable que en 2015 se produjera un accidente aéreo grave cada semana en algún lugar del mundo. Faltan algo más de cuatro años pero parece que la cifra se va cumpliendo aunque casi siempre en lugares que ya eran conocidos por su elevada siniestralidad.

La estadística de «si yo me como un pollo y tú ninguno, la estadística dice que cada uno nos hemos comido medio» está funcionando. Mientras los índices globales siguen avanzando, aunque sea muy lentamente, gracias a que el tráfico aéreo del mundo más desarrollado es muy superior, se va generando una brecha que da bastante qué pensar.

Llevamos años en que la formación se está reduciendo y estamos convirtiendo a los pilotos, entre otros, en operadores de sistemas. Naturalmente, eso presupone que los sistemas existen y que funcionan. ¿Qué ocurre cuando no funcionan o ni siquiera existen? Respuesta: Los índices de siniestralidad de África.

Algunos llevamos años peleándonos para intentar que la aviación en su conjunto se diseñe más de acuerdo con las características humanas y no es una cuestión de humanismo fuera de contexto sino de practicidad: En actividades que implican un nivel de riesgo grave, las personas son el último recurso, entendiendo por personas no sólo unos seres dotados de cerebro con unas características humanas y todos los demás componentes asociados sino que, además, tengan la oportunidad de comportarse como tales, es decir, que sepan qué y por qué lo están haciendo.

Cuando eliminamos ese recurso de emergencia, quedamos confiados a sistemas que funcionen muy bien, tanto en el apartado tecnológico como en el organizativo, y es mucho lo que queda por hacer en ese terreno incluso en los países más avanzados. Cuando empezamos a disminuir la dotación y la funcionalidad de los sistemas pero nos vamos quedando con operadores que han sido formados como si tales sistemas existiesen, la aparición de la siniestralidad es inevitable.

Hay cosas que encajan mal: BMW y coches viejos atendidos ambos por el personaje de las gafas. Si le quitan las gafas o le dan unas de sol, las cosas no funcionan pero ése es el camino que llevamos: Menor formación y mayor complejidad tecnológica y organizativa. La mezcla no es buena y el adelantamiento del reloj puede no ser casual.

N-word

El asunto de lo políticamente correcto llega aquí a tales niveles que, cuando vuelva a España, creo que voy a ver a Zapatero y a Bibiana Aído como si fueran reencarnaciones de Millán Astray. Anteayer veía el programa de Larry King en la CNN y éste entrevistaba a una señora que había cometido el pecado nefando de decir varias veces la n-word en su programa.

La n-word, como alguno más rápido que yo puede haber adivinado es negro que aquí, dicho en algo parecido al español y pronunciado así como nigrou es un insulto. Vale; aceptemos que nigrou es aquí un insulto y por eso hablan de afroamericanos para referirse a lo que nosotros llamamos con toda naturalidad negro porque no tiene esa connotación de insulto. ¿Es preciso que señores muy creciditos se comporten como niños en la escuela chivándose a la seño de que «Pepito me ha llamado hijo de pu…y lo que sigue»?

Aparte de dedicarle fácilmente dos horas al asunto, señores con un aspecto muy serio hablaban de la n-word y cuando, por aquello del interés del documento gráfico, reprodujeron el programa donde la pecadora en cuestión había pronunciado la palabra prohibida…¡¡utilizaban el pitido para que no se oyera la palabra malsonante!!

Aunque no recuerdo la cita exacta, en Crimen y castigo de Dostoievsky el juez afirmaba que le encantaba tener como acusados a personas inteligentes porque ellos solitos se acababan liando y le daban el trabajo hecho. Cuando se ven episodios como lo del proyecto de mezquita en la zona Cero y ahora esto, dan ganas de darle la razón a Dostoievsky. ¿No se están liando ellos solitos? Acabarán haciendo realidad esto:

http://www.islaperegil.com/cena_de_navidad.htm

Motivación: Como liarse con conceptos sencillos

Hace poco he terminado un libro que no me gusta («Drive» de Daniel Pink), hasta el punto de haberle colocado una crítica bastante negativa en Amazon: Página en Amazon porque me encuentro que, una vez más, se le siguen dando vueltas al tema de la motivación y se intenta resolver en cuatro brochazos inconexos. Aunque esto daría para un libro -uno bueno- vamos a intentar clarificar los conceptos básicos que hay debajo de la motivación y veremos cómo esa simple clarificación puede explicar conductas aparentemente absurdas:

Cuando apareció la pirámide de Abraham Maslow, que dista mucho de ser tan simplón como nos lo presentan cuando se quedan en la pirámide, quedaron algunos puntos pendientes de explicar. Por ejemplo: ¿Cómo explicar una huelga de hambre? Allport vendría en su auxilio hablando de la «autonomía funcional de los motivos superiores», de forma que un ideal podría poner bajo su control a necesidades que, en principio, son más básicas.

