Categoría: Temas sociales y políticos
La importancia de llamarse «Jhon»
¿Jhon? Sí; Jhon…no John. Jhon o Jhonny, escritos así, son nombres muy comunes en la República Dominicana aunque no lo sean tanto, salvo entre los inmigrantes dominicanos, en los Estados Unidos.
Nunca había tenido ocasión de conocer de primera mano, salvo en retazos sueltos, la situacion de los inmigrantes en Estados Unidos pero, al final, surgió la oportunidad de la mano de un ex-alumno de la República Dominicana que emigró a Boston.
Alguien puede preguntarse razonablemente cómo es posible que alguien esté viviendo en Estados Unidos en situación ilegal, durante bastantes años, sin aprender inglés y siempre con el miedo de que en un control aleatorio lo devuelvan a su país para empezar de cero. Pues bien…es posible y, para entenderlo, lo primero que hay que entender es que en Estados Unidos no existe la obligatoriedad de tener un documento de identificación oficial emitido por el Gobierno. Ese papel suele cubrirlo el carnet de conducir cuando se tiene.
Alguien puede llegar y, sin que nadie le pregunte por su situación en cuando al permiso de residencia, firmar un contrato de alquiler, luz, teléfono, etc. Posteriormente, esos mismos contratos le servirán como prueba de residencia para, por ejemplo, llevar a los niños a la escuela pública y esta situación se puede perpetuar si no se le encuentra una salida, no le cae a uno la lotería de una operación de regularización masiva o la otra lotería, la de que en un control aleatorio o no tanto, lo metan en un avión de regreso después de varios años de residencia ilegal.
La situación de residente ilegal no es pública, ni siquiera de cara a los de la propia comunidad. Una simple discusión vecinal puede dar lugar a una denuncia y se intenta al máximo ocultar la situación aunque indicios como, por ejemplo, que alguien no haya regresado a su país durante varios años dejan claro para todos que el problema no está en la visita a su pais sino en la posibilidad de regresar a la que tomaron por la tierra prometida.
En cuanto al trabajo, tampoco hay problema…siempre que se esté dispuesto a aceptar cualquier cosa y por cualquier sueldo. Hay especialistas en buscar lugares que no hagan preguntas incómodas, ni siquiera la más incómoda de todas: Do you speak English? Eso sí, a cambio puede tener que conformarse con unos trabajos y unos sueldos de miseria y sin posibilidad de salir del agujero: Puede estudiar o trabajar en otros lugares estando en una situación de residencia ilegal pero nunca si no conoce bien el inglés. A lo mejor en España esto lo tenían que aprender los que intentan utilizar el idioma para excluir al de fuera sin darse cuenta de que también están provocando su propia exclusión fuera de su limitado terruño.
Hay dos exclusiones que se realimentan aunque a veces van por vías separadas: La del idioma, que tan bien refleja el Jhon dominicano, y la de la residencia. En las inevitables zonas de exclusión a que dan lugar las distintas situaciones, acaba por producirse algo parecido a un sistema de castas:
Los boricuas, denominación de los portorriqueños al menos por los dominicanos, son los más envidiados porque tienen el problema de la residencia resuelto, sin tener que recurrir a subterfugios como matrimonios de conveniencia o la simple situación de residencia ilegal.
Sin embargo, la residencia, que algunos pueden utilizar incluso para ejercer como beneficiarios de matrimonios de conveniencia, no da por sí sola acceso a trabajo ni a estudios si no se domina el inglés. En todo caso, da derecho a permanecer de por vida en un ghetto sin salida posible.
La siguiente casta sería de la de aquéllos que, por unos u otros procedimientos, han conseguido legalizar su situación. Éstos tienen salida siempre que no se dejen atrapar por el ghetto y la comodidad envenenada de seguir entre los suyos, en una tierra extraña cuando no hostil, y sin necesidad de aprender inglés. Es posible que en unos cuantos años lo necesiten para entenderse con sus propios hijos, que a edades muy tempranas ya identifican el español como el lenguaje de la exclusión y prefieren utilizar el inglés, incluso cuando el slang con el que han aprendido a manejarse en su entorno de marginalidad y que puede apreciarse en niños de diez años escasos tampoco les vaya a llevar muy lejos. La comodidad es traicionera; cuando se intenta reaccionar, puede ser ya imposible.
Por último, está el grupo de los parias, los que salieron de su país a menudo engañados por sus propios compatriotas que intentan salvar la cara. Algunos inmigrantes, lo mismo en Estados Unidos que en cualquier otra parte, necesitan tener su momento de gloria y, para ello, nada mejor que aparecer por su propio país como alguien que ha triunfado a pesar de la dureza de los momentos iniciales.
¿Dónde se van a encontrar los televisores más grandes y los aparatos de sonido con más vatios de los que se exprimirá hasta el último? Premio: En las barriadas de inmigrantes hispanos. Una exhibición de gadgets puede ser suficiente para que alguien desesperado se trague la historia de la tierra prometida y esté dispuesto a llegar allí a cualquier precio y en cualquier condición. Cuando descubre que las cosas no eran como se las habían contado, Jhon tiene muy difícil la vuelta atrás y repite el ciclo presentándose como triunfador frente a otros.
