Categoría: Organizaciones

Second Life y los mundos virtuales

Había oido hablar tanto de Second Life que decidí entrar y ver qué podía encontrar en esa supuesta recreación de Matrix para que estuviera armando tanto ruido.

 La experiencia sólo puede ser calificada de decepcionante: Después de una descarga de un programa bastante pesado, hay que crearse un avatar, es decir, una figura humana con unas características a gusto del consumidor, elegir un nombre entre los disponibles y pasar a la isla de orientación.  

En la tal isla hay que pasar por unas sesiones bastante aburridas de manejo de los distintos recursos que da el programa para moverse, para hablar con otros, etc. y que es una auténtica barrera de entrada para seguir adelante. No seguí pero sí me picó la curiosidad de saber por qué tantas empresas muy conocidas anuncian en prensa que están en Second Life, especialmente si se tiene en cuenta que en cualquier momento que uno se conecte no es mucha la gente que va a encontrar.

Hablar de cifras entre 30.000 y 40.000 personas conectadas a Second Life simultáneamente en todo el mundo no es, ciertamente, una cifra para tirar cohetes y eso es lo que suele encontrarse. Más tarde, tuve ocasión de hablar con un especialista publicitario…¡¡especializado en la publicidad en Second Life!! y la conversación me aclaró algunos elementos que no eran fáciles de entender a primera vista. 

Lo primero que diría el publicitario es algo que cualquiera que haya hecho el intento puede ver: La aplicación no siempre funciona bien, los gráficos no son de buena calidad, no es un programa intuitivo sino que requiere invertir unas cuantas horas en su manejo y, desde el punto de vista publicitario, tampoco tiene demasiado interés porque, al margen de los costes de mantener una isla y la creación gráfica, el número de personas que visitan algunos de los sitios que han hecho más publicidad llega a la escalofriante cifra de…90 diarias. 

Después de semejante entrada, parecería que lo mejor que se podía hacer era levantar la reunión y salir. Sin embargo, el publicitario llevaba un par de ases en la manga que eran los que justificaban la obvia contradicción que representaba pagar por estar en un sitio que no ofrecía el menor interés. 

El primero de los ases lo soltó recurriendo a una imagen muy gráfica: Second Life en España tiene un eco comparable al del Diario de Sevilla con menos de 5.000 visitantes activos pero…si un diario de tirada nacional del estilo de Expansión saca un titular diciendo que la empresa X se anuncia en el Diario de Sevilla ¿qué es lo importante? ¿el anuncio en el Diario de Sevilla o el anuncio en Expansión? Obviamente el anuncio en Expansión pero éste requiere el otro y, además, aporta una imagen de modernidad y de estar a la última. Resulta, por tanto, que el mundo virtual no es precisamente el de Second Life sino las maniobras de imagen pública relacionadas con Second Life que, dada su audiencia, no pasaría de ser un actor de tercera categoría pero que es utilizado para generar eco en medios mucho más relevantes.

El otro as en la manga no tenía menor importancia que el primero: Es cierto que los gráficos son malos, que el programa no es intuitivo y que hay poca gente pero ¿no es comparable esa situación con la que tenía Internet en 1996?

 A medida que los anchos de banda crezcan hasta alcanzar factores de 20 sobre las velocidades más usuales ahora mismo en banda ancha, podremos encontrar que esos mundos virtuales acaben teniendo sentido y la realización de videoconferencias o incluso sesiones de clase en Second Life o el mundo virtual que mejor funcione en ese momento (al parecer, hay un mundo virtual coreano en el que está más de la mitad de la población del país) puede pasar a formar parte de nuestra actividad normal. 

En suma, hoy mundos virtuales como Second Life no van mucho más allá de maniobras en el terreno de la imagen pero hay que estar atentos a su desarrollo. Las archiconocidas películas de Matrix o alguna aventura literaria de Tom Clancy en los mundos virtuales pueden quedar dentro de un tiempo expulsadas de la categoría de ciencia-ficción por una realidad que, al igual que ocurrió con las historias de Julio Verne, adelantó a la entonces considerada ciencia-ficción.