Algunos autores empezaron a preocuparse también por el valor negativo que tenían las recompensas. Para los conductistas, el esquema Estímulo-Respuesta es muy sencillo pero las personas más abiertas pueden encontrar situaciones donde se produzcan conductas paradójicas. Pink muestra casos como el de los donantes de sangre donde la oferta de una retribución, en lugar de aumentar las donaciones, las disminuyó o el de la guardería donde los padres llegaban sistemáticamente tarde y el establecimiento de una multa, en lugar de reducir la conducta no deseada, la aumentó. ¿Tiene esto una explicación sin necesidad de ir a teorías «ad hoc» como la de Allport? Creo que sí.

Uno de los mejores libros que he leído en los últimos tiempos es Freakonomics. Un economista tradicional diría que no habla de economía y un psicólogo diría que habla de psicología; en realidad, de lo que habla es de la estructura de refuerzos y el tipo de éstos para generar conductas de uno u otro tipo, es decir…habla de motivación. En uno de sus primeros capítulos utiliza el mismo ejemplo que Pink, el de la guardería, para explicar por qué se produce ese fenómeno recurriendo a una división de los incentivos en tres tipos, morales, sociales y financieros.

Creo que no hay ningún problema en aceptar la división siempre que añadamos un importante énfasis sobre un aspecto: Los tres tipos de motivador no son compartimentos estancos sino que interactúan y no siempre lo hacen en la misma dirección, lo que no significa que lo hagan en forma aleatoria.

¿Cómo explicar el ejemplo de la guardería? El incentivo financiero, si no es muy fuerte, elimina el incentivo moral. Los padres llegan tarde, ahora con tranquilidad, porque no piensan que le estén haciendo una faena a nadie sino que interpretan la multa como el pago de un servicio. ¿Cómo evitar esa interpretación y la conducta subsiguiente? Mediante incentivos desproporcionados: Zipcar carga 50 dólares por el retraso en la devolución de un coche a pesar de que está cobrando una cifra entre 7 y 12 dólares por hora y a la tercera vez retiran la tarjeta; la multa en Estados Unidos por tirar porquería por la ventanilla del coche puede llegar hasta los 10.000 $…en el caso de la guardería, podría ser inadmisible esa práctica pero, en lugar de esto, pueden poner algo parecido a un sistema de puntos por el cual a la tercera vez en un mes que los padres llegan tarde, el niño se queda una semana en su casa. No nos engañemos; al actuar así habríamos eliminado el incentivo moral de la misma forma que con la práctica de la multa de baja cuantía pero… habríamos buscado una forma eficaz de sustituirlo. Es posible, simplemente, que en algunas situaciones las organizaciones no puedan funcionar bien si recurren de forma exclusiva al incentivo moral.

¿Qué ocurre con las donaciones? Probablemente, y puede tener razones para ello, la persona que practica de forma altruista la donación de sangre tiene un concepto de sí misma como persona generosa -incentivo social- y un pago por sus servicios eliminaría uno de los hechos visibles en los que tal persona basa su autoconcepto. Parece claro que el donante preferirá quedarse con su visión de sí mismo antes que recibir una propina.

Éstos son dos casos sólo aparentemente paradójicos pero vamos ahora a lo más difícil: En principio, es cierto que un refuerzo externo puede eliminar la motivación interna -convierte el placer en trabajo- y que esto no sólo afecta al ámbito laboral sino que es también la mejor forma de matar la curiosidad en todos los sistemas educativos del mundo: Un niño aprende porque está hecho para aprender; en el momento en que se le empieza a premiar por hacerlo, aparece el desinterés.