Todas las legislaciones sobre inmigración llevan consigo una dosis de crueldad. difícilmente evitable. El «papeles para todos» es tan utópico como real es el hecho de que el lugar de nacimiento es un accidente y que sentirse orgulloso o avergonzado de ese accidente es una de las múltiples manifestaciones de la estupidez humana. Sin embargo, la peor crueldad es la innecesaria, aquélla que permite que se prolongue durante años una situación de miedo, incertidumbre y exclusión. Hay quien consigue, con suerte, adaptarse y sobrevivir en ese entorno; lo malo es que estará demasiado ocupado con la supervivencia para poder hacer otra cosa.
¿Cabe condena más dura que ésa? El avión de regreso al menos pone las cosas en su sitio; la perpetuación de las situaciones de residencia ilegal da que pensar si, en el fondo, los mal contados doce millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos no existen porque -parafraseando el dicho español- del inmigrante como del cerdo todo se aprovecha. Eso sí, el precio se paga más tarde y lo pagan en forma de exclusión y todos los fenómenos asociados tanto los recién llegados como los que ya estaban:
Inmigración, tampoco la ilegal, no es sinónimo de delincuencia pero hay modelos de funcionamiento que parecen invitar a que ésta se produzca. Siempre habrá quien acepte la invitación y ésa será su responsabilidad pero quien ha ido cortando alternativas no puede simplemente mirar para otro lado.
Redes sociales muy peligrosas
Excelente artículo sobre el reverso tenebroso de Facebook:
Business Schools: Guilty or innocent?
NOTA.- Este artículo fue enviado para su publicación en un número especial a petición expresa de una escuela de negocios de India. Dado el tiempo transcurrido y al no haber recibido copia de la publicación, me tomo la libertad de publicarlo en el blog:
It is not the first time that the usefulness of business schools is questioned. Perhaps, the pioneer was McCormack and his “What they don’t teach you at Harvard Business School”. Nowadays, many people, as a consequence of the global financial crisis, is focusing mainly in ethical issues but the real old problem is at what extent an MBA can substitute years of practice.
Before dealing with the big issue, we should start with two minor ones: Case-based teaching and big companies management .vs. small companies management. The case-based teaching is often presented as a way to acquire condensed experience. A problem is presented in a few pages and the discussion in the classroom will provide the expected learning to the attendants. I cannot say that this process does not produce learning. However, a good part of the acquired learning can be about how to discuss or how to present the own reasoning in the best possible light. A few years ago, HBS published an article called “The smart talk’s trap” by Pfeffer and Sutton. They said that a particular type of talk is an especially insidious inhibitor of action: “smart talk”. The seeds of this talk are often sown in business schools and corporate life, where leadership potential is equated with the ability to speak intelligently.
Again, this is not new. In “Lord Chesterfield Letter’s”, Lord Chesterfield explains how he was asked to speak about something that he was fully ignorant. On the other side, the speaker had a deep knowledge but his “smart talk” made him win the debate, disregarding the fact of his lack of knowledge. There is a fact: Case-based teaching starts with a case written in a few pages. Many managers would like to have their common problems presented like that: A paper omitting the unnecessary, focusing on the important variables and explaining in clear terms what are the positions and the motivations of every one of the actors. Obviously, that should mean having more than a half of the problem already solved.
Corporate life implies political activity: Who can be trustable and useful allies? What are the positions? Are they rock-solid or are there divisions? Who do we have to attract to our positions? What are the rationale and the interests under every position? Hard challenge is this for any kind of training. However, case-based teaching, if its limitations are not clearly explained, can provide the self-confidence but not the abilities to navigate through these complex issues.
Another point is the management of big business and if its rules are the same for little businesses: Usually, the approach in MBAs could be defined as “If you can do something complex, for sure you can do something easier”. Therefore, programs are designed around big corporations since little companies are considered easier to manage. Unfortunately, this is not true. Big and little companies have different sets of management rules. The situation can be explained through a metaphor coming from the aviation field:
Perhaps not many people know today who Otto Lilienthal was. Lilienthal was one of the aviation pioneers and he used to build gliders that were controlled displacing his body to change the center of gravity. As he got more and more experience, he built faster and heavier gliders. His final moment arrived when he built a glider so heavy and so fast that his body weight was not enough to control it. Of course, that did not stop the progress of aviation. Simply, they learnt that heavier and faster planes required controls and indicators.
I suppose that it is already clear where the metaphor is pointing: To become bigger, we need to control through formal controls and indicators but…what if we are not or we do not plan to become bigger? What if our size is the right one for our business? Should be lacking formal controls and indicators a proof of lack of professionalism? Probably, the answer coming from many business schools and from many MBA graduates should be an emphatic “yes”. However, we do not control for the sake of control itself. Control is a cost as Fukuyama in “Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity” established and, before him, Luhmann in “Vertrauen”. We cannot accept as a self-evident truth the requirement of formal controls to know what is happening in our company. Billions of little companies could say so and they are not willing to incur in an avoidable cost.