Con estos elementos ¿merece la pena estar hoy en Second Life u otro mundo virtual? Depende; si se quiere conseguir algún objetivo práctico, probablemente no. Si se quiere conseguir un objetivo de imagen EN el mundo virtual, probablemente tampoco. Si se quiere conseguir un objetivo de imagen EN EL MUNDO REAL HACIENDO REFERENCIA AL MUNDO VIRTUAL probablemente sí.

La audiencia del mundo virtual puede ser insignificante pero quien lo anuncia no lo va a contar, nosotros tampoco y siempre nos podremos colgar la medalla de innovadores.

    

El nudo gordiano de la motivación

Hace pocos días, hacía una reseña aquí mismo del excelente libro Freakonomics. Una de las cosas más interesantes precisamente era su tratamiento de la motivación y cómo lo iba aplicando a distintas situaciones generalmente poco estudiadas.

La idea de que existen incentivos económicos, sociales y morales está bien y suena al más elemental sentido común. No es un sentido tan común, y sin embargo también existe, el hecho de que hay intercambios entre los tres tipos de motivos y que esos intercambios no siempre funcionan en el sentido esperado.

En el ámbito de los recursos humanos, hay un precedente: Un libro que levantó bastante polvareda llamado Punished by Rewards donde el autor mostraba cómo uno de los efectos de los incentivos era externalizar la motivación y esto podía ser aplicado a múltiples ámbitos. Así, en el ámbito escolar, establecer premios por aprobar asignaturas podía significar una pérdida del interés en el estudio en sí y sustituir éste por un interés en la recompensa.

Los autores de Freakonomics daban un paso más y señalaban cómo la cuantía del incentivo tiene un efecto importante en la modificación de la conducta, cosa que dicha así suena absolutamente obvia pero que tampoco es tan evidente. Nuevamente, tenemos un referente anterior para este asunto y es la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger.

Festinger señalaba cómo alguien podía estar realizando una tarea que no le gustaba si la recompensa era muy alta. A medida que se iba bajando la recompensa, sin embargo, se producía un efecto interesante: Llegaba un momento en que la recompensa misma era insuficiente para justificar la realización de la tarea y, en ese momento, el sujeto alteraba su percepción de la tarea como desagradable para llegar a concluir que, aunque la recompensa era insuficiente, la tarea tenía su atractivo y, juntas ambas cosas, recompensa y atractivo de la tarea, podía tener una justificación para realizarla.

Cuando queremos plantearnos en una organización qué motiva o desmotiva a hacer algo, más que confiar en las teorías modelo El Corte Inglés que, supuestamente, son aplicables a todos los casos haríamos bien en analizar este tipo de intercambios.

Casos, como el analizado en Freakonomics de una guardería, donde establecer una multa para los padres que se retrasan provoca un aumento de los retrasos no tienen explicación para las teorías generales de la motivación. Sí la tienen cuando se trabaja con la idea de intercambio de incentivos:

Hay un desincentivo moral para el retraso y es el hecho de que los padres saben que están abusando del tiempo de personas que ya se tenían que haber marchado. En el momento en que se establece la multa, desaparece el desincentivo moral porque, simplemente, han empezado a pagar por un servicio y, a partir de ese momento en que desaparece el desincentivo moral, hacen sus cuentas y ven si les compensa el coste del servicio para contratarlo o no. Aquí es donde tiene gran importancia la cuantía del incentivo: La persona que introduce la sanción tiene que saber que, instantáneamente, va a acabar con el otro tipo de incentivo y, por ello, tiene que establecer cuantías que no compensen el retraso.

En el ámbito de la gestión del conocimiento, la idea de la motivación es igualmente vital. Se ha intentado dar un enfoque de software a un asunto que precisa una respuesta previa: ¿Por qué usarlo?

¿Cuál es mi motivo, si soy propietario de un conocimiento clave, para compartirlo? En última instancia, no compartirlo es una especie de seguro de vida de forma que, mientras sea valioso ¿por qué compartirlo? La idea de que es una manifestación de compromiso, etc. está muy bien pero exige que el compromiso se produzca por ambas partes y, mientras no sea así, poco hay que hacer al respecto.