Pink utilizaba una nomenclatura referida al trabajo, la de puestos «algorítmicos» frente a puestos «heurísticos». Lo que llama «algorítmicos» no es más que otra forma de llamar a los puestos que coloquialmente llamaríamos de «sota-caballo-rey», es decir, puestos en los que se sigue instrucciones y donde el aspecto humano no aparece en ninguna parte. En estos puestos, la externalización de la motivación mediante el refuerzo puede ser positiva porque es sencillo saber si se han hecho las cosas bien o mal en cantidad y calidad. Frente a éstos se utilizan los puestos «heurísticos», es decir, aquéllos en los que no existe una guía clara sobre cómo hacer las cosas y donde mucho depende de la iniciativa y la creatividad personal. En estos casos, el refuerzo externo puede ser pernicioso porque limita el campo de visión y los objetivos mensurables y a corto plazo, a menudo pueden contribuir a agravar el problema convirtiendo un puesto que por su naturaleza es heurístico en un pseudo-algorítmico. ¿Cuántos directivos habrá que se podrían ver reconocidos en esta situación?

Hablemos de sueldo: El sueldo es claramente un incentivo financiero y, según muchos autores, como el mencionado Pink, Alfie Kohn y, antes que ellos, el muy conocido Herzberg externaliza la motivación. La conclusión que sacan distintos autores es que, puesto que el incentivo financiero o sueldo es de tipo higiénico y no motivador, deberíamos asegurarnos de pagar la cantidad suficiente para no producir insatisfacción y, a partir de ese momento, buscar otro tipo de incentivos. Ésta es la teoría que nos están vendiendo muchos teóricos, valga la redundancia, de la motivación y tal teoría es tan falsa como un euro de madera. Veamos por qué:

Recordemos los tres tipos de incentivos -morales, sociales y financieros- y apliquémoslos a una conocida anécdota: El sueldo de Maria Callas; la Callas sólo subía a un escenario acompañada de estrellas que pudieran tener un nivel parecido al suyo y, para establecer su nivel de exigencia, tenía una regla muy sencilla: Un dólar más que el que más cobre. ¿Qué nos está diciendo con esta regla? Algo muy sencillo pero que parece escapársele a muchos teóricos de la motivación: El incentivo financiero puede ser TAMBIÉN Y PRINCIPALMENTE incentivo social porque define estatus.

¿Podemos llamar mañana a Cristiano Ronaldo o a Pau Gasol y decirles «he leído que el sueldo no es motivador y puesto que tienes dinero más que suficiente para vivir, en lugar de pagarte todavía más, voy a intentar por todos los medios que tengas otros incentivos como, por ejemplo, un ambiente agradable en el equipo, etc.»? Naturalmente, las carcajadas se oirían en Sebastopol a pesar de que todo lo dicho es cierto, es decir, tienen dinero más que suficiente y el incentivo financiero muchas veces limita o elimina la conducta de tipo más creativo. Al igual que en el caso de la Callas, el sueldo de Cristiano Ronaldo es la mejor prueba de que «no es un jugador más» y cuanto más escandaloso sea el sueldo mayor es el incentivo social que lleva asociado. Vemos, por tanto, que al contrario que en el caso de los donantes de sangre, aquí el incentivo financiero y el incentivo social caminan de la mano…y esto nos lleva a algo muy simple y que se les escapa a la práctica totalidad de los teóricos de la motivación: Una misma acción puede, al mismo tiempo, satisfacer distintos tipos de motivos o satisfacer unos y eliminar otros.

El dinero, por seguir con el mismo ejemplo, produce un refuerzo financiero y elimina el refuerzo social en los donantes de sangre y, al tratarse de una actividad donde lo básico es el refuerzo social, produce unos resultados negativos. El dinero produce refuerzo financiero Y refuerzo social en los futbolistas de élite; el refuerzo financiero puede no tener demasiada importancia para alguien que lleva ya años cobrando cifras exorbitantes pero sí la tiene el refuerzo social y, como consecuencia, no se puede reducir basándose en los efectos perniciosos del refuerzo externo.

Quizás no debamos escandalizarnos demasiado porque prestigiosos teóricos de la motivación no hayan sido capaces de darse cuenta de éstos. Al fin y al cabo, ese mismo error tiene ya más de dos mil años de antigüedad y a mucha gente le rechina escucharlo en esta versión aunque son pocos los que lo confiesan abiertamente:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.(Mateo 20, 1-16)

Quien tenga una óptica religiosa y específicamente cristiana, seguramente encontrará motivos para justificar este modelo de actuación. Si dirige una empresa, mejor que no lo aplique.

Zipcar: Todo un descubrimiento

El día que esta marca se establezca en España con una buena flota de coches, los que usamos el coche de forma ocasional podremos prescindir definitivamente de mantener uno propio.

