Categoría: Temas sociales y políticos
«Predictably Irrational» de Dan Ariely: Un paso más allá de «Freakonomics»
Freakonomics es uno de los libros que más me han gustado en los tres últimos años pero Predictably Irrational avanza un paso más allá. Entiéndase bien eso: No quiero decir ni que lo mejora ni que convierte en prescindible al primero sino que va más allá y trataré de explicarlo:
Freakonomics, así como su segunda parte, se centraba en dos ejes:
- Algunas conductas aparentemente paradójicas dejan de serlo si se analizan cuidadosamente los refuerzos que llevan implicados.
- Hablar de refuerzos no significa necesariamente hablar de dinero. Hay refuerzos de tipo financiero, social y moral y tienen sus especiales líneas de comunicación. Determinadas conductas encaminadas a reforzar uno de los tipos pueden dañar a otro de forma que el resultado global pueda ser escaso o incluso contraproducente.
Espero que se me disculpe la simplificación hasta el límite de un libro excelente pero todo ello era para ilustrar un punto: Los autores de Freakonomics son economistas tradicionales en el sentido de que consideran que las conductas están dirigidas por motivos racionales incluso cuando, vistas desde fuera, no lo parece así. Todo el libro es un brillante esfuerzo para convencernos -en mi caso, tengo que decir que lo logran en la mayoría de los ejemplos que utilizan- de ello. Dan Ariely en «Predictably Irrational» va más allá en el sentido de considerar que la conducta no siempre es racional -contradiciendo así a los autores de Freakonomics- pero, aunque no lo sea, las conductas irracionales tienen sus propias pautas que las convierten en predictibles.
Cada capítulo del libro es dedicado a un mecanismo de comportamiento irracional entre los que, por destacar algunos, comentaremos el concepto de «reclamo» y la doble vara de medir que se produce en situaciones que implican transacción de dinero y otras que no lo implican.
El concepto de reclamo, de forma muy sintética, se refiere a la situación en la que un vendedor tiene dos productos para la venta y quiere favorecer uno de ellos. La forma de favorecerlo consiste en introducir un tercero visiblemente inferior a uno de ellos de forma que se produce una tendencia a elegir el que sale favorecido en la comparación. En distintos experimentos, muestran como la conducta de los consumidores cambia radicalmente si existe el reclamo, es decir la falsa alternativa, o si ésta se elimina y simplemente se presentan las dos alternativas reales.
En cuanto a la doble vara de medir, la he elegido como ilustración tanto por el atractivo del ejemplo con el que abre el capítulo como porque en un momento utiliza otro ejemplo que también aparece en Freakonomics permitiendo comparar las interpretaciones de ambos libros:
El ejemplo de apertura es demoledor: Después de una celebración familiar, un personaje le agradece a su suegra el esfuerzo realizado y lo bien que ha quedado todo y decide que eso merece una recompensa. En consecuencia, saca un talonario y le pregunta si le parecen bien 300 dólares como compensación. Nuestra propia experiencia nos conduce rápidamente a pensar que eso no se hace pero los por qués quedan mucho más difusos y esto es lo que nos trata de explicar Arieli: Hay dos mundos con reglas de comportamiento totalmente distintas y la mezcla de ambos puede conducir a que se empiece a funcionar bajo un conjunto de reglas distinto, cosa que podría ser muy perjudicial algunas veces.
El ejemplo de la guardería es utilizado en Freakonomics señalando que en una guardería había padres que llegaban tarde y decidieron poner una penalización consiguiendo como resultado, que fueran más los que llegaban tarde. La explicación que dan de tal hecho es la siguiente: Al principio, se movían en el entorno del refuerzo social pero, al introducir la multa, ésta fue interpretada como el pago de un servicio de modo que el incentivo -o desincentivo- financiero eliminó el refuerzo social y empeoró la situación inicial.
Arieli da una interpretación parecida en sus términos señalando que, al introducir la multa, los padres pasaron del ámbito de las reglas de tipo social al ámbito mucho más impersonal de las reglas que se rigen por las transacciones financieras; con términos algo distintos viene a decir lo mismo que Freakonomics, pero el punto interesante viene después: Cuando, como consecuencia del fracaso del intento, eliminaron la penalización encontraron que la tardanza de los padres era aún mayor. ¿Qué había ocurrido?
Efectivamente, los padres habían dejado de funcionar con las reglas de tipo social para hacerlo con las reglas del ámbito en el que hay transacciones de dinero. Sin embargo, una vez roto el vínculo social, la eliminación de la transacción de dinero no sirve para recuperar automáticamente las reglas de tipo social que han quedado rotas de modo definitivo. Arieli traslada este ejemplo al comportamiento de algunas empresas con sus clientes y con sus empleados a los que tratan de convertir en una especie de «gran familia» pero, cuando se presenta una situación que hace que predominen las reglas presentes cuando hay transacciones de dinero, ese concepto queda roto definitivamente. Esto es lo que explicaría por qué una crisis empresarial mal manejada rompe por completo el vínculo empresa-trabajador pasando a ser la relación una de estricta oferta y demanda y donde conceptos como compromiso o fidelidad están totalmente fuera de lugar.