A todo esto, todavía hay que unirle los motivadores individuales. Cuando nos preguntamos por qué trabaja la gente, la idea de incentivos económicos, sociales y morales también nos vale. Incluso, en parte, nos puede explicar no sólo por qué sino en qué trabaja la gente pero nos falta un elemento fundamental:

¿Qué le gusta hacer a la persona concreta con nombre y apellidos? La aproximación de Schein -ver su modelo de anclas de carrera en este blog- puede ser una de las mejores. Las organizaciones utilizan con frecuencia aproximaciones El Corte Inglés también a este asunto sin percibir que lo que le interesa a uno puede ser muy distinto de lo que le interesa a otro.

¿Alguien puede imaginar la oferta profesional que le podía hacer una empresa del tipo de la extinta Arthur Andersen a alguien con la mentalidad de hippie de los años 70? Evidentemente, son mundos distintos  y ambas partes saldrían espantadas una de la otra.

Sin embargo, y para complicar la cosa, también existe la evolución. Lo que nos interesaba ayer puede ser muy distinto de lo que nos interesa hoy. Recogiendo parcialmente el ejemplo anterior, la Unión Europea editó un libro llamado Guía del euro cuyo autor, Daniel Cohn-Bendit, fue precisamente uno de los líderes de las revueltas del año 68. O el señor Cohn-Bendit era un cínico redomado en el 68 o ha cambiado mucho.

¿Conclusión? Ninguna. Si alguien busca algo parecido a un algoritmo de la motivación, mejor será que vaya abandonando la idea. El trabajo de alguien que quiera entender este asunto no se parece al de un ingeniero ni al de un matemático sino al de un malabarista que sabe que existen una serie de factores que están alterando su posición constantemente y la alteración en uno de ellos provoca la alteración de otros. Mantenerlos todos en el aire al mismo tiempo es su trabajo y, en buena parte, la esencia del trabajo en recursos humanos.

Freakonomics (Steven Levitt y Stephen Dubner)

Aunque el libro lo firman dos autores, puede decirse que las ideas que están detrás de éste son de uno solo (Steven Levitt) que es un economista atípico.

Los autores señalan -y es cierto- que no han querido hacer un tratado más o menos lineal sino que han querido aplicar conceptos de la economía a un conjunto de ámbitos distintos de la propia economía o, en otros términos, han intentado utilizar un modelo económico como causa explicativa de fenómenos que, en principio, son totalmente ajenos a la economía.

El concepto de fertilización cruzada siempre es atractivo y no puede resultarle ajeno a alguien -como es mi propio caso- que ha tratado de extraer del ámbito de la seguridad aérea modelos de mejora organizativa para la gestión empresarial. Sin embargo, también tiene sus riesgos. Quizás el autor que mejor ha tocado estos riesgos es Gareth Morgan en su excelente estudio sobre las ventajas y limitaciones del uso de las metáforas.

Puede decirse, por ello, que el libro parece carecer de un hilo conductor pero es una apariencia falsa. Cosas como comparar las prácticas de los profesores de los colegios americanos con las de los luchadores de sumo pueden sorprender pero siempre se encuentra una lógica común: El incentivo.

Lo primero que se puede recomendar de un libro como Freakonomics es, desde luego, su lectura. Está ya publicado en ediciones muy baratas y será difícil encontrar mejores formas de invertir cantidades del entorno de los 5 o 6 euros.

Lo siguiente es mencionar la parte negativa del libro que, curiosamente, coincide con la positiva y es su originalidad.

Se dice de algunos autores o conferenciantes que venderían su alma al diablo por una frase brillante. Creo que es el caso de estos autores. Como ejemplo, atribuyen la disminución de la delincuencia juvenil a la lucha de una persona por la legalización del aborto. Según su lógica, abortan más las personas de entornos marginales y, una vez que el aborto fue autorizado, los niños que, por crianza, estaban casi predestinados a convertirse en delincuentes, simplemente no nacieron.

No tengo elementos de juicio para apoyar o contradecir la idea de que la legalización del aborto tuviera incidencia sobre la delincuencia juvenil pero considerar que este factor ha sido el motor principal de la disminución de la delincuencia lleva a recordar una frase de Mariano Yela: Todo tiene que ver con todo pero no del todo.

