«A conflict of visions: Ideological Origins of Political Struggles» de Thomas Sowell (Un conflicto de visiones: Orígenes ideológicos de las luchas políticas)

El texto es una reedición de 2007 de un texto escrito 20 años antes y en el que Sowell, con su brillantez habitual, trata del tema reflejado por el título. Lamentablemente los títulos de Sowell traducidos al español son escasísimos y, que yo sepa, éste no está entre ellos.

Lo primero que habría que decir es que éste es un libro que lleva, casi por obligación, a la lectura de Camino de servidumbre de Hayek en la misma forma que la lectura de Rousseau conduce inexorablemente a Platón.

La idea principal del libro es que existen dos modelos extremos de visión, a menudo ni siquiera completamente conscientes, a las que denomina limitada e ilimitada.

La visión limitada partiría de que las personas son como son y que no podemos intentar cambiarlas sino, a lo sumo, poner en marcha los procesos que les permitan vivir de la mejor manera posible interfiriendo lo menos posible con su iniciativa porque -y éste es otro punto crucial- nadie, por iluminado que pueda ser, tiene más conocimiento que uno mismo en las cosas que le afectan. En consecuencia, se trataría de permitir que fuera utilizado un conjunto de conocimientos no articulados que están en todas las sociedades y que constituyen un patrimonio que se puede perder si la iniciativa queda en manos de la «ingeniería social» con todos los efectos asociados o, en las palabras de Sowell, en la visión limitada, los beneficios de una civilización avanzada se derivan de una mejor coordinación social de fragmentos de conocimiento ampliamente dispersos, no del mayor conocimiento de un individuo. La visión limitada, por tanto, no se ocuparía de los resultados sino de asegurar que los procesos que conducen a éstos no queden entorpecidos.

El polo opuesto lo constituiría una visión ilimitada que cree en la posibilidad de una intervención directa y que está más movida por los resultados que por los procesos por los cuáles esto pueda ser conseguido. Esta visión tendría además una fe ilimitada en el conocimiento de las elites y de los líderes visionarios y de su capacidad para mover el mundo. En palabras de Sowell, la propia naturaleza humana es una variable y, de hecho, es la variable principal a cambiar. Los grandes obstáculos para conseguirlo son la oposición de aquéllos que se benefician del orden social actual y la inercia y ceguera de otros. Si estos obstáculos al progreso se van a derribar, ha de ser mediante el acuerdo, la inteligencia y la imaginación de aquéllos que son capaces de atisbar las posibilidades abiertas a la sociedad.

Los criterios básicos para distinguir ambos tipos de visión serían el lugar y el modo en que se toman las decisiones. Las decisiones sociales permanecen como tal pero se derivan de principios muy distintos. Las decisiones sociales son realizadas de modo deliberado por los elegidos para ello basado en modelos explícitamente racionalistas en el caso de la visión ilimitada. Por el contrario, las decisiones sociales evolucionan sistémicamente partiendo de las interacciones entre las decisiones individuales, ejercidas para el beneficio individual, en la visión limitada. Tales decisiones servirían al bien común sólo como un objetivo no buscado y como consecuencia de las características de procesos sistémicos como, por ejemplo, la competitividad en una economía de mercado.

Una identificación facilona nos llevaría a equiparar la visión limitada a la derecha política y la visión ilimitada a la izquierda. Sin embargo, la prueba de que esto no es así en rigor es el hecho de que movimientos como el nazismo o el fascismo quedarían claramente inscritos también dentro de esa visión ilimitada.

Éste es el punto de partida. Desde aquí, Sowell comienza a extraer conclusiones en distintos ámbitos y cómo esas conclusiones nos pueden traer de vuelta de la teoría política a la práctica. Algunos fragmentos lo mostrarán:

Sobre la política social

Es consistente con la visión ilimitada promer fines igualitarios por medios no igualitarios, dada la gran diferencia entre los que Mill lama «los más sabios y los mejores» y aquéllos que no han alcanzado todavía su nivel moral e intelectual. A la inversa, aquellos con visión limitada tienden a ocuparse menos con promover la igualdad económica y social y, en su lugar, se preocupan de los peligros de una desigualdad de poder y la producción consiguiente de una elite de racionalistas.

Sobre el propio país

Llevado al extremo, la visión limitada dice: «Mi país, tanto si acierta como si está equivocado» mientras que la visión ilimitada se coloca en un papel de ciudadano del mundo, dispuesto a oponerse a su propio país en palabras u obras. Patriotismo o traición se convierten así en una distinción sin significado en el caso extremo de la visión ilimitada mientras que, por el contrario, esa distinción es una de las principales y más poderosas en la visión limitada.

Libertad y justicia

En la visión ilimitada, para la que las intenciones y la justicia individual son centrales, es enormemente importante el hecho de que las recompensas individuales sean merecidas o sólo reflejen una situación de suerte y privilegio. Los líderes individuales y las políticas sociales deberían ser elegidas con vistas a su dedicación a la meta de finalizar privilegios y promover la igualdad y el mérito. Por el contrario, en la visión limitada, los procesos sociales deben ser juzgados por su capacidad para extraer el máximo beneficio social de las limitades posibilidades del hombre al coste más bajo posible. Esto significaría recompensar habilidades escasas y valiosas, incluyendo aquellas que podrían deberse a la fortuna o al hecho de haber sido cultivadas a expensas de padres prósperos.

Un proceso social que asegura igual tratamiento representaría la igualdad para la visión limitada, tanto si los resultados finales son iguales como si no. Igual tratamiento, según Hayek, no tiene nada que ver con el hecho de que la aplicación de unas reglas generales en una situación particular pueda conducir a resultados más favorables a unos grupos que a otros.

La visión limitada del hombre conduce a un concepto limitado de igualdad, entendida ésta como un proceso dentro de las capacidad del hombre y, en contraste con la definición de igualdad en razón de los resultados…El argumento no sería si es literalmente imposible reducir o eliminar casos específicos de desigualdad sino que los procesos creados para hacerlo puedan generar otras desigualdades, incluyendo algunas peligrosas, causadas por una expansión del papel del gobierno.

Para los partidarios de la visión ilimitada, estos riesgos son evitables cuando no ilusorios y, por tanto, detenerse en los procesos puramente formales es innecesario e inexcusable.

Muchos de los partidarios de la visión ilimitada con una apasionada oposición hacia la desiguadad medida por los resultados asumen que aquellos que se oponen a ellos deben ser favorables a la desigualdad de resultados, bien por razones filosóficas o por una cuestión de interés propio. En realidad, los partidarios de la visión limitada pueden estar apasionadamente dedicados a ciertos procesos como la libertad de elección y sólo secundariamente preocupados por el hecho de que tales procesos, diseñados para garantizar una iguadad de trato, puedan no producir iguales resultados para todos.

Libertad

La definición misma de libertad difiere entre las dos visiones. A pesar de la ausencia de restricciones legales, uno no es libre según la definición de la visión ilimitada «si no puede conseguir sus metas»…esta definición según los resultados de la visión ilimitada es anatema para los partidarios de la visión limitada en la cual la libertad es definida en términos de características del proceso.

Guerra

Loa partidarios de la visión ilimitada tienden a explicar la existencia y recurrencia de las catástrofes provocadas por el hombre en términos de malentendidos, en un sentido intelectual, o de emociones hostiles o paranoides que se supersonen a la racionalidad.

Los pasos a seguir por una nación que busca la paz para reducir la probabilidad de la guerra serían aumentar la influencia de los grupos de población más avanzados intelectual o moralmente, mejor comunicación con los enemigos potenciales, eliminación de la retórica militante, restricción en la producción de armamento o de alianzas militares que pudieran provocar contramedidas, limitar el énfasis del nacionalismo o patriotismo y negociar diferencias con potenciales adversarios como forma de evitar las posibles causas de guerra.

Los partidarios de la visión limitada ven la guerra en términos completamente diferentes. De acuerdo con su visión, las guerras son una actividad perfectamente racional desde el punto de vista de aquéllos que anticipan la posibilidad de obtener ganancias para ellos, su grupo o su nación aunque tal anticipación pudiera estar equivocada.