No son los únicos mecanismos que muestra el libro. Trata también, por ejemplo, decisiones sobre precio y presenta situaciones, unas experimentales y otras de la vida real, donde se muestra que el precio no siempre es una cuestión de oferta y demanda sino que pueden darse casos en que el punto de partida es totalmente arbitrario y es a partir de ese punto donde aparece una cierta lógica al decidir cuánto se está dispuesto a pagar. En suma, vale la pena leer el libro y, aunque pueda considerarse un paso más allá de Freakonomics, no lo sustituye: Muestra casos donde no podemos dar por sentada la racionalidad de la conducta y a qué mecanismos obedecen esos casos.
Concord: Donde una guardería es más cara que Harvard
¿Cómo funciona la educación superior en Estados Unidos? Este fin de semana ha resultado especialmente instructivo al haber pasado el sábado con el decano de la escuela de negocios de Clark University y el domingo con un miembro de Babson College que, además, vive en Concord y tenía información de primerísima mano sobre el asunto.
Para muchos españoles, el sistema americano es algo maravilloso mientras que otros tienen un conocimiento genérico para el que las diferencias entre «University» y «College» se escapan y la «Ivy League» es algo así como un club exclusivo de las mejores universidades norteamericanas. A estas últimas sólo irían cerebros privilegiados acompañados por algún producto del enchufismo y algún otro de la discriminación positiva. Vamos a intentar poner un poco de luz sobre quién es quién y cómo funciona.
¿Cómo es posible que una guardería cueste más que una Universidad de las caras? Simplemente, porque se trata de guarderías donde, desde el jardín de infancia, van preparando a los niños para el ingreso en esas universidades. A pesar de su precio, hay gente con un elevado nivel económico que se va a vivir a Concord para tener acceso a estas especiales guarderías -alrededor de 50.000 dólares por año- y casi asegurarse una plaza para los niños en una buena Universidad. Hace unos días tenía una discusión en Linkedin sobre los efectos de la discriminación positiva -de la que siempre me he reconocido abiertamente contrario- y situaciones como ésta dan que pensar porque si, a la llegada a la Universidad, resulta que hay especialistas que han pagado altísimas cifras para que les enseñen a manejar el instrumento por el que se evalúa el mérito, el concepto mismo de meritocracia queda totalmente descafeinado. Las grandes Universidades americanas no son, por tanto, sitios donde van los mejores sino sitios para los que se prepara gente con mucho dinero y, además, no adquirido muy recientemente puesto que la preparación para el acceso empieza, y a un altísimo precio, en el jardín de infancia.
Una vez que alguien se ha preparado, vamos al siguiente asunto, es decir, qué es la Ivy League y quién es quién allí: En principio, la Ivy League no es un club de las mejores universidades al estilo de «Equis» en las escuelas de negocios europeas sino que son los componentes de una liga deportiva que agrupa a varias de las mejores universidades del nordeste de Estados Unidos. No obstante, el concepto parece haber perdido parte de su connotación deportiva para referirse a los resultados académicos aunque no están en la Ivy League todos los que despuntan en el terreno académico. Sin ir más lejos, el M.I.T. no es miembro de la Ivy League porque está poco centrado en el asunto de los resultados deportivos.
Los precios por año en las Universidades de la Ivy League y equivalentes pueden oscilar entre los 40.000 y los 50.000 dólares por año y, en el momento de elegir si es que uno se puede permitir tal lujo, hay que considerar varias cosas:
-
Harvard es una especie de icono en España pero su gran despegue vino de la mano de la Harvard Business School que es donde realmente despuntó. Otras Universidades, como su eterna competidora Yale, le han dado menos importancia a este terreno y han perdido en dinero y, sobre todo, en notoriedad. En este momento, por ejemplo, Harvard tiene su área de ciencias pero, a pesar de su notoriedad pública, probablemente cualquier estudiante de esa rama preferiría optar por el M.I.T. en caso de ser admitido en ambos sitios. La gran baza de Harvard es, por tanto, su escuela de negocios; fuera de ésta hay otras Universidades que pueden competir, a veces con notable ventaja, con Harvard a pesar de su renombre.
-
En otras zonas, muy notoriamente en California, existen Universidades que no pertenecen a la Ivy League, al ser éste un club exclusivo de la costa Este y basado en las competiciones deportivas, y sin embargo tienen niveles de calidad comparables o, dependiendo de la especialidad, superiores. Así pues, quien pueda permitirse optar no puede restringir las posibilidades a la Ivy League ni mucho menos a Harvard.
-
Diferencia entre un College y una University: Diversidad. Para ser University hay que tener la posibilidad de cursar estudios en un mínimo de ramas mientras que un College puede estar superespecializado en una sola rama –Babson College puede ser un ejemplo- y despuntar en ella tanto o más que una University.
Éste es el panorama a grandes rasgos del funcionamiento de la educación superior en Estados Unidos. Muy diferente y, sobre todo, se necesita mucho dinero y disposición para empezar a gastarlo casi veinte años antes de plantearse el ingreso en las Universidades de primera línea si se quieren tener posibilidades.
N-word
El asunto de lo políticamente correcto llega aquí a tales niveles que, cuando vuelva a España, creo que voy a ver a Zapatero y a Bibiana Aído como si fueran reencarnaciones de Millán Astray. Anteayer veía el programa de Larry King en la CNN y éste entrevistaba a una señora que había cometido el pecado nefando de decir varias veces la n-word en su programa.