Cualquiera que no sea simplista en sus planteamientos estará persuadido de que la lógica sistémica funciona y que realmente existe el efecto mariposa pero la utilización constante de este tipo de ejemplos da la sensación de que los autores han buscado sobre todo la originalidad, la espectacularidad y, en suma, epatar al lector.

Algunos ejemplos son muy claros y muy bien estudiados como, por ejemplo, la demostración bastante clara de la existencia de trampas en el sumo basándose en la idea de incentivos diferenciales de ganar o perder en distintas situaciones y para cada uno de los contendientes. Los autores establecen las probabilidades de victoria en función de un historial previo y muestran cómo determinadas situaciones dan lugar a unos resultados completamente distintos de lo esperado en el cálculo probabilístico. Naturalmente, la situación sólo se explica mediante el recurso a la trampa.

Para no extenderme más, los ejemplos utilizados son brillantes -incluso demasiado brillantes- y eso hace que algunos mensajes muy sólidos del libro acaben quedando apagados por la originalidad y el brillo desplegado en temas que, probablemente, lo merezcan mucho menos. Una muestra:

Los autores establecen como ideas fundamentales que los incentivos constituyen la piedra angular de la vida moderna, que la sabiduría convencional a menudo se equivoca, que los efectos drásticos frecuentemente tienen causas lejanas, incluso sutiles y que los «expertos» -desde criminólogos hasta agentes inmobiliarios- utilizan su información privilegiada en beneficio propio.

Señalan también cómo por cada persona inteligente que se molesta en crear un esquema de incentivos, existe un ejército de gente, inteligente o no, que inevitablemente invertirá incluso más tiempo en tratar de burlarlos.

En relación con la disminución de linchamientos por el Ku-Klux-Klan, a pesar de permanecer la situación de miedo, señalan algo que es perfectamente extrapolable a situaciones como la vivida en España en relación con ETA: La gente responde fuertemente a los incentivos fuertes. Y existen pocos incentivos más poderosos que el miedo a la violencia aleatoria que, en esencia, es la causa de que el terrorismo sea tan eficaz.

Su clasificación de incentivos en económicos, sociales y morales es también de gran interés así como los ejemplos en que se muestra cómo se pueden transformar unos en otros y qué efectos produce esa transformación.

En resumen, un libro muy interesante donde los autores se han visto atrapados por su propia brillantez que ha llegado a ahogar algunas de las ideas centrales del propio libro que tienen un enorme calado.

Los gurús de la ética empresarial

Hay pocas cosas que a ciertas alturas puedan sorprender a alguien que lleva mucho tiempo viendo los movimientos del mercado pero la capacidad de sorpresa es inagotable.

Es cierto que puede encontrarse material serio en lo relativo a ética empresarial. Valgan como ejemplo los excelentes trabajos de Rafael Alvira o el texto de Harvard Can Ethics Be taught? pero permítaseme que, en lugar de tratar las contribuciones de estos trabajos -lo mejor que se puede hacer es leerlos y sacar las propias conclusiones- vaya, como Darth Vader, por el «reverso tenebroso» y dedique unas líneas a algo que me ha llamado mucho la atención.

No sé si éste es un fenómeno extrapolable a otros países pero, al menos en España, se da la casualidad de que varios de los más celebrados ponentes sobre ética son reputados golfos. No daré, lógicamente, sus nombres en este foro pero sí contaré algunos hechos representativos de estos «gurús de la ética»:

Uno de ellos cantaba las excelencias de su empresa de entonces en el terreno de la ética y dio un hermoso ejemplo: La empresa estaba en contra de una determinada guerra y ¡oh, sorpresa! el Gobierno que promovía esa guerra sacó a pública subasta un concurso para proveer de determinados alimentos a los soldados. El contrato era muy sustancioso y perderlo significaba abrir la puerta a otro competidor. La empresa ganó el contrato pero, dada su inmensa sensibilidad ética, decidió donar los beneficios de ese contrato a obras de caridad…o sea, lo mismo que hacen los narcotraficantes colombianos para ser unos personajes queridos por su entorno más próximo. Las prácticas personales del ponente, en este caso, son plenamente coherentes con lo que predica.