Zipcar se dedica a alquilar coches por horas, de forma que si alguien quiere ir a hacer la compra o necesita ir a cualquier sitio más o menos lejano o mal comunicado, todo lo que tiene que hacer es alquilar un coche para el periodo temporal que le interesa y pagar una cifra que oscila entre 7 y 11 dólares por hora con todo incluido.

Para que esto funcione, las cosas no pueden ser iguales que en una empresa normal de alquiler de coches y hay varias diferencias sustanciales:

  1. Funciona por suscripción; es necesario sacarse una tarjeta de Zipcar que puede costar 25 dólares anuales (100 si se opta por mantener la cobertura de todo riesgo en todos los alquileres).
  2. Los coches están distribuidos en multitud de sitios y siempre vuelven al lugar de origen; no se puede recoger un coche en un lugar y devolverlo en otro.
  3. La llave de contacto está siempre puesta; es la tarjeta de miembro la que abre y cierra la puerta del coche alquilado.
  4. El coche lleva dentro dos tarjetas más, una para echar gasolina -se exige que se le deje al siguiente usuario como mínimo un cuarto de depósito- y otra para entrar y salir del parking del coche si éste es de pago.
  5. Se exige que, antes de recoger el coche, se eche un vistazo y, en caso de que el anterior usuario -nadie lo toca entre usuarios- lo haya devuelto sucio, con menos gasolina de lo establecido o con algún golpe, se comunique a Zipcar en el momento de recoger el coche.

Naturalmente, la pregunta que sale inmediatamente es si hay siempre coches disponibles: Una vez que tienen registrada nuestra dirección, nos informan de los parkings más cercanos a nuestro domicilio y de cuáles son las horas de disponibilidad de los coches concretos para, según eso, elegir coche o modificar el horario si no nos encaja completamente lo que hay disponible. En el momento de la reserva se dispone de esa información.

La puntualidad en un negocio de alquiler por horas es clave y una llegada de hasta una hora tarde es penalizada con 50 dólares mientras que una llegada de más de tres horas tarde supone la inmediata retirada de la tarjeta.

Sencillo y útil. A ver si se animan a implantarlo en España o alguien decide imitarlos.

¿Tiene límites la estupidez?

La verdad es que viniendo de la España de lo «políticamente correcto» parecía que ya habíamos llegado a las más altas cimas de la estupidez pero siempre es posible encontrar una cumbre más alta. No en todos los terrenos; por ejemplo, aquí no hablan de «violencia de género» sino de «violencia doméstica» y esta misma mañana veía un letrero donde animaba a «Gay men» a denunciar situaciones de violencia doméstica cuando estuvieran siendo objetos de ella…o sea que, como todos sabíamos menos los políticos, la violencia en el hogar no se restringe a parejas heterosexuales ni es siempre ejercida por el hombre, ruedas de molino ambas con las que parecen tratar de hacernos comulgar nuestros ilustres próceres…dejémoslo en próceres a secas.

Ayer por la noche veía un programa en televisión que me hizo pensar que mis conocimientos de inglés son muy limitados porque no podía creer lo que oía. Parece ser que el centro del debate nacional, ante la proximidad del aniversario del 11S, es la conveniencia o no de construir una gran mezquita en el punto donde estaban las torres gemelas. Supongo que si tal despropósito se llevase a cabo, Ben Laden daría palmas con las orejas y la razón que daban los favorables al proyecto era que, de no hacerlo, los musulmanes moderados se podían sentir excluídos y ofendidos.

Como uno de los defensores del proyecto dijo, los terroristas eran musulmanes pero eso no significa que todos los musulmanes sean terroristas. Cierto, pero hay que tener dos cosas tan claras como ésa:

  1. Los ofendidos por un ataque que costó la vida a más de 3.000 personas no fueron los musulmanes moderados; en consecuencia, no parece que exista ninguna razón por la cual se deba desagraviar a éstos en lugar de a las propias víctimas y a sus allegados que podrían tener muchas razones para estar en contra de tal proyecto.
  2. Que un ataque terrorista de tal magnitud realizado en nombre del Islam tuviera, al cabo de pocos años, como premio la construcción de una mezquita en el mismo lugar en que se perpetró el ataque sólo puede ser visto como un premio por parte de los terroristas. Se les ha enseñado que lo que han hecho funciona.