Desde esa perspectiva, los pasos para garantizar la paz y reducir la probabilidad de una guerra serían directamente opuestos y consistirían en aumentar el coste de la guerra para potenciales agresores mediante la preparación militar y alianzas militares, hacer consciente al público de los riesgos en tiempos de amenaza, promoción del patriotismo y disposición a luchar, confiar en el conocimiento de los adversarios del poder militar propio, negociar sólo desde una posición de fuerza y evitar todo tipo de chantajes que pudieran animar a chantajes posteriores y confiar más en el buen sentido y la fortaleza de la gente que en los moralistas e intelectuales más sensibles a las palabras y a las modas.

El delito

Los partidarios de la visión limitada enfatizan la prevención del delito o su castigo. Por el contrario, el partidario de la visión ilimitada no comprende cómo alguien puede cometer un delito terrible sin alguna causa distinta que la ceguera.

El concepto de rehabilitación y sus posibilidades es visto de una forma muy distinta en los dos casos. En la visión ilimitada de la naturaleza humana, la rehabilitación es un proceso de devolver a la persona a su más o menos natural condición de decencia. En la visión limitada, la decencia es más artificial que natural y, si no ha sido creada durante los años maleables de la niñez, es improbable que se cree después.

Creo que esto es suficiente para dar una idea del contenido del libro y, sin duda, hay muchos elementos fácilmente identificables en la actualidad política nacional e internacional que nos indican cuál es el modelo en que se mueven sus autores. Lo que Sowell llama visión ilimitada es equiparable en algunos contextos a lo que también se ha llamado buenismo en política, fenómeno del que los ejemplos son múltiples ahora y en el pasado.

La visión respecto de la guerra o de la eventual utilización de la violencia legítima por parte de un Estado tanto frente a terceros países como frente a la delincuencia pura y dura puede llevar a extremos peligrosos en cualquiera de las visiones. En el caso de la visión limitada extrema, se puede llegar a convertir un país en un campo de concentración con urnas, como estuvo muy cerca de ocurrir en los Estados Unidos de la época de McCarthy. En el caso de la visión ilimitada extrema, se puede llegar a convertir un país en una agrupación de pánfilos a los que les puede perder el respeto cualquier otro país e incluso cualquier banda de delincuentes con o sin coartada política.

Busque cada cual dónde se ve mejor reflejado y dónde ve mejor reflejados a distintos gobiernos.

Iberia funciona así: Mira bien con quién vuelas

El pasado mes de junio tuve un serio problema con Iberia en un vuelo a Copenhague. Hoy encuentro en el buzón un talón de 100 euros con el que, al parecer, Iberia zanja la cuestión a pesar de haberles enviado justificantes por más del doble de gastos producidos por el extravío de una maleta con el equipaje de tres personas.

Como no merece la pena meterse en más líos, por lo menos vamos a darles la publicidad gratuita que merecen publicando aquí el texto de la reclamación. Juzgue cada uno si eso son 100 euros:

Subject: Re: Código Expediente: C09061-783166443
To:
IBERIA_LAE@correo.iberia.es

Adjunto les remito justificantes de gasto en ropa y farmacia durante los dos días que tardó en aparecer el equipaje. Asimismo, les incluyo copia de la reclamación efectuada en destino y de los billetes de las tres personas de las que se extravió el equipaje.

Me permito hacerles algunas puntualizaciones al margen de lo que puedan decir las normas internacionales al respecto:

En primer lugar, no voy a entrar a discutir ni la decisión del piloto de volver una vez iniciado el vuelo por avería del avión ni la calidad del mantenimiento. No tengo razón alguna para dudar de ninguno de estos extremos pero todo lo que vino a continuación fue una sucesión de despropósitos de la que el extravío del equipaje es sólo un episodio:

En un primer momento no se comunicó si se desembarcaría, a continuación se hizo sin avisar de una previsión de demora; cuando ésta apareció indicaba la salida a las 14.30 pero el embarque se iniciaba tres cuartos de hora antes lo que implicaba permanecer junto a la puerta. Cerca de las 14.30 -por supuesto, sin iniciar el embarque- se comunica un cambio de puerta que nos lleva a una considerable distancia de la inicial y sin alterar la hora de salida que, más tarde, sería modificada a las 15.00 con un supuesto embarque inmediato, después a las 15.50 y finalmente el avión saldría algo pasadas las 15.30.

Los sucesivos retrasos hicieron que los pasajeros tuvieran que permanecer junto a la puerta de embarque sin tener posibilidad siquiera de dar una vuelta, acudir a la cafetería o realizar cualquier actividad que, sin duda, sería más agradable que la espera de más de tres horas junto a la puerta.

Durante todo este tiempo, Iberia no sólo no se dignó dar un ticket de cafetería o similar sino que, una vez embarcados, la tripulación se comportó como si fuera un vuelo normal, entendiendo como tal un vuelo que salía a su hora y no uno que iba con casi cuatro horas de retraso por lo cual no hubo ni una palabra de disculpa e incluso ni siquiera se embarcó catering gratuito -creo que es lo mínimo dados los antecedentes que llevaba ya el vuelo- y lo cobraron también normalmente (les adjunto el ticket donde pueden ver el número de vuelo y la hora) e incluso la mención de «normal».

Sólo cuando se estaba a punto de desembarcar y ante la evidencia de que un grupo numeroso de pasajeros podía perder un barco que salía de Copenhague, alguien se dignó por fin dar una breve disculpa.

Desconozco si los cambios de programación les obligaron a algo parecido a cazar a lazo a una tripulación pero el hecho es que la atención a bordo fue especialmente nefasta, quedando muy por debajo de los ya maltrechos estándares de Iberia y con detalles como no atender a un botón de llamada presionado repetidas veces durante más de media hora porque «no se habían dado cuenta».

No voy a culparles de las absurdas políticas de seguridad de los aeropuertos pero sí creo que han de ser conscientes de que, dadas esas políticas, la trascendencia del extravío del equipaje es mucho mayor ya que obliga a incluir en el equipaje facturado elementos que, normalmente, irían en el equipaje de mano como, por ejemplo, medicamentos líquidos en nuestro caso. Gracias al extravío del equipaje, nos encontramos con la ropa puesta y con unos medicamentos que en España se adquieren en una farmacia sin receta pero en Dinamarca sí la precisan en el interior de la maleta.

Como consecuencia, una situación infantil que habitualmente está controlada concluyó con una visita médica en Gotemburgo para conseguir receta para un antibiótico (no he incluido la factura médica por haberse realizado ésta inmediatamente después de la aparición de la maleta).

Al parecer, Iberia se había propuesto amargar el viaje y en el regreso tuvimos también problemas con el peso del equipaje (28 kilos en una única pieza para tres personas) y, ante mi insistencia en que me indicasen dónde estaba la norma que indicaba un máximo por pieza de equipaje y que impedía que dos o más pasajeros pudieran agrupar su equipaje en una única maleta, me remitieron a unos vagos acuerdos con los sindicatos daneses pero a ninguna norma publicada por Iberia que haga explícito tal hecho.

La consecuencia es que en el mismo mostrador de facturación tuve que abrir la maleta y distribuir parte de su contenido en el equipaje de mano que, obviamente, pesaba a partir de entonces bastante más de lo admitido pero, al parecer, eso ya no importaba.

Insisto en el punto inicial: La eventualidad de que un avión tenga que regresar a su base forma parte de las contingencias que un pasajero tiene que asumir y el que, como consecuencia de ello, pueda producirse un retraso, tambien. El resto, es decir, cómo se manejó ese hecho dice mucho de una actitud que parecería más propia del transporte de ganado que de pasaje.

Atentamente.

AÑADIDO FINAL:

Cuando intenté contestar al mensaje inicial, adjuntando los justificantes de gasto, el ordenador me indicó que la cuenta de correo electrónico de origen había desaparecido. Por dos veces he escrito a Iberia, y por dos veces he obtenido una respuesta automática, solicitando una cuenta donde enviar los justificantes sin que haya tenido respuesta. Éste es el motivo de enviar el mensaje al centro de Iberia Plus. Les ruego canalicen este mensaje al lugar adecuado. Si, en lugar de eso, me van a contestar que Iberia Plus no atiende este tipo de reclamaciones, les ruego que se ahorren la respuesta

IPv6: Otra maravilla de la informática «user friendly»

Ayer traté de instalar en el ordenador que utilizo habitualmente la versión 11.2 de OpenSuse. Aparentemente todo fue normal hasta que, al intentar arrancar desde el disco duro, me salió un letrero diciendo que no había sistema operativo.

