Categoría: Behavioral Economics
Crisis económica y expedientes de regulación de empleo
En un momento en que los expedientes de regulaciones de empleo salen como setas, es tristemente habitual que los que hacemos consultoría de recursos humanos tengamos más actividad relacionada con esa faceta oscura que con la más positiva de formación, selección y desarrollo.
En este último año, por distintos motivos, he estado cerca de varios expedientes de regulación de empleo y he encontrado algunos puntos comunes en todos ellos:
- Son necesarios pero no suficientes. Las situaciones de las empresas hacían que, para no cerrar de inmediato, tuvieran que recortar plantillas urgentemente pero, si todo se reducía a eso, lo único que estaban haciendo es aplazar el cierre unos pocos meses.
- No necesariamente afectan a las personas menos valiosas de la organización. Si hacemos la comparación con la estructura de un edificio, detrás del técnico en recursos humanos vienen los financieros para las que todo recorte es poco y, si se les deja, liquidan hasta los pilares del edificio. Con frecuencia, una parte importante del trabajo consiste en convencer a los financieros de que no hagan unos recortes tales que liquiden toda posibilidad de recuperación futura. En ese entorno, pueden caer personas por el único motivo de que estaban en posiciones que les convertían en más fácilmente prescindibles.
- Ha funcionado el modelo de la rana hervida durante años. Se dice que es posible cocer a una rana por el simple procedimiento de meterla en un cazo con agua e ir calentando el agua poco a poco; si el agua se caliente de golpe, la rana salta del cazo; si se caliente poco a poco, cuando la rana nota que algo anda mal, ya no tiene fuerzas para saltar. Ha habido deterioros progresivos del negocio o de la posición competitiva sin que se haya hecho nada para solucionarlo hasta llegar a la situación de regulación de empleo. En algunos casos, por añadidura, la misma dirección incompetente que ha provocado la crisis por acción u omisión es la que se supone que va a arreglarla.
La Introducción al Estudio del Trabajo de la OIT, todo un clásico en el tema, señala que el 70% de las pérdidas de productividad en las organizaciones no son atribuibles a la mano de obra sino a la dirección. En estos casos, se podría extrapolar fácilmente la conclusión a la autoría de las situaciones de crisis. Cuando se llega a la situación de crisis extrema, entre las personas que van a salir de la organización, hay bastantes que pueden ser profesionalmente muy válidas y, desgraciadamente, puede no haber otra posibilidad alternativa para la supervivencia a corto plazo pero quedan abiertas dos preguntas:
- ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo la dirección de la organización sin que nadie hubiera denunciado el deterioro y/o la falta de planes de futuro?
- ¿Existe un plan de negocio aparte del recorte o lo que se ha hecho es aplazar el cierre unos meses?
Bibliografía de recursos humanos
Durante años he ido registrando en http://groups.msn.com/factorhumano bibliografía. Ahora encuentro que cierran los grupos de MSN y los migran a un nuevo servicio, no así su contenido por lo que me veo obligado a colgar aquí en PDFs todas las reseñas bibliográficas que tenía de Recursos Humanos.
La lógica de las jubilaciones anticipadas
En lo referente a las jubilaciones anticipadas, es frecuente que encontremos un discurso oficial y una práctica que está totalmente alejada de éste.
El discurso oficial se lamenta amargamente de que se retira del mercado laboral a las personas que tienen más experiencia pero la lógica económica impone que la forma menos traumática de reducir plantilla consiste, precisamente, en hacer uso si se puede del mecanismo de jubilación anticipada.
Ese discurso oficial oculta que tal vez no sea éste el motivo por el que le molestan las jubilaciones anticipadas sino por otro distinto: En sistemas de pensiones como el español, basados en el concepto de solidaridad intergeneracional aunque poco a poco intenten cambiar, las pensiones de los jubilados las pagan los trabajadores en activo. En otros sistemas donde cada uno devenga durante su periodo activo el dinero con el que luego se pagará su pensión, el problema es menor; sin embargo, en casos como el español, una disminución del número de trabajadores activos que pasan, en lugar de aportar al sistema a recibir dinero de éste, representa un problema presupuestario serio.