Lamentándolo mucho, creo que ante esas dos sencillas razones el real o posible sentimiento de agravio por parte de los musulmanes moderados pasa no ya a segundo sino a quinto plano, y eso siendo generosos. Por otra parte, creo que mucha gente agradecería de los musulmanes moderados una actitud más enérgica hacia los integristas y no ese tratamiento de «hermanos equivocados» donde siempre da la impresión de que prevalece el «hermanos» sobre el «equivocados» y donde parece que tampoco nadie se atreve a cambiar el «equivocados» por el «criminales». ¿Es por miedo o es cierta comprensión ante los «excesos» del «equivocado»?

Para hacer un paralelismo en España, hace años murieron en un atentado de los asesinos de ETA 22 guardias civiles en Madrid en la plaza de la República Dominicana. ¿Se le ocurriría a alguien levantar precisamente en ese punto algo así como un «monumento a Euzkadi»? Supongo que no y decir que la inmensa mayoría de vascos no asesinos se podrían sentir ofendidos de no hacerlo no creo que fuera un argumento que alguien fuera a tomar muy en serio. Hasta la estupidez debería tener algunos límites pero, cuando se ven casos como éste, se puede dudar seriamente de que existan.

«American way of life» desde los ojos de un español

Americano en el parqueTanto por oportunidades como por edad, viajar a Estados Unidos no me resultaba extraño y habré pasado por aquí entre dos y tres docenas de veces pero nunca con la intención de vivir aquí temporalmente sino cortos periodos de, como máximo, tres semanas. Las cosas se ven de un modo muy distinto; algunos problemas son los mismos pero se tiene mejor disposición para aceptarlos mientras se está de visita y otros simplemente no aparecen durante una visita pero sí en una estancia prolongada.

¿Mejor o peor? Ahora mismo no sería capaz de decirlo. Desde la óptica de un español medio, hay comportamientos o hábitos de aquí que nosotros calificaríamos sin el menor problema de «cutres» mientras que, al mismo tiempo, hay otros terrenos en los que se puede apreciar que el americano medio, entendiendo como tal al profesional más o menos establecido y haciendo la comparación con ese mismo nivel en España, dispone de algunas posibilidades que en España sólo tienen los auténticamente ricos.

Ejemplos: En España es poco frecuente ver supercoches; se ven más en Londres -especialmente el fin de semana- y, por supuesto en Milán. Comparativamente, en Estados Unidos no se ven muchos supercoches pero el nivel medio es bastante más alto que en España. Se ven muy pocos Ferrari, algún que otro Rolls o Bentley, a menudo en sus versiones descapotables, o algún Maserati pero…se ven bastantes coches de coleccionista -igual que en Inglaterra- tipo Gran Torino o Mustang, Corvette o Cadillac antiguos y marcas que en España se consideran de lujo como Lexus o Infiniti son muy frecuentes en todos los ámbitos y si vamos a las marcas de segmento medio-alto como Volvo, Mercedes, Toyota, etc. con sus modelos más grandes, es una auténtica invasión. Este fin de semana alquilé un coche para salir de excursión y me hicieron un «upgrade» porque no tenían el tipo compacto que había pedido, dándome un Mercedes con 3.000 kilómetros, 3.000 centímetros cúbicos y tracción integral. Eso sí, con una limitación de velocidad de 90 kms./h. en la mayoría de las carreteras no dejaba de ser un poco ridículo.

Las distancias son muy grandes incluso dentro de la misma ciudad; dentro de Cambridge es posible moverse en bicicleta pero sabiendo que cada vez que nos montamos en ella hay que prepararse para hacer entre 3 y 5 kilómetros y, al cabo del día, eso pueden ser unos cuantos kilómetros si hay que ir a varios sitios. A veces, directamente puede ser necesario el coche porque, en caso de que exista transporte público, la cantidad de transbordos y de cambio de medio de transporte pueden desaconsejar su uso y, por cierto, ahí radica el éxito de Zipcar ( www.zipcar.com ) que, si no se quiere tener un coche permanentemente, permite el alquiler por horas recogiendo y dejando el coche en una serie de puntos en la ciudad. Nosotros tenemos un punto en nuestro propio bloque de apartamentos y ni que decir tiene que ya tenemos la tarjeta de usuarios.