Como no hay mal que por bien no venga y el ordenador está preparado para un sistema operativo de 64 bits, decidí instalar no el Windows que se había cargado la instalación de Linux sino el Vista de 64 bits. Por lo menos me reconocería el total de memoria y algo ganaríamos. Además, el XP empezaba a ir lento a pesar de que la máquina, para los estándares actuales, no lo es.

La primera sorpresa fue que, al particionar en automático, la versión 11.2 de OpenSuse era mucho más ambiciosa y no tomaba lo necesario preguntando por el resto sino que, directamente, se asignaba la mitad del disco duro. Los que utilizamos el ordenador para trabajar raramente nos podemos permitir ese lujo dado el todavía escaso número de programas muy habituales que trabajan bajo Linux.

El Partition Magic no me sirvió de gran cosa porque no funciona con Windows Vista de modo que tuve que volver a utilizar el propio programa de instalación del Linux para reparticionar aunque, a la vista de los resultados, no tuviera ya la menor intención de volver a instalar Linux.

A partir de ahí, se supone que no debería tener demasiados problemas puesto que siempre he tomado la precaución de tener los datos en un disco externo que, por tanto, no se veía afectado por toda esta historia. Pues bien, el primer problema surge con la red inalámbrica y la necesidad, no explicada en ninguna parte, de introducir la clave de acceso utilizando su equivalencia hexadecimal. Como esto me había pasado hace muy poco al poner en marcha un disco duro externo conectado a la tele, no me sorprendió demasiado.

Lo que sí me sorprendió más es que, después de realizar una serie de actualizaciones, Internet dejó de funcionar. Me mostraba una etiqueta de «conectividad limitada» e incluso cuando pinché al ordenador un cable de red me ocurría lo mismo. La «ayuda» de Microsoft se limitaba a repetir lo mismo que estaba viendo en los menús incluyendo algún hipervínculo a zonas del panel de control que podía haber descubierto por mí mismo. Todo un homenaje a la inutilidad.

Naturalmente, para la «ayuda» todo tenía la culpa menos el puñetero Vista dando recomendaciones como desenchufar y volver a enchufar el cable-modem a pesar de que otro ordenador estaba accediendo normalmente a Internet a través de él. Finalmente utilicé ese ordenador «vivo» para buscar información sobre qué ocurría. Me encontré con que no era el único y que había mucha gente que estaba harta del Windows Vista, de las IPv6 y de todos los inventos semejantes y no explicados. Recomendación recibida en un foro: Desactiva las IPv6. Como tenía poco que perder lo hice y ¡oh, sorpresa! el ordenador se conectó normalmente a Internet.

Ahora que sigan hablando de informática «user friendly». A lo mejor el problema no es la informática sino los informáticos como decía Rousseau de la relación entre la medicina y los médicos. En una frase para enmarcar en Emilio Rousseau decía «Se me dirá que la medicina es un arte y que los fallos son del médico. Sea enhorabuena; venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte».  Sustitúyase la medicina por la informática y puede que estemos en una situación parecida pero, sea por culpa de la informática o de los informáticos, lo cierto es que el uso de un ordenador casero es todavía suficientemente enrevesado como para hacer que muchos usuarios medios decidan declararse incompetentes. ¿»User-friendly»? Sí, «as far as the user is an expert». Eso es lo que hay.

Cuidadín con quién vuelas

Casi todos estamos acostumbrados a llegar con el coche a una gasolinera y llenar el depósito y así hasta la próxima que se vuelva a quedar vacío.

Con los aviones esa práctica no vale. El combustible pesa, en algunos vuelos muy largos, lo mismo que el conjunto del avión más tripulación y pasaje y los equipajes correspondientes  supuesto que el avión vaya lleno y puedo asegurar que esto no es ninguna broma. Naturalmente, como el avión pesa más cuando va lleno también consume más y, para evitarlo, la receta obvia es cargar el combustible que se vaya a necesitar pero, dentro de esa regla general, los hay más precavidos, menos precavidos y hay tentativas de suicidio.

Una muy conocida compañía low-cost ha estado manteniendo la práctica de comunicar al control que sus aviones estaban escasos de combustible para, de esa forma, conseguir «colarse» en el turno de aterrizaje y la pasada semana hubo alguien que les paró los pies en Barajas. La forma fue muy sencilla: Exigir que declarasen emergencia por falta de combustible o esperasen su turno como todos.

Dadas las prácticas restrictivas de esa compañía en cuanto a la carga de combustible, no se podían permitir el lujo de seguir esperando el turno de aterrizaje pero no querían declarar emergencia porque eso implica una investigación. En consecuencia, desviaron el vuelo al aeropuerto alternativo. Hace muy pocos días, otra compañía low-cost entró en emergencia -esta vez sí- por falta de combustible en un aeropuerto español y, ante el hartazgo de estas prácticas, hay incluso quien se está dedicando a obstaculizar forzando a los aviones de la compañía más restrictiva a abortar aterrizajes en el último momento con la sana intención de forzar la emergencia y la investigación para acabar con esas prácticas.

La compañía ha sido ya denunciada por este motivo por sus pilotos y aún no hay resultados de la denuncia y, lo peor, el pasajero no tiene ni idea de con quién se está jugando los garbanzos.

Por motivos obvios, prefiero no citar nombres propios pero a cualquiera que busque por Internet con estos datos le será muy, muy fácil identificar de qué compañías hablamos.

Banderas de conveniencia

El secuestro del atunero «Alakrana» y antes del esto el «Playa de Bakio» tiene muchas derivadas pero, por la razón que sea, parece que nadie ha querido entrar en una de ellas: El uso de las banderas de conveniencia.

Éste es un uso muy extendido y parece que el primero o uno de los primeros innovadores en este terreno fue el griego Onassis. Al parecer, la práctica común de los petroleros era la de llevar bandera de Estados Unidos porque, de esta forma, consideraban que su situación estaba más protegida aunque, eso sí, suponía estar sujetos al fisco -y a la protección- de Estados Unidos. Onassis pensó que el coste de la protección no le compensaba y empezó a buscar países en los que matricular sus barcos donde el pago de impuestos fuera escaso o nulo. Tradicionalmente, estos países han sido Panamá y Liberia aunque parece que más adelante se unieron al club de las banderas de conveniencia otros lugares como Seychelles.

Así, cuando se habla de «el atunero vasco», habría que matizar que la empresa puede ser vasca pero, si la bandera no es española, cualquier petición de protección debería de realizarse al país del que lleva la bandera el barco. Por añadidura, sólo un tercio de la tripulación es de origen español. ¿Por qué, entonces, es España quien tiene que afrontar un problema que no parece más suyo que de cualquiera de los países de origen de los tripulantes o del país de abanderamiento del barco?

En estos días se han oído argumentos absolutamente peregrinos, incluyendo el de que el ayuntamiento de donde proceden la mayoría de los tripulantes españoles es abertzale y que sus familiares también y que, por tanto, no les correspondería protección de un Estado que rechazan. Es difícil encontrar un argumento más miserable que ése. Lo mismo si son de Batasuna que si son hinchas del Rayo Vallecano, son acreedores a la protección del Estado que le correspondería a cualquier otro español. Cosa distinta es si le corresponde la protección del Estado español a un barco matriculado en otro país.

Habría que ver en qué medida la situación actual no procede de la conducta seguida con el anterior secuestro con el «Playa de Bakio» al haber transmitido el mensaje claro de que el secuestro de barcos que puedan ser utilizados para presionar al gobierno español es rentable. Al parecer, en aquel caso hubo una oportunidad disponible, después de haber pagado el rescate,  de haber echado a pique la barca de los piratas que abandonaban el barco con el dinero a bordo. Si se hubiera hecho y se hubiera actuado en una línea similar a la seguida por los franceses ¿tendríamos ahora otro caso similar o se lo habrían pensado mejor?

Inevitablemente, el uso de la fuerza tiene que ser una posibilidad a plantear por mucho que uno quiera que, por méritos similares al último, le regalen el Nobel de la Paz. La protección de los propios barcos implica la disposición a, si es necesario, utilizar la fuerza y hacer valer el viejo principio de que en democracia es el Estado quien tiene el monopolio de la violencia. Cosa distinta, y que no parece estarse planteando en el nivel que se debiera, es si un barco con bandera no española es acreedor o no a esa protección y si, en su caso, la preocupación debería limitarse exclusivamente a los ciudadanos españoles sea cual sea el medio que los transporte o hacerse extensiva a los demás tripulantes y al propio barco.