No obstante, no es la doblez del discurso oficial sobre este tema desde cualquier partido el tema que vamos a tocar sino, prescindiendo de la faceta financiera, la funcionalidad o disfuncionalidad de las jubilaciones anticipadas.
Si cualquier persona con más de veinte años de experiencia en un terreno se pregunta cuánta de esa experiencia le es hoy útil, puede obtener una respuesta deprimente. La respuesta será, sin duda, más deprimente si esa persona trabaja en un entorno que evoluciona muy rápidamente y podría serlo aún más si se produce lo que se conoce como «transferencia negativa», es decir, el hecho de que aprendizajes adquiridos anteriormente puedan dificultar aprendizajes actuales basados en parámetros distintos cuando no opuestos.
Evidentemente, éste no es un escenario que se produce en todos los casos pero sí lo hace con cierta frecuencia y nos indica algo: La experiencia no es un valor absoluto y su evaluación adecuada depende de diversas variables que definirán cuánta de la experiencia acumulada es conocimiento útil e incluso en qué casos podría ser contraproducente.
Tendríamos que entrar no sólo en los conocimientos sino también en las capacidades y cómo éstas se van modificando con la edad. Las capacidades físicas sufren, sin duda, un deterioro general que afecta desde la agudeza visual o auditiva hasta la fuerza muscular y casi cualquier terreno por el que se nos ocurra preguntar.
En las capacidades intelectuales, el panorama no es tan claro, especialmente en el caso de personas que se hayan conservado intelectualmente activas. Es cierto que facultades como la memoria a corto plazo disminuyen mucho con la edad pero, al mismo tiempo, otras pueden mejorar. En este mismo blog puede encontrarse la reseña sobre «La paradoja de la sabiduría»:
https://factorhumano.wordpress.com/2008/06/26/la-paradoja-de-la-sabiduria-de-elkhonon-goldberg/
El autor estudió cuáles son las facultades que, en un cerebro activo, mejoran con la edad. Antes de proceder a una jubilación, por tanto, es necesario saber cuáles son las facultades críticas en el puesto de trabajo, si son las físicas sujetas a deterioro con la edad y, en caso de ser las intelectuales, si corresponden al grupo más sujeto a deterioro o al grupo que mejora.
Es cierto que la jubilación anticipada representa una solución menos traumática que un despido y que el cuestionamiento de la experiencia y el deterioro de algunas capacidades pueden invitar a utilizar ese recurso con carácter general. Sin embargo, la prueba de que esa actuación no es adecuada es la existencia de errores producidos por esa generalización, es decir, considerar como obsoleto un conocimiento que no lo es en absoluto y actuar en consecuencia.
Un ejemplo divertido de esto se produjo con ocasión del famoso efecto 2000, en que se suponía que todos los ordenadores del mundo nos iban a dejar colgados. Algunas grandes empresas tuvieron que volver a contratar a personas que habían jubilado anticipadamente para que interviniesen en programas creados por ellos en lenguajes no conocidos por otros programadores más recientes y los adaptasen.
La existencia de ejemplos en ambos sentidos nos muestra algo: Las jubilaciones anticipadas pueden ser una buena solución en muchas situaciones ya que la pérdida real de conocimientos no tiene por qué ser proporcional al número de años de trabajo. Sin embargo, el volumen de esa pérdida ha de ser evaluado caso a caso y la aplicación ciega de la jubilación como receta universal conduce igualmente a errores graves.
«De tí depende» de Ignacio Álvarez de Mon
PRESENTACIÓN DE LIBRO
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DE TI DEPENDE
Autor: Ignacio Álvarez de Mon, Profesor de Comportamiento Organizacional y Director del Área Académica de RRHH del IE Business School.
Jueves, 25 de septiembre de 2008. 19:30 horas.
IE Business School. Aula Magna. María de Molina, 11.