No basta con enterarse de dónde están los «mall» sino que, con frecuencia, hay que enterarse por Internet con detalle de qué venden allí ya que, al principio, no pudimos encontrar cosas tan fáciles de conseguir en España como una tarjeta prepago de telefonía móvil. Lo mismo ocurre si lo que se quiere comprar es una cafetera que haga café de verdad sin dejarse 200 dólares -vano empeño hasta ahora- o un microondas o unas zapatillas de baño para el niño. No existe El Corte Inglés y no sólo hay que saber dónde están los sitios sino qué venden en cada sitio específico.

En cuanto a los precios, es fácil llevarse alguna sorpresa. La electrónica es mucho más barata que en España, los coches -comprados o de alquiler- también y la hostelería tiene unos precios comparables. Sin embargo, la compra normal -ésa que no se hace cuando se está de visita- es mucho más cara aquí que en España y dejarse 200 dólares en una compra normalita es algo bastante frecuente. Algunas cosas son distintas y hay que ir conociéndolas u otras simplemente no existen aquí pero eso entra dentro del apartado de la normalidad. En el apartado de farmacia, aquí venden sin receta cosas que en España la necesitan y viceversa por lo que es bueno enterarse antes de venir para acá de qué se va a necesitar y si se puede conseguir fácilmente.

Los mercados de segunda mano tienen aquí una actividad impresionante. El propio MIT tiene un lugar llamado «MIT Furniture Exchange»  donde tienen las cosas más diversas, desde bicicletas a colchones pasando por transformadores o aparatos de gimnasio…cualquier cosa que uno no ha sido capaz de vender antes de volver a casa allí la «reciclan» pagando un tercio de lo que esperan vender al que se deshace de ella; algo así como un «Cash Converters» pero en plan club privado donde sólo puede comprarse con los carnets del MIT o de Harvard.

Otro tipo de mercados es el que funciona por Internet, sobre todo el de Craigslist, donde puede comprarse o venderse cualquier cosa. Aquí nadie tira nada -incluso en los restaurantes se llevan las sobras con las célebres «doggie bags»- pero esto es algo que se traslada a la vida corriente. Es significativo que una empresa como «The Home Depot» que sería el equivalente de un Leroy Merlin en España figure en el Dow Jones y también lo es que sea una de las pocas empresas que tienen todo rotulado en inglés y en español. Todo lo que signifique mano de obra es difícil y caro de conseguir y elementos normales como tener algún tipo de servicio doméstico están sólo al alcance de los muy ricos; en consecuencia, éste es el país del «do-it-yourself», tanto si se trata de cocinar o fregar los platos -los títulos de doctor se apartan para que no se mojen con las salpicaduras del fregadero 🙂 – como de hacer reparaciones menores. Los que pertenecemos a la clase de los que se morirían de hambre si tuvieran que vivir de su habilidad manual lo llevamos claro en este país.

En cuanto a la vivienda, merece un capítulo aparte. En España, sin necesidad de ser Einstein, hace tiempo que sabemos de la intercambiabilidad entre espacio y tiempo, o sea, o vivimos en un sitio céntrico y pequeño donde tenemos todo a mano o vivimos en una urbanización a 20 o más kilómetros del centro (caso de Madrid) donde tenemos un bonito chalet adosado pero no tenemos nada en los alrededores. Incluso en ciudades relativamente pequeñas como Boston, los 20 kilómetros de Madrid ya no son 20 sino que pueden oscilar entre 30 y 50; eso sí, el chalet adosado no es tampoco un piso construido en vertical y con garaje incorporado sino que son unos caserones impresionantes en unas urbanizaciones con sus instalaciones deportivas, con sus lagos, a veces con sus aeródromos privados…y donde se necesita el coche absolutamente para todo y la vida social es prácticamente cero. Cuando se produjo el atentado del 11S, se comentó que es posible que hubiera víctimas no identificadas porque nadie las hubiera echado de menos…cuando se ve el estilo de vida de aquí, eso se entiende perfectamente e incluso hasta tienen una palabra para el que lleva ese estilo a sus últimos extremos: «Cocooning». Poco antes de salir para acá, paseando un sábado nos encontramos con una compañera del cole del niño y sus padres, nos paramos a tomar café con ellos y después decidimos a ir juntos a comer a una pizzería. Esto, que puede ser más o menos normal en España, es algo impensable aquí.