Si no se está en disposición de usar la fuerza, como parece dejar claro la actuación seguida con el caso anterior, el «Playa de Bakio», nos encontraremos en una situación que describe espléndidamente José Antonio Marina en «Anatomía del miedo» con estas palabras:

En caso de guerra ¿querría alguien un ejército dubitativo, asambleario, crítico, democrático, donde cada soldado mantuviera su libertad de juicio, evaluación y decisión? No, porque sería un ejército parecido al que popularizó Gila, que pedía al enemigo que no atacara muy temprano porque querían dormir o le pedía prestado el cañón. Parece que este asunto no tiene solución posible. O tener unos ejércitos inútiles o tener unos ejércitos salvajes…seguirá habiendo guerras, porque basta con que alguien desee hacerlas para que las haya; será necesario ir a la guerra para defender valores importantes o la supervivencia y entonces harán falta ejércitos eficaces.

Se habla de autorizar a los barcos a llevar vigilantes civiles armados pero, en realidad, eso lo único que hace es invitar a los piratas a que vayan mejor armados porque cabe esperar que ningún atunero vaya a llevar ningún ejército dentro para protegerlo. Las preguntas más sencillas son las que parece que nadie quiere plantear:

  1. ¿Es sujeto de protección del Estado español un barco con una matrícula no española y con un tercio de su tripulación compuesta por españoles?
  2. En caso afirmativo ¿se está dispuesto a utilizar la fuerza como medio de garantizar esa protección? Si no es así, ya pueden contar con que esta situación con componentes de drama  por lo que toca a los afectados y sus familiares y de ópera bufa por el papelón de los politicos y del ejército  se repetirá bastantes veces por mucho «segurata» que quieran poner a bordo de los atuneros.

Tamaño y riesgo sistémico en los mercados

La siempre recomendable newsletter Wharton-Universia acaba de publicar un artículo sobre las organizaciones que, sobre el papel, son demasiado grandes para caer o para permitir que caigan:

http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1795&language=spanish

Llueve sobre mojado. El último número de la Harvard-Deusto publicaba otro excelente artículo, reproducido de la Sloan Management Review del MIT,  recomendando cambiar el lenguaje que se utiliza en los negocios porque la contabilidad actual no es capaz de capturar el riesgo sistémico.

Lo malo de todo ello es que no es nuevo pero dice poco y malo de nuestra capacidad real de aprendizaje y sólo ante una crisis de dimensiones descomunales nos acordamos de que existe un riesgo sistémico que, simplemente, había sido ignorado. Autores como Ulrich Beck con «La sociedad del riesgo global» se anticiparon varios años a la crisis actual, otros como Peter Senge lo hicieron aún más aunque de forma acaso más superficial y así podríamos ir retrocediendo en el tiempo hasta los Forrester, Luhmann, Bertalanffy y muchos otros.

Mecanismos como las titulizaciones consiguieron hacer mucho más eficientes los movimientos de dinero pero, al hacerlo así, alguien se olvidó de un principio básico: El fallo en una organización eficiente utiliza para multiplicar sus efectos los mismos canales que esa misma organización utiliza para su funcionamiento normal. En otras palabras, a más eficiente la organización más eficiente el fallo y mayor es su posible impacto. Por ejemplo ¿podría esperarse una expansión importante de un virus si no existiera Internet?

El riesgo sistémico nos aguarda escondido en multitud de lugares. La historia nos habla incluso de guerras evitadas o iniciadas por incidentes menores que entraron en una espiral de autorrefuerzo y no fueron más que una humilde cerilla en un polvorín. Intentar detectar todas las cerillas es inútil y costoso pero hacerlo con los polvorines y no cerrar los ojos al riesgo que éstos encierran es suicida.

En el ámbito de la aviación, Michael O’Leary, gran jefe de Ryanair, afirmaba que un riesgo real para su compañía es la eventualidad de que una compañía low-cost importante tenga un accidente grave. Cualquier accidente deja al descubierto prácticas inadecuadas y regulaciones insuficientes o erróneas pudiendo afectar gravemente a los implicados. Algunos de ellos, al ejercer al mismo tiempo como juez y parte, intentan ponerse a salvo aunque, afortunadamente, en la sociedad de la información global les resulta cada vez más difícil.

En ese mismo ámbito, un único modelo de avión cuyo diseño demostró tener demasiados agujeros de seguridad, el DC-10, fue suficiente para provocar la bancarrota de McDonnell Douglas, el que era el segundo gran fabricante norteamericano. El avión fue rechazado y la empresa se quedó sin la posibilidad de competir en el mercado de los aviones grandes. Sin duda, Boeing tiene a esta compañía entre sus más cariñosos recuerdos ya que, al hacerse cargo de la compañía y sus productos, le ha tocado asumir fallos de diseño y actuaciones que no eran propios.

¿Por qué se cayeron las torres gemelas si estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión? Puesto que el Empire State ya sufrió el choque de un avión, esa eventualidad no era algo del ámbito de la ciencia-ficción sino una posibilidad real y, por tanto, se diseñaron atendiendo a ella y, sin embargo, se cayeron. ¿Por qué? Porque, desde el momento de la construcción de las torres los aviones habían crecido mucho y, además, estaban preparadas para resistir el impacto pero no el fuego de unas cuantas decenas de miles de litros de combustible. Una vez que la temperatura hizo que colapsase un piso, los que estaban debajo podían aguantar el peso añadido de uno más pero no de todos los que estaban encima repitiendose ese proceso piso a piso.

¿Por qué se caen espléndidas estructuras diseñadas con magníficos programas de CAD? Porque los programas pueden reproducir las cargas sobre las estructuras pero es mucho más difícil reproducir cómo deben ser las uniones entre los distintos componentes; no falla la viga sino su unión con otras. Una vez que una ha fallado, las contiguas comienzan a soportar un peso mayor del que están preparadas para aguantar y colapsan repitiéndose el proceso por toda la estructura.

Los organismos reguladores a menudo no disponen de la posibilidad de contrastar si existe o no riesgo sistémico ya que éste se puede encontrar escondido en muchos lugares, tanto si hablamos de productos puramente ingenieriles diseñados mediante programas cuyos resultados el ingeniero no puede contrastar por sus propios medios como de sistemas financieros o cualquier otra cosa.  Hace algún tiempo me llevé una sorpresa al enterarme de que algo parecido ocurría también en un ámbito aparentemente más trivial como es el de la meteorología:

A medida que se han ido aumentando las estaciones de observación, ha crecido la dificultad para procesar todos los datos recibidos y más aún para procesarlos en un tiempo que hiciera que la información resultante fuera de interés y no que estuviéramos dando como primicia la previsión meteorológica esperable hace una semana. Los meteorólogos (o metereólogos según numerosos periódicos y televisiones) reciben los resultados de un procesamiento sin que tengan posibilidad alguna de contrastarlo con sus propias observaciones. No es de extrañar, por tanto, que los informes meteorológicos en televisión hayan mejorado notablemente en lo que se refiere a la presencia del presentador. Puesto que un meteorólogo auténtico no serviría de nada ¿por qué no utilizar un presentador que pasado mañana pueda estar en el área de deportes y dejar que la presencia sea el criterio principal? Si a alguien le parece exagerada esta reflexión, acuérdese de Minerva Piquero, que comenzó precisamente dando el informe meteorológico.

Algunos hablan de codicia, otros de espíritus animales y otros de punto ciego del refuerzo inmediato pero, sea cual sea la etiqueta que le apliquemos, no es sostenible un modelo en el que, de la forma más inesperada, pueden producirse explosiones de un tamaño descomunal y que tienen impacto en todo el mundo. Cuando se habla de economía sostenible y de evitar estos riesgos, todos podemos estar de acuerdo pero ¿cómo? ¿no estamos en la vieja historia de «quién le pone el cascabel al gato»?

Hacer lo mismo pero dando una «estética verde» no deja de ser una estupidez más procedente del ámbito «políticamente correcto». Intentar dar poderes extraordinarios a unos reguladores que, simplemente, no comprenden qué está pasando y, en caso de comprenderlo, se encuentran en la situación del meteorólogo y no pueden alcanzar conclusiones a tiempo tampoco sirve de gran cosa. Si se quiere evitar el riesgo sistémico y buscar una sostenibilidad real, no queda más remedio que ir a los principios mismos de funcionamiento del sistema y la forma en qué este consigue eficiencia.