The wise behavior should be to adapt the level of control and formality to the requirements of the situation. Many little companies are unable to adapt to a situation that requires formal controls. They finish as Otto Lilienthal did. Many others can fall in love with the self-confidence of a MBA graduate and, after the insistence in formal controls, they can finish discovering that the business model that the MBA brings does not fit their necessities. These two problems are shared by many MBA programs, including the best among them. However, when someone tries to criticize business schools as a whole, there is something that could be deeply unfair and it is inside learning mechanisms themselves:
Ancient Greeks said that no pupil could be better than the master. Facts show that this is not true but facts do not show why. Actually, nobody can teach anybody. We can try to transmit contents or facts but, to be learnt, these contents have to be adapted to the mental structure of the pupil and this adaptation is far from being a mere copy. If something is very far from the mental structure, it could not be even perceived. If it is a little bit nearer, it could be rejected and, of course, if it is something very familiar or perceived like that, nothing happens. If we already know something, we cannot consider this as information.
The miracle happens when something is near to the border known-unknown. There is an adaptation of the content, of the mental structure or both. At that moment, since the new contents do not have the same value for pupil and for master, it is clear that some pupils could go far beyond their masters. Since this is a universal phenomenon linked with human beings, it does not seem fair to accuse business schools because they do not provide the creativity or, furthermore, the ethical behavior that should be expected from a top manager. Nobody, including business schools, has a recipe to create innovative and ethical people. It is true that the best of them have the possibility of recruiting people with higher potential and, since raw materials are better, no one should be surprised that the final results will be better too.
A highly-demanded B-school has a recruiting base that is not accessible for minor schools. The concept of recruiting base and its effects can be applied both, to teachers and attendants. If they have more people to choose, it can be expected that the best are going to be chosen and, hence, the results are going to be better. That can be a problem for the validity of rankings: Is the ranking validating the program contents or the recruiting process? From a scientific point of view, the variables used are not valid since the recruiting process has modified the conditions. If someone wants a valid experiment, the conditions should be very different:
- Select 20 candidates that you consider suitable for your MBA program.
- Reject 10 of them at random.
- Follow the 20 (rejected and accepted) over the years to know how they are doing professionally.
- Look for differences between both groups. If you find them, these are the differences that could be attributed to the B-school teaching.
Of course, nobody is going to perform an experiment like this because both, commercial interest and ethical behavior could be against it. However, if someone wants to validate the program avoiding the impact of the recruiting process, it is hard to find another possibility. Going back to the idea of knowledge acquisition and the value of knowledge, it should be interesting to reflect about what is the right moment for an MBA. It is common practice to convert the MBA in the “last year of college” and the results are very often disappointing. The same happens with many doctorates.
Anyone who has tried to learn a language or a new program to use in the computer knows something: We’ll never be able to learn until the moment that this language or program becomes necessary. Furthermore, the “If-I-had-know” syndrome, that happens when we suddenly find that our problem had a straight and easy solution, is a very good help for learning and to convert theory into practice. In other words, the mental structure of a brilliant student without experience could not make him suitable for an MBA. Again, the B-school cannot teach practice. The jump from theory to practice has to be made by the student and, to do so, the perception of a necessity coming from former practice could be a must.
Of course, B-schools are dealing with their own necessities as business and they try to use their knowledge as much as possible. That means accessing to segments of population wide but, perhaps, not fully suitable for a MBA program. B-schools are subject to criticism like any other thing. However, if we criticize the school because of the the distance between teaching or reality or the ethical behavior of some graduates, we could be losing the focus. Psychologists know that any general theory about how the mind works has always failed in the same point: Range of convenience. Nobody could say that behaviorism did not have a good point with the stimulus-answer theory. However, when they tried to explain the whole mind only with that mechanism, they failed. The same can be said of Gestalt, psychoanalysis, cognitive psychology and so on. All of them were good till the moment they went out of their range of convenience. The same can be applied to B-schools. They cannot provide real experience (case-teaching method is not real experience) but they can help to build knowledge over real experience of the attendants…if that experience exists. If not, the criticism about B-schools could be legitimate but it should be better if pointed to the business approach and the invitation to get out of their range of convenience as a way to grow.
Perhaps, they should narrow the focus or, alternatively, diversify their products to be adapted to different publics: Students, experienced executives, big companies, little companies, public administrations and so on. Everyone has specific requirements and the “one size fit all” policy could not be valid anymore.
Ethics is another issue. There is a book published by HBS whose title is very expressive: “Can ethics be taught?”. My personal answer should be: Not, if the teachings are against the environment. Making the B-school responsible for the ethical behavior of its graduates is a clear sign of optimism. Does someone, inside or outside a B-school, really think that the contents taught are powerful enough to alter the ethical behavior of the students? If these contents are aligned with the rewards structure that the student is going to find outside, yes; it could be. If not, any recall to ethical behavior should be considered as the product of a miscarried preacher.