La n-word, como alguno más rápido que yo puede haber adivinado es negro que aquí, dicho en algo parecido al español y pronunciado así como nigrou es un insulto. Vale; aceptemos que nigrou es aquí un insulto y por eso hablan de afroamericanos para referirse a lo que nosotros llamamos con toda naturalidad negro porque no tiene esa connotación de insulto. ¿Es preciso que señores muy creciditos se comporten como niños en la escuela chivándose a la seño de que «Pepito me ha llamado hijo de pu…y lo que sigue»?
Aparte de dedicarle fácilmente dos horas al asunto, señores con un aspecto muy serio hablaban de la n-word y cuando, por aquello del interés del documento gráfico, reprodujeron el programa donde la pecadora en cuestión había pronunciado la palabra prohibida…¡¡utilizaban el pitido para que no se oyera la palabra malsonante!!
Aunque no recuerdo la cita exacta, en Crimen y castigo de Dostoievsky el juez afirmaba que le encantaba tener como acusados a personas inteligentes porque ellos solitos se acababan liando y le daban el trabajo hecho. Cuando se ven episodios como lo del proyecto de mezquita en la zona Cero y ahora esto, dan ganas de darle la razón a Dostoievsky. ¿No se están liando ellos solitos? Acabarán haciendo realidad esto:
¿Tiene límites la estupidez?
La verdad es que viniendo de la España de lo «políticamente correcto» parecía que ya habíamos llegado a las más altas cimas de la estupidez pero siempre es posible encontrar una cumbre más alta. No en todos los terrenos; por ejemplo, aquí no hablan de «violencia de género» sino de «violencia doméstica» y esta misma mañana veía un letrero donde animaba a «Gay men» a denunciar situaciones de violencia doméstica cuando estuvieran siendo objetos de ella…o sea que, como todos sabíamos menos los políticos, la violencia en el hogar no se restringe a parejas heterosexuales ni es siempre ejercida por el hombre, ruedas de molino ambas con las que parecen tratar de hacernos comulgar nuestros ilustres próceres…dejémoslo en próceres a secas.
Ayer por la noche veía un programa en televisión que me hizo pensar que mis conocimientos de inglés son muy limitados porque no podía creer lo que oía. Parece ser que el centro del debate nacional, ante la proximidad del aniversario del 11S, es la conveniencia o no de construir una gran mezquita en el punto donde estaban las torres gemelas. Supongo que si tal despropósito se llevase a cabo, Ben Laden daría palmas con las orejas y la razón que daban los favorables al proyecto era que, de no hacerlo, los musulmanes moderados se podían sentir excluídos y ofendidos.
Como uno de los defensores del proyecto dijo, los terroristas eran musulmanes pero eso no significa que todos los musulmanes sean terroristas. Cierto, pero hay que tener dos cosas tan claras como ésa:
- Los ofendidos por un ataque que costó la vida a más de 3.000 personas no fueron los musulmanes moderados; en consecuencia, no parece que exista ninguna razón por la cual se deba desagraviar a éstos en lugar de a las propias víctimas y a sus allegados que podrían tener muchas razones para estar en contra de tal proyecto.
- Que un ataque terrorista de tal magnitud realizado en nombre del Islam tuviera, al cabo de pocos años, como premio la construcción de una mezquita en el mismo lugar en que se perpetró el ataque sólo puede ser visto como un premio por parte de los terroristas. Se les ha enseñado que lo que han hecho funciona.
Lamentándolo mucho, creo que ante esas dos sencillas razones el real o posible sentimiento de agravio por parte de los musulmanes moderados pasa no ya a segundo sino a quinto plano, y eso siendo generosos. Por otra parte, creo que mucha gente agradecería de los musulmanes moderados una actitud más enérgica hacia los integristas y no ese tratamiento de «hermanos equivocados» donde siempre da la impresión de que prevalece el «hermanos» sobre el «equivocados» y donde parece que tampoco nadie se atreve a cambiar el «equivocados» por el «criminales». ¿Es por miedo o es cierta comprensión ante los «excesos» del «equivocado»?
Para hacer un paralelismo en España, hace años murieron en un atentado de los asesinos de ETA 22 guardias civiles en Madrid en la plaza de la República Dominicana. ¿Se le ocurriría a alguien levantar precisamente en ese punto algo así como un «monumento a Euzkadi»? Supongo que no y decir que la inmensa mayoría de vascos no asesinos se podrían sentir ofendidos de no hacerlo no creo que fuera un argumento que alguien fuera a tomar muy en serio. Hasta la estupidez debería tener algunos límites pero, cuando se ven casos como éste, se puede dudar seriamente de que existan.
«American way of life» desde los ojos de un español
Tanto por oportunidades como por edad, viajar a Estados Unidos no me resultaba extraño y habré pasado por aquí entre dos y tres docenas de veces pero nunca con la intención de vivir aquí temporalmente sino cortos periodos de, como máximo, tres semanas. Las cosas se ven de un modo muy distinto; algunos problemas son los mismos pero se tiene mejor disposición para aceptarlos mientras se está de visita y otros simplemente no aparecen durante una visita pero sí en una estancia prolongada.
¿Mejor o peor? Ahora mismo no sería capaz de decirlo. Desde la óptica de un español medio, hay comportamientos o hábitos de aquí que nosotros calificaríamos sin el menor problema de «cutres» mientras que, al mismo tiempo, hay otros terrenos en los que se puede apreciar que el americano medio, entendiendo como tal al profesional más o menos establecido y haciendo la comparación con ese mismo nivel en España, dispone de algunas posibilidades que en España sólo tienen los auténticamente ricos.