En El mundo feliz de Huxley cualquier juego nuevo, para ser admitido, tenía que ser más complicado y requerir más medios que otro previamente existente. En el mundo real tenemos también una regla que debería ser seguida y es la regla de Rassmussen: «El operador ha de ser capaz de correr cognitivamente el programa que está ejecutando el sistema». En sistemas críticos, esta regla no debería ser saltada jamás y en sistemas menos críticos debería ser susceptible de sustitución por la comprobación cruzada: Un sistema complejo no debería ser aceptado si otro sistema de diseño completamente independiente no es capaz de replicar sus resultados.

La receta no es nueva. Es aplicada en aviación como una forma de garantizar que, en el caso de un fallo de software producido en varios sistemas idénticos, la redundancia resultase ser absolutamente inútil. Sin embargo, ese modelo que puede ser suficiente en muchos ámbitos no debería serlo en aviación, precisamente por tratarse de un sistema crítico.

Volvamos a la meteorología: Es dudoso que 1.000 estaciones de observación sean capaces de generar una previsión meteorológica el doble de precisa que 500 ya que en éste, como en cualquier otro ámbito, se produce el fenómeno del coste creciente de la mejora marginal. ¿Es posible que el meteorólogo pueda generar una previsión menos precisa procesando los resultados de muchas menos estaciones de observación? Para ello, tendría que tener claro cuáles son las que le permiten generar ese pronóstico y, con ello, validar unos resultados producidos a un nivel de detalle que le resulta inalcanzable.

Un mundo sostenible pasa necesariamente por eliminar el riesgo sistémico y, como ya anticipaba Beck, no está en absoluto eliminado. Puede hacerse pero ¿se hará o nos quedaremos esperando a la siguiente gran crisis que puedan provocar las finanzas internacionales, la incompetencia de los gobiernos, la contaminación, la falta de combustibles para cubrir las necesidades energéticas, la falta de alimentos o de agua potable, una pandemia, el terrorismo nuclear…? Son muchas las situaciones explosivas que nos rodean y, en lugar de eliminarlas con el grado de dureza o suavidad que proceda en cada caso, todavía nos seguimos empeñando en requisar las cerillas.

La guerra de Cajamadrid

Cualquier lector que no siga minuto a minuto las noticias relativas a Cajamadrid, sin duda se va a perder algunas cosas. Por ejemplo, en estos días se ha presentado como el gran triunfo en clave interna de Rajoy el que finalmente Rodrigo Rato vaya a ser el nuevo presidente de Cajamadrid. Esos mismos palmeros no explican que en marzo http://www.soitu.es/participacion/2009/03/18/u/basiliopozoduran_1237383024.html fue la propia Esperanza Aguirre quien propuso a Rato como presidente y que fue Rajoy quien lo rechazó, cabe suponer que porque no le gustaba tener de vuelta tan cercano a la política nacional a quién en su día fue su oponente y, dada su propia ejecutoria, hoy podría ser el Terminator de las ambiciones políticas de Rajoy. ¿Qué ha cambiado desde entonces para que, al parecer, las posiciones se hayan invertido?

Las malas lenguas aseguran que lo que ha cambiado es la situación actualmente crítica del grupo PRISA, con una importante deuda con Cajamadrid cuya renovación, de producirse, debería ser inmediata y que al citado grupo le interesa tener un amigo en la presidencia de Cajamadrid y Rato lo es…y tal vez por eso ahora Esperanza Aguirre prefiriese alguien que contribuyese a apuntillar a un grupo de comunicación que nunca se ha distinguido por su amistad hacia el PP aunque sí hacia alguno de sus miembros, fundamentalmente Ruiz-Gallardón y Rodrigo Rato. ¿Busca Rajoy convertirse en el salvador de PRISA para disfrutar del mismo trato favorable que sus compañeros de partido?

El PP lleva mucho tiempo bajo los focos como consecuencia de sus temas relacionados con la corrupción. No cabe duda de que los medios de comunicación no tratan igual a todos los partidos cuando alguien mete la mano en la caja pero ese hecho, con ser cierto, de ninguna forma justifica la inacción de que ha hecho gala Rajoy en el asunto de la corrupción. De repente, salta otra corruptela en Cataluña que, en este caso, afecta directamente a ex-altos cargos de Pujol y dirigentes de Convergencia y del PSOE y, justo en ese momento, se descuelga Manuel Cobo en El País con unas declaraciones en contra de Esperanza Aguirre en relación con Cajamadrid que hacen que los focos que, por un momento, se habían desviado vuelvan inmediatamente a enfocar al PP y pase el otro asunto a segundo plano.

¿Casualidad o ejercen Cobo y Gallardón o viceversa como caballos de Troya del PSOE en el PP con el intermedio de PRISA?

El caso es que Rajoy no parece necesidad de ayuda externa o interna para enredarse él solo. La diferencia entre el trato recibido por el ex-secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, y el primer teniente de alcalde de Madrid, Manuel Cobo, a quien su jefe apoya y mantiene en el puesto a pesar de una suspensión cautelar de militancia muestra que el anunciado puñetazo en la mesa lo ha dado flojito para no hacerse daño. No hay que extrañarse de que el ministro de Fomento, José Blanco, manifestase su alegría porque la figura de Rajoy pudiera salir reforzada de todo este enredo. Como Josep Piqué dijo de él cuando le preguntaron cómo lo estaba haciendo, es difícil no hacerlo mejor.

Cajamadrid ha resultado ser un campo de batalla donde se aludía a grandes principios y a respeto a la legalidad pero lo que se estaba cociendo era la pura y simple lucha por el poder entre dos bandos enfrentados del PP. No se sabe si por la importancia de la entidad o por ese distinto tratamiento que los medios de información dan a la porquería dependiendo del lado del que viene, el tema ha gozado de bastantes titulares pero está muy lejos de ser el único enjuague con cajas de ahorros de por medio.

Los políticos de todo signo han entrado al asalto en las cajas de ahorros y las han convertido en el brazo financiero del partido en el poder en cada sitio y, al final, es el Estado -o sea, todos nosotros- quien tiene que pagar la fiesta que se han corrido y se siguen corriendo nuestros honorabilísimos padres de la patria repartiendo dinero entre sus amigos. No resulta extraño que la conducta de los políticos haya pasado a estar, según el último sondeo del CIS, entre las preocupaciones de los ciudadanos por encima incluso del terrorismo. Lo que no nos dicen es que es una preocupación relacionada con la salud como la relativa a la gripe A, sólo que en este caso más que a la gripe se refiere a las ganas de vomitar que producen unos y otros.

La seguridad aérea y su misión: Impedir que entre el c….. del niño que dice que el emperador está desnudo

Hace ya bastantes años, me tocó coprotagonizar un incidente absolutamente chusco: Los ultraligeros no se podían matricular normalmente y había que recurrir a un subterfugio llamado «construcción amateur», según el cual se suponía que era el propio piloto el que construía el avión. A mí me puede gustar volar pero tengo el suficiente instinto de conservación para no subirme a un avión construido por mí de modo que, en aquellos tiempos heroicos del ultraligero, compré uno construido a un fabricante y comencé a pasar por todas las etapas en que, teóricamente, lo estaba construyendo aunque en realidad estaba ya volando con él hacía tiempo.

Llegó el gran día en que el inspector iba a verlo para su matriculación provisional. El aparato estaba en un campo de vuelo y, cuando llegué con el inspector, intenté inútilmente localizar al guarda para que supiera quién era el personaje que me acompañaba y tuviera cuidado con lo que decía. El guarda apareció justo cuando el inspector estaba revisando el aparato que, supuestamente, no había volado nunca aunque el cuentahoras decía que ya lo había hecho durante 22 horas y preguntó: «¿Qué? ¿Vas a volar hoy?». El inspector prefirió no oir aunque, en un momento, tocó algo en el fuselaje y preguntó qué era y se me escapó un «ni idea». Tampoco quiso oirlo y comentó «Ah, es la toma estática; si la HAN puesto ahí, por algo será».

Más tarde, de regreso a Madrid me diría, como el que no quiere la cosa, que para ellos es mejor un aparato construido por un profesional porque, si no es así, no se pueden fiar y tienen que mirar hasta el ultimísimo detalle. Todo ridículo pero si le hubiera dicho «Mira, tú y yo sabemos que no lo he construido yo», cosa que habría respondido totalmente a la realidad, le habría colocado en un compromiso y, por lo tanto, era mejor continuar con un sainete que ambos sabíamos que lo era.