La mezcla que produce ese no tirar nada con la práctica del «do-it-yourself» llevada a sus últimas consecuencias da a la mayoría de las casas un aspecto de cierta cutrez y desorden. El «Si algo funciona no lo arregles» tiene una coletilla que no se dice pero que es real y es el «ni lo quites». Eso, junto con algunas diferencias en los hábitos, puede causar bastante extrañeza. Ejemplo: El lavavajillas no es una dotación ordinaria de cualquier apartamento que se alquile y, como tampoco es tan frecuente y además requiere instalación y permisos si la casa está alquilada, se acaba renunciando a él si no se va a estar mucho tiempo; sin embargo, lo que sí es una dotación bastante habitual es un aparatito colocado justo debajo del desagüe del fregadero: El triturador. Puesto que normalmente los elementos sólidos no los echamos al fregadero, raro será el español que eche de menos semejante artefacto; sin embargo, aquí para tirar la basura hay que aprobar un Master por la cantidad de separaciones que tienen los contenedores donde la guarrería que queda al final sin clasificar es lo que se llaman eufemísticamente «residuos orgánicos» y mucha gente opta por deshacerse de buena parte de ellos por el fregadero…o sea, viva el reciclaje pero, cuando éste se hace demasiado complejo, el reciclaje de basura mejora a expensas del reciclaje de agua, mucho más difícil por la cantidad de porquerías que la gente arroja al alcantarillado con la inestimable colaboración del triturador. Bill Bryson, autor de «Notes from a big country» dedica todo un apartado de su divertidísimo libro sobre el «american way of life» a ese artefacto que aún no ha dejado de asombrarme.

Resumiendo: ¿Mejor, peor? No lo sé; en principio me gusta más el estilo de vida español pero esto no es una pintura en blanco y negro. Parte de esa preferencia viene de unos hábitos adquiridos y de haberse acostumbrado a unas situaciones que ya se toman como parte del paisaje a la vez que algunas de las ventajas de aquí, puesto que no se está acostumbrado a ellas, no se valoran como algo imprescindible. Por idéntica razón, supongo que un americano preferirá su modo de vida; hay ventajas e inconvenientes a cada uno de los lados del charco y cómo se ponderen unos y otros tiene mucho que ver con aquello a lo que cada uno está más habituado.

Transporte aéreo: Estafas legales en la contratación

Van dos este año:

En junio, un viaje supuestamente directo a Boston contratado con American Airlines acabó dando un paseíto por Chicago antes de llegar a Boston…vamos, como si alguien quiere ir de Londres a Madrid y le llevan antes a Tenerife para hacer una escala.

En julio lo hemos mejorado: Un billete de Madrid a Boston comprado a través de Viajes Barceló y con una escala en Lisboa acabó en lo siguiente:

En el aeropuerto de Madrid nos informan de que no nos pueden dar la tarjeta de embarque porque no tienen acuerdo con la aerolínea que hace el vuelo de continuación a Boston pero sí nos facturan el equipaje para destino. Puesto que el viaje era para una estancia larga, en el equipaje de mano llevábamos medicamentos, tres ordenadores y otras cosas que hacían el trámite de seguridad especialmente molesto pero bueno…

Llegada puntual a Lisboa. En el área de tránsitos nos dicen que no nos pueden dar tarjeta de embarque porque la aerolínea (Sata Internacional) no tiene mostradores allí y tenemos que salir de la zona de seguridad lo que implica, por supuesto, tener que volver a pasar los controles.

Salimos fuera y nos dicen que no nos dan la tarjeta de embarque hasta dos horas antes de la salida del vuelo -faltaban cinco- y la zona donde esto ocurría era el área de facturación en vuelos nacionales de Lisboa, con unos cuantos asientos y un tamaño bastante reducido. Encontramos una persona amable que nos dio la tarjeta de embarque antes de la hora y pudimos pasar otra vez el control de seguridad para, al menos, hacer la espera en una sala. Por cierto, si estábamos en vuelos nacionales no es porque Estados Unidos se haya anexionado Portugal sino porque teníamos otra escala en las Azores, lugar en que al parecer se encuentra el «hub» de Sata Internacional.

Salida de Lisboa en un A-310 que sin duda ha conocido mejores tiempos y parada en las islas Azores con bajada del avion, nueva salida de la zona de seguridad -y nueva entrada, por supuesto- sin que ahora haya forma alguna de explicar tal despropósito- para pasar el control de los viajes a Estados Unidos que, en condiciones normales, tendríamos que haber pasado en Madrid. Unas dos horas más en la escala para, finalmente, salir hacia Boston.

Señores de Viajes Barceló: Esto se avisa porque no es lo mismo un vuelo a Boston con una escala en Lisboa -que es lo que ustedes venden- que todo este rosario de despropósitos evitable con una pequeña diferencia de precio.