Otro caso aún más divertido: Hace varios años pretendía que un entonces poco conocido personaje impartiera un seminario sobre uso de sistemas de información para gestión de Recursos Humanos. El personaje aceptó y simplemente desapareció. Finalmente, el seminario tuvo que ser cancelado y llegó un buen día en que me di de narices con éste en una conferencia pública a la que asistíamos ambos. Sabiendo que había continuado normalmente con su actividad en una universidad privada, me soltó nada menos que había desaparecido porque había tenido una falsa alarma de cáncer y le habían estado tratando en la Universidad de Navarra. Ante mi cara de sorpresa -puesto que sabía que había continuado en todo momento en la Universidad- debió interpretar que se trataba de credulidad y quiso rematar la faena diciendo «¿No recibiste la carta que te mandé?». Pues bien, este personaje da también ponencias sobre ética.

Como todo puede ser mejorado, otro sujeto que se presentaba a sí mismo como gurú de la estrategia empresarial , tras su aparición como una especie de comercial de una escuela de negocios que se encontraba en cierto declive, decidió practicar sus habilidades en este terreno. Para ello, nada mejor que conseguir que le abrieran las puertas de algunos despachos gracias a la tarjeta de esa escuela para, a renglón seguido, tratar de vender los servicios de su chiringuito particular. Además de esto, no se privaba de difamar a personas que formaban parte de la misma institución, extremo que fue denunciado por algunos de los visitados por tal individuo y que se escandalizaron por tal actuación. No paró ahí la cosa sino que, a codazo limpio, se abrió paso para controlar un programa del área de Recursos Humanos con el fin de poder ganar acceso a más despachos aunque fuera a costa de liquidar el programa, como así sucedió. ¿Y sobre qué diserta nuestro buen amigo? Premio. Sobre ética.

Last but not least hay un conocido personaje que, entre otras cosas, se permitió utilizar una posición como contratante para contratar a ponentes amigos a precios astronómicos esperando la devolución del favor, fue capaz de derivar un contrato de la empresa que le pagaba el sueldo a una propia y fue capaz, dado su nulo dominio del inglés, de montar un guirigay con una consultora americana con la que acordó -sin darse cuenta de que lo había hecho- fechas para un seminario para luego retirarse discretamente de la escena y culpar a un tercero del desaguisado. Este mismo personaje, cuando ya sabía que salía de la empresa, logró que su jefe y amigo le firmase mientras salía por la puerta un sustancioso blindaje y es ponente de…¡¡¡ÉTICA!!!

No sé a qué obedece que haya tanta gente que se dedique a disertar precisamente sobre aquello de lo que más carece pero no es éste el único caso. Hablando con una persona, a la que entonces conocía mínimamente, sobre un conferenciante de mobbing me soltó a bocajarro: «No me extraña que hable sobre mobbing. Sabe mucho de eso porque lo ha practicado intensivamente». Si entonces me sorprendió que una persona casi desconocida me hablase de alguien en esos términos, más tarde, conociéndola mejor y sabiendo que se trataba de una persona sumamente discreta, el hecho me resultaría aún más sorprendente.

Por último, dentro de esta galería de horrores éticos, está el caso de un también conocido escritor en el ámbito de la autoayuda y asiduo colaborador de programas de radio y televisión donde ejerce como una especie de psicólogo de guardia. En una ocasión, alguien habló sobre el maltrato infantil y este personaje dijo algo así como «Maltratar a un niño…nunca, nunca». Casualmente, en ese momento estaba escuchando la radio y se me debió escapar algún exabrupto del estilo de «¡Será c…..!». El motivo del exabrupto estaba en que conocía a esta persona de bastantes años antes, cuando le tuve como profesor en mi colegio. El personaje era bastante fantasma y se jactaba de sus habilidades en el terreno de las artes marciales e incluso de cantar bien y, de vez en cuando, nos contaba unas historias donde el héroe principal y único era él y que nos transmitíamos entre las clases. Aparte de estos puntos más o menos folklóricos, tal profesor también tenía una mano bastante larga y la longitud de la mano tenía menos que ver con la gravedad de la falta cometida que con factores propios como -supongo- el tratamiento que ese día hubiera recibido en casa. Escuchar a tal personaje años después impostando un rasgamiento de vestiduras por un maltrato infantil me parece tan hipócrita como todos los casos anteriores.