Cuando nos vamos a la aviación más seria, nos encontramos situaciones muy similares. Hay cosas que todo el mundo sabe pero que no se deben decir porque, en el momento en que se digan, se elimina un recurso básico para el mantenimiento de la ficción que es la pretensión de ignorancia.

Los que vamos por libre en este terreno podemos decir cosas que un fabricante, un regulador o un operador no pueden decir. Tendríamos que ser muy estúpidos para pensar que sabemos más que ellos o que somos más listos o…lo que sea. Cuando ponemos el dedo en el ojo de una práctica, el público general o la prensa se puede asombrar porque «nadie se haya dado cuenta de eso» pero quienes no se pueden asombrar son aquéllos que se ven sometidos a una especie de omertá donde sería difícil asignar a alguien el papel de villano. Cada uno, desde su posición, se ha visto sujeto a un conjunto de presiones que le ha llevado a no querer oir hablar de la «desnudez del emperador».

Comencemos por los operadores: Todo el mundo quiere volar barato y, además, están convencidos desde hace mucho tiempo de que volar es seguro. En consecuencia, cuanto más barato se pueda volar, mejor. El acceso de una masa de público cada vez más grande al transporte aéreo lleva a buscar recetas de eficiencia y, además, a buscarlas en todos los lugares imaginables. Se necesitan aviones que consuman poco combustible, que sean baratos de mantener, que no requieran demasiada formación específica de las tripulaciones que los van a volar o de los mecánicos que los van a mantener y así podríamos seguir.

Sigamos con los fabricantes: El fabricante está unido al operador por una correa de transmisión; el fabricante que es capaz de darle al operador eso que requiere y que necesita imperiosamente es el que gana.

Continuemos con los reguladores: El regulador, para no impedir el desarrollo de un mercado de gran importancia en cualquier país, procura no enfrentarse abiertamente a fabricantes y operadores. No entremos ya en conocidas connivencias de reguladores norteamericanos con fabricantes norteamericanos o en idéntica situación en los términos en que se produce en Europa. Para oponerse a una medida, el regulador tiene que dar argumentos bastante sólidos y, una vez que ha habido una aceptación inicial, la vuelta atrás se hace muy difícil.

Algunos ejemplos:

¿Alguien en su sano juicio, so pretexto de que hay una fuerte carencia de pilotos en algunos lugares del mundo, metería en una cabina de un avión a alguien que jamás ha volado solo? Cualquiera podría pensar que esa eventualidad se puede producir en cualquier momento por incapacitación o incluso fallecimiento del otro piloto y, puestos así, mejor que esa situación se produzca de forma planificada que no en forma de evento imprevisto tal vez mientras se transporta a 300 pasajeros. Pues bien, sí hay alguien que piensa que esto es razonable: Los reguladores.

¿Alguien en su sano juicio pensaría que es razonable que alguien pueda volar alternativamente aviones que, aunque compartan sistemas, tengan unos tamaños y unas características totalmente distintas? Ya hay experiencia de errores graves producidos en la introducción de datos al confundir el tipo de avión que estaban volando con el que, tal vez, habían volado el día anterior. De nuevo la respuesta es afirmativa. Uno de los grandes fabricantes ofreció esta solución, los reguladores la aceptaron, los operadores aplaudieron con las orejas y el otro gran fabricante siguió el ejemplo del primero.

¿Alguien en su sano juicio pensaría que es razonable fabricar aviones de transporte de pasajeros inestables so pretexto de que los sistemas de a bordo nunca van a permitir que el avión entre en una situación irrecuperable a pesar de que tal situación es factible gracias al diseño inicial? De nuevo, la respuesta es afirmativa y lamentablemente nos quedaremos sin saber con certeza si en el caso del Air France 447 éste no ha sido el factor principal causante del accidente.

Nadie quiere ver que el emperador está desnudo y el pasajero sólo tiene noticias de las ricas vestiduras del emperador a través de personajes que entran y salen del lugar donde éste exhibe su desnudez, lugar al que jamás se ha dado acceso al pasajero que sigue confiando en que el emperador tiene un magnífico traje. No lo tiene y, además, nadie quiere oir que no lo tiene porque eso elimina la coartada por excelencia: La ignorancia.

«El aprendiz» en la Sexta

No es propiamente cine ni teatro sino un programa de televisión que se emite en la Sexta los domingos por la noche. La primera vez lo vi por accidente pero he encontrado que puede ser valioso para cualquiera que esté involucrado, como profesor o alumno, en escuelas de negocios.

El programa no es original. De hecho, es una copia de un programa realizado en Estados Unidos donde el papel del empresario que busca aprendiz le correspondió a un Donald Trump en horas bajas y, dentro de un concepto que en general parece muy bien pensado, ahí puede estar el principal problema del programa. ¿Quién es el «Donald Trump» español que pueda ejercer ese papel de empresario en busca de un aprendiz?

La figura de Bassat, la opción por la que se han decidido en la edición española, es difícilmente creíble. Demasiados gags de head-hunter y, si se me apura, de vendedor de humo, valga la redundancia. Detalles de exaltación de la propia imagen como hacer siempre su entrada triunfal por una puerta de doble hoja abriendo las dos hojas -detalle que cualquier observador habrá visto que, como señalaba, es compartido con multitud de head-hunters- o hacer esperar siempre a las personas a las que un momento antes les han dicho que pueden pasar, lo que de nuevo es otro hábito frecuente en esa misma ganadería y así se podría seguir.

Sin duda, Bassat está bien asesorado y en la emisión aparece haciendo las preguntas clave pero, para darse cuenta de que carece de autenticidad, basta con contrastar su comportamiento en anteriores programas con el manifestado ayer mismo en que les había pedido a los dos grupos que compiten que preparasen un spot publicitario. Naturalmente, ahí Bassat sí pisaba fuerte y su intervención se veía más auténtica que cuando aparece como el producto de un guionista con apuntador.

No es fácil. Es fácil darse cuenta de que Bassat puede no ser el personaje más adecuado para este tipo de programa pero no lo es buscar un recambio más creíble. ¿Se prestarían al papel personajes como un Emilio Botín, un Amancio Ortega, un Francisco González, un Manuel Pizarro u otros que, aunque de nivel más bajo, pudieran tener algo que decir en el ámbito empresarial como un Martin Varsavsky, un Fernández Pujals, un Adolfo Domínguez o equiparables? Dejando aparte elementos de telegenia, es muy posible que no y, por el contrario, un publicitario puede ver el programa como una ocasión para hacer marketing personal y de su agencia y estar, por ello, disponible.

En cuanto al guión, han de tener cuidado de que el programa no se les granhermanice porque tiene algunos elementos que podrían apuntar en esa dirección. Empezando por el más obvio de la convivencia en la casa del aprendiz y siguiendo por los apartes captados por la cámara en que, de forma sistemática, los participantes cuentan todos los fallos del líder mientras que éste está convencido de que su ejercicio como tal líder es simplemente fantástico.

Bien gestionada la continuidad entre programas donde puede apreciarse fácilmente que la selección de los equipos y de los líderes ha tenido bastante que ver con lo ocurrido la semana anterior. Sin embargo, este funcionamiento deja «daños colaterales» que son, ni más ni menos, los relativos a la imagen profesional de los concursantes. No resulta extraño que hace dos semanas hubiera un concursante, tal vez con un exceso de agresividad pero con argumentos más que fundados, decidiera abandonar el programa por el impacto que éste podía tener sobre su imagen profesional. El programa es un escaparate y no parece orientado a mostrar todas las excelencias del producto -el concursante- sino más bien lo contrario.

Las decisiones de despido al final del programa parecen también bien fundadas y, de nuevo, se ve ahí la mano de una asesoría bastante competente aunque, como nota de precaución a este respecto, hay que recordar que el espectador ve la decisión de despido como resultante de las secuencias que le han mostrado, de las cuales poco sabe sobre sus criterios de selección. Por poner un ejemplo de la semana pasada, la decisión de despido recayó sobre una persona especialmente inactiva y que casi pedía perdón por existir. A muchos nos pudo quedar la duda sobre por qué no habían despedido a un líder que había manifestado una incompetencia llevada al extremo y, por otro lado, había otra persona que parecía mucho más agresiva y emitía fuertes críticas hacia el líder.