Ejemplos: En España es poco frecuente ver supercoches; se ven más en Londres -especialmente el fin de semana- y, por supuesto en Milán. Comparativamente, en Estados Unidos no se ven muchos supercoches pero el nivel medio es bastante más alto que en España. Se ven muy pocos Ferrari, algún que otro Rolls o Bentley, a menudo en sus versiones descapotables, o algún Maserati pero…se ven bastantes coches de coleccionista -igual que en Inglaterra- tipo Gran Torino o Mustang, Corvette o Cadillac antiguos y marcas que en España se consideran de lujo como Lexus o Infiniti son muy frecuentes en todos los ámbitos y si vamos a las marcas de segmento medio-alto como Volvo, Mercedes, Toyota, etc. con sus modelos más grandes, es una auténtica invasión. Este fin de semana alquilé un coche para salir de excursión y me hicieron un «upgrade» porque no tenían el tipo compacto que había pedido, dándome un Mercedes con 3.000 kilómetros, 3.000 centímetros cúbicos y tracción integral. Eso sí, con una limitación de velocidad de 90 kms./h. en la mayoría de las carreteras no dejaba de ser un poco ridículo.
Las distancias son muy grandes incluso dentro de la misma ciudad; dentro de Cambridge es posible moverse en bicicleta pero sabiendo que cada vez que nos montamos en ella hay que prepararse para hacer entre 3 y 5 kilómetros y, al cabo del día, eso pueden ser unos cuantos kilómetros si hay que ir a varios sitios. A veces, directamente puede ser necesario el coche porque, en caso de que exista transporte público, la cantidad de transbordos y de cambio de medio de transporte pueden desaconsejar su uso y, por cierto, ahí radica el éxito de Zipcar ( www.zipcar.com ) que, si no se quiere tener un coche permanentemente, permite el alquiler por horas recogiendo y dejando el coche en una serie de puntos en la ciudad. Nosotros tenemos un punto en nuestro propio bloque de apartamentos y ni que decir tiene que ya tenemos la tarjeta de usuarios.
No basta con enterarse de dónde están los «mall» sino que, con frecuencia, hay que enterarse por Internet con detalle de qué venden allí ya que, al principio, no pudimos encontrar cosas tan fáciles de conseguir en España como una tarjeta prepago de telefonía móvil. Lo mismo ocurre si lo que se quiere comprar es una cafetera que haga café de verdad sin dejarse 200 dólares -vano empeño hasta ahora- o un microondas o unas zapatillas de baño para el niño. No existe El Corte Inglés y no sólo hay que saber dónde están los sitios sino qué venden en cada sitio específico.
En cuanto a los precios, es fácil llevarse alguna sorpresa. La electrónica es mucho más barata que en España, los coches -comprados o de alquiler- también y la hostelería tiene unos precios comparables. Sin embargo, la compra normal -ésa que no se hace cuando se está de visita- es mucho más cara aquí que en España y dejarse 200 dólares en una compra normalita es algo bastante frecuente. Algunas cosas son distintas y hay que ir conociéndolas u otras simplemente no existen aquí pero eso entra dentro del apartado de la normalidad. En el apartado de farmacia, aquí venden sin receta cosas que en España la necesitan y viceversa por lo que es bueno enterarse antes de venir para acá de qué se va a necesitar y si se puede conseguir fácilmente.
Los mercados de segunda mano tienen aquí una actividad impresionante. El propio MIT tiene un lugar llamado «MIT Furniture Exchange» donde tienen las cosas más diversas, desde bicicletas a colchones pasando por transformadores o aparatos de gimnasio…cualquier cosa que uno no ha sido capaz de vender antes de volver a casa allí la «reciclan» pagando un tercio de lo que esperan vender al que se deshace de ella; algo así como un «Cash Converters» pero en plan club privado donde sólo puede comprarse con los carnets del MIT o de Harvard.
Otro tipo de mercados es el que funciona por Internet, sobre todo el de Craigslist, donde puede comprarse o venderse cualquier cosa. Aquí nadie tira nada -incluso en los restaurantes se llevan las sobras con las célebres «doggie bags»- pero esto es algo que se traslada a la vida corriente. Es significativo que una empresa como «The Home Depot» que sería el equivalente de un Leroy Merlin en España figure en el Dow Jones y también lo es que sea una de las pocas empresas que tienen todo rotulado en inglés y en español. Todo lo que signifique mano de obra es difícil y caro de conseguir y elementos normales como tener algún tipo de servicio doméstico están sólo al alcance de los muy ricos; en consecuencia, éste es el país del «do-it-yourself», tanto si se trata de cocinar o fregar los platos -los títulos de doctor se apartan para que no se mojen con las salpicaduras del fregadero 🙂 – como de hacer reparaciones menores. Los que pertenecemos a la clase de los que se morirían de hambre si tuvieran que vivir de su habilidad manual lo llevamos claro en este país.