Sólo encuentro una lección que se pueda extraer de todos estos casos: Puesto que hay gente que tiene una habilidad especial para decir lo que otros quieren escuchar, lo mejor que podemos hacer es no creer lo que se dice sino lo que se hace. Va a resultar que Revel tenía razón cuando afirmaba que la primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira.

La lógica no binaria del fallo tecnológico

Los detractores de un modelo de desarrollo tecnológico -no del desarrollo tecnológico mismo- tenemos buenas razones para serlo.

Bastantes pueden encontrarse en otros posts aquí mismo y otras más desarrolladas podrán encontrarse en breve plazo aquí en su aplicación específica a la seguridad aérea:

https://www.ashgate.com/shopping/title.asp?key1=&key2=&orig=results&isbn=0%207546%204912%201

Sin embargo, si hubiera que recurrir a una síntesis extrema y dar una razón principal sobre por qué es inadecuado el modelo de desarrollo tecnológico, la razón sería la siguiente: Porque los fallos tecnológicos no son binarios.

En otros términos, no nos encontramos en una posición de funciona o no-funciona sino que funciona parcialmente y, a menudo, el usuario no tiene claro qué funciona, qué no funciona y cuál es la lógica subyacente.

Por mera casualidad, el pasado fin de semana he tenido ocasión de ser testigo de tres comportamientos tecnológicos anómalos y que pueden inducir a confusión con graves consecuencias si esa confusión se produce en situaciones menos triviales como, por ejemplo, un avión en vuelo.

La primera de estas situaciones se produjo el pasado sábado en una habitación de un hotel. La habitación disponía de un vestidor a la entrada muy cómodo para evitar despertar a los ocupantes menos madrugadores. Al poco tiempo de encender la luz, ésta se apagó repentinamente interpretándolo como fallo de la bombilla. No obstante, por si acaso, volví a pulsar el interruptor encendiéndose de nuevo la luz y apagándose rápidamente esta vez. Imaginé una explicación que resultó ser correcta: El interruptor encendía también otra luz en el interior de la habitación y una mano negra utilizaba un
segundo interruptor para apagar la luz y dejarme sumido en la oscuridad mientras me arreglaba para salir.

La segunda situación se produjo con un teléfono móvil que no funcionaba. La pantalla señalaba que hacía todo perfectamente excepto que, cuando teóricamente se estaba conectado con un interlocutor, el teléfono no emitía el menor sonido, ni durante la espera ni cuando se supone que se estaba en una conversación. La experiencia -que no el manual del teléfono- enseña al usuario avezado que, ocasionalmente, el Bluetooth se «engancha» y permanece activado en momentos en que no debería estarlo. Como consecuencia, dejan de funcionar tanto el micrófono como el altavoz pero se establecen correctamente las conexiones. ¿Solución? Apagar y encender el teléfono. ¿Cómo lo sabemos? Porque ya nos ha pasado más veces. ¿Por qué ocurre? Ni la más remota idea.

La tercera y última situación se produjo durante el viaje de regreso. Repentinamente, una radio de automóvil no especialmente sofisticada y sin pulsar ningún botón decidió por sí sola ponerse en marcha y atronar el coche con el Cómo me pica la nariz que había sido oportunamente apagado una vez que su feliz destinatario decidió dormirse. ¿Solución? Volver a apagar la radio. ¿Por qué se encendió? Ni la más remota idea.

Evidentemente, ninguna de las situaciones era crítica pero la existencia de funcionamientos no binarios o, si se prefiere, estados crepusculares entre el funciona y no-funciona se producen también en situaciones críticas.

Casos como el American Airlines 965 http://en.wikipedia.org/wiki/American_Airlines_965 o el ya clásico accidente del Airbus A-320 ejerciendo de segadora http://en.wikipedia.org/wiki/Air_France_Flight_296 y http://www.youtube.com/watch?v=_EM0hDchVlY tras ser incapaz de remontar el vuelo son un claro paradigma de esa situación.