There is a fact in business life: Any organization rewards something and, if it doesn’t, it does anyway. We can try to help student to understand this simple fact and why many organizations, without being conscious or worse, reward unethical behavior. Can we tell someone to manage thinking in the long term if the rewards are linked to short term results? Perhaps, it could be more useful to tell the top manager what are the unintended effects of their reward system but…what if the top manager is subject to the same short-term centered model?
One of my first assignments as a junior consultant implied to be in a team to assist to the re-organization of a company. Its managers wanted to be prepared for a free market environment coming from a monopolistic one. The project started with a president, two general managers and five functional managers. After the project, that was considered as a success, they had five general managers and 27 functional managers. It was a surprising idea about the meaning of “success” even for a junior as I was. What happened and why did they consider the results as a success? They started from the bottom and a supervisor was conscious that asking for more resources could mean to increase his level in the company. The boss could stop the process but the boss was subject to the same rationale. The process was repeated until it arrived to the top and everyone was happy with the results…everybody except the shareholders but, at that moment, it was a State-owned company and no one could foresee problems about future viability.
What should be the right advice from a B-school to a member of this company? Clearly, if that advice should have been against the rewards system, it should have been ignored. We can ask people for a behavior aligned with the interest of their company and against their own interest. However, if we have to do that, it seems quite clear that the rewards structure is wrong. Cases like Enron or others cannot be used to criticize B-school because of the behavior of their graduates. The right point to criticize should be the reward system: Who is the client of someone who has to write a report about the behavior of the one who is hiring him? That is the real problem, not the ethical teaching of the B-schools graduates.
Summarizing, criticizing B-schools can be legitimate but not all the criticisms are. A business policy driven to accept the wrong people to increase the market share can be criticized. A poor adaptation to different markets can be criticized too. Criticizing B-schools because of the ethical behavior of its graduates is unfair. The same could be said about the distance between theory and practice: It is there but, perhaps, we should have to focus more on the general learning process than in the contents of the MBA programs. The problem is deeper and wider and, even though it is a very old one, it still seems not to be fully understood.
Dr. José Sánchez-Alarcos
Belén Esteban y el error de Francisco Umbral
Francisco Umbral llegó a escribir que «éste es un país de cachondos que ponen una vela a la Virgen y otra a la meretriz de la esquina». Algunos llevábamos ya tiempo sospechando que Umbral se equivocaba y que la mejor definición no era precisamente la de «cachondos» sino, tal vez, una mucho más dura.
Las sospechas se han convertido en certezas y la encuesta que muestra que Belén Esteban arrasaría en política deja claro que hay que cambiar la definición. Cualquiera que sea sensible al concepto de meritocracia, aún sabiendo que el mero azar puede introducir bastantes injusticias, puede considerar esta noticia como la confirmación de una tendencia visible desde hace años:
Cuando se examinan los logros en los terrenos académico, profesional o cualquier otro de los más altos representantes de la clase política española, el resultado del examen es deprimente. Si alguien pensaba que entraba en política una persona guiada por una vocación de servicio y que, para hacerlo, abandonaba actividades que pudieran ser incluso más rentables, mejor es que se empiece a desengañar. Algunos de nuestros más altos representantes políticos serían rechazados incluso como auxiliares administrativos de la oficina más siniestra imaginable. Saben muy bien que cuando salgan no tienen ningún otro sitio donde ir y procuran hacerse su capitalito durante su estancia en un puesto al que les puede haber conducido cualquier cosa menos el mérito.
La pregunta que surge, sin embargo, es qué puede haber en la cabeza de una persona para llevar a esos personajes a posiciones de la más alta relevancia y, con idéntica lógica llevada a su extremo, llegar a colocar, si les dejan, a toda una Belén Esteban en una posición de liderazgo político. Sólo se me ocurre una respuesta: «Yo también».
Una persona que haya pasado años preparándose para una posición es objeto de envidia pero no de imitación; en unos casos, no se tiene la posibilidad material de imitar la trayectoria envidiada y en otros no se tienen las ganas. Resulta mucho más agradecida como imagen a imitar la de alguien que no haya hecho nada destacable en su vida y, por una especie de lotería, le caiga un puesto totalmente ajeno a capacidades o merecimientos. El pensamiento de muchos, tal vez demasiados, españoles medios es «Si ése ha llegado ¿por qué yo no?». Lo malo es que tienen razón.
Huelgas pactadas y modelo sindical español
Por mucho que se quiera, es difícil de tomar en serio una huelga cuando sus promotores van de la mano de aquél que, supuestamente, tendría que ser el más afectado por ella. Llegar al extremo de «¿cuándo te viene mejor la huelga, José Luis?» y aplazarla para evitar la coincidencia con la presidencia de la Unión Europea, coincidencia expresamente buscada cuando el partido en el poder era menos amigo, es algo que deja en evidencia un hecho conocido: Que los grandes sindicatos son correas de transmisión de algunos partidos políticos y que no tienen entidad propia
Friedrich Hayek en su «Camino de servidumbre», lectura que sería de gran interés en «Educación para la ciudadanía» junto con algunas otras, comentaba cómo el nazismo apareció en Alemania no como el aliado díscolo de la burguesía o de los grandes capitalistas sino como consecuencia del descrédito de los sindicatos en una situación de desempleo extremo: La gente desesperada acabó por ver a los sindicalistas y a aquéllos a los que éstos defendían -los que tenían un trabajo seguro en las grandes empresas- como una especie de élite con la que ellos no tenían nada que ver y acabaron cayendo en lo que creyeron que era una alternativa: El nazismo no nació en la puerta de servicio de las grandes mansiones sino en los barrios de chabolas.