En cuanto a la vivienda, merece un capítulo aparte. En España, sin necesidad de ser Einstein, hace tiempo que sabemos de la intercambiabilidad entre espacio y tiempo, o sea, o vivimos en un sitio céntrico y pequeño donde tenemos todo a mano o vivimos en una urbanización a 20 o más kilómetros del centro (caso de Madrid) donde tenemos un bonito chalet adosado pero no tenemos nada en los alrededores. Incluso en ciudades relativamente pequeñas como Boston, los 20 kilómetros de Madrid ya no son 20 sino que pueden oscilar entre 30 y 50; eso sí, el chalet adosado no es tampoco un piso construido en vertical y con garaje incorporado sino que son unos caserones impresionantes en unas urbanizaciones con sus instalaciones deportivas, con sus lagos, a veces con sus aeródromos privados…y donde se necesita el coche absolutamente para todo y la vida social es prácticamente cero. Cuando se produjo el atentado del 11S, se comentó que es posible que hubiera víctimas no identificadas porque nadie las hubiera echado de menos…cuando se ve el estilo de vida de aquí, eso se entiende perfectamente e incluso hasta tienen una palabra para el que lleva ese estilo a sus últimos extremos: «Cocooning». Poco antes de salir para acá, paseando un sábado nos encontramos con una compañera del cole del niño y sus padres, nos paramos a tomar café con ellos y después decidimos a ir juntos a comer a una pizzería. Esto, que puede ser más o menos normal en España, es algo impensable aquí.
La mezcla que produce ese no tirar nada con la práctica del «do-it-yourself» llevada a sus últimas consecuencias da a la mayoría de las casas un aspecto de cierta cutrez y desorden. El «Si algo funciona no lo arregles» tiene una coletilla que no se dice pero que es real y es el «ni lo quites». Eso, junto con algunas diferencias en los hábitos, puede causar bastante extrañeza. Ejemplo: El lavavajillas no es una dotación ordinaria de cualquier apartamento que se alquile y, como tampoco es tan frecuente y además requiere instalación y permisos si la casa está alquilada, se acaba renunciando a él si no se va a estar mucho tiempo; sin embargo, lo que sí es una dotación bastante habitual es un aparatito colocado justo debajo del desagüe del fregadero: El triturador. Puesto que normalmente los elementos sólidos no los echamos al fregadero, raro será el español que eche de menos semejante artefacto; sin embargo, aquí para tirar la basura hay que aprobar un Master por la cantidad de separaciones que tienen los contenedores donde la guarrería que queda al final sin clasificar es lo que se llaman eufemísticamente «residuos orgánicos» y mucha gente opta por deshacerse de buena parte de ellos por el fregadero…o sea, viva el reciclaje pero, cuando éste se hace demasiado complejo, el reciclaje de basura mejora a expensas del reciclaje de agua, mucho más difícil por la cantidad de porquerías que la gente arroja al alcantarillado con la inestimable colaboración del triturador. Bill Bryson, autor de «Notes from a big country» dedica todo un apartado de su divertidísimo libro sobre el «american way of life» a ese artefacto que aún no ha dejado de asombrarme.
Resumiendo: ¿Mejor, peor? No lo sé; en principio me gusta más el estilo de vida español pero esto no es una pintura en blanco y negro. Parte de esa preferencia viene de unos hábitos adquiridos y de haberse acostumbrado a unas situaciones que ya se toman como parte del paisaje a la vez que algunas de las ventajas de aquí, puesto que no se está acostumbrado a ellas, no se valoran como algo imprescindible. Por idéntica razón, supongo que un americano preferirá su modo de vida; hay ventajas e inconvenientes a cada uno de los lados del charco y cómo se ponderen unos y otros tiene mucho que ver con aquello a lo que cada uno está más habituado.
Crisis política española: Tenían razón los nacionalistas catalanes
Después del reciente fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, algunos nos hemos podido acordar de un comentario salido del ámbito del nacionalismo catalán en el sentido de que si el Estatuto no cabía en la Constitución, lo que habría que cambiar es la Constitución. Pues bien, tenían razón.
La Constitución de 1977 era un edificio que amenazaba ruina por muchos lados y no es el menor de ellos el incumplimiento flagrante de parte de su articulado sin que, al parecer, pase nada por ello. Teóricamente, el Tribunal Constitucional podía haber dado un puñetazo en la mesa e intentar hacer valer la Constitución pero, en lugar de eso, se ha plegado a cuestiones como la relación bilateral entre un Estado y una parte del mismo, lo que plantea cuestiones como la igualdad proclamada por la propia Constitución entre todos los españoles, el tratamiento del catalán, lo que plantea si la libertad de residencia en cualquier parte del territorio no pasa a ser -o sigue siendo- papel mojado o el reparto de los recursos económicos con qué criterios y bajo la decisión de quién. Naturalmente, esto es una disquisición teórica debido al sistema de nombramiento de los magistrados del Tribunal Constitucional que garantiza fidelidad a su adscripción política dejando en la cuneta el criterio propio.
El Partido Popular, la leal oposición como les encanta definirse, después de conseguir cuatro millones de firmas ha decidido abandonar esa batalla con el argumento de que, una vez que el Tribunal Constitucional ha fallado, no tienen nada que decir ni que opinar. Al hacerlo así, olvidan interesadamente puesto que participan en él, el sistema de nombramiento de los magistrados y la contaminación introducida por esa vía. Por cierto, la solución aplicada ahí y en el Consejo General del Poder Judicial no es nueva: Alfonso Guerra, en su época de vicepresidente de Gobierno, proclamó la muerte de Montesquieu señalando que la separación de poderes era absurda y que todos los poderes debían reproducir en su seno las proporciones existentes en el Congreso como producto de las elecciones. Probablemente Alfonso Guerra creyó que era muy original en su propuesta pero tampoco lo era. Ésta fue la forma que utilizó Hitler para, después de ganar unas elecciones, hacerse con el poder absoluto. Los diferentes criterios utilizados en la Fiscalía General del Estado para decidir a quién y por qué persiguen o situaciones como la vivida en Madrid estos días porque el gobierno autonómico no es del mismo color que el del Estado recuerdan demasiado al modelo de organización política hitleriano y a la conducta de las SA o «camisas pardas» antes de la Segunda Guerra Mundial.