Presentan el libro: Jose María Irisarri, presidente de Vértice 360; Juan Carlos Cubeiro, escritor y director de Eurotalent y Pilar Jericó, escritora y socia de Walker y Newman.
Contenido del Libro: El autor aborda un asunto de enorme importancia para la sociedad moderna: la capacidad y voluntad del ser humano para encaminar sus pasos hacia su mejor destino. De la mano de cinco grandes enunciados –motivación, comunicación, desarrollo personal, trabajo en equipo y liderazgo– el autor va hilvanando una reflexión cuyo argumento central gira en torno a la libertad y la responsabilidad individuales. La selección de los casos expuestos es otra de las grandes aportaciones de este libro. Resultan tan creíbles como familiares. Son historias de nuestros días, de nuestra sociedad, que constantemente se repiten y con las que muchos lectores se sentirán identificados.
Cicerón, Magdalena Álvarez y Spanair
Sin ninguna duda, si Cicerón hubiese vivido hoy se habría hecho multimillonario en cualquiera de los grandes despachos de abogados existentes. Si, además, hubiera nacido en Estados Unidos es muy posible que se hubiera convertido en presidente.
Cicerón es conocido como uno de los clásicos romanos de la antigüedad y a algunos nos ha tocado traducir parte de sus famosas Catilinarias pero hay un aspecto menos conocido de Cicerón y es el de su maestría en la insidia.
En un discurso fue capaz de levantar dudas sobre la honradez de su oponente por el simple procedimiento de repetir a cada instante que dicho oponente era honrado. La primera vez que se escucha, el oyente se pregunta por qué lo dice, la segunda pensará que alguien había albergado dudas sobre tal honradez y la tercera piensa que debe ser un secreto a voces el hecho de que el personaje citado está corrompido hasta las cejas.
Lo mejor del caso: Nadie puede acusar a Cicerón de haber lanzado la acusación de corrupción porque él ha afirmado justamente lo contrario. Simplemente se ha limitado a dejar que sean sus oyentes los que construyan tal idea.
Magdalena Álvarez, en su comparecencia sobre el accidente de Spanair, actuó de forma parecida aunque acaso involuntaria.
Sea o no sea cierto que el avión accidentado iba a ser sustituido por otro, se construye en la mente del que escucha una idea: El avión tenía un fallo, se pensó que tenía menos importancia de la que parecía y fue ese fallo el que provocó el accidente. ¿Es eso cierto?
A estas alturas ni siquiera se tiene totalmente clara la naturaleza del fallo. Con lo que sabemos hoy ¿puede afirmarse que fue el fallo que hizo pensar en la sustitución el que provocó el accidente? Claramente no pero la idea está lanzada.
Si dentro de un tiempo resultase que la avería detectada y que provocó el retraso no tuviera nada que ver con el accidente, el daño ya está hecho. La eventual rectificación no sería noticia y no tendría el eco que se le está dando a un comentario imprudente dadas las circunstancias.
El ciudadano medio que lee la prensa o está atento a los telediarios va a adoptar una posición que cree pragmática y que, sin embargo, es equivocada: Tenga o no tenga relación con el accidente, el avión tenía una avería y deberíamos exigir que fueran siempre en perfectas condiciones.
Sea pero en tal caso creo que tenemos que darle una mala noticia al ciudadano medio: Si su nivel de exigencia lo va a establecer en que el avión en que vuela como pasajero vaya totalmente perfecto, va a volar muy pocas veces. Como protección al pasajero y al piloto, en el sentido de librar a este último de presiones indebidas, existe la llamada MEL (Minimum Equipment List) y cualquier avería en un dispositivo que figure en esa lista implica que el avión simplemente no vuela. A partir de ahí entramos en tipos de averías que no impiden volar al avión pero, dependiendo de su trascendencia, existen unos plazos para su reparación.