¿Difiere mucho ese punto de vista del que hoy puede tener un trabajador parado o con empleo precario respecto de los cientos de miles de liberados que, a diferencia de él, no van a ver ni un euro descontado de su nómina por sumarse a la huelga? Las clases sindical y política, cuando van de la mano, inevitablemente consiguen una completa desafección por parte de amplias capas de la población y sólo falta que aparezca quien pueda presentarse como salvador para que se vuelva a vivir una historia conocida. De momento, los mecanismos de protección aguantan ¿hasta cuándo? La demagogia de bajo estilo, común a ambos lados del Atlántico, de «subirles los impuestos a los ricos» no funciona, especialmente de cara a aquéllos que jamás pensaron que se les pudiera aplicar la etiqueta de «ricos» pero se les suben igualmente los impuestos. No es éste un recurso que no tenga limitaciones porque, si se abusa de él, los principales contribuyentes simplemente se van o no vienen y tampoco se puede dejar en la cuneta a los que han caído en ella por diversos motivos, entre ellos, la propia pasividad o peor: El derroche a manos llenas y la toma de medidas contraproducentes.
Quizás la clase política y sindical española se siente muy tranquila jugando a su particular «Monopoly» pero son cada vez más los que abandonan la mesa de juego y no les interesa una partida que parece no ir con ellos. Con su forma de actuar, están incurriendo o, mas propiamente, haciendo incurrir a otros en un riesgo que creíamos desaparecido. Alguien puede pensar que éstos son otros tiempos pero es mejor que no se engañen: No hay ningún viento de la historia ni ninguna ley inexorable que imponga que mañana vayamos a ser más libres y tener una situación más justa que la de hoy. La libertad y su derivada, la justicia, son cosas a ganar todos los días y las acciones de cara a la galería no contribuyen a su defensa sino a ahondar en una división ya claramente visible: Cuando es difícil salir de un sitio, la persona prudente no se mete en él o, si se quiere en términos más formales, las barreras de salida lo son también de entrada: ¿Qué opinión le merece al parado de larga duración una defensa numantina de las condiciones de despido cuando sabe que éstas pueden estar entre los factores que hacen más difíciles su contratación? Cuando se habla de defensa de «los trabajadores» ¿se refieren sólo a los que tienen un trabajo fijo? Tal vez los que no lo tienen no se ven muy representados por lo que se dice bajo ese capítulo.
Cuando se legalizaron los sindicatos, todos los gobiernos han sentido la necesidad de tener un interlocutor enfrente, aunque tuvieran que inventarle la representatividad y, por supuesto, esto vale tanto para patronal como para sindicatos. Como consecuencia, se convirtieron en una especie de Reyes Magos trayendo desde el primer momento premios multimillonarios en forma de devolución de patrimonio sindical incluso a sindicatos que no existían cuando tal patrimonio fue incautado o de subvenciones de todo tipo. Por añadidura, han sido agraciados otorgándoles una representatividad de la que carecen tanto si se atiende a los niveles de afiliación como a los de votaciones en determinados sectores en que, a pesar de su prácticamente nula representatividad cualquiera que sea el criterio, acuden a la mesa de negociaciones gracias al B.O.E.
La prisa de los sucesivos gobiernos por tener alguien con quien acordar lo que sea ha impedido que se desarrollase un movimiento sindical real, no politizado y no dirigido desde el poder político. Los pocos sindicatos profesionales que responden a ese modelo han sido tratados con recelo y se les han puesto todas las zancadillas posibles desde el poder. Al final, ese modelo de funcionamiento ha conducido a que los mayores sindicatos dependan económicamente del Estado para su subsistencia con las consecuencias ya vistas tanto en forma de docilidad como de rebeldías impostadas. Los casi cinco o más de cinco millones de parados, según quien haga las cuentas, se ven totalmente ajenos a esa fiesta que no es la suya.
Puede haber motivos para protestar pero ¿tienen legitimidad para hacerlo quienes quieren ejercer como abanderados de la protesta teniendo en cuenta su propia posición y cómo la han vaciado de contenido? Las posturas anunciadas, especialmente en Madrid por si se tenía dudas sobre el carácter político del asunto, y la esperable pasividad gubernamental ante los piquetes «informativos» dejan claro que se requiere una renovación total no sólo de políticos y sindicalistas sino de modelos políticos y sindicales. Ni la izquierda tiene la representatividad que pretende arrogarse de los trabajadores ni la derecha la tiene del gran capital. Los comportamientos de unos y otros son calcados y parece que hemos llegado al extremo de que sólo se representan a sí mismos. La situación a la que se ha llegado es, además de indignante, peligrosa pero parece que algunos quieren seguir en su «Monopoly».