La sentencia sobre el Estatuto catalán ha sido un mazazo sobre un edificio que venía ya muy tocado tanto por haber sido hecho con materiales de mala calidad -el acuerdo a cualquier precio y con quien fuera en 1977- como por haber permitido, unas veces con sentencias de magistrados cuyos mecanismos de nombramiento las convierten en dignas de toda sospecha y otras sin ellas, que haya una serie de partes de su articulado que, simplemente, han sido ignoradas. ¿Qué opciones caben?
La soberbia de Aznar en la segunda legislatura junto con su falta de atrevimiento para modificar algunas reglas básicas como las referidas al sistema judicial, al sistema electoral y a los modelos sindical y educativo, trajo a Zapatero. Naturalmente, tampoco podemos olvidar ahí la contribución del 11M del que, al parecer, a nadie le interesa quién y por qué lo organizó a pesar de las escandalosas carencias de la versión oficial. La idiocia, síndrome de Peter Pan de Zapatero o como se le quiera llamar, por su parte, corre el riesgo de traer de vuelta fantasmas que ya creíamos bien enterrados gracias a un difícilmente evitable movimiento pendular motivado por los excesos de todo tipo de un modelo de dictadura sonriente, no exento de una incompetencia sin límites, que no sabemos hasta donde puede conducir al país en su conjunto.
No queda, por todo ello, otro remedio que modificar la Constitución pero, por favor, que no lo hagan éstos y al decir «éstos» no me refiero sólo a los que ocupan el banco azul y sus muy obedientes diputados. Me refiero también a la oposición que ha adoptado el perfil bajo como remedio universal y renuncia a la defensa de cualquier tipo de principio en nombre de una aparente conveniencia electoral. Los nacionalistas catalanes tenían razón: Es necesario cambiar urgentemente la Constitución y sólo entonces se podrán poner las cosas en su sitio. En 1977 parecía que haber estado en contra del dictador confería por sí solo una patente de legitimidad. Hoy sabemos que no, y por mucho que aparezcan luchadores antifranquistas con carácter retroactivo incluyendo a un célebre jefe de informativos de la dictadura y luchador retroactivo contra ella, Franco no estableció un modelo universal sobre cómo son las dictaduras. Hay otros modelos aparentemente más sutiles pero que, de forma inevitable, acaban siendo vistos como tales.
Hay muchas cosas que hacer y el tiempo empieza a apremiar. Ahí van algunas:
- Separación de poderes: Los jueces y sus órganos de gobierno y, por supuesto, los componentes del Tribunal Constitucional no pueden ser elegidos por los partidos políticos en maniobras de escasa transparencia garantizadas a asegurarse la obediencia. Del mismo modo, funciones como la del Fiscal General del Estado no pueden ser ejercidas por un funcionario nombrado por el gobierno de turno.
- Cambio del sistema electoral: El sistema electoral actual da la llave de los gobiernos a minorías concentradas geográficamente con los efectos que esto tiene sobre el conjunto, factor que por cierto convirtió en ingobernable a la II República pero, al parecer, los padres de la Constitución habían leído poco acerca de la historia reciente española.
- Listas electorales abiertas: El representante ha de responder ante sus representados en lugar de hacerlo ante su partido.
- Definición clara de cuáles son las competencias del gobierno central y cuáles son las de los gobiernos autonómicos.
Habría algunos asuntos más como, por ejemplo, la forma de Estado ya que el supuesto «poder moderador de la Corona» ha mostrado claramente que ni es poder ni modera nada y resulta un elemento oneroso para el Estado del que, al final, sólo se beneficia el «Hola» o similares. Sin embargo, esto y otras cosas entraría ya en el capítulo de temas menores.
Por supuesto, una vez que todas estas modificaciones se hubieran llevado a cabo, todas las leyes contrarias a la nueva Constitución quedan automáticamente abolidas, cosa que le podía suponer bastante trabajo a un nuevo Tribunal Constitucional nombrado con unos criterios distintos de la mera adscripción partidista. Hoy por hoy, parece la única salida: Hacerles caso a los nacionalistas catalanes que, en este asunto, lo vieron más claro que nadie. Cosa distinta es que las modificaciones a realizar sean las que a ellos les gustarían porque se puede ir a la secesión, se puede ir al mantenimiento de un poder central efectivo o se puede ir a un federalismo; todas ellas son opciones válidas pero lo que no cabe son inventos como el «federalismo asimétrico» de Maragall, es decir, tener para sí las ventajas pero no los inconvenientes del modelo como, por ejemplo, asumir la propia responsabilidad fiscal o asumir que si tienen selecciones deportivas en competiciones oficiales, el Barça puede jugar en una liga nacional catalana con destacados componentes como el Palafrugell o el Palamós; en la española no tendría ya lugar.