Algunos casos se encuentran en un terreno nebuloso y, al menos sobre el papel, es potestativa del comandante la realización del vuelo o no. Aclaro por qué añado la coletilla de “sobre el papel”:
No hace mucho Iberia despidió a uno de sus comandantes por negarse a volar con pasajeros un avión en el que no funcionaba uno de los lazos de fuego de un motor https://factorhumano.wordpress.com/2008/01/24/relaciones-laborales-y-seguridad-aerea-una-relacion-poco-conveniente/. El día anterior el mismo comandante había volado el mismo avión con pasaje, con la misma avería y había recibido el compromiso de la compañía de que iba a ser reparado inmediatamente. Cuando, al día siguiente, tuvo la evidencia de que Iberia no había cumplido con su promesa, se negó a volar el avión con pasajeros y fue despedido por ello.
No es, como puede verse, un terreno tan claro como para lanzarse a hacer declaraciones y dejar que quien escucha saque sus conclusiones sabiendo que se está dando una información que es, si no falsa, al menos parcial y que, por tanto, esas conclusiones podrían ser perfectamente erróneas.
El grupo SAS, del que forma parte Spanair, ya tiene experiencia en los nulos efectos de las rectificaciones a destiempo. Cuando empezó a tener problemas de tren de aterrizaje con los reactores del fabricante canadiense Bombardier, la aparición de óxido les señaló con el dedo como responsables de un mal mantenimiento. Cuando más tarde se supo que la zona donde apareció el óxido iba sellada y se suponía que no era necesaria su revisión era tarde. SAS recibió una cuantiosa indemnización del fabricante pero el daño a la imagen de la aerolínea estaba hecho.
No me cansaré de repetir que es necesaria una gran dosis de prudencia y que se debe dejar a los investigadores hacer su trabajo. Si esa prudencia les es exigible a todos, más todavía a un alto responsable político y la prudencia no se refiere sólo a lo dicho. También a lo no dicho y a las ideas sembradas en su auditorio.
Tokio 2016 .vs. Madrid 2016: Una de Olimpiadas
Tokio se nos presenta como una candidata importante a las Olimpiadas de 2016. Para Madrid, también candidata, puede ser una buena y mala noticia en función de lo que Tokio puede aportar.
Tokio tiene, sin ninguna duda, puntos fuertes en los que supera a Madrid. Es, empezando por ahí, una de las ciudades más seguras del mundo a pesar de su enorme tamaño. Sus más de dos millones de personas diarias pasando por la estación de Shinjuku no condicionan ese hecho; su aeropuerto de Narita, también entre los grandes en el mundo, resulta comparado con otros un auténtico remanso de paz pudiéndose encontrar numerosos rincones en los que descansar.
El funcionamiento de los servicios públicos y la puntualidad de éstos es simplemente impresionante. El Shinkansen o tren-bala no se sabe si impacta más por su longitud (400 metros de tren), por su puntualidad, por su frecuencia o por una precisión que permite que se formen ordenadamente las colas de acceso justo delante del lugar donde va a quedar la puerta del tren cuando éste llegue. Esto último ocurre en todos los trenes.
Acostumbrados a nuestro AVE, ligeramente más rápido, ver que desaparece toda la parafernalia de revisión de equipajes y medidas de seguridad, que en los vagones sin asiento reservado va la gente de pie, como en el metro, aunque circule a 270 kms./h, que sus cuatro niveles de rapidez no se diferencian en velocidad punta sino en el número de paradas que realizan en la línea…es simplemente impresionante.
La amabilidad de los japoneses es también espectacular y, por supuesto, no se reduce a esas reverencias que para la mentalidad occidental resultan extrañas y, a veces, incómodas. Hay una disposición servicial que, aunque nunca va a conseguir que el extranjero se sienta como en casa -tal vez tampoco lo pretenda- le va a facilitar extraordinariamente la vida en una ciudad que se antoja extraña y, para nuestra mentalidad, un punto inhóspita.
Un país donde los restaurantes rechazan las propinas, donde la afirmación o la negación con la cabeza funcionan justamente al contrario, donde un letrero rojo en los taxis significa precisamente que van libres y donde ni siquiera contar con los dedos se hace de la misma forma…resulta extraño.