La vuelta a la edad de piedra en economía
Me envía un amigo este vínculo Propuesta británica para los Bancos y lo primero que se me ocurre pensar es que, para evitar crisis financieras, alguien ha decidido que lo mejor es volver a la edad de piedra. Llama bastante la atención que más del 70% de los británicos piensen que el Banco guarda su dinero en un calcetín en lugar de funcionar, como lo hacen, apoyándose en la ley de los grandes números y prestar un dinero que el cliente que lo deposita puede reclamar en cualquier momento.
Si alguien hace una propuesta de este tipo, es decir que los Bancos tengan el dinero que reciben y no lo presten o lo inviertan, creo que debería sacar consecuencias y extender esa política no sólo al dinero de los ahorros sino al que lleva en el bolsillo. ¿Está seguro de que los papeles e incluso las monedas que lleva valen lo que alguien dice que valen? En tiempos pretéritos, cuando la emisión de moneda presuponía un soporte de reservas en oro, todo era cuestión de fiarse del depositario pero cuando se empezó a tener las reservas en divisas ¿no es eso una gigantesca rueda de talones? ¿qué pasaría si, al igual que se les exige a las sociedades, alguien pidiera las cuentas consolidadadas de todos los Estados del mundo con sus reservas correspondientes?
La medida es prudente pero, si además se quiere mantener la coherencia, hay que extender la exigencia a los Estados de forma que el dinero que tengamos en el bolsillo no «represente» un valor sino que «sea» ese mismo valor. Naturalmente, a partir de ahí la posibilidad de transacciones electrónicas, dinero de plástico, etc. desaparecería.
Al final, el problema es muy sencillo y, si lo sacamos del ámbito monetario, lo podemos reducir a un asunto de relaciones entre símbolos y las cosas que éstos representan. La ruptura de la cadena de relaciones, cada vez más compleja, entre el símbolo y lo que éste representa puede causar unas crisis enormes y es necesario garantizar esa integridad en todas sus etapas. Hasta ahí, de acuerdo. Sin embargo, evitar esa ruptura por vía «heroica», es decir, haciendo desaparecer el símbolo y quedándonos con la cosa tangible, puede limitar las crisis y evitar que se extiendan como un reguero de pólvora. La contrapartida de esto es que mata la circulación del dinero, si es que el dinero existe tal como lo conocemos ahora, y eso puede provocar una crisis mucho mayor que la que se trata de evitar.
Freakonomics o cómo hacer una película horrible de un buen libro
Freakonomics es un libro que me gustó mucho tanto por los principios que ilustra como por los ejemplos que utiliza y las conclusiones que permite sacar a cualquier interesado en el comportamiento humano. Hace unos días, encontré que los autores habían hecho también una película y, animado por el libro, se me ocurrió verla aunque tengo que matizar que a mitad de la película estaba dando cabezadas porque resultó ser el perfecto somnífero.
Utiliza algunos de los ejemplos mucho mejor ilustrados en el libro con el recurso de algunas secuencias de dibujos animados sin demasiada gracia y los autores apareciendo con bastante frecuencia y comentando de palabra -por cierto, no muy fáciles de entender ni por velocidad ni por dicción- lo mismo que habían escrito en el libro.
Por añadidura, lo único que aportaron original sobre el libro ocupa aproximadamente el tercio final de la película y es un experimento mal hecho. Ponían a prueba cuál era el efecto sobre estudiantes de secundaria de utilizar premios condicionados al rendimiento académico y extraían sus conclusiones. Freakonomics es un buen libro que utiliza conceptos económicos que serían muy interesantes de leer para muchos psicólogos y, en general, para todo aquél a quien le interese el comportamiento humano pero, a pesar de que los autores hayan aportado puntos originales, su formación no es de psicólogos y, en consecuencia, se les han escapado puntos que cualquier estudiante de primer año de Psicología conoce: Los experimentos de Elton Mayo en Hawthorne.
Elton Mayo quiso mostrar el efecto de la iluminación sobre el rendimiento y el diseño de su experimento introdujo una variable extraña que resultó ser crucial y explicar unos resultados enloquecedores: El efecto que tenía la relación con el sujeto del experimento. En el experimento de la película caen en lo mismo: Los sujetos del experimento disfrutan de un grado de atención que probablemente está muy por encima del accesible a otros estudiantes de su mismo nivel, y algunas secuencias de la película así lo muestran, por lo que es bastante difícil saber qué es lo que está produciendo los resultados, si la expectativa de refuerzo o la atención prestada durante el proceso.
En suma, película decepcionante donde las haya. No recordaba haber visto una adaptación peor de un libro a una película desde El resplandor, película de terror con versión española doblada nada menos que por Verónica Forqué…y eso porque Gracita Morales ya no estaba en este mundo.