Para estas fechas, el vuelo directo de Iberia tiene unos precios intratables y hasta podría no ser directo como ocurrió en junio y venderlo como tal pero las opciones de Aer Lingus, Air France, Lufthansa y Swiss están ahí y suponen una escala.

Conclusión: Antes de tratar con Barceló hay que pensárselo y lo de Sata Internacional y su base en las Azores es para salir corriendo.

Servicios inservibles: 900101010 de Telefónica

He sido agraciado con el número de respuesta profesional de Telefónica. Gracias a ello, un tema que debería ser menor como lo es dar de baja la línea móvil de Internet por no ir a usarla en un tiempo se ha convertido en una aventura. Cada vez que me pasan con un operador, hay dos variedades: En la primera de ellas se corta la llamada antes de tener la oportunidad de ser atendido; en la segunda, antes de cualquier otra cosa, preguntan si la causa de la llamada es robo o extravío del teléfono. Si no se está entre los bendecidos por una de estas dos circunstancias ya que al menos consiguen la atención buscada, invitan a llamar más tarde porque tienen un problema informático…y así llevamos dos días y, por supuesto, sin ninguna alternativa a tan exclusivo número de atención.

Transferencia negativa en la formación de pilotos: ¿Hasta cuándo?

La transferencia negativa puede definirse muy sencillamente como aquella situación en la que un aprendizaje adquirido es aplicado fuera de contexto y, como tal, produce unos efectos inesperados. Esta situación se produce con más frecuencia cuanto más parecidos sean los entornos en el que se adquirió el aprendizaje y el entorno en el que se aplica erróneamente.

En el ámbito de la aviación comercial, a alguien se le ocurrió que una forma de reducir los costes de formación consistía en crear cabinas idénticas, con sistemas con unos funcionamientos idénticos pero en aviones muy distintos en cuanto a peso y características, es decir, la situación idónea para que se produzca la transferencia negativa.

La última ocasión conocida se ha producido con un Airbus 340-600 de Virgin Airlines http://www.flightglobal.com/articles/2010/07/08/344187/virgin-a340-take-off-miscalculation-defeated-robust.html hace pocos días. Una tripulación con prisa introdujo al ordenador unos datos incorrectos y el ordenador los procesó para determinar la potencia necesaria para el despegue. Puesto que los datos eran verosímiles en función del peso total del avión, que puede variar mucho según la carga de pago y la carga de combustible necesaria -un avión grande puede pesar casi el doble si va a realizar un vuelo muy largo que si va a realizar un vuelo corto- se inició la carrera de despegue con una potencia muy por debajo de la necesaria. Esto dio lugar a un despegue en condiciones críticas y a una situación que se salvó gracias a la reacción de los tripulantes que bajaron el morro para ganar velocidad mientras aumentaban una potencia visiblemente insuficiente.

Esto NO es la primera vez que ocurre. Los británicos muestran su preocupación porque se están poniendo parches introduciendo más y más comprobaciones que, en situaciones de urgencia, no se realizan y el tipo de incidente se sigue repitiendo PORQUE EL DISEÑO INDUCE A ERROR. Siempre es más barato introducir una norma más y, si ésta se incumple, acusar al que la ha incumplido que alterar un diseño a todas luces incorrecto pero que lleva muchos intereses económicos detrás. ¿Cuándo se va a corregir el problema? Como siempre, cuando haya bastantes muertos encima de la mesa. Hasta ahora, ha habido sustos muy serios gracias a errores propiciados por un diseño que conduce al efecto de transferencia negativa, efecto que no tiene por qué limitarse a los cálculos de despegue sino que puede aparecer en reacciones a situaciones delicadas donde se bordean las capacidades del avión -distintas en cada uno de los aviones- y, sobre todo, si esas situaciones requieren una respuesta inmediata.

Lo que ha ocurrido a Virgin Airlines y antes a bastantes otros va a seguir ocurriendo hasta que alguien decida darse cuenta de que una solución diseñada para acortar hasta extremos inverosímiles los periodos de aprendizaje de un nuevo avión y para facilitar la utilización de los mismos tripulantes en aviones muy distintos introduce también unos riesgos no admisibles en forma de transferencia negativa. Como en otros casos, los sustos pueden no bastar y requerirse muertos para tomar medidas serias: Más pronto o más tarde los habrá.