Con todo, la asignatura pendiente de la candidatura de Tokio es el idioma. Incluso en lugares tan especializados como las agencias de viajes es frecuente encontrar que ni uno solo de sus agentes habla inglés y en algunas que se anuncian como multilingües no faltan a la verdad: Chino, coreano, tagalo y birmano.
Si vamos a otro tipo de servicios, en seis días me he visto obligado a bajarme en tres ocasiones de un taxi. No fue, desde luego, ni por falta de amabilidad ni porque el taxista tratase de engañarme. Fue simplemente porque fui incapaz de entenderme con él. A pesar de llevar un plano con los nombres en letras latinas, nombres que le leía y el taxista repetía, no sabía qué le estaba diciendo.
En una de las ocasiones, traté de indicarle por gestos que sólo quería que siguiera de frente, girase a la izquierda y volviese a girar a la izquierda otra vez. Con eso, estaríamos en la avenida donde estaba el hotel unos tres kilómetros más allá. Fue inútil.
Todos llevan un sistema de apertura de la puerta -y no me refiero a un desbloqueo sino a que la puerta del viajero se abre sola- desde el asiento del conductor quien, a menudo, lleva gorra y guantes blancos. También llevan unos GPS con unas pantallas gigantescas pero, de repente, se les ve consultar una especie de guía telefónica mientras conducen y, a veces, cambiándose de gafas en el proceso, lo que no tranquiliza mucho.
Letreros escritos en perfecto japonés por todas partes, excepto en el tren donde anuncian las estaciones en japonés e inglés. Los restaurantes presentan fotos o maquetas en plástico de los platos con sus precios para hacerse una idea aproximada de qué es lo que se va a comer y, aunque no siempre se acierta, el plato real que después se recibe en la mesa está milimétricamente copiado de la maqueta o de la foto de la entrada.
Madrid representa casi todo lo opuesto a Tokio. Acostumbrada desde hace mucho a recibir visitas, pueden encontrarse por todas partes personas con diversos grados de manejo del inglés y de otros idiomas, incluso el japonés. Es una ciudad pensada para el turismo.
Los servicios públicos han mejorado mucho pero no llegan, ni de lejos, al nivel de Tokio. Los taxistas serán capaces de improvisar más fácilmente para entenderse y, en ocasiones, existe el riesgo de que improvisen también un recorrido turístico no solicitado.
El grado de seguridad no es comparable. Como ocurrió con la candidatura de 2012, es previsible que el terrorismo vasco quiera dejarse ver también en la próxima pero no sólo hay que hablar de ese tipo de delincuencia. A la delincuencia autóctona hay que añadirle la importada en forma de bandas que, ocultas entre los inmigrantes que llegaron en busca de un futuro mejor que el que podían tener en su país, han encontrado en España un sistema judicial y penal a la medida de sus sueños más delirantes.
¿Qué es mejor? Intento ser imparcial pero me quedo con Madrid. Tokio, a pesar de su impresionante organización, de su seguridad y de la amabilidad de su gente, tiene un problema muy difícil de manejar para el extranjero que es el idioma en todos los ámbitos.
Madrid es menos segura, la amabilidad española con el foráneo ya no es lo que fue en tiempos pretéritos y se ha pasado del servilismo a tener que demostrar mediante un comportamiento casi hostil que no estamos por debajo del visitante; sus servicios públicos son buenos para un nivel europeo aunque no lleguen al de Tokio y, a pesar de todo ello, es más fácil que el visitante extranjero llegue a sentirse como en casa en Madrid antes que en Tokio.
Productividad y tiempo pasado en el trabajo
Hace un tiempo, alguien se molestó en sacar datos sobre cuáles eran los países donde la gente pasaba más horas en el trabajo. Los resultados fueron sorprendentes porque los dos países con mayor cantidad de tiempo pasado en la oficina no estaban precisamente en primera línea de productividad: Brasil y España.
Parkinson contaba, como una característica fundamental del trabajo, que ocupa todo el tiempo disponible para su desarrollo, es decir, que a más tiempo disponible no se hacen más cosas sino las mismas en más tiempo o, dicho de otro modo, disminuyendo la productividad.