«Y si habla mal de España…es español» de Fernando Sánchez Dragó
Durante la época en que Sánchez Dragó dirigió el noticiario nocturno de Telemadrid, tengo que confesarme adicto. Sus primeros momentos no pudieron ser peores, con un ego estratosférico que se manifestaba a cada palabra, a cada gesto y, sobre todo, sin necesidad alguna. No sé si fue consejo ajeno u observación propia, al cabo de un tiempo cambió. El ego seguía estando ahí, faltaría más, pero salía en un tono suficientemente ligero y de broma como para ser disculpable y, al hacerlo así, permitir disfrutar con las rápidas salidas de Sánchez Dragó sin que éste ya se atragantase. Todo un homenaje a la capacidad para aprender.
Con este libro la cosa es distinta. Un autor que se jacta de escribir con una máquina Olympia -supongo que tendrá serios problemas para conseguir que se la arreglen si se avería- ha descubierto lo que es un blog por accidente y dándole forma impresa. Lo que ha escrito Sánchez Dragó no es un libro sino una serie de artículos con un punto común: Parece que cuando el autor escuchaba alguna noticia que no le gustaba decía «¿Ah, sí? ¡Os vais a enterar!» y, a continuación, la pobre Olympia pagaba los platos rotos y el resultado pasaba a incorporarse como una pieza del libro.
La falta de unidad y su composición con momentos de cabreo como materia prima hace que se pueda leer en cualquier orden o, si se desea homenajear al autor, en ningún orden para corresponder así a la esencia del libro. Sin duda, tiene comentarios divertidos, de ésos que a muchos nos gustaría tener a mano en la situación adecuada, critica feroz y justificadamente el comportamiento de los políticos y dice cosas que mucha gente reconoce pero no se atreve a decir en público. En otros asuntos, tal vez exagere un poco en la descripción de los hechos actuales pero, de no alterarse las trayectorias criticadas, tal vez podría estar describiendo un futuro próximo.
Sánchez Dragó se dice liberal repetidas veces a lo largo del libro. El libro tiene momentos divertidos aunque su desorden a caballo entre el blog y el desmadre total hace que no se pueda considerar como libro de cabecera. Más aún, y estoy por asegurar que el autor no se tomaría muy a mal este comentario, Sánchez Dragó es un personaje difícil de tomar muy en serio y quizás por eso nadie le retira la palabra, ni siquiera a los que critica con más ferocidad. Si alguien es de los que sólo lee un libro al año, mejor que no escoja éste; si, además, está de acuerdo con los principios del pensamiento liberal y quiere leer una crítica quizás más feroz y más ordenada que la de Sánchez Dragó, tiene un libro a medida de sus deseos: https://factorhumano.wordpress.com/2008/01/17/el-conocimiento-inutil-de-jean-francois-revel/ o la opción de Thomas Sowell con «The vision of the anointed». Si no se tienen unas limitaciones de lectura tan ajustadas, el libro de Sánchez Dragó se puede leer y pasar un rato divertido, siempre que se tenga en cuenta que no es un libro. Es un blog impreso.
La reforma laboral o el parto de los montes
Después de mucho repetir que no se iba a abaratar el despido, puede decirse que es la única medida tomada en la reforma laboral. Sus artífices mienten cuando dicen que lo abaratan para el empresario pero no para el trabajador puesto que un despido caro tiene como función representar una barrera de salida. Si el precio lo paga otro a través del establecimiento de una colaboración desde las arcas del Estado , pierde ese carácter de barrera de salida. No creo que, a estas alturas, nadie vaya a dudar de esto pero, si a alguien le cabe la menor duda, puede preguntarse por qué las bajas incentivadas se instrumentan como despido improcedente y encontrará una respuesta muy sencilla: Porque buena parte de la indemnización, es decir, el seguro de desempleo y el dinero no ingresado en el fisco que correspondería a una baja voluntaria pero no a una forzada, lo recibe el trabajador pero no lo paga la empresa. Se podía hacer peor pero es difícil.
Por otro lado, algunas de las «novedades» están vigentes desde 1994 y no se han aplicado por la misma razón que no se van a aplicar ahora: Porque, en lugar de responder a una normativa clara, implican una judicialización del proceso y los jueces siempre han aplicado y aplican la doctrina de in dubio, pro operario, causa por la que los despidos a 20 días por año por causas técnicas u organizativas, que existen desde 1994, nunca han llegado a ser aplicados sin pasar por la autorización del ERE.
Que una barrera de salida -un precio de despido muy elevado- lo es también de entrada y el empresario se lo pensará mucho antes de contratar es una evidencia para todos. Cosa distinta es que una reforma tenga que nacer y morir con un abaratamiento del despido. Elementos como la flexibilidad funcional, la posibilidad de pactar individualmente condiciones de trabajo, el replanteamiento completo del modelo de la Seguridad Social tanto en sus capítulos de ingresos como en los de gastos y la liquidación de las carísimas e inútiles estructuras que supuestamente representan a empresarios y trabajadores, incluida la ley de huelga que nunca se llegó a sacar, en unos casos por miedo y en otros casos por facilitar los desmanes de los propios siguen pendientes.
Por añadidura, ni siquiera quieren responsabilizarse de esta reforma y, después de aprobada, la llevan al Parlamento. No, señores. Que cada palo aguante su vela y, en este caso, les toca a ustedes tragarse sus contradicciones y toda la demagogia que se ha venido haciendo hasta que en Europa se han hartado de pagar los platos rotos.