La idea de que, en los aviones tecnológicamente sofisticados, se disponga también de instrumentos básicos de vuelo es una ayuda pero es cuestionable que sea suficiente.

En primer lugar, los instrumentos básicos no tienen ni el tamaño ni la ubicación adecuados para poder utilizarlos con facilidad como instrumentos primarios de vuelo.En segundo lugar, y tal vez más importante si se conciben como dispositivos de emergencia, serían de una enorme utilidad si se sabe claramente cuándo usarlos, cosa que el modelo de fallo no binario puede impedir en muchas ocasiones.

Un ejemplo de esto último, si bien convergieron muchos más elementos, lo tenemos en el caso AeroPeru 603 http://en.wikipedia.org/wiki/Aeroperu_603

En un momento, cuando la confusión es absoluta, los pilotos deciden utilizar los instrumentos básicos como forma de salir de la situación.¿Por qué hicieron esto? Evidentemente, porque pensaban que se encontraban ante un fallo no binario de la tecnología. La siguiente pregunta que habría que hacerse es por qué pensaban eso.

Posiblemente porque, al igual que con el inocente problema del Bluetooth, ya habían pasado antes por esos estados crepusculares de la tecnología y pensaron encontrarse en uno de ellos. No fue así y una revisión prevuelo mínimamente cuidadosa habría evitado el accidente pero es significativo que la llamada a los instrumentos básicos no se produjera porque un instrumento deja de funcionar sino porque los pilotos entraron en estado de confusión por recibir indicaciones anómalas.

De los tres inocentes casos expuestos, en dos de ellos acabé desconociendo las causas y ello implica, entre otras cosas, que podrían repetirse. ¿Es admisible que esto mismo ocurra en situaciones que implican riesgo grave? Medidas de seguridad como la existencia de instrumentos básicos están diseñadas pensando en fallos binarios claramente identificables. La realidad, en muchas ocasiones, no es tan clara ni tan fácil y eso invalida, al menos parcialmente, tales medidas.

Hace tiempo, alguien me comentaba cómo funciona la seguridad aérea en África mediante un ejemplo: Al parecer, esta persona iba como pasajero en una ruta interna que no llevaba cabina separada. Mientras se estaban preparando para el vuelo, había un indicador rojo muy visible y que parecía señalar que algo no iba bien.

Al observar que nadie se inquietaba lo más mínimo, le preguntó a su acompañante -más acostumbrado a los vuelos en el interior de África y a esa línea en concreto- por qué no se cancelaba el vuelo.Su explicación fue que, con la salvedad del indicador, todo lo demás parecía estar bien y, puesto que la parte más frágil del sistema era el propio indicador, los pilotos habían decidido ignorarlo.

Cualquiera que lea esto lo atribuirá a cosas del África profunda y no se extrañará en absoluto del hecho pero ¿no se está actuando de modo muy semejante con aviones muy sofisticados donde, cuando un sistema se comporta de forma más o menos bizarra, nos limitamos a pensar que son tonterías
que hace la tecnología
y seguimos a lo nuestro?

El accidente de Spanair en agosto de 2008 ha puesto de relieve este tipo de actuación. Una sonda de temperatura se calienta y se quita el fusible correspondiente con lo que deja de calentarse. La experiencia mostró que estaban pasando más cosas pero no está tan claro que las personas que se enfrentaron al problema tuvieran forma de saber qué más estaba pasando y por qué.

Reseña de libros de Gestión de Conocimiento (Knowledge Management)

Reseñas de libros de Recursos Humanos

Manifiesto del M.I.T. sobre la organización del siglo XXI

manifiesto-del-mit-sobre-la-organizacion-del-siglo-xxi.pdf

El documento adjunto fue publicado por el M.I.T. como su visión de la organización del siglo XXI. Muy recomendable.

En condiciones normales, habría preferido colocar un vínculo en lugar de un fichero; no obstante, la experiencia nos muestra que los vínculos quedan viejos rápidamente y por ello es mejor, aunque uno pueda ser acusado de «pirata», capturar el contenido.

En cualquier caso, sí recomiendo la visita a la página del M.I.T.

Qué gestionamos cuando decimos que gestionamos conocimiento

Gestión del cambio