Como resultante de ese escenario, la persona más crítica fue nombrada líder de un grupo para la semana siguiente y en ese grupo estaba como uno de sus miembros el líder de la semana anterior. Con carácter, al parecer excepcional, ayer fueron despedidos los dos. La nueva líder no mostró más competencia aunque sí mas soberbia que su antecesor y el viejo líder no hizo nada porque, según manifestó, se encontraba cansado por la presión sufrida la semana anterior (a algunos, el argumento nos recordó a un importante político español). De esta forma, se cerraba el circulo.

En suma, un programa interesante aunque tiene flecos. El tiempo nos dirá si se deciden a mejorar los puntos débiles y el programa se convierte en una referencia en el ámbito de la formación empresarial o van a la caza de la audiencia fácil y lo granhermanizan.

Por cierto, y para concluir, puesto que a estas alturas son muchos los alumnos que he tenido y es un número que sigue en crecimiento, una recomendación no solicitada: Si tenéis ocasión de presentaros a este programa,  http://www.youtube.com/watch?v=5CCZLhzIb5Y&feature=player_embedded no lo hagáis. El espectáculo y la imagen profesional encajan mal y, hasta el momento, no he visto una sola persona entre los concursantes cuya imagen haya salido favorecida.

ACTUALIZACIÓN AL DÍA 9 DE NOVIEMBRE

Dos elementos añadidos: Parece que el programa no está funcionando muy bien porque cada vez empieza más tarde y comenzar un programa de televisión a las doce de la noche de un domingo es casi una garantía de que nadie va a verlo.

Me había quedado con la idea de que nos muestran unas secuencias muy determinadas pero ayer pareció verse especialmente claro. Nunca antes se había visto desde el primer minuto del programa a quién iban a despedir. Ayer sí. Comenzaron el programa con una secuencia de uno de los participantes enloquecido y, al parecer, despertando a todos los demás participantes. A partir de ahí, el programa continuó sacando todas las salidas de tono del mismo participante haciendo que la conclusión fuera esperable.

No está tan claro pero parece que, ante el número creciente de bajas, se están decantando por dos participantes: A uno de ellos le sacan en una secuencia criticando una acción de su equipo en unos términos casi idénticos a los que luego utilizará Bassat para hacer idéntica crítica. Éste es el candidato racional, duro, inteligente y al que incluso presentan en una secuencia luciendo «tableta de chocolate» para que la imagen sea completa.

Naturalmente, para que la cosa tenga interés le tienen que poner a un contrincante opuesto y éste responde al tipo «Kung-Fu Panda», es decir, un contrincante gordito, simpático, aparentemente sin las aristas duras del primero e incluso que no le importa hacer cierto grado de ridículo poniéndose, por ejemplo, un delantal que imita un traje de faralaes o intentando hablar algo remotamente parecido al francés.

Hasta ahora, habían sido menos visibles los apaños pero ahora parecen verse mejor. ¿Será por eso la bajada de audiencia o, por el contrario, les ha entrado la prisa por ese motivo y quieren ir liquidando? ¿Se volverán a producir despidos múltiples en una sola semana para justificar una terminación temprana? Veremos.

ACTUALIZACIÓN AL 30 DE NOVIEMBRE

En este momento quedan cinco candidatos «vivos», de los cuales es absolutamente claro que hay dos que no tienen posibilidad alguna y están siendo utilizados como relleno. Sin embargo, al margen de las incidencias del programa, hay que reconocerles a sus responsables una notable capacidad de reacción:

Por una parte, han empezado a ser más visibles a lo largo del programa los asesores de Bassat que, al principio, salían solamente en las reuniones y es una aportación interesante. Además de esto, el papel del propio Bassat se ha visto fortalecido al utilizar ya sistemáticamente tipos de prueba que corresponden a su experiencia real y en los que, por tanto, no habla de oídas.

Es una pena que el tema del programa no lo haga popular y lo hayan ido desplazando cada vez más a unas horas nefastas. Lo que sí sigue permaneciendo como fallo, incluso tal vez aumentado, es la previsibilidad de las decisiones. Es difícil mantener un equilibrio entre el oscurantismo de la novela de misterio en la que, cuando por fin nos revelan quien es el asesino, al mismo tiempo nos están dando un conjunto de claves que no habían aparecido antes y la previsibilidad que implican un conjunto de comentarios e imágenes. El espectador, con todas las claves que le han dado, no tiene más remedio que estar de acuerdo con la decisión de despido del final del programa pero dos dudas permanecen:

  1. ¿Qué cosas no han mostrado que podrían haber sido relevantes y apuntar en una dirección distinta?
  2. ¿Se han planteado el efecto de «daño colateral» que provocan en la imagen profesional de los concursantes?

ACTUALIZACIÓN AL 9-12

Siempre con la reserva nada desdeñable de no saber cuál es el criterio de selección de imágenes y cuáles están editadas para dar una determinada impresión, parecería que, salvo que busquen un efecto sorpresa, el final quedó visto para sentencia: El programa está funcionando mal en el famoso share y la prueba evidente es que cada vez empieza más tarde y que lo emiten tras algunos programas de los que lo más suave que podría decirse es que incitan al vómito.

En el final del último programa, se intentó amagar -aunque era muy evidente que no lo iban a hacer así como era evidente quién iba a ser el despedido, previsibilidad que no favorece el interés aunque difícil de evitar si se quiere mostrar cierta coherencia- con despedir a dos en lugar de uno de los concursantes y, aunque no lo hicieron, dejaron un camino abierto que tal vez tengan intención de utilizar como forma de acortar una semana el programa.

Cuando a estas alturas parece claro que hay dos concursantes y dos que, en la jerga de algunos head-hunters, estarían ejerciendo como «acompañantes dignos» parecería lógico que los equipos del próximo episodio, con un total de cuatro personas, se hubieran configurado con dos equipos compuestos de concursante y acompañante. De esta forma, siempre tendrían la posibilidad de librarse de uno de los acompañantes; en lugar de eso, en el episodio que se emite el próximo domingo han puesto a los dos «buenos» en un equipo y a los dos «malos» en el otro.

Por otro lado, despedir a uno solo implicaría una situación muy desigual de dos contra uno al final. La solución perfecta, por tanto, para acortar una semana de programa y, además, saltar directamente a una gran final mano a mano de los dos «buenos» es preparar el terreno para, de una sola tacada, despedir a los dos «malos» en el próximo episodio.

Hay que decir, además, que a juzgar por lo visto desde la posición de espectador los dos «buenos» son realmente buenos aunque bastante distintos entre sí y de los dos «malos», uno ha mostrado unos comportamientos que parecen una mezcla de Cruella de Vil y la madrastra de Blancanieves y el otro ha dado siempre una imagen bastante mediocre. Utilizo el masculino como genérico para no dar más pistas.

Por cierto, ya puestos a hacer uso intensivo de la bola de cristal, apostaría por un candidato que no está apareciendo como el que mejor resultados obtiene pero ha hecho gala de una solidez personal muy poco común y no tiene ese punto de soberbia del que se sabe muy bueno en lo suyo. Dos semanas para saberlo.

ACTUALIZACIÓN AL 14 DE DICIEMBRE

Con lo ocurrido ayer, creo que podría conseguir un buen precio por mi bola de cristal. Sólo nos queda ver el final el próximo día 20 para saber si tiene un 100% de éxito  🙂

La prueba de ayer era especialmente difícil y, además, hecha a medida de los puntos fuertes de los ganadores esperables: Búsqueda con unas claves que parecían más de «En busca del tesoro» que otra cosa y negociación de precios. Como era de esperar, se mostró de nuevo la capacidad negociadora de uno de los ganadores y apareció otro asunto que para el espectador era nuevo pero estaba ahí: La otra ganadora había vivido un año en China y tenía una amplia experiencia sobre cómo negociar en bazares y demás. La soltura con que negociaba en Estambul siempre con la sonrisa puesta demostró que no era la primera vez que hacía algo similar.

En el grupo perdedor, por el contrario, pudieron verse algunas salidas de pata de banco sobre la virtud del perder y cómo ganar en esa prueba era sinónimo de explotar a los pobres comerciantes de Estambul. Sobre este particular y cómo funcionan los «pobres comerciantes de Estambul» tengo mi propia experiencia que he referido en algún otro post: Después de un regateo bastante salvaje, me equivoqué y le di al comerciante un billete mayor del que habría correspondido y éste me lo hizo notar. Al preguntarle cómo era posible eso, cuando un momento antes habíamos estado regateando y, sin duda, me seguía estafando en el precio aunque algo menos de lo que pretendía al principio, me contestó: «Éste es un país islámico; si te engaño en el comercio es porque soy más listo que tú y, por tanto, me lo he ganado. Si, por el contrario, me aprovecho de tí en algo como esto, alguien me lo demandará en esta vida o en la otra». La explicación fue magistral; servía para explicar por qué se podía ir por el Gran Bazar con calles atestadas de gente y con menos temor a descuideros y similares que en otros lugares teóricamente más avanzados pero, al mismo tiempo, dejaba también claro que la película de los «pobres comerciantes» y el ejercer de personaje puro que no quiere explotarlos es también eso: Una película con un guión  no muy ingenioso.