«Walden» de Thoreau
Leí Walden hace bastantes años y me resultó uno de los libros más aburridos que haya caído en mis manos. Después de haber leído Walden Dos de Skinner, leer el Walden primario era casi una obligación. Para resumirlo, el libro era una especie de mezcla entre una utopía y una lista de la compra y, siendo sincero, hoy no lo habría acabado. En aquel momento todavía me consideraba con la obligación moral de acabar un libro que empezaba mientras que hoy puedo admitir que un libro me ha engañado en el precio y, por tanto, no le voy a regalar además un tiempo que no merece. Por eso lo acabé entonces y por eso no lo habría acabado hoy.
En rigor, Walden no puede ser considerado una utopía ya que está basado en una experiencia del propio Thoreau que vivió durante un par de años en una cabaña de madera en un paisaje paradisíaco aunque pasar dos inviernos allí es algo que tiene su mérito. Tampoco Thoreau era exactamente un ermitaño sino que, de cuando en cuando, se iba a comprar a la cercana ciudad de Concord, probablemente uno de los sitios con más historia en la relativamente corta vida de Estados Unidos.
En Concord, además de los primeros disparos de la guerra que finalizaría con la independencia, coincidieron en ese mismo tiempo y lugar personajes como el propio Thoreau, Ralph Waldo Emerson y Louisa May Alcott, autora de Mujercitas. Los dos primeros pueden entroncar con el llamado socialismo utópico en Europa y la tercera con el feminismo posterior. Thoreau además podría considerarse con justicia uno de los primeros ecologistas con permiso de Fray Luis de León y su qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y de Virgilio con sus Bucólicas al que Dante acabaría metiendo nada menos que como guía en su infierno. ¡Hay que tener mala baba! 🙂
Thoreau, además, refleja perfectamente el intento de autosuficiencia tan extendido entre los norteamericanos aunque en Walden lo justifica siempre con motivos económicos y de ahí la apariencia de lista de la compra de buena parte del libro. Thoreau y su libro han permanecido como un icono dentro del imaginario de la izquierda norteamericana; el Walden Pond, lugar donde se instaló es hoy un parque perfectamente conservado donde tienen una reproducción de su cabaña y -paradojas de la vida- es constantemente sobrevolado por jets privados yendo y viniendo del cercano aeropuerto local de Concord.
Las casas de Ralph Waldo Emerson y de Louisa May Alcott se conservan y se visitan. No parece que fueran de los más pobres del lugar. La oda a la vida sencilla de Thoreau, con su nota de gastos incluida, sigue siendo alabada pero tan poco imitada hoy como en su tiempo: Tiene muchos más admiradores que imitadores y no deja de ser paradójico el sobrevuelo de la cabaña por los más ricos del lugar.
Informe de la OCDE sobre el desempleo
Esto es lo que dice específicamente sobre España: http://www.oecd.org/dataoecd/14/36/45603086.pdf y esto es un resumen del informe completo: http://www.oecd.org/dataoecd/27/24/45593310.pdf
Si alguien tenía dudas acerca de a quién hay que botar urgentemente, a lo mejor esto las despeja. Lo de «botar» no es una errata ni una falta de ortografía 🙂
Inteligencia artificial: Historia de un error
¿Algo que llame la atención en la fotografía? Si se han visto muchos brazos de robot seguro que sorprende el aspecto antropomórfico de la mano muy poco usual en los robots utilizados en automoción e incluso en cirugía. La mano de un robot no trata de imitar externamente la humana sino que suelen ser pinzas con dos, tres o como máximo cuatro piezas móviles poco parecidas a los dedos. Aquí han copiado el aspecto externo de una mano y ahora viene la segunda sorpresa: La fotografía corresponde al brazo de un robot que se encuentra en el museo del M.I.T. y cuyo autor es Marvin Minsky.
¿Qué tiene esto de particular? Minsky ha reinado durante años en el área de inteligencia artificial del M.I.T. y ha mantenido a rajatabla un principio que, como muestra lo escrito por uno de sus sucesores, Rodney Brooks, ha seguido. Básicamente el principio podría enunciarse como: Al tratar de avanzar en la construcción de máquinas inteligentes, no nos interesa en absoluto cómo está hecho el cerebro humano. Éste es el producto de una evolución que probablemente ha dejado muchos restos que no son funcionales y es mucho mejor partir de cero en nuestros diseños que enredarnos en cómo hace las cosas un cerebro. Entiéndase que esta frase no es literal sino una interpretación propia de lo que podría ser la forma de pensar de Minsky y sus sucesores partiendo de lo escrito por ellos.
Tienen, al seguir ese principio, un punto de razón y a la vez una confusión importante: Ciertamente el cerebro puede tener partes que son producto de la evolución y no aportan nada a su funcionamiento correcto o incluso lo perjudican. Esto no es sólo aplicable al cerebro; el ojo tiene algunas características que harían que un ingeniero que diseñase una cámara imitando al ojo fuera echado a patadas por chapucero y, sin embargo, no tenemos muchas quejas de su funcionamiento incluso comparándolo con la casi totalidad del reino animal pero la comparativa tiene trampa: El cerebro «rellena» muchas de las deficiencias del ojo como, por ejemplo, el punto ciego y dota a la vista de prestaciones que no tienen que ver con el ojo como, por ejemplo, una capacidad de detección de movimientos muy avanzada y relacionada con neuronas especializadas, no con la lente (el ojo). Naturalmente, la mano procede del mismo proceso evolutivo que el cerebro o el ojo y, por ello, sorprende que alguien que ha hecho del desprecio de los mecanismos de funcionamiento humano un principio básico haya imitado en su diseño una mano mucho más allá de lo que la funcionalidad lo justificaría.