¿Por qué ocurre esto? Empecemos por la existencia de un equívoco en el lenguaje. Cuando alguien habla de «dedicación» e incluso utiliza este factor en evaluaciones de rendimiento, no nos engañemos: El uso de la palabra dedicación es perverso y suele referirse, ni más ni menos, al tiempo que alguien pasa en el trabajo y a su disponibilidad para pasar más horas de las marcadas por la jornada laboral.
Si esto se prima, no tiene nada extraño que acaba dándose una especie de competencia donde salir antes que el jefe es anatema. Sin embargo, es posible que haya algo más: Parkinson, en su ley, vio bastante claramente que la productividad no es directamente proporcional al tiempo consumido en el trabajo pero su medición fue de tipo cuantitativo dejando escapar una dimensión cualitativa de gran interés.
En un experimento clásico en psicología, se consiguió inducir estrés en monos con sus enfermedades asociadas como, por ejemplo, úlceras. En el experimento, tenían dos monos; a uno de ellos le podían dar una descarga eléctrica sin que éste tuviera posibilidad de evitarlo mientras que al otro le daban una posibilidad que unas veces funcionaba y otras, haciendo lo mismo, recibía igualmente la descarga.
¿Se adivina cuál desarrolló estrés y sus consecuencias fisiológicas? Premio; el segundo. El mono que estaba en una posición que podríamos denominar «semicontrol» era el que desarrollaba estrés y, por cierto, esa situación de «semicontrol» es muy semejante a la que se sufre en muchos tipos de trabajo.
La comparación puede ser molesta para algunos pero eso es exactamente lo que hace a muchas personas desarrollar también estrés pero hay una forma de disminuirlo. Si nuestro tipo de trabajo está sujeto a contingencias fuera de nuestro control pero no fuera de nuestra responsabilidad -cosa frecuente en posiciones altas o en otras que, no siéndolo tanto, están en organizaciones que funcionan mal- una forma de escape es la «dedicación».
Si las cosas salen bien, se atribuirán a la «dedicación»; si salen mal, se le quitará hierro al asunto porque la «dedicación» mostrada deja en evidencia que se ha hecho todo lo posible para que las cosas funcionasen bien.
Se dice que un directivo puede estar en su despacho el tiempo que le dé la gana porque lo que importa es que consiga resultados. Falso. El directivo sabe muy bien que en su trabajo hay numerosas contingencias que pueden hacer que las cosas salgan bien o mal con independencia de su acción (y, si no lo sabe y cree que todo lo bueno o malo que pase es cosa suya, es que es tonto y no debía estar ahí) y tenderá a proveerse de «dedicación» como una especie de póliza de seguro por si las cosas salen mal.
Hay aún otro tocomocho relacionado con la «dedicación» y es cuando ésta se considera uno de los elementos componentes de la «profesionalidad». Como somos muy profesionales, dedicamos el tiempo que haga falta para que salgan las cosas y, de esta manera, permitimos que caigan sobre nuestras costillas situaciones donde hay una carencia deliberada de personal con el consiguiente ahorro de costes.
No creo que sea para enorgullecerse el tiempo pasado en el puesto de trabajo, especialmente, si ese tiempo acaba siendo la auténtica unidad por la que alguien es medido muy por encima de los resultados que se consiguen.
La «dedicación», entendida como tiempo de permanencia en el puesto, es una trampa de la que deben huir tanto empresarios como trabajadores. Valórese lo que importa, es decir, los resultados porque, si lo que se valora es la «dedicación», o la empresa está mal organizada o está funcionando con menos plantilla de la que necesita.
En organización, cuando no quiera hacer nada…invéntese un cargo
Hace años, conocí un caso en una empresa alemana en que un buen día le exigieron a la filial española -que funcionaba como una especie de virreinato independiente- que contratase a un director de calidad porque así lo exigía el programa de certificación que estaban poniendo en marcha.