Skype: Mercados libres y mercados en libertad vigilada
La crisis financiera ha sido vista por algunos como la prueba de que el mercado libre no funciona. Naturalmente, confundir el mercado libre con las actividades de una banda de ladrones o con la ley de la selva dice bastante sobre qué entienden por mercado libre; así se entiende su oposición aunque todo se arreglaría con un pequeño esfuerzo en el terreno de la instrucción y otro, tal vez algo mayor, en el de reducción del sectarismo.
En el caso español, todavía hay mercados que se encuentran en una situación de libertad vigilada; entre ellos destacan el energético y las telecomunicaciones con los efectos de tener, en ambos casos, los sistemas más costosos y más ineficientes del mundo supuestamente civilizado. Una muestra puede encontrarse en Skype, probablemente el mayor proveedor de telefonía sobre IP, que ofrece un servicio consistente en comprar un número de teléfono de un país al que cada cual llama al coste contratado para la llamada a un teléfono de ese país pero…el destinatario de la llamada, es decir, el propietario del número, recibe la llamada a través de Skype utilizando el ordenador.
Para cualquiera que viaje bastante o resida fuera, es una forma de ahorrar bastante dinero sin complicarle la vida a los abuelos pidiéndoles a estas alturas que aprendan a manejar un ordenador. Sin embargo, como no todo puede ser perfecto, Skype señala que este servicio está disponible en veinticinco países http://www.skype.com/intl/en/features/allfeatures/online-number/#countries y, si alguien busca España entre ellos, no la encontrará. Lógico; no está.
Cuando se privatizó Telefónica, los sindicatos pusieron el grito en el cielo protestando porque se privatizaban empresas rentables. Claro; cualquier empresa es rentable si su situación le permite hacer los presupuestos al revés, es decir, calculando primero cuanto se quiere gastar y poniendo los precios después. Por supuesto, esa forma de operar implica que se es rentable a través de tener a un cliente cautivo y esa cautividad permanece. Aunque haya distintos operadores de telefonía fija, todos ellos tienen que pasar por Telefónica excepto los cableros y éstos con reservas. ¿Qué tiene de extraño que tengamos el ADSL más caro y más lento y que servicios como el de Skype no funcionen en España? Todavía habrá quien le eche la culpa de esto también a la libertad de mercado.
Entre Juliano y Heliogábalo y el nudo gordiano
Es sabido que los pueblos que no conocen, porque nunca lo han hecho o porque han preferido inventarse una nueva, su historia están condenados a repetirla. En este sentido, si se quieren encontrar claves interpretativas sobre la realidad actual, se pueden encontrar en la espléndida obra de Gibbon dedicada a la decadencia y caída final del Imperio Romano.
Juliano accedió al puesto de emperador cuando la guardia pretoriana subastó el título. Cuando los generales se negaron a aceptar la situación, marcharon sobre Roma y se buscó una solución de urgencia: A cambio de su propia impunidad, la guardia pretoriana asesinó a Juliano dentro del propio palacio imperial.
Heliogábalo fue un caso distinto: Apareció con unas ínfulas que invitaron a muchos a verlo como una renovación en el Imperio; sin embargo, una vez establecido en el poder, cayó en todo tipo de corrupción imaginable y la cosa llegó al extremo que fue asesinado y su cadáver arrojado al Tíber por los mismos que un tiempo antes le aclamaban.
La situación de una crisis generalizada donde los fuegos van apareciendo por todas partes y donde la corrupción, la irresponsabilidad y la idiotez de los políticos ha tenido mucho o todo que ver con su generación, lleva a una crisis mucho más profunda que la simplemente financiera.
Nadie, incluidos los políticos, tiene derecho a pedir sacrificios si al mismo tiempo no predica con el ejemplo y eso no se está haciendo. La opción de Juliano puede ser manejada por algunos políticos tratando de salvar su propio papel en la llegada al poder del emperador y haciendo ver que, al final, no fue cosa suya. Quizás haya quién compre la idea pero no por ello dejará de ser un engaño más.
La opción de Heliogábalo es peor: A algunos políticos, además de por corruptos e imbéciles, habría que arrojarlos al Tíber por haber dilapidado un capital de ilusión de aquéllos que confiaron en ellos y, demasiado tarde, han caído en la cuenta de su error.
Revel decía que la primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira. Tanto es así que nos encontramos en un nudo gordiano de mentiras que, a menudo, no están siquiera en el argumento sino en el sustantivo que se empeña para designar a las cosas y que no tiene relación alguna con su significado real. En este estado de cosas, muchos políticos merecerían finales como el de Juliano y Heliogábalo -que cada cual ponga los nombres que desee porque tendría bastantes candidatos y no sólo el primero en el que se nos ocurre pensar a una mayoría- y muchos ciudadanos de a pie, para que nunca vuelvan a darse casos como el de Juliano y Heliogábalo podrían empezar por aprender de la historia.
No sería un mal inicio comenzar por «La sociedad abierta» de Popper, «El conocimiento inútil» de Revel y «Camino de servidumbre» de Hayek. Para Sócrates, el que se comportaba mal lo hacía por ignorancia y había que vencer la ignorancia pero, a estas alturas, todos sabemos que Sócrates estaba equivocado y muchos de los que se comportan mal no lo hacen por ignorancia sino por interés no siempre exento, además, de ignorancia. No colaboremos con ellos aportando nuestra propia ignorancia.

Debe estar conectado para enviar un comentario.