La confusión en este grupo se ha producido entre el aspecto morfológico y el funcional. Efectivamente, puede haber restos evolutivos pero hay un hecho: Las neuronas, mucho más lentas que la tecnología electrónica, son capaces de conseguir resultados inalcanzables para los productos de la tecnología en terrenos como el reconocimiento de figuras o en acciones tan aparentemente triviales como golpear una pelota en el aire. Raramente los deportistas han sido considerados paradigmas de la actividad cerebral pero resulta que los movimientos necesarios para alcanzar una pelota, no digamos ya para hacerlo con precisión, son inalcanzables para los más avanzados productos de la tecnología. El principio basado en los «residuos evolutivos» es claro pero si los resultados de ese presuntamente defectuoso órgano van en algunos terrenos mucho más allá de lo que puede conseguirse por vía tecnológica ¿no merece la pena tratar de averiguar como lo hace?
Esperar a tener más capacidad de almacenamiento y más velocidad se ha transformado en un «esperando a Godot» o en una excusa, dado que la situación actual de la tecnología permite tener elementos mucho más rápidos que las aparentemente humildes neuronas y la capacidad de almacenamiento ha alcanzado unos límites altísimos y continúa creciendo. ¿Necesitan más velocidad para llegar antes que alguien que ya es muchísimo más lento? Difícil de explicar.
En el mismo museo del M.I.T. donde se encuentra la mano, aparece un video de una investigadora que trabaja en el aprendizaje de robots y sorprende gratamente. Sorprende por su humildad ya que, al final de un video donde cuenta su trabajo con un robot, acaba confesando que algo se les escapa y que no es cuestión de velocidad ni capacidad de almacenamiento. Efectivamente, algo se les escapa pero podrían estar cayendo en una situación como la del viejo chiste en que un borracho busca la llave que ha perdido bajo una farola, no porque la haya perdido allí sino porque es allí donde hay luz:
Los investigadores del área de inteligencia artificial no se han parado a pensar detenidamente en la naturaleza de la inteligencia o del aprendizaje y, sin embargo, han tratado de reproducirlos en sus creaciones tecnológicas consiguiendo con ello unos resultados bastante pobres lo mismo en su versión inicial que en las versiones basadas en procesamiento paralelo, en redes neuronales o en interacción entre agentes simples capaces de aprender por sí mismos. No se ha conseguido nada remotamente comparable a una actuación inteligente ni un aprendizaje digno de tal nombre.
¿Es un intento imposible? Los esencialistas de lo humano dirían que así es. Rodney Brooks, uno de los sucesores de Minsky, afirmaba lo contrario apoyándose en que los esencialistas siempre habían dicho «hasta aquí se puede llegar» y el progreso tecnológico siempre les había obligado a llevarse su supuesto límite más lejos. Hasta ahí tenía razón; lo malo es que Brooks se apoyaba en ese hecho como supuesta demostración de que siempre iba a ocurrir así y que no había límites al progreso tecnológico…y ése es un salto en el vacío de difícil justificación, especialmente cuando ha habido notables batacazos en los terrenos científico y tecnológico y cómo creencias de siglos han tenido que ser aparcadas para sustituirlas por otras. ¿Hablamos, por ejemplo, de las técnicas de navegación utilizadas cuando se creía que la Tierra era plana? A Brooks le puede ocurrir lo mismo; es posible que el progreso tecnológico no tenga un límite conocido pero es posible también que su particular línea de progreso tecnológico sea uno de los muchos callejones sin salida en que la ciencia y la tecnología se han metido durante los últimos siglos. Lo visto hasta ahora da toda la apariencia de eso.
No sé si en algún momento se construirán máquinas que se puedan considerar inteligentes y personalmente no lo descarto. Lo que sí parece descartable es que puedan construirse si no se tiene una idea clara de cuál es la naturaleza real de la inteligencia y de cuáles son realmente los mecanismos de aprendizaje. Las no muy científicas actitudes respecto a los disidentes que se han utilizado en el área de inteligencia artificial y que han conducido a la defenestración de personajes como Terry Winograd, una vez que empezó a encontrar inconsistencias y siguió su propia línea o al rechazo de otros como Jeff Hawkins, tecnólogo interesado en el funcionamiento cerebral que les podía haber abierto vías de investigación nuevas.
Ha habido mucha soberbia y mucho funcionamiento por lealtades tanto a personas como a un modelo que hace agua por todas partes. La mano de la foto muestra que, además, ha habido contradicciones con los propios planteamientos. No sé si habrá alguna vez una máquina inteligente pero es dudoso que salga de una factoría que funcione con el principio machadiano de despreciar cuanto ignora. Encontrar el camino correcto a lo mejor requiere una mayor dosis de modestia y algunas dudas sobre los planteamientos iniciales.

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