El presidente español, que sabía jugar sus cartas y no quería que nadie se metiese en sus asuntos, se limitó a buscar a la persona más incompetente que pudo encontrar, le puso un despacho y dejó que las cosas siguieran funcionando como hasta entonces, eso sí, con el añadido de alguien que se paseaba con un walkman por los pasillos y cuya contribución se reducía a arengas a la tropa del estilo Chicos, vamos a hacer grandes cosas...o sea, nada.
¿Qué ocurrió cuando se puso de moda la gestión del conocimiento? Muchas empresas se limitaron a nombrar un director de gestión de conocimiento y con esto ganaron algún titular de prensa. ¿Efectividad? Escasa o nula. Con la gestión del conocimiento ocurre algo parecido a lo que ocurría con los círculos de calidad: Las organizaciones donde los círculos funcionan son aquéllas muy abiertas a las ideas que vienen de la base y funcionarían igual sin círculos de calidad porque las ideas encontrarían su camino. Sin embargo, si esa apertura no existe, los círculos no la van a lograr y ello nos plantea una duda sobre la efectividad del instrumento. Lo que vale es la actitud de apertura y no el instrumento organizativo.
Si vamos a la política reciente, tenemos hermosos ejemplos de cargos inútiles como el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, el Ministerio de Igualdad o el Ministerio de Vivienda. En la anterior etapa socialista hubo otro ejemplo notorio y fue el puesto de reinona que le dieron a Baltasar Garzón, puesto cuya inutilidad era tan manifiesta que acabó marchándose e intentando procesar de nuevo a aquél de cuya mano entró en la política activa.
En todos los casos, la dinámica es idéntica: Alguien no quiere o no puede hacer o no sabe qué hacer y, para ocultar esa situación, se inventa un cargo. A partir de ahí, no habrá resuelto el problema pero habrá salvado su posición. Si las cosas no se arreglan, ya tiene un culpable. ¿No se trataba de eso?
Paradojas y factores de éxito de la formación online
http://www.copac.es/prensa/revista_articulo.asp?id=1256
Publicado en la revista «Aviador» del Colegio de Pilotos.
Sloodle: El último grito en formación online
Es una aventura en software libre de la que será interesante observar su desarrollo.
Se presentan a sí mismos como una fusión entre Second Life y Moodle, es decir, tratan de utilizar la organización para la formación de la plataforma Moodle y añadirle las capacidades del mundo virtual Second Life.
El primer problema que pueden encontrarse es que la aplicación de Second Life es cualquier cosa menos intuitiva. Moodle, a nivel de alumno usuario, puede aprenderse en poco más de media hora y la mayoría de las veces no hará falta ni siquiera un curso formal sino que se podrá aprender a cabezazos, es decir, la fórmula más usual de aprendizaje de aplicaciones informáticas.
Second Life es otra cosa; una vez que se ha instalado la aplicación, hay que perder bastante tiempo para aprender a desenvolverse y eso hace que muchos desistan -desistamos- del intento y que las expectativas de crecimiento que tenían hace un año hayan quedado en agua de borrajas.
¿Puede aportar algo la idea de formación online en un entorno 3D y con avatares? En principio, toda capacidad nueva puede aportar algo; otra cosa es que resista un análisis coste-beneficio incluyendo en el coste el tiempo necesario para aprender a utilizar la herramienta. Por añadidura, podrían existir productos sustitutivos, por ejemplo, en el terreno de los juegos en red.
Basta con entrar a cualquier café Internet para encontrarse a un grupo de adolescentes pegándose tiros virtuales a través de un escenario compartido donde se emboscan, hablan entre sí y hacen de todo y, por cierto, con una calidad gráfica muy superior a la ofrecida por Second Life. Lo mismo puede hacerse, por ejemplo, con simuladores aéreos tanto de combate como comerciales.
¿Aporta algo la integración Moodle-Second Life? A priori, creo que podría acabar siendo un parto de los montes del que acabase saliendo un humilde ratón. Si Second Life funcionase bien, probablemente no necesitaría ninguna integración con Moodle; si no consiguen que funcione bien, la integración con Moodle no les traerá más tráfico.

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