En suma, el programa se ha ajustado a un guión previsible incluso para un modesto espectador.

COMENTARIOS FINALES

En esta ocasión falló la bola de cristal. El programa final fue interesante y, en conjunto, puede decirse que los programas fueron mejorando semana a semana a pesar del obvio escaso éxito de público.

Una auténtica lástima aunque tal vez tenga mucho que ver con el perfil que la cadena ha ido dando de sí misma –basta con ver programas como el emitido antes de “El aprendiz” para hacerse una idea- y, tal vez, en otro tipo de cadena como Intereconomía o similares habría tenido mucha más fortuna.

Para romper totalmente la tónica, en el programa final ni siquiera fue previsible el resultado en los primeros minutos, como sí había venido ocurriendo en los anteriores. Algunos comentarios del ganador con cierto menosprecio –bastante injustificado- hacia su contrincante hacían pensar en su eliminación.

Cierto es que casi al final del programa le devolvieron la pelota y, con igual falta de elegancia que la exhibida por él, miembros del equipo perdedor comentaron que no les había parecido que el ganador final fuera a llegar a la final. Puesto que esto se dijo antes del resultado, la intención del comentario era clara y era una falta de tacto infantil ya que cualquier espectador medio podía llevar semanas suponiendo que el ganador iba a estar, como mínimo, entre los finalistas.

En el inicio del programa, los finalistas tuvieron que elegir tres personas entre los candidatos ya eliminados y se produjo el curioso fenómeno de “los niños con los niños” y “las niñas con las niñas”. Ya en ese momento hubo algunos chascos y algunas sorpresas.

Por ejemplo, los semifinalistas parecieron sorprendidos de no ser elegidos para formar parte de los equipos de ninguno de los dos candidatos y tal vez fueron ellos los únicos sorprendidos ya que, por mucho que hubieran llegado hasta la semifinal, habían quedado por el camino candidatos de mayor calidad y, sobre todo si nos referimos a uno de los semifinalistas, más dignos de confianza.

El ganador, entre los comentarios iniciales faltos de tacto, se refirió a posibles candidatos más fuertes y mencionó expresamente a uno que, con buen criterio, se autoexcluyó y que finalmente formaría parte de su propio equipo. Probablemente tuviera razón pero lo que es más difícil de ver desde la propia posición es que el equipo resultante, con una excepción, era muy homogéneo y con perfiles muy similares a los del propio ganador.

El menosprecio que mostró hacia su contrincante puede entenderse en ese sentido: Era un perfil muy distinto al propio pero, al margen de asuntos que saldrían a relucir como el dominio de idiomas, lo que le faltaba de capacidad de planificación con relación al ganador podía en algunos terrenos suplirlo con una capacidad de contacto cálido sin panfilismo y con una capacidad para asumir los propios errores muy poco comunes.

Coincido con el comentario de Bassat del final en el sentido de que le habría gustado un empate. Personalmente, habría contratado a los dos aunque sin hacerme demasiadas ilusiones sobre la permanencia a largo plazo de ninguno de ellos.

En programas anteriores, la carrera profesional de más de uno de los candidatos puede haber quedado seriamente dañada pero, en este caso, los dos finalistas y algunos de sus acompañantes son con claridad “carne de head-hunter” que les han visto expuestos semana a semana y pueden tener más criterios de selección que los disponibles con un candidato desconocido.

Para finalizar, sólo queda darles la enhorabuena a los creadores del programa y su capacidad para ir mejorando el producto semana a semana. Si hubiera una nueva edición, cosa que dudo a la vista de la hora a la que se emitía el programa, sólo cabe pedir que no se transforme en un “Gran Hermano business”, cosa que viendo la trayectoria de la cadena tampoco sería muy de extrañar y que lamento especialmente ya que, en su momento, estuve como invitado en un programa de la Sexta, cosa que hoy sería para pensárselo mucho.

La onda verde llega a los aeropuertos o los inventos de Bacterio

Veamos: Está bien que se intente contaminar lo menos posible e incluso estaría muy bien que algunas prácticas, como volar más bajo para reducir el tiempo de vuelo a costa de mayor consumo de combustible,  pudieran estar severamente penalizadas. Sin embargo, alguien ha descubierto que los aviones con los motores parados planean, es decir, no caen a plomo y, a partir de ese conocimiento, ha descubierto una forma de reducir el nivel de ruido en las proximidades de los grandes aeropuertos: El sistema es sencillo; basta con que la aproximación final se haga al ralentí o en idle para utilizar la jerigonza al efecto para reducir notablemente el nivel de ruido y, de paso, consumir menos combustible en la aproximación.

Quien ha pensado en esta portentosa solución, sin duda, ha observado el aparente absurdo de que, al mismo tiempo que se están sacando elementos que introducen resistencia al avance, los motores van bastante revolucionados y, con lógica de taxista viejo, ha pensado que cuando hay un semáforo rojo a lo lejos es mejor sacar la marcha y utilizar el freno que reducir y consumir más combustible.

Empecemos por un recordatorio y retrocedamos a marzo de 1977 (Los Rodeos): El piloto del avión que estaba en mitad de la pista vio 9 segundos antes del impacto al otro que se aproximaba y que finalmente le embestiría. A partir de aquí, se podría pensar que el accidente se podía haber evitado. Si un coche medianamente potente pasa en ese tiempo de 0 a 100 kms./h. un avión, que es mucho más potente ¿no va a conseguirlo? Respuesta: No.

Una turbina que está girando a ralentí o muy cerca, como ocurre cuando se va haciendo un rodaje lento en un aeropuerto, puede tardar cerca de diez segundos en dar potencia efectiva. De hecho, cuando se han hecho competiciones de aviones contra coches o motos potentes  http://www.youtube.com/watch?v=gNY_4yeXSUk&feature=related puede comprobarse fácilmente que, al principio, el vehículo rodante tiene ventaja y eso contando con que, con toda probabilidad, en el momento de iniciar la carrera el avión tiene el motor a altas revoluciones y se mantiene detenido con los frenos.

En un avión de pistón, es decir, uno que utilice el mismo tipo de tecnología que un coche o una moto, el tiempo de respuesta del motor es idéntico y, aunque haya alguna diferencia debida al sistema de transmisión de uno y otro vehículo, la solución propuesta podría ser válida porque, en caso de tener que abortar el aterrizaje en el último momento, el motor tiene capacidad de respuesta para hacerlo. En un reactor, no.

La eventualidad de que en el último momento el avión se tenga que ir otra vez al aire, cosa que sin ser muy habitual cualquier viajero frecuente habrá sufrido en alguna ocasión, hace que durante la aproximación sea necesario mantener una capacidad de respuesta y que, por tanto, no se pueda hacer esa aproximación final con los motores girando al ralentí aunque ello penalice en consumo y en ruido.

Si alguien tiene ocasión de viajar en cabina durante el aterrizaje en un aeropuerto congestionado, podrá ver un espectáculo poco tranquilizador y es el hecho de que el avión precedente está «ahí mismo» y, por supuesto, llevamos otro detrás a la misma distancia aunque no lo veamos directamente sino en la pantalla del radar. Un retraso de pocos segundos en salir de la pista de un avión obliga al siguiente a irse de nuevo al aire.

Hay, no obstante, una opción: Que nuestros aeropuertos con más tráfico, con más de 100 operaciones por hora, se resignen a tener un tercio de ese tráfico de forma que la distancia entre aviones crezca y, de esta forma, cuando alguien está viendo la pista en lontananza sabe que no va a haber fuerza humana que le impida aterrizar y, aún así, se pueden dar situaciones como ésta:

http://www.youtube.com/watch?v=DZv4fb5slcA

Mientras eso no sea así, la propuesta puede quedar muy interesante sobre el papel pero el día que se decidan a ponerla en práctica espero que me avisen para no volver a subir a un avión. Los accidentes son, además, muy contaminantes.